Sin becas, pero con ingenio: atletas con discapacidad hacen de todo para entrenar y llegar a Tokio 2020
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Foto: Elizabeth Cruz

Sin becas, pero con ingenio: atletas con discapacidad hacen de todo para entrenar y llegar a Tokio 2020

La Conade admitió que no hay presupuesto suficiente para apoyar económicamente a todos los deportistas con alguna discapacidad.
Foto: Elizabeth Cruz
15 de diciembre, 2019
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Cuatro años después de un accidente en el que perdió la pierna, Gustavo Estrada volvió a sentir “mariposas” en el estómago cuando se calzó la prótesis y dio sus primeros pasos sin la ayuda de las muletas.

“Caminé diez metros y me caí diez veces”, ríe el joven de un barrio de Iztapalapa, en la Ciudad de México.

Después de cada tropiezo, Gustavo narra que se levantó una y otra vez, hasta que las dos piernas, la de hueso y músculos, y la de titanio y amortiguadores, comenzaron a moverse a la misma velocidad con la que el corazón bombeaba sangre y el aire entraba y salía de su organismo por la fatiga del esfuerzo.

Fueron solo unos segundos, pero esta vez no era un sueño: Gustavo podía correr.

Lee: ‘Es desalentador’: Conade redujo becas de atletas olímpicos y paralímpicos ganadores de medallas

“Corría y lloraba al mismo tiempo -recuerda aún con la emoción en sus ojos negros-. Nunca imaginé que lo volvería a hacer”.

Ese día, algo tan sencillo como sentir de nuevo el golpe del aire en la cara al movimiento orquestado de un par de piernas, despertó en Gustavo una pasión que desconocía hasta ese entonces: el atletismo.

Los movimientos torpes comenzaron pronto a tornarse ágiles y seguros. Y de los diez metros del primer día pasó a su primer kilómetro. Luego a los cinco, diez, 15, así hasta que, con mucho entrenamiento, alcanzó la primera meta: correr en competiciones estatales.

Ahora, dice mientras se ajusta el cabello en un moño que luce al estilo ‘samurai’ y completa unos estiramientos antes de iniciar su entrenamiento cotidiano en el Centro Nacional de Alto Rendimiento (CNAR), en la mente tiene fijo otro sueño: escalar de nivel y representar a México en unos Juegos Paralímpicos.

Aunque la historia no es tan bonita como se lee. Gustavo ya participó en competiciones nacionales, pero no tiene más apoyo que la ayuda de la empresa que, de manera altruista, le donó la costosa prótesis de titanio -que se asemeja a la que popularizó el exatleta paralímpico sudafricano Oscar Pistorius-, y la guía de Emmanuel Badillo, su entrenador. Todo lo demás, es decir, el equipamiento, el calzado, la alimentación, el transporte en combis a los entrenamientos, los viajes a las competiciones, y un largo etcétera, corre por su cuenta.

Por ello, el joven alterna los entrenamientos diarios con su trabajo en un taller mecánico, que complementa a su vez con la venta de paletas a bordo de los microbuses que circulan por su barrio en Iztapalapa, donde esquiva los asaltos en una de las demarcaciones más violentas de la capital mexicana.

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“He buscado apoyos para seguir compitiendo, pero no abren las puertas”, lamenta Gustavo, quien asegura que vendió algunas pertenencias para conseguir dinero.

“Me dicen que en el Gobierno no hay presupuesto -añade el joven, que mete ambas manos en los bolsillos de la sudadera gris que viste, y a continuación explica que también pidió apoyos que no llegan a las autoridades de su alcaldía, en Iztapalapa.

“Tras el accidente, pude quedarme en el piso y dejarme ir -reflexiona con la mirada fija en la pierna de titanio-. Pero algo tan doloroso me cambió la vida para bien. Ahora, gracias el atletismo estoy saliendo adelante. Por eso no me importa si me dicen que no hay apoyos. Seguiré entrenando hasta que llegue mi oportunidad”.

