Comerciantes ante COVID-19: 'No podemos parar, vivimos al día'
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Alejandro Ponce

Comerciantes en tianguis ante COVID-19: 'No podemos dejar de trabajar, vamos al día'

"No nada más está esto del coronavirus, nosotros luchamos diario con la delincuencia, con el frío, con el calor, así es nuestro trabajo", dice un comerciante.
Alejandro Ponce
23 de marzo, 2020
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Luis Bernardo recorre los seis metros de su puesto de un lado a otro para despachar, pone las manzanas para pesarlas en la báscula, las embolsa; sigue con las naranjas, el melón, la sandía. Hace la suma mental en segundos, cobra 340 pesos por esa venta. Apenas termina con un cliente y sigue con el otro, por eso la gente no se arremolina, él y otros dos jóvenes que también atienden no hacen esperar demasiado a nadie.

Así pasa gran parte del día, hasta las 5 o 6 de la tarde cuando levantan su puesto en el tianguis de la colonia CTM Aragón, en la alcaldía Gustavo A. Madero, aunque la jornada de trabajo la comienza a las 2:30 de la madrugada, cuando se alista para salir a comprar su mercancía en la central de abasto de Iztapalapa.

Está enterado de que ante la presencia de coronavirus en nuestro país, la Secretaría de Educación suspendió clases y la Secretaría de Salud inició la Jornada Nacional de Sana Distancia para detener la propagación, pero Luis, como cientos comerciantes más que trabajan en mil 474 tianguis en la Ciudad de México, no puede parar.

“Los que nos dedicamos al comercio no podemos dejar de trabajar porque vamos al día. Con el virus, ahora hay que tener más higiene, pero hay seguir trabajando, no nos queda de otra”, dice.

Entérate: Alsea, operador de firmas como Starbucks o Burger King, recorta empleos en México por COVID-19

Ha escuchado las recomendaciones de las autoridades y toma precauciones, pero nada que lo paralice porque “el miedo no nos deja nada bueno”. Aunque sabe que el coronavirus es de fácil propagación, lo enfrenta como lo hace con el resto de peligros en esta ciudad.

“Nos paramos de madrugada a persignarnos a ver qué Dios dice porque no nada más está esto del coronavirus, nosotros luchamos diario con la delincuencia, con el frío, con el calor, así es nuestro trabajo”.

Luis Bernardo Piedra explica el efecto dominó de la circulación de fruta y verdura: si en la central de abastos si no abren, no lleva producto y la gente no consume.

Luis Bernardo Piedra explica el efecto dominó de la circulación de fruta y verdura: si en la central de abastos si no abren, no lleva producto y la gente no consume. Foto: Alejandro Ponce.

Por eso dice, “mientras no haya una orden federal, mientras no haya algo que diga el presidente que no se pueda controlar, estaremos aquí”.

Lo mismo pasa con Marco Reyes, que con sus dos hijos, su esposa, su hermano y su prima venden quesadillas y tlacoyos. Su jornada empieza a las 4 de la mañana, cuando empiezan a preparar los guisados, pasar al molino para preparar la masa y emprenden camino desde Toluca, hacia la Ciudad de México.

“Se nos hace complicado dejar de trabajar porque es de lo que vivimos. No hay otra cosa de dónde sacar. Si tuviera uno otro ingreso tal vez, pero desgraciadamente no, es a lo que se dedica uno. Vamos al día”.

Aunque sus hijos dejaron de tener clases, los gastos no paran, dice. Por eso confía en que la gente pueda seguir saliendo y comprarle comida para llevar, como ha ocurrido en los últimos días. Para que sus clientes tengan confianza, dice, “tratamos de tener lo más indispensable, traer cubrebocas, lavarse las manos con agua clorada, y las mesas también las limpiamos con agua clorada”.

Marco dice que, de momento, sus ventas no han bajado. Luis coincide. En los tianguis a los que va, por el metro Chabacano, a la Glorieta de Camarones, cerca del metro Rosario, Villa de Cortés, la afluencia de gente “ha sido normal”, será porque la gente va con confianza al estar “al aire libre y no en un lugar cerrado”.

Además de que estos comercios representan el sustento de miles de familias que no tienen un ingreso fijo, también son un servicio indispensable para miles de personas en todas las alcaldías de la Ciudad.

Es por eso que la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) determinó que todos los canales de abasto que incluye 329 mercados públicos, 10 rutas de mercados sobre ruedas y 203 concentraciones de comerciantes, más los mil 474 tianguis, continuarán ofreciendo sus servicios.

Roselia Sánchez tiene más de 60 años y sólo vive con su esposo, por eso el tianguis, a dos cuadras de su casa, es de gran ayuda ante la pandemia. “Somos adultos mayores y no salimos a otro lugar más que aquí o a las tortillas. Nuestros hijos viven en el extranjero y otros aquí, pero cada quien en su casa. Si vamos a una tienda o centros comerciales, siento que hay más gente y aquí por lo menos andamos al aire libre, rápido hacemos nuestras compras y vámonos a casita”.

