Vocero de policía comunitaria de Guerrero encarcelado más de 5 años demandará al Estado
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Alberto Pradilla

Vocero de policía comunitaria de Guerrero encarcelado más de 5 años demandará al Estado

Gonzalo Molina González reclama al Gobierno de la República un resarcimiento por los años encarcelado y el fin de las órdenes de aprensión contra miembros de la policía comunitaria.
Alberto Pradilla
7 de noviembre, 2019
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“No tengo que pedir perdón, en todo caso el gobierno me tiene que pedir perdón a mí y a mi familia por el daño que nos hicieron”. Gonzalo Molina González (Matialapa, Tixtla, Guerrero, 1962) pasó cinco años y tres meses en prisión acusado de diversos delitos que un juez determinó que no había cometido. Absuelto de todos sus cargos desde el 28 de febrero de este año, el expreso político quiere presentar una demanda contra el Estado para ser resarcido por el tiempo que permaneció encerrado.  

“Me tuvieron cinco años y medio en prisión y demostré que no hubo delito, que todo era legal. La libertad de Gonzalo no se la debemos a nadie. Hay organizaciones que dicen, “lo sacamos”. Pero querían que saliera por amparo, o porque el fiscal se desistiera. Otras me pidieron que negociara. Yo dije que no, que iba a salir por la vía legal. Quise que me sentenciara porque no he cometido un delito. Tampoco pedí la amnistía. No tengo que pedir perdón, en todo caso el gobierno me tiene que pedir perdón a mí y a mi familia por el daño que nos hicieron”, dice en entrevista con Animal Político. 

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La demanda se presentará ante la Fiscalía General de la República (FGR) y exigirá el resarcimiento a Gonzalo Molina, la retirada de órdenes de aprensión contra integrantes de la CRAC-EP y la devolución del material incautado por la policía, según informó Enriqueta Chávez, integrante del Comité por la Libertad de los Presos Políticos del estado de Guerrero. 

Gonzalo Molina González es un hombre comprometido, de esos con discurso denso y elaborado, de los que no dejan pasar una frase sin carga política. Era vocero y uno de los promotores de la Coordinadora Regional Autoridades Comunitarias – Policía Comunitaria (CRAC-PC) cuando fue arrestado en un retén de carretera el 6 de noviembre de 2013. 

Fue acusado de “terrorismo, robo agravado, privación de la libertad personal y lesiones”. Durante cinco años permaneció encerrado en cárceles de Oaxaca, Estado de México y Guerrero. 

El 28 de febrero, el juzgado mixto de primera instancia con sede en Tixtla lo declaró inocente de todos sus cargos y ordenó su puesta en libertad. 

En los últimos años, al menos 50 integrantes de la CRAC-PC fueron arrestados y encarcelados, según Enriqueta Chávez. En la actualidad todos ellos recuperaron la libertad salvo Julio César Cotecón, que se encuentra en el penal de Chilpancingo, Guerrero. 

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Actualmente existen 5 casas de justicia que operan para 250 comunidades. Sin embargo, Chávez reconoce que la CRAC-EP fue “muy dañada” y que se encuentra en un período de reestructuración. 

En opinión de Molina, el proceso abierto en su contra tuvo como objetivo debilitar la policía comunitaria. 

Su relato sobre la CRAC-EP, la detención, los años de cárcel y el proceso en su contra tiene dos vertientes, la personal y la política.

En términos personales, Molina González acusa al Estado de haber “destruido a su familia”. Su salud también se ha deteriorado. El aislamiento en una celda de metro por metro y medio es un castigo añadido. También las humedades de la celda en Oaxaca, que le provocaron problemas irreversibles de salud. Otro plus de peligrosidad: tuvo que estar encerrado con integrantes de grupos criminales como Los Rojos, contra los que combatió en Guerrero. Enemigos convertidos en compañeros de presidio. Una bomba de relojería de la que Molina González solo relata las constantes amenazas. “Siempre llevas ese tipo de amenazas pero cuando tus ideas son firmes no hay nada que te doble”, dice. 

