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Cuartoscuro Archivo

Caminos peligrosos: Estas son las carreteras federales con más asaltos en 2019

Entre enero y octubre de este año la Policía Federal registró 61 casos de asaltos a transporte de pasajeros, incluyendo autobuses turísticos, combis y microbuses.
Cuartoscuro Archivo
18 de diciembre, 2019
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Millones de mexicanos se alistan para viajar en carretera a diferentes puntos de la República, en las vacaciones de fin de año. Para tomar precauciones, Animal Político hace un desglose de cuáles son las carreteras federales que registraron un mayor número de asaltos consumados este año.

De acuerdo con información obtenida por transparencia pública, la Policía Federal de caminos registró entre enero y octubre de este año, que es el dato más actual, 590 asaltos en vías federales; es decir, un promedio de 59 asaltos cada mes en todo el país, o casi dos casos diarios.

De ese total, hasta el 88% fue robo a transporte de carga, mientras que el 12% fueron robos a transporte de pasaje, incluyendo autobuses turísticos, combis y también peatones que transitaban por vías federales.

El tramo más peligroso para el transporte de carga es la carretera federal número 150D, en el tramo Puebla-Córdoba, en Veracruz.

Solo este tramo acumula 100 asaltos entre enero y octubre de este año (tiene un promedio de 10 cada mes), de los cuales 89 tuvieron lugar al paso de esta carretera por el estado de Puebla y 11 fueron ya en territorio de Veracruz.

El segundo foco rojo es también la carretera federal número 150D, pero el tramo que va de la Ciudad de México a Puebla. Esta parte de la carretera registró 31 asaltos, de los cuales 27 se cometieron en la parte de la vía que transcurre por Puebla y cuatro ya dentro de los límites de la Ciudad de México.

Es decir, que en los 388 kilómetros de longitud total de la carretera 150D que une la Ciudad de México con el estado de Veracruz, pasando por Puebla, se registraron 131 asaltos, lo que arroja un promedio de un asalto por cada 3 kilómetros de pista.

Además, debido a que tiene múltiples puntos de pronunciadas curvas, aunado a la intensa neblina que se acumula en zonas montañosas como Las Cumbres de Maltrata en Veracruz, la carretera federal 150D es también de las más peligrosas del país en cuanto a accidentes viales.

Por ejemplo, el pasado 30 de mayo, el diario El Mundo de Córdoba reportó la muerte de 21 personas en la autopista Puebla-Córdoba, a la altura de Maltrata, luego de un accidente en el que un tráiler impactó a un autobús proveniente de la capital mexicana.

Más focos rojos de asaltos

El top 3 de carreteras más peligrosas por asalto a transporte de carga lo ocupa un tramo federal que pasa por Michoacán: el 15D, relativo a la carretera Maravatío-Zapotlanejo, con 27 asaltos en 10 meses, casi tres mensuales en promedio.

El cuarto foco rojo es la Cuacnopalan-Oaxaca Directo, en la carretera 135D, con 21 asaltos, de los cuales 18 tuvieron lugar en el tramo que pasa por Puebla.

Sobre este tramo, medios de comunicación como El Imparcial de Oaxaca han publicado que los asaltos son más frecuentes de lo que reportan las cifras oficiales de la Policía Federal. Por ejemplo, el 31 de julio pasado, el diario recabó testimonios de transportistas adheridos a la Unión de Transportistas de Carga de la ciudad de Oaxaca, que aseguraron que en este tramo carretero se cometen entre 6 y 7 asaltos diarios, motivo por el que pidieron la intervención de la Guardia Nacional.

El quinto foco rojo es la carretera federal Entronque La Tinaja-Cosoleacaque, en el estado de Veracruz, donde se registraron 16 asaltos.

Este tramo ya tiene antecedentes de su alto nivel de peligrosidad. En diciembre de 2018, Animal Político publicó que esta carretera también registró 16 asaltos entre enero y octubre del año pasado, siendo, además, la vía con más denuncias por robos a vehículos particulares con cinco casos.

Las carreteras federales Uruapan-Lázaro Cárdenas-Entronque Autopista Pátzcuaro, en Michoacán (15 asaltos); Los Reyes-Zacatepec, a su paso por Tlaxcala (13 asaltos); la México-Querétaro (11); el Libramiento Norte de la Ciudad de México (10); y la carretera San Luis Potosí-Matehuala (9), cierran el top 10 de tramos más peligrosos.

Por entidades, Puebla acapara por mucho el lugar número 1 en la lista de asaltos a transporte de carga en sus carreteras: 165 en total, lo que equivale a que 2 de cada 10 asaltos a transporte de carga en todo el país ocurrieron en vías federales a su paso por la entidad poblana.

