Brely lucha contra el sistema: la discriminan por tener Síndrome de Down
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Brely de la Rosa

‘No creo en la palabra difícil’: Brely lucha contra el sistema educativo que la discrimina por tener Síndrome de Down

La joven con síndrome de Down interpuso un amparo para que la Normal de Coahuila no la discrimine y sea justo en el examen de admisión.
Brely de la Rosa
28 de febrero, 2020
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“No creo en la palabra difícil, para mí todo es posible”, asegura Brely de la Cruz y Flores. La joven de 20 años tiene síndrome de Down, pero eso nunca había sido impedimento para terminar sus estudios, hasta que intentó ingresar a la universidad y cumplir su sueño de ser maestra.

Originaria del municipio de San Juan de Sabina, en Nueva Rosita, Coahuila, Brely siempre ha estudiado en escuelas públicas.

Desde el preescolar hasta la preparatoria no enfrentó tantas barreras para integrarse con sus compañeros y graduarse a la par de ellos, como lo vivido en el nivel superior, donde encontró discriminación y de falta de tolerancia de los profesores.   

Brely ha pasado por dos universidades: la Universidad Autónoma del Noreste (UAN), campus Sabinas, donde estudió un semestre de Psicología, y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), campus Coahuila, donde estuvo un semestre y medio en la carrera de Psicología Educativa.

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En ambas vivió situaciones que le obligaron a darse de baja. En la UAN, “los maestros no se hacían responsables por mí (…) yo estudiaba como cualquier otro alumno pero con la dificultad de la aceptación y paciencia”. 

Mientras que en la UPN “me recibieron muy bien y dijeron que ahí tendría las comodidades necesarias pero no fue así. En una ocasión me hicieron dos exámenes en un solo día, solo a mí, fue mucha presión pero me ayudó a seguir adelante”.

Después de un semestre y medio en la UPN, Brely dejó la institución tras “ciertas incomodidades y actos de discriminación por parte de tres maestros”.

A pesar de estas dos experiencias, Brely no ha dejado de intentar ser maestra por lo que ahora busca ingresar a la Escuela Normal Experimental de San Juan de Sabinas. 

En dos ocasiones ha presentado el examen pero no ha alcanzado el número de aciertos requeridos por la institución. 

“No existe la inclusión que promueven”

Tanto la joven como sus padres consideran que no alcanzar el puntaje requerido por la Normal es un reflejo de la discriminación que hay hacia las personas con alguna discapacidad.

Por lo que interpusieron un amparo ante un juzgado federal, argumentando que la escuela tenía que hacer adecuaciones en el proceso de selección para Brely y hacer el concurso más justo.

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Hace unos días, el juez Tercero de Distrito con residencia en Piedras Negras otorgó la suspensión definitiva del acto reclamado por Brely y ordenó al director de la escuela admitirla e inscribirla como alumna. 

Este miércoles, la familia se presentó en la escuela con este documento, sin embargo el director de la misma, Gabriel Mares, se negó a acatar la orden.

Argumentó que es una decisión que no depende de él ya que su responsabilidad es acatar los lineamientos establecidos por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para el proceso de selección. 

“No es por un acto de discriminación, yo me debo a las indicaciones que marca Secretaría de Educación ya sus normatividades, las cuales piden reunir ciertos requisitos y no marcan excepciones para estos casos (…) yo tengo que acatar lo que marca mi autoridad”, dijo Mares a Animal Político.

El director explicó que será el área jurídica de la Normal de Saltillo la que resuelva la situación una vez que se tenga el fallo definitivo del caso, lo cual ocurrirá este viernes.

“Yo soy la persona menos indicada para decir acepto o no acepto, aquí quien tiene que atender este tipo de solicitudes es la SEP porque son normas a nivel federal”, agregó el director. 

No piden preferencia solo inclusión

Sin embargo, para Brenda Flores, madre de Brely, el que su hija sea rechazada bajo los mismos criterios que el resto de los alumnos es un acto de discriminación, además de que “se está violando su derecho de educación”.

Brenda sustenta su argumento en el artículo 3 de la Constitución, referente al derecho a la educación, y en el 12 de la Ley General para la Inclusión de Personas con Discapacidad, que impulsa la inclusión de las personas con discapacidad en todos los niveles del Sistema Educativo Nacional. 

“Están poniendo una barrera para la inclusión porque te piden algo que quizá no puedes cumplir como el resto (…) el reclamo como padres es que cómo promueves una inclusión educativa si en la práctica no son capaces de cumplirla”, añade.

En ese sentido, tanto Brenda como Brely aclaran que no piden una modificación al examen de admisión, sino a los requisitos de selección, es decir, al número de aciertos o requisitos que deben cumplir las personas con alguna discapacidad. 

