Ley que prohíbe bolsas en CDMX opera con reglas provisionales, por ahora no habrá multas
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Ley que prohíbe bolsas en CDMX opera con reglas provisionales, por ahora no habrá multas

Desde el primer día del 2020 entro en vigor la ley que prohíbe las bolsas de plástico pero aún faltan normas complementarias.
Cuartoscuro
15 de enero, 2020
Comparte

La CDMX cumple 15 días con la prohibición de las bolsas de plástico de un solo uso y aún hace falta una normativa técnica.

Además, aunque se había anunciado que a partir de este miércoles se multaría a los comercios que dieran bolsas a sus clientes, esto aún no aplicará pues solo habrá revisiones a los establecimientos y se les invitará a dejar de usar bolsas.

El decreto de la Ley de Residuos Sólidos de la Ciudad de México publicado en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México señala la prohibición de la comercialización, distribución y entrega de bolsas de plástico al consumidor, “excepto las compostables, siempre y cuando cumplan con las especificaciones de compostabilidad establecidas a través de las normas ambientales”.

Dice también que “las bolsas compostables deberán integrarse en un plan de manejo que garantice su adecuada gestión y composteo”.

Lee: CDMX prohíbe venta de plásticos de un solo uso

Sin embargo, aunque la Ley ya entró en vigor todavía está pendiente la norma técnica de compostales que detallará el manejo que se hará de este material.

La directora General de Evaluación de Impacto y Regulación Ambiental de la Sedema, Andrée Lilian Guigue Pérez, señala que quien debe asegurarse de que la mayoría de estas bolsas compostables lleguen a ser compostadas es quien las produce.

“Se les autoriza producir bolsa compostable porque tienen un plan de manejo que es viable y está certificado”, dice la funcionaria a Animal Político.

Guigue Pérez asegura que ninguna bolsa se degrada por sí sola y las bolsas compostables se vuelven composta si se llevan a una planta de tratamiento y “esto es la diferencia entre una que se composta y las que se convierten en microplásticos”.

La funcionaria dijo que las normas ambientales de la ciudad se trabaja en grupos de trabajo instalados luego de una convocatoria pública, por lo que llevará tiempo su creación.

“Todo este proceso lleva un tiempo importante, algunas se han llevado entre 8 y 14 meses. Pero eso no va a restringir que de manera inmediata estemos trabajando con los industriales que dicen tener producción de compostables, lo vamos a hacer de manera inmediata con lineamientos temporales”, dijo Guigue Pérez.

“Lo que acordamos con la industria es que mientras la norma técnica de compostables es publicada como debe de ser y discutida con los actores que están participando vamos a aceptar las solicitudes de estas empresas que dicen fabricar bolsas compostables siempre y cuando haya una certificación que garantice que en efecto son bolsas compostables”.

Te puede interesar: Hidalgo prohíbe a establecimientos utilizar bolsas de plástico, popotes y unicel

Guigue Pérez asegura que “ninguna bolsa se degrada por sí sola, hay que llevarlos a procesos controlados para que podamos tener esta degradación, las bolsas de plástico no importa del origen que tengan, tardan en degradarse desde los 100 hasta los 500 años dependiendo de su consistencia”.

De acuerdo con la funcionaria las bolsas compostables se vuelven composta si se llevan a una planta de tratamiento y “esto es la diferencia entre una que se composta y las que se convierten en microplásticos”.

Las sanciones no van dirigidas a la ciudadanía

Los comercios que no acaten la medida se harán acreedores a multas de entre 42 mil a 170 mil pesos, según datos de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México.

Sin embargo, Guigue Pérez asegura que “el objetivo de la prohibición no es aplicar sanciones sino que erradiquemos de nuestra cotidianeidad el plástico de un solo uso, de ahí que se hayan prohibido en un primer momento las bolsas que conocemos como de acarreo en la que nos daban nuestras cosas cuando compramos”.

