Paramilitares y grupos delictivos acechan a indígenas tzotziles en los Altos de Chiapas
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Rodrigo Soberanes y Mara Luna

Paramilitares y grupos delictivos acechan a indígenas tzotziles en los Altos de Chiapas

En los Altos de Chiapas, miles de familias indígenas han sido desplazados por paramilitares y grupos criminales.
Rodrigo Soberanes y Mara Luna
Por Rodrigo Soberanes y Mara Luna (texto y fotos)
11 de octubre, 2019
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Gabriel Lunez y su hijo Pedro, dos indígenas tzotziles desplazados de su comunidad en Chiapas, salieron una noche de su refugio en lo alto de la montaña, entre matas de café, sin linternas y en silencio para no alertar a los francotiradores. 

Hacía más de un año que vivían escondidos en un campamento instalado en un pequeño llano detrás de las barrancas, a un kilómetro de su poblado, Cocó, que se había convertido en un territorio de tiroteos diarios.  Las balas cruzaban justo a la altura de la cocina de la familia de Gabriel Lunez. 

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Las primeras versiones oficiales atribuyen este conflicto a la lucha por un predio de 60 hectáreas entre habitantes de dos comunidades, pero los actores entrevistados dicen que el motivo es el rearme de los grupos paramilitares que nacieron en los 90 al amparo de las autoridades después del levantamiento zapatista.  Durante la habitual conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, el subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población, Alejandro Encinas refrendó esta versión: “(Hay) presencia de grupos paramilitares y de una gran capacidad de fuego, incluso de grupos ligados presuntamente a la delincuencia organizada han generado niveles de violencia”, dijo Encinas. 

El hambre que tenía la familia de Gabriel los obligó a idear un plan desesperado: cavar furtivamente una trinchera debajo de su cocina para hacer tortillas de maíz bajo la línea de fuego.

La excavación se prolongaría durante meses, con viajes nocturnos de ida y vuelta por senderos y cañadas secundarias. Gabriel Lunez y su hijo sabían que algunos vecinos que se habían aventurado  por rutas similares para cuidar sus cosechas habían sido asesinados. Aquellas noches María Magdalena Pérez, la madre de la familia, esperaba con sus otros 11 hijos, descalza, vestida con traje de enagua azul y huipil rosado, con sus manos sobre el regazo o enmarcando sus mejillas, extrañando amasar el maíz. 

“Pasábamos hambre hasta que se calmaban los tiros”, recordaba en el campamento, que permanecía en un silencio casi absoluto, solo interrumpido por el murmullo de los hombres que debatían una solución para el desplazamiento, y el llanto de los bebés.

En el campamento tampoco hay mucho que comer: cuando lo visité las despensas para cien personas eran apenas dos cubetas medio llenas de maíz y algo de comida enlatada, el agua la tomaban de un nacimiento contaminado y las mamás repartían pozol (bebida de maíz licuado en agua) a niños y bebés de boca en boca en envases de plástico reciclados. El remedio para las diarreas y enfermedades respiratorias eran los rezos.

Es por eso que la familia Gabriel regresa con frecuencia a su cocina. Con el paso de las noches, las ollas, las sartenes y el fogón quedan resguardados por el muro de contención que les ayuda a cocinar las tortillas o los frijoles. Cuando Gabriel y su hijo acaban el trabajo, llega el turno de las mujeres, que los relevan en esas incursiones nocturnas para cocinar en la trinchera. María Magdalena todavía esperaba en el campamento porque, a sus 49 años, su vista no era suficiente para caminar entre los cafetales en la oscuridad.

La zona cero del conflicto es una cañada que divide los municipios de Chenahló y Aldama, un paisaje idílico donde corre el agua a través de formaciones rocosas. Los comuneros dicen “allá al fondo” cuando nombran la cañada y en los últimos tiempos siempre agregan que da miedo ir “allá al fondo”. Las montañas presiden el paisaje, ahora también las trincheras en las dos orillas de la cañada donde se apostan hombres armados con fusiles. En los caminos de tierra hay casquillos percutidos regados por el suelo. 

