Roberto Quiñones, el periodista independiente que lleva 78 días detenido por el gobierno cubano
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Roberto Quiñones, el periodista independiente que lleva 78 días detenido por el gobierno cubano

Defensores de derechos humanos dicen que el castigo inusualmente duro refleja problemas más amplios para el gobierno cubano.
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Por Claudia Padrón Cueto / Institute for War and Peace Reporting
30 de noviembre, 2019
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La condena a un año de prisión al periodista independiente Roberto Quiñones es la primera en el gobierno cubano del presidente Miguel Díaz-Canel y señala el punto de inflexión de lo que analistas y organizaciones de defensa de la libertad de prensa consideran una ola represiva contra la prensa no estatal, que data de inicios de este año.

Con el castigo impuesto, las autoridades fueron más allá del hostigamiento habitual de los últimos años,  que se resumian detenciones arbitrarias por algunas horas e, incluso, días, intimidaciones, y decomisos de equipos.

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Quiñones, un abogado y periodista de 62 años que trabaja como corresponsal para el medio digital Cubanet, fue arrestado en abril pasado cuando trataba de entrevistar a la hija de una pareja que fue condenada por intentar educarla fuera del sistema educativo cubano.

En agosto, el tribunal municipal de Guantánamo, al extremo oriental de la isla, desechó una apelación presentada por Quiñones y ratificó la condena a un año de prisión y trabajo comunitario, luego de acusarlo de “resistencia y desobediencia” a la autoridad cuando fue arrestado.

Las detenciones, hostigamientos y decomisos son realizados por agentes de la policía y seguridad del estado cubano y la mayoría ocurren cuando los periodistas están reporteando historias, como el caso de Quiñones.

Hugo Landa, director del sitio digital Cubanet, para el que reportaba Quiñones cuando fue detenido, dice que la severidad de la medida obedece a diversos factores.

“Primeramente, Roberto tiene una tradición de lucha contra la dictadura desde los años noventa”, dijo Landa que enmarca la condena en el contexto de crisis energética que vive Cuba y al posible racionamiento, en el futuro, de otros bienes y servicios. “El gobierno se siente débil, temeroso y quiere dar un escarmiento. Utiliza la vida de Roberto para asustar a aquellos que disienten públicamente o hacen periodismo independiente”.

La relación directa entre la crisis económica que vive el archipiélago cubano y el aumento de las medidas represivas también la observa Henry Constantín, vicepresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa para Cuba.

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Las tiendas y mercados en Cuba han padecido de desabastecimiento de productos en los últimos meses por la falta de dinero para adquirirlos en el mercado internacional. A finales de septiembre, el combustible para automóviles empezó a escasear por problemas de transporte desde Venezuela, principal proveedor de gasolina a la isla.

La escasez ha revivido los fantasmas del periodo especial, una larga crisis económica provocada por la caída del régimen soviético en los noventa, que entonces era el principal comprador de los productos cubanos como el azúcar y proveedor de gasolina.

El periodo especial supuso un deterioro en la calidad de vida de la población y, en términos económicos, una fuerte contracción de la economía que fueron enfrentadas con severas restricciones al consumo de productos básicos y combustible. Ello generó malestar en la población y el éxodo de miles de cubanos a Estados Unidos y Europa.

El caso de Quiñones alarmó a organizaciones internacionales por las circunstancias de su arresto, juicio y condena y fue incluido en la lista del OneFreePress entre los 10 casos más urgentes de injusticia contra periodistas.

Amnistía Internacional lo nombró como “prisionero de conciencia”.

“Quiñones fue arrestado y golpeado mientras cubría un juicio, y esta injusticia representa un nivel aún más bajo, incluso para un país con una larga tradición de censura como Cuba”, dijo Natalie Southwick, coordinadora del Programa de Centroamérica y Sudamérica del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, siglas en inglés).

Fuera de la condena a Quiñones, la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP) de Cuba ha reportado 76 agresiones más a periodistas independientes de enero hasta julio de este año.

