Niños trabajadores en el Metro y Central de Abasto enfrentan rezago educativo, discriminación y violencia
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Niños trabajadores en el Metro y Central de Abasto enfrentan rezago educativo, discriminación y violencia

Un informe presentado por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHDF) detalla el panorama para la población infantil trabajadora en la capital del país.
Cuartoscuro
23 de enero, 2020
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Afectaciones en salud, educación, desarrollo físico y mental, así como discriminación y violencia son el panorama al que se enfrenta niños, niñas y adolescente que se dedican a trabajar, específicamente en el Sistema de Transporte Colectivo Metro y en la Central de Abasto de la Ciudad de México. 

Esto, de acuerdo con un informe presentado por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHDF), que ubica a la capital del país como la segunda entidad con la tasa más baja de trabajo infantil (5.4%). 

Leer: Diario mueren en México más de 3 niñas, niños y adolescentes a causa de la violencia

El documento, que cita varios estudios de 2015 y 2017, identifica en el Metro a por lo menos 1420 menores de edad trabajando en estaciones, de los cuales 457 tenían entre cero y cinco años de edad (105 menores de tres años –68 eran bebés o lactantes– y 352 de entre tres y cinco años), así como 121 pertenecientes a algún grupo indígena. 

Rezago educativo 

El informe asegura que el trabajo o los menores de edad que acompañan a sus padres se ven afectados en su rendimiento escolar, por lo que son más propensos a abandonar la escuela. 

“En su informe sobre trabajo infantil en México la OIT (Organización Internacional del Trabajo) observó que las niñas, los niños y las y los adolescentes en esta situación presentan mayores tasas de reprobación y rezago escolar, y menores logros educativos como consecuencia del cansancio y agotamiento con el que llegan a las aulas después de largas jornadas de trabajo, muchas veces en situaciones precarias e insalubres”, expuso el documento. 

De acuerdo con el informe del organismo, la población infantil trabajadora tiene limitadas posibilidades de permanecer en el sistema educativo formal debido, entre otros temas, a la falta de expectativas sobre la escuela, así como a la falta de apoyo en los planteles para este grupo. 

Alimentación 

El documento afirma que alguna de la prácticas alimenticias observadas en niñas, niños y adolescentes trabajadores en la Ciudad de México representan un riesgo no solo para su salud, sino también para su desarrollo .

Principalmente por la existencia de “entornos inadecuados” que pueden afectar su desarrollo físico, cognoscitivo y emocional, como la contaminación por ruido, basura, accidentes laborales y actividades riesgosas. 

Por ejemplo, quienes trabajan en la Central de Abasto son más propensos a padecer enfermedades broncorrespiratorias e infecciones gastrointestinales por los cambios bruscos de temperatura a los que están expuestos. 

Además, es frecuente que recurran a la automedicación, debido a que la mayoría de las personas entrevistadas carece de algún tipo de seguridad social. 

El informe resulta que muchos niños, niñas y adolescentes se encuentran en un ambiente en el cual su trabajo representa un ingreso importante para el hogar. 

“El trabajo infantil puede incrementar el ingreso del hogar a tal grado que investigadores y especialistas señalan que también aumenta significativamente la probabilidad de sobrevivencia de la familia. Más aún, la sobrevivencia de la familia depende del trabajo infantil, independientemente de si es llevado a cabo en condiciones peligrosas o no peligrosas”, detalla. 

Entérate: Gobierno federal, sin estrategia para atender a menores de 5 años

Violencia y discriminación

La población infantil trabajadora también se enfrenta discriminación, rechazo y exclusión por parte de la sociedad, pues “tienden a verlos como delincuentes”, señala el documento. 

“Ejemplo de ello es lo mencionado por niñas y niños que trabajan en la Central de Abasto, quienes refirieron haber sufrido bullying y discriminación también por su situación económica, lo que constituye uno de los factores por los que no asisten a la escuela. Dicha situación es particularmente evidente entre las hijas y los hijos de recolectores de basura, a quienes suelen llamarles cartoneros”, destaca. 

Estas afectaciones , insiste el estudio, tienen impactos en el goce y ejercicio de diversos derechos, como el de cuidado. 

La situaciones de inseguridad y violencia que enfrenta esta población también cambiará si son mujeres, integrantes de algún grupo indígena o migrantes.

Tan solo en entre los menores de edad que trabajan en Metro y otros espacios públicos, el estudio detectó varias situaciones de riesgo como el que los asalten y les quiten los productos que venden; el decomiso de su mercancía; agresiones del personal del Metro y de otros vendedores y usuarios; acoso sexual, incluso de los policías, y el riesgo de ser abusados y raptados.