Los primeros desplazados fueron las siete familias que vivían en un predio cercano a la cañada, sembrado con maíz, frijol y, principalmente, café. Era junio de 2016. 

“A balazos nos fueron a sacar de nuestras casas. Nos despojaron de nuestro hogar, de nuestras tierras, nos quitaron los cafetales, les cortaron el fruto y luego le echaron machete”, dijo Claudia Pérez García, una de esas primeras víctimas, desde la cabecera municipal de Aldama donde vive actualmente.

“Primero les fueron quitando sus casas, sus pollos y ya cuando no les quedaba nada, fueron amenazados con armas de fuego y les quemaron sus casas”, contó un lugareño que no ha sido desplazado y sólo pidió identificarse como “Tino” por motivos de seguridad.

A partir de enero de 2018 las miras de los tiradores apuntaron más arriba y alcanzaron las casas de familias de cuatro comunidades —Kotsilnab, Tabak, Cocó y Xuxchen— separadas por un kilómetro y medio. Fue así como la familia de María Magdalena Pérez huyó hacia la montaña. 

“Salimos con lo que llevábamos puesto. Todos sin nada. Si hacía frío y lluvia, teníamos que aguantar. Los que sufren más son los pequeños. Ahí estaban llorando también ellos”, dijo.

Niñas indígenas en cocina sentadas

Hijas de Gabriel y Maria Magdalena en su trinchera cocina

María Magdalena, que tuvo a sus 12 hijos en su comunidad. Sus abuelos y sus bisabuelos también nacieron en Cocó y se dedicaban a producir café. Las fincas eran el sustento de la familia hasta que estalló el conflicto armado. Era su única forma de tener dinero para comprar otra cosa que no sea maíz o frijoles.

Entérate: Pueblos de Aldama y Chenalhó, Chiapas, firman la paz después de décadas de conflicto territorial

Las autoridades de Aldama afirman que cinco personas fueron asesinadas, cazadas desde las trincheras. Al menos dos mil huyeron hacia los parajes donde se formaron los campamentos de desplazados. Horizontal contactó vía telefónica al alcalde de Chenalhó, Abraham Cruz Gómez, pero pidió realizar la entrevista en otra ocasión y hasta el momento no ha sido posible contactarlo de nuevo. Tampoco entrar a la comunidad de Santa Martha para conocer la situación de ese lado de la cañada. 

En los Altos de Chiapas, la región donde se enclava Aldama, más de siete mil mayas tzotziles han sido desplazados en los últimos dos años por los grupos armados, de acuerdo con la suma de cifras de organizaciones ciudadanas que entraron a las zonas de conflicto, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Huir de su comunidad, sin embargo, no les ha alejado por completo de las armas. 

El 4 de abril de 2018,  en el campamento de la comunidad de Tabak, sonaron disparos de alto poder. Las mujeres tomaron a sus hijos y se juntaron unas con otras como si trataran de protegerse del frío como lo hacen los pingüinos cuando hay tormenta, como si quedar apretadas unas con otras disminuyera el peligro.  

Las armas largas que disparan sobre la cocina de María Magdalena, llegaron a manos de civiles en 1994 después de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se rebeló contra el Estado Mexicano. Para combatir el movimiento guerrillero indígena, el Ejército Mexicano creó el Plan de Campaña Chiapas 94. En el documento firmado en octubre de ese año se incluía la identificación y entrenamiento de personas “con alto sentido patriótico” dentro de las comunidades para “la organización de fuerzas de autodefensa”.

El paramilitarismo creció en la región a la vez que los episodios de violencia. El más dramático fue la masacre en la comunidad de Acteal, en Chenalhó, el 22 de diciembre de 1997: 45 tzotziles fueron asesinados mientras oraban por el fin de la violencia en una comunidad que se había convertido en refugio de personas desplazadas. 

