Caminata por la Paz: “La lucha no termina aquí; acabará cuando encontremos a nuestros familiares”
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Caminata por la Paz: “La lucha no termina aquí; acabará cuando encontremos a nuestros familiares”

Familiares de víctimas llegaron a la CDMX con la petición de ser escuchados por las autoridades y sin el afán de crear un conflicto político.
27 de enero, 2020
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José Manuel Galván, de 67 años, cuyo sobrino Iván Lorenzoni Mendiola fue asesinado hace poco más de un año para robarle sus tenis, camina la mañana del domingo con su bastón metálico por Reforma, en la Ciudad de México. 

Decenas de kilómetros después de que el pasado jueves saliera de Cuernavaca en la Caminata por la Paz convocada por el poeta y activista Javier Sicilia y por la familia Lebarón, el hombre dice que claro que está exhausto. Aunque, de inmediato, matiza con una sonrisa franca que la emoción de haber completado el trayecto en memoria de su sobrino y de tantos miles de víctimas de la violencia es mayor que el dolor de sus pies agotados. 

Por su parte, Sandra Jazmín Luna, que tuvo que hacer de detective para buscar por su cuenta y riesgo pistas del paradero de su esposo Juan Serafín Hernández, dice procurando no alzar mucho la voz para no romper la solemnidad de la marcha que transcurre en silencio, que en su interior siente una mezcla de sensaciones difícil de explicar: cansancio por el peso del asfalto recorrido, tristeza por el motivo de la caminata, y satisfacción por haber completado un largo trayecto en el que las víctimas se escucharon, se abrazaron, y salieron fortalecidos para continuar con las búsquedas de sus seres queridos. 

caminata por la paz

Este domingo culminó la Caminata por La Verdad, la Justicia y la Paz, luego de cuatro días de recorrido, desde Cuernavaca a la Ciudad de México. Foto: Alejandro Ponce.

Sin embargo, cuando apenas quedan unos metros para poner punto final a cuatro días de marcha, los familiares de las víctimas se encuentran con un último obstáculo: a un costado de la explanada del Zócalo, frente a Palacio Nacional, un numeroso grupo de manifestantes les bloquean el paso. 

Al interior de la Caminata por la Paz, los organizadores se desgañitan pidiendo que nadie entre en provocaciones y que la caminata siga su curso en silencio, como lo hizo desde que a las 9.30 de la mañana partiera desde la Estela de Luz. 

El contingente pausó para gritar “Paz, Verdad, Justicia” en diez ocasiones en cada uno de los ‘antimonumentos’ del recorrido. Foto: Alejandro Ponce.

Pero las escenas de tensión se disparan en cuanto los dos grupos se encuentran cara a cara. 

“Es un honor estar con Obrador”, ruge un bloque de manifestantes favorables al actual Gobierno Federal de México, impidiendo el paso de la Caravana durante varios minutos, bajo el sol corrosivo del mediodía. 

“Fuera chayoteros”, exigen otras personas que portan pancartas que rezan “Basta de mentiras Sicilia”. Mientras que otros gritan consignas como ‘No somos bots’, y otros más lanza a la familia Lebarón, de origen mexico-estadounidense, insultos como “vendepatrias”, o los increpan pidiéndoles que se marchan a su país. 

Finalmente, tras empujones, gritos, y la aglomeración de cámaras y de periodistas en busca de la foto de la jornada, la caminata logra encontrar un hueco por el que escabullirse y puede acceder sin mayores incidentes al templete que tenían preparado a un costado del zócalo, junto a la Catedral Metropolitana. 

Allí, Adrián Lebarón pide en su discurso la unidad de los mexicanos para combatir la violencia. “Juntos le ganaremos al miedo”, grita en el alegato final de su mensaje. Mientras que Javier Sicilia dedica duras palabras al presidente López Obrador, a quien acusa de haber dado la espalda a las víctimas de la violencia. 

“Hoy no estás presente por graves prejuicios hacia las víctimas, a los que redujiste a un show”, dice Sicilia, ante la rechifla generalizada del grupo de manifestantes que, a unos pocos metros del templete, gritan sonoros “¡Fuera, fuera!”. 