La señora Roselia Sánchez vive sola con su marido; ambos están saliendo de su casa únicamente para las actividades más indispensables, como abastecerse de alimentos.

La señora Roselia Sánchez vive sola con su marido; ambos están saliendo de su casa únicamente para las actividades más indispensables, como abastecerse de alimentos. Foto: Alejandro Ponce.

Otros como Rafael Chávez prefirió que su madre de 76 años, al ser un grupo vulnerable en la propagación se quedara en casa, pero él usa cubrebocas y lleva gel desinfectante para hacer las compras en el mercado de la CTM.

Su hijo, dice, también está tomando medidas de prevención al quedarse en casa. Trabaja en Sanborns, una cadena de restaurantes y tiendas propiedad de Carlos Slim, el hombre más rico de este país, pero la sucursal cerró debido a la pandemia. “Le dijeron ‘o te vas a otra sucursal o te vas nueve días sin pago’, y prefirió nueve días sin pago”, comenta Rafael.

Rafael Chávez indica que le toca a él salir por la compra semanal, en aras de proteger a los más mayores de su hogar.

Rafael Chávez indica que le toca a él salir por la compra semanal, en aras de proteger a los más mayores de su hogar.
Foto: Alejandro Ponce.

Y hay quien no cree

Beatriz Reyes tiene 67 años. Su madre fue fundadora del tianguis de La Lagunilla, uno de los más emblemáticos de la Ciudad de México, que ha inspirado a cineastas, o a escritores como Carlos Monsiváis, que en sus recorridos compró objetos que terminaron en el Museo del Estanquillo.

Como cada domingo, Beatriz vende aguas de frutas en vitroleros transparentes.

Aunque ya pasa de mediodía y no hay tantos clientes como es habitual, ella contesta a los reporteros con una sonrisa, aunque lo que cuenta podría ser una tragedia.

Vive sola y sólo se mantiene de las ventas de su puesto cada domingo. Por eso no imagina si quiera qué haría si un día prohíben la instalación del tianguis. Tampoco tiene la pensión para adultos mayores, uno de los principales programas de entrega directa creado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad de México hace 20 años.

“Todavía no tengo la pensión porque apenas voy a entrar al programa, a ver si alcanzo lugar. Si tuviera yo esa ayuda, me quedaba en mi casita, muy contenta a descansar, ya no tendría la necesidad de venir”.

La señora Beatriz Reyes ha vendido toda la vida en el tianguis de La Lagunilla. Ahora quisiera parar por los riesgos de contagio de COVID-19, pero su economía no se lo permite.

La señora Beatriz Reyes ha vendido toda la vida en el tianguis de La Lagunilla. Ahora quisiera parar por los riesgos de contagio de COVID-19, pero su economía no se lo permite. Foto: Alejandro Ponce.

Con todo y el temor por el contagio sale a trabajar ‘porque voy al día’, por eso, dice, quienes sí tienen la posibilidad de evitar salir deben hacerlo. “Si tienen un trabajo estable, pues yo no saldría. Los que lo tienen, no hacen el caso de no salir, y los que queremos, no lo podemos hacer”.

En la última semana, usuarios de redes sociales han promovido la iniciativa de quedarse en casa. Muchos pueden trabajar sin necesidad de ir a sus oficinas, pero 30 millones de mexicanos que trabajan en la informalidad, no.

Jesús Gómez, abogado de profesión, sí es de los que ha podido trabajar en casa esta semana, pero igual que su abuelo, ya estaban hartos del encierro y decidieron salir a visitar La Lagunilla para distraerse.

Lo mismo dice Esther Salas, de 63 años, quien vive con su esposo, sus hijos de 21 y 27 años, y su nieta de tres años. Su hija, dice, acaba de recuperarse de una gripe y nadie más se ha enfermado. Aunque asegura que se lava las manos constantemente, no cree demasiado en la información oficial sobre el coronavirus.

“Han dicho que no salgamos y esto. Pero más que eso yo pienso que ponen pánico los medios tradicionales, no sé si sea verdad el coronavirus, yo trato con miles de personas y no conozco a nadie que tenga eso. Es como la influenza (H1N1), que tampoco conocí a alguien que se haya enfermado”.

Cuando se le pregunta si teme a la propagación, responde que no. “No tengo temor, dicen que cuando te toca te toca”. “Yo estoy diabética, pero he estado muy bien, ni mi hija me pegó la gripa”, por eso, dice, todos salen a la calle a hacer sus actividades habituales.

Marco, el comerciante del tianguis de Gustavo A. Madero, también ha escuchado que mucha gente cree que el coronavirus no es verdad, pero para él lo más importante es cuidar a las familias, porque “lo que se ve no está para estar jugándole al vivo”.

