El impacto del COVID-19 para los mexicanos que radican en otros países
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Quedarse sin empleo en Madrid y París o perder una estancia: el impacto del COVID-19 en mexicanos en el exterior

Mexicanos que trabajan y estudian en España, Francia o Italia explican el impacto que la cuarentena ha tenido en sus vidas: desde perder temporalmente el empleo hasta quedarse sin una estancia en una universidad de Israel.
AFP
Por Alberto Pradilla y Manu Ureste
17 de marzo, 2020
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“Estoy suspendida. Llevamos cuatro días en encierro, en cuarentena, y no sabemos cómo va a ser el proceso. El gobierno está por sacar el plan económico y no sé cómo voy a cobrar o si me van a mandar directamente al paro”.

Montserrat López tiene 27 años, es de Ciudad de México, pero vive en España desde hace más de un año. Llegó a Madrid en enero de 2018 después de una década residiendo en Colima. Trabaja, o trabajaba, en una cadena de restaurantes, que prefiere no mencionar, hasta el viernes pasado, cuando el presidente Pedro Sánchez decretó el estado de alarma a causa del coronavirus y les mandaron a casa.

Su caso representa la incertidumbre que castiga a cientos de miles de trabajadores en España. Obligados a recluirse en su casa por la extensión de la enfermedad, no saben qué va a ser de su puesto de trabajo ni cómo van a cobrar.

Lee: Aumenta a 82 la cifra de personas con COVID-19 en México

España está cerca de los 10 mil contagios y alcanzó las 340 muertes a causa del COVID-19. El viernes el gobierno impuso el estado de alarma y el sábado se decretó una cuarentena que impide salir de casa salvo para ir a trabajar, abastecerse o emergencias médicas. Sin embargo, muchas empresas han decidido cerrar.

Es el caso de la cadena en la que está empleada López. 

Por el momento, el gobierno español no ha hecho público ningún decreto económico que regule las condiciones de estos trabajadores o implemente ayudas para las empresas que han cerrado. Estaba previsto que esta medida se haga pública el martes 17 de marzo. 

Europa es ahora el epicentro de la pandemia por coronavirus. Por eso, sus gobiernos están centrados en contener los contagios. Luego vendrá el impacto en la economía de un virus que ha sacudido brutalmente la vida en países como Italia, España o Francia. 

“No es que no tengamos trabajo, porque no nos despidieron”, dice la joven. Lo lógico, según explica, es que la empresa aplique un Expediente Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Se trata de un modelo por el que los empleados van al paro durante el tiempo en el que la empresa permanece cerrada. Este es un sistema ventajoso para la compañía, que no tiene que hacerse cargo de los salarios. 

“Pienso que sí voy a cobrar, pero que será un porcentaje menor a mi sueldo regular”, dice López. “Por cuestiones vivo con un pariente y lo positivo es que no me pierdo de pagar la renta. Pero ese es no es el mismo caso de mis amigos, que van a tener que rascar de ahorros para seguir pagando la renta y la comida”, explica. 

La incertidumbre se amplía más allá del trabajo. “Estamos muy tensos y preocupados. Hoy tuve que salir a la tienda porque me quede sin víveres, la gente está sacada de onda”, dice.  

Lee: Mexicanos en Italia y España: así viven la cuarentena por COVID-19

Mientras el gobierno español y su empresa determinan qué ocurre con su salario, López sigue en cuarentena. Apenas baja a la calle para comprar víveres y advierte: “no son vacaciones, se debe tomar como una medida de precaución para evitar el contagio”.  

“Ofertas por coronavirus”

Andrea lleva más de una década viviendo en París, Francia. Al otro lado de la llamada por whatsapp, su voz suena trémula, nerviosa. Hace apenas unas horas que escuchó el mensaje que dio este lunes a la nación el presidente de la República, Emmanuel Macron, en el que repitió hasta seis veces que Francia y Europa “están en una guerra de salud” contra un “enemigo que está aquí, y que es invisible y esquivo”. 

Francia ha registrado más de 6 mil 600 casos y casi 150 muertos por coronavirus.

“Jamás imaginé que viviría una situación semejante a lo que hoy está pasando en Europa. No nos damos cuenta de las libertades que tenemos hasta que llega un día como hoy y te dicen: ya no puedes salir de tu casa hasta nueva orden. Es algo que sí te asusta mucho”, asegura la mexicana.

