Paramilitares y grupos delictivos acechan a indígenas tzotziles en los Altos de Chiapas
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Rodrigo Soberanes y Mara Luna

Paramilitares y grupos delictivos acechan a indígenas tzotziles en los Altos de Chiapas

En los Altos de Chiapas, miles de familias indígenas han sido desplazados por paramilitares y grupos criminales.
Rodrigo Soberanes y Mara Luna
Por Rodrigo Soberanes y Mara Luna (texto y fotos)
11 de octubre, 2019
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Gabriel Lunez y su hijo Pedro, dos indígenas tzotziles desplazados de su comunidad en Chiapas, salieron una noche de su refugio en lo alto de la montaña, entre matas de café, sin linternas y en silencio para no alertar a los francotiradores. 

Hacía más de un año que vivían escondidos en un campamento instalado en un pequeño llano detrás de las barrancas, a un kilómetro de su poblado, Cocó, que se había convertido en un territorio de tiroteos diarios.  Las balas cruzaban justo a la altura de la cocina de la familia de Gabriel Lunez. 

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Las primeras versiones oficiales atribuyen este conflicto a la lucha por un predio de 60 hectáreas entre habitantes de dos comunidades, pero los actores entrevistados dicen que el motivo es el rearme de los grupos paramilitares que nacieron en los 90 al amparo de las autoridades después del levantamiento zapatista.  Durante la habitual conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, el subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población, Alejandro Encinas refrendó esta versión: “(Hay) presencia de grupos paramilitares y de una gran capacidad de fuego, incluso de grupos ligados presuntamente a la delincuencia organizada han generado niveles de violencia”, dijo Encinas. 

El hambre que tenía la familia de Gabriel los obligó a idear un plan desesperado: cavar furtivamente una trinchera debajo de su cocina para hacer tortillas de maíz bajo la línea de fuego.

La excavación se prolongaría durante meses, con viajes nocturnos de ida y vuelta por senderos y cañadas secundarias. Gabriel Lunez y su hijo sabían que algunos vecinos que se habían aventurado  por rutas similares para cuidar sus cosechas habían sido asesinados. Aquellas noches María Magdalena Pérez, la madre de la familia, esperaba con sus otros 11 hijos, descalza, vestida con traje de enagua azul y huipil rosado, con sus manos sobre el regazo o enmarcando sus mejillas, extrañando amasar el maíz. 

“Pasábamos hambre hasta que se calmaban los tiros”, recordaba en el campamento, que permanecía en un silencio casi absoluto, solo interrumpido por el murmullo de los hombres que debatían una solución para el desplazamiento, y el llanto de los bebés.

En el campamento tampoco hay mucho que comer: cuando lo visité las despensas para cien personas eran apenas dos cubetas medio llenas de maíz y algo de comida enlatada, el agua la tomaban de un nacimiento contaminado y las mamás repartían pozol (bebida de maíz licuado en agua) a niños y bebés de boca en boca en envases de plástico reciclados. El remedio para las diarreas y enfermedades respiratorias eran los rezos.

Es por eso que la familia Gabriel regresa con frecuencia a su cocina. Con el paso de las noches, las ollas, las sartenes y el fogón quedan resguardados por el muro de contención que les ayuda a cocinar las tortillas o los frijoles. Cuando Gabriel y su hijo acaban el trabajo, llega el turno de las mujeres, que los relevan en esas incursiones nocturnas para cocinar en la trinchera. María Magdalena todavía esperaba en el campamento porque, a sus 49 años, su vista no era suficiente para caminar entre los cafetales en la oscuridad.

La zona cero del conflicto es una cañada que divide los municipios de Chenahló y Aldama, un paisaje idílico donde corre el agua a través de formaciones rocosas. Los comuneros dicen “allá al fondo” cuando nombran la cañada y en los últimos tiempos siempre agregan que da miedo ir “allá al fondo”. Las montañas presiden el paisaje, ahora también las trincheras en las dos orillas de la cañada donde se apostan hombres armados con fusiles. En los caminos de tierra hay casquillos percutidos regados por el suelo. 

Los primeros desplazados fueron las siete familias que vivían en un predio cercano a la cañada, sembrado con maíz, frijol y, principalmente, café. Era junio de 2016. 

“A balazos nos fueron a sacar de nuestras casas. Nos despojaron de nuestro hogar, de nuestras tierras, nos quitaron los cafetales, les cortaron el fruto y luego le echaron machete”, dijo Claudia Pérez García, una de esas primeras víctimas, desde la cabecera municipal de Aldama donde vive actualmente.