Desde que salió de prisión tampoco lo ha tenido fácil. Asegura haber enfrentado tres intentos de levantón en la Ciudad de México. Todo ello a pesar de estar incluido dentro del Mecanismo de Protección para activistas y periodistas. 

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“El mecanismo se supone que tendría que estar resguardándome, que tendría que estar bajo cuidado de ellos. Pero cuando detecto estas cosas (los intentos de levantón), rompo con el mecanismo y me blindo solo, me protejo con mis propios medios, llegando a perder el contacto con todo el mundo, incluso con mi familia”, explica.

Animal Político quiso conocer la opinión del mecanismo, dependiente de la secretaría de Gobernación, pero al cierre de la nota no había recibido respuesta. 

Un ejemplo de la inseguridad que persigue a Molina González: la entrevista se realiza en un parque de la ciudad de México, casi a escondidas. El policía comunitario solo se siente seguro en la montaña de Guerrero. “Ahí garantizamos la seguridad, ahí no hay problema”, argumenta.

En marzo, el policía comunitario presentó una denuncia ante la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH). En ella denuncia amenazas contra él y su familia por parte del crimen organizado, el levantón sufrido por uno de sus compañeros ocho días antes de que Molina González saliese de la cárcel, y “la constante vigilancia de halcones y constantes recorridos de peinando la zona de sicarios que se desplazaban en camionetas”. 

“Hago responsables a las autoridades obligadas de brindar seguridad y justicia a los ciudadanos de lo que me suceda tanto a mi persona, a mi familia y a mis compañeros”, afirma la demanda. 

Apenas dos semanas después de interponer esta queja, Molina González permaneció en paradero desconocido por varios días después de detectar que desconocidos planeaban secuestrarlo. 

Además de las consecuencias personales, el policía comunitario hace hincapié en el panorama desolador que encontró al salir de prisión. 

“Salgo y la delincuencia está posicionada en todos los sentidos. El Gobierno destruyó todo lo que habíamos construido como proyecto de vida”, se queja.

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“Hay una estrategia del gobierno, lo dije antes de caer a la cárcel, hay una estrategia para destruir el proyecto de la CRAC. Esa estrategia es la cooptación de compañeros, para que obedezcan y se desmovilicen”, asegura. En su opinión, quienes fueron cabezas visibles del movimiento tuvieron tres alternativas: la muerte, la cárcel o la desaparición. 

La gran preocupación de Molina González ahora es la desmovilización que encontró tras ser excarcelado. Antes, pone énfasis en reivindicar la legitimidad de la policía comunitaria. “Somos legales y legítimos, porque nos amparamos en la Constitución, las leyes de Guerrero y normas como el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificado por México”, afirma. 

El policía comunitario pone énfasis en la legitimidad institucional. Por eso, marca distancias con los grupos de autodefensa. “No somos lo mismo. Nosotros somos una institución, no productos impulsados por las autoridades o por la misma delincuencia”, afirma. 

Por eso, su propuesta tiene que ver con un desarrollo integral, no solo con la seguridad. Y reclama fondos a las autoridades para poder llevarlo a cabo.  “Si los gobiernos lo respetaran, se daría presupuesto para nuestro propio desarrollo, dentro de nuestra propia cosmovisión. No se trata de un desarrollo como lo plantean los gobiernos”, dice. 

Por estos motivos asegura que no confía en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. “Nunca creímos que pudiera haber un cambio. No sé quién se lo haya creído. De alguna forma, tenemos claro que estamos viviendo en un sistema capitalista y el cambio no va a ser por cambiar una persona. Hay toda una estructura”, dice. 

Como ejemplo, Molina González pone los megaproyectos que tratan de instalarse en Guerrero, especialmente las iniciativas mineras. 