20 de estas agresiones fueron dirigidas contra mujeres. A la mayoría de ellas les impidieron salir del país para asistir a capacitaciones profesionales o a eventos que tenían en su agenda conferencias sobre derechos humanos.

El 25 de junio pasado, por ejemplo, las autoridades cubanas impideron la salida del país a las periodistas Ileana Colas y Maricel Nápoles que iban a participar en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos.

Las reporteras, que viajaban junto a otros activistas, fueron invitadas para exponer la situación de la prensa independiente y la libertad de expresión en Cuba.

Cuando arribaron al aeropuerto de La Habana, los oficiales de inmigración les informaron que no podían salir del país. Actualmente, el 60% de los periodistas que tienen prohibición de salida son mujeres, según los datos recabados por APLP.

El proceso contra Quiñones inició tres meses antes cuando a la entrada del mismo tribunal que lo condenó, el periodista se disponía a entrevistar a Ruth Rigal, la hija de 13 años de los pastores evangélicos Ramón Rigal y Ayda Expósito.

La pareja fue acusada de cometer “actos contrarios al normal desarrollo del menor” al querer educarla en casa y fue condenada a un año de prisión domiciliaria. En Cuba, por mandato constitucional, la educación es laica y estatal.

A los pocos minutos de iniciarse la entrevista con Rigal, dos agentes de la policía del estado se le acercaron a Quiñones e interrumpieron la conversación. Le pidieron identificación y le notificaron que estaba detenido.

El reportero dice que le preguntó a los policías por el motivo del arresto y que la respuesta fue aplicarle una técnica de defensa física para someterlo.

“Me hizo girar, me esposó y me jaló con tal violencia que caí en la acera desde la pequeña escalera del tribunal”, dijo Quiñones al Institute for War & Peace Reporting (IWPR, siglas en inglés).

Durante el trayecto hacia la delegación policial, el periodista dice que fue golpeado por las autoridades, lo que le provocó lesiones en el rostro, manos, cuello y oído, que fueron certificadas por dos instituciones médicas independientes.

“Dentro del auto patrullero le dije que era un abusador y me golpeó salvajemente”, dijo Quiñones en referencia al policía que lo detuvo. “Me partieron el labio y la punta de la lengua, así como me lastimaron el pulgar izquierdo y me abofetearon sobre el costado derecho de la cara, encima de la oreja”.

Las autoridades dijeron que la violencia en contra de Quiñones fue “necesaria para reducirlo a la obediencia”, según los documentos judiciales que obran en el expediente penal en su contra.

Tras su detención, fue confinado en un calabozo durante cinco días con el cuerpo lleno de hematomas y contusiones, la camisa ensangrentada y el tímpano derecho perforado, según un certificado médico.

Al día siguiente de su detención, fue trasladado hacia un hospital donde, aseguró, lo examinaron varios médicos que certificaron las lesiones pero que no recibió tratamiento médico.

Un día después, el reportero fue llevado al Departamento de Medicina Legal del gobierno cubano, donde las autoridades le dijeron que las lesiones no representaban un riesgo para su vida pero que si requerían de tratamiento médico, según dice el periodista.

Los policías que lo golpearon fueron eximidos de responsabilidad por el Primer Fiscal Militar de Guantánamo el pasado 30 de abril. En la sentencia que condena a Quiñones a prisión, se afirma que los funcionarios cumplían con su deber.

Las autoridades policiales de Guantánamo tienen varios antecedentes conocidos de violencia contra personas arrestadas y reclusos. El 19 de octubre de 2014 falleció en el hospital provincial el cubano Antonio Leyva Tejeda, de 39 años, víctima de una golpiza recibida en la misma unidad policial hacia donde trasladaron a Roberto, según reportó el medio digital Cubanet.

En ese mismo año, el activista por los Derechos Humanos, Ulises García, denunció otra paliza que le propició la policía provincial, que le provocó fracturas y lesiones.

