Bajos salarios, desigualdad y machismo, los rivales de las futbolistas en México
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Liga MX Femenil (Imago7)

Bajos salarios, desigualdad y machismo, los rivales de las futbolistas en México

Esta es la primera parte de un reportaje sobre las condiciones laborales que enfrentan jugadoras de la Liga MX femenil, a tres años de su inicio.
Liga MX Femenil (Imago7)
16 de enero, 2020
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Cheyli corre por el lado derecho del campo. Es el minuto 5 del primer tiempo. Un desborde acerca a los Lobos BUAP a la portería y luego un rebote deja el balón botando, cerca del manchón de penalti. Cheyli tiene el arco de frente. Patea a un costado de la portera y lo logra. ¡Es gol! El 1-0 que ayudó a la victoria de su equipo .

Esa anotación fue en 2018, en el estadio de Cruz Azul Hidalgo, cuando tenía 21 años. Uno de sus momentos más felices en el futbol. Su primer gol como jugadora profesional en México, después de hacer sacrificios y superar escollos, no solo deportivos, también personales.

Cheyli es originaria del municipio de San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca. Ella cuenta que comenzó a jugar futbol con hombres porque de niña no muchas mujeres se atrevían a hacerlo. Después, al crecer el futbol femenil en el mundo, llegó la oportunidad de ser jugadora profesional en México. Un sueño cumplido, dedicarse al deporte que ama.

Pero pronto encontró dificultades. No solo debía dedicarse a mejorar su habilidad como jugadora. Se topó con la desigualdad, el machismo, un bajo salario y ahora la incertidumbre de quedarse sin equipo.

Al iniciar un nuevo torneo, ella y otras tres jugadoras de la Liga MX Femenil —algunas de forma anónima, por temor a represalias—, accedieron a contar a Animal Político las principales dificultades, carencias e injusticias que han enfrentado como mujeres y futbolistas profesionales, en un deporte que siempre ha sido dominado por hombres.

Entérate: México tiene la peor brecha salarial de la región, mujeres trabajan más que los hombres y ganan menos

El presidente de la Liga MX, Enrique Bonilla, también explicó en entrevista los retos y avances que a su parecer ha tenido la liga profesional femenil, a tres años de su formación, y en un contexto en que las mujeres en México han salido a las calles para reclamar un alto a la violencia, acoso y desigualdad en su contra.

Foto: Liga MX Femenil (Imago7)

Foto: Liga MX Femenil (Imago7)

Mala logística y sin bonos

Cheyli se mudó a Puebla hace más de cuatro años para estudiar la carrera de Fisioterapia. Allí encontró la oportunidad de integrarse al equipo femenil de los Lobos BUAP.

En julio de 2018 la mediocampista debutó profesionalmente, pero casi un año después su equipo fue vendido, por lo que tuvo que buscar un nuevo club.

Encontró una oportunidad con las Tiburonas del Veracruz, donde solo jugó un semestre debido a que el equipo jarocho fue desafiliado, por problemas de adeudos.

El torneo pasado, el entonces capitán de los Tiburones, Carlos Salcido, reveló que las jugadoras del equipo femenil no tenían siquiera agua para hidratarse durante los entrenamientos, ni un nutriólogo que las ayudara con su alimentación.

Cheyli confirmó las malas condiciones y que la logística para las jugadoras en Veracruz nunca fue una prioridad. A falta de canchas para entrenamiento propias, ellas tenían que utilizar las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Futbol (CAR) en Veracruz.

“Todo lo que dijo Carlos (Salcido) es una realidad. Había momentos que no nos llegaba la hidratación y nos avisaban que nosotras teníamos que llevar nuestra propia agua (…) al entrenar no teníamos un lugar dónde cambiarnos porque en el CAR solo tenían baños generales, pero no vestidores para nosotras, por lo que terminábamos la práctica y era todo el tiempo que podíamos estar ahí”, relata.

El caso de Veracruz no fue aislado. El torneo pasado también salió a la luz que las jugadoras de Centellas del Necaxa tuvieron que viajar durante 10 horas en autobús de Aguascalientes a la Ciudad de México y jugar contra América una hora después de llegar, porque su directiva no quiso pagar avión u hospedaje en la capital.

Cheyli cuenta que con Veracruz el único viaje que hicieron en avión fue a Tijuana, para enfrentar a las Xolas, y todos los demás fueron en autobús, a pesar de las largas distancias a diferentes estados.

El tema de los viajes no es el único donde jugadoras reclaman malas condiciones, también hablan de desigualdad en los bonos que mujeres y hombres reciben de los clubes por obtener buenos resultados deportivos —en el torneo que recién terminó, hubo polémica porque jugadoras de Rayadas presuntamente no recibieron los bonos prometidos y solo les dieron iPads por ser campeonas, a diferencia de los hombres cuando fueron campeones— y por supuesto en los salarios, un tema clave.