“Esta es una tierra rica en oro y zinc. Y las mineras quieren entrar. Se está luchando por la vía legal, que son los amparos”, dice. 

Pone como ejemplo el caso de Carizalillo, en Guerrero. “Cuando ingresa la minera les ofrece recursos por sus tierras, les dijeron que iba a haber progreso… ¿qué pasó? que les pagaron seis pesos cada metro. Y cuando los sicarios, la delincuencia, cree que les están dando mucho dinero, va y les quita ese recurso. Se quedan sin nada, la minera trabajando y solo te contratan unas 50 personas para limpiar el oro. El resto lo hacen las maquinas”, explica.

Como alternativa, el policía comunitario explica que en los últimos meses se ha dedicado a visitar comunidades y tratar de organizarlas. 

“Quiero hacer un llamado a los compañeros de la CRAC. Que se pongan las pilas, que luchemos por nuestros derechos. Que los hagamos valer y que hagamos uso de ellos”, afirma 

“Yo estoy en la región de la montaña, visitando los pueblos, los miztecos, los tlapanecos, los nahuas. Los pueblos necesitan que estés ahí, que duermas, comas, platiques con ellos.  Estamos haciendo una producción de calzado, guaraches, cinturones, en comunidades de Malinaltepec, Citlaltepec y Ayutla”, explica. 

“Estamos dentro del marco legal y legítimo”, asegura. “No somos un grupo, somos una institución legal y legítima”. “La CRAC – PC estamos reconstruyendo el trabajo que destruyo el estado, reconstruyendo el tejido social, y formando policías comunitarios en donde no había, a través de un proyecto integral. Este proyecto va más allá de las armas. Este proyecto es de vida, de salud, de educación”, dice.

Por el momento, el policía comunitario pide que el Estado reconozca que le encarceló injustamente durante cinco años y tres meses. 

La CRAC PC estamos reconstruyendo el trabajo que destruyo el estado, reconstruyendo el tejido social, y formando policías comunitarios en donde no había, a través de un proyecto integral. Este proyecto va más allá de las armas. Este proyecto es de vida, de salud, de educación.

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Cómo el COVID-19 generará la mayor deuda pública mundial de la historia (y por qué no es necesariamente algo malo)

El aumento del gasto en todo el mundo para hacer frente a la pandemia ha llevado a que por primera vez en la historia la deuda pública global sea cercana al 100% del PIB internacional. Sin embargo, muchos -entre ellos el FMI- aconsejan que no se recorte el gasto.
20 de noviembre, 2020
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Los países en todo el mundo han aplicado distintas estrategias para combatir la pandemia del coronavirus, pero casi todos han hecho algo en común: aumentar su gasto público para hacer frente a la crisis sanitaria.

Además de los gastos en salud, la mayoría de los gobiernos han ofrecido ayuda financiera a las personas y los negocios afectados económicamente por la parálisis que trajo la pandemia.

En un informe sobre la situación fiscal de la economía mundial publicado en octubre pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que a nivel mundial se han gastado unos US$12 billones en “amortiguar el golpe” del covid-19.

Estas medidas fiscales “han salvado vidas y medios de subsistencia”, resaltó el organismo.

Sin embargo, semejante incremento del gasto público internacional, sumado a la fuerte caída en los ingresos tributarios como consecuencia de la parálisis de la actividad, también ha generado algo inédito.

Ha llevado a que la deuda pública mundial alcance su máximo histórico y por primera vez sea cercano al 100% del Producto Interno Bruto (PIB) internacional.

Dicho de otra forma, ha provocado que por primera vez en la historia la deuda pública global iguale al tamaño de la economía mundial.

No obstante, lejos de lo que podría pensarse, el FMI no aconseja recortar el gasto.

Por el contrario. La directora del organismo, Kristalina Georgieva, ha enfatizado repetidamente los riesgos de una reducción prematura del estímulo.

