La apuesta de un científico mexicano por salvar al ‘tiburón sierra’
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La apuesta de un científico mexicano por salvar al ‘tiburón sierra’

Desde la plataforma de Océanos Vivientes, el doctor Ramón Bonfil impulsa la conservación y conocimiento de tiburones, rayas y, en especial, de las dos especies del llamado ‘tiburón sierra’ que está hoy en peligro de extinción.
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Por Thelma Gómez Durán / Mongabay
15 de febrero, 2020
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Ramón Bonfil Sanders tenía ocho años cuando su familia dejó la Ciudad de México y se instaló en Coatzacoalcos, Veracruz, donde tenía como vecino al mar. Ese tiempo en el que pasaba todas las tardes jugando en la playa lo dejó atado al océano y, por eso, cuando descubrió que existía una carrera que le permitía estudiarlo no dudó en que ese era su destino.

Viajó a Ensenada e ingresó a la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California. Se sumergió en el estudio de los tiburones por casualidad, cuando su primer trabajo fue dirigir un proyecto sobre pesquería de tiburones en Yucatán. A finales de la década de los años ochenta dejó México y se fue al Reino Unido a estudiar la maestría en biología pesquera y manejo de pesquerías. Años después se instaló en Canadá para estudiar un doctorado sobre manejo de recursos naturales y ciencias ambientales, enfocado a la evaluación y manejo pesquero de tiburones y rayas.

Regresó a México un par de décadas después. Para entonces, ya había publicado una revisión mundial de las pesquerías de tiburones, un libro sobre técnicas de manejo para la pesca de tiburones y rayas, así como una guía de identificación de tiburones y rayas del Mar Rojo y otra para el Caribe.

Además, su investigación sobre la migración transoceánica de los tiburones blancos ya se había publicado en la revista Science; sus estudios, y su impulso de una propuesta internacional, permitieron que esta especie se incluyera en el Apéndice II de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

Al instalarse en México, el doctor Ramón Bonfil fundó la organización Océanos Vivientes. Desde esa plataforma impulsa la conservación y conocimiento de tiburones, rayas y, en especial, de las dos especies del llamado ‘tiburón sierra’ que hace varias décadas eran abundantes en las aguas mexicanas y cuyas poblaciones están hoy En Peligro de extinción.

¿Cómo surge su interés por estudiar a los tiburones?

Fue a partir de un proyecto sobre la pesquería de tiburones que comencé en 1984, en Yucatán, y en el que estuve trabajando durante unos cinco años. En ese entonces se habían realizado muy pocos estudios sobre tiburones a nivel mundial y, sobre todo, en México. Seguí estudiándolos en la maestría y el doctorado. Realicé una revisión de las pesquerías mundiales de esta especie y de ahí surgió el primer estudio a nivel internacional sobre pesquerías de tiburones que publicó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

¿Qué mostró ese estudio?

Que en todo el mundo se estaba pescando mucho tiburón de una manera desordenada, sin ninguna regulación. Además, no se estaba estudiando a las poblaciones de tiburón, no existía un manejo pesquero adecuado, solo se le explotaba. Ya para entonces comenzaba a surgir una preocupación científica sobre lo que estaba pasando con los tiburones en el mundo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) creó un grupo de especialistas en tiburones y me invitaron a formar parte para empezar a recabar información. Cuando en 1994 sale la revisión de las pesquerías que realicé, el documento llamó mucho la atención. Después la FAO me invitó a colaborar en la actualización de la guía mundial de identificación de todas las especies de tiburón que se publicó en 2001.

¿Cómo es que pasa de estudiar las pesquerías de tiburón a impulsar su conservación?

Vi que no era suficiente con estudiar a los tiburones, que teníamos que hacer algo más para protegerlos. Los tiburones son una maravilla de la evolución y nos los estamos acabando, con ello estamos afectando los ecosistemas. Cuando desaparecen los tiburones hay un desbalance en los ecosistemas marinos en donde ocurre esa pérdida. Tendríamos que saber que los tiburones son muy frágiles, porque sus poblaciones tardan mucho tiempo en reproducirse y recuperarse. No podemos seguir pescándolos en forma indiscriminada.

