De víctimas a actores sociales en la fallida Guerra contra el Narcotráfico
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Axel Pedraza

De víctimas a actores sociales en la fallida Guerra contra el Narcotráfico

En el documental El guardián de la memoria, la directora Marcela Vargas retrata la extinción paulatina de las ciudades fronterizas en las que el crimen es autorizado y aprovechado por otros sectores, según expertos en el tema.
Axel Pedraza
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Ciudades abandonadas, casas baleadas o en abandono. Víctimas a quienes mataron o  desaparecieron a un integrante de su familia, forman parte de los hechos que la directora de cine Marcela Vargas denuncia en el largometraje El Guardián de la memoriaque a través de nueve historias aborda la vida de nueve personas que solicitado asilo político en Estadios Unidos.

En la película, el abogado de migración y activista por los derechos humanos Carlos Spector habla de la situación por la que atraviesan las víctimas del crimen organizado tras la fallida estrategia que emprendió el expresidente Felipe Calderón Hinojosa en 2006, al inicio de su sexenio.

Spector, desde El Paso, Texas, Estados Unidos, lleva los casos de periodistas, activistas y personas que han sido perseguidos o amenazados por grupos criminales. Ha ganado un gran número casos de asilo político a mexicanos, a quienes hoy los separa tan solo 15 centímetros entre su país de origen y en el que actualmente radican.

Marcela conoció a Carlos tras su visita a México en un encuentro entre organizaciones civiles que trabajan con migrantes Centroamericanos. Ahí, el abogado habló acerca de la situación de los mexicanos que han solicitado asilo político.

“El discurso de Carlos, en la película, es clarísimo. Es una perspectiva distinta a la que habíamos escuchado”, dijo Marcela Vargas en entrevista con Animal Político.

En El guardián de la memoria, Vargas no solo presenta la historia de los sobrevivientes sino también la manera en cómo ellos deciden dejar de ser víctimas para convertirse en actores sociales. Luchan por encima de sus miedos para reconstruir un país fracturado y preservar la memoria para sobrevivir al exilio, para que la tragedia no se repita.

“La película pone en contexto lo que sucede hoy: La caza de migrantes africanos en Chiapas y cómo la militarización de la Frontera Sur y la manera en cómo México trata a los migrantes. Poner la película en ese contexto creo que te cambia la manera de verlo”, señaló.

¿Por qué hablar de asilo político?

 En la película, Marcela pone sobre la mesa el tema del asilo político que ciudadanos mexicanos solicitan tras ser perseguidos y amenazados bajo repetidos contextos de violencia. Víctimas que, como retrata el largometraje, les fue arrebatado más de un miembro de la familia y que el Estado no ha resuelto quién asesinó o desapareció a su padre, madre, tíos, hermana o hermano.

“El asilo político lo otorgan cuando te persiguen en tu país pero a los mexicanos no se lo dan porque en México no hay una guerra, entonces, si los mexicanos que llegan a Estados Unidos piden asilo político y se los dan, al dárselos, es aceptar que en México está sucediendo algo”, agregó.

De acuerdo con la Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), un solicitante de asilo es aquella persona que pide el reconocimiento de la condición de refugiado y cuya solicitud todavía no ha sido evaluada de forma definitiva.

Para ACNUR, los sistemas nacionales de asilo existen para determinar si las personas que solicitan asilo merecen protección internacional.

“Por eso es importante porque quiere decir que algo está sucediendo en México, que sucedió desde la Guerra de Calderón y que sigue sucediendo, porque la gente se sigue yendo. La gente sigue tratando de cruzar esa frontera, mexicanos, por las mismas razones”, mencionó la directora.

El fenómeno del asilo político por parte de connacionales no se detendrá porque lo que han desvirtualizado como una narrativa del gobierno mexicano y del gobierno estadounidense, al señalar que los solicitantes solo buscan obtener los documentos que los legalice como ciudadanos de Estados Unidos.

“Se trata de toda una parafernalia en donde los actores son el criminal, la autoridad estatal, federal, municipal y así para arriba. El asilo político engloba todo esto. No estamos hablando solo de crimen y es lo que dice Carlos,  hablamos de un crimen autorizado, y para que lo sea debe ser un Estado que no esté”, agregó.

La directora también habló del genocidio que acontece en México a comunidades que poco a poco están siendo extintas por los altos índices de criminalidad y violencia.

“Eso es lo que está pasando en México pero nadie lo ha querido llamar así, que es cuando se persigue a una persona por una específico manera de pensar, por una específica raza o un específico religión y se les persigue desde el poder, eso está pasando en México”.