De acuerdo con la funcionaria la aplicación de sanciones es posible desde el momento en que la Ley entró en vigencia pero lo que actualmente se está haciendo es una campaña con el propósito de comenzar a informar a la ciudadanía y evitar la etapa de las sanciones.

“Lo que queremos ahorita es que a nadie le haga falta información y que las personas cumplan la disposición legal por convicción pues esto es algo que va más allá de los intereses pues estamos hablando del bien del planeta”, mencionó.

Según la funcionaria “el periodo informativo va a continuar hasta que tengamos mayor conocimiento de la disposición y no existe un periodo establecido para empezar a sancionar”.

Lee: Alista tu canasta: no habrá más bolsas de plástico en la CDMX a partir de 2020

Sin embargo, Guigue Pérez aclaró que actualmente ya se están recopilar todas las denuncias de la ciudadanía sobre en dónde les están entregando bolsas de plástico y actuar en consecuencia.

“Lo primero que hacemos es buscar esos establecimientos con denuncias y los invitamos a que se restrinjan de estar dando bolsas, esta actividad nos ha dado muchos elementos para saber que muchos de los grandes comercios están cumpliendo la disposición legal”.

Los ciudadanos que observen este tipo de prácticas de parte de los establecimientos los podrá denunciar en Dirección General de Evaluación de Impacto y Regulación Ambiental de la Sedema o en el Instituto de Verificación Administrativa (Invea).

Guigue Pérez agregó que “la visita de inspección es un acto administrativo”, que “tiene que ser en función de una serie de reportes que nos están haciendo y lo que vamos a ver es si se está infligiendo, en caso de que sea así se aplica una sanción que va desde una multa económica hasta la clausura del lugar comercial”

“Lo que más nos ocupa es seguir informando a todas las personas porque no queremos que por falta de conocimiento se vean afectados los comercios que también son fuente de empleo y parte de la economía de la ciudad”, señaló Guigue Pérez.

¿Las bolsas biodegradables son la solución?

Gabriela Jiménez Casas, ecologa y encargada de difusión del Instituto de Ecología (IE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó que el problema no es que una bolsas sea reciclable o no, sino el uso que se le da.

“Por lo general lo que hace la gente es que la usa y la tira aunque esté buena. Una buena bolsa de plástico se puede lavar y se puede usar varias veces. El problema es el abuso que hacemos todos de las bolsas, del plástico y de todo”, dijo la especialista.

La experta explicó que “nos están metiendo muchas cosas que llaman plásticos biodegradables, pero son entre comillas porque al menos el 50% siguen siendo plasticos y muchas veces esas cosas que dicen que son biodegradables no se degradan solo por echarlos a la tierra”.

La especialista señaló que este tipo de materiales tienen que pasar por un proceso industrial para que pueden ser desintegrados, y este proceso se puede convertir en nuevo problema a largo plazo porque la cantidad de agua y energía utilizada en esas máquinas puede rebasar el beneficio.

Miguel Rivas, especialista de Greenpeace México, explicó que lamentablemente los plásticos biodegradables compostables solo se compostan bajo ciertos parámetros de presión, temperatura, humedad que no son las que uno podría tener en una composta casera. “Tampoco tirándola al medio ambiente esto se va a deshacer y se va a reintegrar a los ciclos de la naturaleza y es ahí la clave del problema”.

Rivas contó que para muchos industriales la compostadora la tiene que construir el Estado, pero para él la solución es muy simple: “si ellos van a poner esas cosas en el mercado son ellos quienes tienen que hacerse cargo junto con el consumidor sobre cómo generar la cadena de recuperación para que se composte”.

De acuerdo con Rivas “las bolsas biodegradables compostables vuelven a lo mismo porque van a terminar en los basureros y le da a la gente la falsa idea de que con su uso puede redimirse de esta contaminación pensando que lo hacen ecológicamente bien cuando en realidad es más de lo mismo”.

Prohibir la distribución de bolsas no soluciona el problema

De acuerdo Rivas no sólo prohibiendo las bolsas vamos a lograr algo, pues las bolsas son uno de los muchos articulos prescindibles que podríamos ahorrarnos.

