Aumentan secuestro, robo de vehículo y violación en la alcaldía Xochimilco en 2019
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Aumentan secuestro, robo de vehículo y violación en la alcaldía Xochimilco en 2019

El número total de delitos aumentó 3% en los primeros 9 meses de 2019 respecto del año pasado.
Cuartoscuro
Por Hallazgos Índice GLAC
31 de octubre, 2019
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El secuestro aumentó 200% en la Alcaldía Xochimilco entre enero y septiembre de 2019 respecto al mismo periodo de 2018, mientras que el robo de vehículo con violencia aumentó 21%, según las denuncias realizadas ante el Ministerio Público registradas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) y analizadas por GLAC Consulting.

La incidencia delictiva total aumentó 3% en los primeros 9 meses de 2019 respecto del año pasado.

La alcaldía Xochimilco se encuentra al sureste de la Ciudad de México y cuenta con 414 mil 969 habitantes según proyecciones de 2019 del Consejo Nacional de Población (CONAPO). Alberga 14 pueblos originarios y se ha caracterizado por preservar sus orígenes prehispánicos, lo que la hace una zona atractiva para los turistas.

Uno de los lugares más visitados de la demarcación son las chinampas, método mesoamericano de agricultura en el que se usaban balsas de tierra para cultivar flores y verduras y expandir el área de cultivo. En 1987 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad  por la  Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés).

Otra atracción turística importante son las trajineras, embarcaciones de madera que se encuentran en la zona lacustre de Xochimilco y Tláhuac.

Lee: Aumenta narcomenudeo en la CDMX: se duplican denuncias en alcaldías Magdalena Contreras, Iztacalco y Tlalpan

Durante 2018 y 2019 la alcaldía Xochimilco se posicionó en el lugar 15 de la clasificación de secuestro de las 16 alcaldías que conforman la Ciudad de México, donde 1 es peor y 16 es mejor. El incremento de este delito en la zona durante los primeros 9 meses de 2019 no modificó su posición.

En 2019, la alcaldía Cuauhtémoc registró el mayor número de secuestros, seguida de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuajimalpa de Morelos y Azcapotzalco. Magdalena Contreras registró el menor número de denuncias.

El año pasado, Azcapotzalco registró el mayor número de casos de este delito, seguida de Benito Juárez, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. Milpa Alta obtuvo el menor número de denuncias. Durante enero y septiembre de 2019 el delito de secuestro en Milpa Alta se incrementó 300% respecto al mismo periodo de 2018, lo que modificó su posición en la clasificación de secuestros del lugar 16 al 6.

A mediados de mayo de este año destacó el secuestro en Xochimilco de la joven Daniela Ramírez Ortiz, quien abordó un taxi desde la pizzería donde trabajaba para ir a una fiesta. Sus restos fueron encontrados en la Alcaldía Tlalpan.

El 21 de septiembre medios de comunicación difundieron la detención en Oaxaca de Elvia “N,” alias “La Bruja” por el delito de secuestro agravado de Norberto Ronquillo. Según la Procuraduría General de Justicia de la CDMX, esta persona proporcionó su domicilio en la Alcaldía Xochimilco como casa de seguridad para mantener cautivo al estudiante.

Respecto al robo de vehículo con violencia, en 2019 Xochimilco se posicionó en el lugar 10 El año anterior se posicionó en el lugar 13. El incremento en el número de casos de robo de vehículo con violencia modificó su posición tres lugares entre 2018 y 2019.

En 2019 la alcaldía Gustavo A. Madero fue la que registró mayor número de denuncias, seguida de Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Tlalpan y Benito Juárez. Cuajimalpa de Morelos registró el menor número de casos para este delito.

El año anterior Benito Juárez fue la alcaldía de la Ciudad de México con el mayor número de denuncias por robo de vehículo con violencia, seguida de Gustavo A. Madero, Miguel Hidalgo, Azcapotzalco e Iztapalapa. 

En 2018 Magdalena Contreras fue la alcaldía con menos casos registrados de robo de vehículo con violencia. En esta demarcación, este delito aumentó 90% entre 2018 y 2019, por lo que en 2019 dejó de ser la alcaldía con menos denuncias de este delito.

En septiembre, policías preventivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, detuvieron a un hombre con antecedentes delictivos, relacionado con un presunto robo de vehículo con violencia en la Alcaldía Xochimilco.

En Xochimilco en la Ciudad de México, el robo de vehículo con violencia disminuyó de forma sostenida entre 2011 y 2014. Entre 2017 y 2018 volvió a registrar un descenso. 

En cuanto a la incidencia delictiva total, esta aumentó de forma sostenida entre 2015 y 2018. En 2018 el número total de delitos denunciados fue el mayor desde 2011.

Respecto al secuestro, este aumentó entre 2017 y 2018. En lo que va de 2019, la tasa acumulada de este delito (0.63) fue mayor al total de 2018 (0.42).