Me enfoqué más a la conservación de tiburones cuando trabajé en la Wildlife Conservation Society; mi misión era empujar convenciones internacionales para que en la pesca de atún y de otras especies se empezara a considerar el cuidado de los tiburones. En ese entonces, también tenía la inquietud de estudiar la migración de los tiburones utilizando marcas satelitales. Gracias a un colega de Sudáfrica, y al financiamiento de un donante de Nueva York, pude estudiar la migración de tiburones blancos en Sudáfrica. La investigación duró tres años. Encontramos algo que, hasta entonces, no se sabía sobre la ecología del tiburón blanco: es una especie que realizan migraciones transoceánicas. Uno de los tiburones que marcamos migró desde la costa de Sudáfrica hasta Australia. El estudio también mostró que tienen una capacidad de orientación increíble.

Este estudio fue clave para que el tiburón blanco ingresara a CITES…

En 2001 ya se había intentado que el tiburón blanco entrara a CITES, pero en ese momento no se logró. En Sudáfrica el tiburón blanco está protegido desde principios de los noventa; ahí no los pueden matar ni pescar, pero si se salen ya son presa fácil y legal de cualquiera. En otros estudios también se mostró que había tiburones que nadaban a Mozambique y que se salían de la zona exclusiva de Sudáfrica. Esas fueron evidencias de que la protección de Sudáfrica no era suficiente y era un punto a favor para meterlos en CITES.

Nuestro estudio mostró que el tiburón blanco sale hasta Australia y regresa a Sudáfrica y esa información la utilizamos para ingresar la propuesta a CITES; logramos que el tiburón blanco entrara al Apéndice II de la convención. Eso significa que los países que realizan comercio internacional con productos de tiburón blanco tienen que demostrar que su pesca no afecta en forma negativa a las poblaciones. Eso, en teoría, obliga a los países a realizar estudios de las poblaciones para garantizar un manejo adecuado de los recursos.

Rescatar del olvido a una especie

¿Cómo llega a interesarse por el estudio y conservación de los llamados ‘tiburón sierra’?

Regresé a vivir a México y desde la organización que fundé, Océanos Vivientes, realicé una revisión de cómo se encontraba la normatividad para la conservación de tiburones y rayas tanto en México como a nivel internacional. Eso me sirvió para darme cuenta de qué había pasado en México con tiburones y rayas durante los 25 años que estuve fuera del país. Encontré que había más publicaciones y que ya se estudiaba a varias especies, pero seguían existiendo enormes vacíos. Por ejemplo, no se estaba haciendo nada para proteger a especies que a nivel internacional estaban consideradas en peligro de extinción o amenazadas, entre ellas los ‘tiburón sierra’, el tiburón toro, el tiburón limón y otros. Así que comencé a estudiar a los ‘tiburones sierra’.

Realizamos una investigación bibliográfica y vimos que solo se le mencionaba en algunos catálogos de especies. A nivel mundial ya se sabía que estaban desapareciendo a causa de su pesca, sobre todo porque son especies muy costeras, viven en aguas someras, en las playas de uno a diez metros de profundidad. Entran a reproducirse en los ríos, estuarios, esteros y lagunas costeras. Los pequeños viven en los manglares.

¿Por qué se les llama tiburones sierra si no son tiburones?

En realidad son rayas. Pero cuando los ves a simple vista parecen más un tiburón; los pescadores los conocen más como ‘tiburones sierra’. En la investigación que realizamos recopilamos más de 20 nombres comunes con los que se les llama a lo largo de la costa del país. En México se conocen dos especies: el ‘tiburón’ sierra de dientes pequeños (Pristis pectinata) y el de dientes grandes (Pristis pristis). Al primero se le encuentra en el Golfo de México, el Caribe y el Pacífico; al segundo solo en el Pacífico. Hay una población importante de ‘tiburón sierra’ de dientes pequeños en la zona de Florida, Estados Unidos.

¿Cuál es la situación de las poblaciones de los ‘tiburones sierra’ en México?