“Nada va a cambiar si no cambia el modelo de producción y consumo en general que hoy nos entrega todo envuelto en plástico pero eso tiene que ser a nivel federal” dice el experto de Greenpeace.

En este sentido Miguel Rivas contó que Greenpeace junto con la Alianza México sin plástico están promoviendo una serie de modificaciones para la prevención del sistema integral de los residuos que tiene como puntos centrales: reconocer la responsabilidad de quienes fabrican y ponen en el mercado los productos, prohibiciones a lo innecesario, programas de educación e información en los mismo envases sobre cómo estos perjudican y cómo se puede realizar su adecuado acopio.

Pero para Greenpeace lo más importante es evitar las falsas soluciones como los bioplásticos o los biocombustibles. “Es una falsa solución porque nos hace creer que las cosas mágicamente desaparecen y en realidad solo generan más contaminación. Como es el caso de los bioplásticos que solo genera basura ecologica”.

El experto de Greeanpeace también mencionó que la solución parte en el origen: “es dejar de transformar derivados del petróleo en plásticos porque la crisis climática y la pérdida de la biodiversidad que hoy vivimos lo demanda”.

Rivas dijo que hay que tomar medidas urgentes y generar alternativas que puedan ser reusables, que se generen envases que puedan ser intercambiados, y que se cree nueva tecnología.

“Lo desechable tiene que desaparecer, es un negocio obsoleto que ya va de salida en todas partes del mundo, y tienen que dejar de amenazarlos con los empleos que se van a perder pues es una industria y como cualquier otro negocio debe innovar conforme a los tiempos que se están viviendo”, señaló.

Para la especialista del IE esta Ley no es mala, pero necesita que la sociedad sea educada en consecuencia, además de hacer otras contribuciones. Advierte que sus beneficios no se verán reflejados al menos hasta dentro de 5 años.

“Debemos tener paciencia y conciencia de que tenemos que disminuir nuestra producción de basura, no nada más de bolsas de plástico, sino de todo tipo de basura inorgánica”, comentó.

Gabriela Jiménez dijo que para hacer sostenible una zona o un ecosistema, se necesita que el ecosistema sobreviva de manera natural y que la gente que vive en ese lugar pueda vivir de lo que le da el ecosistema sin matarlo. Para eso se requiere un equilibrio.

Como ejemplo la experta señaló el bosque que habita la mariposa monarca. “La gente dejó de talar los árboles y tuvieron que pensar en otra cosa que les beneficiara sin dañar el ecosistema. Fue así como en esa zona comenzó a practicarse el ecoturismo. Ellos mismos cuidan del lugar e intentan evitar la tala clandestina”, señaló.

“Algo así tenemos que hacer aquí con los plásticos, usarlos de una manera responsable que nos beneficie a todos pero que al mismo tiempo nos ayude a cuidar el ambiente. Hay que buscar un equilibrio en el que todos salgamos beneficiados”, apuntó Jiménez.

Para lograrlo, la experta reconoció que es un esfuerzo multifactorial, y requiere de un trabajo conjunto de investigadores, académicos, gobierno, industria, sociedad civil y medios de comunicación.

Para ella, la Ley tiene que funcionar si se aplica con criterio y paciencia. “El chiste es hacer una buena campaña de concientización muy clara para que la gente lo crea y lo entienda. Es necesario que entiendan que las acciones son conjuntas y que no eres tú, somos todos”, agrega.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

El épico viaje de un grupo de estudiantes en un autobús viejo más allá de la Cortina de Hierro

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este. Se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.
24 de octubre, 2020
Comparte
The gang in front of the bus in Pisa

1968 CRD253 Group
De Escocia a Estambul vía Pisa.

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este.

Patrocinado por dos fabricantes de whisky escocés, se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.

El autobús era un antiguo AEC Regent MkII de Reading Transport Corporation, un modelo que ahora tiene su propia página de Wikipedia y un público fiel.