Tras los discursos, una comitiva de la Caravana entrega en Palacio Nacional al gabinete de Seguridad un documento de propuestas de reforma de justicia transicional, mismo que también dejaron una hora antes, en torno a las 11 de la mañana, en el Senado de la República; donde legisladores de Morena, el Partido Verde, Encuentro Social, y Partido del Trabajo, no estuvieron presentes para recibir a las víctimas. Según tuiteó después Ricardo Monreal, jefe de la bancada morenista, fue invitado al encuentro, pero no pudo asistir porque tenía otros “compromisos previos” que atender. 

Una comitiva de la Caminata ingresó al Senado para entregar su propuesta de justicia transicional, misma que fue recibida por legisladores. Foto: Alejandro Ponce.

Una vez que el gabinete de Seguridad recibe el documento de propuesta, Javier Sicilia da por terminada la Caminata por la Paz que duró cuatro días. 

“Gracias a todos -dice el poeta y activista-. Y recuerden, siempre juntos, los criminales no nos tocan”.

“No venimos a pelear, solo queremos a nuestros familiares”

Un par de horas antes de que escuchara en la explanada del Zócalo insultos como “borregos”, Edith Isabel Galván, de 32 años, explica que no está interesada en los golpeteos políticos. 

La marcha estuvo convocada por el poeta Javier Sicilia, secundada por la familia LeBarón. En la foto, Julián sostiene la bandera en la glorieta de La Diana. Foto: Alejandro Ponce.

“No vengo aquí a pelear con nadie, ni a confrontarme con ninguna de las personas que se oponen a que salgamos a caminar”, subraya. “Lo único que quiero es que me escuchen las autoridades. No vengo por política, ni por protagonismo, ni por un show. Solo quiero que me regresen a mi hermano”. 

Su hermano es Adrián Galván Pérez. Tenía 19 años cuando el 16 de enero de 2012 fue secuestrado en Tlalnepantla, Estado de México. Los delincuentes llamaron por teléfono a la familia y le exigieron 750 mil pesos si querían volverlo a ver con vida. 

Ante la negativa del presidente López Obrador, quien anunció que no recibiría a la Caminata para “no hacer un show”, la frase se volvió una de las principales consignas del movimiento. Foto: Alejandro Ponce.

Edith narra que solo pudieron reunir 250 mil pesos. Pagaron. Y nunca más volvieron a saber nada de los delincuentes, ni de Adrián, que era mecánico de aviones en el Aeropuerto Internacional de Toluca. 

Ocho años después, Edith responde cuando se le pregunta si aún tiene esperanza de hallar a su hermano con vida, que ya lo único que quiere es tener certeza: “Solo pedimos saber dónde lo tiraron, o dónde lo abandonaron. Que nos lo regresen como sea. Muerto o vivo. Pero que nos lo regresen para ya dejar de tener esta incertidumbre que nos mata lentamente”. 

Al paso de la Caminata por el monumento a la Diana, Lenzo Whitman, integrante de la familia Lebarón, convoca a los ‘caminantes’ a que se quiten un zapato en honor a Mackenzie, la niña de nueve años que sobrevivió a la masacre ocurrida en noviembre pasado en Bavispe, Sonora. La niña, tras el ataque de un comando armado que asesinó a nueve integrantes de los Lebarón, consiguió huir y perdió un zapato en el camino de más de diez kilómetros que recorrió en busca de auxilio. 

Cerca de la vanguardia de la caravana está Nancy Aurora, originaria de Tlaxcala. Lo primero que dice nada más comenzar la entrevista es que, tan solo cuatro semanas atrás, jamás hubiera imaginado en sus peores pensamientos que estaría en una marcha como esta como víctima directa de la violencia. 

Su esposo, Benjamín Mendoza, de 37 años, y al que sus amigos llaman ‘La Manzana’, desapareció el pasado 16 de diciembre en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Benjamín es chofer de autobuses turísticos. Viajaba junto a su amigo y compañero Ignacio Márquez García, ‘Nachito’, de 33 años, quien también está desaparecido.

Sicilia dio un mensaje desde un templete en el Zócalo, donde aseguró que el movimiento cumplió ya con su deber, dejando en manos del presidente la disyuntiva de una política de Estado para una verdadera transformación. Foto: Alejandro Ponce.