Ahora, Andrea lleva varios días confinada en su departamento, bajo amenaza de ser multada por la gendarmería francesa si sale a la calle más de una vez al día a pasear al perro, o si sale por ningún otro motivo que no sea ir al supermercado a comprar víveres, o a la farmacia.  

Pero, apenas la semana pasada, la situación era muy distinta. 

En su trabajo en un hotel-spa en París, cuenta la mexicana, hubo mucha resistencia para atender el llamado de las autoridades y cerrar sus puertas.

Lee: COVID-19: Adultos mayores son más vulnerables, ¿cómo deben cuidarse y cómo apoyarlos?

De hecho, durante la semana pasada el hotel estuvo lleno por la cancelación de múltiples espacios culturales y de ocio en Paris, como las visitas a la Torre Eiffel o al Museo del Louvre. 

“El negocio era redondo”, dice Andrea, terapeuta de profesión. “Y por eso la instrucción del director del hotel era seguir trabajando a pleno rendimiento, como si no existiera el coronavirus”. 

Andrea tuvo que atender cientos de llamadas de clientes que buscaban una reservación en el spa para darse un masaje, a pesar de que en países como la vecina Italia el brote del Covid-19 ya había alcanzado cifras de contagios y de muertes alarmantes, y en otros como España los casos comenzaban a multiplicarse. 

“La gente nos hablaba para preguntarnos si no teníamos promociones o descuentos por el coronavirus”, dice enojada la terapeuta.

“Es decir, la prioridad de la gente no era protegerse del virus y evitar que la situación se saliera de control, como ha sucedido ahora. Solo les interesaba aprovechar el viaje a París y relajarse en el spa o en la piscina”, añade.

Pero todo cambió el jueves pasado, cuando Macron dio su primer mensaje a la nación advirtiendo de la gravedad del brote de coronavirus. 

A partir de ese día, la dirección del hotel dio su brazo a torcer -bajo amenaza de fuerte sanción del gobierno galo, que solo permitió la apertura de industrias y de sectores clave en la economía del país, como la construcción- y mandó a todo su personal a confinamiento a sus casas. 

Ahora, la dirección del hotel y sus empleadas y empleados están en proceso de negociación, para ver cómo asumen las pérdidas económicas que dejará el coronavirus y la ausencia total de clientes -y de trabajo- en al menos un mes. 

Por el momento, Andrea dice que está consumiendo los 15 días de vacaciones que no utilizó el año pasado. Y, una vez que se le agoten, la empresa le ha prometido que continuará recibiendo su sueldo íntegro, con la ayuda que dará el gobierno de Macron a los pequeños y medianos empresarios galos para amortiguar los efectos de la crisis.

“Eso es algo que aún está por ver -admite la mexicana-, pero ahora lo importante es apoyar para que todos salgamos de esta crisis”.

Perder una estancia universitaria por la cuarentena

Alejandro Javier Solares Rojas, originario de Ciudad de México y de 29 años, debería estar en Haifa, Israel. Allí tenía prevista una estadía de tres meses dentro de su doctorado sobre Lógica en la Universidad Estatal de Milano, en Italia. Ahora, sin embargo, está alojado en la casa de un amigo porque ni siquiera tiene departamento propio. 

“El primero de marzo iba a salir para Israel, una semana antes estaba preparando la maleta, así que dejé de rentar mi departamento”, explica.

De repente, los contagios se dispararon en Lombardía y comenzaron los rumores sobre el aislamiento. 

“La persona que me invitó en Haifa me dijo que lo más probable era que me pusieran en cuarentena y que los dormitorios no me podían recibir”, explica.

Así que esperaron. 

A las tres semanas, la situación se había descontrolado, Italia estaba bajo cuarentena y su estancia, postergada de manera indefinida. De heco

En su caso, reconoce, “no afecta mucho, ya que sigo percibiendo mi beca, a no ser que la economía se desplome, y estoy en contacto con mi asesor en Milán”.

Por ese motivo, desde el inicio de la crisis, dice que decidió quedarse en casa. 

“Tengo 29 años, no soy del grupo de riesgo, pero lo que hablamos es que se trata de una cuestión de comportamiento cívico”, dice. 

Ahora, confinado en el departamento de su amigo, sigue centrado en sus estudios y mantiene la comunicación con su familia en México. “Mi mamá me dijo que volviera, pero no me había hecho la prueba, y es incongruente ir a México para poner en riesgo a mis padres, que son mayores y tienen antecedentes de asma”, explica. 

