Gobiernos estatales gastan más en artículos de papelería y viáticos que en salud y seguridad
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Gobiernos estatales gastan más en artículos de papelería y viáticos que en salud y seguridad

En la compra de artículos de oficina los estados gastaron 40% más por lo que tuvieron que adicionarse 2, 043 mdp al presupuesto establecido.
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17 de diciembre, 2019
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En México el presupuesto de egresos en cada entidad no se ejerce priorizando los intereses de la población; en 2018 los gobiernos estatales gastaron ejercieron más recursos en artículos de papelería, gasolina y viáticos que en salud, seguridad y turismo. 

De acuerdo con el Índice de Información del Ejercicio del Gasto (IIEG 2019), realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en 2018 los estados ejercieron 60 mil 937 millones de pesos en burocracia y solo 9 mil 52 millones de pesos en infraestructura, cuando éste tema debería ser prioridad.

Al menos 17 entidades gastaron más de lo presupuestado en el rubro administrativo y de éstas, 13 se excedieron hasta por un 15% de lo presupuestado.

Una de las “prioridades” fue la compra de artículos de oficina. En esto, los gobiernos gastaron un 40% más de recursos por lo que tuvieron que adicionarse 2 mil 43 millones de pesos al presupuesto establecido. Según el análisis del IMCO , 21 estados ejercieron más de lo aprobado para este concepto y 6 de éstos elevaron su gasto en más del 100%. 

Los gobiernos también se excedieron en la compra de gasolina, gastando 504 millones de pesos adicionales a lo presupuestado. Los tres estados que ejercieron más del doble de lo aprobado fueron: Guerrero (302%), Sinaloa (105%) y Nayarit (104%). 

Para ceremonias oficiales, los estados ejercieron mil 381 millones de pesos, 54% más de lo presupuestado. A inicios de año Guerrero presupuestó solo 20 mil pesos para este tema y tras 12 meses el gasto fue de 39 millones de pesos, lo que equivale a 190% más. 

En lo que corresponde a traslados y viáticos, Guerrero también fue el estado que hizo un mayor gasto estatal, ejerciendo un 921% más de lo aprobado, le sigue Coahuila, con 156% y Tamaulipas, con 122%. 

En este tema los estados gastaron 555 millones de pesos, un 28% más de lo presupuestado. 

Salud y seguridad no fueron prioridad

De acuerdo con el IIEG 2019, estados como Baja California y Morelos ejercieron muy pocos recursos en educación, salud, seguridad y justicia, en comparación con otros rubros.

El IMCO argumenta que si las prioridades de la población no son atendidas con los recursos del presupuesto es debido a una mala planeación de los estados.

“Las variaciones excesivas entre lo presupuestado y lo ejercido son consecuencia de la falta de planeación o simulaciones intencionales por parte de las secretarías de finanzas estatales en complicidad de los congresos locales”, agrega el IMCO.

La ONU establece que una variación aceptable entre lo presupuestado y lo ejercido se ubica en el rango de +/- 15%, pero en México, algunos de los estados tuvieron variaciones mucho mayores a esta, como Tamaulipas (48%), Morelos (44%) y Sonora (43%).

El gasto excesivo en rubros no prioritarios para un estado propicia que se descuiden otros temas.

Por ejemplo, en Baja California el gasto de viáticos fue 2.5 veces mayor que en salud; en Zacatecas, se destinaron 19 mdp más a viáticos que a salud y se reportó el uso de cero pesos en justicia durante todo 2018, mientras que en Morelos, la suma del gasto en educación, salud, seguridad pública y justicia no alcanzó el 10% de los recursos ejercidos en el año.

En Guerrero, Sinaloa y Nayarit gastaron en gasolina más del doble de lo aprobado y en Chiapas ejerció 142 mdp en viáticos, un monto equivalente a su gasto en turismo: 141 mdp.

Finalmente, en Querétaro se gastó 44% menos a lo presupuestado en materia de seguridad pública.

Ante esto el IMCO propone establecer controles a las modificaciones presupuestales de los poderes ejecutivos estatales para limitar el aumento desproporcionado de su gasto administrativo, así como una mayor participación de los congresos locales en la aprobación y supervisión del ejercicio del gasto.