En un estudio que hicimos recorrimos las costas del Golfo de México, el Caribe y del Pacífico; fuimos a los principales puertos y recopilamos datos a través de encuestas; entrevistamos a más de 800 pescadores de diferentes edades. Obtuvimos mucha información histórica. Los pescadores de entre 40 y 20 años nunca lo habían visto. Los pescadores mayores de 50 y 60 años dijeron que antes había muchos, pero también señalaron que no lo veían desde hace unos 30 años. Ellos lo habían visto cuando eran niños. En lugares, como Laguna de Términos, en Campeche, hubo una pesquería dirigida para utilizar su carne, se vendía como pescado seco y salado. A partir de los años noventa solo se documentan unos cuantos.

Del lado del Pacífico encontramos que se pescó a uno en 2010. La pregunta que tenemos es si todavía es posible encontrar al ‘tiburón sierra’ de dientes grandes, el Pristis pristis, o si ya se extinguió. Sobre el ‘tiburón sierra’ de dientes pequeños sabemos que aún hay, pocos, pero hay.

¿Qué se sabe sobre el ‘tiburón sierra’?

Los datos a nivel mundial son limitados. Sabemos un poco de su biología, de su reproducción y de su crecimiento. Un ‘tiburón sierra’ de dientes pequeños tarda entre siete y diez años en llegar a la primera reproducción. Tienen una prolongación del esqueleto de la nariz, donde se encuentra lo que parecen dientes, pero son escamas modificadas.

¿Cómo fue que encontraron al ‘tiburón sierra’ que hoy está en el acuario de Veracruz?

En enero de 2016 me habló un pescador de Barra de Cazones, en Veracruz, para decirme que habían capturado a un ‘tiburón sierra’. Me mandó una foto. Era un ejemplar de metro y medio. El acuario de Veracruz fue por él; ahí sigue. Es una hembra juvenil. Por los estudios que han hecho en Estados Unidos sabemos que los juveniles recorren distancias cortas; los grandes se mueven un poquito más: como 200 a 300 kilómetros. Así que el ‘tiburón sierra’ que se encontró en Barra de Cazones es mexicano, no viene de Florida. El tener a este ejemplar es una evidencia de que aún hay en México.

¿De qué tecnologías se ha auxiliado en su búsqueda de esta especie?

En otro estudio, que iniciamos en 2016 y aún continuamos, fuimos a puntos que, con base a la información que ya teníamos, intuíamos que había posibilidades de encontrar algunos ejemplares. Pusimos redes y utilizamos drones en las zonas en donde el agua era clara; los volábamos por toda la orilla a ver si los veíamos desde el aire.

También utilizamos  la técnica del ADN ambiental, la cual permite tomar muestras de aire, agua o tierra y analizar el ADN que ahí se encuentra para identificar especies. Eso te permite saber qué animales viven en un cierto hábitat. Tomamos muestras de agua en ríos, arroyos, lagunas costeras y bahías entre 2016 y 2019. Encontramos que sí hay ADN de ‘tiburón sierra’. Eso quiere decir que por ahí pasó un ejemplar días antes de tomar la muestra. Así que tenemos evidencia genética de que hay ADN de ‘tiburón sierra’ en casi todos los lugares en donde hemos tomado muestras.

Si ya tienen identificados los lugares en donde es posible encontrarlo, ¿cuál es el siguiente paso?

Ir a esos los lugares para estar más tiempo y si logramos capturar alguno, colocarles marcas satelitales para empezar a seguirlos y hacer estudios biológicos y ecológicos que nos den la base para hacer un manejo y conservación de las poblaciones.

¿Qué estatus de protección tienen en México las dos especies?

Están protegidos por dos normas: la 029 de pesca, que prohíbe su pesca, y la 059, que es para protección de especies. En esta última norma estaban con la categoría de especie amenazada. En 2015 realicé los estudios técnicos para sugerir que se clasificaran como especies en peligro de extinción. Eso se aprobó en 2016, pero fue hasta finales de 2019 que se publicaron los cambios en la norma y ya quedó su nueva clasificación.

Usted ha realizado estudios que han llevado a que varias especies marinas entren a una categoría de protección, ¿cómo evitar que aumente el número de especies en riesgo?