De lo poco que sabe, dice Nancy sujetando una larga manta de plástico con las fotografías de Benjamín y de Nacho y el emblema ‘¡Ayúdanos a Encontrarlos!’, es que su esposo le mandó su ubicación cuando iba por Monterrey a las 3 de la madrugada. Ya estaba en la parte final de un larguísimo trayecto, que inició en el sur de la frontera, en Tapachula, y que estaba previsto que terminara en la frontera norte, en Ciudad Acuña, Coahuila. 

Pero al pasar por Nuevo Laredo, la pista se pierde. 

Nancy explica que, según le dijeron las autoridades tamaulipecas, el autobús fue hallado con todo y pasaje. Pero nadie sabe qué sucedió con los dos choferes. 

“Buscamos entre los muertos, pero la esperanza es encontrarlos con vida”

Por su parte, Ceci Campos, de 34 años, cuenta que lleva ocho años enfrentando dos calvarios: el “calvario personal” de buscar a su madre Cecilia Navarro Sánchez, una maestra de la Normal de Naucalpan que tenía 52 años cuando desapareció el 2 de septiembre de 2012. Y el “calvario burocrático” de lidiar con un Ministerio Público, que para zafarse del caso les ha llegado a plantear todo tipo de teorías y conjeturas. 

“Una vez me dijeron: tu mamá se fue a España, se cambió la cara, y engordó 10 kilos”, dice Ceci, que asegura que los investigadores de la fiscalía mexiquense le enseñaron la fotografía de una persona para sustentar tal afirmación. Lo que no pudieron explicarle, matiza con una ironía cargada de dolor y hastío, es cómo su supuesta madre de la fotografía, además de cambiarse la cara, “se achicó 20 centímetros de estatura”. 

El contingente estuvo liderado, la mayor parte del tiempo, por familiares de personas desaparecidas, quienes exigen a las autoridades esclarecer sus casos. Foto: Alejandro Ponce.

Ahora, ya próxima a terminar la caminata, Ceci comenta que marchar junto a tantas otras víctimas ha sido una experiencia reconfortante. Aunque la lucha por encontrar a su madre, y la de cientos de personas de la Caravana, no termina ni mucho menos cuando lleguen a Palacio Nacional. 

“Esto no se acaba aquí, con esta marcha. Se acabará el día que encuentre a mi madre -recalca-. Y aunque la busque entre los muertos, la esperanza será siempre encontrarla con vida”.  

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La doctora que contrajo COVID y fue salvada por el método de ventilación que ayudó a crear

La intubación de la neumóloga en la USP Carmen Valente Barbas ha sacudido la moral de los médicos que luchaban contra el coronavirus recién llegados a Brasil.
1 de agosto, 2020
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A mediados de abril, el reconocido patólogo de la Universidad de São Paulo (USP), Paulo Saldiva, habló en vivo por televisión sobre la epidemia del covid-19; no pudo evitarlo y comenzó a llorar frente a las cámaras.

“En ese momento, había personas que negaban la existencia o minimizaban el impacto de la enfermedad, así que fui a decirle a las gente que se cuidara porque nosotros en salud estábamos pagando un alto precio. Entonces recordé a Carmen y otros seres queridos y perdí un poco el control”, le dice Saldiva, médico y profesor con 40 años de experiencia, a BBC News Brasil.

Para muchos en la comunidad de médicos que trabajan en los frentes de batalla contra el covid-19 en el país, el llanto de Saldiva no requería explicación.

La noticia de la hospitalización de la neumóloga Carmen Valente Barbas había circulado dentro y fuera de Brasil, sacudiendo la moral de las tropas en la guerra contra un enemigo poco conocido.

La médica de los hospitales Das Clínicas y Albert Einstein, investigadora y profesora con 60 años de edad y más de 35 años de carrera, es una experta internacional en ventilación mecánica, un método utilizado en el tratamiento de casos graves de covid-19.

Reconocimiento internacional

Hija del neumólogo y ex profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Pablo (USP) João Valente Barbas, Carmen siguió los pasos de su padre. Se graduó de la USP y comenzó su doctorado en ventilación mecánica en 1995.

En 1998, se publicó un estudio clínico dirigido por ella y su colega Marcelo Amato en el New England Journal, una revista científica estadounidense de alto impacto.

Paciente con covid-19

Getty Images
Se estima que el 5% de los infectados por el coronavirus requieren respiración asistida.

