'Tenemos que rendir hasta no dar más', estudiantes cuentan cómo es la presión de estar en el ITAM
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'Tenemos que rendir hasta no dar más', estudiantes cuentan cómo es la presión de estar en el ITAM

Alumnos piden replantear la exigencia excesiva que aplica la escuela sobre ellos y contar con acompañamiento psicológico para lidiar con la presión, esto después del aparente suicidio de una de sus compañeras.
ITAM
14 de diciembre, 2019
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Una semana antes de que iniciara el periodo de exámenes en el ITAM, la novia de Rafa se puso a llorar con él, tres días seguidos. Ambos son estudiantes en esta institución. 

“La primera vez estábamos jugando, ella de broma se puso a hacer caras tristes, pero de pronto empezó a llorar. Es por la presión que se vive en esta escuela, donde, además, no hay apoyos psicológicos reales para canalizarla”, dice el joven, que prefiere que no se haga público ni su nombre real ni su carrera. 

Leer más: Estudiantes del ITAM convocan a paro y protestan por la muerte de su compañera Fernanda Michua

Los mismos compañeros de las representaciones de estudiantes les han pedido no hablar con medios, después de la avalancha de quejas que muchos postearon en Twitter. Pero Rafa y otros estudiantes aceptan hablar con Animal Político para hacer pública su experiencia y presionar a las autoridades a replantearse este culto al estrés, como ellos mismos lo denominan, este llevar a los alumnos al borde.

“Lo que te dicen desde el principio es que estás en la mejor escuela del país, en la más exigente, más que las prestigiosas escuelas de Estados Unidos, donde es difícil entrar pero es fácil graduarse. Acá, en cambio, entrar no es tan difícil, lo duro es terminar y si no terminas o repruebas, es que no estabas a la altura de la institución. Es tu culpa”, explica Rafa. 

Los jóvenes cuentan que los periodos de exámenes les demandan estudiar cada día hasta el amanecer. “Una compañera, una vez tomó tanto café para no dormir que la tuvieron que llevar al hospital con taquicardia. Los médicos le dijeron que se quedara un día en el hospital para reponerse y descansar, pero no quiso porque tenía examen”, cuenta Sara, otra estudiante del ITAM que también pide reservar su nombre real. 

Aunque reconoce que si su amiga hubiera hablado con el profesor, quizá le habrían reprogramado el examen. “Pero la presión que tenemos encima por rendir es tal que ni lo pides, es el saldo de esta cultura de que tenemos que rendir hasta no dar más”. 

Animal Político solicitó una entrevista a las autoridades del ITAM para hablar sobre lo que está sucediendo en la institución y si se tomarán medidas para remediarlo, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta, como tampoco hubo acceso a las instalaciones de la escuela para el acto de homenaje a la estudiante que, se presume, se suicidó por la presión académica excesiva, de acuerdo a lo señalado en redes por sus compañeros. 

Te puedes interesar: ¿Cómo tratar con el estrés de la universidad y cuándo pedir ayuda?

Las lágrimas en los pasillos, en los salones son comunes en la institución, dicen los jóvenes entrevistados. “Aquí ves a compañeros que están haciendo un examen y empiezan a llorar, a veces se tienen que salir para calmarse, en otros casos, cuando termina el examen, se ponen a llorar en los pasillos”, dice Rafa. 

Pero la exigencia no es solo en exámenes. “Aquí se estudia todo el tiempo. Tienes que leer mucho, entregar muchos trabajos. No hay tiempo libre. Es la exigencia llevaba al límite”, asegura Martha, otra estudiante. 

Los jóvenes explican que para cada clase les dejan lecturas de decenas de páginas y por una sola vez que no puedan responder la pregunta del profesor respecto a estas, les quitan el 40% de la calificación. 

Además, aseguran, no se respeta el descanso de los fines de semana. “Los exámenes en sábado hacen que quienes vienen de fuera, por ejemplo, no puedan ir a ver a su familia, hay compañeros que no ven en varios meses a sus padres”, asegura Rafa. 

Sobre el presunto maltrato de los profesores que se ha hecho público en redes sociales, los tres estudiantes confirman que hay algunos que sí promueven una especie de terror psicológico. “Son los que ves tuiteando que a ver al día siguiente a cuántos reprueban. Deberían replantearse el sentido pedagógico de eso”, señala Martha. 

Porque además en el ITAM reprobar es cosa seria. Los jóvenes explican que sólo pueden reprobar dos veces la misma materia. A la segunda vez los condicionan. Y con tres condicionamientos están fuera. 

“Dicen en redes sociales que por qué no nos salimos. No es así de simple. Al final estás en una escuela de alto nivel académico, eso es un plus, y, además, en mi caso, aunque mis padres me apoyarían si decidiera salirme, yo no podría con la culpa de haberlos hecho gastar en mi colegiatura y luego dejarlo”, señala Sara. 

La cuestión, agrega la estudiante, es que no tiene que ser así. “No estamos pidiendo bajar el nivel académico, sabemos la exigencia que implica entrar aquí. Pero hay un culto al estrés mal entendido. Es necesario que reimaginemos, todos, lo que es la exigencia y para qué sirve, pero poniendo al centro a la persona, porque no somos máquinas, no somos una clave”. 

Además de eso, los alumnos piden que haya acompañamiento psicológico adecuado para lidiar con el estrés y la presión. Hasta ahora confirman, eso no existe en la institución. Un psicólogo de planta no hay. “Lo que hicieron fue contratar un sistema de asesoría por teléfono –describe Rafa– más bien por WhatsApp. Tengo amigos que han escrito y les responde un robot, después de un buen rato. Solo se desesperan más”. 

Espacios suficientes para la recreación tampoco hay. Hay más lugar para estacionamiento que canchas deportivas, se quejan los alumnos. 

Este viernes 13 por la mañana, integrantes de las representaciones de estudiantes de reunieron con la jefa de la Dirección Escolar para plantear las primeras demandas generales que incluyen apoyo psicológico y un replanteamiento de las cargas de trabajo y de exigencia excesiva en la institución. 

La próxima semana esperan ser recibidos por autoridades de más alto nivel, incluido el rector, Arturo Fernández. En tanto, recaban propuestas de sus compañeros para preparar el pliego petitorio y este lunes 16, a partir de las 5:30 am, llaman a un paro de labores en la institución. 

Los estudiantes también piden que esto sirva para reconsiderar el culto a la exigencia que se impone en otras escuelas, en los trabajos, y que lleva a las personas al borde. Y también solicitan analizar cómo se ha soslayado la salud mental en todo el país. 

“No, no está bien tener ataques de ansiedad,  eso no te enseña nada, y no tenemos que llegar al borde, no tiene que ser así, hay que replantear todo esto”, afirma Sara.

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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

Short presentational grey line

BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

Short presentational grey line

BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

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BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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