Pequeños productores, la prioridad del gobierno en la nueva estrategia de apoyo al campo
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Pequeños productores, la prioridad del gobierno en la nueva estrategia de apoyo al campo

Antes, la mayoría de los apoyos para producción en el campo o para comercialización de granos llegaban a los medianos y grandes productores, ahora todo eso irá a los de menor escala.
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5 de diciembre, 2019
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El gobierno federal en México mantuvo por más de 25 años la política de destinar los apoyos para el campo a los medianos y grandes productores, sin que haya evidencia del impacto que esto tenía para la producción o la comercialización. Con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hay un viraje: los subsidios irán a los pequeños.

Víctor Suárez, subsecretario de Autosuficiencia Alimentaría de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), explicó que el cambio se hizo porque los grandes productores se llevaban hasta 40 mil millones de pesos en subsidios cada año.

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“Les daban de todo, apoyos para asistencia técnica, comercialización, investigación, subsidios a la tarifa de agua, a la eléctrica, los dotaron de presas, de sistemas de riego, por muchos años fue así, mientras a los pequeños los dejaron en el abandono”, dijo en entrevista con Animal Político.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) publicó en su diagnóstico de la productividad en México 2018 que el desequilibrio en lo subsidios productivos al campo incrementó las desigualdades económicas al no estimular las actividades en regiones marginales o indígenas y centrarse en el norte, en muy pocas regiones y en un número reducido de productores que recibían grandes montos.

Analistas e investigadores consideran que la decisión del gobierno de apoyar ahora a los pequeños productores es la adecuada. Incluso los medianos y grandes, en voz del presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Bosco de la Vega, señalan que no están en contra de la nueva estrategia, pero aseguran que quitarles por completo los subsidios afectará la producción.

“En los países vecinos del norte, con los que se tiene un acuerdo comercial, los gobiernos les dan muchos apoyos a sus productores, si México deja de apoyar a medianos y grandes del sector agroalimentario, vamos a dejar de producir (porque ya no va a ser viable por costos) y nos van a invadir con productos del extranjero”, dijo de la Vega. 

Recortar por completo los apoyos a los grandes y medianos productores sí puede tener repercusiones negativas en la producción, aunque es difícil determinar la magnitud, consideró Antonio Yunes Naude, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México (Colmex). 

“La decisión de apoyar a los pequeños productores es adecuada, se les había descuidado mucho, pero debe haber un proceso de transición, de irles reduciendo los apoyos a los medianos y grandes, y, al mismo tiempo, ir creando las condiciones para que sigan produciendo alimentos de forma competitiva”.

¿Cuáles son los cambios?

En el último año de gobierno de Enrique Peña Nieto, en 2018, había ocho programas de apoyos a la productividad en la entonces llamada Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa). Seis de ellos, que ese año tuvieron 35 mil 835.2 millones de pesos, estaban enfocados en los medianos y grandes productores, según un análisis de Juliana Martínez Nacarato, investigadora de Justicia Fiscal de Fundar, y ahora desaparecieron o están disminuidos. 

Por ejemplo, en 2018 para el Programa de Apoyos a la Comercialización —enfocado en el fomento a exportaciones y promoción comercial— se gastaron 6 mil 473.6 mdp. Para 2020, en un inicio se le proyectaron 129.2 millones de pesos, pero al final, los diputados lo dejaron sin presupuesto.

También desapareció el Programa de Fomento a la Agricultura que en 2018 operó con 17 mil 331.5 millones de pesos y agrupaba varios subsidios para medianos y grandes productores como el de apoyo a proyectos de hasta 10 millones de pesos para equipar unidades productivas o los incentivos para riego tecnificado. 

El más famoso de todos, el Proagro —antes Procampo—, también desapareció. Se trataba de transferencias monetarias por ciclo agrícola, dos al año.  

Y la lista sigue: el de Productividad y Competitividad Agroalimentaria, que incluía subsidios para dar créditos, respaldo ante intermediarios financieros, o administración de riesgos de mercado. Así como el de Concurrencia con las Entidades Federativas en el que se transfería recursos a los estados para repartir apoyos a los productores.

La investigadora de Fundar aseguró que como no había restricciones claras y era bastante opaco este programa, las entidades entregaban los apoyos a quien más le convenía y generalmente era a los grandes y medianos productores. Aunque también se entregaba a organizaciones campesinas.

El presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que las organizaciones que protestaron afuera de la Cámara de Diputados impidiendo la discusión y aprobación del Presupuesto de Egresos 2020 se beneficiaban de este tipo de subsidios, sin que éstos llegaran a los campesinos.

En la parte de financiamiento también hubo importantes movimientos. Antes estaban activos los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario (FND), y el Fondo de Capitalización e Inversión del Sector Rural (FOCIR). Estos tres instrumentos facilitaban el acceso al crédito, daban garantías de crédito a proyectos o invertían en fondos de inversión de capital y beneficiaban, sobre todo, a los grandes y medianos productores.