En 2019 la clasificación de delitos totales fue encabezada por la alcaldía Cuauhtémoc, mientras que Milpa Alta fue la que registró menor incidencia delictiva total.

Respecto al total de delitos, Xochimilco se ubicó en la posición 14 de la clasificación de incidencia delictiva entre 2018 y 2019. Entre enero y septiembre de 2019 registró un aumento de 3% en el total de delitos al pasar de 5 mil 433 a 5 mil 611 casos por cada 100 mil habitantes.

Lee más: Armas y narcomenudeo. Lo que ha enfrentado la Guardia Nacional en Iztapalapa

El aumento de la incidencia delictiva se vio influenciado por el incremento de delitos contra la integridad personal. Aparte del secuestro y el robo de vehículo con violencia aumentaron los delitos de violación (20%) extorsión (18%) y robo a negocio con violencia (15%). El homicidio doloso disminuyó 29% y el homicidio doloso con arma de fuego, 18%.

En septiembre de 2019 se difundió la noticia de la violación de una mujer en la Colonia San Lorenzo La Cebada. Sus dos agresores, supuestamente pertenecientes al cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) le exigieron una fuerte suma de dinero y amenazaron con regresar por otra cantidad, de lo contrario, le harían daño a su hija.

Respecto al robo de negocio con violencia, en agosto destacó el asalto a mano armada del Chedraui ubicado en la Colonia Santiago Tulyehualco. Según algunas redes sociales, los asaltantes llegaron al área de cajas y dispararon en cuatro ocasiones.

'Arriesgo mi vida para tratar a pacientes de covid-19 pero mañana puedo ser deportado a México'

Como enfermero en una unidad de cuidados intensivos en un hospital de Carolina del Norte, Jonathan Vargas Andrés trata a pacientes con covid-19 todos los días. Pero pronto puede encontrarse con una orden de deportación.
13 de mayo, 2020
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Guillermo y Jonathan Vargas Andrés

Jonathan Vargas
Guillermo y Jonathan Vargas Andrés llevan 18 años en Estados Unidos.

La Corte Suprema de Estados Unidos está revisando un caso que podría poner en riesgo de deportación a miles de personas que llegaron de forma ilegal al país cuando eran niños.

La Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, aprobada en 2012) les dio a estos jóvenes la oportunidad de trabajar y estudiar legalmente en EE.UU., pero el presidente Donald Trump quiere revocarla.

Y muchos de los que están en riesgo son trabajadores de la salud que se enfrentan a la pandemia de coronavirus.

A principios de abril, una larga fila de autos de policía rodeó un hospital en Winston-Salem, en Carolina del Norte, con sus luces azules parpadeando.

Era un tributo, dijeron, a los trabajadores sanitarios que arriesgan sus vidas para tratar a los pacientes de covid-19.

Pero al mexicano Jonathan Vargas Andrés, un enfermero de la unidad de cuidados intensivos que trata a pacientes de coronavirus en ese hospital, le parecen, de alguna manera, gestos vacíos.

Lleva cuatro años trabajando en la misma unidad que su esposa y su hermano, también enfermeros, y la semana pasada ha visto un aumento en el número de casos.

Jonathan también es indocumentado y en las próximas semanas sabrá si el país por el que está arriesgando su vida decidirá deportarlo.

“Trato de no pensar en eso, porque si lo pienso mucho me canso”, dice Jonathan en su suave acento sureño. “Básicamente, tuve que desconectar por mi propia salud”.

“Es el miedo más que nada”.

El programa DACA

Jóvenes protestando frente a la Corte Suprema en apoyo al programa DACA.

Getty Images
La mayoría de los beneficiados por el programa DACA son de América Latina, pero también hay de otras partes del mundo.

Jonathan se benefició del programa DACA, una norma de la era Obama que protegía de la deportación a los jóvenes que fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos cuando eran niños y que les proporcionó permisos de trabajo y estudio.

Jonathan llegó de México cuando tenía 12 años.

En 2017, Donald Trump detuvo el programa y actualmente está siendo revisado por la Corte Suprema estadounidense.

En cualquier momento, a Jonathan se le podría decir que ya no tiene derecho a trabajar o vivir en Estados Unidos.

Hay aproximadamente 800.000 beneficiarios de DACA en Estados Unidos. El Centro para el Progreso Americano, un think tank de izquierda, estima que 29.000 de ellos son trabajadores de atención médica en primera línea (médicos, enfermeros, paramédicos) y otros 12.900 se desempeñan en otros sectores de la industria de la salud y el cuidado.

Jonathan describe su trabajo como una vocación.

Le encanta ser enfermero a pesar de enfrentar una pandemia a los cuatro años de haber iniciado su carrera.

“Obviamente, da miedo cuando estás allí”, dice. “Te vuelves muy, muy, muy paranoico con lo que tocas”.

“Pero tienes que dejar ese pensamiento de lado, porque estás allí para ayudar a estas personas. No se trata de ti”.

