Las mujeres cumplen hasta cinco años más de cárcel que los hombres: informe
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Las mujeres cumplen hasta cinco años más de cárcel que los hombres: informe

La condena que más aparece en la encuesta para las mujeres es de 25 años, mientras que para los hombres es de 5. 
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Las mujeres mexicanas que son condenadas cárcel cumplen de media cinco años más que los hombres, según un informe elaborado por la ONG Reinserta.

La organización presenta hoy un diagnóstico sobre la percepción de la defensoría penal en el que analiza cómo las personas privadas de libertad observas la labor de sus defensas.

Para su elaboración, un total de 3 mil 073 personas presas del Estado de México, Tamaulipas, Quintana Roo, Baja California Sur y Nuevo León respondieron a cuestionarios sobre la labor de sus defensores: si reciben sus visitas, presentan recursos o lograron una rebaja en sus condenas. 

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“En lo general el sistema penal es más duro con ellas, existe una construcción en torno al género”, explicó Fernanda Dorantes, directora del área jurídica de Reinserta. “A la mujer se le ve como cuidadora y tiende a ser castigada más que un hombre, cuyos estándares de comportamiento se ven más bajos”, afirmó.

El estudio revela que las mexicanas presas pasan de media 23.5 años en prisión, mientras que los hombres cumpen 17.5 años encerrados. En general, la condena que más aparece en la encuesta para las mujeres es de 25 años, mientras que para los hombres es de 5. 

“Aun cuando los delitos más frecuentes de ambos grupos son de alto impacto social, este sesgo puede deberse a que las mujeres reciben un castigo más severo por el mismo delito”, dice el estudio.

El informe revela que casi la mitad de los presos encuestados (48%) y más de un tercio de las mujeres que participaron (36%) no conocen a su abogado defensor. “Es necesario aclarar que, por ley, en todo acto procesal en el que intervenga el imputado, debe estar asistido por su defensor; en este sentido se infiere que la aseveración relativa a “no conocer al abogado defensor” se relaciona con la escasa interacción y el nulo establecimiento de un vínculo, situación no menos grave”, dicen en Reinserta.

En relación al tipo de defensa al que recurren, el documento revela que el 68% de los hombres tiene abogado de oficio, por un 52% de las mujeres. Es decir, que las mujeres suelen recurrir más a contratar los servicios de un letrado de pago. Siguiendo con esta lógica, las mujeres tienden a gastar más en su defensa. De media, invierten unos 155 mil pesos en su defensa, por 100 mil pesos que abonan los hombres.

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El 27% de las mujeres encuestadas (33% de los hombres) cree que su abogado no hizo un buen trabajo, el 18.3% (23.2%) dice que era de oficio y se lo cambiaron sin que ella pudiera intervenir y el 12.3% (10.7%) cree “solo me usó por dinero”. 

Existe consenso en cuanto a la eficiencia en la reducción de penas. El 74% de los hombres y el 76% de las mujeres no lograron que su condena fuese disminuida por el trabajo de su abogado defensor.

Cuatro de cada diez encuestados valoraron muy T el trabajo de sus defensores hasta el punto de darle un 0 en una escala de 0 a 10. 

De media, las mujeres puntúan con un 3.95 a sus abogados y los hombres con un 3.73. Es decir, que ninguno aprueba a sus letrados, sean estos públicos o privados. 

El informe evalúa el trabajo de los defensores en cuatro categorías: buenas prácticas, preparación y acompañamiento, usos de recursos procesales  y observancia de derechos. 

Sobre las prácticas de sus abogados, el 41% de las mujeres asegura que su letrado ni siquiera logró que la acusada pudiera hacer preguntas al juez o al ministerio público, el 37% no juntó pruebas para defender a su cliente y el 39% no cumplió con el acuerdo de trabajo realizado.

Además, el 32% no resolvió las dudas de su clienta y el 36% ni siquiera le acompañó durante su declaración. 

En relación con los recursos procesales, el 41% ni siquiera explicó el contenido de la apelación. 

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El estudio también muestra una falta de preocupación porque los clientes vean respetadas sus garantías procesales. Por ejemplo, el 44% de las mujeres dice que sus abogados no se cercioraron de que jueces o policías les hubiesen pedido un soborno y el 47% no se cercioró de que no hubiesen recibido golpes o amenazas en algún momento del proceso. Además, un 73% no se preocupó de proporcionar apoyo para los hijos de las personas que fueron detenidas pero tenían familia a su cargo.