Una jugadora de un equipo de la capital del país, que prefirió no dar su nombre, contó que su conjunto ha llegado por lo menos dos veces a la liguilla desde que ella está en sus filas, y la directiva no les ha dado bonificación alguna, como la que le prometen a los hombres.

Ana Paola López, jugadora del Pachuca, lamenta que las mujeres no puedan obtener los mismos premios.

La delantera considera que una razón que propicia la desigualdad en este rubro es que las jugadoras desconocen qué pueden pedir en sus contratos, debido a que sus sueldos todavía no les permiten tener un representante o asesoría legal.

Los hombres, agrega, siempre pagan por asesoría legal y por esta razón “ellos pueden ganar bonos hasta por respirar”.

La delantera asegura que en las cuatro liguillas a las que han accedido las Tuzas, incluso una llegando a la final contra Chivas, no han recibido bono, mientras que los hombres en ese mismo lapso solo entraron una vez a liguilla “y sabemos que sí les dieron bono”.

Sobre este tema la directora deportiva de Chivas femenil, Nelly Simón, dijo que está al tanto de que no todos los equipos pagan avión a sus jugadoras, les dan un autobús propio y cancha de entrenamiento, como en Chivas. Considera que cada club va a una velocidad distinta, dependiendo su capacidades económicas, y confía en el compromiso de las directivas para lograr, en la medida de sus posibilidades, una equidad de género entre hombres y mujeres.

Marion Reimers, comentarista y periodista deportiva, difiere de esta posición. Considera que sí hay dinero disponible, lo que falta es disposición. “No creo que sea un tema de recursos, ya que hasta Veracruz tuvo para pagar una deuda de 120 millones de pesos para permanecer en la Liga (ese pago la realizó en mayo de 2019) pero no para invertir en las chavas”.

La brecha salarial

En 2017 el sitio Sportingintelligence publicó el estudio Global Sports Salaries Survey, en el que realizó un análisis comparativo entre los salarios de las y los futbolistas en diversas ligas del mundo.

Según dicho listado, la liga de futbol femenil mejor pagada es la D1 Feminine, de Francia, donde cada jugadora percibe 49 mil 782 dólares anuales, lo equivalente a unos 936 mil pesos, es decir, casi 78 mil pesos al mes.

Son las mejor pagadas, aunque hay una gran brecha con los hombres de la liga en Francia. El sueldo promedio de los hombres por cada torneo (las cifras en el caso de los hombres son por torneo o por temporada, no de ganancias anuales) es de un millón 227 mil dólares. Es decir, ellas ganan en un año apenas el 4% de lo que reciben ellos.

En el caso de la Frauen-Bundesliga, de Alemania, el sueldo promedio anual de cada jugadora es de 43 mil 730 dólares, equivalentes a unos 822 mil pesos, más de 68 mil pesos mensuales. Los jugadores hombres de la Bundesliga perciben un millón 631 mil dólares por torneo jugado. Ellas ganan apenas el 2.38% de esa cantidad.

Respecto a la Liga estadounidense, la NWSL, las jugadoras tienen ingresos anuales promedio de 27 mil 54 dólares, unos 42 mil 409 pesos mensuales.

Los jugadores hombres de EU tienen un ingreso promedio, por torneo jugado, de 327 mil dólares, situación que ha provocado que, en los últimos años, las jugadoras estadounidenses se unan para exigir mejores condiciones.

En el caso de la Liga MX femenil, según el mismo estudio, el sueldo promedio mensual de las jugadoras es de 3 mil 420 pesos, apenas el 0.63% de lo que ganan los hombres.

En la Primera División de México, el sueldo mensual promedio para ellos ronda los 540 mil 456.50 pesos, y los que menos ganan perciben como mínimo 25 mil pesos mensuales.

Entre los jugadores mejor pagados de la Liga MX, según el sitio Transfermarkt, están el delantero francés de Tigres, André Pierre Gignac, y el portero mexicano del América, Guillermo Ochoa, quienes tienen un sueldo aproximado de 5 y 4.5 millones de dólares anuales, respectivamente. Es decir, al año reciben alrededor de 94 millones de pesos y al mes casi 8 millones de pesos.

No solo hay brecha en los sueldos de hombres y mujeres, si no que ellas, las jugadoras profesionales en México, tienen un ingreso promedio inferior al Salario Mínimo que es de 3 mil 696 pesos mensuales (123.22 pesos diarios).

Lee más: Sueldos atrasados y descuidos de logística, lo que enfrentan jugadoras de la Liga MX femenil

De las 12 ligas femeniles profesionales (de diversos deportes) analizadas en el estudio Global Sports Salaries Survey, la Liga MX Femenil ocupó el último lugar por los bajos sueldos de las jugadoras.

