close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Diputados reclaman por recortes a Salud que propone el Ejecutivo y piden aumento de 4,766 mdp 

La Comisión de Salud emitió una opinión técnica sobre el proyecto de presupuesto para salud que envió el Poder Ejecutivo, que incluye recortes a cinco hospitales de especialidad e institutos de salud.
Cuartoscuro
14 de noviembre, 2019
Comparte

La Comisión de Salud de la Cámara de Diputados solicitará que se aumenten 4 mil 766 millones de pesos al sector salud en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2020, pendiente de discutirse y aprobarse en San Lázaro, para temas como hospitales de especialidad, atención a mujeres, niños con cáncer, vacunación e infraestructura hospitalaria.

En la opinión técnica elaborada por esta comisión sobre el proyecto entregado por el Poder Ejecutivo el 8 de septiembre, se reclama por ejemplo el recorte de recursos a cinco hospitales de especialidad o institutos de salud: al Hospital Infantil de México Federico Gómez con 2% menos, y al Instituto Nacional de Geriatría de 2.8% menos.

También hubo reducciones menores al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas de 0.6%, al Instituto Nacional de Cancerología de 0.1%; y del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, señala que se le mantiene con el mismo presupuesto.

En contraste con esto, se propone aumentarle 500 millones de pesos a Cancerología, 250 millones al Hospital Regional de Alta Especialidad del Bajío, 149.5 millones al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, 32.5 millones al Federico Gómez y 10 millones tanto al Ramón de la Fuente como al Instituto Nacional de Enfermedades.

Atención al cáncer infantil

La propuesta incluye, además, repartir 10 millones extras entre los institutos Nacional de Pediatría, Cancerología y el Hospital Infantil, exclusivamente para atención a cáncer infantil.

“Hasta el momento los recursos humanos y materiales resultan insuficientes para atender la demanda nacional de servicios especializados de atención del cáncer infantil”, señala el documento.

“Hasta 2018, en nuestro país solamente existen 27 centros estatales de oncología y cancerología. Asimismo, hay sólo 237 especialistas en oncología pediátrica y 420 oncólogos certificados por el Consejo Mexicano de Oncología”.

La Comisión de Salud también reclama el recorte de 7.1% para el Seguro Médico Siglo XXI, un programa sujeto a reglas de operación destinado a niñas y niños menores de cinco años que no tienen seguridad social por sus padres.

Con todo y recorte tiene el compromiso de mantener la cobertura a 5.8 millones de niños y afiliar a 200 mil más el próximo año. Por lo que se solicita un aumento de 152.5 millones de pesos.

“Tiene programado gastar $1 mil 984 millones 403 mil 598 pesos en el proyecto del Ejecutivo Federal, cifra totalmente insuficiente, sobre todo si consideramos que su propósito es la atención a la infancia, los más vulnerables.

”Esto mientras padres de familia de niños con cáncer protestan para pedir al Presidente Andrés Manuel López Obrador que envíe los medicamentos para las quimioterapias de sus niños con cáncer”, subraya el documento.

El reclamo por la atención a niños con cáncer ha desatado varias manifestaciones en los últimos meses de padres de menores enfermos que han sufrido desabasto de medicamentos, como Metotrexato, y que están en la incertidumbre de no saber qué pasará con la atención a sus hijos una vez que desaparezca el Seguro Popular, una duda que también plantea el documento de la comisión de Diputados.

Seguro Popular y Prospera

El pasado 24 de octubre se aprobó en Diputados el decreto para crear el Instituto de Salud para el Bienestar, en sustitución del Seguro Popular, pero todavía falta su aprobación en el Senado.

El proyecto de PEF, mientras tanto, aún contempla el programa creado en el sexenio de Vicente Fox y le asigna 72 mil 538 millones de pesos.

