“La hago de detective para buscar a mi esposo policía”: Las historias de la Caminata por la Paz
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Alejandro Ponce

“La hago de detective para buscar a mi esposo policía”: Las historias de la Caminata por la Paz

Sandra camina despacio y en silencio junto a cientos de personas en la Caminata por la Paz y la Justicia que, como ella, sufrieron desapariciones forzadas a manos de las mismas fuerzas policiacas que debían protegerlos.
Alejandro Ponce
25 de enero, 2020
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Sandra Jazmín Luna ya lo ha intentado todo. Ha ido a los Ministerios Públicos, a la Policía Federal, a hospitales, a los depósitos de cadáveres, a fosas clandestinas. Todo. Incluso, a sus 32 años, y pese a que jamás imaginó que tendría que llegar hasta ese punto, también ha tenido que hacerla de detective para adentrarse en las profundidades de Tecámac, el municipio conurbado del Estado de México, donde un 13 de marzo de 2018 desapareció su esposo, Juan Serafín Hernández.

“Él tenía ya cinco años trabajando como Policía Federal, en la unidad de escoltas. Y un día, de la noche a la mañana, me lo arrebataron”, lamenta Sandra, que entre sus manos sostiene una lona con la fotografía de su pareja, un hombre de 34 años, de complexión atlética, ojos color café, un metro sesenta de altura, y dos tatuajes en los hombros.

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Ahora, un año y medio después de aquel día, Sandra camina despacio y en silencio junto a cientos de personas en la Caminata por la Paz y la Justicia que, como ella, también portan lonas, mantas, fotografías, y playeras con los nombres de los familiares que, en algunos casos, sufrieron desapariciones forzadas a manos de las mismas fuerzas policiacas que debían protegerlos.

Pero, Sandra dice que el hecho de que su esposo sea policía federal no la hace sentirse una extraña en la caminata. Al contrario, subraya, “los familiares de los policías también somos víctimas de la violencia”, y por ello marcha y grita las mismas consignas que el resto. Con la misma rabia y el mismo dolor.

“Aquí nos volvimos hermanos de dolor”, la Caminata por la Paz en fotos

“Que mi esposo sea policía no significa que lo busquen más que al resto, o que lo hagan más rápido. A la Policía Federal le da igual, para ellos es solo un desaparecido más”, dice enojada la madre de tres hijas de 13, 12 y de 8 años, que reprocha a la corporación policiaca que le “cerrara las puertas” cuando acudió a ellos para pedirles ayuda en su caso, motivo por el que tuvo que armarse de valor y coraje para hacer su propia investigación a pie de calle recorriendo Tecámac, uno de los municipios del Estado de México más golpeados por la violencia.

“Las investigaciones no me han dado resultado, por eso yo lo estoy buscando sin las autoridades, aunque luego se enteran y me regañan. Me dicen que es muy peligroso andar por ahí investigando sola. Pero si ellos no hacen nada, ¿qué puedo hacer? -pregunta y mira la fotografía de su esposo vestido de saco y corbata-. Solo me queda hacer de detective y buscarlo por mi cuenta -se responde-, porque mis hijas y yo lo necesitamos mucho”.

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“Hermanos de dolor”

A pocos metros de distancia, en la vanguardia de la caminata donde, como en la primera jornada del jueves, los hermanos Lebarón, especialmente Adrián, se desgañitan gritando consignas como “No más violencia” o “Pedir justicia no es un show”, se encuentra Rubén Alonso Gómez, de 35 años.

Tocado con un sombrero beige de ala ancha para cubrirse de los rayos del sol del mediodía, Rubén camina junto a María Salvadora Coronado, con quien comparte pláticas, silencios, y una enorme lona con los nombres y fotografías de nueve personas desaparecidas. Entre ellas, su hermana Marazuba Teresa Gómez Montes, también agente federal adscrita a la unidad antisecuestro, que desapareció en Durango el 29 de noviembre de 2010 cuando apenas tenía 24 años.

“Por supuesto, las corporaciones que nos dan protección también son víctimas, porque nadie está exento de la violencia”, apunta Rubén.

Antes de entrar a la unidad antisecuestros, su hermana se acababa de licenciar en Derecho. Ella, como muchos otros jóvenes, formó parte de la nueva horneada de agentes tras la convocatoria lanzada por el entonces presidente Felipe Calderón para dotar a las corporaciones de seguridad de “gente nueva, limpia y libre de corrupción”.

Corrían años complicados: la guerra contra el narco y todo lo que eso implicaba. Pero en aquel momento, dice Rubén, no vieron como una mala decisión que Marazuba, cuya foto en la manta describe a una joven guapa, de grandes ojos negros y tez morena, dedicara su vida a una profesión de tan alto riesgo y en un contexto tan complejo para México.

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“En ese momento no nos dimos cuenta. Creo que cuando la violencia no te afecta de manera directa, piensas que todo va a estar bien, que a ti no te va a pasar nada”.