En sus declaraciones sobre las condiciones laborales del equipo femenil, el excapitán jarocho, Carlos Salcido, reveló que además de las precariedades todas las jugadoras del primer equipo percibían un sueldo mensual de 3 mil 700 pesos.

La cantidad fue confirmada por Cheyli, quien además añade que sus contratos solo estipulaban el salario, “no había otro tipo de prestaciones, solo contábamos con el seguro médico de la Federación”.

Con este sueldo, ella y sus compañeras tenían que cubrir todos sus gastos, incluyendo renta y comidas, porque el club tampoco les brindaba eso.

“Es muy complicado, teníamos que recibir ayuda de nuestras familias, ya que los horarios de entrenamientos también nos impedían trabajar en algún otro lado”, platica la jugadora. En este sentido, otras dos futbolistas entrevistadas señalaron que es casi misión imposible estudiar y dedicarse al futbol profesional, debido al tiempo y las exigencias de las dos actividades, por lo que deben optar por una de ellas.

De acuerdo con un par de testimonios recabados, hay algunos clubes en los que las jugadoras ganan a partir de 2 mil pesos mensuales, como mínimo.

“Acá se manejan tres sueldos que no alcanzan para sobrevivir ni obtener cosas básicas, el primero de 2 mil pesos, el segundo de entre 8 mil y 9 mil, y el último, que solo lo ganan tres jugadoras, es de entre 17 y 20 mil pesos”, dijo una jugadora de un Club del centro del país.

Quienes tienen el sueldo más bajo, dice, son las jóvenes que suben de la división Sub-17 al primer equipo, mientras que las que ganan más son las que tienen más minutos y más tiempo en la institución.

Ana Paola López, delantera del club Pachuca, comenta que el rango de los sueldos y las condiciones laborales cambian mucho, entre un club y otro. La directiva de Pachuca, dijo, ofrece mejores salarios que hace tres años, brinda casa club a las jugadoras y tienen su propia cancha de entrenamiento, entre otras mejoras.

Sin embargo, “hay mucha disparidad en los sueldos de la femenil, la diferencia es notable entre unos equipos y otros, el rango de los sueldos va desde los 2 mil pesos hasta 40 mil, sin mencionar los casos en los que ni siquiera se les paga, como en Veracruz”, señala Ana.

Geo González, comentarista de la cadena TUDN, dice en entrevista que el debate debe centrarse, en un inicio, en exigir que las jugadoras obtengan ingresos que les permitan vivir de forma digna por su actividad profesional.

El presidente de la Liga MX, Enrique Bonilla, dijo que el tema de los salarios depende 100% de los clubes y sus directivas, y negó que haya un tope salarial impuesto por la liga.

“Hoy los clubes están apostando por el desarrollo de las jugadoras y poder dar a conocer entre la afición su calidad, pero todo es un proceso, los jugadores varoniles no cobran ahora lo que cobraban hace años”, argumenta.

Al ser cuestionado sobre la brecha con el sueldo de los hombres, el presidente de la Liga MX prefiere no opinar, porque “no tengo la información completa de lo que sucede en cada club”.

La periodista Marion Reimers plantea que para que los clubes puedan mejorar las condiciones laborales y salariales de las jugadoras, primero debe haber un verdadero interés por invertir en los equipos femeniles, porque la industria del futbol en México genera suficientes recursos para hacerlo.

“Tú le puedes pagar 2 mil 500 pesos a las jugadoras, pero si les ofreces casa club, transporte, alimentación, nutriólogo, un preparador físico especializado en futbol femenil y asistencia para trasladarse dentro de la ciudad, aunque tendrían un sueldo bajo, todo lo demás estaría cubierto, y entonces a la larga tú contarías con una futbolista profesional que podría fichar en Estados Unidos”, dice Reimers.

La periodista resalta la inversión y el trabajo que sí se está haciendo en algunos equipos para profesionalizar a las jugadoras, como Pachuca, Chivas, Xolos, Monterrey y Tigres.

Por otro lado, concuerda con Bonilla en el hecho de que la Liga Femenil, en específico, debe ir creciendo poco a poco, sobre todo en el tema industria, para capitalizar el interés que ha generado, mismo que se ha comprobado en las grandes entradas registradas en diversos estadios.

“Varios equipos no se animan a invertir (en el futbol femenil) por machismo”, acusa.

Respecto a los salarios y las condiciones desiguales de bonos y traslados, entre otros, Reimers critica que a las mujeres se les inculque “un falso entendimiento de la humildad, en el que muchos dueños creen que por el simple hecho de jugar futbol ya deberían estar agradecidas”.

La periodista destaca la importancia de que todas las jugadoras se den cuenta que merecen tener buenos contratos, buenas canchas y buenas condiciones laborales.