Hasta entonces, las posibilidades de que un paciente con enfermedad pulmonar aguda muriera por ventilación mecánica eran grandes.

En su investigación, Carmen y su grupo plantearon la hipótesis de que la ventilación en sí podría perjudicar los pulmones de los pacientes.

“Estábamos estudiando ventilación mecánica en pacientes con síndrome de incomodidad respiratoria aguda, SDRA”, le dice Carmen a BBC News Brasil. “En ese momento, la tasa de mortalidad por este síndrome era del 70%. Los que trabajaban en cuidados intensivos se desanimaban porque la mayoría de los pacientes morían”.

En ese momento, explica, los pacientes con el síndrome eran ventilados con el mismo volumen corriente (el volumen de aire que entra y sale del pulmón durante la ventilación mecánica) utilizado en cirugías.

“En la cirugía, cuando aplicas anestesia general, intubas y ventilas al paciente. Pero el pulmón dañado por ARDS tiene una distensibilidad menor, es más difícil. Cuando pones un alto volumen corriente, genera presiones muy altas en el sistema sistema respiratorio y terminas dañando más el pulmón “.

Carmen y su grupo comenzaron a ventilar a los pacientes con un volumen corriente más bajo, entre otros ajustes.

Al final del estudio clínico, el número de muertes entre los pacientes tratados con la nueva técnica se redujo al 40%. En 2000, un gran estudio estadounidense confirmó, también en el New England Journal, que el enfoque del grupo de USP era mucho mejor.

Desde entonces, la tasa de mortalidad de pacientes con SDRA se ha reducido aún más, al 30%. Y el equipo dirigido por Carmen y Amato ganó una voz internacional, ayudando a transformar la ventilación mecánica en el mundo.

Carmen Barbas

Arquivo pessoal/Carmen Valente
Carmen Barbas siguió los pasos de su padre, también neumólogo.

La técnica se conoce hoy como ventilación pulmonar protectora.

“Carmen y su equipo son uno de los líderes de la comunidad mundial (de intensivistas y neumólogos)”, le dijo a BBC News Brasil el italiano Paolo Pelosi, médico de cuidados intensivos y profesor de la Universidad de Génova en Italia, colega y amigo de la médico durante 20 años.

El tratamiento de pacientes en unidades de cuidados intensivos (UCI) es complejo, por lo que se necesitan varias estrategias diferentes, explica.

“La técnica propuesta por Carmen es parte de un conjunto de enfoques discutidos y aplicados en el mundo”.

Lo que Carmen nunca hubiera esperado es que algún día la salvarían con la misma técnica.

Llegada de coronavirus

En marzo de 2020, los médicos brasileños comenzaron a darse cuenta de que el nuevo coronavirus era realmente peligroso.

“Al estudiar los virus durante muchos años, vimos que este nuevo virus es muy diferente, muy agresivo, sobrevive a temperaturas muy altas, lo que no es normal para los virus respiratorios”, dice Carmen.

Cuenta que incluso escribió un artículo para la Sociedad Paulista de Terapia Intensiva alertando sobre Sars-Cov-2.

Debido a su edad y porque era hipertensa, Carmen estaba en el grupo de riesgo.

Dibujo de respirador

Getty Images
El respirador no es una cura, pero permite es ganar tiempo para que el tratamiento haga efecto.

“Estaba tomando todas las medidas preventivas, cuidando a los pacientes con máscaras, sin permitir que se acercaran demasiado. Con mis colegas, fui una de las primeras en decir, ‘no te acerques, mantengamos nuestra distancia’. Dejé de besar a los colegas, de darle la mano a los pacientes, siempre andaba con el gel de alcohol colgando de la bolsa”.

Los primeros síntomas aparecieron el 19 de marzo.

“Empecé a tener un poco de dolor de garganta, un poco de tos, un dolor corporal muy importante”.

Ella no estaba cuidando a pacientes con coronavirus, pero comenzó a cansarse mucho.

“Todo lo que hacía me producía una fatiga absurda. ‘Me está pasando algo extraño‘, dije”.

Carmen fue al hospital para pedir que le hicieran la prueba. Sin los síntomas clásicos (no tenía fiebre ni oxígeno bajo), tuvo que insistir. La prueba se realizó el día 23. El resultado llegó el día 27: la doctora había contraído el covid-19.

