Ocho masacres y aumento de la violencia en 19 estados durante primer año del gobierno de AMLO
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Susana Gómez

Ocho masacres y aumento de la violencia en 19 estados durante primer año del gobierno de AMLO

Durante este año subió el promedio de víctimas por ataque, pese a la nueva estrategia y el despligue de la Guardia Nacional.
Susana Gómez
4 de diciembre, 2019
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En el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador la crisis de seguridad en el país continuó y se profundizó. La cifra de personas asesinadas, 32 mil 565, no solo es la más alta para un inicio de sexenio, sino que además los casos se han vuelto más violentos.

Y es que el promedio de víctimas que deja cada caso en 2019 es el más alto de por lo menos los últimos cinco años. Ocho masacres con un saldo de 124 personas que perdieron la vida, entre ellos mujeres, niños y policías, son ejemplo de esto.

El alza de las tasas de homicidios no es un hecho focalizado en una región del país, sino que se extiende en 19 de los 32 estados.

Un matiz importante: los datos confirman que el gobierno de López Obrado recibió, a diferencia de sus antecesores, una tendencia al alza en los homicidios. Este crecimiento se había detenido en los últimos meses, aunque el balance preliminar de noviembre arroja, otra vez, un incremento.

Lo anterior ocurre pese a que el gobierno actual ha fijado el problema de la inseguridad como un tema prioritario de su política pública, que se aborda todas las mañanas en reuniones que sostiene el gabinete de seguridad y que son encabezadas por el propio presidente.

Además, este año entró en operaciones la Guardia Nacional, una nueva fuerza de seguridad civil por definición, pero constituida y operada esencialmente por las fuerzas armadas. No obstante, sigue el déficit de policías locales, a lo que ahora se suma un nuevo recorte en los fondos de seguridad para 2020.

Animal Político presenta a continuación los datos y puntos clave del arranque del actual sexenio en materia de seguridad.

El año de las masacres

Una de las cuestiones que el presidente López Obrador sostuvo desde los primeros días de su administración es que se había terminado “la guerra” como política de seguridad y combate a la delincuencia, pues la misma había arrastrado al país a la actual crisis de violencia. “Se agitó el avispero”, fue una de las analogías que usó para referirse a ello.

Sin embargo, lo registrado en 2019 muestra que la violencia no solo no retrocedió sino que incluso se agudizó. Como ya se ha publicado antes el país registra la mayor tasa de homicidios de los últimos 23 años, pero además destacan varios hechos en donde el número de víctimas ha sido elevado.

En algunos casos las personas que perdieron la vida eran integrantes de las fuerzas de seguridad o presuntos delincuentes, pero en otros casos personas totalmente ajenas a los hechos. Aquí ocho ejemplos de algunos multihomicidios registrados:

*Abril 19: Balacera en plena fiesta familiar en Minatitlán, Veracruz. Saldo: 13 muertos, entre ellos cinco mujeres y un menor de edad.

*Agosto 28: Incendio provocado en bar de Coatzacoalcos, Veracruz. Saldo: 30 personas muertas. 

*Septiembre 5: Presunto enfrentamiento entre policías y personas armadas. Saldo: 8 muertos, todos supuestos delincuentes.

*Octubre 14: Emboscada a policías estatales en Aguililla, Michoacán. Saldo: 13 muertos (todos policías).

*Octubre 15: Choque de militares con civiles armados en Tepochica, Guerrero. Saldo: 15 muertos (14 de ellos civiles).

*Octubre 17: Ataque del Cártel de Sinaloa en Culiacán, Sinaloa. Saldo: 13 personas muertas.

*Noviembre 4: Atentado contra familia de la comunidad mormona en Bavispe, Sonora. Saldo: 9 muertos, entre ellos seis menores de edad y tres mujeres adultas.

*Noviembre 30: Enfrentamiento entre sujetos armados y policías estatales. Saldo: 23 muertos, entre ellos cuatro agentes y 4 civiles ajenos a los hechos.

Estas masacres y multihomicidios no son casualidad. Las cifras oficiales de incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran que en 2019 se registra el promedio mas alto de número de víctimas por cada homicidio, al menos de los últimos cinco años.