Esta cantidad es casi igual que el año anterior, pero en términos reales implica una disminución de 1.7%, por lo que la Comisión de Salud manifiesta su preocupación y pide garantizar el dinero para su funcionamiento al menos en 2020. Por ello propone aumentarle mil 240.8 millones.

Otro programa que desapareció el nuevo gobierno y que ya no aparece en el proyecto de Presupuesto de este año es Prospera, que en 2019 había tenido 6 mil 587.8 millones.

En 2020 será sustituido con el programa de Atención a la Salud y Medicamentos Gratuitos para la Población sin Seguridad Social Laboral, al que se le asignaron 6 mil 634 millones.

Salud para las mujeres, vacunación y epidemias

La Comisión de Salud observó que la partida para Salud Materna, Sexual y Reproductiva sufre un recorte de 10% en términos reales.

Ese programa incluye igualdad de género en salud, prevención y atención de la violencia familiar o de género, prevención y control del cáncer en la mujer,  planificación familiar y anticoncepción, salud materna y perinatal, y salud sexual y reproductiva de los adolescentes.

Para estos fines se asignaron 2 mil 328 millones en el proyecto de PEF, por lo que la Comisión de Salud sugirió aumentarle 500 millones de pesos.

Al Programa de Vacunación se le recortaron 5.4% de recursos, por lo que se sugiere un incremento de 150 millones de pesos, de los 2 mil 89 propuestos.

La Comisión advierte que se corre el riesgo de no mantener coberturas de vacunación del 95% por biológico, lo que aumenta el peligro de mantener erradicada la poliomielitis, el control epidemiológico de la difteria, la tosferina, la eliminación del tétanos, sarampión, rubéola, y la prevención de influenza, así como la incidencia de Virus de Papiloma Humano.

“El Primer informe Presidencial detalla que los esfuerzos realizados para cumplir con el esquema de vacunación se vieron afectados por la situación internacional de abasto debido a problemas de producción de vacunas, lo que generó un retraso en la entrega y el desabasto de algunos biológicos para México, ¿Cómo podemos solucionar estos problemas, sino contamos con recursos suficientes y tenemos un déficit de vacunas disponibles?”, se pregunta.

También se solicita un aumento de 60 millones al Programa de Vigilancia epidemiológica, que tiene asignados 532.7 millones, el 7.1% menos que en 2019. El documento reclama que hay una desatención al sistema de vigilancia, y prueba de ello es que los casos de dengue se hayan multiplicado casi por cuatro este año.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Ignaz Semmelweis: el doctor al que metieron al manicomio por insistir en la importancia de lavarse las manos

En un mundo que no entendía los gérmenes, Ignaz Semmelweis descubrió y probó que lavarse las manos era clave para evitar la propagación de infecciones. Pero su historia no tuvo un final feliz.
22 de septiembre, 2019
Comparte
Hospital St. George

Getty Images
Los hospitales, como el St. Georges en Londres, eran conocidos como “casas de la muerte”.

En 1825, al visitar a un paciente que se estaba recuperando de una fractura compuesta en el Hospital St. George en Londres, sus familiares lo vieron acostado sobre sábanas húmedas y sucias llenas de hongos y gusanos.

Ni el afligido hombre, ni los demás que compartían el espacio, se habían quejado de las condiciones pues creían que eran normales.

Quienes tenían la mala suerte de ser admitidos en ese u otros hospitales de la época estaban acostumbrados a los horrores que residían en su interior.

Todo apestaba a orina, vómito y otros fluidos corporales. El olor era tan ofensivo que el personal a veces caminaba con pañuelos apretados contra sus narices.

Los doctores, por su lado, tampoco olían exactamente a rosas. Raramente se lavaban las manos o los instrumentos y dejaban a su paso lo que la profesión alegremente denominaba “el tradicional hedor hospitalario”.

Los quirófanos eran tan sucios como los cirujanos que trabajaban en ellos. En medio de la habitación solía haber una mesa de madera manchada con reveladoras huellas de carnicerías pasadas, mientras que el piso estaba cubierto de aserrín para absorber la sangre.

