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Estafa Maestra: ni un día en el sexenio de EPN se dejaron de desviar recursos públicos

Al menos 41 dependencias y organismos del Gobierno Federal en el sexenio de EPN utilizaron a universidades y sistemas de televisión para presuntamente desviar 9 mil 605 mdp.
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23 de febrero, 2020
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Durante los seis años de la administración del presidente Enrique Peña Nieto al menos 41 dependencias y organismos del Gobierno Federal utilizaron a universidades y sistemas de televisión para presuntamente desviar 9 mil 605 millones de pesos de recursos públicos, a través del esquema conocido como La Estafa Maestra.

Entre los involucrados están la Secretaría de Relaciones Exteriores, de Hacienda, Comunicaciones y Transportes, Pemex, Sedesol, Sagarpa, Sedatu; organismos como Cofepris, IMCINE, ISSSTE, Conagua, Conafor, Diconsa, CFE, el IMPI, el TRIFE, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, el Instituto de Administración y Avalúos, y la banca de desarrollo como Bancomext, Banobras y Nafin, entre otros.

En sus informes de 2012 a 2018, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó que las dependencias del gobierno federal hicieron convenios con 35 universidades y sistemas públicos de radio y televisión, para hacer supuestos servicios de los cuales no hay pruebas de haberse realizado.

Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción dieron seguimiento a las auditorías de 2013 y 2014 y en la investigación periodística La Estafa Maestra revelaron que las empresas subcontratadas por las universidades eran ilegales o fantasma y, por lo tanto, el dinero público desapareció.

La investigación periodística fue publicada en 2017, pero las dependencias de gobierno continuaron con el mecanismo el año siguiente, según revela el informe de auditoría al último año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, presentado el jueves pasado.

Los funcionarios públicos, rectores y directores de sistemas de medios no pararon el mecanismo ni siquiera por la veintena de denuncias penales interpuestas desde 2014 y hasta 2018 por la Auditoría ante la Procuraduría General de la República (PGR).

Sin embargo, ninguna denuncia ha prosperado para llegar a una investigación y respectiva sentencia para castigar a los responsables del presunto fraude a las arcas públicas.

De más de una centena de funcionarios involucrados, solo Rosario Robles, extitular de Sedesol y Sedatu, se encuentra en prisión como medida cautelar por supuestamente haber mentido en la dirección de su residencia. Pero en su caso ni siquiera se investiga la ruta del dinero para hallar a los artífices y beneficiarios del mecanismo, ya que sólo se le atribuye el presunto delito de ejercicio indebido del servicio público.

La Estafa Maestra nunca paró

El primer caso de subcontratación de empresas ocurrió en 2011 con las obras del monumento Estela de Luz, en la que el gobierno había hecho un convenio con el TURISSSTE para que hiciera la obra y éste subcontrató a la empresa III Servicios, lo que derivó en sobrecosto y en una denuncia penal en 2012.

Sin embargo, la primera vez que se utilizó a una institución de educación fue en 2012, cuando el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Diconsa, Infotec, Sagarpa, Cofetel, FOVISSSTE, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el INEA y SUPERISSSTE, hicieron convenios con la Universidad Autónoma del Estado de México para hacer supuestos servicios.

La Auditoría señaló que existía un probable daño al erario por 350 millones de pesos debido a que no se comprobó que los servicios de digitalización para el Conaculta realmente se hubiesen hecho. De ahí que interpuso una denuncia penal en 2014.

Sin embargo, el mecanismo siguió en marcha. En 2013 y 2014, 11 dependencias que incluyó a Pemex, Sedesol, Banobras, Comunicaciones y Transportes y hasta el INEA, hicieron convenios con ocho universidades públicas, y éstas subcontrataron a 186 empresas para supuestamente hacer los servicios.

La investigación periodística La Estafa Maestra incluyó la revisión de todas las empresas en ocho fuentes de información y descubrió que de ellas, 128 eran irregulares o fantasma, y aún así recibieron 3 mil millones de pesos de recursos públicos.

Pero el número ha ido en aumento debido a que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) ha sumado más empresas a su lista de compañías fantasma en los últimos meses por lo que el monto alcanza los 4 mil 613 millones de pesos de 144 empresas ilegales.

En las auditorías del resto de años del sexenio suman 4 mil 992 millones de pesos por aclarar, es decir, las dependencias y universidades deben explicar el destino final, toda vez que los servicios supuestamente pagados no existieron. Por ello es que del sexenio, entre lo detectado por la auditoría y la investigación periodística suman 9 mil 605 millones de pesos de presunto desvío.

Para el exauditor, Juan Manuel Portal, este mecanismo fue “un fraude”, toda vez que al revisar los supuestos servicios, detectaron que se trataban de documentos fabricados ex profeso y que había transferencias bancarias entre distintas empresas incluso sin contratos de por medio para dispersar recursos.