Lo vi en la computadora: positivo. Llamé a colegas pidiendo que me admitieran porque estaba muy cansada”.

Gustavo Faissol Janot

Arquivo pessoal/Gustavo Faissol Janot
Gustavo Faissol Janot, jefe del equipo que intubó y cuidó a Carmen durante su ingreso en la UCI del Hospital Albert Einstein.

Dilema

Carmen fue al hospital Albert Einstein, donde ha trabajado durante más de 30 años como intensivista. Inicialmente, su condición no era crítica, así que la enviaron a la enfermería. Pero como es común en pacientes con covid-19, su condición empeoró rápidamente.

“Fui hospitalizada el 27 de la noche. El 29 de la mañana, me llevaron a la UCI y me intubaron porque tenía una insuficiencia respiratoria grave”.

Ella había dedicado su carrera a los pacientes, la enseñanza y la ciencia. Ahora Carmen confió su propia vida a la técnica que había ayudado a desarrollar y a los médicos que había entrenado.

“Fui a la UCI. Todos mis colegas ya estaban allí, gente conocida“, recuerda Carmen.

“Cuando te sientes mal, quieres aliviarte. Estaba tan incómoda, tan sin aliento, que cuando me anestesiaron, me alivió”.

Antes de perder el conocimiento, cuenta, escuchó las palabras de la anestesióloga Roseny Rodrigues: “Puede estar segura de que la cuidaremos bien“.

Al frente del equipo que la intubaría y se encargaría de la ventilación mecánica de Carmen estaba un ex estudiante de doctorado de la médica, el intensivista y médico general de Río de Janeiro, Gustavo Faissol Janot. Ha trabajado con Carmen durante 16 años.

“Carmen siempre ha sido nuestra gran mentora. Verla enferma, necesitando intubación, fue uno de los momentos más difíciles, quizás el más difícil, de mi carrera“, le dice Janot a BBC Brasil.

La presión sobre él era tan grande que Janot decidió abandonar la sala.

“En ese momento, dada mi proximidad con ella, pedí no estar presente en la intubación”, dice.

“Cuando uno está emocionalmente involucrado con la persona, tiende a evitar realizar procedimientos invasivos porque puede cambiar la forma en que realiza el procedimiento y poner en riesgo al paciente”, explica.

Roseny Rodrigues se hizo cargo de la tarea. Después de la intubación, Janot regresó a la UCI.

Ahora, de acuerdo con los principios de ventilación pulmonar protectora, era necesario ajustar el respirador para ventilar suavemente el pulmón de la paciente, evitando daños en el órgano, y monitorear cuidadosamente su progreso, las 24 horas del día.

Janot recuerda que fue difícil dormir esa noche.

“A las 3 de la mañana, me desperté y salté de la cama. Había soñado con Carmen diciendo: ‘ve a revisar mis exámenes, no me dejes’. Así que fui a la computadora para revisar los exámenes en la madrugada”.

Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

PAULO PELOSI
Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

La noticia reverbera en el extranjero

Ese mismo domingo, en Génova, Italia, el colega y amigo de Carmen Paolo Pelosi recibió un mensaje en su teléfono celular.

“Todas las noches, hablaba con amigos de todo el mundo para averiguar cómo estaba evolucionando la pandemia”, dice Pelosi. “En Italia, tuvimos covid-19 unos 25 días antes que los otros países, y yo estaba apoyando a mis colegas”.

“Entonces, llegó un mensaje de un colega en Brasil. Era casi medianoche: Carmen fue hospitalizada y será intubada”, recuerda Pelosi.

“Cuando tratas a un paciente, es como si estuvieras protegido, no te afecta. Es un recurso psicológico, una actitud que te permite reaccionar ante esa situación”, explica. “Pero cuando le sucede a un amigo y colega, es como si te estuviera sucediendo a ti“.

Gustavo Janot trata de explicar la sensación de consternación que afectó a muchos médicos, entre ellos, el experimentado Paulo Saldiva, el ex maestro de Carmen, que había llorado en el programa de televisión:

“Primero, por el tipo de persona que es, con buen corazón, incansable en la enseñanza y la ayuda”, dice.

“Segundo, por lo que representa en ventilación mecánica. Tercero, porque ella es una de nosotros. Y nosotros, los médicos, en la línea del frente, estamos todos asustados”.

