Filtraciones en casos de feminicidios en CDMX son recurrentes porque no hay castigo
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Filtraciones en casos de feminicidios en CDMX son recurrentes porque no hay castigo

Filtrar datos y fotos es una práctica recurrente de las autoridades, pues aunque hay llamadas de atención no se ha castigado a funcionarios, señalan abogadas.
Cuartoscuro
11 de febrero, 2020
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Ingrid Escamilla fue asesinada a manos de quien fuera su pareja, Érick Francisco “N”. El caso cobró relevancia por la filtración por parte de autoridades de detalles de su muerte y fotografías explícitas de su cuerpo, que luego fueron publicadas por medios de comunicación.

Las filtraciones de información e imágenes de víctimas por parte de autoridades locales es una práctica recurrente, señala Verónica Berber, abogada integrante del Círculo Feminista de Análisis Jurídico.

Esto incluso fue motivo para que la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHDM) emitiera la recomendación 4/2017 a la entonces Procuraduría General de Justicia y el Tribunal Superior de Justicia – ambos de la Ciudad de México – por el caso del multihomicidio en la colonia Narvarte, ocurrido en 2015.

Lee: A sus 25 años Ingrid disfrutaba de sus mascotas y viajar, hasta que fue asesinada por su pareja

La recomendación de investigar a los funcionarios responsables de las filtraciones del caso Narvarte no fue cumplida, por lo que ha continuado esa práctica en la Fiscalía, señaló Berber, quien también es docente en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

De acuerdo con la abogada, la filtración de la fotografía de Ingrid dañó su honra, su dignidad y su imagen, y afectó también a su familia.

Tras las críticas por la filtración de la fotografía, así como un video en el que el hombre acusado de asesinarla confiesa el delito, la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad de México (SSDDHH) condenó la reproducción de estos materiales y llamó a no revictimizarla con fines lucrativos y de morbo.

A través de redes sociales, la SSDDHH calificó estas filtraciones como “expresiones de odio e indolencia que se emiten incluso después de su deceso”, y reconoció la obligación de las autoridades de investigarlas.

“Las filtraciones de imágenes del cuerpo de Ingrid son actos profundamente indignantes que atentan contra la víctima y la sociedad en general. Estos actos también deben ser investigados y deben deslindarse responsabilidades”, indicó.

Por su parte, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX) informó que ya investiga a seis funcionarios que acudieron al lugar de los hechos y que posiblemente hicieron mal uso de las imágenes que tomaron durante los primeros peritajes y el levantamiento del cuerpo de Ingrid.

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Verónica Berber explicó que la filtración en el caso de Ingrid podría no solo proceder ante el Órgano Interno de Control (OIC) de la Fiscalía –ante el cual la familia tendría que presentar una queja para que se investigue quiénes son los funcionarios responsables de que se diera a conocer la fotografía-, sino también por la vía penal.

En el caso de la denuncia ante el Ministerio Público por la vulneración de los derechos a la dignidad y a la honra de Ingrid por la reproducción en medios de la fotografía, y los que resultaran, “esta puede realizarla cualquier persona o colectivo a partir de lo que se hizo público, porque solo es hacer del conocimiento de los hechos a la Fiscalía, que son posiblemente delictivos”.

Fotografiar a víctimas está prohibido

De acuerdo con la abogada Karla Michel Salas, tomar o videograbar el cuerpo de cualquier víctima se encuentra prohibido, como señala el Protocolo para la Investigación del Delito de Feminicidio, vigente en la Ciudad de México desde 2011.

“Es muy preocupante esta práctica que tiene la Fiscalía, antes Procuraduría General de Justicia, particularmente por lo que hace a los Ministerios Públicos, policías y peritos que se encuentran en el lugar de los hechos y que indebidamente fotografían el cuerpo y posteriormente venden las fotografías”, explicó la abogada.

La especialista en litigio estratégico de casos de feminicidio acusó que otra práctica recurrente por parte del personal de investigación es permitir el acceso al lugar de los hechos a personas ajenas a las instituciones de seguridad, como periodistas, a quienes les permiten tomar imágenes a cambio de dinero o favores.

“Es claramente una responsabilidad administrativa, hay una prohibición expresa, por otro lado hay ya un protocolo que se estaba trabajando para el tema de filtraciones, porque ha sido una recomendación recurrente, ha sido motivo de diversas medidas cautelares que ha lanzado la comisión local de derechos humanos a la FGJCDMX. No es un tema nuevo”, dijo.

En entrevista con Animal Político, la abogada detalló que esta responsabilidad administrativa puede resultar en una responsabilidad penal, “pero depende, necesitamos investigar y saber si lo están haciendo las autoridades a cambio de dinero, a cambio de favores, no sabemos, porque también es claro los medios a los cuales les filtran y qué tipo de información les dan. Me parece importante ponerlo sobre la mesa”.

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El periodismo no debe naturalizar la violencia

En opinión de Lucía Lagunes, directora de Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC), la reproducción masiva de imágenes sobre los cuerpos de víctimas del feminicidio, contribuye a la normalización de la violencia contra las mujeres y envía el mensaje de que cualquier niña o adulta puede ser la siguiente.

“La pedagogía que va haciendo este tipo de imágenes reafirma en los hombres el mandato social de la masculinidad nociva, violenta que atenta contra las mujeres, y en el lado de las niñas envía el mensaje de que pueden ser las próximas víctimas, y necesitamos romper de un lado y el otro”, dijo.

Para ella, actualmente hay dos tipos de periodismo en el tema de la violencia contra las mujeres, por un lado, están los medios de comunicación “que por desgracia hace años crecieron convencidos de que la sangre vende, de que el morbo es noticia y fueron educando a la población en esta lógica y que han construido cadenas de corrupción para poder mantener el sensacionalismo sobre la violencia y el dolor ajeno”.

Por otro lado, “están los medios que han escuchado la exigencia de la ciudadanía de decir ‘queremos ser tratadas con respeto, las mujeres, las víctimas’ y que ha cuestionado realmente si eso de filtrar imágenes o de colocar estas imágenes desgarradoras es periodismo”, señaló.

Sin embargo, aseveró, todos los medios de comunicación y periodistas “hoy como nunca estamos llamados a una ética a toda prueba, una ética que sancione y que elimine estas prácticas misóginas, sexistas, anquilosadas, viejas, que han hecho tanto daño a la humanidad”.

“No puede justificarse que se siga alimentando la naturalización de la violencia contra las mujeres y se siga justificando a los agresores como enfermos, poseídos, trastocados”, concluyó.

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) condenó la forma en que varios medios de comunicación difundieron la información e imagen del feminicidio, ya que revictimizaron a Ingrid.

Pidió a las autoridades capitalinas investigar quiénes filtraron la información a los medios. 

A los medios de comunicación la Conavim recomendó capacitar y profesionalizar a sus trabajadores para que conozcan el lenguaje incluyente y lo que señala la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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