“Llama la atención que son más las mujeres sin sentencia que los hombres: 35.8% contra 14.2%  Por otra parte, se observó que las sentencias de las mujeres son más largas: en promedio las mujeres tienen un tiempo de sentencia aproximado a 23 años, mientras que en los hombres el promedio es de aproximadamente 17 años, aun cuando los delitos más frecuentes de ambos grupos son de alto impacto social (robo, secuestro y homicidio en el caso de las mujeres, y robo, homicidio y violación en el caso de los hombres). Esto refleja que las mujeres suelen recibir castigos más severos por el mismo delito”, dice el informe en sus conclusiones. 

“De las cifras obtenidas en torno al género encontramos que, a nivel sistema de justicia, las mujeres afrontan condiciones más precarias que los hombres, lo que se evidencia con el hecho de existir una cifra más elevada de quienes no cuentan con sentencia y que, a su vez, las sentencias condenatorias son de mayor duración. Estos datos pueden correlacionarse con el hecho de que las mujeres invierten mayores recursos económicos en pagar un servicio de defensoría penal y que cambien de defensor con mayor frecuencia que los hombres”, explica.

Como recomendación, el informe plantea que la “defensoría penal sea impulsora de impartición de justicia con una verdadera perspectiva de género”. De este modo, pide “brindar capacitaciones y dotar de herramientas a los defensores para que se desempeñen con altos estándares en materia de perspectiva de género, incidiendo en las determinaciones jurisdiccionales, pero también asumiendo dichos estándares como parte de su propio desempeño”. 

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Coronavirus: ¿qué le hace el COVID-19 a tu cuerpo?

Los síntomas del nuevo coronavirus se han difundido ampliamente entre la población para que podamos reconocer un posible caso de infección y así evitar que la enfermedad siga propagando. ¿Pero cuánto sabemos sobre cómo infecta nuestro cuerpo?
14 de marzo, 2020
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Con más de 147.800 infectados y cerca de 5.500 muertos hasta el 14 de marzo, el covid-19 se ha expandido a más de 110 países.

Aunque aún quedan muchas dudas sobre este nuevo virus que apareció por primera vez en la provincia central de Hubei en China, hacia finales de 2019, se estima que el contagio se produce cuando aspiramos pequeñas gotas expulsadas a través de la tos o el estornudo de una persona infectada.

También cuando entramos en contacto con una superficie contaminada por el virus.

Conocemos también sus síntomas: cansancio, fiebre y tos seca son los principales, pero también algunos pacientes pueden tener dolores, congestión nasal, dolor de garganta y diarrea, según la página informativa de la Organización Mundial de la Salud.

¿Pero qué le hace exactamente el coronavirus a nuestro cuerpo? ¿Cómo lo infecta? ¿Y cómo queda nuestro organismo después de superar la enfermedad?

“El coronavirus es principalmente un virus respiratorio“, le explica a BBC Mundo William Schaffner, profesor de medicina preventiva y enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad Vanderbilt, en Estados Unidos.

Por está razón, comienza infectando la garganta.

Cuando el virus entra en nuestro cuerpo —ya sea por los ojos, la boca o la nariz— “se sujeta a las células de la mucosa del fondo de la nariz y la garganta”, dice el experto.

Coronavirus MERS

Getty Images
Para replicarse, el coronavirus necesita secuestrar una célula.

Gracias a sus proteínas en forma de lanza que sobresalen de la superficie, el coronavirus puede penetrar la membrana de estas células.

“Y una vez dentro de la célula, al igual que los demás virus, comienza a darle la orden de producir más virus”.

Esta es la forma que tiene el virus de replicarse, ya que al ser un agente infeccioso microscópico acelular, solo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos.

Una vez que las copias están listas, salen de la célula donde se originaron, la destruyen, y comienzan a infectar a otras células.

Cada virus, puede crear entre 10.000 y 100.000 réplicas.​

“Cuando esto ocurre, el cuerpo se da cuenta de que el virus está allí y produce una respuesta inflamatoria para tratar de combatirlo”, explica Schaffner.

“Por eso es que empezamos a sentir un poco de dolor de garganta y es posible que sintamos la nariz tapada”.

Recorrido

“El virus se dirige luego hacia los conductos bronquiales (las vías respiratorias que llegan hasta los pulmones) y allí produce una inflamación en las mucosas de estos conductos”.

“Esto provoca irritación y por ello empezamos a toser“, señala Schaffner.

Gráfico

BBC

Mientras esto ocurre, “aumenta la respuesta inflamatoria porque el cuerpo está peleando contra el virus, y, como consecuencia, aparece la fiebre“.

En este punto es cuando cuando empezamos a sentirnos mal y perdemos el apetito.