“Todo fue demasiado rápido e inesperado”, dice, sobre su experiencia. Confía en que otros, en referencia a México, no cometan el error de minusvalorar la amenaza.

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¿Qué son las células T y de qué forma aportan inmunidad oculta contra la COVID-19?

Un enigmático tipo de glóbulos blancos está adquiriendo cada vez más importante en la lucha contra la covid-19. ¿Podrían estas células ser la clave para evitar la propagación de la infección?
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27 de julio, 2020
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Aunque investigaciones recientes sugieren que los anticuerpos contra la covid-19 pueden perderse en solo tres meses, han surgido nuevas esperanzas en el horizonte con las enigmáticas células T.

Los indicios se habían estado acumulando desde algún hace tiempo.

Primero, los científicos descubrieron pacientes que se habían recuperado de la infección de covid-19, pero misteriosamente no tenían anticuerpos contra la enfermedad.

Después surgió el hallazgo de que muchos de los que sí habían desarrollado anticuerpos parecían perderlos solo pocos meses después.

En resumen, aunque los anticuerpos han mostrado ser invaluables para rastrear la propagación de la pandemia, quizás no tienen el rol esencial en la inmunidad como se había pensado.

Si vamos a adquirir una protección a largo plazo, parece cada vez más probable que esta tendrá que surgir de otra parte.

Pero aunque el mundo ha estado preocupado con los anticuerpos, los investigadores han comenzado a darse cuenta de que quizás hay otra forma de inmunidad, una que, en algunos casos, ha estado latente y sin ser detectada en el organismo durante años.

Un enigmático tipo de glóbulos blancos está adquiriendo importancia.

Y aunque previamente estos no han tenido un lugar prominente en la conciencia pública, podrían ser cruciales en nuestra lucha contra la covid-19.

Este podría ser un gran momento para las células T.

Células T

Reuters
El propósito principal de las células T es identificar y matar patógenos invasores o células infectadas.

Qué son las células T

Las células T son una especie de células inmunes, cuyo principal propósito es identificar y matar a patógenos invasores o células infectadas.

Lo hacen utilizando proteínas en su superficie, que a su vez pueden adherirse a proteínas en la superficie de estos impostores.

Cada célula T es altamente específica. Hay billones de variaciones posibles de estas proteínas de superficie, y cada una puede reconocer un objetivo diferente.

Debido a que las células T pueden mantenerse en la sangre durante años después de una infección, también contribuyen a la “memoria de largo plazo” del sistema inmune y le permiten organizar una respuesta más rápida y más efectiva cuando este queda expuesto a un viejo enemigo.

Varios estudios han mostrado que la gente contagiada con COVID-19 tiende a tener células T que pueden atacar el virus, sin importar si la persona ha experimentado síntomas.

Hasta aquí, todo es normal. Pero los científicos recientemente también descubrieron que algunas personas pueden resultar negativas de anticuerpos contra la COVID-19 y positivas de células T capaces de identificar el virus.

Esto ha llevado a sospechas de que ciertos niveles de inmunidad contra la enfermedad podrían ser dos veces más comunes de lo que previamente se pensó.

Lo más extraño de todo es que, cuando los investigadores analizaron muestras de sangre tomadas años antes de que comenzara la pandemia, encontraron células T específicamente diseñadas para detectar proteínas en la superficie de COVID-19.

Esto sugiere que algunas personas ya tenían un grado de resistencia preexistente contra el virus antes de que infectara a un humano.

Y parece ser sorprendentemente frecuente: 40-60% de los individuos no expuestos tenían estas células.

Parece cada vez más que las células T podrían ser una fuente secreta de inmunidad para la COVID-19.

laboratorio

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Descifrar la importancia de las células T no es solo una cuestión de curiosidad académica.

El papel central de las células T también podría ayudar a explicar algunas de las peculiaridades que hasta ahora no se han podido comprender, desde el drástico aumento del riesgo del virus que las personas enfrentan a medida que envejecen, hasta el misterioso descubrimiento de que puede destruir el bazo.

Descifrar la importancia de las células T no es solo una cuestión de curiosidad académica.

Si los científicos saben qué aspectos del sistema inmune son los más importantes, pueden dirigir sus esfuerzos a hacer que las vacunas y los tratamientos funcionen.

¿Cómo se desarrolla la inmunidad?

La mayoría de la gente probablemente no ha pensado en las células T, o linfocitos T como también se les conoce, pero para saber lo cruciales que son para la inmunidad, podemos observar las etapas finales del sida.