Luego de servir por mucho tiempo al público, el autobús estaba estacionado con una variedad de reliquias desechadas afuera de un garaje en Spittalfield, una pequeña ciudad al norte de Perth, en Escocia.

Ian Jack y su amigo Dave Stickland tenían vagos planes para algún tipo de viaje de verano.

Pasando por delante del garaje un día de mayo de 1968, los estudiantes vieron los autobuses y, por capricho, se detuvieron para preguntar el precio de los un piso.

Costaban unos US$520, increíblemente caros.

Pero, justo cuando se iban, el dueño del garaje los llamó y les ofreció uno de dos pisos, con menos demanda, por la mitad del precio.

Comprar un vehículo tan grande era “una idea ridícula”, por lo que declinaron y se fueron, dice Ian.

“Pero luego regresamos a la universidad y se corrió la voz y, de repente, la gente quiso darme algo de dinero para comprarlo”.

El viaje

El viaje estaba en marcha. La joya de la ingeniería británica construida en Southall estaba a punto de encontrarse con la Europa continental.

Quitaron los asientos para dar espacio a los colchones donados por su universidad, St Andrews.

Compraron trozos de alfombra, y Wendy Scott, una de las doce compañeras de viaje, hizo cortinas para la cubierta superior, tanto para las ventanas como para colgarlas en los dormitorios, para dar a las cinco estudiantes a bordo algo de privacidad.

Map of the entire route

Google
No había Google Maps en 1968.

Los arreglos para dormir eran algo en lo que la prensa local estaba particularmente interesada.

Instalaron una pequeña cocina y armaron una ducha improvisada con agua calentada por el sistema de enfriamiento del motor del autobús.

No había retrete, solo una pila de papel higiénico y la aceptación de que cualquier llamada de la naturaleza tendría que ser respondida al aire libre.

Intentamos que fuera cómodo“, dice Wendy, que ahora vive en Newcastle.

Bus parked near Hagia Sophia museum and the Blue Mosque in Istanbul

1968 CRD253 Group
Durante la estancia en Estambul, cerca de Santa Sofía.

“Tratamos de hacerlo habitable, porque sabíamos que íbamos a tener que dormir allí. Ya sabes, no hoteles ni nada. Tendríamos que dormir en este autobús durante 10 semanas”, agrega.

A veces dormían afuera si el clima lo permitía.

“Te despertabas por la mañana en la parte superior del bus, mirabas hacia abajo y allí estaba Ian, tocando la flauta, la gaita Absolutamente maravilloso. ¿Qué más quieres en esta vida?”, dice Wendy.

El camino

No es fácil precisar exactamente cuántos eran en total. Wendy recuerda 13, Ian piensa que 15.

Pero poco importa, ya que tenían la costumbre de recoger gente en el camino, por lo que su número fluctuaba constantemente.

Un soldado estadounidense, de vacaciones en Múnich, estaba tan atraído por el autobús que subió con su bicicleta y se quedó.

Un par de austriacos se unieron a ellos en Viena y no se fueron durante un mes. Uno, Klem, resultó ser chef y hábil en la “cocina” en la parte trasera del autobús, con su pequeña cocina de gas.

“Tuvimos mejillones y pollos… Ah, tuvimos comidas maravillosas”, dice Wendy, con melancólica.

Wendy Scott lying on a mattress on the beach by the Black Sea

1968 CRD253 Group
Wendy escribió un diario durante el viaje.

Recogieron los mejillones directamente del mar. Las gallinas, compradas vivas en un mercado, se volvieron locas en el autobús.

Dos días antes de llegar a Roma, Klem compró unos caracoles como regalo para su madre y los guardó en un gran cubo. A la mañana siguiente estaban por todas partes.

En Cluj, en el norte de Rumania, un viajero británico les dio las claves de cómo comprar cerveza durante lo que entonces era una escasez nacional.

Cuando el mismo problema se presentó en Bucarest, habían aprendido la lección.

“En ese momento sabíamos que la única forma de comprar cerveza era esperar en las puertas de la cervecería hasta que saliera un camión, luego seguirlo hasta su destino y pagar”, dice Ian.