Foto: Elizabeth Cruz

No hay dinero ni para pagar la factura de la luz

Cuando a Gustavo le dijeron que no había dinero no le estaban mintiendo. La propia directora de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), la exatleta y medallista olímpica Ana Gabriela Guevara, dijo públicamente en julio de este año que la Comisión estaba en “números rojos” y que no tenía fondos ni para pagar servicios tan básicos como la factura de la luz.

La situación límite, dijo Guevara, se debió a dos factores: uno, a que en 2019 hubo una reducción de presupuesto, por lo que se tuvieron que ajustar gastos y reducir personal. Y dos, a la corrupción de gobiernos pasados.

“Los atletas iban a la dirección (de la Conade), tocaban la puerta, y se les daba lo que pedían. Había una discreción brutal para boletos, campamentos, acompañantes, y era un gasto excesivo. Hoy no lo tenemos y nos obliga a ajustarnos”, subrayó Guevara.

Antes incluso, en junio de este año, la Conade ya había advertido que estaba haciendo una “reestructuración” en el procedimiento de asignación de becas debido a que detectó inconsistencias de deportistas que ya no están activos o que no cumplían con los resultados que la normatividad indica, “y que aún así siguieron recibiendo el apoyo, sin un sustento técnico que lo respalde”.

Por ello, se ajustó la entrega de becas y también el monto, que se vio reducido a dos mil pesos mensuales, lo cual, en palabras de la propia Guevara ante la prensa, fue entendido y aceptado por algunos deportistas, mientras otros se dedicaron a “hacer su berrinche” en los medios.

Poco después, en septiembre, el Gobierno Federal trató de paliar el impacto de los recortes con una medida llamativa: invirtió parte del dinero que obtuvo de las subastas de inmuebles que pertenecían al crimen organizado en premiar a los atletas que ganaron medallas en los Juegos Parapanamericanos de Lima, en Perú.

En total, el presidente Andrés Manuel López Obrador repartió 100 millones de pesos en becas y estímulos para 184 atletas y 46 entrenadores.

Ahora, una vez superada la crisis por los recortes de este año, la Conade tendrá por primera vez en siete años un aumento de recursos: la Cámara de Diputados le aprobó 2 mil 783 millones de pesos para el próximo 2020, hasta mil millones de pesos más que este 2019, aunque este aumento también puede estar condicionado por los próximos Juegos Olímpicos que se diputan en Tokio el próximo verano.

Aún así, a pesar del aumento del presupuesto, y de las becas del presidente, muchos atletas tienen que seguir recurriendo al ingenio para generar los recursos que les permitan entrenar y llegar a competiciones internacionales.

Atleta con down vende pulseras para seguir entrenando

Todos los domingos, Kevin Macías, un atleta de alto rendimiento con síndrome de down, se calza unos tenis y se pone una gorra de los Raiders de Oackland, para subirse con su abuela a una combi en el Estado de México y viajar hora y media hasta Reforma.

Allí, en la estación del metrobús Chapultepec, junto a la Torre Mayor, improvisan un puesto de pulseritas y bolsas con chocolates sobre una banca.

Al llegar, Kevin sale disparado al encuentro de quienes pasean por Reforma para mostrarles su cartulina amarilla, en la que explica que, si compran sus productos, lo apoyan para seguir con su sueño de ser atleta.

“Estoy tan orgullosa de él…”.

Dolores García, abuela de Kevin, suspira con una sonrisa maternal mientras prepara las bolsitas con chocolates que su nieto, en su afán por repartirlas rápidamente, a veces las regala al público.

“Me da orgullo todo lo que ha logrado -añade la mujer-, y las ganas que le pone para seguir con su ilusión de ser atleta en un mundo con tanta discriminación”.

Lee: Detectan irregularidades en compras y gastos de la Conade

Kevin empezó a hacer deporte a los ocho años, cuando un doctor le advirtió que tenía sobrepeso. Disciplinado, el muchacho le pidió a su abuela que lo inscribiera de inmediato en un curso de natación, pero, una vez inscrito y con el bañador y el gorro listo, los instructores le dijeron que no podían recibirlo.