 Guadalupe Vázquez tenía 10 años. Nueve de sus familiares, entre ellos su madre, padre y hermanos, murieron ese día cuando se escondían en un arroyo.  “Entonces ahí estábamos mis papás, mis tías, mi abuela y mis hermanos. Mi papá iba por más personas y cuando iba a mitad de camino yo levanté la cabeza y vi una persona con gorra y nos estaba apuntando”, dijo en la ermita en la que rezaban las víctimas. 

“A la vuelta del tiempo, al no investigar, al no desarticular los grupos paramilitares, las estructuras quedaron y han quedado en el territorio y hoy lo que vemos en los nuevos desplazamientos es que los grupos se vuelven a activar”, dijo Pedro Faro, director del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.  “(La violencia en Aldama) no es solamente una confrontación entre dos poblados sino que es una acción de un grupo armado, entrenado, con una visión militar, acosando y aterrorizando a la población indígena”, añadió.

A 22 años de la masacre de Acteal, en los Altos de Chiapas miles de personas huyen a campamentos de desplazados y se siguen escondiendo en los arroyos cuando escuchan balas. 

La mañana del 23 de enero de 2019, en las montañas de Aldama, circulaba un convoy integrado por elementos del Ejército y de la Secretaría de Seguridad Pública porque el ayuntamiento del municipio había pedido la presencia de las fuerzas del orden. El convoy lo completaban vehículos donde viajaban autoridades tradicionales y decenas de pobladores de Aldama. Cuando el contingente pasaba por los lugares indicados como focos rojos, las personas se ponían en alerta y se escuchaban tenues conversaciones en tsotsil en las radios.  

Los mandos militares vieron los estragos de los disparos en las casas, pasaron frente a una escuela donde no había clases hace ocho meses porque los maestros dejaron de ir, y finalmente llegaron al punto crítico: un conjunto de tres casas de concreto en la comunidad de Cocó con ventanas y paredes destruidas por los tiroteos. A unos 15 metros, estaba la cocina-trinchera de María Magdalena en su casa de tablas y lámina.

Las viviendas derruidas fueron ocupadas por policías que recibirían la visita de los militares cada día. Barrieron los vidrios y los escombros, instalaron sus servicios básicos y acondicionaron las trincheras que los lugareños usaban para combatir a sus vecinos de Santa Martha.  Ese día por la tarde, decenas de personas salieron de parajes de la montaña y el lugar comenzó a tomar vida de nuevo. Una camioneta de Seguridad Pública trajo cientos de coca colas para compartir.  

Tres días después las mujeres caminaban con sus niños, los autos ya circulaban de día, motociclistas repartían tortillas de casa en casa y los campesinos se desplazaban en grupos hacia sus parcelas con sus herramientas de trabajo. Un grupo de niños deshacían las cajas de cartón de las verduras para construir fusiles de juguete. La casa de María Magdalena tenía sus puertas abiertas y sus hijas estaban tejiendo cojines rojos y morados. Pero Pedro Lunez tenía un semblante rígido y no estaba de buen humor para hablar en español.  Un lugareño tradujo la opinión de Pedro: “cuenta que no tienen la esperanza de que dejen de disparar. Sus casas huelen feo, los animales domésticos murieron de hambre porque se desplazaron varios meses. Se murieron todos, todos completamente. Pero ahora es un alivio para ellos, él quiere que siga así como los tres días que pasaron”.

“Aunque haya entrado el Ejército no podemos decir que ya están tranquilos y que todo está bien. Ahora están retornando quienes no están en la franja de fuego. Los que están en la orilla, esos no han podido retornar”, dijo Pedro Faro, director del Frayba, que estaba ese día en una misión de observación. 

Ventana rota por balazo

Casa baleada en Cocó

Leer más: Desplazados de Chenalhó exigen a AMLO justicia y seguridad para volver a casa

El principal interlocutor y guía del Ejército durante su recorrido fue Ignacio Pérez Girón, síndico de Aldama que ejercía como alcalde. Sus días estaban contados, pues meses después, el 6 de mayo, fue encontrado muerto en un paraje del municipio de Zinacantán, también en Los Altos de Chiapas.