Le sigue Michoacán (78 casos), Veracruz (62), Guanajuato (46 casos), Jalisco (26) y la Ciudad de México (24).

En el caso de Guanajuato, las carreteras federales Querétaro-Irapuato, el libramiento Irapuato, y la Irapuato-Zapotlanejo, acumulan 13 asaltos en los últimos 10 meses.

Mientras que, en Jalisco, las carreteras Zapotlanejo-El Desperdicio, Zapotlanejo-Guadalajara, y la Acatlán de Juárez-Colima, registran nueve asaltos.

Robo a transporte de pasajeros y peatones

En cuanto a los asaltos a transporte de pasajeros, incluyendo autobuses turísticos, combis y microbuses, la Policía Federal respondió por transparencia que entre enero y octubre de este año lleva registrados 61 casos.

De ese total, la carretera federal más peligrosa es la 85D relativa al tramo México (Ecatepec)-Entronque Tizayuca. Solo esta vía acumula el 50% de los casos registrados por la Policía Federal en todo el país, con 31 casos.

Además, esta cifra reciente supone un aumento de 158% en comparación con los 12 casos registrados entre enero y diciembre del año pasado, cuando la México (Ecatepec)-Entronque Tizayuca también ocupó el lugar número 1 en el top de atracos al transporte de pasaje en vía federal.

La segunda carretera más peligrosa es la 187D, tramo Las Choapas-Ocozocoautla, a su paso por el estado de Chiapas, en el sureste mexicano. Esta vía registró 8 asaltos en 10 meses.

Las carreteras México-Pachuca, Peñón-Texcoco (a su paso por Ciudad de México), y la Texcoco-Ecatepec (también en Ciudad de México), cierran el top 5 con 3 asaltos cada una en lo que va del año.

En cuanto a los asaltos a peatones que se encontraban transitando por una carretera federal, la Policía documentó nueve casos en lo que va de año, de los cuales cuatro tuvieron lugar en vías que transcurrían por diversos puntos de la Ciudad de México, como la pista México-Puebla, la México-Querétaro, la Chamapa-La Venta (carretera 57D), y el Entronque Morelos-carretera Pachuca-Tuxpan, en la carretera número 132.

Otros asaltos a peatones se cometieron en la Coatzacoalcos-Salina Cruz, a su paso por Oaxaca; en la Querétaro-León, en Guanajuato; en el Libramiento Oriente de San Luis Potosí, y

En su respuesta, la autoridad no precisó si al momento del asalto el peatón se encontraba caminando por la vía, o en algunas de las tiendas, restaurantes, puestos de comida, o áreas de descanso, que hay sobre las carreteras federales.

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Las rarezas del pueblo de EU al que solo se llega a través de Canadá

Cuando se trazó el límite entre Estados Unidos y Canadá, Point Roberts, una pequeña localidad en la punta de una península, se convirtió en un territorio estadounidense separado del resto del país. Y eso hace que tenga muchas peculiaridades.
25 de enero, 2020
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El tráfico fluye con facilidad por la calle 56, una carretera arbolada en los suburbios de Vancouver, Canadá, hasta que un laberinto de barreras de cemento lo interrumpe abruptamente.

Conduje mi auto alquilado a través de los obstáculos y me detuve en un quiosco, donde un guardia fronterizo de Estados Unidos escaneó mi pasaporte estadounidense. Le dije que acababa de llegar del otro lado del continente, y él se volvió para dirigirse a mí por lo que parecía ser una preocupación genuina.

“¿Sabe a dónde va?”, me preguntó, sugiriendo gentilmente que tal vez estaba perdido. No es común que Point Roberts reciba visitantes de fuera de la región.

Pero precisamente por eso había venido: a ver una mancha estadounidense de casi 13 kilómetros cuadrados que está unida a Canadá, pero físicamente separada del resto de Estados Unidos. Esta rareza geográfica es esencialmente una comunidad cerrada custodiada por el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

Su presencia muestra cómo un acuerdo diplomático aparentemente simple puede tener profundas implicaciones en la vida cotidiana siglos después.

La frontera entre Estados Unidos y Canadá se estableció en el paralelo norte 49ºen 1846 y este cruza una península canadiense, de modo que su extremo inferior, a unos 40 kilómetros al sur de Vancouver, quedó como parte de EE.UU.

Los geógrafos lo llaman “exclave funcional“, un área de un país que, en términos prácticos, solo se puede alcanzar al pasar por otro país. A excepción de los pocos que llegan en avión privado o en barco, todos los que vienen a esta comunidad estadounidense conducen desde Canadá.

Barco en el mar

Larry Bleiberg
Solo se puede llegar a Point Roberts, Washington, en barco, avión o conduciendo a través de Canadá.