Con la información científica que ya tenemos sobre los ecosistemas marinos, lo importante ahora es cómo podemos dejar de destruir lo que estamos destruyendo y cómo revertimos los efectos negativos que hemos causado. El mar está intrínsicamente ligado a todos los procesos climáticos del planeta y le estamos dando en la torre. No pierdo la esperanza de que esto cambie. Por eso sigo empeñado y dando mi lucha para defender al océano y a sus especies. Con nuestro trabajo podemos inspirar a la sociedad y mostrarle, con ejemplos, que sí se puede tener cambios. Todos debemos hacer algo: cambiar nuestros hábitos y exigir a los gobernantes que tomen acciones. Tengo esperanza de que las cosas cambien. La clave está en que una mayoría de la sociedad entienda el momento crítico en el que nos encontramos.

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Quiénes son las pocas e ilustres mujeres que dan nombre a cráteres de la Luna

La Luna tiene 1.577 cráteres con nombres de personas, pero solo 26 corresponden a mujeres de la vida real. Te explicamos a qué se debe y te presentamos a algunas de estas pocas "mujeres de la Luna".
6 de marzo, 2021
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La Luna tiene miles de cráteres, pero ¿sabías que algunos de ellos llevan el nombre de personas?

A 1,577 cráteres lunares se les ha dado el nombre de científicos, ingenieros y exploradores distinguidos… pero solo 26 de ellos honran a mujeres reales.

Aquí analizamos quiénes son esas mujeres y por qué hay tan pocas.

¿Quién tiene un cráter con su nombre?

John Lennon

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La mayoría de los cráteres lunares con nombre homenajean a científicos, pero se hizo una excepción para el músico John Lennon.

La mayoría de los cráteres con nombre homenajean a personas de la vida real que lideraron el camino, como científicos y filósofos, pero también hay algunos dioses y diosas, así como criaturas mitológicas.

Platón (filósofo), Galileo Galilei (astrónomo) e Isaac Newton (matemático) son algunos de los pensadores notables inmortalizados con un cráter en su honor.

Como excepción, al famoso músico John Lennon se le dio su propio cráter en el área conocida como Lacus Somniorum o “Lago de los Sueños”, en lo que se conoce como el lado terrestre de la Luna (porque siempre es visible desde la Tierra).

Pero tendrías que realizar una investigación exhaustiva para encontrar a una mujer reconocida de manera similar, ya que menos del 2% de los cráteres lunares con nombre rinden tributo a mujeres científicas.

Y lo que es más, casi todos los cráteres “femeninos” se encuentran en el lado lejano de la Luna, fuera de la vista de la Tierra, en la llamada “cara oculta”..

¿Quién elige los nombres?

Luna llena con muchas características lunares visibles, como cráteres, crestas y mares.

Getty Images
Platón e Isaac Newton también tienen cráteres en la Luna que llevan sus nombres.

“La Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés) tiene la responsabilidad de aprobar los nombres de los elementos astronómicos desde 1919, pero algunos de los nombres en la Luna se remontan a poco después de que Galileo Galilei hiciera sus maravillosos dibujos de características lunares que vio a través de su telescopio ”, explica Megan Donahue, presidenta de la Sociedad Astronómica Estadounidense.

“En 1651, el astrónomo italiano Giovanni Riccioli fue el primero en comenzar a nombrar las características de la Luna”, señala por su parte Tayyaba Zafar, un astrónomo de Pakistán que ahora es profesor titular en la Óptica Astronómica de Australia.

“Hay que decir que Riccioli nombró un cráter en su honor, y de los 147 que etiquetó con nombres de humanos solo dos correspondían a mujeres y una de ellas podría no haber sido una persona real: Hipatia existió de verdad, pero Santa Catalina de Alejandría tal vez no”, agrega Donahue.

En los siglos que siguieron, las características lunares fueron nombradas a medida que fueron descubiertas, principalmente celebrando el trabajo de científicos masculinos y figuras históricas, porque “en ese momento las mujeres a menudo se veían excluidas de la educación y la formación formales”, dice Zafar.

A veces, mantener registros de quién tiene su nombre en la Luna se vuelve confuso y las cifras parecen contradictorias.