El EZLN solo rompió su silencio después de la llegada de las Fuerzas Armadas. El 6 de febrero emitió un comunicado y difundió varios videos grabados de habitantes el otro lado de la cañada.  Un hombre con pasamontañas originario de Santa Martha, Chenalhó, habló de que ahí han pasado los mismos horrores que sus vecinos de las comunidades de Aldama: “Estamos viviendo la misma situación de miedo y desesperanza. Las mujeres, los niños y todos nosotros nos reunimos cuando empiezan las balaceras porque llegan y atraviesan nuestras casas”, dijo el miliciano zapatista. Según el recuento del EZLN, entre el 9 de marzo de 2017 al 7 de septiembre de 2018, 25 personas habían sido asesinados sumando los dos lados de la cañada. 

Durante los últimos días de febrero, María Magdalena al fin cocinaba en su trinchera. Había huevos, algún envase de cerveza y botellas de coca cola. La familia pasaba los días en la parte alta de la casa, una señal de que se sentían tranquilos. Las mujeres trabajaban en sus telares y los hombres iban y venían, retomando poco a poco sus labores. A principios de marzo Aldama celebró su carnaval en la cabecera municipal con sus niños pintados de jaguares y los adultos haciendo circular el pox (bebida alcohólica) porque así “los rezos salen más del corazón”. El 3 de marzo los tejidos de la casa de la cocina-trinchera estaban terminados y se vendieron cuatro  cuatro cojines por 640 pesos.  María Magdalena sonreía y ofrecía dos vasos de coca cola a quien quisiera. Pero cerca de las 12 del mediodía comenzó a salir humo desde la montaña de enfrente, en Santa Martha. 

Los policías de la base mixta tomaron sus binoculares. Dijeron que era mala señal. Siguieron brotando pequeños incendios de manera simultánea. Se escuchó un disparo. Salieron los hombres de las casas, Pedro Lunez estaba entre ellos. Sonaron los radios, volvió el estado de alerta. Las hijas de la familia tuvieron que consolar a la mamá, que de nuevo tenía las manos sobre sus mejillas. Sonaron ráfagas de balazos. Era hora de ir a esconderse a la cocina.

(Este reportaje es parte del proyecto Fuera de Casa, una plataforma sobre el desplazamiento forzado interno en México. Para ver el proyecto completo visita horizontal.mx)

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Por qué la vacunación sin confinamiento puede convertir a Brasil en una fábrica de variantes COVID

Investigadores británicos señalan que el contacto a gran escala entre los vacunados y la variante de Manaos puede generar mutaciones capaces de eludir la efectividad de las vacunas. Las medidas de control son necesarias para prevenir un escenario peligroso, advierten.
5 de marzo, 2021
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El escenario actual en Brasil, que combina el inicio de la vacunación con la transmisión incontrolada de la covid-19, puede convertir al país en una ”fábrica” de variantes potencialmente capaces de escapar a la eficacia de las vacunas por completo.

Esta es la evaluación de un grupo de científicos británicos directamente involucrados en algunas de las principales investigaciones sobre las mutaciones del coronavirus.

Investigadores del Imperial College de Londres y de la Universidad de Leicester sostienen que los confinamientos y otras medidas de contención son especialmente necesarios durante la vacunación de la población.

Explican que es precisamente el contacto entre vacunados y variantes lo que propicia la aparición de mutaciones “superpotentes”, capaces de burlar totalmente la acción de la inmunización

Y, en Brasil, hay una combinación explosiva para que esto ocurra: la vacunación todavía marcha a un ritmo lento, existe la variante con la mutación E484k (que evita los anticuerpos) y hay altas tasas de infección.

La variante de Manaos y las vacunas

El mayor peligro está en el contacto de la variante de Manaos, apodada P.1, con personas recién vacunadas, explica el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido.

