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Cuartoscuro

Senado aprueba renuncia de Medina Mora ¿Cómo se nombrará al nuevo ministro de la Corte?

La Presidencia de la República confirmó que López Obrador aceptó la renuncia del ministro Medina Mora, la cual será remitida al Senado "para su análisis".
Cuartoscuro
8 de octubre, 2019
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Este martes, el pleno del Senado aprobó la renuncia de Eduardo Medina Mora como ministro de la Suprema Corte de Justicia. 

La renuncia se da 11 años antes de terminar su periodo en 2030, por lo que la Constitución establece un procedimiento para cubrir su salida.

Leer más: El ministro Eduardo Medina Mora presenta su renuncia a la Suprema Corte

De acuerdo con el artículo 98 constitucional, las renuncias de los Ministros de la Suprema Corte de Justicia “solamente procederán por causas graves; serán sometidas al Ejecutivo y, si éste las acepta, las enviará para su aprobación al Senado”. 

La Presidencia de la República confirmó que López Obrador aceptó la renuncia del ministro Medina Mora, entonces ésta fue remitida al Senado

El presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, dijo que estará atento “a las determinaciones que tomen el Titular del Poder Ejecutivo y, en su momento, el Senado de la República”.

¿Qué sigue en el proceso?

Los tres aspirantes que proponga el presidente deberán ser convocados a por la Comisión de Justicia del Senado, la cual podrá interrogarlos para después elaborar un dictamen sobre su idoneidad que se presentará al Pleno.

Posteriormente, los integrantes de la terna tendrán oportunidad de exponer sus motivos para ocupar la nueva vacante. La elección se realizará a través de votación por cédula, de acuerdo con los artículos 97 y 101 del Reglamento del Senado.

Para ser designado, el o la aspirante deberá obtener los votos de las dos terceras partes de los miembros del Senado presentes, dentro plazo de 30 días.

“Si el Senado no resolviere dentro de dicho plazo, ocupará el cargo de Ministro la persona que, dentro de dicha terna, designe el Presidente de la República”, detalla el artículo 96 constitucional.

Hasta ahora, López Obrador ha propuesto a dos actuales ministros de la Corte: Juan Luis González Alcántara Carrancá, en diciembre de 2018, y Yasmín Esquivel Mossa, en marzo pasado.

Entérate: ¿Cómo se elige a un integrante de la Suprema Corte? Estos son los pasos clave

¿Qué pasa si ningún candidato obtiene el voto de las dos terceras partes del Senado?

Si lo senadores rechazan la totalidad de la terna propuesta, el presidente debe enviar una nueva terna, pero si esta segunda es rechazada nuevamente, “ocupará el cargo la persona que dentro de dicha terna, designe el Presidente de la República”, según el mismo artículo.

Cuando se concrete la designación, el presidente de la Mesa Directiva del Senado deberá notificar al presidente de la República, así como al de la Suprema Corte.

Para participar en una terna, los electos por el presidente deben tener al menos 35 años; contar con antigüedad mínima de 10 años, título profesional de licenciado en derecho, expedido por autoridad o institución legalmente facultada para ello; gozar de buena reputación y no haber sido condenado por delito que amerite pena corporal de más de un año de prisión; haber residido en el país durante los dos años anteriores al día de la designación; no haber sido secretario de Estado, fiscal, senador, diputado federal, ni gobernador durante el año previo al día de su nombramiento.

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El Mago de Oz: los mensajes subversivos ocultos en el famoso clásico del cine

Una película que nos muestra un mundo de "líderes inútiles" y "crédulos seguidores". A 80 años de su estreno, algunos ven en El mago de Oz muchas similitudes con el estado de cosas en el mundo actual.
18 de agosto, 2019
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En diciembre de 1937, Walt Disney lanzó su primer largometraje: “Blancanieves y los siete enanitos”.

El filme pasó a ser el mayor éxito del cine en 1938, uno que no solo alentó a Disney a hacer otros dibujos animados de cuentos de hadas en las próximas décadas, sino también a otro estudio, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), a probar su propio musical de fantasía sobre un niña huérfana y una bruja malvada: “El mago de Oz”.

Pero a pesar de todas sus similitudes con Blancanieves…, la versión de MGM es más bien un anti cuento de hadas. Basta con mirar al trío de inadaptados que, asustados y endebles, acompañan a su heroína a lo largo del camino de ladrillos amarillos. Ninguno de ellos es lo que se diría un príncipe guapo.

En el ruido que hacen las extremidades oxidadas del hombre de hojalata se pueden escuchar ecos de la armadura casera de Don Quijote. Mientras que los ruidos nerviosos del trío cuando se preparan para colarse en el castillo de la bruja nos remontan a la escena en que Westley, Iñigo y Fezzik están a punto de invadir el castillo de Humperdinc, en La princesa prometida.

Dorothy Gale (Judy Garland) luce tan inocente con sus dos motonetas trenzadas, las canciones de Harburg y Arlen son tan deliciosas y las aventuras de Technicolor son tan emocionantes que todavía hoy es fácil pensar que “El mago de Oz” no fue realizada hace tanto tiempo, aunque han pasado 80 años desde su estreno.

A pesar de ello, la película revierte las convenciones de la narración del bien contra el mal de una manera que habría provocado la furia de Walt Disney.

Burlas a políticos y veteranos de guerra

Al inicio del filme, en recuadros de tono sepia, se advierte al espectador que la magia que está a punto de ver podría no ser totalmente mágica.