“No es posible que ellas, que lo están haciendo bien y por amor al deporte, ganen tan poco. No tienen por qué ganarse un lugar ni el respeto de nadie, ese tiene que estar de inicio, el respeto es intrínseco, las mujeres tenemos derecho a jugar futbol bajo las mismas condiciones y punto”.

La brecha salarial por género en el futbol profesional es un tema internacional que se vio reflejado en el último Mundial femenil ganado por Estados Unidos. En dicho certamen, la FIFA entregó un premio de 30 millones de dólares para el equipo campeón, mismo que para la categoría varonil fue de 400 millones de dólares.

Ante la diferencia tan evidente, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, prometió duplicar el premio para el próximo mundial femenil, en 2023. Pero incluso esa cantidad seguiría siendo muy inferior. La gran brecha persistiría.

Foto: Liga MX Femenil (Imago7)

Foto: Liga MX Femenil

Solo 4 entrenadoras

Actualmente la Liga MX femenil se conforma de 18 equipos, de los cuales solo 4 son dirigidos por mujeres: Pumas (Ileana Dávila), Pachuca (Eva Espejo), Necaxa (Fabiola Vargas) y Tijuana (Carla Rossi).

El resto son dirigidos por hombres, aunque algunos clubes también cuentan con asistentes técnicas, preparadoras físicas, doctoras, kiniesiólogas o terapistas en sus equipos de trabajo. El número de integrantes de un cuerpo técnico, desde el entrenador o entrenadora y hasta los utileros, varía en cada equipo.

A nivel directivo solo Guadalajara y América han colocado a mujeres como directoras deportivas. En el resto de los clubes, las decisiones se toman desde la directiva del equipo varonil.

En mayo de 2019 Chivas nombró a Nelly Simón como directora deportiva, mientras que América contrató apenas hace unas semanas a Claudia Carrión para ocupar el mismo puesto. Antes de llegar al América, Claudia se desempeñaba como secretaria técnica de Pachuca femenil.

“Esta diferencia es por la brecha de género que hay en la Liga, porque sí hay muchas entrenadoras esperando una oportunidad”, opina Ana Paola López, aunque también acepta que como jugadoras siempre van a preferir la preparación que tenga el entrenador o entrenadora, más allá del género.

Este punto es apoyado por Marion Reimers, quien además agrega que debería ser requisito indispensable que el técnico o técnica tenga una especialización en futbol femenil.

Marion, quien ya tiene un título como directora técnica por la Federación Mexicana de Futbol, lamenta que en los contenidos que se abordan durante la carrera no haya una especialización en futbol femenil a pesar de que ya se cuenta con una liga profesional.

“Es importante porque hay muchas cosas que deben ser distintas, como la preparación y cuidado físico. Por ejemplo, estudios que se han hecho demuestran una correlación entre los ciclos menstruales y hormonales con las lesiones de ligamentos de las rodillas, entonces, si tú como preparador físico no sabes esto y sobrecargas de trabajo a la jugadora le puedes provocar un daño importante”, señala Reimers.

La directora deportiva de Chivas femenil, Nelly Simón, opina en entrevista que la falta de mujeres en puestos técnicos y directivos se debe a un tema de capacidad, y no de género.

“El único tema aquí, desde mi punto de vista como mujer, es que quizá las chavas tienen más confianza de acercarse y contarme cosas extra cancha, y de saber que voy a entenderlas (…) esto sí es un plus, pero insisto, no creo que sea un tema de género sino de capacidad, y aprovechar las oportunidades”.

La inferioridad en el número de entrenadoras con relación a los hombres también se vio reflejada en el Mundial femenil celebrado entre junio y julio de 2019 en Francia.

De los 24 equipos participantes solo 8 fueron dirigidos por mujeres: Estados Unidos (Jill Ellis); Escocia (Shelley Kerr); Alemania (Martina Voss-Tecklenburg); Francia (Corinne Diacre); Italia (Milena Bertolini); Japón (Asako Takakura); Holanda (Sarina Wiegman), y Sudáfrica (Desiree Ellis).

La final de este Mundial se jugó entre Estados Unidos y Holanda, ambos dirigidos por mujeres, resultado ganadoras las jugadoras de la selección norteamericana.

No piden lujos ni excesos, solo lo justo

Ante este panorama, las jugadoras en México solo piden que se valore su trabajo y se les ofrezcan condiciones laborales más equitativas, en relación con los hombres.

Cheyli rentaba una casa compartida con otras jugadoras en Veracruz y entre todas pagaban la renta y los servicios. Apenas si podían cubrir comidas y tener algo para pagar sus pasajes. Siempre necesitaron apoyo de sus familiares. Los 3,700 pesos no eran suficientes.

Ella incluso decidió hacer una pausa en sus estudios; o jugaba o estudiaba, y prefirió el balón y un futuro incierto, con tal de poder desarrollarse como profesional en el deporte.