Hanging out of the windows (l-r): Sarah Lowe, Wendy Scott, Rosemary Stanning. Just visible in the bus: Carol Cave and Margaret Hardisty (Hills). Outside: Roland Lisker, Klemens Hedenig, Dick Moore, Bryan Powell, Ian Jack, Dave Stickland, Mike Hughes, Nigel Hungerford, Sandy Scott

1968 CRD253 Group
El número de viajeros variaba de un país a otro.

El grupo había persuadido a la empresa de whisky escocés Teachers para que les pagara unos US$100 a cambio de un anuncio en el lateral del autobús y la promesa de repartir folletos promocionales escritos en inglés, francés y alemán.

“Recuerdo que iba por la autopista, cuando estábamos atrapados el tráfico, repartiendo folletos”, dice Wendy.

“La gente pensaba que estábamos locos“.

En Turquía y más allá

Conducir en Estambul era una “pesadilla” de calles estrechas llenas de gente, carretillas, carros tirados por burros y balcones colgantes.

Una calle se hizo más y más estrecha hasta que no pudieron ir más lejos.

“Los balcones daban contra el piso superior del autobús”, recuerda Ian. “Tuvimos que dar marcha atrás, cuesta arriba, provocando enormes perturbaciones en el tráfico”.

Para entonces, el autobús ya estaba bastante estropeado.

Se había quedado atascado debajo de un puente en la carretera a Núremberg y en otra ocasión se le habían desinflado los neumáticos.

The bus in Vienna by the parliament building on the Dr Karl Renner Ring

1968 CRD253 Group
Una productora de whiskey les dio algo de dinero por llevar un anuncio.

Luego, un día de agosto a la mitad del viaje, estuvieron a punto de caerse de la ladera de una montaña.

El camino era demasiado estrecho y la roca que sobresalía de un lado los obligó a alejarse tanto que las ruedas del autobús rozaron el borde del acantilado.

“Los lugareños se pararon frente al autobús tratando de persuadirnos de que no siguiéramos“, recuerda Margaret Hills, amiga de Ian, otra exmiembro del grupo.

“La pista estaba sin asfaltar, escombros de piedra caliza, estrecha, con voladizos en un lado y un precipicio en el otro. Fue tan aterrador”, dice.

Esto no sorprenderá a nadie familiarizado con el Paso de Cakor, una peligrosa carretera de montaña a través de Kosovo, entonces parte de Yugoslavia.

The bus on the very edge of the road on the Cakor Pass, Yugoslavia (Montenegro)

1968 CRD253 Group
El Paso de Cakor fue una de las carretera más peligrosa que tuvieron que atravesar.

Pero Ian tenía en una falsa sensación de seguridad por el nombre de la carretera, E27, que sonaba como una carretera principal.

La ruta, no obstante, pronto se deterioró hasta convertirse en una pista de grava con curvas cerradas alrededor de un desfiladero empinado.

“Algunas oraciones fueron pronunciadas incluso por los miembros ateos del grupo”, dice Ian. “Si hubiera sabido algo de esto de antemano, no hay forma de que me hubiera atrevido a intentar la E27”.

Otras peripecias

Después de viajar durante el día, estacionaban en cualquier lugar para pasar la noche: playas, apartaderos y, en una ocasión, un bosque en las afueras de Múnich que resultó ser un campo de tiro del ejército.

Un puente cerca del Danubio en Viena parecía agradable hasta que los drogadictos locales comenzaron a congregarse.

Visitaron tantos lugares que Wendy, ahora una viajera experimentada, no puede recordarlos todos.

Reflexionando sobre la clara evidencia de que fueron a un concierto en la famosa catedral de San Esteban de Viena, dice que “no tiene ningún recuerdo”.

Su diario dice que fueron, “así que definitivamente he estado allí”.

Ian, el cerebro del viaje, había recorrido parte de la ruta el año anterior en una motocicleta y un sidecar con Dave.