Según la información, de enero a octubre de 2019 se contabilizaron 24 mil 484 casos de homicidio doloso que dejaron un total de 28 mil 741 víctimas. Esto significa que, en promedio, el saldo de cada caso es de 1.17 víctimas. El porcentaje es superior al de 2018 y 2017, donde el promedio fue de 1.15 víctimas por caso, al de 2016 donde fue de 1.11 y al de 2015 donde fue de 1.10 casos.

Cabe señalar que entre las personas asesinadas este año se encuentran 382 elementos de corporaciones policiales.

Cierre con broche rojo

De acuerdo con la estadística diaria de homicidios que publica el gobierno federal, en noviembre se registró un promedio de 79 homicidios diarios, un incremento en comparación con el promedio diario de 76 víctimas registrado en octubre.

De confirmarse este dato en las cifras de incidencia delictiva oficial que se darán a conocer el 20 de diciembre, significaría un cierre negativo del primer año de gobierno, luego de cuatro meses previos en donde la tendencia se había estabilizado e incluso disminuido.

Además, y según la misma estadística, el pasado fin de semana se reportaron en un lapso de 24 horas un total de 127 homicidios, registrándose el día mas violento de todo el primer año de gobierno.

Las cifras del SESNSP muestran que en 19 de las 32 entidades federativas – o sea en 2 de cada 3 estados – la tasa de homicidios creció este año en comparación con el anterior.

Los focos rojos están en Sonora, donde la tasa de homicidios de 2018 a 2019 se incrementó en casi 49%; seguido de Hidalgo donde el alza fue de 47.4%; Morelos con un incremento de 35.4%; Nuevo León con un alza del 28%, y Aguascalientes con 25.32%.

Después se ubica Coahuila con un alza de su tasa de homicidios en 2019 del 24%; Tlaxcala con un alza en la misma del 19.4%; Tabasco con 18.4%; Michoacán con 18.2%; Jalisco con 13.8% y Chihuahua con 13.7%.

Las otras entidades que registran alzas en sus tasas de violencia homicida este año son Estado de México, Campeche, Guanajuato, Ciudad de México, Querétaro, Puebla, Quintana Roo y Colima.

Seguridad pública militarizada

El primer año del gobierno de López Obrador vio nacer a la Guardia Nacional que, de acuerdo con la reforma constitucional que dio pie a su creación y de su ley orgánica, se trata de una fuerza federal de seguridad civil destinada tanto para labores de prevención del delito, así como para investigar delitos.

Pero en los hechos la Guardia Nacional es en realidad un cuerpo policial militarizado: más del 70% de sus actuales efectivos provienen de las fuerzas armadas o son personal reclutados por las mismas, mientras que el cien por ciento de sus mandos operativos en los estados son militares.

El apoyarse de inicio en los recursos humanos y presupuestales de las secretarías de la Defensa Nacional y Marina le ha permitido a la Guardia Nacional sumar hasta octubre pasado un estado de fuerza de casi 71 mil elementos, con presencia en las 32 entidades federativas.

Más del 40% de los efectivos de Guardia Nacional desplegados (30 mil 321) se concentran en siete entidades: Estado de México, Ciudad de México, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Veracruz y Chiapas.

El secretario de seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, ha fijado como meta el contar con 150 mil efectivos para la Guardia, al finalizar el sexenio. El reclutamiento también está a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional, incluyendo la aplicación de la mitad de las pruebas de control de confianza.

Especialistas y organizaciones como Causa en Común han criticado lo que consideran ha sido una “militarización de la seguridad pública”, al optar para ello por elementos de las fuerzas armadas con una formación y perfil distinto al de un policía. 

De igual forma han criticado el que se haya optado por desaparecer a la Policía Federal, proceso que además trajo en este año diversas protestas, incluyendo intentos de bloqueo  del Aeropuerto de Ciudad de México por elementos de dicha corporación, que han rechazado ser transferidos a la Guardia o a alguna otra institución.

De reuniones y reformas, la nueva estrategia

Como parte de la política en materia de seguridad en este sexenio el presidente López Obrador encabeza diariamente reuniones del gabinete de seguridad nacional en las que se analizan temas relacionados con esta materia, así como situaciones específicas de coyuntura.

En dichas reuniones que tienen lugar a las 6 de la mañana, de lunes a viernes en Palacio Nacional, participan de forma recurrente el presidente, el secretario de Seguridad Ciudadana, así como los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina. Otros asistentes frecuentes son el comandante en jefe de la Guardia Nacional y el titular de Centro Nacional de inteligencia.

