Unos cuantos acumulan billones, mientras mujeres que hacen trabajo de cuidados son explotadas: Oxfam
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Cuartoscuro

Unos cuantos acumulan billones, mientras mujeres que hacen trabajo de cuidados son explotadas: Oxfam

Contar con un sistema nacional de cuidados universal es una de las urgencias más grandes que tenemos en el país, señaló Oxfam.
Cuartoscuro
20 de enero, 2020
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Un informe de la organización Oxfam señaló que la “desigualdad económica está fuera de control” en el mundo, con un reducido grupo de
personas, fundamentalmente hombres, acumulando billones de dólares, mientras por otro lado mujeres que hacen trabajo de cuidados, una labor esencial, son explotadas o no reciben la remuneración adecuada por hacer esas actividades.

“Si nadie invirtiese tiempo, esfuerzo y recursos en este tipo de actividades; comunidades, centros de trabajo y economías enteras se colapsarían por completo”, se indica en el reporte El tiempo para el cuidado: El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad.

“De hecho, son 12,500 millones de horas diarias de trabajo realizado por mujeres (equivalente a 10.8 billones de dólares, es decir tres veces el tamaño de la industria global de la tecnología), las que contribuyen a que la economía global siga a flote”. 

Entérate: El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, no es amor, es explotación

El trabajo de cuidados y del hogar, según Oxfam, es el trabajo necesario para satisfacer las necesidades más básicas y cotidianas de todas las personas.

“Por ejemplo cocinar y servir alimentos; lavar o planchar ropa; limpiar todo tipo de objetos y espacios físicos; administrar recursos y gestionar actividades dentro del hogar; procurar el bienestar físico y emocional de niñas, niños, personas jóvenes, adultas mayores y quienes enfrentan alguna enfermedad o discapacidad; y garantizar la supervivencia y bienestar de animales de trabajo o mascotas, entre otras labores que pueden suceder en el hogar, en lugares de trabajo y otros espacios”.

El informe destaca que, en México, las seis personas más ricas tienen más riqueza que el 50% más pobre. A nivel global, 2 mil 153 personas poseen más riqueza que el 60% de las de la población mundial.

Dicha desigualdad, tanto en México como en otros países, refiere Oxfam, está construida sobre la explotación del trabajo de mujeres y niñas, y la vulneración sistemática de sus derechos.

“Nuestro sistema económico está construido por hombres ricos y poderosos, que siguen siendo quienes dictan las normas y se quedan con la mayor parte de los beneficios. A nivel mundial, los hombres poseen un 50% más de riqueza que las mujeres.22 Además, los hombres también tienen una presencia mayoritaria en los puestos de poder político y económico”, se lee en el informe.

“Las mujeres contribuyen a la economía de mercado como mano de obra barata e incluso gratuita y, al mismo tiempo, apoyan a los Estados llevando a cabo el trabajo de cuidados que debería estar cubierto por el sector público”.

El trabajo de cuidados no remunerado, acusa Oxfam, está alimentando un sistema económico sexista, que absorbe recursos de la mayor parte de la población y llena los bolsillos de unos pocos.

De acuerdo con la organización, en el país el trabajo de cuidados no remunerado equivale al menos a  $1.7 billones de pesos, “es decir, es equiparable a casi dos veces a la producción minera anual”. 

Ante este panorama de desigualdad y explotación, Oxfam señala la necesidad de contar con un sistema nacional de cuidados universal, y una vía para lograrlo es fortalecer las capacidades del Estado en materia de recaudación, crear un modelo fiscal mas progresivo y transparente que grave la riqueza.

Con un impuesto del 0.5% a la riqueza del 1% de las personas de mayores ingresos en México, apunta Oxfam, se podría aumentar siete veces el presupuesto de guarderías del IMSS.

“En México existen aproximadamente 2.4 millones de personas trabajadoras domésticas de las cuales: 98% no tienen contrato y su ingreso promedio mensual es de $1,550 pesos, es decir su ingreso no es suficiente para cubrir sus necesidades alimentarias básicas”, señala Oxfam.