A esto se suma que las universidades cobraron un porcentaje del total de dinero recibido. De acuerdo con la investigación periodística, sólo las ocho universidades involucradas en 2013 y 2014 ganaron mil millones de pesos en este esquema, lo que significa en sí mismo un sobrecosto por los servicios, aún cuando se hubiesen hecho puesto que las instituciones subcontrataron a empresas.

Uno de los ejemplos está en la Universidad Autónoma del Estado de México que recibió 223 millones 87 mil pesos del FOVISSSTE por cinco convenios para supuestamente “rediseñar” o simplificar los procesos de atención a derechohabientes.

Pero la universidad no tenía la capacidad de dar el servicio, así que contrató a Interamericana de Negocios y Comercio, S. A. de C. V., que en realidad se dedica —según su acta constitutiva— a la venta de zapatos. A esta empresa le dio 15 millones 389 mil pesos.

También contrató a otras tres empresas —Icalma Servicios y Consultoría, S. A. de C. V., Consolidación de Servicios y sistemas Administrativos, S. A. de C. V. y Evyena Servicios, S. A. de C. V.— investigadas por el SAT por hacer operaciones irregulares; y a tres más que no están registradas ante la Secretaría de Economía.

Y la Sedesol, por ejemplo, para hacer servicios de repartición de medio millón de despensas, la organización de eventos y comprobación de sobrevivencia de beneficiarios de programas sociales, hizo convenios con las Autónomas del Estado de México y de Morelos, pero éstas subcontrataron a empresas, que a su vez dispersaron recursos en una veintena de empresas y éstas entregaron 698 millones de pesos a una última.

Y en 2018… también

La Secretaría de Educación Pública es una de las dependencias que tuvo este tipo de convenios durante 2013, 2016 y 2018. Previo a la publicación de La Estafa Maestra, la dependencia envió una respuesta a este medio en agosto de 2017 advirtiendo que el entonces titular, Aurelio Nuño había instruido la suspensión de este tipo de convenios.

Sin embargo, en el más reciente informe de la Auditoría, la SEP nuevamente hizo convenios con la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y la Politécnica de Sinaloa.

En el primer caso fue para mantenimiento a las “telecomunicaciones y servidores; así como el aprovisionamiento de equipo para infraestructura de servidores para el procesamiento de datos, almacenamiento, virtualización y respaldos”, pero la universidad “subcontrató a una persona moral por 17 millones de pesos, de la cual se presentaron los contratos suscritos con 23 personas físicas, así como igual número de los informes de dichas personas, detectándose que las firmas contenidas en ambos documentos son distintas aun cuando son las misma persona”, dice la auditoría.

En la segunda universidad, supuestamente harían capacitación docente, pero la Auditoría detectó que “no se presentó evidencia” de que las actividades se hubiesen realizado.

En 2018 también se sumaron la Universidad Politécnica de Huatsuco que hizo convenios con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, el Instituto de Administración y Avalúos y por lo que se presume un probable daño al erario por 91 millones de pesos.

La Universidad Autónoma de Chapingo tuvo convenios con la Conafor, Diconsa y Sagarpa que suman 35 millones de pesos por aclarar y el Instituto Tecnológico Superior de Casamaloapan que deben aclarar el destino de 282 millones de pesos de los convenios con Capufe, Cofepris, Sedatu, Conagua y Bancomext.

El nuevo gobierno sigue con la misma ley

La realización de convenios entre dependencias y universidades es legal. Se trata de una excepción en la contratación de servicios previsto en el artículo 1 de la Ley de Adquisiciones, pues al firmar convenios entre entes de la administración pública para prestarse servicios entre sí de manera directa y evitar las licitaciones.

El único ‘candado’ es que la parte contratada, las universidades en este caso, no puede subcontratar a terceros por más del 49% de los recursos que recibe de las secretarías de Estado. Sin embargo, en los 70 convenios analizados en La Estafa Maestra, las universidades violaron el artículo 1 de la ley de adquisiciones, y subcontrataron a empresas por más del 90% de los recursos para quedarse con el 10% como ‘comisión’, lo que les supuso, además, ganancias por mil millones de pesos solo por hacer de ‘puente’ con las compañías.

Ninguno de los convenios fraudulentos fue firmado por los titulares de las 11 secretarías de gobierno donde se produjeron los desvíos millonarios a empresas fantasma. Esto ha sido utilizado constantemente por secretarios de Estado como Rosario Robles, quien dirigió Sedesol, primero, y ahora está en la Sedatu, para deslindarse de responsabilidades en los desvíos señalados en ambas dependencias por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

Por ello, en septiembre de 2018, los senadores Ricardo Monreal Ávila y Freyda Marybel Villegas Canché plantearon una reforma a la Ley de Adquisiciones para que este tipo de convenios fuesen firmados por los titulares de las dependencias, con lo cual asumirían toda la responsabilidad ante posibles desvíos o malos manejos de recursos públicos.