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La COVID-19 quizás no se vaya nunca: ¿cómo aprendemos a convivir con ella?

Los científicos están convencidos de que el virus llegó para quedarse. Lo que eso significa para nuestra vida diaria aún está por verse. Hablamos con expertos sobre los distintos escenarios posibles para el futuro.
22 de julio, 2021
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La COVID-19 ha infectado a más de 185 millones de personas y ha causado cuatro millones de muertes en todo el mundo desde que fue clasificada como una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hay grandes esperanzas de que la vacunación pueda llevar al mundo de regreso a algún tipo de normalidad, aliviando las restricciones que han moldeado nuestras vidas durante los últimos 16 meses.

Sin embargo, los científicos están cada vez más convencidos de que el coronavirus llegó para quedarse.

En enero, la revista científica Nature preguntó a más de 100 inmunólogos, virólogos y expertos en salud de todo el mundo si se podía erradicar el Sars-Cov-2.

Casi el 90% de los encuestados dijo “no”: hay evidencia, dijeron, y que es probable que el coronavirus se convierta en endémico y continúe circulando en el mundo.

Esto no es desconocido en la batalla de la humanidad contra las enfermedades, pero este virus presenta algunos desafíos específicos.

Entonces ¿cómo predice la ciencia que tendremos que vivir con la covid-19 en los próximos años?

¿Por qué no podemos deshacernos de la covid-19, en primer lugar?

Foto histórica de un niño con sarampión

Getty Images
El sarampión es un caso raro de una enfermedad viral que logró erradicarse, aunque en años recientes han ocurrido algunos brotes.

Erradicar las enfermedades infecciosas no es algo que ocurra todos los días. En absoluto.

De hecho, hasta la fecha, la OMS ha declarado solo dos enfermedades virales oficialmente erradicadas, la viruela y la peste bovina.

Y solo la viruela, una afección antigua que creó epidemias a lo largo de la historia de la humanidad y causó hasta 500 millones de muertes en el siglo XX hasta su erradicación en la década de 1980, es comparable a la covid-19 en términos de distribución geográfica y alcance.

Un conjunto único de circunstancias ayudó a erradicar la viruela, principalmente mediante el desarrollo de una vacuna que cortó la transmisión del virus.

Desafortunadamente, las vacunas contra la covid-19 desarrolladas hasta ahora no han logrado el mismo efecto.

“Las vacunas que tenemos hoy en día en algunos casos no previenen la infección. Simplemente modifican la infección y hacen que la enfermedad sea menos grave. Las personas vacunadas aún pueden transmitir el virus a otras”, dice David Heymann, profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas en la Escuela de Salud y Medicina Tropical de Londres.

Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), va más allá. Él cree que las vacunas no evitarán que contraigamos la covid-19 en el futuro.

“La covid nunca desaparecerá”, anticipa. “Es inevitable que nos contagiemos repetidamente por el resto de nuestras vidas, ya sea que nos hayamos vacunado o no”.

Entonces ¿qué pasará con el nuevo coronavirus?

Ilustración de una molécula del virus Sars-CoV-2.

Getty Images
La covid-19 puede convertirse en una enfermedad endémica como la gripe.

El profesor Heymann es uno de los muchos expertos que creen que la covid-19 se convertirá en una enfermedad endémica, lo que significa que seguirá circulando en grupos de la población mundial durante los próximos años.

Esto no es algo nuevo: los virus de la gripe y los cuatro coronavirus que causan los resfriados comunes, por ejemplo, son endémicos.

La OMS calcula que entre 290.000 y 650.000 personas en todo el mundo mueren cada año por causas relacionadas con la gripe.

Pero estas enfermedades se han vuelto manejables, con un número de muertos que puede estimarse.

Los científicos, y los políticos, esperan que este sea el caso con la covid-19: en este escenario, el virus se mantiene, pero las personas desarrollan cierta inmunidad a través de la vacunación y las infecciones naturales.

Por lo tanto, hay menos casos graves de la enfermedad y las hospitalizaciones y muertes no son de la escala que hemos visto hasta ahora.

El problema aquí es que todavía no sabemos si este virus realmente se comportará de esa manera.

El profesor Heymann lo llama “muy inestable”.

“Cuando este virus se replica en células humanas, muta de vez en cuando. Y algunas de esas mutaciones son motivo de preocupación”.

Pero el experto también dice que la covid-19 puede convertirse en una preocupación menor de lo que es hoy por otros medios.

“Los virus también pueden disminuir en virulencia (gravedad), ya sea por mutación o porque la mayoría de la población está vacunada”.

¿Significa que tendremos que vacunarnos una y otra vez, como hacemos con la gripe?