“Primero les fueron quitando sus casas, sus pollos y ya cuando no les quedaba nada, fueron amenazados con armas de fuego y les quemaron sus casas”, contó un lugareño que no ha sido desplazado y sólo pidió identificarse como “Tino” por motivos de seguridad.

A partir de enero de 2018 las miras de los tiradores apuntaron más arriba y alcanzaron las casas de familias de cuatro comunidades —Kotsilnab, Tabak, Cocó y Xuxchen— separadas por un kilómetro y medio. Fue así como la familia de María Magdalena Pérez huyó hacia la montaña. 

“Salimos con lo que llevábamos puesto. Todos sin nada. Si hacía frío y lluvia, teníamos que aguantar. Los que sufren más son los pequeños. Ahí estaban llorando también ellos”, dijo.

Niñas indígenas en cocina sentadas

Hijas de Gabriel y Maria Magdalena en su trinchera cocina

María Magdalena, que tuvo a sus 12 hijos en su comunidad. Sus abuelos y sus bisabuelos también nacieron en Cocó y se dedicaban a producir café. Las fincas eran el sustento de la familia hasta que estalló el conflicto armado. Era su única forma de tener dinero para comprar otra cosa que no sea maíz o frijoles.

Entérate: Pueblos de Aldama y Chenalhó, Chiapas, firman la paz después de décadas de conflicto territorial

Las autoridades de Aldama afirman que cinco personas fueron asesinadas, cazadas desde las trincheras. Al menos dos mil huyeron hacia los parajes donde se formaron los campamentos de desplazados. Horizontal contactó vía telefónica al alcalde de Chenalhó, Abraham Cruz Gómez, pero pidió realizar la entrevista en otra ocasión y hasta el momento no ha sido posible contactarlo de nuevo. Tampoco entrar a la comunidad de Santa Martha para conocer la situación de ese lado de la cañada. 

En los Altos de Chiapas, la región donde se enclava Aldama, más de siete mil mayas tzotziles han sido desplazados en los últimos dos años por los grupos armados, de acuerdo con la suma de cifras de organizaciones ciudadanas que entraron a las zonas de conflicto, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Huir de su comunidad, sin embargo, no les ha alejado por completo de las armas. 

El 4 de abril de 2018,  en el campamento de la comunidad de Tabak, sonaron disparos de alto poder. Las mujeres tomaron a sus hijos y se juntaron unas con otras como si trataran de protegerse del frío como lo hacen los pingüinos cuando hay tormenta, como si quedar apretadas unas con otras disminuyera el peligro.  

Las armas largas que disparan sobre la cocina de María Magdalena, llegaron a manos de civiles en 1994 después de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se rebeló contra el Estado Mexicano. Para combatir el movimiento guerrillero indígena, el Ejército Mexicano creó el Plan de Campaña Chiapas 94. En el documento firmado en octubre de ese año se incluía la identificación y entrenamiento de personas “con alto sentido patriótico” dentro de las comunidades para “la organización de fuerzas de autodefensa”.

El paramilitarismo creció en la región a la vez que los episodios de violencia. El más dramático fue la masacre en la comunidad de Acteal, en Chenalhó, el 22 de diciembre de 1997: 45 tzotziles fueron asesinados mientras oraban por el fin de la violencia en una comunidad que se había convertido en refugio de personas desplazadas. 

 Guadalupe Vázquez tenía 10 años. Nueve de sus familiares, entre ellos su madre, padre y hermanos, murieron ese día cuando se escondían en un arroyo.  “Entonces ahí estábamos mis papás, mis tías, mi abuela y mis hermanos. Mi papá iba por más personas y cuando iba a mitad de camino yo levanté la cabeza y vi una persona con gorra y nos estaba apuntando”, dijo en la ermita en la que rezaban las víctimas. 

“A la vuelta del tiempo, al no investigar, al no desarticular los grupos paramilitares, las estructuras quedaron y han quedado en el territorio y hoy lo que vemos en los nuevos desplazamientos es que los grupos se vuelven a activar”, dijo Pedro Faro, director del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.  “(La violencia en Aldama) no es solamente una confrontación entre dos poblados sino que es una acción de un grupo armado, entrenado, con una visión militar, acosando y aterrorizando a la población indígena”, añadió.