Entérate: Cuba, el único país de América sin garantías para el ejercicio a la libertad de expresión

La organización de defensa de libertad de prensa Artículo 19, que ha estado pendiente de la nueva ola represiva a la prensa independiente en Cuba y en especial de la condena a Quiñones, relaciona la magnitud del castigo con el control de la información existente en Cuba.

“Al existir prensa independiente el control del flujo informativo se le va de las manos al gobierno cubano y por ello ha aumentado la severidad de las medidas”, dijo Claudia Ordóñez directora de la organización. “(Quiñones) podría ser un castigo ejemplar para sus colegas”.

El periodista tenía que ingresar a prisión el 12 de septiembre pero las autoridades cubanas adelantaron su fecha de encarcelamiento para el 5 y la policía lo arrestó en su casa. Seis días después lo llevó a la prisión provincial de Guantánamo porque Quiñones se negó a cumplir con su condena de trabajo comunitario.

“Durante el enjuiciamiento, al periodista le violaron una y otra vez sus garantías legales”, dice la abogada Laritza Diversent de Cubalex, una asociación sin fines de lucro que defiende y promueve los derechos humanos en Cuba. “Roberto Quiñones no tuvo acceso a un tribunal independiente o jueces imparciales como no lo tiene nadie en Cuba donde el sistema judicial está supeditado el gobierno”.

Al periodista no se le permitió defenderse por su cuenta como él lo había solicitado, ni se le facilitó tiempo y recursos para hacerlo, dijo. Agregó que acudió al juicio sin un defensor, que nunca tuvo acceso a su expediente, ni se le admitieron las pruebas que quiso presentar.

Entre las pruebas están las fotografías de las lesiones sufridas y un historial de hostigamiento escrito por el propio Quiñones donde relata la persecución que ha padecido por parte de la seguridad del estado de su provincia durante años.

El pasado mes de febrero, la seguridad del estado había impedido que el periodista viajara a La Habana. Luego, el 18 de abril, lo obligaron a bajarse de un autobús que se dirigía a Cienfuegos, adonde iba a visitar a sus padres ancianos y enfermos, según dijo.

Ambos actos fueron ejecutados por el agente de la policía política cubana conocido como Víctor Víctor, el mismo que Quiñones acusa de ordenar a los policías su arresto el día que trabajaba como reportero en el tribunal.

En Cuba, los miembros de la seguridad del Estado no utilizan sus verdaderos nombres sino seudónimos para evitar que quede expuesta su identidad.

Al ocultar sus nombres, es más complejo situarlos como agentes o impedir su entrada a terceros países por las actividades represivas que han cometido en la isla.

Desde 1994, Quiñones ha sufrido persecución política en Cuba por defender a activistas políticos y de derechos humanos en su condición de abogado.

Dos décadas atrás, estuvo recluido en la cárcel durante más de cuatro años, acusado de falsificación de documentos públicos y recibir sobornos. El periodista dice que se le acusó de complicidad con una notaría que él defendía.

La notaría había sido sido procesada por autorizar la compraventa de una casa, lo que era prohibido en la época. Estas transacciones fueron autorizadas en 2011.

Quiñones dice que no trabajaba en la oficina dónde se infligió la ley ni tuvo acceso a documento alguno. También dijo que fue condenado para que no siguiera defendiendo activistas.

“El gobierno cubano suele sancionar como delincuentes comunes y acusa de delitos no políticos a las personas que pertenecen o se relacionan con la oposición o la prensa independiente”, dijo Quiñones. “Lo hizo conmigo hace más de 20 años, y lo vuelve a hacer hoy”.

Claudia Padrón Cueto es una periodista cubana que colabora con Tremenda Nota.

Esta historia se publicó originalmente en inglés en el sitio del Institute for War and Peace Reporting.

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Quién es Doug Emhoff, esposo de Kamala Harris y primer 'segundo caballero' de Estados Unidos

El marido de la flamante vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, será el primer hombre que ocupa un rol que hasta ahora solo han ocupado mujeres.
24 de enero, 2021
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Kamala Harris y Douglas Emhoff

Reuters
Kamala Harris y Doug Emhoff, ambos abogados, se conocieron en una cita a ciegas en 2013 y contrajeron matrimonio un año después.