“Presentabas un proyecto, por ejemplo, para producción de vid o nogales y te daban el crédito a una tasa competitiva y más tiempo de plazo para recuperar tu inversión”, explica Bosco de la Vega, el presidente del CNA.

En su lugar quedó Agroasemex, la aseguradora agrícola del gobierno federal, con 605.9 mdp, y los diputados en su dictamen del presupuesto rescataron la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero con un monto para el próximo año de 2 mil 500 mdp y enfocada ahora en otorgar garantías líquidas. Es decir, lo que se otorgarán serán créditos, pero quienes los obtengan deberán dejar un depósito en garantía por un porcentaje del préstamo.

Además, en el dictamen del PEF se aprobó que el gobierno federal debe establecer como política pública, para impulsar el ordenamiento de los mercados agrícolas, la regulación en la contratación previa de las cosechas y el impulso a la contratación de la cobertura de riesgo climático y de mercado. 

Al respecto, el presidente de la Comisión de Desarrollo Rural, Agrícola y Autosuficiencia Alimentaria de la Cámara de Diputados, el morenista Eraclio Rodríguez, resaltó que a través de la Financiera Nacional los legisladores lograron recuperar la parte de la comercialización, de la agricultura por contrato, el manejo de coberturas de riesgo tanto climático como comercial, el ingreso objetivo. 

“Todo eso se rescató. Pero falta hacer los lineamientos de esto que marca el mandato del legislativo para llevar a cabo el programa, en los que deberán revisarse los niveles de subsidios y a quiénes van dirigidos, por ejemplo. Eso se está diseñando. La responsabilidad es de Hacienda, de Sader y de la Financiera, pero nos están dejando participar (a los diputados)”, comentó 

¿Y qué consecuencias puede tener el cambio? 

Es difícil saber cuál será el impacto, admitió Bosco de la Vega. “Uno como tal así por región y todo no lo tenemos, pero el mejor análisis es que somos la décima potencia exportadora mundial y la décimo primera en producción de alimentos, ahí está reflejado”.

La verdad es que el análisis preciso del impacto no lo tiene nadie, señaló John Scott, profesor investigador de la División de Economía del CIDE y autor del estudio Subsidios agrícolas en México, ¿quién gana y quién pierde?. “Los productores de grano en gran escala reciben la mayor parte de los apoyos sin evidencia de que estos tengan un impacto significativo en la productividad o el empleo”.

Los pagos directos a productores sumaron 20 mil millones de dólares entre 1994 y 2009. Aun así, México perdió 20% de sus empleos agrícolas entre 1991 y 2007 y  más de la mitad de ese monto se fue al 10% de los productores más ricos, según la publicación Subsidios para la Desigualdad, en la que se aparece el estudio de Scott. 

En su evaluación sobre desempeño, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) concluyó que los programas de subsidios de la Secretaría de Agricultura se crearon sin diagnósticos, que los recursos no se entregaron a la población objetivo y que no se podía medir su impacto, por lo que no se podía determinar el destino de miles de millones de pesos gastados.

Bosco de la Vega insistió en que están de acuerdo en que se apoye ahora a los pequeños productores, pero dice que “se está desmantelando al sector agropecuario exitoso y eso va a traer consecuencias”.

Víctor Suárez, por su parte, consideró que “en realidad no se va a desproteger a los grandes productores, pero ellos no necesitan tantos apoyos como les daban, van a continuar los apoyos para ellos pero de otra forma, con créditos: yo te apoyo, haces tu actividad productiva y me lo pagas”.

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Escasez de autos y precios altos, así afecta la industria automotriz a las economías del mundo

Los problemas de la industria automotriz generan un "efector multiplicador" que afecta el empleo y el crecimiento económico.
11 de noviembre, 2021
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Cuando la cadena de fabricación y suministro de autos funcionaba como un engranaje perfectamente engrasado, antes de la pandemia de covid-19, los consumidores podían elegir la marca y el modelo que querían.

Ahora, que hay una inédita escasez de autos a nivel mundial, los compradores se están anotando en listas de espera y pueden pasar meses antes de que puedan conseguirlos.

Esa escasez ha provocado un aumento de precios en algunos modelos de carros nuevos y ha disparado los precios de los autos usados.

Las grandes compañías están fabricando menos automóviles porque no hay suficientes semiconductores en el mercado, una pieza esencial en su producción.

A eso se suma el hambre de chips que tienen las empresas tecnológicas que fabrican desde electrodomésticos, computadores y celulares hasta consolas de videojuegos.

