¿Triste o enojado? Así puedes afrontar el aislamiento por el COVID-19
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¿Estás triste o enojado? Así puedes afrontar el aislamiento por el COVID-19 sin perder el buen ánimo

El país entró en fase 2 por la pandemia de COVID-19, y será necesario quedarse en casa lo más posible. He aquí estrategias para vivir el aislamiento de la mejor manera.
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24 de marzo, 2020
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México entró en la fase 2 de la pandemia por COVID-19, por lo que, más que nunca, el aislamiento social es necesario para evitar la propagación de casos de coronavirus. La consigna es salir de casa solo si es indispensable. Esto puede tener efectos negativos en la salud emocional, física y mental, pero hay estrategias para evitarlos.

Cuando se está en un aislamiento social de este tipo, el encierro puede alterar los hábitos alimenticios, las personas suelen comer más y están en riesgo de subir de peso, explicó hace unas semanas Lorena Rodríguez-Bores Ramírez, secretaria técnica del Consejo Nacional de Salud Mental, durante una conferencia. 

Además, el sedentarismo y la alteración de horarios podrían ocasionar fatiga, lentitud física o mental y cambios en el ciclo de sueño. Estar en medio de una pandemia y el aislamiento en casa también pueden afectar la parte emocional y generar desánimo, tristeza, miedo y, por lo tanto, irritabilidad. 

Lee: México pasa a la fase 2 por COVID-19; habrá restricción laboral y apoyo de Fuerzas Armadas

Esa irritabilidad puede, a la vez, generar peleas con la familia cercana con la que se está conviviendo e incluso desencadenar situaciones de violencia. “Así que necesitamos estrategias de afrontamiento para evitar en lo posible todos estos efectos negativos”.

Primero se debe tener en mente que esto es una situación temporal, que va a terminar y no va a ser un tiempo prolongado.

“Hay que tener muy presente que mantenernos en casa es no solo por nuestro propio bien, cambiar la visión de injusticia al vivir una pandemia por algo positivo, y pensar que al quedarnos en casa estamos contribuyendo también con la salud de la familia y de muchas otras personas”, aseguró Lorena Rodríguez-Bores.

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Mantiene una rutina

También recomendó diseñar y tratar de mantener una rutina que ayude a tener una sensación de normalidad y control, como mantener los mismos horarios de comida, de sueño, “eso provoca una sensación de previsibilidad en lugar de la de incertidumbre frente a una epidemia”. 

Es importante, además, no estar todo el tiempo viendo la televisión sino mantenerse activo, hacer ejercicio en casa, buscar actividades manuales. 

En el caso de los niños, deben ocuparse haciendo las actividades que les encomienden en la escuela, y mantener su rutina como si estuvieran en clases: que se levanten a la misma hora, respeten sus horarios de comida y de sueño. 

Lee más: “Ni en días festivos hay tan poca gente”: cierre de negocios por COVID-19 vacía las calles de CDMX

Aprovechar la convivencia 

“Esta etapa de aislamiento social puede ser un buen momento para la convivencia familiar, hay que sacar los juegos de mesa, los rompecabezas, convivir y jugar con los niños”, recomienda la especialista. 

Pero para que esa convivencia sea lo más sana posible y los niños no caigan en la misma incertidumbre y miedo frente a la pandemia, los padres de familia deben mantenerse bien informados y hablar con ellos.

“Hay que definir horarios para enterarse de la situación y evitar las noticias falsas. Hay que hablar con los niños y explicarles sin alarmismo y con un lenguaje que ellos entiendan lo que está pasando. Si tienen ellos alguna duda y el padre no tiene la respuesta, se vale decir ahora no lo sé pero déjame buscar la información, y si el adulto está en un momento de angustia o alguna emoción negativa, ese no es momento de hablar con los niños”. 

Además hay que ser congruentes entre lo que se dice y lo que se hace. “No se puede intentar estar tranquilos y querer tranquilizar a los niños y después salir corriendo a hacer compras de pánico, no, hay que actuar con serenidad”.

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Las guerras que se han peleado en México por la religión católica y su influencia en el país

Se cumplen 99 años del fin de la Guerra Cristera, una de las más violentas en la historia de México y que, como otras dos, tuvo una importante participación de la Iglesia católica en los conflictos.
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21 de junio, 2020
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Para la mayoría de los mexicanos el 21 de junio representa el fin de la primavera y el inicio del verano. Pero para muchas personas, especialmente católicas, este día es más que una efeméride.

