Solo 3 de cada 100 asesinatos de mujeres son esclarecidos
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Suben penas por feminicidios, pero solo 3 de cada 100 asesinatos de mujeres son esclarecidos y llegan a condena

Hay 8 estados en donde en cuatro años no se ha dictado una sola condena por feminicidio. Faltan protocolos y personal especializado para indagar con perspectiva de género asesinatos de mujeres, dicen especialistas.
Cuartoscuro
21 de febrero, 2020
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En los últimos años el Congreso federal y 13 congresos estatales han reformado sus códigos penales para agravar las penas de feminicidio, en un intento por inhibir el crecimiento de este delito. Sin embargo, en los hechos solo 3 de cada 100 asesinatos de mujeres son esclarecidos y llegan a una condena por dicho ilícito.

Así lo prueban datos oficiales de las fiscalías estatales y de los poderes judiciales locales recolectados y reportados por Inegi, los cuales arrojan que de 2015 a 2018 fueron asesinadas en nuestro país 12 mil 378 mujeres en total, pero en ese mismo lapso solo se dictaron sentencias condenatorias en 407 casos.

Aunque no necesariamente las condenas de un año corresponden a los casos registrados en ese lapso, los especialistas de Inegi señalan que sí puede hacerse una aproximación al nivel de efectividad entre casos y sentencia.

De esta forma, las 407 condenas de feminicidio equivalen apenas al 3.2% de todos los casos de mujeres que han sido asesinadas en México en el lapso señalado.

Incluso hay ocho estados del país, la cuarta parte de las entidades, donde no se dictó una sola condena de feminicidio en el referido plazo.

Lo anterior significa que aun cuando se endurezcan las penas por feminicidio, dicha medida solo puede materializarse en una fracción de los asesinatos de mujeres, ya que la enorme mayoría de ellos no llega a una condena por este delito.

Animal Político publicó el jueves pasado que de 2015 a 2018 los asesinatos de mujeres crecieron 57% aun y cuando múltiples estados han optado por agravar la pena de prisión por feminicidio, como lo hizo esta semana el Congreso de la Unión a nivel federal.

¿Por qué hay pocas sentencias?

Un primer dato que explica la baja efectividad en cuanto a condenas de feminicidio es que la mayor parte de los casos de asesinatos de mujeres ni siquiera se indagan como un posible crimen por razón de género, pese a que así lo marcan criterios nacionales e internacionales.

Este medio publicó el pasado 10 de febrero que solo 1 de cada 5 asesinatos de mujeres se indagan como posible feminicidio, lo que significa que el 80% de los asesinatos de mujeres quedan, casi desde un inicio, fuera de la posibilidad de una condena por dicho delito grave.

De acuerdo con las cifras de Inegi, los casos que las fiscalías sí consideraron como posible feminicidio de 2015 a 2018 ascendieron a 3 mil 114, pero no todos han llegado al juez. En el mismo lapso sumaron 1 mil 792 los feminicidios en donde la investigación avanzó lo suficiente para consignarla a un juzgado.

Y finalmente los datos arrojan para el mismo lapso un total de 407 sentencias condenatorias por feminicidio, en dicho periodo de cuatro años. Se trata de menos del 15% de casos que sí se investigaban oficialmente como feminicidio y que, como ya se dijo, son apenas la quinta parte de total de mujeres asesinadas.

La cifra anual de sentencias condenatorias de feminicidio se ha incrementado. Mientras que en 2015 se reportaron solo 78 de ellas, para 2018 la cifra ascendió a 136, un alza de más del 70%. Sin embargo, la cifra de condenas es extremadamente baja respecto al universo de la violencia feminicida: mientras que en 2015 se registraron 2 mil 383 mujeres asesinadas, para 2018 la cifra llegó hasta las 3 mil 752 víctimas.

La cuarta parte de estados, sin condenas

Aunque el delito de feminicidio está tipificado en la mayor parte de los estados desde principios de la década pasada, entre 2015 y 2018 hubo ocho entidades – la cuarta parte del país – en donde no se dictaron sentencias por este delito. Ello pese a que en dichas entidades se registraron 2 mil 422 asesinatos de mujeres en ese mismo lapso.

Estas entidades son Nayarit, Colima, Chihuahua, Tlaxcala, Tamaulipas, Baja California Sur, Oaxaca y Aguascalientes.