De hecho, si miras un atlas lunar, encontrarás un total de 1.608 cráteres con nombre, pero de estos “solo 1.577 tienen nombres de personas reales. Y aunque hay 38 pequeños cráteres de especial interés con nombres de pila femeninos, el número de cráteres lunares que llevan el nombre de mujeres científicas, ingenieras o exploradoras específicas es 26 “, según la IAU.

¿Por qué tan pocos llevan el nombre de mujeres?

Reproducción de una antigua cartografía lunar: 1707, Mapa de la Luna de Homann y Doppelmayr, basado en Riccioli

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Giovanni Riccioli, quien logró asegurar un cráter para él y 144 para otros hombres, solo encontró a dos mujeres dignas del honor (y una de ellas ni siquiera era real) .

El siglo XX trajo un frenesí lunar que alcanzó su punto máximo a fines de la década de 1950 hasta principios de la de 1970 (con Estados Unidos y la Unión Soviética compitiendo por ser los primeros en llegar a la Luna).

“Hubo algo de caos nombrando las partes de la Luna, por lo que en 1973 la IAU creó un comité para poner orden“, dice la astrónoma Rita Schulz, presidenta de la Nomenclatura del Sistema Planetario de la IAU.

Se decidió que los rasgos lunares solo se nombrarían si existía una necesidad científica para hacerlo.

“Los nombres antiguos se mantendrían, pero a partir de entonces, para que tu nombre llegara a la Luna, tenías que ser científico o explorador polar, y tenías que estar muerto“, explica Schulz.

Algo más sucedió que explica en parte por qué persistió la brecha de género en la superficie lunar: “Originalmente, la IAU decidió que las características de la Luna llevarían el nombre de hombres, y las de Venus, de mujeres“, cuenta Schulz.

Este reglamento ya no se mantiene, pero la desigualdad sí: “En los últimos 30 años solo siete cráteres han sido nombrados en honor a mujeres. Cuando se fundó la IAU, menos del 2% de los cráteres tenían nombres femeninos. Un siglo después, la cifra sigue siendo la misma“, afirma Zafar.

¿Importa?

El ascenso de la Tierra, fotografiado por el Apolo 11 en julio de 1969.

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La Unión Soviética fue la primera en llegar a la Luna en 1959, pero Estados Unidos envió la primera misión tripulada, que aterrizó en la Luna en julio de 1969.

Pero ¿realmente importa que tan pocas mujeres tengan un cráter con su nombre en la Luna?

¡Absolutamente!“, defiende la astrónoma chilena Maritza Soto Vásquez, quien a los 25 años descubrió su primer planeta y a los 31 acaba de descubrir el cuarto.

“Si queremos que más mujeres se involucren en la ciencia, la visibilidad es quizás uno de los factores más importantes”, indica.

“Cuando las niñas piensan en lo que quieren estudiar, necesitan ver modelos a seguir que se parezcan a ellas“.

Una luna llena anaranjada, con una mujer frente a ella, con los brazos en alto.

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Se presume que la Luna es ‘femenina’ en muchas culturas e idiomas, entonces, ¿por qué las mujeres no tienen tantos cráteres nombrados en su honor como los hombres?

En la actualidad Soto Vásquez realiza una investigación postdoctoral adicional en la Universidad Queen Mary de Londres y se apasiona por el tema de las mujeres en la ciencia.

“Puede que no haya una persona que les diga ‘No puedes ser científica porque eres mujer’, pero hay muchos mensajes pequeños que pueden dejar una fuerte impresión cuando eres joven, como querer estudiar ciencias en la escuela, pero no ver a otras mujeres en clase o en los libros de texto“, agrega.

A Vicky Chu, de la Organización Nacional del Espacio de Taiwán, también le gustaría ver más mujeres en la superficie lunar y está de acuerdo en que la visibilidad ayudaría a atraer más mujeres a estudiar ciencias.

“Definitivamente ayuda, especialmente para los estudiantes de la escuela secundaria y la universidad”, opina.

Ser reconocido y tomado en cuenta tiene un efecto dominó“, dice Tayyaba Zafar. “La comunidad científica debe reconocer a las mujeres para dar el ejemplo a la sociedad y fomentar un entorno de trabajo inclusivo, solidario y flexible”.