Las fiebres persistentes, las llagas, la fatiga, la pérdida de peso, los raros cánceres, los microbios usualmente inocuos, como el hongo Candida albicans -que a menudo se encuentra en la piel- que comienza a invadir el cuerpo.

Durante un período de meses o años, el VIH lleva a cabo una especie de genocidio de células T, en el cual las caza, las invade, y sistemáticamente las hace suicidarse.

“Aniquila una enorme porción de ellas”, dice Adrian Hayday, profesor de inmunología del King’s College de Londres y líder de grupo en el Instituto Francis Crick.

“Y eso realmente pone de manifiesto lo increíblemente importantes que son estas células y el hecho de que los anticuerpos solos no van a ayudarte”.

Durante una respuesta inmune normal a, por ejemplo, un virus de influenza, la primera línea de defensa es el sistema inmune innato, que involucra los glóbulos blancos y las señales químicas que lanzan las alarmas.

Esto inicia la producción de anticuerpos, la cual se lleva a cabo unas semanas después.

“Y de forma paralela con eso, unos cuatro o cinco días después de la infección, comienzas a ver que las células T se activan, y hay indicios de que estas específicamente están reconociendo a las células infectadas con el virus”, dice Hayday.

Estas desafortunadas células posteriormente son eliminadas rápida y brutalmente -ya sea directamente por las propias células T o por otras partes del sistema inmune que estas reclutan para hacer este desagradable trabajo- antes de que el virus tenga la oportunidad de convertirlas en fábricas para producir más copias de sí mismo.

Las buenas y las malas noticias

Pero ¿qué sabemos sobre las células T y la COVID-19?

“Al observar a los pacientes con COVID-19 -pero, me hace feliz poder decir que también al observar a individuos que fueron infectados pero no necesitaron hospitalización-, queda absolutamente claro que hay respuestas de las células T”, dice Hayday.

“Y casi ciertamente esto es muy buena noticia para quienes están interesados en vacunas, porque claramente somos capaces de producir anticuerpos y producir células T que pueden ver el virus. Todo esto es bueno”.

Diana y paciente VIH positivo

PA Media
El sida es una enfermedd principalmente de las células T.

De hecho, una vacuna -la desarrollada por la Universidad de Oxford- ya ha estado demostrando que puede generar la producción de estas células, además de anticuerpos.

Todavía es prematuro saber cuán protectora será esta respuesta, pero un miembro del grupo de investigación le dijo a la BBC que el resultado era “extremadamente promisorio”.

Sin embargo, hay un problema.

En muchos pacientes que son hospitalizados con COVID-19 más grave, la respuesta de las células T no ha resultado como se esperaba.

“Un gran número de células T resultan afectadas”, dice Hayday.

“Y lo que les ocurre es un poco como cuando la celebración de una boda sale mal. O sea, se lleva a cabo una cantidad enorme de actividad y proliferación, pero las células comienzan a desaparecer de la sangre”.

Una teoría es que estas células T son desviadas a donde son más necesitadas, como los pulmones. Pero el equipo de Hayday sospecha que lo que ocurre es que muchas de ellas comienzan a morir.

“Las autopsias de pacientes con COVID-19 están comenzando a revelar lo que se llama necrosis, que es una especie de descomposición”, explica.

Esto es particularmente evidente en las áreas del bazo y los ganglios linfáticos donde normalmente viven las células T.

Lo desconcertante es que la necrosis del bazo es una marca de enfermedad de las células T, en donde las propias células inmunes son atacadas.

“Si miras las autopsias de los pacientes con sida, verás el mismo problema”, explica Hayday.

“Pero el VIH es un virus que infecta directamente las células T, toca a la puerta y entra”.

Por otro lado, actualmente no hay evidencia de que el virus de COVID-19 sea capaz de hacer eso.

“Potencialmente hay muchas explicaciones para esto, pero hasta donde yo sé, nadie tiene una”, dice el investigador.

“No tenemos idea de que está ocurriendo. Hay evidencia de que las células T pueden protegerte, probablemente por muchos años. Pero cuando la gente se enferma, parecen quedarse sin apoyo en los intentos de las células de establecer un mecanismo protector de defensa”.

La disminución en el nivel de células T podría también ser la causa de por qué los ancianos resultan mucho más gravemente afectados por COVID-19.

Hayday menciona un experimento llevado a cabo en 2011 que involucró exponer a ratones a una versión del virus que causa el SARS.

laboratorio

Reuters
Aunque los anicuerpos son importantes podrían no ser suficientes para evitar la propagación de COVID-19.