“El examen de admisión no es una barrera para nosotros, quizá lo único sea el tiempo, que dura como dos horas, pero cualquier victoria tiene sus fracasos y sacrificios y uno tiene que soportar las dos horas del examen y aplicarlo para poder entrar y estudiar lo que desees”, señala Brely. 

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La joven no se confía en el fallo a su favor y sabe que es probable que la Escuela Normal no la inscriba como lo ordenó el juez, por lo que hará un tercer intento con el examen de admisión en los próximos meses.

De acuerdo con Brenda, en las dos ocasiones anteriores, su hija se ha quedado a pocos aciertos de estar dentro de los alumnos aceptados por lo que espera que con la resolución del juez, la Escuela Normal Experimental, a través de la Secretaría de Educación Pública, haga los ajustes necesarios y su hija sea aceptada.

Un sistema que requiere cambios

Brely considera que la situación para las personas con discapacidad va mucho más allá de las barreras en el proceso de admisión. 

“Mi queja es por el sistema en general y no por el examen, creo que lo importante es que no nos sintamos presionados por las dificultades que tenemos, se tiene que mejorar la interacción entre docente y alumno, que nosotros sepamos que podemos contar con los maestros, que pueden darse una relación de confianza”.

Por las malas experiencias con varios de sus maestros, Brely cree que las autoridades educativas deben trabajar más en la preparación y concientización de los maestros sobre los ritmos de aprendizaje para las personas con discapacidad. 

Aunque lo más difícil ha sido su paso por la universidad, la joven acepta que desde la secundaria le costó un poco llevar el ritmo de sus compañeros.

“En la secundaria estuve como cualquier alumno, pero no hubiera sobrevivido sin la ayuda de un amigo que me ayudaba mucho. En la prepa yo no tenía prisa por ir al ritmo de los demás, tuve dificultades con algunos docentes pero siempre lo tomé con paciencia”. 

Su madre está orgullosa de los logros de Brely.

“Siempre la hemos apoyado pero ha sido un trabajo más difícil estos dos últimos años (…) hemos tenido maestros que decían yo no soy maestro de educación especial y no puedo con esto, pero siempre veíamos la manera de apoyarla con tutoras por la falta de atención de los maestros”, relata.

Dice que les tomó por sorpresa el hecho de que sea en el nivel superior donde más exclusión y discriminación hay, cuando se tiene la idea de que es donde los maestras brindarán mayor apoyo. 

“Creímos que habría más inclusión educativa en las carreras que eligió, psicología educativa y en educación preescolar, que son áreas muy cercanas la discapacidad, pero no fue así”, acota.

El sueño de ser maestra

Desde muy pequeña, Brely mostró interés por prepararse y compartir ese conocimiento con los demás, pero fue hasta la preparatoria que definió que quería ser maestra, tal como su padre y su abuela.

A pesar de los tropiezos, Brely nunca ha dejado de prepararse. Habla el inglés a la perfección, además de un poco de portugués y francés. 

También tiene una ONG llamada Fundación Rompe Barreras A.C, que inició hace un año con la intención de apoyar y asesorar a personas con discapacidad. 

Brely lucha contra el sistema que la discrimina por tener Síndrome de Down

Actualmente, en lo que define su ingreso a alguna universidad, Brely toma sus clases de idiomas y un curso de mecanografía por computadora. 

“Lo que me motiva es mi familia, mis padres, y todo el apoyo que me dan (…) ellos han sido más que mis mentores siempre me impulsan a querer más y lograrlo”. 

Brely acepta no entrar a la Normal fue una experiencia dura “sentí decepción y desesperanza no quería hacer otro examen pero mi padre me animó y sigo luchando y estudiando, creciendo cada vez más”. 

La joven desea lograr su ingreso para alcanzar su sueño de ser maestra de preescolar y activista en defensa de las personas con discapacidad.

A las personas con alguna discapacidad que quieren continuar sus estudios, Brely les dice que no se rindan, que luchen y cumplan todo lo que se propongan. 

Mientras que a los maestros y personas en general les pide que “hagan conciencia de la inclusión y aceptación (…) necesitamos que la gente tome conciencia, que aprendan a respetar a otros seres humanos y no por su apariencia ya que todos sentimos igual; por fuera parecemos diferentes, pero por dentro no, somos iguales en los sentimientos, y por eso no hay que discriminar”. 

Brenda, su madre, espera que las autoridades educativas le brinden una oportunidad como a cualquier otra persona y espera que su hija siente un precedente en el tema de la inclusión educativa en el nivel superior. 