A 22 años de la masacre de Acteal, en los Altos de Chiapas miles de personas huyen a campamentos de desplazados y se siguen escondiendo en los arroyos cuando escuchan balas. 

La mañana del 23 de enero de 2019, en las montañas de Aldama, circulaba un convoy integrado por elementos del Ejército y de la Secretaría de Seguridad Pública porque el ayuntamiento del municipio había pedido la presencia de las fuerzas del orden. El convoy lo completaban vehículos donde viajaban autoridades tradicionales y decenas de pobladores de Aldama. Cuando el contingente pasaba por los lugares indicados como focos rojos, las personas se ponían en alerta y se escuchaban tenues conversaciones en tsotsil en las radios.  

Los mandos militares vieron los estragos de los disparos en las casas, pasaron frente a una escuela donde no había clases hace ocho meses porque los maestros dejaron de ir, y finalmente llegaron al punto crítico: un conjunto de tres casas de concreto en la comunidad de Cocó con ventanas y paredes destruidas por los tiroteos. A unos 15 metros, estaba la cocina-trinchera de María Magdalena en su casa de tablas y lámina.

Las viviendas derruidas fueron ocupadas por policías que recibirían la visita de los militares cada día. Barrieron los vidrios y los escombros, instalaron sus servicios básicos y acondicionaron las trincheras que los lugareños usaban para combatir a sus vecinos de Santa Martha.  Ese día por la tarde, decenas de personas salieron de parajes de la montaña y el lugar comenzó a tomar vida de nuevo. Una camioneta de Seguridad Pública trajo cientos de coca colas para compartir.  

Tres días después las mujeres caminaban con sus niños, los autos ya circulaban de día, motociclistas repartían tortillas de casa en casa y los campesinos se desplazaban en grupos hacia sus parcelas con sus herramientas de trabajo. Un grupo de niños deshacían las cajas de cartón de las verduras para construir fusiles de juguete. La casa de María Magdalena tenía sus puertas abiertas y sus hijas estaban tejiendo cojines rojos y morados. Pero Pedro Lunez tenía un semblante rígido y no estaba de buen humor para hablar en español.  Un lugareño tradujo la opinión de Pedro: “cuenta que no tienen la esperanza de que dejen de disparar. Sus casas huelen feo, los animales domésticos murieron de hambre porque se desplazaron varios meses. Se murieron todos, todos completamente. Pero ahora es un alivio para ellos, él quiere que siga así como los tres días que pasaron”.

“Aunque haya entrado el Ejército no podemos decir que ya están tranquilos y que todo está bien. Ahora están retornando quienes no están en la franja de fuego. Los que están en la orilla, esos no han podido retornar”, dijo Pedro Faro, director del Frayba, que estaba ese día en una misión de observación. 

Ventana rota por balazo

Casa baleada en Cocó

Leer más: Desplazados de Chenalhó exigen a AMLO justicia y seguridad para volver a casa

El principal interlocutor y guía del Ejército durante su recorrido fue Ignacio Pérez Girón, síndico de Aldama que ejercía como alcalde. Sus días estaban contados, pues meses después, el 6 de mayo, fue encontrado muerto en un paraje del municipio de Zinacantán, también en Los Altos de Chiapas.

El EZLN solo rompió su silencio después de la llegada de las Fuerzas Armadas. El 6 de febrero emitió un comunicado y difundió varios videos grabados de habitantes el otro lado de la cañada.  Un hombre con pasamontañas originario de Santa Martha, Chenalhó, habló de que ahí han pasado los mismos horrores que sus vecinos de las comunidades de Aldama: “Estamos viviendo la misma situación de miedo y desesperanza. Las mujeres, los niños y todos nosotros nos reunimos cuando empiezan las balaceras porque llegan y atraviesan nuestras casas”, dijo el miliciano zapatista. Según el recuento del EZLN, entre el 9 de marzo de 2017 al 7 de septiembre de 2018, 25 personas habían sido asesinados sumando los dos lados de la cañada. 

Durante los últimos días de febrero, María Magdalena al fin cocinaba en su trinchera. Había huevos, algún envase de cerveza y botellas de coca cola. La familia pasaba los días en la parte alta de la casa, una señal de que se sentían tranquilos. Las mujeres trabajaban en sus telares y los hombres iban y venían, retomando poco a poco sus labores. A principios de marzo Aldama celebró su carnaval en la cabecera municipal con sus niños pintados de jaguares y los adultos haciendo circular el pox (bebida alcohólica) porque así “los rezos salen más del corazón”. El 3 de marzo los tejidos de la casa de la cocina-trinchera estaban terminados y se vendieron cuatro  cuatro cojines por 640 pesos.  María Magdalena sonreía y ofrecía dos vasos de coca cola a quien quisiera. Pero cerca de las 12 del mediodía comenzó a salir humo desde la montaña de enfrente, en Santa Martha. 