 

La CDHDF también identifica medidas inemdiatas que deben tomar varias autoridades, “para que en 2025 se ponga fin al trabajo infantil en todas sus formas”. 

También llama a avanzar en el cumplimiento de los convenios sobre la edad mínima de admisión al empleo y peores formas de trabajo infantil,los cuales fueron ratificados por México en 2015 y 2000.

“De manera particular, se tiene que trabajar en la restitución de los derechos de niñas, niños y adolescentes trabajadores y acompañantes, lo cual implica una mirada integral que conlleva además la restitución de derechos de sus familias y de las personas adultas que están a cargo de ellos”. resalta.

Aquí puedes consultar completo el informe especial “La situación del trabajo infantil y el trabajo adolescente en edad permitida en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, la Central de Abasto y otros espacios públicos de la Ciudad de México”.

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La sorprendente pasión por lo retro en el ultratecnológico Japón

Japón es conocido por su tecnología de punta, desde la inteligencia artificial, hasta la robótica, pasando por los videojuegos. Sin embargo, el país asiático es uno de los principales mercados de aparatos analógicos.
19 de enero, 2020
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Un cliente de la tienda de Inada examina una vieja cámara.

Yuko Komura
En Japón prosperan las tiendas de cámaras antiguas.

El barrio de Nippori en Tokio es conocido por su ambiente de centro histórico, repleto de compradores en sus calles comerciales. Es aquí, entre los comercios retro, donde una tienda de cámaras abrió sus puertas en 2016. En una vitrina que cubre toda la pared de la tienda, las cámaras irradian nostalgia.

Un cliente entra a la tienda pidiendo baterías nuevas. Saca de su bolso una cámara analógica sueca fabricada hace cuatro décadas. Durante aproximadamente 15 años, el hombre ha usado cámaras digitales, pero al recordar que tenía esta cámara escondida en la casa de su infancia, decidió desempolvarla.

Mitsuba-dou Camera Shop se especializa en reparaciones y reventas. Aquí no encontrarás lo último en cámara digitales; la tienda solo ofrece cámaras antiguas.

Con 31 años, Shinichiro Inada es su joven propietario. Con habilidad, cambia la batería e inserta una nueva película. “Ahora puedes volver a usar tu cámara”, le dice Inada, devolviéndole la cámara a su propietario. El cliente está satisfecho; irá a un taller de fotografía el próximo fin de semana.

“Nuestros clientes incluyen fotógrafos que han usado cámaras analógicas durante 50 años y usuarios novatos que nunca antes han tocado una de estas cámaras”, comenta Inada.

“La mayoría de nuestros clientes tiene entre 10 y 20 años. Parece que admiran el efecto único de las imágenes de la cámara analógica publicadas en sitios de redes sociales como Instagram”.

¿Alta tecnología o cultura analógica?

Japón es generalmente considerado un país “de alta tecnología”. Los Walkman de Sony, las consolas de videojuegos de Nintendo y los códigos QR son algunos ejemplos de la tecnología japonesa que arrasó en todo el mundo.

Cámara instantánea Polaroid antigua.

Yuko Komura
En Japón se ha registrado un aumento de la preferencia por lo analógico.

Según el Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI), el presupuesto de Japón en investigación y desarrollo para tecnología industrial ocupa el tercer lugar después de Estados Unidos y China. Japón sobresale a nivel mundial en áreas de electrónica doméstica, robótica, automóviles y desarrollo espacial.

Pero al mismo tiempo, en Japón se ha registrado un aumento en la preferencia por lo analógico, como las viejas cámaras de carrete.

Un paraíso para amantes de lo analógico

“Para cualquiera que ame lo analógico, Japón es como el cielo”, dice Bellamy Hunt, una entusiasta de las cámaras filmadoras inglesas que vive en el barrio Kichijoji de Tokio.

Después de viajar por el mundo, Hunt eligió Japón para establecerse en 2004 y siete años más tarde abrió su tienda de cámaras analógicas en internet: Japan Camera Hunter.

Antes de eso, Hunt pasó dos años trabajando en una tienda de cámaras a la que acudían fotógrafos profesionales. Aprendió por experiencia que, en Japón, no se toleran errores: todo tiene que estar “al 100%”.

Se dio cuenta de que sus clientes cuidaban sus cámaras y que mantener las herramientas de su oficio era una forma de expresión y orgullo en su trabajo.

Un hombre viendo cámaras antiguas.

Yuko Komura
Clientes de todo el mundo se encuentran en Japón un paraíso de cámaras analógicas.