Tijeras y un billete de US$100 cortado

iStock
No es momento para cortar el gasto estatal, dice el FMI.

“Donde persiste la pandemia, es fundamental mantener líneas de vida en toda la economía, para las empresas y los trabajadores, como aplazamientos de impuestos, garantías de crédito, transferencias de efectivo y subsidios salariales”, señaló Georgieva.

“Es igualmente importante la acomodación monetaria continua y las medidas de liquidez para asegurar el flujo de crédito, especialmente a las empresas pequeñas y medianas, apoyando así el empleo y la estabilidad financiera”, dijo en un discurso a comienzos de octubre.

“Corta las líneas de vida demasiado pronto y el largo ascenso (de la recuperación) se convierte en una caída precipitada“, advirtió.

Déficit

A pesar de que el FMI estima que los déficits presupuestarios de los gobiernos aumentarán del 3,9% del PIB al 12,7% en 2020, lo considera algo transitorio.

“Lo que vemos es un aumento único de la deuda en 2020, luego una estabilización después de 2021, e incluso una ligera tendencia a la baja en 2025“, le dijo a Reuters el director de Asuntos Fiscales del FMI, Vitor Gaspar.

El organismo incluso está incentivando a algunos países, reacios a aumentar el gasto, a aprovechar las bajas tasas de interés para invertir en infraestructura.

Sus estimaciones sugieren que una inversión en infraestructura pública del 1% del PIB podría impulsar la producción en un 2,7%, creando entre 20 y 33 millones de puestos de trabajo.

Según Gaspar, la reanudación del crecimiento económico y las tasas de interés extremadamente bajas ayudarán a aliviar los déficits presupuestarios primarios.

“La diferencia entre las tasas de interés y el crecimiento no solo es negativa, sino más negativa, en nuestras proyecciones, de lo que era antes del covid-19. Por lo tanto, las bajas tasas de interés juegan un papel importante en la dinámica de la deuda”, aseguró.

Un martillo que dice 2020 rompiendo un chanchito con ahorros

iStock
El FMI estima que muchos países podrán estabilizar su deuda tras la crisis sanitaria.

Deuda récord

El FMI no es el único que afirma que el inédito nivel de deuda pública no es algo necesariamente malo.

Son varios los actores económicos que coinciden en que, lejos de generar pánico, este gasto récord es exactamente lo que se necesita para reactivar la economía global.

“La pandemia parece estar cambiando lo que muchos piensan sobre una deuda pública considerable”, observa John Letzing, editor digital de Inteligencia estratégica del Foro Económico Mundial.

“Aquellos que alguna vez pudieron haberse asustado con el concepto parecen ahora estar de acuerdo con él, si el dinero se utiliza bien y los intereses adeudados siguen siendo relativamente bajos”.

Según Letzing, hace no tanto existía un consenso generalizado de que la carga de la deuda pública de un país debía mantenerse muy por debajo del tamaño de su economía.

“En Estados Unidos la deuda pública ascendía a aproximadamente el 60% del PIB en vísperas de la crisis financiera mundial hace poco más de una década”, detalla.

“Y el tratado de fundación de la Unión Europea (UE) de hecho estableció un límite de deuda pública del 60% del PIB”.

“Pero al igual que otras cosas que alguna vez se dieron por sentadas, la pandemia ha eliminado, al menos temporalmente, esa directriz de la UE, mientras los responsables políticos se apresuran a apuntalar las economías”, afirma.

Pilas de yen que van en aumento

iStock
La deuda pública de Japón es la más alta del mundo y crecerá casi 30% como consecuencia del aumento del gasto por el coronavirus.

Las mayores deudas

Según los cálculos del FMI, 30 países superarán el 100% de deuda respecto a su PIB en 2020, debido a su respuesta a la pandemia.