De forma similar se llevan a cabo reuniones diarias de seguridad diarias en los estados del país con representantes de las fuerzas federales y estatales.

Otro eje central para reforzar el combate a la seguridad son diversas reformas constitucionales impulsadas por el gobierno, y aprobadas gracias a su mayoría en el Congreso. Entre ellas destaca la reforma para ampliar los delitos que ameritan prisión preventiva automática (oficiosa), así como la modificación que avala cinco años de la participación de las fuerzas armadas convencionales en tareas de seguridad pública.

También se hicieron modificaciones para agilizar la extinción de dominio (aseguramiento de bienes) producto de la delincuencia, y se han expedido leyes en materia de registro de detenciones y uso de la fuerza, entre otros.

Organizaciones como México Evalúa o Causa en Común han calificado como regresivas algunas de estas modificaciones legales, sobre todo la relacionada con ampliar el catálogo de ilícitos que ameritan prisión automática aprobada desde mayo pasado, y cuyo impacto en temas de seguridad no se ha visto reflejado hasta ahora.

Ofensiva antilavado

Una de las principales estrategias que ha impulsado el gobierno en este primer año del sexenio es el congelamiento de cuentas bancarias ligadas a actividades de lavado de dinero o diversas operaciones ilícitas, a partir de investigaciones a cargo de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda.

Datos actualizados del gobierno arrojan que se han inmovilizado recursos por 5 mil 160 millones de pesos y se han procesado a mil 992 personas vinculadas a presuntos hechos de delincuencia organizada.

Lo que no se conoce, hasta ahora, es cómo estas medidas han afectado o debilitado las operaciones de los grupos del crimen organizado dedicados a temas como el narcotráfico o la trata de personas.

Poco dinero y aun menos para 2020

De acuerdo con el informe “¿Cómo Vamos en Seguridad Pública?” de Causa en Común, México destinó en 2019 un presupuesto total de 225 mil 920 millones de pesos para seguridad que equivale al 0.9% del Producto Interno Bruto. Dicho presupuesto es inferior al de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que destinan en promedio un 3% del PIB a seguridad.

El mismo informe destaca que se privilegió la repartición de dichos recursos a las fuerzas armadas, en detrimento del Subsidio para la Seguridad Pública en Municipios (FORTASEG) que sufrió un recorte del 23%, y del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP), que tuvo una disminución del 2%.

El panorama luce aun peor para 2020, según otro análisis de México Evalúa. Y es que para el presupuesto del próximo año se aprobó un nuevo recorte del 0.24% al FASP, y de 3.69% al FORTASEG.

Más preocupante aun, de acuerdo con la organización, es que el Congreso no quiso incluir en el presupuesto un lineamiento aprobado por el Consejo Nacional de Seguridad para elevar de 20 a 50% el porcentaje del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios (Fortamun), que debe destinarse exclusivamente al fortalecimiento de las policías municipales.

Lo anterior, detalla México Evalúa, vuelve prácticamente imposible materializar el Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica que impulsa el gobierno federal, y que entre otras cosas requiere impulsar el reclutamiento de 150 mil nuevos policías municipales en todo el país.

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5 de mayo: claves para entender la relación de 'amor y odio' entre México y EU

Históricamente, la relación entre mexicanos y estadounidenses ha sido muy contrastante, tanto de admiración, como de rechazo. ¿A qué se debe?
5 de mayo, 2021
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Cada 5 de mayo, los estadounidenses celebran a México.

Una fecha que en el país latinoamericano no causa expectación, e incluso pasa desapercibida, en Estados Unidos es motivo para deleitarse con comida mexicana, ponerse sombrero y bigotes falsos. Y con una margarita en mano brindan por su vecino del sur.

La fecha marca el triunfo del ejército mexicano sobre los invasores franceses en la Batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862.

Y no es raro encontrar a estadounidenses -incluso latinos- que piensan que el Cinco de Mayo, como le llaman, es el día de la Independencia mexicana (en realidad es el 16 de septiembre).

Además de ese día, no hay otra fecha similar en las que EE.UU. celebre a su vecino.

Y es que la relación entre ambos países históricamente ha sido tan amistosa como conflictiva. Con una tendencia hacia lo negativo en los últimos años, según muestran los sondeos de opinión.