Llama la atención el caso de Tlaxcala que tiene una de las penas más altas del país para feminicidio: 70 años de prisión. Es letra muerta porque no registra un solo caso en donde haya podido aplicarse una condena. Otros estados de la lista, como Chihuahua y Aguascalientes, también registran sanciones altas de hasta 60 años, que no se han aplicado en ningún caso.

Los poderes judiciales del resto de los estados sí reportaron sentencias condenatorias de feminicidio, aunque muchos en niveles muy bajos. Por ejemplo, Baja California, Campeche, y Querétaro, reportaron una sola sentencia condenatoria cada uno en un periodo de cuatro años.

Y hay ocho estados en donde en cuatro años se han dictado entre 2 y 5 sentencias condenatorias solamente: Quintana Roo, Durango, Michoacán, San Luis Potosí, Puebla, Tabasco, Veracruz y Chiapas.

Por el contrario, Ciudad de México es la entidad con el mayor número de sentencias por feminicidio en el referido lapso, con 90 en total. Le sigue Guanajuato con 82 condenas, aunque ello no fue factor para que en el mismo periodo se reportaran más de 800 asesinatos de mujeres, con un crecimiento de casi 240% en la violencia feminicida.

Hay cinco estados del país en donde la muerte violenta de mujeres se ha disparado por encima de 200% en cuatro años. Dos de ellos son Nayarit y Colima, donde no se reporta ni una sentencia, y el otro es Quintana Roo con 4 condenas. En todos ellos agravar las sanciones en los hechos no significa nada, dado que prácticamente no hay investigaciones que lleguen a sentencias.

¿Qué hacer entonces?

Prácticamente todas las especialistas consultadas coinciden en que el elevar sanciones es una medida en el mejor de los casos simbólica, sin ningún impacto en la prevención del feminicidio y la reducción de la violencia. Ello se debe a que el problema de fondo en este, como en otros delitos, es la pobre investigación y la impunidad.

María de la Luz Estrada, Coordinadora Ejecutiva del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, advierte que en lo que debe trabajarse es en las fiscalías, y en las capacidades que estas tienen para indagar los casos.

Como prioridades identificó el diseño de un protocolo para la investigación de feminicidios que se aplique en todo el país. “Estamos ante la posibilidad de que la tipificación de este delito vaya a homologarse en un próximo Código Penal único, lo cual está bien, pero no es suficiente. Hace falta un protocolo”, dijo.

Estrada consideró relevante el que también se pongan en marcha las denominadas “Unidades de Análisis de Contexto”, que se encargarían de estudiar el entorno relacionado con cada crimen de una mujer, factor que es determinarte para poder identificar y acreditar las circunstancias de género que separan a un feminicidio de un homicidio de otro tipo.

Y a ello se suma la urgencia de contar con personal especializado en perspectiva de género. Dijo que se necesitan desde policías, hasta fiscales y peritos que tengan los conocimientos del tipo de investigación que requiere un feminicidio, y que son distintos a los de un homicidio de otro tipo.

“El feminicidio necesita necropsias que describan la forma en cómo se lesionó el cuerpo para acreditar lesiones degradantes, para la violencia sexual, necesitas peritajes de especialistas con perspectiva de género. Sin eso los casos se caen. Es en estas cosas donde el Congreso y los gobiernos deberían por énfasis. No en improvisaciones”, dijo.

Karla Salas Ramírez, abogada feminista directora del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, advirtió además que una sentencia tampoco es garantía de justicia, pues muchas de ellas no cumplen con los parámetros de perspectiva de género que exige el feminicidio.

“En los casos de feminicidio, las juezas y los jueces tienen frente a las víctimas tres obligaciones: garantizar el derecho a la verdad, que implica el derecho de las y los familiares a conocer lo que ha ocurrido; hacer justicia y que no exista impunidad, y reparar el daño causado a las y los familiares. Y esto muchas veces no ocurre”, dijo Salas.

La especialista precisó que, si bien las investigaciones en la mayoría de los casos son deficientes, los jueces también tienen la facultad de subsanar fallas en el proceso.

“No basta con tener sentencias condenatorias, sino se han garantizado los derechos de las víctimas, esa no es la calidad de justicia que exigen las víctimas ni la sociedad”, dijo.

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Coronavirus: el miedo y la incertidumbre de las familias con enfermedades que no son COVID-19

Hay un complicado dilema en España o Italia: ¿cómo cuidar a familiares de grupos de riesgo sin poder acercarte a ellos, sin poder llevarles a un hospital?
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26 de marzo, 2020
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¿Qué harías si tu médico te dijera ‘ni se te ocurra venir a un hospital’, aunque padecieras una enfermedad tan grave como la leucemia y tuvieras síntomas que requieren atención sanitaria urgente?