Del miedo a actores sociales

En los testimonios que Marcela presenta en el largometraje, la constante entre las víctimas es el miedo que el crimen autorizado, como lo señala el abogado Carlos Spector, siembra en las comunidades y va desde desaparecer a las personas hasta enviar amenazas.

“Los mismo pasan en Estados Unidos porque al cruzar la frontera y pedir asilo político te meten a un centro de detención para que todos los que vienen detrás y que van a pedir asilo político se la piensen dos veces”.

La estadía en estos centros puede ser de 15 días, seis meses o 2 años como sucede con uno de los testimonios que aparece en el largometraje.

Sin embargo, entre todo ese terror, las víctimas coinciden que al solicitar asilo político buscan no dejar en el olvido las muertes y desapariciones que padecieron en el núcleo familiar sino que deciden levantar la voz y denunciar lo que está pasando al contar su historia.

“Cuando estaban en México no denunciaban porque, sabes, a los periodistas los matan, al activista social lo matan, al que levanta la voz lo matan, a los estudiantes los desaparecen, entonces, claro, nadie dice nada, nadie habla nada y cuando están en Estados Unidos tampoco”, sentenció Vargas.

De esta manera y ante el silencio en el que estaban sometidas las víctimas que atendió Carlos Spector, fue que fundó la organización Mexicanos en el exilio con el fin de que ellos pudieran denunciar lo que les sucedió. Esa denuncia hace que una perosna deje su condición  de víctima para convertirse en un actor social.

“Con actor social, me refiero a que el simple hecho de hacer, decir y contar lo que les sucedió para denunciarlo en público, eso los convierte en actores sociales”.

Como es el caso de Ian, un adolescente de 12 años que cuando tenía 4 años de edad vio cómo la policía se llevó a su padre, días después tras la insistencia de su abuela por encontrar a su hijo, las autoridades dieron aviso de haber encontrado el cuerpo del padre de Ian enterrado en una fosa a campo abierto.

“Él representa a todos los niños. Imagínate cómo van a ser todos esos niños cuando crezcan, los recuerdos que van a tener. Es un descalabro social”.

Otro caso es el de Jorge, quien cuando tenía 16 años, perdió a su madre y a su tío en manos del crimen organizado. “Él me dijo: no me gusta hablar de estas cosas pero sino lo hago las muertes de mi familia van a ser en balde”, dijo.

Con El Guardián de la memoria la directora, Marcela Vargas, no solo permite reflexionar la situación del país tras una fallida estrategia de la guerra contra el narcotráfico sino que, también visibiliza la situación del asilo político y los casos de cada una de las víctimas. La película se estrenará en México el viernes 15 de noviembre del 2019.

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El pueblo en Francia que se quiere iluminar con organismos vivos

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia, que está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.
29 de abril, 2022
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En una tranquila habitación de un centro de vacunación contra el coronavirus en Rambouillet, una pequeña ciudad francesa a unos 50 kilómetros al suroeste de París, una suave luz azul emana de una fila de tubos.

En fechas próximas, el mismo resplandor azul iluminará la cercana Place André Thomé y Jacqueline Thomé-Patenôtre.

Pero a diferencia de las farolas estándar, que a menudo emiten un fuerte resplandor y necesitan ser conectadas a la red eléctrica, estas luces son alimentadas por organismos vivos a través de un proceso conocido como bioluminiscencia.

Este fenómeno, en el que las reacciones químicas dentro del cuerpo de un organismo producen luz, se puede observar en muchos lugares de la naturaleza.

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia: está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.

Estos experimentos también están en marcha en toda Francia, incluso en el aeropuerto Roissy-Charles-de-Gaulle de la capital.

Variedad natural

Los ejemplos de bioluminiscencia en el mundo natural son muchos.

Las luciérnagas se iluminan para atraer parejas, mientras que algunas especies de algas brillan cuando se agita el agua circundante.

El rape (un pezde aguas profundas) permite que bacterias bioluminiscentes se establezcan en un lóbulo sobre su cabeza como un señuelo tentador para sus presas.

La mayoría de las especies oceánicas bioluminiscentes emiten una luz azul verdosa que, debido a las longitudes de onda más cortas de los colores, puede viajar más lejos en el océano.

Algunas luciérnagas y ciertos caracoles brillan de color amarillo, y se sabe que el llamado “gusano ferroviario”, una larva de escarabajo nativa de las Américas, se vuelve rojo y amarillo verdoso en un patrón que se asemeja a un tren por la noche.

Incluso se ha descubierto que algunos roedores nocturnos que se encuentran en el sur de África tienen cabello que produce un brillo biofluorescente de color rosa intenso.