Sin embargo, dicha iniciativa quedó en la congeladora, igual que la propuesta por el senador perredista, Juan Manuel Fócil Pérez, que incluso fue más allá y propuso la eliminación de la excepción.

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Cómo el mundo desaprovechó la oportunidad de tener una vacuna lista para hacer frente a la pandemia

Hace 20 años, cuando surgió en China un primer coronavirus letal que infectó a miles de personas, los científicos comenzaron a desarrollar vacunas, pero la investigación quedó abandonada.
9 de abril, 2020
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La doctora María Elena Bottazzi (der) y el doctor Peter Hotez dirigen el laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

ANNA GROVE PHOTOGRAPHY
La doctora María Elena Bottazzi (der) y el doctor Peter Hotez dirigen el laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

En 2002, en la provincia china de Cantón, un virus desconocido provocó el brote de una letal enfermedad que los científicos llamaron SARS (las siglas en inglés de síndrome respiratorio agudo severo).

Posteriormente se descubrió que el patógeno que causaba la enfermedad era un coronavirus que se había originado en un animal y había pasado a los humanos.

En pocos meses, el coronavirus se propagó en 29 países, infectando a más de 8,000 personas y matando a unas 800.

Alrededor del mundo hubo un reclamo general para saber cuándo estaría lista una vacuna para acabar con el letal virus y decenas de científicos en Asia, Estados Unidos y Europa comenzaron a trabajar frenéticamente para crear la inoculación.

Surgieron varios candidatos, algunos de los cuales estaban listos para ser usados en ensayos clínicos.

Pero entonces se logró controlar la epidemia de SARS y el estudio de las vacunas contra el coronavirus fue abandonado.

Años después, en 2012, volvió a surgir otro letal coronavirus, el MERS-Cov, que causaba una grave enfermedad respiratoria, el MERS (síndrome respiratorio de Medio Oriente) que se originó en camellos y pasó a humanos.

Y muchos científicos volvieron a insistir en la necesidad de tener una vacuna contra estos patógenos.

Hoy casi 20 años después, cuando un nuevo coronavirus, el SARS-Cov-2, ya ha infectado a casi un millón y medio de personas, el mundo vuelve a preguntarse cuándo estará lista una vacuna.

¿Por qué no aprendimos de esos otros coronavirus si se sabe que pueden causar enfermedades tan letales en humanos como el Covid-19? Y ¿por qué no se siguieron estudiando las vacunas?

“No estamos interesados”

Un equipo de científicos en Houston, Texas, en Estados Unidos, sí siguió investigando, y en 2016 tenía una vacuna lista contra un coronavirus.

“Habíamos terminado los ensayos y habíamos pasado por el aspecto crítico de crear un proceso de producción de la vacuna a escala piloto”, le dice a BBC Mundo la doctora María Elena Bottazzi, codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston y codirectora del Centro para Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, en Estados Unidos.

“Entonces fuimos a los NIH (Institutos Nacionales de Salud de EE.UU.) y les preguntamos: ‘¿Qué hacemos para mover rápido la vacuna a la clínica?’ Y nos dijeron: ‘Mira, ahorita no estamos ya interesados’”.

La vacuna era contra el coronavirus que provocó la epidemia de SARS de 2002, pero como aquella epidemia que surgió en China ya había sido controlada, los investigadores nunca lograron obtener financiamiento.

No fue la única vacuna que quedó suspendida. Decenas de científicos alrededor del mundo pararon sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Después de la epidemia de coronavirus en 2002 decenas de científicos suspendieron sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Getty Images
Después de la epidemia de coronavirus en 2002 decenas de científicos suspendieron sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Tal como le dijo a la BBC Susan Weiss, profesora de microbiología de la Universidad de Pensilvania, cuando acabó la epidemia, después de 7 y 8 meses, la gente, los gobiernos y las farmacéuticas “perdieron interés de inmediato en el estudio de los coronavirus”.

“Pero además, el SARS afectó principalmente a Asia, con unos casos en Toronto (Canadá) pero no llegó a Europa como este nuevo coronavirus”.

“Después surgió MERS, el segundo coronavirus humano virulento, y ese quedó casi totalmente confinado en Medio Oriente”.

“Después se disiparon los coronavirus y el interés por ellos. Hasta ahora. Y realmente creo que debíamos haber estado mejor preparados”, afirma la investigadora.

Dos advertencias

El SARS y el MERS, dicen los expertos, fueron dos “advertencias increíbles” sobre los peligros de los coronavirus y aún así, no se continuó con los esfuerzos para seguir investigándolos.

