Caso Abril Pérez Sagaón: las pistas y dudas a una semana del crimen
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Caso Abril Pérez Sagaón: las pistas y dudas a una semana del crimen

El Senado hará un pronunciamiento para pedir que se indague a tribunal que revisó a jueces. El Ministerio Público carecía de análisis de arma y de perfil de riesgo del exesposo en agresión previa al feminicidio.
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3 de diciembre, 2019
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La investigación por el feminicidio de Abril Pérez Sagaón cumplió una semana sin pruebas que confirmen aún el móvil o identidad de los responsables. Pese a que públicamente se ha señalado a su  exesposo Juan Carlos García Sánchez como sospechoso, tras haberla atacado en enero pasado, las autoridades todavía no tienen evidencia para sostener la acusación en contra suya o de alguien más.

Lo que la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México tiene claro, de acuerdo con autoridades consultadas, es que se trató de una agresión directa a cargo de dos personas muy posiblemente contratadas para ejecutar el homicidio. Entre las pistas que se revisan se encuentran los videos de cámaras de seguridad que captaron a los dos agresores para identificar las rutas de escape. Esta semana se prevén recabar algunas declaraciones.

Lee más: Exesposo de Abril pide esclarecimiento de crimen y ofrece colaborar con autoridades

En tanto, expertos en temas de violencia de género y derechos humanos piden que como parte de la revisión que se está haciendo del proceso judicial que derivó en la liberación del esposo de Abril días antes de su asesinato, se suspenda e indague al magistrado Superior, Héctor Jiménez López.

Ya que fue ese magistrado quien ratificó la decisión del juez Federico Mosco González de procesar a García solo por lesiones y violencia familiar, y no por intento de feminicidio en agravio de su esposa – como pedía el Ministerio Público – tras haberla golpeado con un bate mientras dormía. Además, dicho magistrado revocó la prisión preventiva que sí había mantenido el juez Mosco pese a la reclasificación del delito.

Hasta ahora el Consejo de la Judicatura capitalino solo se ha suspendido a los jueces de menor jerarquía: el propio Mosco González que inicialmente llevó el caso, y otro que cambió la medida siguiendo la instrucción que había dado el magistrado Jiménez López.

Se prevé que el Senado de la República emita este martes un pronunciamiento en el que requerirán que se indague a dicho magistrado y a otros implicados en la cadena de fallos de este caso.

El crimen: pistas e interrogantes

Lo que ya se tiene claro sobre el feminicidio es la forma en que ocurrió. Los perpetradores iban a bordo de una motocicleta, al menos uno de ellos con casco, quienes se emparejaron al automóvil Malibú color vino placas MX 232S2, en que el viajaba la víctima, y le dispararon en dos ocasiones hiriéndola letalmente en la nuca y la espalda.

El automóvil era conducido por Edgar “N” de 47 años, abogado de la víctima, mientras que en la parte trasera viajaban sus dos hijos de 16 y 14 años de edad. Todos venían de una audiencia en un juicio familiar y tenían programado viajar de regreso a su domicilio en Monterrey, Nuevo León, en un vuelo programado a las 11 de la noche. 

Lee: Suspenden e investigan al juez que propició la liberación del exesposo de Abril

En ese contexto los investigadores concluyeron que se trató de una agresión directa. Por la mecánica de los hechos y las circunstancias advierten que fue cometida por personas que tenían conocimiento tanto de que Pérez viajaría a la capital para la audiencia, así como de sus desplazamientos.

La principal línea apunta a que las personas en la motocicleta fueron contratados para cometer el crimen. 

Entre las interrogantes que intentan resolver las autoridades están la identidad de estas personas, es decir de los autores materiales, y de un posible autor intelectual. Se ha señalado públicamente al esposo de Abril Pérez como posible responsable, pero de ser el caso la investigación aún no clarifica cómo él pudo haber ordenado el crimen, o como lo pudo hacer un tercero.

De acuerdo con las fuentes consultadas, entre las principales pistas que se están siguiendo hay tres: los videos que captaron a los autores materiales del crimen y sus rutas de desplazamiento; los peritajes sobre las ojivas que dejaron los disparos; y el seguimiento a diversas comunicaciones privadas de las que no se quisieron dar mayores detalles.