Al entrar en la célula humana y encontrarse con una cantidad aún pequeña de anticuerpos de la vacuna, la variante, al replicarse, puede promover mutaciones más resistentes a esos anticuerpos, advierte.

“Si te vacunas un lunes, no estás inmediatamente protegido. Los anticuerpos de la vacuna tardan unas semanas en aparecer y aún se puede contraer el virus original o la variante P.1”, explica Tang.

Hospital brasileño

REUTERS
Brasil batió el récord de muertes en 24 horas: más de 1.800 víctimas del covid-19. Los hospitales de Porto Alegre alcanzan el 100% de ocupación en las unidades de cuidados intensivos.

“Si esos anticuerpos de la vacuna surgen mientras se produce la infección y está extendiéndose por el cuerpo, el virus puede replicarse de forma que evada los anticuerpos en un proceso de selección natural”.

Este desarrollo forma parte del proceso de evolución del virus, que trata de adaptarse a la “adversidad”.

Una persona vacunada, pero infectada, puede transmitir ese virus mutado si no hay medidas de control, como cuarentenas y cierre de negocios y espacios de ocio.

El riesgo de que esto ocurra sería menor si la variante de Manaos no se extendiera por el país y si los contagios estuvieran bajo control.

Esto se debe a que la posibilidad de que el virus original pueda adherirse en grandes cantidades a las células de una persona vacunada es pequeña, ya que la inmunización es lo que pretende evitar, precisamente.

Pero la mutación E484k, presente en la variante de Manaos, afecta exactamente al principal punto de unión entre el virus y las células, haciendo más efectivo el “acoplamiento” y reduciendo la eficacia de los llamados anticuerpos neutralizantes.

Las investigaciones preliminares indican una eficacia reducida de la vacuna Oxford-AstraZeneca contra las variantes cargadas con la mutación E484K, y el Instituto Butatan está investigando su impacto en el porcentaje de protección que ofrece la CoronaVac.

“Si hay una transmisión incontrolada del virus, es decir, en un entorno sin normas de distancia social, sin confinamiento ni uso de mascarillas, las personas susceptibles de contagiarse se mezclarán con las vacunadas.

“Sin barreras, el virus puede transmitirse entre poblaciones, generando potencialmente variantes que escapen a la vacuna”, le explica Tang a BBC News Brasil.

Vacunas

REUTERS
Brasil vacunó a cerca del 3% de la población y todavía negocia para adquirir suficientes vacunas y atender a todos los habitantes. En algunos puestos de salud, los ancianos tuvieron que hacer colas.

“Y ocurrirá especialmente si se produce una situación de epidemia importante en un país con un éxito de vacunación moderado”.

“Así se alcanza el equilibrio perfecto entre inmunes e infectados. Y cuando esas poblaciones se mezclan, existe el riesgo de que surja una nueva variante resistente a la vacuna”, le cuenta el experto a BBC News Brasil.

La epidemia está fuera de control en Brasil

Brasil está experimentando exactamente esta confluencia entre una fase de vacunación temprana y un pico de casos de covid-19.

El país superó a Estados Unidos en el desafortunado récord de infecciones en 24 horas.

Los datos publicados este jueves por la Organización Mundial de la Salud mostraron que en Brasil se registraron 59.900 casos de covid-19 en 24 horas. En EE.UU., fueron 57.800.

El número de muertes diarias también sigue aumentando y batiendo récords.

El 3 de marzo se registraron 1.800 muertes en un día, la cifra más alta desde el inicio de la pandemia. En más de la mitad de los estados brasileños, la ocupación de las camas de cuidados intensivos supera el 80%.

cementerio

EPA
En Brasil han muerto alrededor de 260.000 personas por covid-19 hasta el momento.

Ante el colapso de los sistemas sanitarios en varios municipios, los gobernadores han decretado medidas de bloqueo o distanciamiento social.

A pesar de los contagios incontrolados, el presidente Jair Bolsonaro volvió a declararse en contra de las restricciones.