Las luces de Francia

El brillo azul turquesa en la sala de espera en Rambouillet proviene de una bacteria marina recolectada en la costa de Francia llamada Aliivibrio fischeri.

Las bacterias se almacenan dentro de tubos llenos de agua salada, lo que les permite circular en una especie de acuario luminoso.

Dado que la luz se genera a través de procesos bioquímicos internos que forman parte del metabolismo normal del organismo, su funcionamiento casi no requiere más energía que la necesaria para producir los alimentos que consumen las bacterias.

La bioluminiscencia en las aguas de la bahía Preservation de Tasmania

Brett Chatwin

Se agrega una mezcla de nutrientes básicos y se bombea aire a través del agua para proporcionar oxígeno.

Para “apagar las luces”, simplemente se corta el aire, deteniendo el proceso al enviar la bacteria a un estado anaeróbico donde no produce bioluminiscencia.

“Nuestro objetivo es cambiar la forma en que las ciudades usan la luz”, dice Sandra Rey, fundadora de la empresa emergente francesa Glowee, que está detrás del proyecto en Rambouillet.

“Queremos crear un ambiente que respete mejor a los ciudadanos, el medio ambiente y la biodiversidad e imponer esta nueva filosofía de la luz como una alternativa real”.

Los defensores del proyecto argumentan que la bioluminiscencia producida por bacterias podría ser una forma sostenible y eficiente en energía para iluminar nuestras vidas.

La forma en que actualmente producimos luz, argumenta Rey, ha cambiado poco desde que se desarrolló la primera bombilla en 1879.

Si bien la bombilla LED, que surgió en la década de 1960, ha reducido significativamente los costos de funcionamiento de la iluminación, todavía depende de la electricidad, que se produce en gran parte por la quema de combustibles fósiles.

Glowee

Fundada en 2014, Glowee está desarrollando una materia prima líquida, en teoría infinitamente renovable, hecha de microorganismos bioluminiscentes.

Se cultiva en acuarios de agua salada antes de envasarse en los tubos.

El proceso de fabricación, afirma Rey, consume menos agua que la fabricación de luces LED y libera menos CO2, mientras que el líquido también es biodegradable.

Las luces también usan menos electricidad para funcionar que las LED, según la compañía, aunque las bombillas Glowee producen menos intensidad de luz que la mayoría de las bombillas LED modernas.

las luces de Glowee

Glowee
Las luces de Glowee.

Si bien las luces de Glowee actualmente solo están disponibles en tubos estándar para eventos, la compañía planea producir pronto varios tipos de mobiliario urbano, como bancos para exteriores, con iluminación incorporada.

En 2019, el ayuntamiento de Rambouillet firmó una sociedad con Glowee e invirtió US$109.000 para convertir la ciudad en “un laboratorio de bioluminiscencia a gran escala”.

Guillaume Douet, jefe de espacios públicos de Rambouillet, cree que si el experimento tiene éxito, podría conducir a una transformación en todo el país.

“Se trata de una ciudad del mañana”, dice Douet. “Si el prototipo realmente funciona, podemos implementarlo a gran escala y reemplazar los sistemas de iluminación actuales”.

Los usos de la bioluminiscencia

Los estudios de la bioluminiscencia no son nuevos.

Alrededor del año 350 a. C., el filósofo griego Aristóteles describió la bioluminiscencia en luciérnagas como un tipo de luz “fría”.

Los mineros del carbón han usado luciérnagas en frascos como iluminación en minas donde cualquier tipo de llama, incluso una vela, podría desencadenar una explosión mortal.

Luciérnagas

Getty Images

Mientras tanto, las tribus de la India han utilizado hongos brillantes durante años para iluminar selvas densas.

Sin embargo, Glowee es la primera empresa del mundo en alcanzar este nivel de experimentación y dice que está en negociaciones con 40 ciudades de Francia, Bélgica, Suiza y Portugal.

ERDF, una empresa mayoritariamente estatal que gestiona la red eléctrica de Francia, se encuentra entre los patrocinadores de Glowee; la Comisión Europea ha proporcionado US$1,9 millones de financiación y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm) ha proporcionado asistencia técnica y apoyo.

Los desafíos

Carl Johnson, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Vanderbilt, cree que aún quedan serios desafíos por delante antes de que la bioluminiscencia pueda obtener luz verde para su implementación a gran escala.

“Primero, tienes que alimentar a las bacterias y diluirlas a medida que crecen”, dice.

“Eso no es tan fácil. Además, el fenómeno dependerá mucho de la temperatura y dudo que funcione en el invierno. En tercer lugar, la bioluminiscencia es muy tenue en comparación con la iluminación eléctrica”, agrega.