Tras huir de su casa en Kansas para evitar que su perro Toto sea sacrificado, Dorothy conoce a un clarividente viajero llamado Profesor Marvel (Frank Morgan), un personaje que no figura en la novela original de L. Frank Baum, sino que fue creado por los guionistas Noel Langley, Florence Ryerson y Edgar Allan Woolf.

Aunque luce amable, el profesor es en realidad un estafador que finge tener poderes psíquicos, mientras mira una foto que Dorothy lleva consigo.

Otra película podría haber contrastado a este vendedor ambulante terrenal con las maravillas genuinas realizadas por el increíble mago de Oz, pero en ésta el mago es interpretado por el mismo actor que el Profesor Marvel, y resulta ser el mismo personaje: un patán que se expresa como showman de feria mientras se esconde detrás de una cortina, desde donde mueve palancas y usa trucos mecánicos para mantener a sus súbditos leales y asustados.

El mago admite que terminó en la tierra de Oz cuando el globo de aire caliente en que viajaba llegó hasta allí y reconoce que incluso es incapaz de controlar el artefacto. No hay muchas otras películas que muestren cómo algunos políticos son tan descaradamente incompetentes.

Mago de Oz.

Getty Images
El filme es visto como un producto “contracultural”.

Antes de que el mago desaparezca, les entrega al espantapájaros (Ray Bolger), al león cobarde (Bert Lahr) y al hombre de hojalata (Jack Haley) un regalo a cada uno (un pergamino, una medalla y un reloj), mientras les asegura que con eso ya están a la par de aquellos hombres “de donde yo vengo”.

De esta manera, académicos y filántropos son ridiculizados. Asimismo, la película se burla de los veteranos de guerra al presentarlos como personas que “sacan su fortaleza de bolas de naftalina y la exhiben en desfiles por la calle principal de la ciudad” una vez al año, pero “no tienen más coraje que ustedes”.

Es cierto que no podemos tomarnos demasiado en serio lo que dice el embaucador mago, pero estos no son sentimientos radicales que se escuchen en cualquier película de Hollywood y mucho menos en una dirigida a niños.

Una parodia estridente del mundo actual

El guion de la película se burla de la idea de que el poder y la prosperidad llegan a quienes los merecen, incluso cuando se trata de la propia Dorothy.

La niña mata a una bruja malvada al aterrizar accidentalmente con una casa sobre ella, y mata a otra (Margaret Hamilton) al salpicarla con agua. En ambos casos, los asesinatos son accidentes, el resultado de pura casualidad en lugar de la valentía o la virtud de Dorothy.

Sin embargo, en ambos casos Dorothy es aclamada instantáneamente como una heroína conquistadora, tal y como lo fue el mago cuando aterrizó en Oz.

Aquí el mensaje es que la gente marchará detrás de cualquier figura de autoridad que tenga carisma, por muy poco merecedores de sus alabanzas que sean. Se trata de un mensaje subversivo en 2019, y fue aún más puntiagudo en 1939, cuando los dictadores fascistas pisotearon Europa.

Si bien la novela de Baum fue publicada a principios de siglo, la película dirigida por Victor Fleming (junto con dos compañeros no reconocidos) es en gran medida un producto de la década de 1930.

El audiovisual salió tres años después de que se inaugurara una importante exposición de Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y la forma en que muchas de sus escenas se convierten en un sueño febril de monos voladores y guardias de cara verde no es otra cosa que surrealista.

Mago de Oz.

Getty Images
“El mago de Oz” ganó más de 5 premios Oscar, entre ellos Mejor Banda Sonora, Mejor Fotografía, y Mejores Efectos Visuales.

También comparte un esquema con otras obras clave de la cultura de la era de la depresión.

El mismo año en que Dorothy abandonó su hogar en Kansas en medio del azote de un tornado y viajó a una metrópolis centelleante, Tom Joad y su familia salieron del Oklahoma Dust Bowl hacia California en “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck.

Y solo un año antes, Clark Kent (quien, como Dorothy, era un huérfano criado por ancianos agricultores de Kansas) se reinventó en la gran ciudad como Superman. Tom Joad descubre que las condiciones no son mejores en California y se convierte en un líder laboral.

Superman, en sus primeras apariciones en los cómics, es una bola de demolición anarquista que no lucha contra los supervillanos, sino contra los “peces gordos” responsables de los barrios pobres y las riesgosas e inseguras minas.

Líderes inútiles y crédulos seguidores

Dorothy no llega tan lejos, pero viaja desde la árida campiña en el centro de Estados Unidos hasta un reluciente centro urbano, solo para descubrir que está gobernada por falsificadores y poblada por tontos.

También es significativo que la Ciudad Esmeralda no sea la torreta de la Ruritania falsa-medieval donde vive Blancanieves, ni es la colección de cúpulas y agujas estilo Estambul dibujadas por WW Denslow en las ilustraciones del libro original.

En cambio, es una masa modernista de rascacielos pintados con rayas de neón y, como casi todo lo demás en la tierra de Oz, es descaradamente artificial.

La película no lleva al público “sobre el arcoíris” hacia un pasado mítico, sino a una parodia estridente del presente ruidoso e industrializado.

Si “El mago de Oz” hubiera salido en la patriótica década de 1940 ó 1950, es difícil imaginar que este clásico contracultural se hubiera salido con la suya creando un mono volador en base a la sociedad contemporánea.

Pero Fleming y su equipo conjuraron la más poderosa de las películas para niños: un tornado que nos lleva a un mundo de dificultades y caos, de líderes inútiles y sus crédulos seguidores, y luego nos recuerda que es el mismo mundo en el que vivimos.


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