“En lo que a mí respecta, nunca tendremos confinamiento. Nunca, es una política que no ha funcionado en ninguna parte del mundo”, consideró el mandatario.

Pero los datos desmienten la línea de Bolsonaro.

En Reino Unido, el confinamiento vigente en todo el país desde principios de enero redujo en dos tercios los contagios por covid-19.

En Londres, el descenso fue del 80%, según una investigación del Imperial College London.

“Desde el punto de vista científico, el cierre de las fronteras y la aplicación de cuarentenas domiciliarias son eficaces para reducir las infecciones”.

“Y la reducción de las infecciones tiene sus ventajas. Se disminuye el riesgo de que surjan variantes, se gana tiempo para que la campaña de vacunación avance y para que la investigación encuentre vacunas adaptadas a las variantes que existen en la actualidad”, asevera el profesor Peter Baker.

La variante de Manaos puede ser dominante

Además, los expertos advierten de que, si no se toman medidas de control, la variante de Manaos puede acabar sustituyendo al virus original y volverse prevalente en todo el país.

La P.1 ya circula en al menos 10 estados brasileños, además de ser responsable de casi todos los contagios actuales en la capital de Amazonas.

“Sin medidas de control, la P1 se convertirá rápidamente en el virus dominante y generará importantes oleadas epidémicas”, analiza Charlie Whittaker, investigador del Imperial College de Londres.

Manifestaciones

REUTERS
En Brasil se han producido protestas contra el confinamiento anunciado a finales de febrero.

Un estudio dirigido por Whittaker demostró que la variante de Manaos es entre 1,4 y 2,2 veces más transmisible que el virus original.

La investigación también revela que la P.1 es capaz de evadir la respuesta inmunitaria de infecciones anteriores entre un 25% y un 61% de los casos.

Es decir, puede causar reinfecciones en individuos que ya habían tenido la covid-19.

Y las reinfecciones son otro ingrediente importante para las mutaciones peligrosas, dice Peter Baker, del Imperial College de Londres.

“Cuando estas variantes entran en contacto con personas que ya han sido infectadas, hay una presión para que muten más, para encontrar una manera de reinfectar a las personas previamente inmunizadas”, dice.

“La combinación de un brote anterior y un nuevo brote importante, en el que se reinfectan personas que ya tendrían inmunidad, crea un entorno propicio para las mutaciones. Creemos que eso es lo que ocurrió en el contexto brasileño”.

Un riesgo para todo el mundo

Además de estar ya expandiéndose por el territorio brasileño, la variante de Manaos se ha detectado hasta el momento en 25 países, a pesar de que varias naciones han cancelado los vuelos a Brasil y han impuesto cuarentenas y pruebas de covid-19 a todo aquel que llegue del país sudamericano.

Esto revela que la enfermedad incontrolada en un país pone en riesgo a otras naciones.

“Si se deja que Brasil replique el virus de forma incontrolada, estas variantes pueden surgir y viajar a cualquier parte”, dice el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester.

“Si tienes un granero de producción de virus en un país, si no controlas la transmisión, vas a tener mutaciones que se produzcan por selección natural, si esas variantes viajan por el mundo y algunas de ellas escapan a las vacunas total o parcialmente, por supuesto que es un riesgo”.

Los investigadores entrevistados por BBC News Brasil evalúan que la vacunación masiva, combinada con medidas para restringir el contacto social, como los confinamientos, el uso de mascarillas y el cierre de negocios, son importantes para contener las altas tasas de infección y prevenir nuevas mutaciones, mientras avanza la inmunización.

“Nadie está a salvo hasta que todos estemos a salvo. Y garantizar la seguridad significa limitar la posibilidad de que surjan variantes. Las medidas de control son útiles para conseguirlo, pero quizá sea aún más importante garantizar una estrategia de vacunación global equitativa”.

“Eso significa que ningún país debería quedarse atrás”, proclama Charlie Whittaker, del Imperial College de Londres.


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