Es el caso del padre de la periodista Mónica, que roza los 90 años, pero también el de otras numerosas familias de España o Italia con miembros que sufren enfermedades no relacionadas con el nuevo coronavirus y que hoy están en una situación límite.

La creciente amenaza de la COVID-19 ha puesto a prueba los sistemas sanitarios europeos y provocado un desgarro social no visto en época de paz que, en el caso de los grupos más vulnerables, supone un riesgo añadido.

“Mi padre está acojonado”, dice nerviosa Mónica* al otro lado del teléfono desde Alicante, ciudad costera de España donde la enfermedad aún no ha golpeado con tanta fuerza como sí lo ha hecho en la capital del país, Madrid, o Cataluña.

Sus padres cuasi nonagenarios se encerraron en su vivienda cuando se decretó la alarma, en una localidad cerca a Madrid y a 350 kilómetros de donde vive ella.

Su hermana va a atenderles cuando puede, a pesar de que ella también forma parte de un grupo de riesgo: trabaja en una residencia de mayores.

“Yo, claro, le digo ‘no vayas’, pero ella me dice: ‘¿Qué quieres, que se mueran del virus o que se mueran de pena, de desasistencia?'”

Mónica y su madre.

BBC
Mónica** y su madre.

La vida de su padre, entre vómitos y diarrea desde que el coronavirus llegó a España, depende de que “no pille el bicho”, mientras piensan cómo encarar su enfermedad, para la que necesitan una analítica cada tres meses que les diga cómo ajustar su tratamiento.

“Es una angustia. Una angustia a no pillarlo y a no tratarle el tema ”.

Servicios afectados

Tras el surgimiento de la nueva enfermedad en China, el epicentro de la epidemia se ha desplazado hacia Occidente, con Italia y España como los principales focos, con más de 10,900 muertes y de 105,000 diagnosticados con COVID-19 en total hasta el miércoles.

La situación también empeora en Estados Unidos, donde esta semana el número de infectados escaló hasta superar los 65,000, si bien el número de fallecimientos, unos 900, seguía siendo muy inferior a los registrados en el viejo continente.

Médicos en Madrid.

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España e Italia se han convertido en los países en el centro de la epidemia en Europa y el mundo.

El súbito aumento de los casos en Europa, la escalada de la curva que el gobierno español e italiano tratan de “aplanar”, ha llevado a priorizar la batalla contra la desconocida COVID-19 y derivar o aplazar intervenciones o atenciones en ambos países para no saturar los hospitales o poner en riesgo a pacientes vulnerables.

“Las unidades de cuidados intensivos de pequeños hospitales se están convirtiendo en unidades de cuidados intensivos de COVID-19 para que los grandes centros puedan respirar”, explica a BBC Mundo el enfermero italiano Daniele Mohoric, que trabaja en el hospital de Udine, ciudad al noreste del país.

Mohoric asegura que en su centro la situación aún es manejable, y que han recibido pacientes de la región de Lombardía -la más golpeada- porque allí “no tienen más plazas y tienen que decidir a quién intubar“.

La familia de Adriana, estudiante española, ha sufrido en primera persona el revés de esta crisis: la cancelación de una operación que era su “última esperanza” para atajar el grave problema de corazón de su madre, de 56 años.

“Mi madre tiene mil teclas, una de ellas es que sufre arritmias, se toma medicación pero dejó de funcionar. El año pasado le dio un amago de infarto y hace como dos meses tuvo que volver a ingresar. El fallo lo tiene entre dos venas de muy difícil acceso”, explica con voz calmada y cierta impotencia.

Adriana junto a su madre y su hermana.

BBC
“Admiro a mi madre”, dice Adriana, sobre la actitud que ha tomado su progenitora ante este último desafío.

En cuestión de un año, su madre pasó por tres intentos quirúrgicos que resultaron fallidos y el próximo 23 de marzo iba a someterse a una “técnica nueva” en Valencia, pero llamaron para cancelarla.

“Le dijeron que en su caso mejor no salir de casa, no querían que sufriera ningún riesgo, que cerraban quirófanos y que solo si era muy, muy urgente… Que preferían que se quedase en casa mejor, y que si tenía algún problema, fuera a urgencias”.