Pero, el mal día llegó: Marazuba desapareció junto a otros compañeros de la Unidad Antisecuestros de Durango, quienes planeaban implementar un nuevo programa de seguridad para la entidad. Y diez años después, no hay pruebas, ni una explicación de los hechos, ni cuerpos, ni pistas, nada.

Por eso, explica Rubén, lleva una década marchando junto a Javier Sicilia y los hermanos Lebarón, a quienes saluda y abraza como “hermanos de dolor y de la tragedia”.

Y es por eso también, hace hincapié, que participa en esta caminata junto a tantas otras personas anónimas afectadas por la violencia. Para generar conciencia entre los mexicanos de que hoy les ha tocado a ellos marchar para exigir justicia, pero mañana nadie está exento de la violencia y de la impunidad que la protege.

María Salvadora Coronado, de 50 años, también pide esa unidad de los mexicanos ante la barbarie. Aunque lamenta que la búsqueda de un ser querido, en su caso Mauricio Aguilar Leroux, su esposo desaparecido en mayo de 2011 en Córdoba, Veracruz, la ha llevado a tener que soportar un doble desgaste: el de la incertidumbre de no saber nada de su pareja, y el de afrontar los estigmas y las etiquetas que le coloca la gente con comentarios del tipo: “Seguro que tu esposo algo andaba” o “algo habrá hecho”.

Lee: Discurso completo al inicio de la Caminata por la Verdad, la Justicia y la Paz de Sicilia y LeBarón

Pero aquí, en la Caminata por la Paz, María asegura que se siente segura. Querida, incluso. Apapachada.

“Cuando camino junto a estas personas, siento que ya son como mi propia familia. Con ellos no hay prejuicio ni estigmas. Hablamos, caminamos, nos abrazamos, cantamos, lloramos…”, dice la mujer, mientras de la Caminata emergen ahora unas voces femeninas, agudas, que cantan ‘El amor eterno’ de Juan Gabriel.

“Solo estas personas entienden lo que siento -concluye María observando la fotografía de su esposo-. Porque ellos padecen mi mismo dolor”.

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Qué poder tienen los evangélicos en EU y por qué son cruciales para Trump

Sacudieron la política del país hace 40 años. Se volvieron un pilar del Partido Republicano y del presidente Donald Trump. Pero las elecciones de noviembre volverán a medir su influencia.
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5 de octubre, 2020
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¿Volverán a ser los evangélicos una fuerza clave en las elecciones de Estados Unidos en 2020?

Cuatro décadas después de haber sacudido la política de este país, ese grupo religioso es hoy un pilar electoral del Partido Republicano y del presidente Donald Trump, que busca otro mandato en noviembre.

En las elecciones de 2016 en EU, uno de cada cuatro votantes se identificó como cristiano evangélico blanco, según encuestas. Y la gran mayoría de ellos (81%) votó por Trump.

El presidente “va a necesitar eso y quizás más para ganar en noviembre, así que son muy influyentes”, dice John Fea, un profesor de historia en la Universidad Messiah de Pennsylvania autor del libro “Créeme: el camino evangélico a Donald Trump”, en diálogo con BBC Mundo.

Pero para entender el verdadero peso político de los evangélicos en EE.UU. y su improbable alianza con Trump, es necesario retroceder un poco en el tiempo.

El fin y los medios

Los evangélicos entraron a la arena política de EU como reacción a la legalización del aborto en el caso de Roe vs. Wade de la Corte Suprema en 1973 y al avance de una agenda progresista en el gobierno del demócrata Jimmy Carter (1977-1981).

Líderes religiosos conservadores contrarios al aborto y la diversidad sexual, con el pastor televangelista Jerry Falwell a la cabeza, fundaron en 1979 la organización Mayoría Moral para movilizar fieles a favor de políticos que defendieran sus causas.

En las elecciones de 1980, dos de cada tres votantes evangélicos blancos apoyaron al candidato presidencial republicano Ronald Reagan, quien venció a Carter con su discurso conservador, opuesto al comunismo.

Ronald Reagan en 1979

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Ronald Reagan se impuso a Jimmy Carter en las elecciones de 1980 con un amplio apoyo de evangélicos blancos.

Así surgió la unión política entre republicanos y evangélicos, que hasta hoy mantienen al tope de sus aspiraciones anular Roe vs. Wade y colocar jueces conservadores en la Corte Suprema.

Los evangélicos blancos han sido un bloque electoral más conservador y numeroso que los evangélicos afroestadounidenses, que priorizan la “justicia racial” y por lo tanto tienden a apoyar mayoritariamente a los demócratas, explica Fea.

Y apunta que, a diferencia de los protestantes no evangélicos o católicos, los evangélicos blancos “están mucho más unificados, forman un bloque de votantes”.

