12 ambientalistas y defensores han sido asesinados este año; Oaxaca y Chiapas, los estados más peligrosos
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12 ambientalistas y defensores han sido asesinados este año; Oaxaca y Chiapas, los estados más peligrosos

Cinco de los defensores y ambientalistas fueron atacados en Oaxaca, y otras cuatro en Chiapas. “México es uno de los países mas peligrosos del mundo para los activistas", alerta Amnistía Internacional.
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Oaxaca y Chiapas son los dos estados más mortíferos para ambientalistas y defensores de los derechos humanos. En lo que va del año año, al menos 12 activistas fueron asesinados, según datos recogidos por Amnistía Internacional. Cinco de estas víctimas fueron atacadas en Oaxaca y otras cuatro en Chiapas. La organización de defensa de los derechos humanos inició recientemente la campaña “No Más Asesinatos: Alza la Voz por las y los Ambientalistas en México” para denunciar estos ataques.

México es el sexto país del mundo más peligroso para los ambientalistas, según informes de la ONG Global Witness. Esta asociación detectó que en 2017 fueron asesinados 15 defensores y en 2018 otros 14. A falta de tres meses para que concluya el año ya se han contabilizado 12 homicidios, por lo que las cifras de ataques se mantienen en la línea de años anteriores.

La primera víctima del año fue Sinar Corzo Esquinca, asesinado en Arriaga, Chiapas, el 3 de enero. Murió por heridas de bala después de ser tiroteado. Su activismo había estado centrado en el agua, la vivienda y la salud, aunque en los últimos años también defendió a damnificados por el sismo de 2017.

Noé Jiménez Pablo y José Santiago López fueron asesinados en Amatán, Chiapas, el 18 enero. Ambos participaban en un plantón de protesta contra el alcalde, Manuel Carpio Mayorga. Hombres armados irrumpieron en la protesta y secuestraron a los dos activistas. Sus cuerpos aparecieron un día después en un vertedero con evidentes signos de tortura. El alcalde terminó por renunciar a su cargo al ser señalado como instigador de los asesinatos.

El 19 de enero fue asesinado Rafael Murúa Manríquez en Mugelé, Baja California Sur. Su cuerpo apareció en una cuneta. La víctima era periodista, director de la radio comunitaria Radiokashana y miembro de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc).

Bernardino García Hernández falleció por un ataque armado en el paraje conocido como Camalote, en Zimatlán de Lázaro Cárdenas, Oaxaca. Según denunció en su momento el Centro de Derechos Humanos y Asesoría a Pueblos Indígenas (Cedhapi), un grupo armado de San Sebastián Nopalera fue el responsable. García Hernández era representante de Zimatlán de Lázaro Cárdenas en una comisión que buscaba una salida dialogada a un conflictos por tierras existente entre ambas comunidades.

El 20 de enero fue asesinado en el municipio Santiago Jocotepec, en Oaxaca, Gustavo Cruz Mendoza. Era integrante del Consejo Indígena Popular de Oaxaca “Ricardo Flores Magón” (CIPO- RFM) en la comunidad de Cerro Caliente.

Ese mismo día, en Morelos, fue asesinado Samir Flores. El activista se oponía a la construcción de una termoeléctrica en Amilcingo. El ataque tuvo lugar días antes de la celebración de una consulta sobre la construcción de la planta energética. Actualmente un juez ordenó la paralización del proyecto.

El 25 de marzo fue asesinada Eulalia Lilia Díaz en Santiago Tianguistenco, Estado de México. Un hombre amenazó a la activista, integrante del Consejo Indígena del Trueque. Posteriormente se presentó en su domicilio armado con una escopeta y acabó con su vida.

El 11 de abril, Luis Armando Fuentes fue asesinado por un disparo tras sufrir una emboscada en San Francisco Ixhuatán, Oaxaca. Fuentes era integrante de la Comisión en Defensa de la Tierra ydel Territorio de la Zona Oriente del Istmo y del Comité Regional Istmo de Sol Rojo, y del Corriente del Pueblo Sol Rojo, una organización de derechos laborales que trabaja en la defensa de los derechos económicos, sociales y culturales, especialmente el derecho de acceso a la tierra, según datos de la ONG Frontline Defenders.

Un día después, el 12 de abril, fue asesinado el abogado defensor de derechos humanos, Juan Quintanar Gómez. El ataque tuvo lugar en el centro de la ciudad de Oaxaca, cuando el abogado llegaba a su despacho. El letrado estaba especializado en defender a comunidades indígenas de Oaxaca en diversos conflictos agrarios.

Telésforo Santiago Enríquez, de la radio comunitaria indígena Estéreo Cafetal 98.7 FM, fue asesinado el 2 de mayo en el municipio de San Agustín Loxicha, Oaxaca.

Finalmente, el 11 de junio fue asesinado José Luis Álvarez Flores en Chiapas. Álvarez Flores era ambientalista y también había formulado diversas denuncias por extracción de arena.

“México es uno de los países mas peligrosos del mundo para los activistas. Actualmente, dada la emergencia climática, es una buena oportunidad para resaltar la labor de los defensores”, explicó Graciela Martínez, de Amnistía Internacional.

La activista señaló que los defensores forman parte de “uno de los colectivos que más están sujetos a represalias en la región y particularmente en México”.

Los datos, dice Martínez, muestran que el número de asesinatos se mantiene estable.

“Creemos que es una buena oportunidad para que se llame la atención al Gobierno y tome medidas para su situación. Hubo algunos cambios en el mecanismo de protección, pero debe tenerse en cuenta las causas estructurales de la violencia que sufren estas comunidades y colectivo”, dijo.