Probaron entonces con el karate, pero la respuesta negativa fue la misma. Así hasta que, luego de recorrer la Ciudad de México en busca de alternativas, Dolores encontró la oportunidad en la alcaldía Azcapotzalco, donde invitaron a Kevin a entrenar y a participar en carreras locales de atletismo.

Tras ganar las primeras medallas -que luce ante la cámara con una sonrisa pícara-, Kevin pasó al equipo de Emmanuel Badillo, un entrenador con años de experiencia en el trabajo con atletas especiales a los que ha llevado a competiciones internacionales, como Cinthya De Anda, que ganó para México la presea de bronce en los Parapanamericanos de Lima en la prueba de 400 metros de atletismo, y Alejandra Eloisa Mosquera, campeona mundial Down de atletismo.

Aunque Kevin no puede asistir a los Juegos de Tokio, porque no hay categorías para los deportistas Down, su reto es participar en otros eventos de talla internacional, como el Trisome Games, el equivalente a las olimpiadas Down que tendrá lugar el próximo año en Antalya, Turquía.

Pero, el dinero no alcanza. Y por eso, tiene que seguir vendiendo pulseras.

“Conade nos apoya muy poco. Lo único que recibimos son las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento. Pero, no hay apoyos para la alimentación que debería tener un deportista de alto rendimiento”, lamenta Dolores.

“Además, hay muchas competencias para las que no hay ninguna ayuda. Somos las mamás las que tenemos que cubrir todos los gastos de inscripción a los eventos, los uniformes deportivos, el transporte, los viáticos, todo”, cuenta.

Foto: Elizabeth Cruz

“No hay suficiente presupuesto”

En entrevista con Animal Político, la Conade admitió que no hay presupuesto suficiente para apoyar económicamente a todos los deportistas con alguna discapacidad. Por ello, tienen que priorizar las becas entre los deportistas que son preseleccionados nacionales, y que ya obtuvieron ciertos niveles de resultados en competiciones como los Parapanamericanos de Lima, o el campeonato mundial Down de atletismo, que se celebró este año en Morelia, Michoacán.

No obstante, María Trinidad González, secretaria técnica de la dirección general de la Conade, subrayó que los deportistas que aún no son preseleccionados y que están entrenando para llegar a ese nivel, como Gustavo y Kevin, tienen otro tipo de apoyos, aunque no sean becas económicas.

Por ejemplo, apuntó la funcionaria, se les da acceso a las instalaciones del Centro Paralímpico Mexicano (Cepamex), que está equipado con gimnasio, canchas multiusos, un campamento de lanzamiento y tiro con arco, y una alberca semiolímpica, y se les permite el uso diario de la pista de atletismo del Centro Nacional de Alto Rendimiento. Además, se les otorga un seguro de gastos médicos y medicinas básicas, y un entrenador. Todo gratis.

“No cerramos las puertas a ningún deportista, aunque sí es cierto que tendrán que hacer un esfuerzo extra porque todavía son atletas en desarrollo”, dijo González, quien explicó que esos deportistas irán obteniendo más beneficios del Estado en la medida que vayan escalando sus resultados. Mientras tanto, los apoyos económicos tienen que priorizarse porque el presupuesto “es limitado”, insistió.

“Tenemos que priorizar. Y sabemos que esto es algo muy complicado porque todos son grandes deportistas y todos requieren de los apoyos. Pero lo cierto es que no hay recursos suficientes y por eso estamos tratando de repartirlos a partir de criterios de rendimiento deportivo”.

Esta tarea de priorizar planteó González, también ha implicado que durante la nueva gestión de Ana Gabriela Guevara se haya tenido que “reestructurar” las becas y las ayudas para evitar duplicidades -había deportistas que recibían becas de su estado y también de la Federación-, lo cual también está generando muchas quejas.

“Estamos buscando alternativas para que más gente tenga apoyo, aunque sea poco dinero. Por eso, la idea es quitar la duplicidad que encontramos cuando llegamos y tratar de poner como requisitos que, si ya alguien ya tiene una beca estatal, entonces deje el espacio para otro deportista que no la tiene”.