Al tope de la lista está Japón, que ya era el país más endeudado, con una deuda pública del 238% del PIB. Este año, la cifra ascendería casi 30 puntos más, a 266%, según ese organismo.

También Sudán y Grecia tendrán deudas por encima del 200% de su PIB, de acuerdo con las estimaciones. El país africano pasaría de 202% a 259% y el europeo de 181% a 205%.

Completan el ranking de los 20 países más endeudados Eritrea, Líbano, Italia, Portugal, Cabo Verde, Belice, Barbados, EE.UU., Singapur, Baréin, España, Mozambique, Bután, Angola, Francia, Chipre y Bélgica.

Estas perspectivas han llevado a algunos legisladores en estos países a exigir a los gobiernos que empiecen a recortar el gasto relacionado con el covid, antes de que la creciente deuda genere un problema.

Muchos de estos políticos proponen que, en vez, se levanten las cuarentenas y restricciones y se reabran las economías.

Sin embargo, think tanks como el Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas de EE.UU. advierten que esto sería un error.

“Contrariamente a algunas teorías previas, no hay evidencia de que una cierta proporción de deuda con respecto al PIB precipite una crisis de deuda“, señaló el instituto en un informe.

“La reapertura de la economía ha fracasado como estrategia para fortalecer las finanzas familiares y estatales, y esta estrategia no puede justificar el retiro a nivel federal de la sólida ayuda fiscal para las familias y los estados”, agregó.

Un mendigo durante la Gran Depresión en EE.UU.

Getty Images
Recortar el gasto impidió la recuperación después de la Gran Depresión, advierten los expertos del Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas de EE.UU.

El centro de investigación también advirtió que “un giro equivocado y prematuro hacia la austeridad fiscal impidió la recuperación después de la Gran Depresión, y los legisladores deben evitar cometer el mismo error ahora”.

Riesgo para los más pobres

No obstante, los mismos actores que consideran que la histórica deuda pública mundial no debería causar alarma ni llevar a los gobiernos a reducir su gasto durante la pandemia, también advierten que la situación no será igual para todos.

Letzing, del Foro Económico Mundial, reconoce que “los niveles récord de deuda pública crearán desafíos financieros en muchas partes del mundo”.

“Los países en desarrollo, por ejemplo, podrían ser incapaces de aprovechar los mismos recursos que sus pares más ricos, y es probable que pronto se vean obligados a pagar miles de millones de dólares en pagos de deuda”, alerta.

También Georgieva, la directora del FMI, ha advertido que “muchos países se han vuelto más vulnerables” debido a sus niveles de deuda.

La economista sostiene que se debe actuar de forma coordinada para ayudar a estos países a “lidiar con su deuda”.

“Entraron en esta crisis con niveles de deuda ya elevados y esta carga solo se ha vuelto más pesada. Si quieren luchar contra la crisis y mantener un apoyo político vital; si quieren evitar la reversión de los avances en desarrollo logrados durante décadas, necesitarán más ayuda y rápido“, señaló.

“Esto significa acceso a más subsidios, crédito en condiciones favorables y alivio de la deuda, combinado con una mejor gestión de la deuda y transparencia”, detalló.

Kristalina Georgieva

Reuters
Kristalina Georgieva, del FMI, afirma que habrá que ayudar a los países más pobres que no pueden hacer frente a su carga de deuda.

Georgieva adelantó que “en algunos casos, será necesaria la coordinación global para reestructurar la deuda soberana, con la plena participación de los acreedores públicos y privados”.

“El largo ascenso”

Según la jefa del FMI, el mundo atraviesa en este momento un “largo ascenso” para salir de la crisis que trajo el coronavirus.

Este difícil ascenso será “desigual, incierto, y propenso a contratiempos”, advirtió.

“Mientras nos embarcamos en este ‘ascenso’, todos estamos unidos por una sola cuerda, y somos tan fuertes como los escaladores más débiles. Necesitarán ayuda para subir”, concluyó.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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