Los policías de la base mixta tomaron sus binoculares. Dijeron que era mala señal. Siguieron brotando pequeños incendios de manera simultánea. Se escuchó un disparo. Salieron los hombres de las casas, Pedro Lunez estaba entre ellos. Sonaron los radios, volvió el estado de alerta. Las hijas de la familia tuvieron que consolar a la mamá, que de nuevo tenía las manos sobre sus mejillas. Sonaron ráfagas de balazos. Era hora de ir a esconderse a la cocina.

(Este reportaje es parte del proyecto Fuera de Casa, una plataforma sobre el desplazamiento forzado interno en México. Para ver el proyecto completo visita horizontal.mx)

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Rusia y Ucrania: Chernihiv, la ciudad ucraniana que podría ser clave para demostrar crímenes de guerra

Un equipo de investigación de Reality Check de la BBC analiza tres ataques en la ciudad de Chernihiv para encontrar claves de las tácticas de Putin en Ucrania y evidencia de posibles crímenes de guerra.
11 de abril, 2022
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Ha habido llamados urgentes para investigar las acusaciones de crímenes de guerra en regiones anteriormente ocupadas por Rusia en Ucrania, después de las impactantes imágenes que surgieron de civiles asesinados.

Pero hay interrogantes mucho más amplios sobre si los ataques generalizados de Rusia contra objetivos civiles equivalen a crímenes de guerra.

Hemos estado analizando una serie de ataques en una ciudad en particular-Chernihiv- para ver si estos son consistentes con las tácticas rusas utilizadas a lo largo y ancho de Ucrania y si revelan algo de su estrategia.

El siguiente informe contiene detalles gráficos.

1: Ataques directos a civiles

“Nos estaban disparando con todo lo que tenían”, afirma Diana, de 20 años. Después de unos minutos de encontrarse frente a tanques rusos, la mitad de su familia estaba muerta.

Diana, su madre Irina, su compañero Sasha y su hermano menor Maxim huían de Chernihivy, el 9 de marzo, tras soportar semanas de ataques de artillería. Tenían una meta simple -alcanzar un lugar seguro en el occidente del país, donde sus parientes los aguardaban.

Pero a sólo minutos de abandonar la ciudad y dirigirse hacia el sur, se vieron en peligro.

A medida que conducían su Volkswagen Golf por la aldea de Kolychivka, Sasha vio tanques rusos. Uno les disparó inmediatamente. Pisó el acelerador, esperando salir rápidamente de la zona de peligro, pero el auto se varó.

Mientras los disparos continuaban, Sasha les gritó para que salieran del auto, pero Maxim, de 15 años, ya había recibido un tiro. Tenía un hueco en el pecho y sangre le salía de la boca.

Diana, Sasha e Irina se arrastraron hasta unos arbustos, pero los soldados se acercaban, gritando entre ellos, preguntando dónde se escondía la familia. Los chasquidos de las balas sonaban en dirección a ellos.

El pie de Diana estaba gravemente lesionado. Sasha intentó vendarlo, pero cuando se volteó a ayudar a Irina, el horror empeoró.

“Irina abrió su chaqueta para darse cuenta de que no había nada para vendar”, contó Diana a BBC News. “Una parte de su abdomen e intestinos habían sido volados de un disparo”.

Oyeron más tiros y Diana miró a Sasha creyendo que esos serían sus minutos finales.

“Alcanzamos a decirnos que nos amábamos”, dijo. “Le pregunté a Saha, ‘¿Vamos a morir aquí?’ El respondió, ‘Probablemente'”.

“Mi mamá se arrastró con nosotros un poco más. Yo le seguía diciendo, ‘Mamá, arrástrate, por favor, por favor’. Ella decía, ‘Sí, sí’. Y luego se tendió en el suelo. Allí murió”.

Diana continuó moviéndose a gatas, siguiendo a Sasha a medida que abría paso entre la maleza. Atravesaron un campo en llamas y luego un bosque.

Diana y Sasha sobrevivieron y ella pudo llegar a un hospital. Había perdido cuatro dedos del pie izquierdo.