Tras superar un cáncer, vivir con diabetes y con cansancio crónico, su familia ahora “reza” por que el coronavirus no se sume a esa lista, aunque su madre, dice, se muestra valiente y con ganas:

“Ella dice que si no la mató el cáncer, ni las 20 pastillas que se toma, ni nada, que esto no va a poder con ella”.

Caso a caso

La situación, no obstante, no es igual en todas partes: hay procedimientos que se siguen realizando con éxito y en la fecha acordada tanto en España como en Italia, según pudo saber BBC Mundo.

Los médicos evalúan caso por caso, teniendo en cuenta los riesgos para el paciente y las circunstancias del centro en cuestión. En algunos, ahora mismo, la prioridad es conseguir material de primera necesidad para prevenir contagios entre pacientes o entre los propios sanitarios.

Los profesionales médicos, a quienes la sociedad aplaude a diario, siguen sumando bajas por coronavirus y en el caso de España la tasa de infección en este grupo es la más alta de todos los países afectados por la pandemia, según la Agencia Efe.

Una médica atendiendo a un hombre.

Getty Images
Los médicos evalúan caso a caso.

“La situación es muy, muy grave”, subraya Carmine Borraccino, un médico de familia de la ciudad italiana de Turín, en la vapuleada región norteña de Lombardía.

“Los médicos no tienen material, no tienen mascarillas, no tienen nada. Estamos trabajando prácticamente con las cosas que podemos encontrar”.

Borraccino, que viajó a España recientemente para estar con su familia, cuenta que varios profesionales se organizaron para ir a una planta que estaba fabricando mascarillas y comprarlas allí mismo.

Cuarentena en Italia

Reuters
Lombardía impuso nuevas medidas para frenar los contagios.

Desde la comunidad médica, cada vez se escuchan más voces de alarma y preocupación, ante una crisis que les desborda.

“Estoy viviendo la situación más difícil de mi vida”, asegura por su parte Isabel*, una enfermera de Madrid, la zona más azotada por el patógeno en España.

Al otro lado del teléfono, Isabel comienza a hablar con una voz quebrada, confusa, que solo se despeja cuando confiesa: “Me acaban de decir que estoy infectada“.

Isabel ha pasado las últimas dos semanas en primera línea, en una planta dedicada a pacientes con covid-19, entre los miedos, los llantos, la rabia o la angustia de numerosas personas. También los suyos.

“Cuando empezó el boom en China, se veía muy lejano; cuando empezó el foco en Torreón (Madrid), nosotros el personal pedíamos información. No había”, se lamenta la joven.

"Entramos todos los días en habitaciones con pacientes totalmente solos. La sensación es de abandono".", Source: Isabel, Source description: Enfermera en Madrid, Image: Un grupo de enfermeras

La enfermera explica la complicada situación a la que se enfrentan a diario entre las dudas sobre el virus y la falta de equipos, y los riesgos al tratar a pacientes con covid-19 y otros que no lo tienen, pero podrían contagiarse.

Preguntada por estos últimos, recuerda el caso de una mujer “oncológica e inmunodeprimida” a la que atendió con un “miedo terrible“.

La desolación es total cuando ven a los enfermos de covid-19 y otras personas en situaciones graves -como pacientes oncólogos críticos-, en total soledad, aislados forzosamente de todo y todos.

Alerta

La fuerte red sanitaria en ambos países y el gran esfuerzo de los equipos médicos, sin embargo, hace que se sigan manteniendo servicios clave durante la pandemia.

En el caso de pacientes oncológicos, la presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer, Begoña Barragán, asegura que la situación “está controlada”.

“A mí no me consta que se haya parado ningún tratamiento necesario, con todas las medidas de seguridad. No se han interrumpido las radioterapias ni quimioterapias”, afirma a BBC Mundo.

Las consultas “probablemente” se han ralentizado, precisa, pero ahora mismo el problema mayor de estos pacientes es “el miedo y la incertidumbre“.

Familia saliendo a aplaudir

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El miedo y la incertidumbre pesan sobre muchas familias.

Diversas fuentes consultadas por BBC Mundo en España e Italia aseguran que en ambos países siguen en marcha servicios a domicilio para pacientes de cáncer y otras enfermedades o dolencias que requieren seguimiento.

Mi madre pone su vida en riesgo cada día“, cuenta Ambra Albertazzi, de la ciudad de Turín. “Va a casa de la gente, a tratar a pacientes, pero no sabe lo que puede encontrarse”.

A la rutina de la médico ahora se suman las llamadas de temor que cada día recibe y que muestran el nerviosismo de la población ante la desconocida enfermedad.