“En cierto sentido, quieren que se realicen sus aspiraciones políticas, por lo que el fin justifica los medios”, dice. “Pero desde fines de los años ’70 y ’80 los evangélicos blancos también han sido tentados por el poder político: les gusta estar en el Despacho Oval” de la Casa Blanca.

Manifestantes a favor y en contra del aborto protestan frente a la Corte Suprema de Estados Unidos.

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La batalla contra del aborto ha sido prioridad constante de los evangélicos en EU por décadas.

Greg Smith, director asociado del Centro Pew de Investigación, señala que el vínculo de ese sector religioso con el Partido Republicano perdura hasta el presente.

“Hemos visto durante mucho tiempo que los protestantes evangélicos blancos están entre los votantes republicanos más consistentes de EU y entre los partidarios más fuertes, leales y consistentes de Donald Trump”, dice Smith a BBC Mundo.

“Salvar a EU”

El peso electoral de los evangélicos blancos en EU hoy es bastante mayor que su decreciente presencia demográfica.

En 2016 eran 17% del total de la población, seis puntos menos que una década antes, según el Instituto de Investigación de Religión Pública en Washington.

Se estima que en los últimos cuatro años la proporción de evangélicos blancos en EU cayó otros dos puntos, hasta 15% de la población.

Votantes en una escuela de primaria en el condado de Chesterfield, Virginia

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Los evangélicos blancos sumaron un cuarto de los votantes de EU en 2016, aunque sólo eran 17% de la población.

Sin embargo, en las últimas elecciones fueron el 26% del total de votantes.

Sarah Posner, autora del reciente libro “Profano: por qué los evangélicos blancos oran en el altar de Donald Trump”, señala que el movimiento no sólo se apoya en líderes de iglesias sino también en medios propios de TV y redes sociales.

“La derecha religiosa tiene una operación muy sólida y bien organizada para incentivar el voto, por lo que son muy importantes para que el Partido Republicano gane elecciones”, dice Posner a BBC Mundo.

La unión de evangélicos y Trump suele verse como una extrañeza de la política de EU: religiosos que predican sobre moral aliados a un hombre acusado de infidelidades matrimoniales, casado tres veces, que se ha expresado de forma obscena sobre las mujeres y agresiva sobre los inmigrantes.

Pero Trump recibió en 2016 un apoyo de los evangélicos blancos aún mayor que sus antecesores republicanos.

Joe Biden en un evento de la campaña en marzo.

Getty Images
Biden fue vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama.

Y, si bien la aprobación de los evangélicos blancos a Trump cayó algunos puntos en medio de la crisis de coronavirus y las protestas por injusticia racial, cerca de ocho de cada 10 votantes de ese grupo aún se inclinan a votar por él, según encuestas.

El bajo nivel de apoyo de los blancos evangélicos al candidato demócrata Joe Biden contrasta con el amplio respaldo que recibe entre los protestantes negros (cercano a 90% en un reciente sondeo de Pew) y el hecho de que es favorito en las encuestas de votantes en general.

El respaldo de los evangélicos blancos a Trump es atribuido a la ansiedad que sienten ante los cambios raciales y culturales que EE.UU. tuvo en las últimas décadas.

“Trump representa al hombre fuerte que creen que necesitan para salvar a EU del liberalismo“, indica Posner. “Lo ven no necesariamente como un cristiano como ellos, sino como un líder improbable que Dios ha ungido para salvar a EU.”.

Prueba de fuerza

Trump tiene un vicepresidente evangélico como Mike Pence y varios miembros de su gabinete pertenecen a ese movimiento religioso o cultivan lazos con el mismo.

En esta campaña, Trump ha buscado asegurarse de que los evangélicos vuelvan a sufragar por él.

Por ejemplo, ha repetido que ya colocó dos jueces para la Corte Suprema y el mes pasado nominó a otra que, si es confirmada por el Senado, puede dar a los conservadores una mayoría firme en el máximo tribunal.

Donald Trump

Reuters
Trump ha buscado asegurarse el voto evangélico en noviembre de distintas formas, algunas de ellas polémicas.

Trump también acusó a Biden de estar “contra Dios” y “contra la Biblia”, aunque el exvicepresidente es un católico practicante y ha recibido el reciente respaldo de algunos líderes evangélicos blancos.

Además, Trump causó polémicas que le valieron críticas de figuras religiosas, por ejemplo al posar para las cámaras con la Biblia en la mano ante una iglesia, para lo cual fue dispersada a la fuerza una protesta pacífica en la zona.

Su campaña también apuesta a atraer votantes evangélicos negros y latinos, que tienen posturas conservadoras en temas como el aborto pero son más abiertos a la inmigración y las políticas sociales, lo cual puede inclinarlos por Biden.

Así, la elección será una nueva prueba de fuerza para los evangélicos de EU y su peculiar alianza con el presidente.

“La participación electoral entre los evangélicos blancos será muy importante para Trump: necesita que salgan en grandes cantidades. Si no”, advierte Posner, “será mucho más difícil para él ganar”.


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