Conocía los mejores lugares para ir, dice Margaret, que ahora vive en Sandhurst. en Berkshire.

“Recuerdo que me llevaron por una ciudad con un calor sofocante similar y me dejaron en una piscina, que era la más fría que había experimentado. ¿Cómo diablos supo que estaba allí? Entonces no había wi-fi ni Google”.

Ian dice que tenían “algunos mapas razonables”.

Sin embargo, también tenían que tener cuidado con su dinero. A finales de los años 60, los controles destinados a mantener estable la economía significaban que la suma máxima de dinero que los viajeros británicos podían sacar del país era de 50 libras esterlinas.

Los pantalones vaqueros y bolígrafos occidentales resultaron ser una buena alternativa al dinero en efectivo y los amigos descubrieron un hospital en Kavala, en Grecia, que pagaba por donaciones de sangre.

También deseosos de no gastar más de lo necesario, idearon un plan para evitar un impuesto a los pasajeros que viajaban a Yugoslavia.

Después del puesto fronterizo griego, se bajaron del autobús y caminaron, fingiendo estar solo de paso, y se volvieron a subir una vez pasado el punto de control yugoslavo, no sin antes tener que hacer una larga caminata que los dejó de mal humor.

Las fronteras

Los cruces fronterizos no siempre fueron fáciles: el grupo generalmente fue interrogado y con frecuencia registrado.

En Bulgaria, los funcionarios de aduana sospecharon que transportaban artículos de contrabando.

“Me obligaron a pasar por un foso de inspección que me dio una oportunidad útil, y la única, de revisar la parte inferior del autobús mientras los guardias fronterizos buscaban drogas o lo que sea”, recuerda Ian.

Cruzar el Telón de Acero hacia Hungría fue difícil y lento, pero por diferentes razones que solo se hicieron evidentes más tarde, dice.

The Red Army and the troops of four other member countries of the Warsaw Pact (Hungary, Poland, Bulgaria and East Germany) invade Czechoslovakia, 21 August 1968

Keystone-France/Getty Images
Fue un año inestable en esa parte de la Cortina de Hierro.

Al ver un gran número de transportadores de tanques rusos, estaban “muy conscientes” de que algo se estaba gestando, dice Wendy. Pero no sabían qué y no se quedaron mucho tiempo.

Unas semanas más tarde, en la noche del 20 al 21 de agosto, Hungría se unió a otros cuatro países del Pacto de Varsovia -Polonia, Bulgaria, Alemania Oriental y la Unión Soviética – en la invasión de Checoslovaquia.

Los amigos acababan de evitar la Operación Danubio, la represión militar soviética a la Primavera de Praga, un intento de cuatro meses de los checos por recuperar parte del control de su país de manos de Moscú.

El regreso

Pero cuando los tanques se preparaban para cruzar la frontera, Ian y el grupo ya estaban de camino a casa, cruzando el Canal en el ferry de Dunkerque a Dover.

Wendy regresó pronto a Dundee con seis peniques en el bolsillo y las primeras 7.500 millas de lo que se convertiría en toda una vida de viajes.

La relación de Ian con el autobús duró un poco más. A principios de septiembre de 1968, lo condujo por última vez, de regreso a Aalst en Bélgica, donde estaba un hombre que había querido comprarlo cuando pasaron por la ciudad por primera vez dos meses antes.

The bus in 1981 in Meer, near the town of Aalst in Belgium

Ian Charlton
El bus en 1981.

Terminó como la carroza ganadora en el Carnaval de Aalst del año siguiente.

Y si los fanáticos del músico Cliff Richard encuentran que toda esta historia recuerda a su película de 1963 Summer Holiday, con el autobús, el grupo de amigos, el canto, el baile y la ocasional y peligrosa pista de montaña yugoslava, Ian dice que ni siquiera los inspiró.

La película pasó inadvertida para ellos por completo y todavía no la ha visto.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=HfP7FM3vmp8&t=14s

https://www.youtube.com/watch?v=vGFBBkfuOZk

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.