Entrenadores que no cobran

En el estacionamiento del Centro Nacional de Alto Rendimiento, en la colonia Granjas México de Azcapotzalco, junto al circuito de Fórmula 1, un grupo de diez mujeres esperan a que termine el entrenamiento vespertino de sus hijos.

Está oscureciendo y muchas de ellas platican entre sí con signos visibles de cansancio en los rostros. Hay bostezos tras una larga jornada, una más, que empezó a las siete de la mañana, cuando sus hijos e hijas arrancan el día para desayunar y acto seguido ya empiezan a prepararse para la jornada de entrenamientos.

Merle Durán, madre de Carlos Aarón Valencia Durán, un atleta con discapacidad intelectual dice que la carrera hacia el alto rendimiento deportivo es agotadora no solo para los atletas, sino también para las madres que, como ella, los acompañan a diario y los traen desde el Estado de México, Puebla o Querétaro, debido a que el único Centro Paralímpico Mexicano de alto rendimiento que existe en el país es el de la capital.

“Los pocos apoyos que nos dan son muy recortados. Nada es suficiente, porque a un chico convencional le dan un apoyo y se mueve solo, no necesita a su mamá, papá, o algún familiar. En nuestro caso, la necesidad es mayor porque siempre tenemos que andar con nuestros chicos y se dobla el costo”, plantea Merle.

En cuanto a lo señalado por la Conade, sobre priorizar las becas entre quienes vayan obteniendo buenos resultados en competiciones, la madre de Carlos critica que están en mitad de un ciclo sin sentido, puesto que, si los atletas no reciben el apoyo gubernamental, difícilmente podrán dar el salto hacia las competiciones de alto rendimiento que, a su vez, les darían el acceso a las becas.

Por su parte, el entrenador Emmanuel Badillo admite que el Gobierno Federal está haciendo un esfuerzo por premiar y estimular a los deportistas que tuvieron buenos resultados en competiciones internacionales, como la reciente de Lima.

Sin embargo, en la misma dirección que la señora Merle, matiza que hay muchos otros deportistas como Gustavo o el propio Kevin que, aunque ya tuvieron buenos resultados en competencias nacionales, se están quedando fuera de las ayudas, por lo que difícilmente podrán ir a eventos internacionales.

“Sí hay una atención de Conade, pero cuando ya se da un resultado. Sin embargo, para los atletas que vienen de abajo no hay tanto apoyo”, expone Badillo, que añade que la falta de apoyos no la sufren solo los atletas, sino también los entrenadores, aunque, en su caso, se trata de una fala de regularidad en el pago de su salario.

“El pago nunca es puntual. Te puedo decir que, de enero a la fecha, no he recibido ni un solo peso”, recalca el entrenador, aunque matiza esta es una situación añeja que viene arrastrando de gobierno anteriores.

“Trabajar así es muy difícil -hace hincapié-. Porque nos piden rendimiento con los chicos. Pero cómo quieren que rindamos si el salario no nos llega con regularidad”.

El sueño de Tokio

A unos metros de donde platica Emmanuel, en la explanada de acceso al Centro Nacional de Alto Rendimiento, Carlos Aarón Valencia, un atleta juvenil hace estiramientos ajeno a todas estas problemáticas y centrado en una sola preocupación: cómo mejorar sus tiempos en la pista.

Como muchos de sus compañeros, dice que su sueño es ir a los Juegos Paralímpicos de Tokio el próximo verano. Por ello, completa largas jornadas de entrenamientos en las que, asegura, su mayor lucha es contra sí mismo.

“Muchos días me pregunto: ‘¿Qué hago aquí? Estoy cansado y no veo resultados’”.

Pero ni la falta de becas, ni el desánimo tampoco pueden con él, asegura. Y su entrenador Emmanuel tiene mucho que ver con eso.

“Él me ayuda a superar esos momentos de bajón -cuenta Carlos con una sonrisa tímida-. Me dice que, aunque haya dificultades, sí puedo lograr mi meta. Y sé que lo puedo lograr, y por eso sigo entrenando. Para dejar huella y mañana decir: yo lo logré”.