Hace 99 años terminó la Guerra Cristera que ocurrió entre 1926 y 1929, un período de intensas batallas entre fieles de la Iglesia católica y el Ejército Mexicano.

Los combates se desarrollaron en casi todo el país, aunque fueron particularmente intensos en la región central conocida como El Bajío.

En la Cristiada, como también se le conoce, murieron más de 250.000 personas según documentaron historiadores.

Fue la tercera de las guerras en la historia de México donde la religión y particularmente la Iglesia Católica, tuvieron un papel relevante.

Las otras dos fueron el proceso de Independencia iniciado en 1810 por el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, así como la Guerra de Reforma o de los Tres Años entre 1857 y 1861.

En distintas formas los procesos contribuyeron a la formación de lo que ahora es México coinciden especialistas, sobre todo por el carácter laico del país.

Pero de las tres la más reciente, la Cristera, es la que tiene una influencia más sensible.

Independencia México

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La guerra por la independencia de México fue encabezada por sacerdotes católicos

En algunas regiones del país y entre muchos católicos existe la idea de que se trata de una herida no cerrada. Pero otros creen que la prolongada batalla dejó una fuerte enseñanza a los mexicanos.

“La iglesia y el Estado aprendieron la lección”, dice a BBC Mundo Jean Meyer, maestro emérito del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE).

“No hay que jugar con la fe del pueblo, sería como incendiar la pradera en una temporada de sequía”.

La Independencia

Cuando ocurre la guerra de Independencia, al inicio del siglo XIX, en el Virreinato de la Nueva España se vivían casi 300 años del período conocido como La Colonia.

En el territorio de lo que hoy es México existía una creciente inconformidad entre los criollos, que eran la mayoría de la población en las grandes ciudades, hacia los españoles peninsulares.

Un ambiente que también prevalecía dentro de la iglesia Católica, recuerda el especialista en religiones Bernardo Barranco.

Miguel Hidalgo

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El sacerdote Miguel Hidalgo inició la guerra de Independencia

“La independencia se plantea como una gran lucha, pero al mismo tiempo también son luchas intereclesiásticas”, explica a BBC Mundo.

“Existía lo que se llamaba el bajo clero o un clero ilustrado frente a la hegemonía del clero imperial, casado con la Corona Española y que detentaba los resortes de la autoridad”.

El clero ilustrado eran sacerdotes con una educación adicional a la formación religiosa, y que en esa época estaban influenciados por las ideas de la Ilustración, populares en Europa.

Sacerdote ilustrado

Uno de ellos fue Miguel Hidalgo y Costilla, párroco en el pueblo de Dolores, Guanajuato en el centro del país.

Hidalgo se unió a una sociedad secreta que impulsaba la creación de un congreso para gobernar el territorio a nombre del rey Fernando VII, quien había sido depuesto por las tropas de Napoleón Bonaparte.

La conspiración fue descubierta y el 16 de septiembre de 1810 el sacerdote reunió a una multitud en Dolores y emprendió la lucha contra el Virreinato.

La jerarquía católica reprobó la insurrección, e inclusive excomulgó al sacerdote. Era parte de las diferencias internas en la Iglesia, recuerda el historiador Barranco.

colonia española México

INAH/Museo Nacional del Virreinato
México vivió 3 siglos como colonia española

“La Iglesia es un conglomerado de instituciones, de diócesis, personajes y actores locales, no es homogénea”, explica.

En la época de la Independencia “el bajo clero ilustrado no tenía control del aparato, pero sí de las masas”.

Hidalgo fue derrotado en 1811. Meses después fue sentenciado a muerte pero la guerra por la independencia no se detuvo.

Otro sacerdote, José María Morelos, se hizo cargo del Ejército Insurgente aunque también fue derrotado. La lucha terminó en 1821.

Guerra de Reforma

A partir de 1855 se promulgó una serie de leyes conocidas como de Reforma que fueron rechazadas por la iglesia Católica.

Las legislaciones establecían, por ejemplo, la obligación de vender todas las propiedades de la iglesia, anulaba los tribunales especiales para militares y sacerdotes y establecía la libertad de opinión y de imprenta.

También se estableció la libertad de cultos y de educación, además de abolir la esclavitud en todo el país.