Ana Paola también ha tenido que batallar para crecer. Con 23 años debutó en Pumas en 2017, y dos años después dejó a las universitarias para jugar con Pachuca, donde le ofrecieron un mejor sueldo, además de tener la oportunidad de crecer profesionalmente.

Sin embargo, Ana no lo tiene todo ganado. Aunque se siente afortunada por estar en un club que sí invierte en el equipo femenil, trabaja en sus horas libres para tener ingresos mensuales que le permitan tener una buena calidad de vida.

Al igual que Cheyli, pide a la afición que apoyen a los equipos femeniles y que vean los partidos, para que los directivos invierten más en ellas, y tengan más difusión, ya que ahora solo pocos equipos son transmitidos por televisión, y por canales de paga, además de que los horarios de sus partidos siempre están supeditados a los de los hombres. Ellos tienen prioridad.

Por su parte, Marion Reimers confía en que tarde o temprano la Liga femenil crecerá y se conseguirán mejores condiciones para las jugadoras, aunque aún falta un largo trecho.

“Todo esto solo es un megáfono de lo que está pasando en México, de que las mujeres estamos pegando fuerte, estamos creciendo. Las chavas lo están haciendo bien y la están rompiendo, a pesar de vivir un montón de opresiones y discriminaciones”.

Aunque no es una carencia que solo exista en la Liga MX Femenil, ya que ocurre en otros ámbitos profesionales, también está pendiente el que la Liga cuente con protocolos específicos en todos los equipos para que, si se presenta un hecho de este tipo, mujeres puedan denunciar acoso o agresión sexual, sin temor a represalias. Y también para los casos en que una jugadora esté embarazada, a fin de que cuente con respaldo y se respeten sus derechos laborales.

“Se habla muy poco de esto, son temas que las directivas tratan de evitar (…) en caso de embarazo no hay algo establecido pero sé que se apoya a la jugadora y puede regresar una vez que haya tenido a su hijo o hija”, comenta una jugadora de Pumas.

En el caso de Pachuca, Ana Paola López detalla que la entrenadora Eva Espejo logró crear, con el aval del director deportivo, Marco Garcés, un protocolo interno “para tratar y cuidar a jugadoras que se lleguen a embarazar, con el fin de que no le pongan fin a su carrera futbolística, y que cuenten con el apoyo del club durante el embarazo para poder regresar a jugar después del parto”.

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¿Es posible saber cuál país está haciendo lo correcto ante la COVID-19?

Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, nos ayuda a entender el complejo proceso de tomar decisiones en un contexto como el actual, en el que “la ciencia no nos puede decir qué hacer”.
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6 de septiembre, 2020
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“La ciencia no nos puede decir qué hacer”, reflexiona Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética“, le dice el doctor a BBC Mundo.

Wilkinson fue consultado en el artículo: “The philosophy of COVID-19: is it even possible to do the ‘right thing’?” (“La filosofía de COVID-19: ¿es posible hacer lo ‘correcto’?)”, publicado en el sitio de la universidad británica.

En el texto se reflexiona sobre el hecho de que en los últimos seis meses, en todos los continentes, autoridades y científicos han estado tratando de determinar qué se debe hacer frente a la pandemia.

“Por primera vez, en mucho tiempo, las consideraciones filosóficas se han convertido en materia de debate político y de conversaciones cotidianas“, indica el blog del que está a cargo Sarah Whitebloom.

“¿Es correcto privar a la gente de su libertad o no; dictar el comportamiento personal o no; cerrar las fronteras o no; para proteger la vida o el servicio sanitario o la economía o no?”, pregunta.

Entre opciones

En ese artículo, el investigador resalta que nuestro conocimiento sobre la COVID-19 ha ido cambiando con el paso de los meses y eso es clave a la hora de tomar decisiones y de juzgarlas.

Profesor Dominic Wilkinson

Cortesía: Dominic Wilkinson
Como profesor, Wilkinson se especializa en ética médica y como médico, en neonatología.

“Entonces” -se plantea en el texto- “¿cómo interpretamos los intentos de los países para abordar la pandemia? ¿Alguien está haciendo lo correcto?”

Según el profesor Wilkinson, ‘No hay una única respuesta correcta, depende de cómo sopesas tus opciones. Debes distinguir entre varias cosas'”.

¿Serían todas las decisiones igualmente validas? “No” -responde- pues hay que tomar en cuenta el contexto: algo que podría ser correcto de implementar en un país, puede no serlo en otro.

Además, pese a la incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos seguimos descubriendo, hay opciones que son erróneas.

Por ejemplo, “recomendar intervenciones no basadas en evidencia (como la cloroquina) podría verse como opciones ‘moralmente incorrectas‘”.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con dilemas éticos muy complejos.

“Hay muchos paralelismos con las profundas y difíciles preguntas que enfrentan los países cuando están en guerra“, señala Wilkinson.