De acuerdo a un análisis de la Organización Mundial de la Salud basado en el estudio de 56.000 pacientes, el 80% de los infectados desarrollará síntomas leves (fiebre, tos, y en algunos casos neumonía), el 14% síntomas severos (dificultad para respirar y falta de aire) y un 6% sufrirá una enfermedad grave (falla pulmonar, choque séptico, fallo orgánico y riesgo de muerte).

La situación puede empeorar si el virus “deja el conducto bronquial y llega a los pulmones, donde provoca una inflamación (neumonía)”.

“Si una porción suficiente de tejido pulmonar está afectada, al paciente le resultará más difícil respirar, porque no puede exhalar el ‘aire malo’ e inhalar el ‘bueno'”.

Cuando el cuerpo no puede recibir oxígeno suficiente, el paciente debe ser hospitalizado y posiblemente necesitará que lo conecten a un respirador.

Guerra

El problema no es solo la infección, sino la forma en que responde nuestro organismo para luchar contra ella, le explica a BBC Mundo Kalpana Sabapathy médica clínica y epidemióloga del equipo de salud global de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical en Londres, Reino Unido.

“Para evitar que la infección secuestre a nuestras células, nuestro cuerpo produce sustancias químicas que son bastante agresivas”.

En el caso de la neumonía, “crea congestión en los pequeños sacos de aire en la base de nuestros pulmones (alvéolos)”.

Neumonía

SPL
La imagen de los pulmones de una persona infectada muestra zonas con neumonía.

Estas pequeñas estructuras son las que normalmente se llenan de aire, y a través de sus paredes se produce el intercambio gaseoso por el cual el oxígeno llega a la sangre, y de allí al resto del cuerpo.

“Pero si estos sacos están llenos de infección, combinada con la respuesta de nuestro cuerpo a esa infección, tienen menos capacidad para el aire”, señala Sabapathy.

“Y si el cuerpo no recibe suficiente oxígeno esto da lugar a una falla respiratoria, y el corazón, al no recibir suficiente oxígeno a través de la corriente sanguínea, no puede funcionar”.

Schaffner compara la respuesta inflamatoria con un conflicto bélico.

“Imagínate que es una guerra. Hay dos ejércitos que pelean entre sí, pero a veces las bombas lastiman a civiles. O pueden caer sobre el hospital, o el museo, pero no sobre el enemigo”, afirma.

Es decir, la respuesta puede ser tan potente que acaba dañando el tejido donde se aloja el virus.

Mujer estornudando

Getty Images
Las gotas de un estornudo pueden viajar hasta dos metros.

“Lo llamamos daño colateral. Es lo que puede ocurrir cuando la respuesta inflamatoria es tan vigorosa que se suma al problema de la neumonía (…)”.

Esto significa que no hace falta que la infección se traslade a otra parte del cuerpo para que una persona infectada se encuentre en estado crítico.

Entonces… ¿puede el coronavirus propagarse también por otra parte del cuerpo?

De la nariz al recto

Según le explicó al New York Times Amy Compton-Phillips, directora clínica del Sistema de Salud de Providence, en Estados Unidos, la infección puede propagarse desde la nariz hasta el recto.

Un estudio publicado en marzo en la prestigiosa revista The Lancet no es concluyente, pero también sugiere que el covid-19 “no solo es capaz de provocar neumonía, también podría provocar daños en otros órganos como el corazón, el hígado y los riñones, así como en sistemas corporales como el de la sangre o el sistema inmunitario”.

En base a estudios que se han hecho sobre el SARS (síndrome respiratorio agudo grave), “primo” del covid-19, “pensamos que puede ir a otras partes del cuerpo”, dice Schaffner.

Esto puede explicar en parte porque algunos pacientes infectados han sufrido diarrea y dolores abdominales, problemas que no están directamente vinculados a una infección respiratoria.

Escuela vacía

Getty Images
Una serie de países han suspendido las clases para evitar la propagación del virus.

Estas enfermedades, dice Schaffner, en referencia al SARS y al MERS (coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio) “se ven muy parecidas en sus estadios más graves”.

Pero para llegar a esta conclusión, habrá que “conocer los resultados de las autopsias, y esa información recién está empezando a revelarse”, afirma.

En cuanto al daño a largo plazo, tanto en los pulmones como en otros órganos, el especialista dice que la vasta mayoría se recupera completamente.

Aunque también “hay algunos reportes de pacientes que, como consecuencia de la inflamación, pueden tener algunas cicatrices en los pulmones y una función pulmonar más reducida”.

“Llevará tiempo determinar esto con más precisión y, en este momento, la atención está dirigida a los casos agudos de la enfermedad”.

“No hemos tenido tiempo aún de pensar en el largo plazo”, concluye el experto.


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