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El experimento de confinamiento que terminó con sus participantes casi muertos

En 1991, un ambicioso proyecto encerró a ocho científicos en un ecosistema artificial. El objetivo era replicar las condiciones de vida en la Tierra, pero por poco acaba en tragedia.
18 de julio, 2020
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La aventura casi termina en tragedia. En 1991, un grupo de ocho investigadores voluntarios se encerró durante dos años en una estructura de cristal y acero dentro de la que científicos habían recreado varios ecosistemas del planeta Tierra.

Aquel experimento formaba parte del proyecto Biosfera 2 y el objetivo era comprobar si, en un futuro, los humanos podrían vivir en circunstancias similares en colonias en otros planetas.

Gran parte de la rutina de los ocho participantes, llamados “biosferianos”, se redujo a labores agrícolas. Debían cultivar sus propios vegetales, recolectar granos del suelo y obtener proteínas de animales de granja y peces criados en estanques de acuicultura.

El experimento, presentado como como una “misión espacial” dentro de la Tierra, acaparó la atención mediática..

Pero la aventura no acabó como se esperaba.

Los cultivos no crecían al ritmo estimado, la comida empezó a escasear, el oxígeno era insuficiente y la tensión afloró en la convivencia de los participantes.

Un “Jardín del Edén”

El diseño original del complejo Biosfera 2 fue idea de John Polk Allen, un ingeniero graduado por la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo se sitúa en Oracle, en pleno desierto de Arizona.

Allen era también el director de la empresa Space Biospheres Ventures, que en 1984 compró la propiedad donde se localizó el ecosistema artificial cerrado en Oracle, en el desierto de Arizona en Estados Unidos.

La construcción se completó en 1989 y consistía en tres edificios. El primero, un gran domo de cristal y acero; el segundo un área subterránea de tecnología y el tercero una zona destinada al hábitat humano.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Biosfera 2 reprodujo varios ecosistemas terrestres como un bosque tropical y un océano con arrecifes de coral.

El domo medía casi 28 metros en su punto más alto y contenía cinco ecosistemas: un bosque tropical, un desierto, una sabana, un manglar y un océano con arrecifes de coral. Dentro se encontraba, además, la zona dedicada a la agricultura.

En el interior del edificio tecnológico se alojaban los componentes que mantenían la climatología interior, con controladores de temperatura y humedad.

El objetivo principal era determinar si una biosfera artificial podía funcionar, incrementando reservas de energía y biomasa, preservando un alto nivel de biodiversidad y biomas, estabilizando su agua, suelo y atmósfera”, según escribieron el director del proyecto, John Polk Allen, y uno de sus participantes, Mark Nelson, en un documento con el resultado de la investigación en 1997.

Los investigadores involucrados querían saber si una biosfera autosostenible, con todos los ecosistemas de vida de la Tierra, podía “proveer una vida creativa y saludable para humanos que trabajaron como naturalistas y científicos”, según dicho documento.

Zona de agricultura de Biosfera 2.

Getty Images
“Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores”.

Básicamente,se trataba de comprobar si el ser humano sería capaz de mudarse a otro planeta llevándose un trozo del nuestro. Para ello, los científicos viajaron por el mundo y recopilaron recursos y conocimientos para crear el ecosistema artificial.

Llenaron Biosfera 2 de animales, vegetación y la tecnología necesaria para mantener las condiciones adecuadas.

Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores“, dijo Linda Leigh, una de las científicas que estuvo confinada, en un documental reciente sobre el experimento llamado Spaceship Earth.

Y así, en septiembre de 1991 cuatro hombres y cuatro mujeres: Roy Walford, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Silke Schneider (quien después sería sustituida por Abigail Alling), Mark Van Thillo, Jane Poynter y Linda Leigh.

Impacto mediático

“Me llamaron por teléfono proponiéndome que me uniera al equipo voluntario y antes de que terminaran la oración ya había dicho que sí”, recuerda Nelson, uno de los biosferanos, en el documental.

Sally Sylverstone y Jane Poynter.

Getty Images
Sally Sylverstone y Jane Poynter fueron dos de las involucradas en el proyecto.