Tres personas celebrando el Cinco de Mayo

Getty Images
Los estadounidenses no dudan en tomar sombreros y bigotes falsos para “imitar” a los mexicanos en la fiesta del “Cinco de Mayo”.

La encuesta periódica del Pew Research Center (PRC) estadounidense muestra que la imagen positiva que tenían los mexicanos de EE.UU. desde 2002 -de entre 47% y 69%- cayó hasta el 30% en 2017, cuando el presidente Donald Trump impulsaba su agenda antiinmigrante.

Otro estudio de opinión de Gallup, de 2018, muestra cómo en la década de 2000 nueve de cada 10 estadounidenses consideraban a México como un “aliado” o “amigo”. Pero para 2018 cayó al nivel más bajo, de 72%.

“La gente de mi generación, de los años 50, 60 o 70, tienen esta relación amor-odio porque desde muy pequeños nos lo enseñaron en la escuela” en México, dice a BBC Mundo Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios EE.UU.-México de la Universidad de California en San Diego

“Pero las nuevas generaciones, los jóvenes tiene una relación pragmática con EE.UU.”, considera.

Por su parte, el internacionalista César Villanueva considera que hay admiración, más que amor, de mexicanos hacia estadounidenses. “Hay una relación simbiótica que hay que entender, yo creo que eso es central. Tanto como los estadounidenses se sirven de México, como los mexicanos de Estados Unidos”,

Del lado opuesto, señala que los estadounidenses solo llegan a admirar ciertos aspectos de México, pero asegura que es mayor su desconocimiento del país vecino: “Hay códigos culturales que nos llevan a una incomprensión muy muy marcada”.

¿Qué es lo que hace que mexicanos y estadounidenses vivan una relación tan contrastante, para muchos de “amor y odio”?

1. La herida abierta en México

Hay un punto en la historia de ambos países que ha definido el sentimiento de muchos mexicanos, principalmente de las generaciones que crecieron en el siglo XX, coinciden los expertos: la pérdida de la mitad del territorio mexicano a manos de EE.UU.

Separatistas del territorio mexicano de Texas -apoyados por el gobierno de EE.UU.- autoproclamaron la independencia en 1836. La disputa por ese territorio desembocó con el paso de los años en la invasión de EE.UU. a México en 1846.

Con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado por ambos países el 2 de febrero de 1848, EE.UU. pasó a tener 2,1 millones de kilómetros cuadrados más bajo sus dominios. Y el territorio mexicano se redujo en un 55%.

Este episodio, uno de los más oscuros en la historia de México, ha definido históricamente el sentimiento de los mexicanos hacia los estadounidenses.

Fronteras durante los años de conflicto

BBC

“Teníamos un territorio enorme, el doble de lo que tenemos ahora, pero estaba muy poco poblado. En esa lógica se dio un choque histórico que siempre va a quedar como una huella. Una guerra de los dos países en la que hubo un ganador. Pero si esa expansión hubiera venido de China, Rusia o Canadá, el país era de todas maneras proclive a perder ese territorio“, dice Villanueva.

“Es una herida histórica que va a quedar ahí irremediablemente. Podría cambiarse, pero no hemos hecho un proceso de reconciliación para hacerlo”, añade.

Fernández considera que esto marcó la educación de generaciones como las de él, ya que en la educación pública se enseñó así durante décadas.

Se nos enseñó que la fuente de todos los males era EE.UU. Si hay violencia, es porque EE.UU. demanda droga, porque manda armas”, señala Fernández.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw

“Pero los jóvenes ya no tienen tanto el peso de esa historia de nuestra generación”.

2. La cultura como puente

Por otra parte, uno de los factores clave de simpatía entre mexicanos y estadounidenses es el ámbito cultural, artístico, deportivo y académico.

La gastronomía mexicana está entre las tres cocinas extranjeras favoritas de los estadounidenses, junto a la china y la italiana, según diversos sondeos, como los de Gallup.

Del lado mexicano, el consumo de cine, televisión y algunos deportes estadounidenses -como el basquetbol, el fútbol americano o el béisbol- supera al de cualquier otro país.

Incluso el español cada vez tiene más presencia en EE.UU., país en el que 60% de los latinos son de origen mexicano. “Se ha vuelto un vehículo de comunicación”, dice Villanueva.

Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón en Cannes, Francia

Getty Images
Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón son tres directores mexicanos que han triunfado en Hollywood, el principal cine de consumo mexicano.