Rey, de Glowee, reconoce los desafíos que se avecinan, pero insiste en que los beneficios, tanto ecológicos como económicos, podrían ver ciudades futuras bañadas en luz azul bacteriana.

Hongos

Getty Images

Actualmente, el equipo de Evry está trabajando para aumentar la intensidad de la luz producida por bacterias, que por ahora solo dura días o semanas antes de requerir más nutrientes y aún no es tan fuerte como las luces LED.

Hasta ahora, Glowee dice que sus bacterias pueden producir una salida de brillo de 15 lúmenes por metro cuadrado, por debajo, pero no muy lejos, del mínimo de 25 por metro cuadrado que cree que se requiere para la iluminación pública en parques y jardines.

En comparación, una bombilla LED doméstica de 220 lúmenes puede producir unos 111 lúmenes por metro cuadrado de suelo.

“Estamos avanzando poco a poco”, dice. “Pero ya hemos dado pasos enormes y nuestra filosofía de la luz es una respuesta a la crisis que enfrenta la humanidad”.

Catrin Williams, profesora de la Facultad de Biociencias de la Universidad de Cardiff que ha estudiado la bioluminiscencia en bacterias, está de acuerdo en que es “difícil” mantener cultivos bacterianos vivos a largo plazo debido a la necesidad de suministro de nutrientes.

Pero Williams dice que esto podría superarse centrándose en la “quimioluminiscencia”, un proceso que Glowee también está investigando actualmente, que elimina la necesidad de bacterias vivas.

En cambio, la enzima responsable de la bioluminiscencia, la luciferasa, en teoría puede extraerse de las bacterias y usarse para producir luz.

“Creo que el enfoque de Glowee es extremadamente novedoso e innovador y podría ser fantástico”, dice Williams.

Otras iniciativas

Otras iniciativas en todo el mundo están proporcionando más rayos de esperanza.

Nyoka Design Labs, con sede en Vancouver, está desarrollando una alternativa biodegradable a las barras luminosas utilizando enzimas no vivas y libres de células que, según los creadores, son mucho más fáciles de mantener que las bacterias vivas.

“En lugar de usar todo el automóvil, solo quitamos los faros”, dice Paige Whitehead, fundadora y directora ejecutiva.

“La enzimología ha avanzado hasta el punto de que ya no tenemos que depender de los sistemas sustentados por células”, agrega.

Luciérnagas

Getty Images
Las luciérnagas han sido estudiadas desde la Antigüedad.

Una vez utilizadas, las barras luminosas no se pueden reciclar debido a la mezcla de productos químicos que contienen.

Se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, desde usos policiales y militares hasta festivales de música.

Algunos investigadores han expresado su preocupación por el efecto de los productos químicos que contienen en la vida marina, ya que también se utilizan a menudo como señuelos en la pesca con palangre.

“Gran parte de este desperdicio es innecesario”, dice Whitehead. “La visión que buscamos es reemplazar cualquier sistema de iluminación alternativo para hacerlos más sostenibles”.

En un gran avance para esa visión, un estudio publicado en abril de 2020 reveló que un equipo de bioingenieros rusos que trabajan con una empresa emergente de biotecnología con sede en Moscú han creado un método para mantener la bioluminiscencia en las plantas.

Afirman que pudieron hacer que las plantas brillaran 10 veces más y durante más tiempo que los esfuerzos anteriores, produciendo más de 10.000 millones de fotones por minuto, mediante la bioingeniería de genes bioluminiscentes de hongos en las plantas.

La nueva investigación se basó en los hallazgos que identificaron una versión fúngica de la luciferina, uno de los compuestos únicos que es necesario para la bioluminiscencia, junto con las enzimas luciferasa o fotoproteína.

Keith Wood, un científico que hace 30 años creó la primera planta luminiscente utilizando un gen de luciérnagas, dice que la tecnología podría reemplazar en parte la iluminación artificial como los LED.

Más recientemente, descubrió que al alterar la estructura genética de una luciferasa que se encuentra en el camarón de aguas profundas Oplophorus gracilirostris, su brillo podría aumentar 2,5 millones de veces.

luces

Getty Images

La enzima resultante, que los investigadores llamaron NanoLuc, también era 150 veces más brillante que las luciferasas que se encuentran en las luciérnagas.

“La aplicación de la biología sintética a la bioluminiscencia es una gran oportunidad”, dice Wood, quien ahora está desarrollando una planta bioluminiscente para la empresa Light Bio.

Pero todavía está por decidirse exactamente cómo se podrían usar estas plantas bioluminiscentes transgénicas en el futuro.


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