El historiador local Mark Swenson dice que Point Roberts no fue un descuido. Conservarlo le otorgó a EE.UU. valiosos derechos de pesca de peces y cangrejos y un punto de apoyo estratégico en el noroeste del Pacífico.

Durante décadas, este lugar remoto se mantuvo como reserva militar, pero en 1908, EE.UU. le otorgó la tierra a colonos; la mayoría, inmigrantes islandeses. Hace más de 30 años, el presidente de Islandia honró a estos colonos dedicándoles un monumento en el cementerio más antiguo de la comunidad.

Hoy, Point Roberts es una localidad rural boscosa, hogar de casi 1.300 residentes durante todo el año, cientos de águilas calvas y algunas manadas de orcas que pasan el verano aquí. Es un lugar con un semáforo intermitente, algunas tiendas y poco más.

El “suspiro” de Point Roberts

Los residentes que llegan desde la floreciente área metropolitana de Vancouver, donde la población está acercándose a los 2,5 millones, afirman que comienzan a relajarse en el momento en que cruzan a esta parte de Estados Unidos.

“Lo llamamos el suspiro de Point Roberts”, me dijo Pat Grubb, quien junto a su esposa publica el periódico local, el All Point Bulletin.

De hecho, visto el foco en temas de seguridad que se pone en la frontera entre Estados Unidos y México, la vida parece relajada en este límite con Canadá.

Conduciendo por Roosevelt Way, la calle más septentrional de Point Roberts, la frontera internacional es poco más que una zanja de drenaje que da a setos cuidadosamente recortados, plantados para preservar la privacidad del patio trasero de los propietarios canadienses, no su soberanía nacional.

Mapa

BBC

En otras partes, columpios y arcos de fútbol ocupan el límite. Lo más parecido a un muro fronterizo es una barrera de hormigón que llega a la altura de la espinilla y que marca el fin de una carretera local de la colindante ciudad canadiense de Tsawwassen.

Pero las cosas pueden no ser tan plácidas como parecen.

Existe un rumor persistente que describe a Point Roberts como un destino popular del Programa Federal de Protección de Testigos de EE.UU., una iniciativa para ayudar a los informantes que testifican contra criminales.

Según este rumor, a decenas de personas se les ha dado nuevas identidades y han sido reubicadas aquí. En 2012, Atlantic.com’s City Lab sugirió que 50 residentes podrían formar parte de este programa.

Después de todo, cualquier persona que llegue en automóvil desde cualquier otra parte de EE.UU. debe pasar por dos puestos fronterizos internacionales: uno para ingresar a Canadá y un segundo para volver a entrar a territorio estadounidense en Point Roberts.

Y Canadá tiene regulaciones especialmente estrictas que prohíben la entrada a personas con antecedentes penales, lo que proporciona garantías adicionales.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Point Roberts es una porción de Estados Unidos en Canadá, unos 40 kilómetros al sur de Vancouver.

Tracy Evans, subgerente general del club de golf Bald Eagle de Point Roberts, se cree el rumor. Algunas personas e incidentes le han parecido sospechosos y algunos de sus vecinos se mantienen completamente aislados.

“Piénsalo. Es un buen lugar para poner a alguien. Es una ubicación remota. Si te metes en problemas en Miami, tendría sentido que vinieras aquí”.

Como muchos lugareños, Grubb se ríe ante la sugerencia. Pero sí comenta que alguna vez sacó su cámara en una reunión pública para tomar una foto para publicarla y que la gente prácticamente salió zumbando para evitar ser fotografiada.

Incluso si este rumor no se puede confirmar, la ciudad atrae a personajes distintos.

“Conocerás a alguien y preguntarás: ‘¿Cuál es tu historia de Point Roberts? “, me dijo Swenson, autor de Point Roberts Backstory(“La historia detrás de Point Roberts”), un libro sobre la historia de esta localidad.

“Tienes una divertida colección de espíritus libres. Tienes a gente a la que le gusta lo orgánico y otra que cuida a las águilas y las conoce por su nombre. Tienes a gente a la que le gusta hacer colchas, tienes apicultores, coleccionistas de sellos. Quizás muchas ciudades tengan lo mismo, pero el hecho de que todos estemos metidos en 13 kilómetros cuadrados lo hace más pronunciado”.

Los inconvenientes

La geografía también crea rutinas diarias inusuales. Point Roberts tiene una escuela primaria, pero los estudiantes que pasan del tercer grado deben tomar un autobús para ir a clase en Blaine, en el estado de Washington, un viaje de ida y vuelta de más de 80 kilómetros que pasa por Canadá para volver a ingresar a Estados Unidos, lo que requiere cruzar fronteras cuatro veces al día.