La prioridad tiene que ser “salvar vidas”, destaca el profesor que conversó con BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.


En términos de qué es correcto hacer. ¿Qué desafíos nos está presentando esta pandemia?

El desafío fundamental es lo que están enfrentando los gobiernos.

En cierto sentido, son problemas con los que las sociedades tienen que lidiar todo el tiempo: cómo equilibrar las diferentes y, algunas veces, contrapuestas necesidades de su población.

Un placa de los pulmones

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Aunque nuestro conocimiento sobre el virus Cov-2 ha aumentado sustancialmente desde que se desató el brote hace seis meses, aún hay incógnitas que se están tratando de responder.

Lo que hace que la cuestión de la pandemia sea tan grave es la escala del problema y la necesidad de hacer concesiones muy difíciles.

Eso implica hacer sacrificios y buscar soluciones intermedias entre el bienestar de unos y de otros. Por ejemplo: entre las personas en riesgo de contraer COVID-19 versus otros miembros de la sociedad y los efectos en su bienestar desde la perspectiva económica y de empleo.

En adición, hay desafíos muy grandes debido a la incertidumbre que existe. Una de las razones que hace esta pandemia tan compleja es que los problemas que está suscitando no son los problemas estándar con los que los gobiernos están acostumbrados a encarar.

Obviamente, las enfermedades infecciosas y los temas de salud pública son asuntos con los que los gobiernos están relativamente familiarizados, aunque no siempre sean simples de enfrentar.

Pero estamos ante una nueva amenaza que trae muchos desafíos e incertidumbre sobre los beneficios, así como también sobre los costos, de las distintas maneras de responder a ella. Por ejemplo: las diversas formas de confinamiento y de distanciamiento social.

Quizás sin notarlo mucho, cada día, todos hemos estado envueltos en consideraciones filosóficas debido a la pandemia. ¿Por qué ocurre eso?

La pandemia ha resaltado ciertos asuntos éticos que son muy difíciles y que ameritan soluciones de compromiso, concesiones.

Una mujer frente a una pantalla

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Varias economías ya han empezado a sentir los efectos de la crisis que desató la pandemia.

Algunos de ellos se presentan en tiempos de normalidad, pero quizás de una forma no tan visible o dramática.

Por ejemplo, evaluar el costo en la economía, en términos de dinero, y la cuestión de las vidas que son salvadas, es un planteamiento con el que están muy familiarizados los gobiernos. No es una pregunta muy cómoda de responder, pero a la que están acostumbrados todo el tiempo:

‘¿Cuánto dinero invierto en mejorar las carreteras para prevenir accidentes de tránsito? ¿Cuánto invierto en fármacos o en el sistema sanitario en general para mejorar la salud de las personas y evitar muertes?’

Le tienen que poner un precio a la cantidad que están dispuestos a pagar para salvar una vida.

Personas fuera de un hospital

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En muchos países, gran parte de la atención médica se ha concentrado en atender a las personas afectadas por la COVID-19.

La misma pregunta, en esencia, se invoca cuando los gobiernos tienen que tomar decisiones sobre cómo intentar balancear los beneficios potenciales de salvar vidas versus el costo económico.

Obviamente, podrías salvar el máximo número de vidas manteniendo a todos los países en confinamientos totales hasta que haya una vacuna disponible. Pero eso va a provocar un costo económico muy grande y, la medida en sí misma, va a cobrarse vidas en diferentes maneras.

Existe evidencia de que las crisis económicas por sí solas acarrean graves consecuencias sanitarias, incluyendo: efectos en las tasas de pacientes con cáncer, personas con enfermedades mentales, suicidios.

Este tipo de cálculos son los que tienen que hacer los gobiernos todo el tiempo, pero en el contexto de esta pandemia se hacen muy visibles.

¿Cuán difícil es para quienes diseñan las políticas públicas tomar decisiones basados en un virus del cual aún se desconocen muchos aspectos porque es muy nuevo?

Es tremendamente difícil.

Hay dos tipos de incertidumbres: la científica y médica, que tiene que ver con el virus: que pasaría si los gobiernos no hacen nada, cuántas vidas se podrán en riesgo, que sucedería si se toman acciones, cuán efectiva será la vacuna cuando esté disponible.

Y está la incertidumbre ética: cómo actuar frente a esta amenaza.

En ese contexto, los diferentes gobiernos tomarán decisiones distintas y no sabremos hasta dentro de muchos años, cuando veamos hacia atrás, qué país hizo la elección que resultó siendo ventajosa, pero ahora es muy difícil saber cuál es la decisión correcta.

En el artículo de la Universidad de Oxford, usted señala que en el actual contexto, algunas decisiones son tomadas de buena fe. ¿Es eso suficiente?

Desde el punto de vista de la ética, todo lo que podemos hacer es tomar decisiones con la información que tenemos.