La agencia espacial estadounidense, NASA, anunció recientemente sus planes de regresar a la Luna para 2024, y esta vez están enviando a una mujer, además de un hombre, en el primer aterrizaje con humanos desde 1972.

Mientras tanto, celebremos a algunas de las mujeres que tienen un cráter con su nombre…

La cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio, frente a la cápsula Vostok 6, junio de 1963.

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Valentina Tereshkova es la única mujer viva que tiene un cráter lunar que lleva su nombre.

Valentina Tereshkova (nacida en marzo de 1937)

“En la Tierra, hombres y mujeres corren los mismos riesgos. ¿Por qué no deberíamos correr los mismos riesgos en el espacio?”, planteó la cosmonauta rusa Valentina Tereshkova, la única mujer viva que tiene un cráter lunar con su nombre, por su excepcional contribución a la ciencia.

En 1963, Tereshkova hizo historia cuando se convirtió en la primera mujer en ir al espacio.

Sigue siendo la única mujer en volar al espacio sola, y la más joven (tenía 26 años en ese momento).

“Una vez que has estado en el espacio, aprecias lo pequeña y frágil que es la Tierra”, reflexionó a su regreso.

Durante su misión a bordo de la cápsula espacial Vostok 6, Tereshkova pasó casi tres días orbitando la Tierra 48 veces.

“Cualquiera que haya pasado algún tiempo en el espacio lo amará por el resto de su vida”, dijo.

Tereshkova estaba ansiosa por tener otra misión, pero esa fue la primera y la única. “Después de estar una vez en el espacio, tenía muchas ganas de volver allí. Pero no sucedió”, lamentó.

En cambio, la cosmonauta viajó por el mundo como embajadora de la ciencia soviética y más tarde se convirtió en política y representante en la Duma estatal rusa.

“No se puede negar el gran papel que han desempeñado las mujeres en la comunidad mundial. Mi viaje fue un impulso más para continuar con esta contribución femenina“, expuso.

Su cráter está en el lado lejano de la Luna, en el margen occidental del Mare Moscoviense.

Hipatia (murió en 415 d.C.)

Fue una matemática, astrónoma y filósofa que nació en algún momento entre los años 350 y 370 d.C. en Alejandría, cuando Egipto era una provincia del Imperio Romano de Oriente.

Retrato de Hipatia

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Una mujer educada que cayó en desgracia con la autoridad religiosa de Alejandría.

Se la considera la primera mujer en la historia que se dedicó profesionalmente a la ciencia, a pesar de que la mayoría de las mujeres de su época no tenían acceso a la educación.

Su padre, Theon, astrónomo y director de la famosa Biblioteca de Alejandría, se aseguró de que aprendiera de los mejores de Alejandría.

Aunque la mayor parte del trabajo científico de Hipatia se ha perdido, los estudiosos modernos piensan que debe haber sido significativo porque otros autores lo comentaron ampliamente.

Sabemos que escribió el Canon Astronómico (un tratado de astronomía), varias tablas astronómicas y comentarios sobre textos clásicos.

Pero Hipatia tuvo un final trágico cuando se peleó con el obispo de Alejandría y, como resultado, fue asesinada por una turba de cristianos.

Casi dos mil años después, la figura de Hipatia se convirtió en un ícono de los derechos de las mujeres y una fuente de inspiración para el movimiento feminista.

Riccioli nombró un cráter en su honor en 1651, pero en 1973 la IAU movió el nombre de Hipatia a otro cráter más pequeño al suroeste del mar de la Tranquilidad. Sigue siendo uno de los pocos cráteres “femeninos” del lado terrestre de la Luna.

Antonia Caetana de Paiva Pereira Maury (1866-1952)

También conocida simplemente como Antonia Maury, fue una astrónoma estadounidense y una de las mejores de su generación.

Antonia Maury

Harvard College Observatory
Maury fue una de las mujeres astrónomas que trabajaron como “computadoras humanas” en el Observatorio de la Universidad de Harvard.

