Cinthia pidió ayuda por COVID-19, pero hospitales no saben qué hacer
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Ante sospecha de tener COVID-19, Cinthia buscó ayuda pero hospitales de CDMX aún no saben qué hacer

México confirmó sus primeros dos casos de COVID-19, pero los protocolos que debe seguir un paciente que podría estar en riesgo de contagio no son claros
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Por Samedi Aguirre y Erendira Aquino
29 de febrero, 2020
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Al volver de su viaje de cinco días por Europa, Cinthia comenzó a sentir la garganta inflamada, escurrimiento nasal y dolor de cabeza. Su regreso — y síntomas— coincidieron con la confirmación de los primeros dos casos de coronavirus COVID-19 en México.

Alertada, decidió acudir este viernes 28 de febrero al Hospital 20 de noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en la Ciudad de México, pero no la atendieron por no ser derechohabiente. 

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Cinthia narró a Animal Político que viajó a Milán, Italia, el 18 de febrero; dos días después se desplazó a Venecia y de ahí llegó en un vuelo a Francia. 

“De Francia a Milán sí nos escanearon con esas pistolitas que te miden la temperatura. Justamente el 20 o 21 se dijo en las noticias en Italia que había 60 casos en la zona de Lombardía, en el norte de Italia, que es un pueblito muy cerca de Milán”, contó.

Pero al regresar a la Ciudad de México la madrugada del 26 de febrero en el Aeropuerto Benito Juárez no le aplicaron algún procedimiento para detectar si presentaba la enfermedad. “A mí no me tocó ver ningún tipo de protocolo de los aviones que llegaron de Europa”, comentó.

Al aparecer los primeros síntomas decidió acudir al hospital del ISSSTE.

“Fui por recomendación de varios familiares y amigos, porque los síntomas no los tengo claros, estoy un poco ronca, tengo la garganta inflamada, tengo escurrimiento y dolor de cabeza”. 

Ella se acercó por la entrada que está sobre avenida Félix Cuevas, donde le dijo al vigilante que quería hacerse estudios porque había regresado de Italia y quería descartar cualquier tipo de enfermedad, pero le dijeron que tenía que ir a la puerta de consulta general sobre avenida Coyoacán.

“Al llegar ahí, le volví a explicar lo mismo a la policía de la entrada y me preguntó si tenía mi carnet. Le dije que no pero que había leído que 4 o 5 hospitales donde se realizaba la prueba y este es uno de esos”.  

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A Cinthia le negaron el acceso al hospital y el ser revisada por algún médico. “Me dijo que no me podía dejar pasar si no tenía carnet, le pedí que llamara a alguien para que me revisará o me dijera a dónde acudir y me dijo que mejor fuera al IMSS”.

Animal Político contactó al ISSSTE para saber más sobre el caso de Cinthia. Informaron que todo el personal sabe del protocolo de actuación, que en sus unidades solo se atienden a derechohabientes del ISSSTE, mientras que los no derechohabientes pueden acudir a las unidades médicas de la Secretaría de Salud, luego de llamar al 800-0044-800.

En un comunicado, el director general del ISSSTE, Luis Antonio Ramírez Pineda, pidió no alarmarse ante los casos del COVID-2019, y exhortó a los derechohabientes y población en general a seguir las recomendaciones de las autoridades de Salud, adoptar medidas higiénicas, hidratarse, alimentarse bien y evitar saludo de beso y mano.

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Cinthia sufre rinitis, por lo que es posible que sus síntomas no sean producto del COVID-19, pero como ella muchos viajeros pueden volver de lugares donde se han presentado casos confirmados de este virus y desconocerán los protocolos de actuación establecidos por la Secretaría de Salud. 

En el Hospital General la historia no fue diferente. Al llamar al conmutador general para pedir informes sobre dónde realizar una prueba para descartar COVID-19,  la primer persona en responder el teléfono comunicó a otra área en dónde dijo informarían “cómo adquirir la vacuna contra la enfermedad”. 

Sin embargo, las autoridades internacionales han señalado que todavía no existe un tratamiento específico contra el COVID-19, mucho menos una vacuna.

Luego de que la llamada fuera transferida por diferentes áreas, respondieron en urgencias en donde finalmente indicaron que ahí no realizaban las pruebas para detectar o descartar la enfermedad, pero tampoco indicaron qué se debía hacer. 

¿Qué hago si viaje a una zona de riesgo?

Si hace unos días viajaste China, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, Italia, Irán o Singapur y presentas fiebre, tos, estornudos, malestar general, dolor de cabeza, dificultad para respirar, entonces debes llamar a la Unidad de Inteligencia Epidemiológica y Sanitaria (UIES) al 800-0044-800, donde personal capacitado de la Secretaría de Salud te orientará. 

En caso de referir síntomas durante el cuestionario clínico estandarizado, el personal de la UIES coordinará la revisión del paciente en su domicilio o bien su traslado a la unidad de atención correspondiente avisando a la unidad para su recepción y evaluación clínica. 

Los viajeros deben vigilar su salud hasta dos semanas después de haber regresado de alguno de esos lugares. Lo más importante es buscar atención médica de inmediato y no automedicarse. Si presentas síntomas, debes evitar saludar de mano, beso o abrazo y lavar con agua, jabón y cloro los platos, vasos y cubiertos que utilices y de ser posible permanecer en tu domicilio.

Aunque en México ya se confirmaron dos casos de COVID-19, uno en la ciudad de México y otro en Sinaloa, no todos estamos en riesgo. Ambos pacientes estuvieron en contacto con un caso confirmado durante una convención en Italia.  

Las autoridades señalan que únicamente se podría estar en riesgo si se presentan síntomas 14 días después estar en contacto con un caso confirmado o bajo investigación de COVID-19; o si se viajó a China, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, Italia, Irán o Singapur, que son países que tienen transmisión local comunitaria de este virus. 

¿Qué podemos hacer para prevenir?

Para reducir la probabilidad de exposición y transmisión del virus, la Secretaría de Salud recomienda realizar algunas medidas de higiene personal y del entorno en el que realizamos nuestras actividades cotidianas: 

  • Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o utilizar soluciones a base de alcohol gel al 70%.
  • Al toser o estornudar, utilizar el estornudo de etiqueta, que consiste en cubrirse la nariz y boca con un pañuelo desechable o con el ángulo interno del brazo.
  • No escupir. Si es necesario hacerlo, utilizar un pañuelo desechable, meterlo en una bolsa de plástico, anudarla y tirarla a la basura; después lavarse las manos.
  • No tocarse la cara con las manos sucias, sobre todo nariz, boca y ojos.
  • Limpiar y desinfectar superficies y objetos de uso común en casas, oficinas, sitios cerrados, transporte, centros de reunión, etc., ventilar y permitir la entrada de luz solar.
  • Quedarse en casa cuando se tienen enfermedades respiratorias y acudir al médico si se presenta alguno de los síntomas (fiebre mayor a 38° C, dolor de cabeza, dolor de garganta, escurrimiento nasal, etc.).
  • Evitar en lo posible contacto con personas que tengan enfermedades respiratorias

 

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

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B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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