Médicos en un hospital

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Dilemas éticos y filosóficos que siempre han enfrentado médicos, legisladores y líderes políticos ahora son parte de las conversaciones de muchos ciudadanos en todo el mundo.

Cuando me refiero a tomar decisiones de buena fe, es hacerlo sobre la base de las motivaciones y las intenciones correctas y con la información con la que se cuenta.

Puede pasar que la información que tienes es incorrecta, que las estimaciones de las diferentes opciones terminen siendo erróneas, pero no puedes tomar decisiones sobre la base de información que desconoces.

Algo que tienes que hacer es tomar en cuenta la posibilidad de que puedes estar equivocado. Por eso, los gobiernos tienen que mirar un abanico de diferentes resultados potenciales y la incertidumbre que rodean las estimaciones.

Esa es una de las razones por las cuales no se trata simplemente de seguir la ciencia porque la ciencia no da una sola respuesta sobre lo que pasará o cuál podría ser el efecto de una particular acción.

Se trata más bien de una gama de diferentes posibilidades y sobre la base de eso, tomar las decisiones.

En el artículo se plantea que los esfuerzos internacionales buscan preservar la vida. “¿Pero la vida de quién? ¿un enfermo que sufre de COVID-19, un paciente con cáncer, una persona que pierde su trabajo?” Es un dilema inmenso para enfrentar en tan corto periodo de tiempo desde que comenzó el brote ¿no?

La dificultad es que no hay manera de evitar tomar decisiones. No hacerlo o no actuar es una resolución en sí misma.

Personas aplaudiendo

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Al inicio de pandemia, muchos ciudadanos en todo el mundo coincidieron con sus gobiernos en la necesidad de quedarse en casa.

Dado el número de decisiones que los gobiernos tienen que tomar y de lo cambiante de la situación que están enfrentando, es inevitable que no opten por algo determinado.

Y podrían llegar a tomar resoluciones que serán criticadas y que podrían terminar siendo, a la luz del conocimiento adquirido con posterioridad, no las mejores opciones.

Por eso, tienen que estar preparados para cambiar de idea, para revisar sus puntos de vista a medida que la ciencia evoluciona y para admitir que tomaron una decisión que no fue la mejor.

Muchas personas podrían pensar que, como se trata de una pandemia, la ciencia debería indicar qué se debe hacer, pero usted señala: “La ciencia no puede decirnos a qué valores debemos darle peso”. ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos sobre lo que deberíamos hacer, sólo llegaremos a una respuesta con una serie de hechos y un conjunto de valores éticos.

Un ensayo clínico

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“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética”, indica Wilkinson.

La ciencia no genera valores éticos, la ciencia nos ayuda a entender los hechos.

Cuando queremos actuar en relación a ellos: ¿qué deberíamos hacer?, aparecen los valores éticos.

Por esa razón la ciencia no nos puede decir qué hacer o que deberíamos hacer, la ciencia sólo nos puede decir qué pasaría si actuamos de determinadas maneras.

Nosotros tenemos que decidir cómo balancear diferentes valores éticos que podrían estar en riesgo: cuál es el más importante, a cuál le vamos a dar prioridad, cuál precio estamos dispuestos a pagar y cuál no, y, entonces, tomar una decisión.

Considero que es profundamente engañoso sugerir que la ciencia, en sí misma, es la base de la toma de decisiones.

La ciencia tiene que estar en el corazón de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética.

Usted señaló que “el momento más complicado aún está por venir”, pues nos esperan más decisiones éticas difíciles que van más allá de los confinamientos, por ejemplo: quiénes recibirán las primeras vacunas. “No sabemos todavía qué tolerará la gente, qué harán”. En relación a eso, hay personas que sienten que los confinamientos han afectado sus derechos. ¿En este contexto, es difícil llegar a la decisión con la que todos estemos satisfechos?

La política está familiarizada con la idea de que no puedes complacer a todo el mundo.

Dos mujeres se saludan con una ventana de por medio

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Las medidas para evitar la propagación del coronavirus han tenido impacto en los diferentes grupos de edad.

Uno de los aspectos interesantes es que en las fases iniciales de la pandemia, en muchos países, hubo un amplio apoyo hacia las acciones tomadas por los gobiernos, en algunos casos dramáticas y con un impacto significativo en las vidas de las personas.

Pero algo que se está volviendo evidente es que a medida que pasa el tiempo, parte de ese apoyo se ha disipado y hay más división sobre lo que debe pasar: algunos están a favor de continuar con las restricciones para evitar otras olas (de contagios); otros creen que los gobiernos no pueden seguir imponiendo restricciones y deben relajar las medidas para que la economía se recupere.

Esa es una de las razones por la cual los gobiernos están en una creciente presión para flexibilizar las medidas que tienen que ver con los confinamientos, pero, hasta que no haya una vacuna, la potencial consecuencia de eso es que hayan olas de infecciones, como hemos visto en Europa y en otras partes.