Aunque la vacuna de la doctora Bottazzi era para un coronavirus distinto del que circula actualmente, los expertos coinciden en que si hubiera estado lista esa vacuna se hubiera avanzado mucho más rápido en el desarrollo de una nueva inoculación para futuras epidemias.

Jason Schwartz, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale, asegura que la preparación para esta pandemia tuvo que haber empezado desde el brote de SARS en 2002.

“Si no hubiéramos abandonado el programa de investigación de vacunas de SARS, hubiéramos tenido listos muchos más fundamentos para trabajar en este nuevo virus que está cercanamente relacionado”, le dijo a la revista The Atlantic.

En efecto, el nuevo coronavirus, llamado Sars-Cov-2, es “primo cercano” del coronavirus que causó el Sars de 2002.

Investigador trabaja en una réplica del virus para desarrollar una vacuna.

Getty Images
El SARS y el MERS fueron dos “advertencias increíbles”, según los expertos.

Ambos virus son, genéticamente, 80% similares, dice la doctora Bottazzi, y como su vacuna ya había pasado por los procesos necesarios para su aprobación esta hubiera podido adaptarse más rápidamente al nuevo coronavirus.

“Hubiéramos tenido ya un ejemplo de cómo se comportan este tipo de vacunas y aunque los virus no son exactamente iguales vienen de la misma clase”, le explica la investigadora a BBC Mundo.

“Tendríamos ya la experiencia de ver dónde surgen problemas con la vacuna y cómo resolverlos. Porque ya vimos cómo se comportó preclínicamente la vacuna del SARS y esperaríamos que la nueva vacuna se comporte relativamente igual”.

“Ya hubiéramos podido tener un perfil de seguridad en humanos”, agrega, “y más confianza en que estas vacunas se pueden usar en las poblaciones que las necesitan”.

“Terrible propuesta empresarial”

Si se hubiera tenido todo este conocimiento ahora, ¿por qué entonces se suspendió la investigación de vacunas contra los coronavirus?

Todo, dicen los expertos, se resume a los fondos disponibles para la investigación.

“No estábamos pidiendo 100 ni 1,000 millones de dólares”, señala la codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical de Houston.

“Estábamos hablando de tres o cuatro millones de dólares. Con un millón y medio hubiéramos podido hacer un estudio clínico para tener un perfil en humanos. Pero nos pararon justo cuando estábamos a punto de tener una evidencia interesante”.

Los miembros del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

ANNA GROVE PHOTOGRAPHY
Los miembros del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

Pero el financiamiento se acabó porque no había un mercado para la vacuna, como explica Peter Kolchinsky, virólogo y director de la compañía de biotecnología RA Capital.

“La realidad es que cuando hay un mercado, hay una solución”, le dice a la BBC.

“Hoy en día contamos con cientos de vacunas para coronavirus, pero todas son para animales: cerdos, pollos, vacas, etc.”.

Estas son vacunas para prevenir enfermedades que pueden costar millones de dólares a la industria avícola y ganadera.

Y se había pensado que los brotes de coronavirus en humanos podían ser controlados.

“El problema es que para cualquier compañía es una terrible propuesta empresarial desarrollar un producto que, según las probabilidades, no será utilizado en décadas o quizás nunca”.

“Este es el tipo de cosas donde los gobiernos deben invertir. Si esto hubiera sido una prioridad no tengo dudas de que las agencias gubernamentales hubieran financiado el continuo desarrollo de una vacuna para Sars”, señala Kolchinsky.

“Y quizás habríamos estado mejor preparados para reaccionar al covid-19”, agrega.

Nueva vacuna

La realidad ahora es que se necesita una vacuna contra el coronavirus que causa covid-19.

Y lo más probable es que esta no esté lista hasta dentro de varios meses, quizás entre 12 y 18.

Investigadores en Brasil.

Getty Images
La vacuna no estará lista hasta dentro de varios meses.

Quizás para entonces la pandemia podría estar ya controlada.

La doctora Bottazzi y su equipo están trabajando tanto en la actualización de la vacuna de Sars de 2016, como en una nueva vacuna para covid-19.

Y continúan tratando de encontrar financiamiento para su investigación.

“Los donantes nos han dado dinero para mover rápido la vacuna de 2016. Y los Institutos Nacionales de Salud nos dieron un pequeño subsidio de US$400,000 para empezar el desarrollo de la (nueva vacuna) covid-19. Pero tenemos que seguir convenciendo a los donantes para tener dinero para acelerarla”.

Todo el proceso, dice la investigadora, es “muy frustrante”.

“Nosotros en los laboratorios queremos desarrollar estas vacunas, pero no hay el apoyo financiero ni el apoyo de entidades gubernamentales que nos den fondos para la investigación”, le dice a BBC Mundo María Elena Bottazzi.

“Porque no tenemos programas sostenibles y las prioridades cambian de acuerdo a lo que está ocurriendo en momento”.

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