Diana no tienen duda de que los atacantes eran rusos por sus acentos, uniformes y el símbolo Z pintado en uno de los tanques.

El equipo de verificación de la BBC no ha encontrado evidencia alguna de que hubiese objetivos militares legítimos cerca del lugar del ataque.


Otros ataques contra civiles en autos

  • Las autoridades regionales dicen que por lo menos 25 civiles, incluyendo seis niños, han muerto en ataques contra automóviles intentando escapar de Chernihiv, o atacados en espacios públicos, desde el inicio del conflicto
  • Imágenes filmadas por un dron ucraniano en la región de Kiev mostraron la matanza de un hombre que salía de su auto con las manos arriba. Su esposa fue acribillada dentro del auto
  • En la región de Jersón, una familia de cinco fue asesinada por soldados rusos en un retén, según parientes

2: Corte de servicios básicos

El agua es la más básica de las necesidades humanas y hay evidencia de que los rusos han atacado deliberadamente los suministros en Chernihiv.

Una estación de bombeo en las afueras de la ciudad fue atacada el 14 de marzo.

Imagen satelital muestra destrucción de estación de bombeo de agua

BBC

El ataque averió severamente una presa de agua y destruyó una sala de control, según el director de la empresa de acueducto de Chernihiv, Serhiy Malyavko, que añadió que un trabajador de la planta -y tres miembros de su familia- murieron. La familia había tomado refugio allí después de que su casa fuera destruida por artillería.

Las imágenes satelitales muestran los daños a la planta, ubicada por el usuario de Twitter @obretix en una zona boscosa, alejada de otros edificios.

Las fotos publicadas por la empresa del acueducto mostraban un tanque de tratamiento severamente dañado con pequeños cráteres alrededor en el suelo. Impactos que parecen huecos de metralla salpican los edificios.

La secuencia de cráteres visibles en una imagen satelital sugiere ataques lanzados desde tierra, explica Wim Zwijnenburg, un investigador de armas de Pax, una organización a favor de la paz de Países Bajos.

“Los impactos de metralla y la dirección de las explosiones parecen indicar que los misiles fueron disparados desde el lado occidental de la instalación del acueducto, lo que corresponde con la presencia de tropas rusas desplazándose en el occidente, según registros públicos de su ubicación”.

Sin poder tener acceso a la zona propia, los expertos con quienes hemos hablado indican que no es posible ser precisos sobre las armas que se usaron. En lugar de misiles, los daños pueden haber sido causados por armas pesadas o morteros.

Un misil si explotar enterrado en el suelo de una planta de tratamiento de agua

Empresa de Acueducto de Chernihiv
La compañía de acueducto de Chernihiv distribuyó fotos de otros sitios que habían sido atacados.

El director de la empresa de acueducto dice que el lugar fue atacado tres días seguidos.

“No había un objetivo militar. Estos 100% seguro de que las tropas rusas han estado destruyendo la infraestructura de la ciudad para que no haya suministros de gas, ni electricidad ni agua en la ciudad”, expresó Malyavko a la BBC.

Aseguró que otras dos instalaciones en diferentes sitios también fueron destruidas, cortando el agua a la mayoría de la población de la ciudad.

Las reglas de la guerra prohíben ataques premeditados contra objetivos que son indispensables para la vida civil, como el suministro de agua.

“Esto se ha hecho para hacer que la población entre en pánico”, declaró Malyavko. “Y Rusia probablemente espera que si hay una catástrofe humanitaria, las autoridades locales estarán de acuerdo con empezar a negociar, y que la ciudad se rinda”.


Otros ataques contra el acueducto

  • El concejo municipal de Mariúpol dice que las fuerzas rusas intencionalmente atacaron estaciones de bombeo y la tubería principal de una presa allí
  • El gobierno de Ucrania ha reportado severos daños a otras instalaciones de agua y plantas de tratamiento de residuos por todo el país

3: Negar responsabilidad

Era la mañana del 16 de marzo, y la periodista ucraniana Alina Klimenko recibió la noticia de una muy necesitada distribución de pan en la ciudad. Su padre, Vitalii, se apresuró a pararse en la fila.

Pero un poco tiempo después se retiró cuando una casa cercana fue atacada. Otros, ya acostumbrados al sonido de artillería en la ciudad, se quedaron.

Y luego, la misma fila fue atacada.