“Si no se adoptan medidas firmes, la situación empeorará mucho más. El envejecimiento demográfico, la debilidad fiscal y  los recortes en el gasto público y el cambio climático amenazan no solo con agravar la desigualdad económica y de género, sino con acentuar la crisis que afecta al trabajo de cuidados y a las personas que los proveen.

La élite rica y poderosa podrá utilizar su dinero para librarse de las consecuencias de esta crisis, pero las personas en situación de pobreza y privadas de poder no tendrán esa oportunidad”.

Oxfam plantea que es necesario redistribuir de forma más equitativa el trabajo dentro de las familias, y proteger los derechos de todas las personas que llevan a cabo el trabajo de cuidados remunerados y no remunerados.

En México, refiere, los hombres dedican en promedio 4 horas menos que las mujeres al trabajo no remunerado de cuidados, y las personas de hogares con ingresos más altos dedican menos horas a este trabajo que las de hogares con ingresos más bajos.

Lo que propone Oxfam:

— Invertir en un Sistema Nacional de Cuidados, fondeado con impuestos progresivos a la riqueza, que permita reducir la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y niñas.

— Aumentar los impuestos progresivos y crear nuevos impuestos a la riqueza extrema para financiar servicios que reduzcan la desigualdad y pobreza.

— Reconocer en la Constitución el derecho al cuidado como un derecho universal garantizado por el Estado.

— Garantizar que las personas que llevan a cabo el trabajo de
cuidados tengan influencia en la toma de decisiones.

— Hacer los cambios legislativos e implementar las políticas pertinentes para el cumplimiento del Convenio 189 de la OIT.

— Combatir las normas sociales nocivas y las creencias sexistas.

— Promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor
el trabajo de cuidados.

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Qué es la inmunidad cruzada y por qué puede ser clave en la lucha contra el COVID-19

Un estudio recientemente publicado arroja una hipótesis esperanzadora en el combate al COVID-19: haber superado otros coronavirus puede dejar en el cuerpo algo de inmunidad.
Getty Images
1 de junio, 2020
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Ilustración sistema inmunológico

Getty Images
La inmunidad es el conjunto de mecanismos que nos protegen de las infecciones.

¿Por qué algunas personas infectadas con el nuevo coronavirus solo presentan síntomas leves o incluso son asintomáticas? Es una de las grandes dudas que la comunidad científica está tratando de despejar sobre la covid-19.

Para dar respuesta a esta y otras interrogantes que rodean al nuevo coronavirus, expertos de todo el mundo están tratando de entender cómo responde nuestro sistema inmunológico cuando es atacado por el SARS-CoV-2.

Un estudio recientemente publicado en la revista Cell arroja una hipótesis esperanzadora: haber superado otros coronavirus puede dejar en el cuerpo algo de inmunidad.

Es lo que se conoce como inmunidad cruzada.

Pero antes de explicar este concepto, es importante revisar qué tipos de inmunidad existen.

Innata y adaptativa

La inmunidad es el conjunto de mecanismos que nos protegen de las infecciones. Es una compleja red de células, órganos y tejidos que trabajan en conjunto para defendernos de los microorganismos y sustancias tóxicas que podrían enfermarnos.

Hay dos tipos de inmunidad: la innata y la adaptativa.

La respuesta innata es la primera que se desarrolla y normalmente es efectiva para eliminar a diferentes tipos de agresores.

“Está compuesta por el conjunto de barreras, sensores y actores que participan de manera más o menos inespecífica en bloquear la entrada de todos los agentes infecciosos a los que estamos expuestos continuamente a lo largo del día”, le explica a BBC Mundo Estanislao Nistal, virólogo y profesor de microbiología de la Universidad CEU San Pablo en Madrid, España.

Mientras que la inmunidad adaptativa “establece una respuesta específica frente al agente infeccioso en concreto o frente a las células que están albergando a este microorganismo”.

Esta respuesta se demora varios días en llegar.

A su vez, la respuesta adaptativa se divide en dos ramas: la inmunidad derivada de anticuerpos, que también se denomina inmunidad humoral, y la inmunidad celular que la ejercen las células llamadas linfocitos T o células T.

Memoria

Un rasgo particular de la respuesta adaptativa es que deja memoria. Es decir, recuerda los patógenos con los que tu cuerpo ha entrado en contacto en el pasado, y por ello sabrá cómo combatirlos en el futuro.