Y existe la posibilidad de que coincida, en el hemisferio norte, con el invierno, que es tradicionalmente una época difícil.

Hay una gama de razones por las cuales algunas de las decisiones más difíciles están por venir.

También ha dicho que no todas las decisiones pueden ser válidas y hace una especial reflexión sobre tratamientos que no han sido probados científicamente.

En la situación actual, los gobiernos tienen más de una opción razonable para escoger.

Personas con mascarillas

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Existe evidencia científica de que el uso de mascarillas ayuda a frenar la propagación del coronavirus.

Para algunas naciones, puede ser razonable continuar con la decisión de mantener el número de casos muy bajo con la implementación de medidas restrictivas.

También pueden haber otros países que se inclinen por medidas más flexibles.

El decir que hay potencialmente más de un enfoque razonable no significa que cualquier enfoque es aceptable.

Claramente hay algunas respuestas que no son razonables y que debemos rechazar, incluyendo las que se apartan significativamente de una comprensión científica de lo que se pone en riesgo o de lo que puede ser útil.

Por ejemplo, quienes rechazan las mascarillas o quienes sugieren medidas que no tienen una base científica o que la ciencia ha demostrado que son perjudiciales.

Considero que es importante criticar cuando gobiernos o personas que hablan en público recomiendan cosas que son irrazonables.

Usted ha dicho que es muy difícil saber qué países están haciendo lo correcto en medio de estas dramáticas circunstancias y que sólo en varios años se podrán saber cuáles fueron las mejores estrategias. ¿Por qué hay que esperar años?

Estando en plena pandemia, es difícil conocer todos los impactos de las decisiones que estamos tomando, algunos no serán visibles por años.

Planeta

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De acuerdo con Wilkinson, el tiempo es clave para poder evaluar el impacto de las medidas que se están tomando en plena pandemia.

Las comparaciones entre países, por ejemplo, sólo se harán patentes con el tiempo.

Cuando veamos todas las diferentes consecuencias en la salud de los pacientes -excluyendo quienes hayan sufrido covid-19- se verá el impacto en quienes sufren de cáncer, quienes no recibieron algún tratamiento, quienes desarrollaron enfermedades mentales o quienes sufren problemas de salud debido a la recesión económica.

Esos efectos no se sabrán hasta después de un tiempo, cuando tengamos suficiente información para juzgar.

Es decir, en su opinión, es casi imposible saber quién está haciendo lo correcto.

Así es. Vale la pena señalar que se puede distinguir entre una decisión correcta y un proceso correcto para tomar esa decisión.

Una trabajadora de la salud

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La pandemia encontró a algunos países mejor preparados que otros para lidiar con sus efectos.

En las decisiones que se han tomado de una manera transparente, el público puede ver por qué los gobiernos están optando por determinadas alternativas, que se trata de decisiones guiadas por la evidencia científica y que son susceptibles a los cambios que se producen en la ciencia y a la incertidumbre que puede conllevar.

Eso es muy importante.

Que son decisiones que están abiertas a las revisiones y al cambio de opinión en el futuro en caso de que varíe la información.

Todas esas características son positivas en el proceso de toma de decisiones y los países en los que se han dado esos elemento, creo que tendrán una mejor probabilidad de justificar sus decisiones, incluso si, en retrospectiva, se les pueda cuestionar por haber tomado las decisiones equivocadas.

Desde la perspectiva de un doctor dedicado a la ética médica, ¿qué lecciones le está dejando esta pandemia?

Uno de los aspectos más sorprendentes es que algunos países se habían preparado extremadamente bien para tomar decisiones difíciles en el contexto de una pandemia, habían hablado con su población con anticipación y les habían dicho:

‘Si alguna vez nos enfrentamos a una pandemia de gripe realmente grave, ¿qué les gustaría que hiciéramos si tuviéramos que tomar decisiones relacionadas, por ejemplo, con los respiradores: ¿quién debería utilizarlos?”

Hace cinco o diez años, comunidades en algunos estados de Estados Unidos participaron en discusiones sobre esas decisiones. Eso las puso en una posición muy fuerte cuando llegó la pandemia para decir: ‘Está bien, ya tuvimos una discusión. Tenemos preparadas algunas pautas, ahora podemos implementarlas’.

Creo que la dificultad cuando estás en el ojo de la tormenta es que no hay una manera significativa de promover conversaciones hipotéticas con la comunidad, porque el desafío es reaccionar y muchas veces se hace de forma instintiva porque ya la tienes al frente.

Y eso podría llevar a que no se tomen las mejores decisiones.

Creo que una de las lecciones importantes es que debemos prepararnos para amenazas muy sustanciales como esta.

A algunos países les ha ido bien en esa preparación y a otros menos bien.

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