“A través de la cultura es donde los acercamientos han sido más visibles y victoriosos, pero se da en dos niveles: uno natural, abierto, como los intercambios artísticos, organizaciones, generalmente anclados a lazos previos, familiares”, señala el investigador.

También en un “intercambio subterráneo, poco visible” de productos culturales como la medicina tradicional o en el ámbito de la industria de la moda.

El experto en la imagen de México en el extranjero señala que los mexicanos “admiran su ciencia, sus inventos, sus logros”, pues México no ha avanzado ese camino. “México no es un pueblo así. Es un pueblo que le ha costado llegar a la modernidad. Que prefiere las formas tradicionales que las modernas“.

Y curiosamente, las tradiciones culturales mexicanas son admiradas en Estados Unidos.

Miguel, personaje central de la película "Coco" (Foto: Disney/Pixar)

Disney/Pixar
“Coco” fue la película más taquillera en la historia de México, un intento de Hollywood de mostrar la cultura mexicana del Día de Muertos (para algunos, con muchos estereotipos).

Fernández de Castro advierte que hay un “estereotipo que ha venido ganando terreno” en la imagen que tienen los estadounidenses de México, difundida a través de los medios y productos culturales.

“Un México lleno de droga, muy violento, corrupción. Y no la sociedad vibrante que es el país. Sí hay muchos problemas en México, pero también muchos elementos de desarrollo. Está muy distorsionada la imagen de México en EE.UU.”, considera.

3. La unión comercial y el recelo

Muy ligado a la cultura o el deporte comercializada, señalan los analistas, está la forma en que ambos países se han relacionado económicamente.

Estados Unidos es el principal país de destino de lo que se fabrica o produce en México, y a su vez éste es el segundo de las estadounidenses.

“México está fascinado de ser vecino del mercado más grande del mundo”, señala Fernández de Castro. “Si la economía de EE.UU. está creciendo, hace que crezca le producto interno bruto mexicano”.

Pero esto en años recientes fue un punto que crispó las opiniones de los vecinos, cuando el presidente Trump criticó el déficit estadounidense en la balanza comercial y la mudanza de fábricas de EE.UU. a México que generaban desempleo en su país.

Una simpatizante de Trump con un cartel que dice "Construyan el muro"

Getty Images
“Construyan el muro”. Muchos republicanos en EE.UU. se conectaron con el discurso nacionalista de Trump en su campaña y a lo largo de su presidencia (2017-2021).

Una encuesta de Gallup en 2018 indicó que la imagen de México entre los estadounidenses tocó un nuevo nivel más bajo, con 26% de los encuestados que pensaban que el vecino del sur era “enemigo”.

En otro estudio de 2019, el PRC preguntó las primeras palabras que le vienen a la mente a los mexicanos al pensar en EE.UU.: “dinero”, “trabajo” y “mal”. Entre mexicanos, 31% usó palabras negativas y 40% neutrales para referirse a EE.UU.

“México tiene una admiración, no tanto al estadounidense en sí, sino a su modernidad. Una que no tiene México. Es un país que rápidamente se industrializó, se modernizó, con procesos de producción fuertes y se posicionó como una potencia mundial rápidamente en el siglo XX”, sostiene Villanueva.

La historia explica en parte esto, según el experto: “México vivió más de tres siglos de colonialismo y eso generó una visión colonial, de dependencia. Eso va marcando pautas de desarrollo”, señala.

porcentaje de mexicanos en las industrias estadounidenses

Cecilia Tombesi / BBC

A eso hay que añadir que en México históricamente se ha percibido que Estados Unidos le da un trato no prioritario. La frase “México es el patio trasero de EE.UU.” suele aparecer en los debates del tema.

“Las opiniones más negativas sobre México en el mundo vienen de los estadounidenses”, adelanta Villanueva sobre un nuevo estudio que prepara. “Sí, nos perciben como una amenaza, como un país dependiente y subdesarrollado. Y en pocos sentidos como un país aliado”, afirma.

4. Disfrutar el país vecino (o no)

Visitar al vecino, por turismo o para vivir ahí, es otra condición que marca sentimientos en la relación entre México y EE.UU.

En cuestión de turismo, 10,5 millones de estadounidenses llegaron a México por vía aérea en 2019, lo que representa 55% de todos los extranjeros que visitaron el país de esa manera. Además, 1,5 millones viven en el país, según el Departamento de Estado de EE.UU., lo cual es la mayor población estadounidense fuera de su país.

