Educación mexicana no mejora: estudiantes, sin avances en lectura, matemáticas y ciencias
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Educación mexicana no mejora: estudiantes, sin avances en lectura, matemáticas y ciencias

El rendimiento medio en lectura, matemáticas y ciencias en el país se mantuvo prácticamente igual que en los últimos 12 años, de acuerdo con la prueba PISA.
Cuartoscuro
3 de diciembre, 2019
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Los estudiantes mexicanos no han tenido avances significativos en comprensión de lectura, matemáticas y ciencias, de acuerdo con la prueba PISA 2018, elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Según la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), el rendimiento medio en lectura, matemáticas y ciencias en el país se mantuvo prácticamente igual que en los últimos 12 años.

El informe reconoce que en México las condiciones socioeconómicas -que por primera vez fue considerado en el examen de PISA- son un “fuerte predictor” de desempeño en las tres disciplinas evaluadas, pues en promedio los estudiantes más avanzados superaron en 81 puntos a los más desfavorecidos, aunque 11% de los adolescentes que enfrentan mayores desafíos socioeconómicos obtuvieron mejores resultados de lo previsto, de acuerdo con el decil de ingreso en que se ubican.

El propósito de la prueba PISA —que se aplica cada tres años— es determinar en qué medida estudiantes de entre 15 y 16 años que han cursado educación básica han adquirido conocimiento y habilidades relevantes.

Lectura

En México, en lectura hubo retroceso: de los 422 puntos registrados en el año 2000, se pasó a 420 en 2018. Su mejor resultado fue en el 2009, con 425 puntos.

De acuerdo con la directora general de la OCDE, Gabriela Ramos, los estudiantes (algunos en tercero de secundaria y otros en su primer año de bachillerato) tienen “dificultades en aspectos básicos de comprensión de lectura, lo que es preocupante”.

En el caso de México, el 55% de los estudiantes alcanzó al menos un nivel 2 de competencia, que se considera suficiente. En este rubro pueden identificar la idea principal en un texto de longitud moderada, encontrar información basada en criterios explícitos, aunque a veces complejos, y pueden reflexionar sobre el propósito de los textos.

Solo el 1% de los estudiantes alcanzó el nivel 5 o 6 en la prueba PISA en lectura. En estos niveles, los estudiantes pueden comprender textos largos, tratar conceptos que son abstractos o contra intuitivos , y establecer distinciones entre hechos y opiniones, basadas en claves implícitas relacionadas con el contenido o la fuente de la información.

Y, según la organización, los problemas de comprensión lectora podrían limitar las oportunidades de las nuevas generaciones “en un mundo digital cada vez más volátil”.

El reporte global de PISA 2018 indica que en lectura México ocupa la penúltima posición de los países miembros de la OCDE con 420 puntos, mientras el puntaje más alto es Estonia con 523 puntos, es decir, hay una brecha de 103 puntos.

Los estudiantes de cuatro provincias chinas (Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang) superaron la media de la OCDE al alcanzar 555 puntos, México está rezagado con respecto a los mejores resultados en lectura en 135 puntos.

Matemáticas 

En el caso de matemáticas el país pasó de 385 puntos en 2003 a 409 en 2018, cifra que representa una caída de 10 puntos, en comparación con su mejor resultado, que fue de 419 puntos en 2009.

En el caso de Matemáticas, el 44% de los estudiantes alcanzó el nivel 2 o superior en matemáticas. Es decir, que pueden interpretar y reconocer, sin instrucciones directas, cómo se puede representar matemáticamente en una situación simple (por ejemplo, comparar la distancia total de dos rutas alternativas o convertir los precios en una moneda diferente).

Mientras que el 1% de los estudiantes obtuvo un nivel de competencia 5 o superior en matemáticas.

Lee: Estudiantes de secundaria reprueban en matemáticas; la mayoría solo sabe sumar y multiplicar

Ciencias

Cerca del 53% de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel 2 o superior en ciencias. Pueden reconocer la explicación correcta para fenómenos científicos familiares y pueden usar dicho conocimiento para identificar, en casos simples, si una conclusión es válida en función de los datos proporcionados.

Casi ningún estudiante demostró alta competencia en ciencias, o sea que no lograron un nivel de competencia 5 o 6, donde están capacitados para aplicar de manera creativa y autónoma su conocimiento de la ciencia en una amplia variedad de situaciones, incluidas situaciones desconocidas.

Las niñas superaron a los niños en lectura en 11 puntos, mientras que los niños superaron a las niñas en matemáticas en 12 puntos (promedio de la OCDE: 5 puntos) y en ciencias en nueve puntos.

El 35% de los alumnos no alcanzó un mínimo de competencia (nivel dos) en las tres materias evaluadas –lectura, matemáticas y ciencia–, cifra que cae a 13%  para el promedio de países de la organización.

El desempeño promedio en lectura, matemáticas y ciencias en México se ha mantenido estable, en torno a una línea de tendencia plana, durante la mayor parte de la participación del país en PISA. Solo el desempeño en PISA 2003 (en lectura y matemáticas) fue significativamente inferior a su nivel en PISA 2018; en todos los demás años, y en todas las áreas, el desempeño promedio no fue significativamente diferente al de PISA 2018, refiere el informe.

Avances

Uno de los avances que destaca la OCDE es que el puntaje alcanzado por al menos el 90% de los estudiantes en México mejoró en aproximadamente 5 puntos por cada período de 3 años, en promedio, en cada una de las tres áreas principales (lectura, matemáticas y ciencias), lo que provocó una disminución en la brecha de desigualdad.

Otro de los aspectos que mejoraron en México, fue el avance en la cobertura de nivel medio superior ante los altos niveles de deserción.

Entre 2003 y 2018, México agregó más de 40 mil estudiantes a la población total de jóvenes de 15 años elegibles para participar en PISA. La proporción de jóvenes de 15 años incluidos en las muestras de PISA aumentó de aproximadamente un 50% en 2003 a un 66% en 2018, sin afectar el desempeño.

De acuerdo con el reporte, los resultados en México son parecidos a los de Tailandia, Uruguay, Rumania, Bulgaria, Costa Rica, entre otros dentro de la OCDE.

Qué países tienen la mejor educación del mundo

China desplazó a Singapur como el país con la mejor educación del mundo.

En el continente americano, los mejores resultados fueron para Canadá, que ocupó el séptimo puesto global en lectura, el octavo en ciencias y el número 12 en matemáticas.

Chile fue el país latinoamericano con mejores resultados en lectura, ocupando el puesto 43 a nivel global, seguido de Uruguay y Costa Rica. Pero todos los países latinoamericanos evaluados obtuvieron una clasificación inferior a la del promedio de países de la OCDE.

Lo mismo ocurrió en ciencias, en las que Chile volvió a encabezar la lista latinoamericana con el puesto 45 a nivel global, seguido de Uruguay. El tercer latinoamericano en esta asignatura fue México, seguido de Costa Rica.

Aquí puedes ver los resultados completos:

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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