Kamala Harris se convirtió este miércoles en la primera mujer y primera persona negra en alcanzar la vicepresidencia de Estados Unidos, pero ella no es la única que rompe siglos de tradición.

Su marido, Douglas Emhoff, más conocido como “Doug”, también rompió barreras culturales al convertirse en el primer hombre en ocupar un lugar que hasta ahora solo había sido ocupado por mujeres.

El rol de “segunda dama”, como se le dijo hasta ahora a las parejas de los vicepresidentes, está tan atado con el sexo femenino que hasta la llegada de Emhoff ni siquiera existía una versión masculina del término.

Tras un período de especulaciones se decidió adoptar el título de “segundo caballero”.

Emhoff ya tiene su propia cuenta de Twitter con ese nombre: @SecondGentleman sumó más de 800.000 de seguidores incluso antes de que el marido de la vicepresidenta publicara su primer tuit.

Pero este abogado de 56 años -la misma edad que su esposa- no solo se diferencia de las anteriores segundas damas por ser hombre.

Mientras que la mayoría de las esposas de vicepresidentes en el pasado llevaban toda una vida acompañando a sus maridos políticos, Emhoff tiene apenas siete años de experiencia en este campo.

Y es que fue hace poco más de siete años, en 2013, cuando Emhoff conoció a Harris en una cita a ciegas coordinada por la mejor amiga de ella.

Kamala Harris y Doug Emhoff

Getty Images
La vida de Emhoff había estado completamente alejada de la política hasta que conoció a Kamala Harris hace poco más de siete años.

En ese momento Harris era la fiscal general de California y él tenía un estudio de abogados que se especializaba en derecho corporativo.

Un año después de conocerse, en agosto de 2014, contrajeron matrimonio.

“Momala”

A diferencia de ella, que nunca había estado casada y no tenía hijos, Emhoff se había divorciado seis años antes de su primera mujer, la productora de cine Kerstin Emhoff, con quien tiene dos hijos en aquel momento adolescentes.

En un ensayo que escribió para la revista Elle en 2019, Harris describió la relación especial que mantuvo desde el principio con sus hijastros.

“Cole y Ella no podrían haber sido más acogedores”, escribió. “Son chicos brillantes, talentosos y divertidos que se han convertido en adultos extraordinarios”.

Harris incluso contó que fue su excelente relación con ellos lo que la llevó a decidir casarse con Emhoff.

“Yo ya estaba enganchada con Doug, pero creo que fueron Cole y Ella los que me terminaron de enganchar del todo”, relató.

También reveló que los hijos de su marido la apodaron “Momala”, ya que no les gustaba la expresión “madrastra”.

Harris suele hacer referencia a su familia durante sus discursos.

Kamala Harris y Douglas Emhoff,

Getty Images
Harris mantiene una relación cercana con la familia de su marido.

La familia lo es todo para mí y no puedo esperar a que EE.UU. conozca a mi esposo Doug y a nuestros increíbles hijos Cole y Ella”, dijo a sus partidarios durante un acto de campaña en agosto pasado, luego de que Joe Biden la confirmara como su compañera de fórmula.

“He tenido muchos títulos a lo largo de mi carrera y ciertamente ser vicepresidente será genial, pero ser ‘Momala’ siempre será el que más valor tendrá para mí“, confesó.

También ha revelado que mantiene una excelente relación con Kerstin Emhoff, la exesposa de su marido, quien incluso colaboró con su campaña electoral.

Impulsado a la arena pública

A pesar de que hasta hace no mucho la vida de Emhoff estaba completamente alejada del mundo de la política, algunos de sus conocidos afirman que le ha tomado el gusto a su nuevo rol.

Durante los primeros años de la relación con Harris, él mantuvo su vida profesional separada.