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'El día que descubrí que nací sin vagina por una enfermedad'

Julian Peter nació con el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH). Además de aceptar que no podría tener hijos, la joven debió combatir los prejuicios y la ignorancia de muchos en su comunidad.
19 de agosto, 2020
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Una pregunta de rutina por parte de su médico llevó a Julian Peter, una joven de Kenia de 29 años, a descubrir que había nacido sin útero, sin cuello uterino y sin vagina.

Doce años después, compartió su historia con la BBC. Este es su testimonio.

“Nací con una enfermedad llamada síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH).

Las mujeres que paceden esta enfermedad nacen sin útero, sin cuello uterino y sin vagina, y a veces también sin un riñón.

Como no tengo útero, jamás tuve una menstruación. Pero no me siento mal por eso.

Cuando las personas se enteran de mi enfermedad reaccionan en formas diferentes.

“Pueden decir lo que quieran”

Alguien me recomendó una vez que fuera a algún sitio a pedir que rezaran por mí.

Otra persona afirmó que seguramente mi abuela debía haber hecho algo malo, porque provengo de Ukambani, una región asociada con la hechicería.

Pueden decir lo que quieran, pero lo que realmente importa es la manera en la que yo reacciono.

Si comenzara a prestar atención a las opiniones de otras personas, eso seguramente afectaría a mi confianza y me haría dudar sobre mí misma.

Descubrí que tenía el síndrome a los 17 años. En esa época era una estudiante.

Fui al hospital porque se me hinchaban las piernas.

Lo primero que me preguntó el médico fue cuando había menstruado por última vez. Le respondí que jamás había tenido un período.

En el hospital me hicieron una tomografía, que reveló que mi aparato reproductivo no tenía un orificio exterior.

Me operaron para intentar abrir un canal vaginal, pero la intervención no tuvo éxito.

Otra tomografía mostró que no tenía útero ni cuello uterino y me diagnosticaron con MRKH.

Lloré durante tres días tras ese diagnóstico, pero luego decidí seguir adelante con mi vida.

Tenía solo 17 años y era muy joven, por lo que mi prioridad era volver al colegio.

Estaba todavía en el hospital con mi madre, que me crió sola.

Ella quedó en shock con la noticia, e incluso se preguntaba si como madre tenía alguna responsabilidad y había cometido algún error.

“No quería operarme”

Como había estudiado biología, entendí bien lo que el médico me dijo aquella primera vez.

Pero yo no quería pasar por una operación en ese momento, porque quería terminar mis estudios.

Diez años después, regresé al hospital y tuve otra operación que sí tuvo éxito.

El tipo de MRKH que yo tenía significaba que no tenía útero ni cuello uterino. También carecía de vagina y solo tenía un riñón. La operación fue para crear un cana vaginal.

Mi vida es normal, pues el MRKH no interfiere con cómo yo quiero vivirla.

Pero otras personas con este síndrome precisan de apoyo psicológico profesional para superar el impacto emocional.

Una vez que comprendes las implicaciones de esta enfermedad debes descartar la posibilidad de tener hijos biológicos.

Me hicieron cuatro tomografías en total y en ninguna de ellas se detectó la presencia de ovarios, por lo que tampoco es posible extraer óvulos para fertilización in vitro.

Debemos aceptarnos como somos. Aunque darte cuenta de que no eres como otras mujeres es difícil y precisas tener a alguien con quien conversar.

Conocí a otras personas aquí en Kenia que padecen el mismo síndrome y compartimos nuestras experiencias.

Acepté mi enfermedad desde el comienzo y me acepté a mí misma, por lo que puedo decir que me siento bien.

Explicaciones a mi pareja

Tuve algunas relaciones sentimentales. Y nunca dejo pasar mucho tiempo antes de hablar con quien en ese momento es mi pareja y contarle sobre mi enfermedad.

Si quieren aceptarla, lo harán. Pero los seres humanos son apenas seres humanos.

Y muchos de los hombres a quienes les conté sobre mi síndrome simplemente me dejaron. Otros me acusaron de mentir para ahuyentarlos.

En estos momentos no tengo pareja, pero todo es obra de Dios.

Tuve la operación para construir el canal vaginal en 2018 y aún no me siento preparada para tener una relación sexual.

Tampoco estoy lista para encarar un matrimonio.

Y creo que si algún día me caso, una opción sería adoptar.

Consejos a los padres

Me llevó al menos 10 años decidir hablar públicamente sobre mi historia.

Hay muchas personas que no entienden qué es el MRKH y quiero crear conciencia sobre este síndrome.

Ilustración del aparato reproductivo femenino

Science Photo Library
“Abrir el canal vaginal es una operación dolorosa. Yo recomiendo a los padres que no acepten operar a sus hijas cuando son niñas”.

En primer lugar, a los padres de bebés con la enfermedad les digo que no acepten operar a sus hijas mientras son niñas.

En mi opinión, la cirugía solo debe ocurrir cuando ellas entiendan más sobre el síndrome, porque la operación es un procedimiento complejo y largo.

Es una intervención dolorosa y una niña no entendería qué le está sucediendo.

Los padres también deben informarse sobre este síndrome para poder ayudar a sus hijas a lidiar con el estigma que seguramente enfrentarán.

Formé un grupo de apoyo y sé que las personas con MRKH enfrentan todo tipo de desafíos.

Algunas mujeres están casadas y se ven ante una gran presión por parte de sus suegros, quienes quieren nietos. Una joven me contó que sus suegros la acusan de ser en realidad un hombre.

Así que en mi grupo escuchamos a las personas y las alentamos.

Lo importante es ayudarnos entre nosotras porque esta travesía puede ser difícil”.


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