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BBC

Qué pasaría en la Tierra si los humanos desapareciéramos de ella

Si nuestra especie se extinguiera mañana ¿qué pasaría realmente y qué tipo de planeta dejaríamos atrás?
BBC
6 de julio, 2020
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Estamos viviendo los albores de una nueva época en la historia de la Tierra: el Antropoceno.

Los humanos siempre han moldeado aspectos de su entorno, desde el fuego hasta la agricultura. Pero la influencia del Homo sapiens en la Tierra ha alcanzado un nivel tal que ahora define el tiempo geológico actual.

Desde la contaminación del aire en la atmósfera superior hasta fragmentos de plástico en el fondo del océano, es casi imposible encontrar un lugar en nuestro planeta que la humanidad no haya tocado de alguna manera.

Pero hay una nube oscura en el horizonte.

Nube oscura en el horizonte.

Getty Images
Tarde o temprano, la humanidad se enfrentará a su extinción.

Más del 99% de las especies que han existido en la Tierra han desaparecido, la mayoría durante catástrofes y extinciones como la que acabó con los dinosaurios.

La humanidad nunca ha enfrentado un evento de esa magnitud, pero tarde o temprano lo hará.

El fin de la humanidad es inevitable

Para muchos expertos la cuestión no es si los humanos nos extinguiremos, sino cuándo lo haremos. Y hay algunos que piensan que será más pronto que tarde.

En 2010, el eminente virólogo australiano Frank Fenner dijo que desapareceremos probablemente en el próximo siglo, debido a la sobrepoblación, la destrucción del medio ambiente y al cambio climático.

Frank Fenner

Getty Images
El profesor Frank Fenner frente a una fotografía proyectada de sí mismo tomada en la década de 1950

Por supuesto, la Tierra puede sobrevivir y lo haría sin nosotros.

La vida continuaría y las marcas que dejamos en el planeta se desvanecerían antes de lo que creerías. Nuestras ciudades se derrumbarían, los campos crecerían y los puentes se caerían.

“La naturaleza finalmente lo descompondrá todo”, dice Alan Weisman, autor del libro The World Without Us (“El mundo sin nosotros”), publicado en 2007 y en el que examina lo que sucedería si los humanos desaparecieran del planeta.

“Si no puede descomponer las cosas, finalmente las entierra”.

En poco tiempo, todo lo que quedaría de la humanidad sería una fina capa de plástico, isótopos radiactivos y huesos de pollo (matamos 60.000 millones de pollos por año) en el registro fósil.

Como evidencia de esto, podemos mirar las áreas del planeta que nos hemos visto obligados a abandonar.

En la zona de exclusión de 19 millas (30 km aproximadamente) que rodea la planta de energía de Chernóbil en Ucrania, que fue severamente contaminada después del colapso del reactor de 1986, las plantas y los animales prosperan de una manera que nunca antes lo habían hecho.

Gato en Chernóbil

Getty Images
Los animales, como este gato aventurero, tomaron la Zona de Exclusión de Chernóbil desde que los humanos se alejaron.

Un estudio de 2015 financiado por el Natural Environment Research Council encontró “abundantes poblaciones de vida silvestre” en la zona, lo que sugiere que los humanos son una amenaza mucho mayor para la flora y fauna local que 30 años de exposición crónica a la radiación.

La velocidad a la que la naturaleza se adueña del paisaje depende mucho del clima de un área.

En los desiertos de Medio Oriente las ruinas de hace miles de años aún son visibles, pero no se puede decir lo mismo de las ciudades que solo tienen unos pocos cientos de años en los bosques tropicales.

En 1542, cuando los europeos vieron por primera vez las selvas tropicales de Brasil, reportaron ciudades, rutas y campos a lo largo de las orillas de los principales ríos.

Sin embargo, después de que la población fue diezmada por las enfermedades que los exploradores trajeron consigo, estas ciudades fueron rápidamente tomadas por la selva.

Es seguro que las ruinas de Las Vegas persistirían por mucho más tiempo que las de Bombay.

Árboles y raíces tomaron el templo de Ta Prohm en Camboya.

Getty Images
Árboles y raíces tomaron el templo de Ta Prohm en Camboya.

