Estudiantes marchan en Puebla; exigen justicia por asesinato de compañeros
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Archivo Cuartoscuro

#NiUnaBataMenos: Estudiantes marchan en Puebla; exigen justicia por asesinato de sus compañeros

Cientos de universitarios llegaron hasta la Casa Aguayo, sede del gobierno de Puebla, para exigir un diálogo con el gobernador Miguel Barbosa.
Archivo Cuartoscuro
25 de febrero, 2020
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Bajo la consigna #NiUnaBataMenos, estudiantes de la facultad de Medicina de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) marcharon este martes para exigir justicia tras el asesinato de los alumnos Ximena Quijano Hernández, José Antonio Parada Cerpa y Francisco Javier Tirado Márquez.

El contingente, integrado por cientos de alumnos y alumnas, partió alrededor de las 9:30 de la mañana de la facultad de Medicina en la BUAP y caminó hacia el monumento de El Gallito, ubicado en el centro de la ciudad de Puebla.

En dicho punto se reunieron con otro grupo de estudiantes para seguir su camino por la avenida Reforma y llegar hasta la Casa Aguayo, donde se encuentra el Palacio de gobierno de Puebla.

Lee: Asesinan a Ximena, José Antonio y Francisco Javier, tres estudiantes de Medicina en Puebla

Frente a la Casa Aguayo, los cientos de estudiantes gritaron consignas y solicitaron un diálogo con el gobernador de la entidad, Miguel Barbosa, a quien exigen que presente una estrategia de seguridad eficaz para la ciudadanía y en específico para la comunidad universitaria.

Tras su llegada al Palacio de gobierno, los estudiantes dijeron que no se moverían del lugar hasta ser atendidos por el gobernador.

Luego de unos minutos, una comitiva de estudiantes fue recibida en la Casa Aguayo para dialogar con ñas autoridades del gobierno, mientras que el resto de los manifestantes aguardó afuera del recinto en espera de la respuesta.

Este lunes las autoridades de Puebla informaron el asesinato de Ximena Quijano Hernández, de 25 años; José Antonio Parada Cerpa, de 22 años, y Francisco Javier Tirado Márquez, de 22 años, los tres, estudiantes de Medicina.

Ximena y José Antonio eran estudiantes de intercambio en UPAEP, mientras que Francisco Javier, era alumno en la facultad de Medicina de la BUAP y realizaba su servicio social.

Lee: Universidad de BC y estudiantes reclaman justicia por asesinatos de sus compañeros

Ambas instituciones emitieron comunicados para dar sus condolencias y exigir justicia.

Los cuerpos de los tres estudiantes, y de un conductor del servicio Uber, José Manuel (28 años), fueron ubicados con impactos de bala en el predio de Los Tanques, en Santa Ana Xalmimilulco, Huejotzingo.

Las autoridades locales detallaron que los jóvenes asistieron a las festividades por el carnaval de Huejotzingo y fueron atacados cuando regresaban en Uber a la ciudad de Puebla.

Sin dar mayores detalles, la Fiscalía estatal informó sobre la detención de tres personas, presuntos responsables de los homicidios.

En tanto, el gobernador Miguel Barbosa expresó sus condolencias, se comprometió a esclarecer los homicidios y aseguró que no habrá impunidad en este caso.

Con información de e-consulta Puebla y el Sol de Puebla.

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#YoSoyAnimal
Lucie Vildnerova

'Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia'

Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena. Y se quedó a gusto porque, según dice, encontró familia en un pequeño pueblo de la costa caribeña del país.
Lucie Vildnerova
4 de enero, 2021
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Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

A diferencia de cientos de extranjeros que volvieron a su país, elladecidió quedarse en un país cuya naturaleza enamora con facilidad.

Su relato, presentado en este texto que resultó de una conversación con BBC Mundo, es prueba de que el virus, además de trágico, abrió la puerta para muchas experiencias e historias positivas.


En agosto de 2020, cuando en Colombia anunciaron el fin de la cuarentena estricta, nosotras ya nos queríamos quedar donde estábamos. No queríamos que nada cambiara.

Mis amigos turistas y yo, que vinimos a América Latina a viajar antes de que empezara la pandemia, encontramos en Palomino, en la Costa Atlántica colombiana, un hogar.

Palomino es un pequeño pueblo muy cerca de una hermosa playa llena de palmeras que se prolonga por varios kilómetros.

En marzo, apenas empezó todo, yo no quise irme a Polonia, como hicieron algunos de mis compañeros, porque tenía la esperanza de que pronto podría seguir viajando.