Formó parte de las Harvard Computers, un grupo de mujeres astrónomas y “computadoras humanas” en el Observatorio de la Universidad de Harvard.

Maury fue la primera persona en estudiar las binarias espectrales, el nombre dado a un par de estrellas que están tan juntas que desde la Tierra no se pueden distinguir a simple vista.

También ideó un sistema para medir el espectro de radiación electromagnética de las estrellas, que la IAU todavía utiliza hasta el día de hoy.

Aunque Antonia Maury nació en Nueva York, fue nombrada en honor a su abuela materna (Antonia Caetana de Paiva Pereira Gardner Draper), hija de un médico de la corte portuguesa que huyó a Brasil para evitar las Guerras Napoleónicas.

Después de su muerte a los 86 años, la IAU le dio el nombre de Maury a un cráter junto al “Lago de los Sueños” (Lacus Somniorum), al noreste cerca del borde del disco visible.

Kalpana Chawla (1962-2003)

“El camino de sueño a éxito existe. Ojalá tengas la visión para encontrarlo, el coraje para emprenderlo y la perseverancia para seguirlo”, dijo Kalpana Chawla, la primera mujer de origen indio en ir al espacio.

Kalpana Chawla

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Kalpana Chawla fue la primera mujer india en ir al espacio

Chawla, o “Montu”, como solía llamarla su familia, nació en India y desde muy joven le fascinaba volar.

Su familia dice que cuando tenía 3 años eligió el nombre Kalpana, que significa “imaginación”, como su nombre formal.

Fue una de las primeras mujeres en graduarse en ingeniería aeronáutica en la Facultad de Ingeniería de Punjab y en 1982 se mudó a EE.UU. para estudiar dos maestrías, un doctorado en ingeniería aeroespacial y unirse a la NASA.

Su primer vuelo como astronauta e ingeniera fue en el transbordador espacial Columbia en 1997, como operadora de un brazo robótico.

En 2003, Chawla fue uno de los siete miembros de la tripulación que murieron en el desastre del Columbia, cuando la nave espacial se desintegró durante su reingreso a la atmósfera terrestre.

Su cráter, ubicado en el lado opuesto de la Luna, está al lado del cráter L. Clark, en honor a Laurel Clark, otra astronauta que murió en la misma misión.

Annie Jean Easley (1933-2011)

El 1 de febrero de 2021 Easley se convirtió en la mujer más reciente en tener un cráter con su nombre.

Retrato de la científica informática, matemática e ingeniera estadounidense Annie Easley en el Centro de Investigación Lewis de la NASA (más tarde Centro de Investigación Glenn), Brook Park, Ohio, década de 1960.

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Annie Jean Easley, tuvo una educación segregada e hizo campaña contra la discriminación por raza, género y edad.

Easley fue una de las primeras afroestadounidenses en trabajar como científica informática en la NASA (cuando la agencia todavía se llamaba NACA) y la matemática se convirtió en científica espacial.

Pero cuando era niña, obtener una buena educación no fue fácil. Easley creció en el sur de EE.UU. antes de que surgiera el movimiento por los derechos civiles, lo que significó que las escuelas y universidades estaban segregadas.

Su madre la animó a ser ambiciosa, pero le dijo que tendría que trabajar más duro, porque las escuelas para niños afroestadounidenses a menudo ofrecían una matrícula más baja.

Durante su carrera de 34 años en la NASA, Easley desarrolló códigos de computadora, trabajó en tecnologías de energía y ayudó a sentar las bases tecnológicas para futuros lanzamientos de transbordadores espaciales.

A lo largo de su vida, hizo campaña para que los estudiantes de minorías y las mujeres siguieran estudios en las llamadas carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y trabajó para abordar la discriminación dentro de la NASA.

El Easley es un pequeño cráter (de menos de 10 km de ancho) en el lado opuesto de la Luna.

Easley creía en el trabajo en equipo y a menudo expresaba admiración por aquellos con quienes trabajaba.

Su página en el sitio web de la NASA dice: “Muchos de los que la conocieron dirían que no fue solo el trabajo que hizo lo que marcó la diferencia; fue su energía y actitud positiva lo que tuvo un tremendo impacto en el Centro”.


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