Recién ahora las técnicas de deforestación y teledetección nos ofrecen una idea de lo que había antes.

Las especies de plantas y animales que han formado vínculos estrechos con los humanos serían las más afectadas si desapareciéramos.

Los cultivos que alimentan al mundo, que dependen de las aplicaciones regulares de pesticidas y fertilizantes, serían reemplazados rápidamente por sus antepasados salvajes.

“Van a ser superados rápidamente”, dice Weisman. “Las zanahorias convertirán en silvestres y las mazorcas de maíz podrían volver al tamaño original, no más grandes que una espiga de trigo”.

Ruinas romanas.

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Al igual que estas ruinas romanas, los edificios de hoy seguirían siendo reconocibles en el futuro

La repentina desaparición de pesticidas también significaría una explosión demográfica para los insectos.

Los insectos son móviles, se reproducen rápidamente y viven en casi cualquier entorno, lo que los convierte en una clase de especies altamente exitosa, incluso cuando los humanos están tratando activamente de suprimirlos.

“Pueden mutar y adaptarse más rápido que cualquier otra cosa en el planeta, excepto quizás los microbios”, explica Weisman. “Cualquier cosa que se vea deliciosa será devorada”.

La explosión del insecto a su vez aumentaría la población de especies que se alimentan de ellos, como pájaros, roedores, reptiles, murciélagos y arácnidos, y luego un auge en las especies que comen esos animales, y así sucesivamente en toda la cadena alimentaria.

Una silla llena de insectos.

Getty Images
Cuando los humanos abandonen el planeta, los insectos disfrutarán de un rápido renacimiento.

Pero todo lo que sube debe bajar. Esas enormes poblaciones serían insostenibles a largo plazo, una vez que se hubieran consumido los alimentos que los humanos dejaron.

La extinción de los humanos tendría consecuencias en la red alimentaria durante al menos 100 años, antes de que se estableciera una nueva normalidad.

Algunas razas salvajes de vacas u ovejas podrían sobrevivir, pero la mayoría fueron criadas como máquinas de comer lentas y dóciles que terminarán muriendo en grandes cantidades.

“Creo que pronto se volverán las víctimas de carnívoros salvajes que van a comenzar a proliferar”, opina Weisman.

Esos carnívoros incluirían a las mascotas humanas, más probablemente gatos que perros. “Creo que los lobos van a tener mucho éxito y van a competir con los perros”, dice Weisman.

“Los gatos son una especie no nativa muy exitosa en todo el mundo. Donde quiera que vayan prosperan”.

La pregunta de si la vida “inteligente” podría evolucionar nuevamente es más difícil de responder.

Una teoría sostiene que la inteligencia evolucionó porque ayudó a nuestros primeros antepasados a sobrevivir a los choques ambientales.

Otra es que la inteligencia ayuda a las personas a sobrevivir y reproducirse en grandes grupos sociales.

Gatos

Getty Images
A los gatos les iría mejor que a los perros en caso de extinción humana.

Una tercera es que la inteligencia es simplemente un indicador de genes sanos.

Los tres escenarios podrían ocurrir nuevamente en un mundo poshumano.

“Entre los primates, el siguiente cerebro más grande por peso corporal es el del babuino, y se podría decir que sería el candidato más probable”, analiza Weisman.

“Viven en la selva, pero también aprendieron a vivir en los bordes de la misma. Pueden recolectar comida en las llanuras realmente bien y saben cómo unirse contra los depredadores”, describe.

“Los babuinos podrían hacer lo que hicimos, pero por otro lado no veo ninguna motivación para ello. La vida es realmente buena para ellos tal como es”, añade.

Zona abandonada en Chernóbil tomada por la vegetación.

Getty Images
Muchas zonas de Chernóbil están hoy repletas de vegetación.

El futuro de la vida en un planeta contaminado

Los cambios que podrían expulsar a los babuinos (u otras especies) de su zona de confort podrían ponerse en marcha por la desaparición de los humanos.

Pero si todos desapareciéramos mañana, los gases de efecto invernadero que hemos bombeado a la atmósfera tardarían decenas de miles de años en volver a los niveles preindustriales.