Investigaciones previas habían mostrado que el virus -que también es un coronavirus y es pariente cercano del COVID-19- provocó la producción de células T, que fueron las responsables de acabar con la infección.

El estudio de seguimiento produjo resultados similares, pero el cambio fue que esta vez se le permitió a los ratones envejecer.

A medida que envejecían las respuestas de sus células T se hicieron significativamente más débiles.

Sin embargo, en el mismo experimento, los científicos también expusieron a los ratones a un virus de influenza.

Y a diferencia de los que estaban infectados con covid-19, estos ratones lograron mantener sus células T, las cuales actuaron contra la influenza hasta sus años de vejez.

“Es una observación interesante, en el sentido de que podría explicar por qué los individuos mayores son más susceptibles a COVID-19″, indica Hayday.

“Cuando llegas a los 30 años, se comienza a encoger tu timo (una glándula localizada detrás del esternón y entre los pulmones, que juega un papel importante en el desarrollo de las célula inmunes) y tu producción diaria de células T disminuye masivamente”.

¿Qué significa esto para la inmunidad a largo plazo?

“Con el virus original de SARS (que emergió en 2002), se estudió a los pacientes y se encontró definitivamente de células T durante varios años después de que esos individuos resultaron infectados”, indica Hayday.

“Esto es consistente con la idea de que esos individuos tenían células T protectoras mucho tiempo después de que se habían recuperado”.

El hecho de que el coronavirus pueda conducir a células T duraderas es lo que recientemente ha inspirado a científicos a analizar viejas muestras de sangre tomadas de personas entre 2015 y 2018, para ver si estas contenían células T que puedan reconocer el COVID-19.

Como la respuesta fue afirmativa, esto llevó a sugerencias de que sus sistemas inmunes aprendieron a reconocerlas después de enfrentarse en el pasado a virus del resfriado con proteínas de superficie similares.

Inyección

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La forma como se diseñan las vacunas por lo general depende del tipo de respuesta inmune que los científicos esperan provocar.

Esto plantea la tentadora posibilidad de que la razón por la que algunas personas experimentan infecciones más severas es porque no tienen estas reservas de células T que son capaces de reconocer al virus.

“Creo que es justo decir que esto todavía se está debatiendo”, afirma Hayday.

Desafortunadamente, nadie ha podido verificar si la gente produce células T contra cualquiera de los coronavirus que provocan el resfriado común.

“Obtener fondos para estudiar esto requiere un esfuerzo enorme”, asegura el investigador.

Los estudios sobre el resfriado común pasaron de moda en los 1980, después de que este campo se estancó y los científicos comenzaron a cambiarse a otros proyectos, como el estudio del VIH.

Desde entonces ha sido difícil lograr un progreso, porque la enfermedad puede ser causada por cualquiera de los cientos de variedades virales, y muchas de éstas tienen la capacidad de evolucionar rápidamente.

¿Llevará esto a una vacuna?

Si las viejas exposiciones a los virus del resfriado realmente están conduciendo a casos más leves de COVID-19, esto podría ser una buena señal para el desarrollo de una vacuna ya que es prueba de que las células T que sobreviven ofrecen protección significativa, incluso años después de que se formaron.

Pero incluso si esto no ocurre, la participación de las células T podría seguir siendo beneficiosa, y entre más entendamos lo que está ocurriendo, mejor.

Hayday explica que la forma como se diseñan las vacunas por lo general depende del tipo de respuesta inmune que los científicos esperan provocar.

Algunas pueden provocar la producción de anticuerpos, que son proteínas que circulan libremente y que pueden adherirse a los patógenos invasores, ya sea neutralizándolos o marcándolos para que otra parte del sistema inmune se haga cargo de ellos.

Otras tienen el objetivo de involucrar a las células T, o quizás provocar una respuesta de otras partes del sistema inmune.

“Realmente hay un espectro enorme de diseños de vacunas”, explica Hayday.

El investigador está particularmente alentado por el hecho de que el virus evidentemente es altamente visible para el sistema inmune, incluso en aquellas personas severamente afectadas.

“De manera que si podemos evitar lo que este les está haciendo a las células T de los pacientes con quienes hemos estado teniendo el privilegio de trabajar, entonces habremos avanzado mucho en el control de la enfermedad”, expresa el investigador.

Todo parece indicar que en el futuro escucharemos mucho más sobre las células T.

Esta nota fue publicada originalmente en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés).

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BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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