“Desde el momento en que nacemos nos enfrentamos a muchos agentes infecciosos. Y el cuerpo tiene que saber cómo reaccionar de manera específica, frente a aquello que es extraño y que puede producir una patología”, dice Nistal.

“Cuando nos enfrentamos a un agente infeccioso por primera vez, normalmente la respuesta que activamos es una respuesta muy buena que nos produce un tipo de memoria que puede durar para toda la vida”, explica el virólogo.

Ahí entra el concepto de inmunidad cruzada, que consiste en la capacidad de algunos de los linfocitos involucrados en la respuesta adaptativa (linfocitos o células B o T) de reconocer secuencias de un virus, de una bacteria o de un agente infeccioso, y ser capaz de identificarlas en el futuro en otro agente infeccioso.

Gráfico de cómo se reproduce el coronavirus en el cuerpo.

BBC

Pero el SARS-CoV-2 es un virus nuevo, entonces ¿puede haber inmunidad cruzada?

Familia de coronavirus

El SARS-CoV-2 pertenece a la familia de los coronavirus. Hay siete coronavirus identificados, pero de ellos, la población se expone anualmente a cuatro tipos, a los que el profesor Nistal llama “coronavirus estacionales”.

En general, lo que ocurre con estos coronavirus es que la mayoría de las personas no tiene mayores complicaciones y lo más normal es que produzcan catarros, explica el virólogo.

“Y esos catarros normalmente activan esos linfocitos que tenemos, que han sido activados anteriormente”.

Persona con mascarilla estornudando.

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Lo más normal es que los coronavirus estacionales produzcan un catarro.

Los investigadores del Instituto de Inmunología de La Jolla, en California, autores del estudio publicado en la revista Cell, utilizaron muestras de sangre recogidas entre 2015 y 2018 de personas que sí habían superado coronavirus estacionales, pero que por las fechas, no habían podido estar expuestas al nuevo SARS-CoV-2.

Lo que hicieron con esas muestras fue ponerlas en contacto con secuencias o fragmentos del SARS-CoV-2 y vieron que había una reactivación celular.

“Lo que ven los investigadores es que hay linfocitos, tanto B como T, que son capaces de reconocer esos fragmentos y activarse”, dice Nistal.

“Eso es lo que significa que tienen inmunidad cruzada”.

El resultado, para el experto, era “bastante esperable”, porque aunque sea un virus nuevo, “tiene en torno al 80% de homología con el SARS (las siglas en inglés de síndrome respiratorio agudo severo, que apareció en 2002) y entre un 40 y 60% de homología con los coronavirus circulantes o estacionales”.

“Si analizas la secuencia de aminoácidos que producen las proteínas del virus, te das cuenta de que sí hay zonas muy diferentes entre los coronavirus circulantes y este SARS-CoV-2, pero hay zonas que están muy conservadas. Y es por tanto esperable que un linfocito que reaccione frente a esa secuencia, reaccione también frente a la secuencia del SARS-CoV-2”.

Para el experto, esto explicaría, en parte por qué hay personas que tienen síntomas muy leves o incluso ninguna sintomatología. “Otra parte también la explicaría la inmunidad innata”, apunta.

Ilustración sistema inmunológico

Getty Images
La inmunidad adaptativa recuerda los patógenos con los que tu cuerpo ha entrado en contacto en el pasado, y por ello sabrá cómo combatirlos en el futuro.

¿Y esto qué implicaciones tiene a la hora de encontrar una posible vacuna para el nuevo coronavirus?

Protección para el futuro

Para Estanislao Nistal, este estudio tiene una implicación importante.

Si las vacunas que se empezaron a investigar contra el SARS pero luego fueron abandonadas se hubiesen desarrollado, “hubieran servido posiblemente para protegernos del nuevo virus (no para que no nos infectáramos, porque en un principio los linfocitos T no bloquean la entrada del virus en la célula, pero sí ayudan a destruirlo)”, explica Nistal.

“Entonces la primera enseñanza que hay que sacar de todo esto es que cuando se empieza algo debería terminarse. El que no haya un agente infeccioso no significa que no exista en el futuro, sobre todo con el coronavirus”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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