“Vamos hacia delante en este camino que nos tocó. Brely va abriendo su camino, nunca la hemos limitado y nunca lo haremos, su vida ha sido reto tras reto”, finaliza. 

 

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Rusia y Ucrania: cómo la guerra puede agravar la crisis demográfica rusa

Rusia ha lidiado con bajas tasas de natalidad desde el colapso soviético. Ahora los expertos dicen que la guerra de Ucrania está dejando al gobierno ruso sin opciones para mitigar la crisis demográfica.
20 de abril, 2022
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Después de que estalló la guerra en Ucrania en febrero, Stanislav hizo las maletas y salió volando de Rusia con su familia.

Dejaron atrás a sus padres ya mayores, una casa con todos sus muebles, libros, ropa y juguetes de niños, cuentas bancarias con la mayor parte de sus ahorros y hasta una casa de campo.

Como una pareja con altos niveles de estudios que había ocupado altos cargos, dicen que se fueron de Rusia sin intención de regresar.

“No quiero ser parte de esta guerra y no quiero estar en un país que mata a gente inocente”, dice Stanislav, quien accede a ser identificado solo por su nombre de pila, mientras habla con la BBC a través de una videollamada desde Israel.

Teme que la represión política en Rusia, que dice ha aumentado en la última década bajo el gobierno de Vladimir Putin, esté a punto de empeorar.

“Imagina que vives en una habitación y cada día las paredes y el techo se vuelven un milímetro más pequeños”, dice.

“Después de un año se vuelve más notorio, pero crees que estás bien. En cinco años, se reduce un metro. En 10 años es el final para ti”.

Éxodo de profesionales

Desde el comienzo de la guerra, decenas de miles de rusos con altos niveles educativos y altamente calificados como Stanislav y su esposa han abandonado el país, según estimaciones del sector empresarial.

Gente frente a una casa de cambio en Moscú

Getty Images
Tras la invasión de Ucrania el 24 de febrero, Rusia fue objeto de sanciones económicas por parte de Occidente.

Algunos temían ser reclutados por las fuerzas armadas, pero otros optaron por emigrar debido a su postura política o al deterioro económico que se espera que venga.

Se dice que en el gobierno ruso están particularmente preocupados por las personas que salen del país del sector tecnológico, que tienen habilidades transferibles y podrían representar una valiosa contribución a la economía.

Serguéi Plugotarenko, director de la Asociación Rusa de Comunicaciones Electrónicas, dijo frente a un comité parlamentario en marzo que entre 50.000 y 70.000 trabajadores de la industria tecnológica ya abandonaron el país desde el comienzo de la guerra.

Otros 100.000 podrían irse a fines de abril, agregó.

Crisis demográfica

Aunque algunos han comparado este flujo con una “fuga de cerebros”, los demógrafos dicen que solo representa una pequeña fracción de la población rusa.

Sin embargo, coincidieron en que el éxodo agrega presión a los desafíos de población históricos de Rusia, especialmente combinados con uno de los mayores números de muertes del mundo debido a la covid-19.

“Hubo una gran crisis a mediados de la década de 1990, conocida como la crisis de la mortalidad soviética, que tuvo un gran número de muertos en la población debido al alcoholismo, altas tasas de suicidio, todo envuelto en una crisis económica masiva”, le dice a la BBC Federica Cocco, una periodista del Financial Times que escribió un artículo reciente sobre el tema.

“Rusia todavía está sufriendo las consecuencias de eso porque, debido al enorme número de muertos, ahora hay menos hombres y mujeres jóvenes de entre 20 y 30 años en Rusia.

“Además, muchos están siendo reclutados, especialmente hombres jóvenes, y muchos se están yendo para evitar la crisis económica”, explica.

No hay duda de que es la población de Ucrania la que soportará la carga más pesada de la invasión rusa. Miles de personas han sido asesinadas, incluidos cientos de niños, según Naciones Unidas.

El 12 de abril, el alcalde de Mariúpol, que ha estado sitiada durante semanas, dijo que hasta 20.000 civiles podrían haber muerto ya a causa de los ataques y la falta de acceso a alimentos y artículos de primera necesidad debido al conflicto.

Pero los demógrafos predicen que el deterioro económico posterior al conflicto también puede afectar a la población de Rusia.

Caída en las tasas de fertilidad

Fertilidad en Rusia. Nacimientos por mujer, 1960-2020. .

Las tasas de fertilidad tienden a caer cuando la economía de un país empeora y aumentan cuando mejora.

Esta regla se ha aplicado en Rusia en los últimos 30 años, le dice a la BBC Leslie Root, becaria postdoctoral en la Universidad de Colorado-Boulder quien ha investigado Rusia y Asia Central.