“La gente está con mucho miedo. Mucha gente lo está pasando muy mal”, destaca su hija.

En España, esta asistencia se concreta a través de la Unidad de Hospitalización a Domicilio (UHD), para la que trabaja Beatriz* en la costa este de España.

Su equipo pasó varias semanas haciendo las pruebas de coronavirus, pero cuando los casos empezaron a aumentar a nivel nacional, “no se daba abasto” y se limitaron las pruebas a los centros.

cartel en España anunciando que no hay mascarillas.

Getty Images
El desabastecimiento de mascarillas y de otros equipos de protección se ha vuelto un problema en España, Italia y otros países afectados.

Estos profesionales siguen yendo a atender a pacientes que requieren seguimiento, aunque la falta de material también les está afectando.

“Los pacientes que tenemos suelen ser muy delicados, con otras patologías, muchos con problemas respiratorios (…) El otro día visité un paciente con cáncer y cuando yo llegué, se notaba que tenían miedo a que me acercara… No tenía mascarilla“.

Hay profesionales que también han impulsado iniciativas de motu proprio para atender a personas que lo necesiten, como es el caso del oftalmólogo español Javier García Montesinos, que se muestra dispuesto a recibir consultas.

La actividad de algunos profesionales de la medicina se ha visto paralizada inevitablemente, ante el cierre de clínicas y las recomendaciones a no salir de casa si no es estrictamente necesario.

“Solo trabajamos para casos de emergencia, con todas las precauciones. Nuestra actividad diaria se ha suspendido”, cuenta a BBC Mundo Maria Chiara, dentista en un hospital de Milán.

Maria Chiara Francia

BBC
Maria atiende en un hospital de Milán.

Chiara explica que se están esforzando en gestionar las consultas por teléfono para evitar que los pacientes acudan en persona al centro.

La médica hace un doble trabajo, pues se encarga también de atender a personas que viven con VIH, que están en tratamiento antirretroviral y tienen que hacerse una evaluación periódica.

Están asustados“, incide Chiara.

Pese a que la mayoría de pacientes tienen una carga viral “indetectable”, precisa, siguen “teniendo una patología crónica y emocionalmente esto puede influenciar sus miedos”.

Caídas de los transplantes

Otra consecuencia colateral de la actual crisis son los transplantes.

De momento, se siguen produciendo en Italia -según reportan los medios de ese país- y en España, donde hasta el 12 de marzo la actividad se mantenía en niveles más elevados a los del año pasado (con 7,1 donantes y 16 trasplantes diarios), pero se prevéuna caída.

“Desde que se declarara el estado nacional de alarma el día 13 de marzo, la actividad de donación y trasplante se ha reducido, si bien todavía es pronto para evaluar el impacto de la epidemia”, apunta Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes de España.

“Lo previsible es que se resienta de forma importante en las próximas semanas, particularmente en las áreas más afectadas donde las unidades de cuidados intensivos de los hospitales están saturadas por el número de pacientes críticos afectados por COVID-19 que tienen que asistir”, señala a preguntas de BBC Mundo.

Un terrible adiós

En estas circunstancias, una pregunta se repite en todas las conversaciones: ¿cuándo acabará todo esto? Y, sobre todo, ¿cuándo podré volver a abrazar a mis familiares?

“Hasta ahora, la gente está respondiendo de una manera muy importante. La actitud italiana -y creo que también la española- es muy abierta, muy de contacto social, y lo que propicia esta situación es totalmente lo contrario: la peligrosidad del contacto”, reflexiona Angelo*, un psicoanalista de Milán.

Un anciano cruza la calle en silla de ruedas.

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La crisis sanitaria provocó una crisis social insólita en tiempos de paz.

Una de las cosas más traumáticas de este periodo que les ha tocado vivir, destaca a BBC Mundo, es el hecho de que los vínculos familiares se hayan puesto en una situación extrema.

Y es que los españoles e italianos se enfrentan a un gran dilema a diario: cómo ayudar a sus familiares en la lejanía, arriesgándose a no volver a verles nunca más. Incluso a no poder darles el último adiós.

“En Bérgamo, no ha sido posible despedirse de los padres muertos…”, lamenta el psicoanalista italiano. Esto es terrible”.


*Nombres ficticios para preservar la privacidad de los entrevistados.

**Cuando este reportaje estaba ya elaborado, el padre de Mónica presentó síntomas de covid-19 y su situación se agravó, por lo que Mónica acudió a estar con ellos a pesar del aislamiento.

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