La clínica de Gross de Thomas Eakins

Getty Images
“La clínica de Gross” fue pintada por el estadounidense Thomas Eakins en 1875, justo antes de la adopción de un entorno quirúrgico higiénico y por eso a menudo se contrasta con la pintura posterior de Eakins, “La clínica de Agnew” (1889), que verás más abajo en este artículo.

Y había alguien a quien le pagaban más que a los doctores: el “cazador de insectos en jefe”. Su trabajo era librar los colchones de piojos.

Los hospitales eran caldo de cultivo para la infección y solo proporcionaban las instalaciones más primitivas para los enfermos y moribundos, muchos de los cuales estaban alojados en salas con poca ventilación o acceso a agua limpia.

En este período, era más seguro ser tratado en casa que en un hospital, donde las tasas de mortalidad eran de tres a cinco veces más altas que en entornos domésticos.

Como resultado de esta miseria, se les conocía como “Casas de la Muerte”.

Por favor lavarse las manos

En medio de ese mundo que aún no entendía los gérmenes, un hombre intentó aplicar la ciencia para detener la propagación de la infección.

Se llamaba Ignaz Semmelweis.

Retrato de Ignaz Semmelweis

Getty Images
Aunque Semmelweis llegó a la conclusión de que había que lavarse las manos entre procedimientos mediante un vigoroso análisis estadístico, no podía explicar por qué: aún no se sabía nada de los gérmenes.

Este médico húngaro trató de implementar un sistema de lavado de manos en Viena en la década de 1840 para reducir las tasas de mortalidad en las salas de maternidad.

Fue un intento digno pero fallido, pues fue demonizado por sus colegas.

Pero eventualmente llegó a ser conocido como el “Salvador de las Madres”.

Un mundo sin gérmenes

Semmelweis trabajaba en el Hospital General de Viena, donde la muerte acechaba las salas tan regularmente como en cualquier otro hospital de la época.

Antes del triunfo de la teoría de los gérmenes en la segunda mitad del siglo XIX, la idea de que las condiciones miserables en los hospitales desempeñaran un papel en la propagación de la infección no pasaba por la mente de muchos médicos.

"La clínica de Agnew" (1889), de Thomas Eakins

Getty Images
Este óleo es “La clínica de Agnew” (1889), de Thomas Eakins, al que se compara con “La clínica de Gross” pues que representa un quirófano más limpio, con los participantes en “batas blancas”. Más tarde, las medidas higiénicas serían más drásticas, hasta llegar a los quirófanos que conocemos.

“Es difícil para nosotros imaginarnos un mundo en el que no se sabía de la existencia de gérmenes ni bacterias”, le dijo a la BBC el doctor Barron H. Lerner, miembro de la facultad de la Escuela Langone de Medicina de la Universidad de Nueva York.

“A mediados del siglo XIX, se pensaba que las enfermedades se propagaban a través de nubes de un vapor venenoso en el que estaban suspendidas partículas de materia en descomposición llamadas ‘miasmas'”.

Desequilibrio notable

Entre las personas con mayor riesgo estaban las mujeres embarazadas, particularmente las que sufrían desgarros vaginales durante el parto, pues las heridas abiertas eran el hábitat ideal para las bacterias que médicos y cirujanos llevaban de un lado al otro.

Lo primero que notó Semmelweis fue una discrepancia interesante entre las dos salas obstétricas del Hospital General de Viena, cuyas instalaciones eran idénticas.

Una era atendida por estudiantes de medicina masculinos, mientras que la otra estaba bajo el cuidado de parteras.

La que era supervisada por los estudiantes de medicina tenía una tasa de mortalidad 3 veces más alta.

Tabla de mortalidad por fiebre puerperal

Power.corrupts
La Primera Clínica era el servicio de enseñanza para estudiantes de medicina; la Segunda Clínica había sido seleccionada en 1841 solo para instrucción de parteras.