En 2017, un año después de que ella fuera elegida senadora por California -lo que lanzó de lleno su carrera política- él dejó la firma que había abierto en 2000 (y que en 2006 había sido adquirida por el estudio Venable) para convertirse en socio del bufete de abogados internacional DLA Piper, especializado en litigios relacionados con el mundo del espectáculo y la propiedad intelectual.

Por unos años, Emhoff alternó entre las oficinas de DLA Piper en Los Ángeles y Washington DC.

Pero su perfil público aumentó en enero de 2019 cuando su esposa lanzó su campaña para convertirse en la candidata presidencial del Partido Demócrata en las elecciones de 2020.

Emhoff participó de forma activa en la campaña, que duró un año, hasta que Harris se dio de baja en diciembre.

No obstante, fue la elección de Harris como segunda de Biden, oficializada en agosto de 2020, lo que realmente impulsó a Emhoff a la arena pública.

No solo siguió apoyando a su esposa en muchos de sus actos y vocalmente a través de sus redes sociales, incluso empezó a representarla en algunos eventos, realizando discursos en nombre de la campaña Biden-Harris.

Emhoff hablando durante un acto de campaña en Colorado

Getty Images
Emhoff elevó su perfil público durante la campaña electoral de su esposa, llegando incluso a dar discursos en representación del binomio Biden-Harris.

A pesar de su falta de experiencia, Emhoff ha declarado su entusiasmo por sus nuevas funciones, que le han ganado su propio grupo de admiradores, autodenominados el #DougHive o “Colmena Doug” (los fans de su esposa son el #KHive).

“Pareciera que realmente le gusta”, le comentó a la BBC Aaron Jacoby, un viejo amigo y ex socio legal de Emhoff.

“Uno podría esperar que se sentiría como un pez fuera del agua, pero no es así. Simplemente está nadando y disfrutando”, aseguró.

Sus hijos, Cole y Ella, también han remarcado que su padre parece hecho para esta nueva función.

“Creo que Doug es un poco camaleónico y por eso todos lo aman. Como que puede caber en cualquier habitación”, remarcó al “New York Times” Cole, el mayor, que hoy tiene 26 años.

“Creo que, de todas las personas, Doug casualmente nació para esto“.

Siguiendo la tradición

Más allá de su género, Emhoff ha respetado algunas tradiciones de las parejas de vicepresidentes.

Por empezar, dejó su trabajo: en agosto pasado se tomó una licencia laboral no solo para apoyar a su esposa en su campaña sino también para evitar cualquier conflicto de intereses.

Y tras el triunfo electoral de Biden y Harris, Emhoff siguió los pasos de la mayoría de sus predecesoras y anunció que abandonaba su carrera para dedicarse a sus nuevas funciones como “segundo caballero”.

Emhoff y Harris junto con Joe Biden y Jill Biden.

Getty Images
Como es costumbre, el “segundo caballero” dejó de lado su trabajo para dedicarse al puesto, aunque también enseñará.

Si bien la tarea es principalmente ceremonial, es costumbre que las parejas de los líderes también se enfoquen en asuntos de interés público que se complementan con los principales objetivos de sus parejas.

La actual primera dama, Jill Biden, se centró en las familias de los militares y la educación cuando su marido fue vicepresidente de Barack Obama (2009-2017).

Curiosamente, Biden, docente de profesión, rompió con el protocolo y siguió enseñando inglés en un colegio comunitario mientras ofició como segunda dama, tarea que planea mantener como esposa del presidente.

Emhoff le seguirá los pasos: anunció que combinará sus tareas oficiales con la docencia, en su caso enseñando un curso sobre derechos del espectáculo en la Universidad de Georgetown.

Consultado sobre cuál podría ser su foco de interés como segundo caballero, Jacoby señaló que una opción podría ser la reforma de la justicia criminal, algo que preocupa tanto a Emhoff como a Harris.

Sin embargo, Jacoby resalta que el foco principal de su amigo será la vicepresidenta.

“Doug está en esto para apoyar a Kamala”, aseguró.


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