“La industria de los semiconductores está tratando de ponerse al día con la demanda, pero simplemente no puede”, dice Susan Golicic, profesora de la Facultad de Negocios de la Universidad Estatal de Colorado, en Estados Unidos.

Ante la falta de chips, los fabricantes de vehículos han tenido que seleccionar qué modelos seiguen en la línea de producción y qué modelos no, explica la experta.

chip

Getty Images
Las empresas que fabrican semiconductores no logran abastecer la demanda.

“Muchas de las empresas solo están produciendo los vehículos que les generan mayores ganancias“, como coches utilitarios deportivos (SUV, por sus siglas en inglés), camiones o autos de lujo.

“La situación es bastante seria”.

Willy Shih, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, le dice a BBC Mundo que la escasez afecta a toda la cadena de fabricación en la industria automotriz. Es decir, a todas las empresas que fabrican partes.

“Esto tiene un efecto en el empleo que generan todos los negocios asociados a la fabricación de un automóvil. Entonces, las consecuencias se han extendido rápidamente”.

En Japón, país de marcas como Toyota y Nissan, la escasez de partes hizo que las exportaciones del sector bajaran un 46% en septiembre, en comparación con el año anterior, una clara demostración de la importancia de la industria automotriz para su economía.

Trabajador en fábrica de autos

Getty Images

“Se calcula que la fabricación de automóviles genera cerca del 3% del Producto Interno Bruto (PIB) global”, señala David Menachof, profesor del Departamento de Gestión de Operaciones y Tecnología de la Información de la Escuela de Negocios de la Florida Atlantic University (FAU).

En el último año, según explica en conversación con BBC Mundo, cerca de 8 millones de vehículos dejaron de ser producidos. Esta situación se traduce en una pérdida de ingresos cercana a los US$200.000 millones para la industria automotriz.

Sube el precio de los autos usados y nuevos

“En Estados Unidos los autos se están vendiendo incluso a valores más altos que el precio de venta porque hay gente dispuesta a ofrecer más que el precio normal”, le dice a BBC Mundo Menachof.

Y como no hay suficientes productos nuevos disponibles en el mercado, ha subido la demanda de vehículos usados, elevando el costo promedio de un auto de segunda mano en EE.UU. a más de US$25.000.

De hecho, apunta Susan Golicic, el valor promedio de un vehículo ha venido subiendo cerca de US$200 cada mes.

Lo mismo está ocurriendo en otras partes del mundo. México, por ejemplo, es el cuarto exportador mundial de autos y el séptimo productor.

Fábrica automotriz en México

Getty Images

Este país, que exporta un 80% de su producción y tiene el liderazgo en la industria automotriz de América Latina, está viviendo los efectos de la escasez mundial en la fabricación de carros.

Guillermo Prieto, presidente de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), comenta que el precio de los autos nuevos ha subido un 9%, mientras que el mercado de los seminuevos (con una antigüedad no superior a los cinco años) también ha visto un incremento en su costo.

“Hay más demanda, menos coches y los clientes a veces tienen que esperar cinco o seis meses para comprar lo que están buscando”, le dice a BBC Mundo.

“Es una escasez enorme”, apunta, que ha tenido un fuerte impacto en el mercado laboral, dado que genera dos millones de empleos directos, y muchos otros indirectos al sumar todas las empresas que proveen partes y servicios.

A la escasez de automóviles, se ha sumado un factor adicional: el aumento en la entrada ilegal de los llamados “autos basura” desde EE.UU.: vehículos en mal estado que no encuentran compradores en la mayor economía del mundo, pero sí tienen demanda al otro lado de la frontera.

Efectos laborales y económicos

Aunque los autos se producen en distintas regiones del mundo, gran parte de la fabricación está concentrada en países como EE.UU. y China.

Pero también participan en la cadena otros más pequeños como, por ejemplo, Eslovaquia.

Este último país, que apenas tiene poco más de 5.6 millones de habitantes, alberga grandes fábricas de Volkswagen, Peugeot y Kia, y produce un millón de automóviles al año, lo que lo convierte en la nación con la mayor producción per cápita del mundo.

Fábrica en Eslovaquia

Getty Images

Eso hace que los problemas en la industria automotriz tengan un fuerte efecto en su economía.

En el contexto global, debido al tamaño de la industria automotriz, se produce un “efecto multiplicador”, dice David Menachof.

“Una compañía que emplea a 100 personas, genera efectos en la contratación de hasta 500 trabajadores”, por todas las empresas asociadas que giran en torno a ella.

Y cuando todas las personas que intervienen en la cadena de fabricación de un auto se ven afectadas, se resiente la economía local, especialmente cuando se cierran temporalmente algunas plantas.

“Todas las estimaciones apuntan a que la escasez se extenderá hacia 2022, incluso hasta 2023, antes de volver realmente a una situación de mercado normal”, apunta Menachof.


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