Hunt cree que es esta actitud de cuidado lo que define la calidad de las cámaras disponibles en Japón.

La mayoría de los aficionados compran sus cámaras en el mercado de segunda mano. En comparación con las cámaras disponibles en otros lugares, las vendidas en Japón tienen menos acumulación de polvo, menos piezas faltantes y están, en su mayoría, en perfecto estado.

Dice que la “accesibilidad” es otra característica de la cultura japonesa de las cámaras analógicas.

Durante las últimas décadas, estas cámaras se han popularizado, no solo entre un puñado de fanáticos, sino dentro de una base más grande.

Tanto “cheki” (una cámara instantánea estilo la Polaroid de Fujifilm) como “utsurundesu” (una cámara desechable de un solo uso, también de Fujifilm) son asequibles y son las más vendidas desde su debut en el mercado hace más de 20 años.

En las principales ciudades hay grandes tiendas electrónicas y tiendas de segunda mano que se dedican a las cámaras analógicas, lo que brinda acceso a cámaras de todo el mundo.

Arte visual

Dentro de las calles del barrio Nakameguro de Tokio se encuentra Waltz, una rara tienda en el mundo de hoy que se especializa en la venta de cintas de casete.

Abierta en 2015, la tienda cuenta con una colección de más de 6.000 cintas. Expuestas sobre mesas de madera, las cubiertas brillantes de los casetes no se ven retro o nostálgicas.

Interior de la tienda Waltz, especializada en la venta de cintas de casete.

Yuko Komura
Waltz es una rara tienda que hoy en día se especializa en la venta de cintas de casete.

“Las cintas de casete no son elementos del pasado, sino parte de una cultura musical nueva y en expansión”, explica Taro Tsunoda, el propietario de Waltz. Aunque la tienda también vende casetes de segunda mano más antiguos, su enfoque principal son las cintas nuevas.

Según Tsunoda, desde 2010 ha habido un aumento en el número de artistas, principalmente de la costa oeste de Estados Unidos, que han relanzado canciones en forma de casete. Como resultado, las cintas se han revaluado a escala global. La compañía de análisis de música BuzzAngle Music informó que las ventas de cintas de casete han experimentado un aumento dramático en 2018, con un 18,9% más que el año anterior.

“El empaque rectangular en las cintas de casete es como un libro de arte creado por el músico. Por lo tanto, mi tienda está aquí para presentar su trabajo como arte visual”, dice Tsunoda.

Diseñó el interior de la tienda a imagen de una galería de arte moderno.

Incluso las cintas de casete de segunda mano están envueltas y en perfectas condiciones. No hay un solo casete fuera de lugar. “La atención está en los detalles. Quizás eso sea muy japonés”, dice Tsunoda con una sonrisa.

Más de la mitad de los clientes que visitan Waltz son extranjeros, y aunque muchos trabajan en la industria de la música, también hay profesionales de la moda y el diseño. En 2017, Waltz fue catalogado como un “Lugar Gucci”, destacándolo como un lugar que inspira a la marca de lujo.

¿Qué dice de la economía de Japón?

Akira Takamasu, vicepresidente de la Universidad de Kansai y profesor de sociología, dice que “la cultura analógica de Japón está directamente relacionada con el crecimiento económico del país”.

Taro Tsunoda, propietario de Waltz.

Yuko Komura
Taro Tsunoda cree que los casetes son como “un libro de arte creado por el músico”.

Takamatsu lanzó un arriesgado proyecto en la universidad en 2001, dirigiendo una compañía discográfica independiente y creando música junto a los estudiantes.

“Los discos tienen una calidez y profundidad de sonido únicas, razón por la cual hay personas que todavía aman el vinilo. Pero esa no es la única razón por la que las personas prefieren los discos”, dice.

“El auge del audio se produjo en Japón durante los años 70 y coincidió con la burbuja económica de la posguerra. La gente comenzó a sentir la seguridad monetaria que permitía el gasto, no solo en las necesidades cotidianas, sino también en los nuevos fenómenos culturales, que, en ese momento, eran los vinilos”.

Takamasu señala el estancamiento económico del último cuarto de siglo en Japón como la razón que está impulsando el amor por lo retro.

“Si la movilidad social no ha mejorado durante 25 años, que es más de la mitad de la carrera de un trabajador, entonces comprar tendencias es más costoso”, dice. “Quizás volver a los viejos hábitos retro refleja una actitud japonesa que muestra el otro lado del estancamiento”.

Cualquiera que sea la razón (una economía ralentizada, hábitos de consumo hipster o simple nostalgia), el amor de Japón por los aparatos viejos demuestra que si no está roto, no lo arregles.


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