Alina salió corriendo a filmar las secuelas. Sus imágenes mostraban cuerpos tendidos en el suelo y las ambulancias llegando rápido la escena.

Imágenes borrosas de víctimas civiles en una calle de Chernihiv

BBC

Por lo menos 14 civiles murieron, de acuerdo a las autoridades ucranianas.

Hemos confirmado la autenticidad del video de Alina y lo hemos ubicado en una zona residencial de la ciudad.

El padre de Alina, que tiene experiencia militar, dice que el fuego venía del noreste, consistente con un ataque lanzado por unidades que operaban varios kilómetros al norte de Chernihiv, según el equipo de mapeo del Instituto para el Estudio de Guerra.

El experto en armas Mark Cancian examinó la investigación de la BBC. Dijo que el daño era consistente con el impacto de un misil con un alcance de hasta 30 kilómetros.

La imagen satelital del 16 de marzo muestra a las fuerzas rusas con este tipo de armas 14 kilómetros al noreste de la ciudad.

Imagen satelital que muestra la distancia entre el puesto de artillería ruso y la fila de pan que fue atacada

BBC

La embajada de Estados Unidos en Kiev erróneamente reportó al inicio que las fuerzas rusas en la ciudad habían acribillado a los civiles.

Eso fue rápidamente negado por Moscú que dijo que no había tropas rusas presentes en la ciudad. Pero lo rusos fueron más allá, diciendo que el evento había sido montado, o que los muertos fueron víctimas de “nacionalistas ucranianos”.

Ha habido varios ejemplos de este tipo de negación de parte del gobierno ruso.


Otras veces que Rusia ha negado responsabilidad

  • El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, declaró que las imágenes de cuerpos en Bucha fueron un “montaje” después de que los rusos se habían retirado. Las imágenes satelitales contradicen esa afirmación y la BBC desmintió otras afirmaciones hechas por funcionarios rusos
  • La embajada de Rusia en Londres declaró falsamente que el bombardeo de un hospital de maternidad en Mariúpol en Marzo había sido un montaje. La BBC encontró evidencia que desmiente las afirmaciones
  • Se estima que unas 300 personas murieron en un ataque contra un teatro que refugiaba civiles en Mariúpol. Rusia negó haber realizado el ataque, que ha sido ampliamente condenado

¿Evidencia de crímenes de guerra?

Un factor crucial en cualquier juicio por crímenes de guerra es obtener evidencia clara de un intento deliberado de atacar civiles.

Las imágenes y las declaraciones de testigos pueden ser un punto de partida, dice el profesor Alex Whiting, un antiguo coordinador de investigaciones del Tribunal Penal Internacional.

Pero los investigadores tendrían después que resolver una serie de preguntas básicas:

  • ¿Hay alguna manera de que estos objetivos pudieron haber sido percibidos como militares?
  • ¿Había objetivos militares en la zona?
  • ¿Pudo el ataque haber sido consecuencia de fallas de inteligencia o inclusive un error con el armamento?
Foto del Hotel Ucrania destruido al lado de la imagen satelital del estadio de Chernihiv con un gran cráter de bomba en la cancha

Reuters, Maxar
Un hotel y un estadio de fútbol fueron blanco de ataques en Chernihiv.

A lo largo del conflicto, los servicios de inteligencia ucranianos han divulgado supuestas conversaciones interceptadas de las fuerzas rusas.

En una, se puede escuchar a un hombre con acento ruso dando la orden de disparar contra un automóvil civil.

La veracidad de estas conversaciones no ha sido verificada por la BBC.

Pero construyendo una retrato de patrones consistentes de comportamiento, el caso para los fiscales se fortalece.

Sareta Ashraph, una experta en derecho humanitario, explica que los investigadores estarán buscando establecer estos patrones de comportamiento por todo el país -ya sean instalaciones de acueducto, hospitales o supermercados que hayan sido atacados regularmente- para armar un retrato de la estrategia militar.

“Eso puede mostrar evidencia de ataques deliberados, donde la intención es doblegar a la población civil se vuelve mucho más clara”, dice.

A medida que la guerra continúa, Ashraph dice que le recuerda las tácticas rusas de conflictos anteriores.

“Yo diría que las acciones de Rusia en Ucrania contienen algunas similitudes muy oscuras con las acciones en Siria”, señaló.

La BBC se comunicó con el Ministerio de Defensa de Rusia en relación a todos los casos documentados en este artículo. Todavía no hemos recibido una respuesta.


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