“Éramos pioneros, los primeros biosferanos. Nos habían dado un nuevo mundo para cuidar de él”, agregó Nelson.

Mientras, el mundo se enteraba del proyecto gracias al eco de los medios de comunicación, hasta el punto en que necesitaron contratar un equipo de relaciones públicas para lidiar con la presión mediática.

Poco después de empezar el confinamiento, el entusiasmo inicial de los integrantes comenzó a disiparse. Aumentaron los roces y las discusiones.

“Nunca se sabe lo que puede pasar cuando te encierras a convivir durante dos años con otras siete personas”, recuerda Nelson.

Los turistas se paseaban por fuera de las instalaciones, en visitas guiadas donde veían trabajar a los investigadores a través del cristal, como si se tratara de una visita al zoológico.

Dentro, cada uno de los participantes tenía una misión específica. Debían ocuparse de la ganadería, la preservación de los arrecifes de coral, la cría de peces y los cultivos, por ejemplo.

Además, evaluaban el comportamiento de los gases, sobre todo del oxígeno y el dióxido de carbono.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Para recrear el ecosistema artificial, los científicos recolectaron recursos de varias partes del mundo.

Roy Walford era médico, y su trabajo era vigilar los efectos del confinamiento en la salud de los ocho voluntarios.

“Si podemos trasplantar un arrecife de coral, gestionar una granja, no contaminar la atmósfera ni el agua y reciclar nutrientes, se pueden aprender grandes lecciones aquí”, pensaba Nelson durante su confinamiento experimental.

Hambre, tensión y falta de oxígeno

Los biosferanos concuerdan en que la escasez de comida no ayudó a tener un ambiente sano.

De todos los cultivos, uno de los más exitosos, según revelaron Allen y Nelson en los resultados de la investigación, fue el plátano. De esta forma, los confinados tuvieron que utilizar dicho fruto para múltiples recetas. Hasta intentaron producir vino de plátano, pero sin éxito.

“Tuvimos que tomar decisiones importantes, porque algunos cultivos se daban mucho mejor que otros. Así que terminábamos comiendo un mismo producto, como la remolacha, en forma de sopa o en forma de ensalada”, dijo durante el documental Sally Sylverstone, otra de las biosferanas.

Pero los alimentos no fueron el único recurso que empezó a escasear. Tanto los participantes en el confinamiento como otros científicos que monitoreaban el experimento desde fuera, detectaron un aumento en los niveles de dióxido de carbono y una disminución del oxígeno.

“No podía terminar una oración sin que me faltara el aire”, dijo Nelson.

Participantes de Biosfera 2.

Getty Images
Los ocho participantes salieron del confinamiento a los dos años estipulados, a pesar de las dificultades ocurridas.

“Subía un par de escalones y ahí me detenía para volver a tomar aliento”, recuerda Linda Leigh.

La falta de suficientes alimentos hizo que los biosferanos perdieran peso, y de mantenerse los bajos niveles de oxígeno existía el riesgo de daño cerebral.

“Respirábamos el aire del otro, estábamos sofocados y muertos de hambre”, dijo Leigh.

“Estar peleándonos, además, no ayudaba a que consiguiéramos el objetivo por el que nos habíamos encerrado aquí”, lamentó Nelson.

El experimento se desmoronaba y la primera idea de sobrevivir dos años solo con lo que había dentro de Biosfera 2 no funcionó. Se introdujeron alimentos extra y extractores de dióxido de carbono y bombas de oxígeno desde fuera.

La prensa tildó al proyecto como un “fracaso”.

No más confinamientos

A pesar de necesitar ayuda del exterior y no poder llevar una vida autosuficiente, el proyecto consiguió durar los dos años estipulados.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo pertenece hoy a la Universidad de Arizona y se usa como centro de investigación.

En 1994, una segunda expedición regresó a los interiores de Biosfera 2, pero se canceló antes de que terminara la misión.

Hoy, Biosfera 2 pertenece a la Universidad de Arizona y se utiliza como centro de investigación sobre los ecosistemas de la Tierra.

Casi tres décadas después, ya no hay más confinamientos ni experimentos en los interiores del domo gigante de cristal.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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