Pero luego pasaron dos semanas y prolongaron la cuarentena. Y dos más. Y más. Y así hasta que nos quedamos ocho meses en un pueblo al lado de la playa sin poder nadar en el mar.

Estábamos en un hostal y todos los restaurantes y bares estaban cerrados. No había nada para hacer.

Con el tiempo se fueron yendo los turistas y solo quedamos algunos pocos. Pero con los días fuimos conformando una familia de unas quince personas con una relación muy íntima con los dueños de los hostales donde estábamos.

Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia.

Atrapada a gusto en Colombia

En 2019, decidí tomarme un año sabático porque me aburrí de Polonia, donde además tengo un apartamento que genera renta y me permite viajar tranquila.

Estuve en México y Cuba. Luego tenía el plan de viajar dos meses por Colombia, un país que recomiendan mucho para el turismo. Me quedé 10 meses y sigo contando.

Cuando viajas conoces muchas personas, pero normalmente los ves máximo una semana. Pero cuando vives con alguien seis meses, se genera una relación única.

Turistas en Palomino

Joanna Zdanowska
Los turistas que se quedaron en Palomino toda la cuarentena se convirtieron en miembros y colaboradores de la comunidad.

Porque ninguno trabajaba, entonces pasábamos todos el día juntos. Nos sentimos como en vacaciones permanentes.

Cada día había actividades con la gente local para apoyarnos unos a otros. Nos cocinaban. Algunos trabajaban para los hostales, otros aprendieron a surfear, había una chica que empezó a dar clases de español por internet.

En la casa donde yo me quedé, por ejemplo, había una familia de venezolanos con dos niños que descubrieron que nosotras las tratábamos mejor que sus padres. Entonces pasaban el día con nosotras. Yo les compré libros y les leía cuentos. Les mostraba videos en YouTube. Ahora los niños dicen que nosotras somos sus madres. Eso te rompe el corazón.

Lo que aprendí

Lo mejor de haberme quedado tanto tiempo aquí fue que pude conocer bien a la gente del pueblo, una experiencia que no tiene nada que ver con uno ve en el sector turismo.

Una de las experiencias más extraordinarias que tuve fue cuando fui a un pueblo de arhuacos, un grupo de indígenas que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta y han tenido muy poco contacto con culturas occidentales.

Tuvimos que salir a las 4 de la mañana. Nos dijeron que eran 8 horas caminando pero cuando levábamos 9 horas aún no llegábamos. Pensamos que este lugar no existía. A las 10 horas finalmente llegamos, sin poder hablar del cansancio. Y nos quedamos ahí con nuestras hamacas.

Nos dieron su casa más grande. Nos quedamos tres días.

Joanna Zdanowska

Joanna Zdanowska
Joanna dice que los tres días que estuvo en un pequeña villa de indígenas le cambió su forma de pensar.

Esta experiencia cambió mi pensamiento, descubrimos algo que puede ser obvio pero nunca lo habíamos vivido: que no necesitamos nada para ser feliz.

Nos cobraban 50 dólares por cada uno de nosotros cinco. Cuando vimos las condiciones en las que viven los indígenas, decidimos no negociar nada, porque duermen en el suelo, cocinan en el fuego, no hay electricidad, ni gas, todo es muy básico; comen solo cosas que tienen ahí en su finca: yuca, plátano, arroz.

Son cosas muy básicas que me enseñaron mucho y me dieron ganas de seguir viajando, y quizá buscar aprovechar mi experiencia de 14 años en la televisión polaca en alguno de estos países. Creo que es buen momento para vender producciones que ya están listas y no necesitan más que subtítulos o doblaje.

Palomino

Joanna Zdanowska
Palomino es uno de los tantos paraísos de Colombia.

Con mi familia no necesito tener contacto físico. Lo único que me hace falta es ver al hijo de mi hermana, que solo vi cuando tenía un año. Pero hablamos mucho.

Y ahora la situación en Polonia es muy fuerte: en coronavirus Colombia y Polonia son países vecinos. Pero, además, ahora el gobierno en mi país es muy conversador y tengo la impresión de que estamos como hace 30 años: no aceptan la sociedad LGTBI, el aborto es tema de guerra, millones de personas están en la calle protestando.

Además allá es invierno. Y no es que me haya acostumbrado al clima de acá. Cuando hace 38 grados me molesta. Pero estar solo en chancletas y vestido corto en lugar de cinco kilos de ropa te relaja. Y eso me gusta de Palomino.


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