Grandes comunidades de jubilados residen en poblaciones turísticas de México. “Ven que pueden llevar una vida espectacular en México con sus ahorros de retirados”, señala Villanueva.

Pero también hay jóvenes, como Noelle Brooks, quien “ama a México” y a través de TikTok comparte su experiencia de vivir en Campeche.

“No sabes cuántos mensajes recibo de que me van a secuestrar, de que es peligroso”, cuenta en un video reciente en el que enfatiza que la gente en su país no entiende lo grande y diverso que es México.

“Para poner las cosas en perspectiva, la ciudad en la que vivo es significativamente, muy significativamente, más segura de las que he vivido en EE.UU.“, como Sain tLouis y Kansas City, explica.

Por otra parte, México es el principal país de origen de los visitantes a EE.UU., con casi 21,4 millones en 2019. Y se estima que allí viven unas 36 millones de personas mexicanas o de origen mexicano.

Ambas naciones comparten 3.100 km de una frontera catalogada como una de las más transitadas del mundo.

La frontera de Tijuana

Getty Images
La frontera de Tijuana con el área de San Diego es una de las más transitadas de México y el mundo.

Sin embargo, mientras los estadounidenses pueden entrar a México fácilmente, incluso mudarse si lo desean, para la mayoría de los mexicanos conseguir una visa de turista de EE.UU. es complicado, más aún un permiso de trabajo.

“Claramente es un asunto que es visto como rechazo de EE.UU. No es amistoso hacer eso. Cualquiera puede ir y solicitar la visa, pero por todo lo que se requiere la mayoría no logra conseguirla”, señala Villanueva.

“Lo que el mexicano ve es que a EE.UU. realmente no le interesa hacer una integración real de Norteamérica. Le interesa lo comercial, mejorar su competitividad, pero no integrar a una nación a la cual le teme”, considera.

Por otra parte, migrar sin documentos ha dejado de ser atractivo para los mexicanos, que desde la década de 2000 ha visto una gran disminución entre los que intentan cruzar la frontera, según muestran las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

1 de cada 6 estadounidenses es de origen hispano

Cecilia Tombesi / BBC

El experto en migración Giovanni Peri dice a BBC Mundo que esto se debe a tres principales razones: el mejoramiento del ingreso en México que ofrece más oportunidades económicas; el hecho de que demográficamente hay cada vez menos jóvenes menores de 30 años en México, el principal grupo que migra; y el incremento de la seguridad fronteriza.

En ello coincide Villanueva: “Dejó de ser atractivo para muchos irse a Estados Unidos“.

5. El factor racial

Según la encuesta del PRC de 2019, palabras como “discriminación”, “racismo”, “racistas” e “injusticia” se encontraron entre las más frecuentes dichas por los mexicanos al pensar en Estados Unidos.

Villanueva y Fernández coinciden en que existe un componente racial en el sentimiento que hay entre naciones.

“El racismo en EE.UU. no solo se da hacia los afroestadounidenses, sino a quienes son diferentes a los blancos, que se hizo más evidente durante el trumpismo”, dice Fernández de Castro.

Un grupo de supremacistas blancos en EE.UU.

Getty Images
Los grupos radicales identificados con el supremacismo blanco han recobrado fuerza en EE.UU. en los últimos años.

Estados Unidos cada vez se hace más diverso. El último censo muestra que 60% de la población se identifica como blanca, seguida por los latinos (18,5%) y los afroestadounidenses (13,4%) en los primeros tres lugares.

En México, la mayoría de la población es mestiza, y los que se identifican como indígenas son casi el 6%. Pero también hay un componente de racismo en su población, que históricamente ha simpatizado hacia la gente blanca.

Los analistas señalan que hay un temor manifiesto entre la comunidad blanca de EE.UU. a que pueda ser “desplazada” por los grupos de otro origen racial, incluidos los latinos.

“A la migración más nueva se le tiende a ver con desconfianza. Y es algo que le pasó a los italianos en la década de 1930 y 1940. O a los irlandeses. Y hoy nadie diría que los italianos no son parte del mosaico de EE.UU.”.

Villanueva coincide: “A los mexicano-estadounidenses entienden que no van a ser aceptados en EE.UU. porque el racismo es muy fuerte”.


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