Quienes se habían dado cuenta de ese desequilibrio antes lo habían atribuido a que los estudiantes varones eran más rudos en su trato con las pacientes que las comadronas. Creían que eso comprometía la vitalidad de las madres, haciéndolas más susceptibles a desarrollar fiebre puerperal.

Pero a Semmelweis no le convencía esa explicación.

El sacerdote o la mugre

Poco después, notó que cada vez que una mujer moría de fiebre infantil, un sacerdote caminaba lentamente por la sala de médicos con un asistente tocando una campana.

Semmelweis teorizó que ese ritual aterrorizaba tanto a las mujeres después dar a luz que desarrollaban una fiebre, se enfermaban y morían.

Después de hacer que el sacerdote tomara otra ruta y abandonara la campana comprobó, frustrado, que el cambio no había surtido ningún efecto.

Streptococcus pyogenes

Getty Images
Esta era la causa que en ese tiempo no se podía ver: la bacteria Streptococcus pyogenes.

Pero en 1847, la muerte de uno de sus colegas por una cortada que se había hecho en la mano durante un examen post mortem, le dio la pista que necesitaba.

Una leve herida fatal

Cortar cadáveres abiertos en ese tiempo conllevaba riesgos físicos, muchos de ellos fatales.

Cualquier herida o grieta en la piel producida por el cuchillo de disección, por leve que fuera, era un peligro siempre presente, incluso para anatomistas más experimentados, como el tío de Charles Darwin -con el mismo nombre-, quien murió en 1778 después de sufrir una lesión mientras diseccionaba a un niño.

Mientras su colega moría, Semmelweis notó que sus síntomas eran muy similares a los de mujeres con fiebre puerperal.

¿Sería que los médicos que trabajan en la sala de disección llevaban “partículas cadavéricas” con ellos a las salas de parto?

El toque, placa de las "Nouvelles dmonstrations d'accouchements"

Getty Images
Los doctores, como se ve en esta placa de las “Nouvelles dmonstrations d’accouchements” (Nuevas demostraciones de partos) de Jacques-Pierre Maygrier, 1840, usaban sus manos al atender partos, pero no solían estar tan limpias como en esta ilustración.

Después de todo, Semmelweis observó que muchos de los jóvenes iban directamente de una autopsia a atender a las mujeres.

Como no se usaban guantes ni otras formas de equipo de protección en la sala de disección, no era raro ver estudiantes de medicina con trozos de carne, tripas o cerebros pegados a su ropa después de que las clases hubieran terminado.

La gran diferencia entre la sala de médicos y la de parteras era que los médicos realizaban autopsias y las parteras, no.

¿Sería esa la clave del misterio que atormentaba a Semmelweis?

Tumbar y reconstruir

Antes de que se entendiera bien el asunto de los gérmenes, era difícil encontrar un remedio para la miseria en los hospitales.

El obstetra James Y. Simpson (1811-1870) -el primer médico en demostrar las propiedades anestésicas del cloroformo en humanos- argumentó que si la contaminación cruzada no se podía controlar, los hospitales debían ser periódicamente destruidos y construidos de nuevo.

El cirujano John Eric Erichsen (1818-1896) -autor de “Ciencia y el arte de la cirugía”- concordaba: “Una vez que un hospital se ha vuelto incurablemente afectado por la piemia (infección purulenta), es tan imposible desinfectarlo por cualquier medio higiénico conocido, como lo es desinfectar un viejo queso de los gusanos que se han generado en él”, escribió.

Sólo había una solución: la demolición.

Semmelweiss no creía que fueran necesarias medidas tan drásticas.

Sólo tres palabras

Tras concluir que la fiebre puerperal era causada por “material infeccioso” de un cadáver, instaló una cuenca llena de solución de cal clorada en el hospital y comenzó a salvar vidas de mujeres con tres simples palabras: “lávese las manos”.