En la Procuraduría capitalina confirmaron que se han recabado las declaraciones solo de los testigos del homicidio, pero esta semana se prevé recabar varias más. Se confirmó que el exesposo de Abril Pérez será citado a declarar, aunque no se detalló la fecha en que esto ocurrirá.

Eslabón clave perdido

El Consejo de la Judicatura anunció la suspensión de los jueces de control, Federico Mosco González y Luis Alejandro Díaz Antonio, con el objetivo de investigar su actuación en el proceso penal iniciado en contra del exesposo de Abril Pérez, Juan Carlos García Sánchez, luego de que ella lo denunciara por intentar asesinarla mientras dormía en enero pasado.

El organismo argumentó que analizará si dichos juzgadores actuaron de forma correcta: en el caso de Mosco González al no haber querido procesar al esposo de Abril por intento de feminicidio sino por dos delitos menores, y en el caso de Díaz Antonio al haber concluido que podría seguir el juicio en libertad. 

Sin embargo, no se anunció suspensión o indagatoria alguna en el caso del magistrado Héctor Jiménez López, quien tras una apelación promovida tanto por el esposo de Abril y por la Procuraduría ratificó que era correcto que no se procesara por feminicidio al implicado, y anuló además la prisión que se le había dictado, lo que a la postre derivó en su liberación.

En su resolución judicial, de la que este medio tiene copia, el magistrado ratifica – tras recalcar que lo hace con perspectiva de género – que no estaba probada “la intención” de García Sánchez de asesinar a su esposa, que no hay claridad del arma utilizada por los testimonios se contradicen, y que lo que si quedaba claro es que había “diferencias conyugales”, pero no actos que permitieran suponer que había una amenaza de muerte.

Karla Micheel Salas Ramírez, abogada penalista experta en derechos humanos y perspectiva de género, dijo que el magistrado debe ser investigado pues existen deficiencias en la referida resolución

“Es indignante que diga que está utilizando la perspectiva de género para resolver porque no es así. Los criterios de la Corte establecen una serie de obligaciones que no se siguieron o no se entienden como la responsabilidad de que el juez y magistrado puedan ordenar diligencias de oficio si hay deficiencias como lo que se sustenta sobre que no está clara el arma utilizada. Es evidente que la víctima no se había hecho las lesiones sola. Pero no puede solo ratificarse la reclasificación de un delito y ya” dice Salas.

Consideró en particular grave que el magistrado ratificara como una supuesta deficiencia el que Abril no informara que agredió a su esposo al defenderse. “Eso es producto de alguien que lo que realmente piensa es que se está en igualdad de condiciones y que no había una historia de violencia y sometimiento de este sujeto (el esposo)” añadió la abogada.

La abogada advirtió además que el caso de Abril no es un hecho aislado y que hay diversos antecedentes de este magistrado y de otros en diversas salas penales del Tribunales en donde las resoluciones carecen de mínima perspectiva de género.

Se prevé que el Senado emita hoy un pronunciamiento público en el que pedirá que se indague las posibles anomalías judiciales presentadas en el caso, incluida la actuación del referido magistrado.

Faltaron peritajes

Autoridades judiciales confirmaron que la Procuraduría capitalina no contaba con un dictamen pericial que ayudara a sustentar el perfil de riesgo que representaba García Sánchez para su esposa, elemento necesario para pedir que fuera mantenido bajo prisión preventiva de forma justificada.

Lo anterior ya que el delito que le imputó inicialmente la Procuraduría (tentativa de feminicidio) era de prisión preventiva automática, lo que no necesitaba de otro elemento para sustentarla. Pero al reclasificarse a uno de menor gravedad el Ministerio Público carecía de elementos para justificar que debía de mantenerse.

Los investigadores Anel Pineda y Alejandro Jiménez advirtieron ayer en este texto que el tipificar delitos “graves” para imponer prisiones automáticas, en vez de hacerlo sobre el perfil de los detenidos en cada caso, es una salida errónea que casos como el de Abril tienen consecuencias.

También se confirmó que como parte de la investigación la procuraduría no tenía exámenes periciales para probar científicamente que arma de utilizó en la agresión, aunque se dijo que se pensaba contar con ellos en un periodo de investigación complementaria.

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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