Un esfuerzo que se ha vuelto algo común para los residentes, que hacen viajes similares cuando tienen citas con el médico o deben recoger recetas o placas de automóviles.

Y luego están las peculiaridades y molestias de vivir al lado de una frontera. “Hay un gran libro de regulaciones sobre lo que puede pasar por la frontera y cambia con frecuencia, y es obligación de ellos mantenerse al día”, afirmó Swenson. “Estas reglas pueden ser muy, muy específicas”.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Una barrera a la altura de la espinilla separa este pequeño enclave estadounidense de sus vecinos canadienses.

Algunas parecen desafiar la lógica, aunque están destinadas a proteger la agricultura estadounidense de plagas y enfermedades.

Por ejemplo, los residentes no pueden trasladar tomates enteros, pero si los llevan cortados en rodajas, no hay problema. Dado que traer cordero a los Estados Unidos está muy controlado debido a las preocupaciones sobre la introducción de enfermedades, los dueños de mascotas deben tener cuidado con la comida para perros que compran.

Durante el apogeo de los temores sobre la enfermedad de las vacas locas, a los escolares de Point Roberts les confiscaron sus almuerzos porque sus padres les habían mandado sándwiches de carne asada.

Para muchos, el atractivo de Point Roberts es puramente económico. Los canadienses poseen casas de verano aquí porque los inmuebles frente al mar son mucho más baratos que en el área de Vancouver.

Y hay un tráfico constante durante todo el año gracias a los precios más bajos de la gasolina, la leche y el alcohol, ya que los impuestos a estos productos en EE.UU. son de menor cuantía que en Canadá, donde además, la gestión de su producción láctea mantiene los precios altos.

Una encuesta de 2013 y 2014 del Instituto de Investigación de Políticas Fronterizas de la Universidad Occidental de Washington indicó que casi el 40% de los cruces fronterizos hacia Point Roberts tenían como objetivo comprar gasolina, según Swenson, lo que puede proporcionar a los conductores canadienses un ahorro de entre el 20% y el 30%.

Eso explica por qué la ciudad tiene 60 surtidores de combustibles y por qué los grifos no muestran los precios en galones, como se hace en EE.UU., sino en litros, que es cómo se vende el combustible en Canadá.

Otros vienen a recoger paquetes en uno de los varios negocios de envíos que hay en la ciudad. Al usar una dirección de Point Roberts, los canadienses pueden recibir sus compras por Internet en Estados Unidos.

Generalmente, el precio no solo resulta más barato, sino que existen productos que no se envían al extranjero. Como señaló el geógrafo Mark Bjelland en la revista académica Geographical Review, el número de canadienses con buzones registrados en Point Roberts es 40 veces mayor que el número de residentes permanentes de esta localidad.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Los visitantes del exclave de Point Roberts deben conducir a través de Canadá para ingresar a Estados Unidos.

La ciudad también tiene un supermercado con más productos de los que se podrían consumir en esta pequeña comunidad.

La tienda de productos comestibles extranjeros International Marketplace trata de hacérselo fácil a sus clientes, indicándoles qué productos se pueden llevar a Canadá: patatas de Idaho, por supuesto que sí; manzanas Honeycrisp, claro que no. También tiene dos cajas para pagos en metálico: una para dólares estadounidenses y otra para dólares canadienses.

Los visitantes ocasionales pueden verse tentados a probar una hamburguesa a medio cocer. Los estrictos reglamentos sanitarios canadienses prohíben la venta de carne cuyo centro todavía esté rojo, ya que temen que transmita E. coli y otras enfermedades. Pero al sur de la frontera, todo vale, al menos cuando se trata de carne a la parrilla.

Según Evans, los clientes canadienses del club de golf nunca están seguros de cómo reaccionar cuando se les pregunta cómo quieren que cocinen su hamburguesa. “Muchos de ellos se sorprenden de que se les dé opciones”.

Tales rarezas forman parte de la vida aquí.

Al cruzar la frontera de regreso a Canadá al día siguiente, pensé en cómo Louise Mugar, coeditora del periódico local, describió a su comunidad. “Vivir en Point Roberts es como vivir en un sueño“, me dijo. “Cuando estás en ella, tiene sentido, pero cuando te alejas, dices. ‘¿De qué se trataba todo eso? ”

Pero lo que no mencionó fue cómo puedes encariñarte con la ciudad rápidamente. Unos minutos más tarde, sentado en el tráfico matutino de la hora pico del área metropolitana de Vancouver, detrás de filas kilométricas de autos, Point Roberts, con sus peculiaridades, personajes e inconvenientes, parecía muy lejano y aún más atractivo.


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