Benito Juárez

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Benito Juárez separó a la Iglesia del Estado mexicano

En los hechos implicó la separación de la Iglesia de las tareas de gobierno, pero lo que más causó inconformidad fue la obligación de vender sus propiedades.

“Se desató la furia del clero hegemónico porque la iglesia Católica era dueña de más de un tercio del territorio del país“, dice el historiador Barranco.

El conflicto se profundizó cuando las Leyes de Reforma se incluyeron en la Constitución de 1857. En ese entonces el presidente de México era Benito Juárez.

Invasión francesa

La jerarquía católica amenazó con excomulgar a quienes acataran las nuevas leyes mientras que los conservadores, apoyados por la iglesia, desconocieron la Constitución.

Un grupo de militares se levantaron en armas mediante el llamado Plan de Tacubaya, al que se sumaron varios gobernadores.

Empezó entonces una guerra civil que duró tres años, hasta 1860 cuando los conservadores fueron derrotados.

La confrontación, sin embargo, arruinó las arcas del gobierno de Juárez, quien suspendió el pago de la deuda con Francia, Reino Unido y España.

Maximiliano de Habsburgo

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Maxililiano de Habsburgo fue emperador con apoyo de Francia

En represalia el emperador Napoleón Bonaparte envió tropas para invadir México. La decisión fue apoyada por los conservadores y la iglesia.

Inclusive en 1863 promovieron la creación de un estado monárquico en México gobernado por Maximiliano de Habsburgo.

La invasión fue derrotada en 1867. A partir de ese año se promulgaron más leyes que separaron definitivamente a la iglesia del Estado.

La Cristiada

Los primeros gobiernos tras la Revolución Mexicana (1910-1915) aplicaron medidas severas para tratar de controlar el culto religioso en el país.

El presidente Plutarco Elías Calles, por ejemplo, promulgó un decreto para obligar a todos los sacerdotes a registrarse ante la Secretaría de Gobernación para ejercer su ministerio.

Guerra Cristera

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El grito de guerra de los cristeros fue “Viva Cristo Rey”

No era sólo una acción administrativa, explica Jean Meyer, uno de los historiadores que más ha documentado este período.

“En 1925 el gobierno intentó formar una iglesia cismática, una iglesia católica, apostólica y mexicana cortando relaciones con el Vaticano”, explica.

La jerarquía católica trató de frenar en los tribunales el decreto presidencial pero sin éxito.

En 1926, cuando la ley empezó a aplicarse, la iglesia suspendió el culto público.

En respuesta las autoridades cerraron todos los templos con el argumento de hacer un inventario, pues legalmente los recintos son patrimonio nacional.

“En muchos lugares la gente se amotinó o llenó los templos para impedir su cierre y empezó a correr la sangre” recuerda Jean Meyer.

“Así de manera espontánea entramos en la etapa de la lucha armada. Pasó a la historia como una cristiada que duró del verano de 1926 al 21 de junio de 1929”.

La herencia

A este período se le conoce como la Guerra Cristera pues quienes se enfrentaron al Ejército lo hicieron en nombre de la religión católica. Su grito de batalla era “Viva Cristo Rey”.

Las hostilidades terminaron en 1929 después de varios años de negociaciones donde inclusive participaron las embajadas de España y Estados Unidos, por ejemplo.

Guerra Cristera

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250.000 personas murieron en la Guerra Cristera. Sólo 80.000 eran combatientes

No hubo ganadores, asegura Jean Meyer. “Era una situación muy difícil, fue como un empate”.

Los cristeros “no tenían la suficiente fuerza para derrocar al gobierno y el Ejército fue incapaz de derrotar a la guerrilla”.

Una de las razones centrales para terminar el conflicto fue el alto número de víctimas.

Más de 250.000 personas murieron en la Cristiada pero de ellos unos 80.000 eran combatientes dice Jean Meyer.

El resto fueron campesinos de las tierras donde se libraron las batallas. Por eso, afirma el maestro del CIDE, la Guerra Cristera es uno de los momentos de más violencia en la historia de México.

La influencia de ese período aún permanece en algunos sectores del país, sobre todo en la iglesia Católica.

Varios sacerdotes y combatientes cristeros han sido canonizados por Juan Pablo II y el papa Francisco. De los 31 santos mexicanos 26 participaron en la Guerra Cristera.

El más reciente fue José Sánchez del Río, un adolescente de 14 años quien según la iglesia fue ejecutado en 1928 por el Ejército en Sahuayo, Michoacán.


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