Algunos científicos creen que ya hemos pasado puntos de inflexión cruciales, particularmente en las regiones polares, que acelerarán el cambio climático incluso si no volviéramos a emitir otra molécula de CO2.

Luego está el problema de las plantas nucleares del mundo.

La evidencia de Chernóbil sugiere que los ecosistemas pueden recuperarse de las emisiones de radiación. Pero hay alrededor de 450 reactores nucleares en todo el mundo que comenzarían a derretirse tan pronto como el combustible se agotara en los generadores de emergencia que les suministra refrigerante.

Ruta dañada y con humo en Centralia, Pensilvania.

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Un incendio de carbón ha estado ardiendo bajo tierra en Centralia, Pensilvania desde hace décadas.

No hay forma de saber cómo una liberación tan enorme y abrupta de material radiactivo a la atmósfera podría afectar los ecosistemas del planeta.

Y eso es antes de que comencemos a considerar otras fuentes de contaminación.

Las décadas posteriores a la extinción humana estarían marcadas por devastadores derrames de petróleo, fugas químicas y explosiones de diferentes tamaños, todas bombas de tiempo que la humanidad ha dejado atrás.

Algunos de esos eventos podrían provocar incendios que pueden arder durante décadas.

Debajo de la ciudad de Centralia en Pensilvania, una capa de carbón se ha estado quemando desde al menos 1962, lo que ha obligado a la evacuación de la población local y la demolición de la ciudad.

Hoy, el área parece una pradera con calles pavimentadas que la atraviesan y columnas de humo y monóxido de carbono emergen desde abajo. La naturaleza ha tomado la superficie.

Las huellas finales de la humanidad

Cueva de las manos en Argentina.

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La cueva de las manos en el sur de Argentina contiene arte rupestre de hace unos 13.000 años.

Pero algunas huellas de la humanidad quedarían, incluso decenas de millones de años después de nuestro fin.

Los microbios tendrían tiempo de evolucionar para consumir el plástico que dejamos.

Los caminos y las ruinas serían visibles durante muchos miles de años (el hormigón romano aún es identificable 2.000 años después) pero finalmente serían enterrados o destruidos por las fuerzas naturales.

Es tranquilizador que nuestro arte sería una de las últimas pruebas de que existimos.

La cerámica, las estatuas de bronce y los monumentos como el Monte Rushmore -en el que están tallados los rostros de cuatro presidentes de EE.UU.- estarían entre nuestros legados más perdurables.

El Monumento Nacional Monte Rushmore

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El Monumento Nacional Monte Rushmore es una escultura tallada entre 1927 y 1941 en una montaña de granito situada en Keystone, Dakota del Sur en el que figuran los rostros de 18 metros de altura de los presidentes estadounidenses George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln.

Nuestras transmisiones también perdurarían: la Tierra ha estado transmitiendo su cultura a través de ondas electromagnéticas durante más de 100 años, y esas ondas siguen en el espacio.

Entonces, a 100 años luz de distancia, con una antena lo suficientemente grande, podrá captar una grabación de cantantes de ópera famosos en Nueva York, la primera transmisión pública de radio, en 1910.

Esas ondas persistirían en forma reconocible durante algunos millones de años, viajando cada vez más lejos de la Tierra, hasta que finalmente se debilitaran tanto que no se pudieran distinguir del ruido de fondo del espacio.

Pero incluso nuestros artefactos espaciales seguirían funcionando.

Sondas.

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Suponiendo que no haya colisiones, las sondas espaciales Voyager sobrevivirán incluso a nuestro planeta.

Las sondas Voyager, lanzadas en 1977, están saliendo del Sistema Solar a una velocidad de casi 60.000 km/hora.

Mientras no golpeen nada, lo cual es bastante improbable (el espacio está muy vacío), sobrevivirán al fatal encuentro de la Tierra con un Sol hinchado en 7.500 millones de años.

Serán el último legado restante de la humanidad, girando para siempre en la oscura negrura del Universo.

Si quieres leer el artículo original en el inglés puedes hacerlo aquí.


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