Ignaz Semmelweis se lava las manos con agua de cal clorada antes de operar.

Getty Images
Ignaz Semmelweis lavándose las manos con agua de cal clorada antes de operar.

Aquellos que pasaban de la sala de disección a las salas de parto tenían que usar la solución antiséptica antes de atender a pacientes vivos.

Las tasas de mortalidad en la sala de estudiantes de medicina se desplomó.

En abril de 1847, la tasa era del 18,3%.

Inmediatamente después de un mes de instituido el lavado de manos, las tasas cayeron a poco más del 2% en mayo.

Triunfo sin laureles

El experimento continuó; los resultados de Semmelweis eran muy convincentes, sus datos habían sido recogidos minuciosamente y sin duda salvó la vida de muchas madres durante ese periodo.

No obstante, no pudo convencer a todos sus colegas de los méritos de su teoría de que los incidentes de la fiebre puerperal se relacionaban con la contaminación causada por el contacto con cuerpos muertos.

Aquellos dispuestos a poner a prueba sus métodos a menudo lo hacían de manera inadecuada, produciendo resultados desalentadores.

Tabla de mortalidad antes y después del lavado de manos

Power.corrupts
Los datos eran incontrovertibles: las tasas de mortalidad de fiebre puerperal para la Primera Clínica en la Institución de Maternidad de Viena cayeron notablemente cuando Semmelweis implementó el lavado de manos a mediados de mayo de 1847.

“Hay que tener en cuenta que lo que él estaba diciendo -aunque no en esas palabras- era que los estudiantes de medicina estaban matando mujeres, y eso era muy difícil de aceptar”, explica Lerner.

Tras varias críticas negativas de un libro que publicó sobre el tema, Semmelweis arremetió contra sus críticos y llegó a tildar a médicos que no se lavaban las manos de “Asesinos”.

El futuro que no llegó a ver

Cuando no le renovaron el contrato en el hospital de Viena, Semmelweis retornó a su nativa Hungría, donde asumió el cargo de médico honorario relativamente insignificante y no remunerado de la sala obstétrica del pequeño Hospital Szent Rókus de Pest.

Tanto ahí como en la clínica de maternidad de la Universidad de Pest, donde más tarde fue profesor, la propagación de la fiebre puerperal era rampante hasta que él virtualmente la eliminó.

Pero ni las críticas contra su teoría ni la ira de Semmelweis hacia la falta de voluntad de sus colegas para adoptar sus métodos de lavado de manos se apaciguaron.

Placa en honor a Ignaz Semmelweis

Getty Images
Sólo después de su muerte logró el reconocimiento que le habría alegrado la vida.

Su comportamiento se volvió errático. A partir de 1861 empezó a sufrir de depresión severa y se volvió distraído. Y cada conversación lo llevaba al tema de la fiebre puerperal.

Un día, un colega lo llevó al Asilo de locos vienés con el pretexto de visitar un nuevo instituto médico.

Cuando Semmelweis se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y trató de irse, los guardas lo golpearon severamente, le pusieron una camisa de fuerza y ​​lo confinaron a una celda oscura.

Dos semanas después, Semmelweis murió porque una herida en su mano derecha se había vuelto gangrenosa. Tenía 47 años.

Lamentablemente, nunca jugó ningún papel en los cambios que, en última instancia, serían llevados a cabo por pioneros anteriores a la teoría de los gérmenes, como Louis Pasteur, Joseph Lister y Robert Koch.

Una de las últimas cosas que Semmelweis escribió son inquietantes:

Cuando reviso el pasado, sólo puedo disipar la tristeza que me invade imaginando ese futuro feliz en el que la infección será desterrada La convicción de que ese momento tiene que llega inevitablemente tarde o temprano alegrará mi hora de morir“.

~ Si quieres escuchar más sobre Ignaz Semmelweiss y la importancia de lavarse las manos haz clic aquí.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=KD1_rWvZnzg

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.