Su hospital tiene suficientes equipos de protección personal. Los están usando con moderación, lo que lo pone nervioso, pero lo que es más difícil, cuenta, es tener que ver a la gente morir sola.

“Es muy triste, muy deprimente ver a las familias tener que despedirse a través de un iPad”, dice.

“No solo es estresante, sino emocionalmente agotador“.

Al menos en la unidad hay solidaridad, pero a veces siente que está viviendo una doble vida.

“Cuando voy a trabajar y hablo con mis compañeros de trabajo, ellos no saben sobre mi estatus”, dice.

“Pero luego regreso a casa y me doy cuenta de que, ya sabes, estoy viviendo fuera del radar”.

“Ni siquiera sabes si algo de lo que estás haciendo para ayudar a tu país será apreciado. Y en un par de meses, podría ser deportado“.

Cambio de vida

Protesta de "Dreamers" afuera de la Corte Suprema en noviembre.

Getty Images
El programa DACA está actualmente bajo revisión por la Corte Suprema de EE.UU.

Jonathan nació en México, en un pequeño pueblo cerca de Puebla, en 1990.

Su padre manejaba un autobús para ganarse la vida, pero apenas podía mantener a la familia.

Él recuerda la casa en la que vivían: no tenía ventanas, el piso era de tierra, y no había agua corriente.

Su padre se fue primero a Estados Unidos, en el año 2000, y trajo a su familia dos años después.

Junto con su hermano y su madre, Jonathan cruzó el río que separa a México de Estados Unidos y el desierto, entrando a territorio estadounidense ilegalmente.

Hasta 2012, toda la familia vivía fuera del radar. Como niños indocumentados, podían asistir a la escuela pública, pero no a las universidades públicas ni a las universidades privadas, que eran demasiado caras.

Cuando terminó la escuela secundaria, consiguió trabajos ocasionales. Trabajaba reparando neumáticos cuando se anunció el programa DACA.

“Fue un cambio de vida”, dice. “No sé cómo describirlo. Saber que iba a tener la oportunidad de trabajar legalmente y tener la posibilidad de ir a la universidad”.

Llevaba en Estados Unidos 10 años en ese momento y aunque dice que se sentía estadounidense, no tenía la documentación para demostrarlo.

Cuando se aprobó el programa DACA, él y su hermano inmediatamente intentaron inscribirse en el ejército, pero fueron rechazados por su estatus de ciudadanía.

Su deseo de servir los llevó a la enfermería.

“Vuelve a cruzar el río”

Aunque le encanta su trabajo, los últimos cuatro años han sido un período de mucha ansiedad.

Jonathan ha comenzado a apretar la mandíbula mientras duerme. A veces lo hace tanto que la articulación se hincha y le duele cuando come o habla. Es una condición que generalmente está vinculada al estrés.

“He estado lidiando con este estrés desde 2015, cuando Donald Trump anunció que se postulaba para presidente y lo primero que hizo fue atacar a los mexicanos“.

“Se volvió muy, muy real cuando asumió el cargo”.

Desde entonces, dice que ha sentido más animosidad hacia él y ha experimentado un racismo manifiesto. Cree que algunas personas ahora se sienten con el derecho a mostrar intolerancia.

Describe un incidente fuera de su gimnasio, antes de la cuarentena, en el que un hombre le gritó improperios racistas y le dijo que “volviera a cruzar el río” porque había estacionado incorrectamente.

Una joven con la solicitud para el programa DACA en 2012.

Getty Images
El derecho a trabajar de Jonathan depende del programa DACA.

Camuflaje

Jonathan se casó hace dos años y su esposa es ciudadana estadounidense. Ha solicitado una green card -residencia temporal-, pero no es un hecho que se la vayan a dar.

Su entrada ilegal al país siendo niño podría jugar en su contra.

Si un niño indocumentado no abandona Estados Unidos en el año antes de cumplir su mayoría de edad, asume la responsabilidad legal de su ingreso.

Y si la decisión de la Corte Suprema detiene el programa DACA, podría perder su derecho a trabajar.

Jonathan está tratando de no pensar en lo que sucederá si la decisión va en su contra. Dice que no volverá a México, ya que no cree que la profesión de enfermería sea valorada allí, pero él y su hermano han estado investigando para mudarse a Canadá.

Tendría que dejar a sus padres y su vida de los últimos 18 años atrás. Actualmente está estudiando a tiempo parcial para obtener una calificación adicional en enfermería, y es posible que también tenga que dejarlo.

Aunque el miedo a la covid-19 y la decisión de la Corte Suprema se ciernen sobre él todos los días, tiene una sensación de seguridad dentro de su uniforme de color azul oscuro.

“A veces siento que mi uniforme de trabajo es un tipo de camuflaje”, dice.

“La gente me ve con la bata y asumen que soy de los ‘buenos’ o que estoy aquí legalmente”.

“Pero tan pronto como me cambio, no hay forma de que sepan que soy enfermero, así que me vuelvo un ‘espalda mojada’ como suponen sobre todos los demás que parecen hispanos”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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