Root dice que las tasas de natalidad eran muy bajas en la década de 1990 después del colapso soviético, pero aumentaron nuevamente cuando la economía se fortaleció, aproximadamente desde 2005.

En 2015, la tasa de fertilidad de Rusia era alta en comparación con los países europeos, con casi 1,8 hijos por madre.

Pero cayó en los años siguientes en respuesta a las sanciones y la contracción económica después de que Rusia anexó Crimea en 2014.

Población de Rusia, 1960-2020. . .

La anexión de la península ucraniana agregó nuevos residentes a Rusia y eso podría volver a suceder si cientos de miles de personas de la región ucraniana de Donbás obtienen la ciudadanía rusa.

Sin embargo, Root dice que eso no necesariamente altera la tasa de fertilidad.

“La lección principal es el vínculo claro en la dirección de las luchas económicas que causan la reducción demográfica, y no al revés”.

“El deterioro económico daña la salud de la población en general y crea un exceso de morbilidad y mortalidad, por lo que tienes una población que no solo es más pequeña, sino que también está más enferma”, agrega.

Menos gente llegando a Rusia

Gente en un puente cerca del Kremlin

AFP
Muchas personas se mudan a Rusia por trabajo, pero algunos expertos predicen que este flujo migratorio puede ralentizarse.

Root cree que el deterioro económico conducirá a un flujo más lento de migrantes que lleguen a Rusia desde Asia Central y el sur del Cáucaso por trabajo.

“Estos flujos migratorios son una parte importante del crecimiento de la población y la economía de Rusia, y una parte aún más importante de las economías de los países de origen. Este colapso tendrá consecuencias devastadoras entre los grupos que ya son pobres y marginados”, sostiene.

Los problemas asociados con la recesión económica a más largo plazo incluyen un mayor desempleo, condiciones desfavorables para los jóvenes que ingresan a la fuerza laboral, una creciente desigualdad, niveles de vida más bajos y una menor recaudación de impuestos, junto con mayores costos de atención médica y bienestar.

Aunque reconoce que la gravedad del impacto dependerá de lo que suceda con la guerra.

“Período difícil”

Un sanitario en un hospital de Moscú

Getty Images
La covid-19 ha causado al menos 360.000 muertes en Rusia.

La baja tasa de natalidad de Rusia ha sido una preocupación para el gobierno durante años.

Hablando de un “período demográfico muy difícil”, el presidente Putin abrió la financiación estatal para las nuevas madres en enero de 2020; anteriormente, el gobierno solo pagaba por un segundo hijo.

Se anunciaron nuevas exenciones fiscales para las familias y se ampliaron las medidas de bienestar infantil, como comidas escolares gratuitas y beneficios relacionados con los ingresos.

Pero Ilya Kashnitsky, profesor asistente en el Centro Interdisciplinario sobre Dinámica de la Población, en la Universidad del Sur de Dinamarca, piensa que “siendo realistas, no hay opciones políticas ahora para revertir la crisis de despoblación”.

“Podemos amortiguar en gran medida el golpe, pero todo lo que está sucediendo ahora va en la dirección equivocada”, le dice a la BBC.

Además de eso, la covid-19 mató al menos a 360.000 personas en Rusia, pero el exceso de muertes en el país se estima en un millón.

Kashnitsky cree que la población de Rusia se verá afectada a corto plazo por una mayor tasa de mortalidad, aislamiento económico, emigración y una caída en la calidad de vida, lo que a largo plazo contribuirá a una mayor reducción de las tasas de fertilidad.

Root dice que las políticas para alentar a las personas a tener hijos generalmente tienen resultados mixtos porque “es realmente difícil cambiar las tasas de natalidad en una sociedad donde las preferencias de fertilidad son bajas”.

También es preocupante que en Rusia la estrategia “pronatalista” a menudo se combine con límites cada vez mayores a los derechos reproductivos y el aborto, considera.

Root reconoce que el envejecimiento y la disminución de la población no son exclusivos de Rusia y que en la mayoría de los países desarrollados esto se ve como el resultado de “procesos positivos, como el aumento de la educación, la igualdad de género y que las personas tengan la libertad de elegir el tamaño de su familia”.

“Entonces, la tragedia aquí no es que la población de Rusia se esté reduciendo, sino cómo y por qué se está reduciendo, y qué significa para las vidas de las personas que quedan”.

¿Y qué piensa la gente que se fue?

“Personalmente, creo que las sanciones deberían ir más allá”, dice Stanislav, a pesar del impacto que tendría sobre él por ser ruso.

“Estoy dispuesto a perderlo todo, todos mis ahorros, mi departamento y mi casa de campo, si eso significa que el régimen actual colapse”.


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