Con la experiencia adquirida en más de 30 años de práctica e investigación, Carmen Valente era muy valiosa para los equipos de médicos que luchaban en la primera línea contra el covid-19. Y nadie podía contar con ella ahora.

“¿Quién no querría poder preguntarle qué hacer en ese momento?”, dice Janot.

Síntomas de la covid-19

BBC

“Hoy tenemos una experiencia de meses. No solo nuestra, sino también de europeos, estadounidenses, canadienses. Hay un gran intercambio de información en la comunidad científica a este respecto”, explica.

Carmen Valente dejó la ventilación mecánica después de una semana, pero permaneció hospitalizada por otros 18 días. En ese período, llovieron mensajes de alivio.

Una mañana, recibió una visita de su colega y amigo Marcelo Amato, que había seguido de cerca su caso.

“Recuerdo que ya estaba sin tubos y apareció al amanecer y habló conmigo. Me habló de los colegas internacionales que habían enviado mensajes. Me contó que un médico que siempre nos ayudó, que trabaja y vive en Miami, lloró como un niño cuando se enteró de que el coronavirus me tenía entubada”.

De vuelta al trabajo

Carmen fue dada de alta del hospital el 20 de abril. A principios de junio, sin secuelas, pero aún sometida a fisioterapia, regresó al trabajo.

Ella dice que no sabe cómo contrajo a covid-19, pero no cree que fue durante la atención.

“(Creo que pillé el virus de) alguien infectado asintomático y que se acercó mucho, o dentro del ascensor en el hospital”, dice.

Por esto, todo cuidado es poco. Está tratando pacientes con coronavirus, y usa todo el equipo de protección personal.

“Ellos (los científicos) no están seguros de si la inmunidad que adquieres después de enfermarte es permanente y si te defiende si te expones a una carga muy alta (del virus)”.

Reducir contagio coronavirus

BBC

“A veces llego a lugares y la gente viene a besarme. Yo digo que no. ‘¡Pero si ya la tuviste!’ Pero hasta que estemos seguros de las cosas, mantendremos el aislamiento”.

Carmen bromea, diciendo que ella era “una especie de neurótica” después de su encuentro con el coronavirus.

“Creo que el gran problema con este virus es que no sabemos dónde está“, reflexiona.

“No sabemos dónde están las personas asintomáticas que son positivas. Están circulando. Tenemos que hacer pruebas, diagnosticar quién tiene el virus y aislar a esas personas durante 14 días hasta que se reduzca la transmisión”.

Enfrentando a covid-19 en Brasil

Invitada a dar una opinión sobre las políticas para combatir la pandemia en Brasil, Carmen hizo algunas recomendaciones.

Primero, necesitamos informar bien a la población.

“Los servicios de prensa y el gobierno tienen que ser muy transparentes. La gente ve que está ocurriendo un problema. No quieren ver la realidad de las cosas”, dice.

“Es muy importante ver la realidad de las cosas y ser transparente”.

“La población necesita comprender que tienen un virus altamente infeccioso, que el 5% evolucionará a la intubación. Solo el 5%”.

“Creo que eso tranquiliza a la población. Pero necesitan saber que la enfermedad es un hecho”.

Con la población haciendo su parte, queda por organizar mejor la atención y capacitar a los profesionales, comenzando con la detección de pacientes.

“El paciente con dolor corporal y fiebre no necesita ser hospitalizado, solo el 15% que tiene una afección respiratoria más grave debe ser hospitalizado”, explica.

El siguiente paso es formar los equipos que intubarán y ventilarán el 5% de este grupo que necesitará ir a la UCI.

Necesitamos personas que sepan intubar, que sean anestesistas”, sugiere.

“También necesitamos radiólogos para hacer una ecografía de tórax y una tomografía para detectar quién tiene enfermedad pulmonar”.

Finalmente, es necesario capacitar a los médicos de la UCI. “Necesitan saber que es grave y que hay algunas cosas que deben hacerse para prevenir una lesión pulmonar”, explica.

Carmen dice que tanto en el Hospital das Clínicas como en Albert Einstein, la mortalidad entre los intubados -la cifra es de junio- fue inferior al 20%.

“Puedes aprender si tienes entrenamiento. Necesitas tener esta buena voluntad para entrenar”, concluye.


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