Dosis de vacunas de covid-19

Getty Images
Todavía no está claro cuánto dura la inmunidad contra el covid-19 provista por las vacunas.

Un virus tiene una “misión”: propagarse a la mayor cantidad de personas posible, razón por la cual las mutaciones son comunes.

“Desde un punto de vista evolutivo, el virus necesita mutar para que pueda infectar más personas. Un virus exitoso es el que se propaga más fácilmente”, explica Trudy Lang, profesora de Salud Global en la Universidad de Oxford.

Los cambios en los virus de la influenza son tan comunes que una red de agencias de salud revisa la composición de las vacunas contra la influenza todos los años.

Hay otras enfermedades, como el tétanos, que requieren inyecciones de refuerzo a lo largo de nuestra vida.

Como sabemos, el coronavirus ha desarrollado al menos cuatro variantes principales, incluida la delta, altamente contagiosa, identificada por primera vez en India y actualmente detrás de los picos en casos en Europa, Asia y EE.UU.

Las estadísticas sugieren que la vacunación está funcionando bien contra la delta; por ejemplo, las últimas cifras del organismo de Salud Pública de Inglaterra muestran que el 82% de todas las infecciones con esta variante entre febrero y junio que terminaron en el hospital no eran personas vacunadas o solo habían recibido una dosis.

Sin embargo, el Sistema Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) ha comenzado a planificar una tercera vacuna o “refuerzo” antes del invierno, que se administrará a más de 30 millones de personas.

En EE.UU., los Institutos Nacionales de Salud han comenzado un ensayo clínico con personas completamente vacunadas para estudiar si una vacuna de refuerzo aumentará los anticuerpos y prolongará la protección.

La realidad es que los científicos aún no saben cuánto tiempo durará la inmunidad de las vacunas de covid-19.

Esto se debe a que estas vacunas son bastante nuevas y los investigadores aún están analizando la respuesta inmune a los diferentes tipos de inyecciones disponibles.

“Nadie sabe todavía si necesitaremos más vacunas”, dice el profesor Heymann.

“Es un virus diferente al de la gripe y está mal incluso poner eso en la mente de las personas en la actualidad”.

¿Pueden los encierros convertirse en algo habitual?

Dos niños de Bangladesh durante un confinamiento en su país.

Getty Images
Muchos países se vieron forzados a ordenar confinamientos locales o nacionales durante la pandemia.

Varios países y regiones han tenido que volver a introducir restricciones de viaje y circulación a medida que aumentaban las tasas de infecciones y hospitalizaciones.

Si bien estas medidas ayudaron a frenar la propagación de la enfermedad y aliviaron la presión sobre los sistemas de salud, también causaron daños económicos, incluido el aumento del desempleo.

¿Podrían los encierros seguir siendo parte de un escenario endémico?

Eso dependerá del éxito de los programas de vacunación en la reducción de las admisiones hospitalarias en cada país, dicen los expertos.

En los últimos meses hemos visto intervenciones tanto localizadas como nacionales en todo el mundo: mientras que Australia tenía siete ciudades bloqueadas, Bangladesh optó por un conjunto de restricciones para todo el país.

“En la medida de lo posible, los bloqueos se convertirán en parte del conjunto de herramientas esenciales que los gobiernos utilizarán al abordar los brotes”, le dijo Nicholas Thomas, profesor asociado de seguridad sanitaria en la City University de Hong Kong a la agencia de noticias Bloomberg.

¿Aún tendré que usar mascarilla?

Una mujer y un niño paseando en Long Beach, California, mientras se ve una mascarilla en el piso.

Getty Images
Pocas medidas han sido más controversiales que el uso obligatorio de mascarillas en algunas partes del mundo.

Pocas medidas han sido más controvertidas durante la pandemia que el uso obligatorio de cubrirse la boca. Incluso se convirtió en parte de la provocación política en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020.

Pero los científicos apoyan abrumadoramente su uso como una forma de contener la propagación de covid-19 incluso en áreas donde las tasas de vacunación son altas.

“Está claro que no podemos seguir teniendo bloqueos cada vez que hay un brote”, dice la científica del comportamiento Christina Gravert, de la Universidad de Copenhague.

“Pero parece razonable seguir recomendando que las personas que se sientan enfermas se mantengan alejadas del transporte público y trabajen desde casa, o al menos usen una mascarilla cuando estén cerca de otras personas”, agrega.

El uso de mascarillas está muy extendido en algunos países asiáticos, pero no en otras partes del mundo.

Las encuestas sobre las intenciones futuras no son nada alentadoras: en EE.UU. por ejemplo, el uso obligatorio de mascarillas al aire libre para quienes están completamente vacunados se eliminó en abril, y la proporción de personas vacunadas que informaron usar una en todo momento ha disminuido desde entonces de 74% a 63%, según el índice de coronavirus Axios-Ipsos.

La encuesta también encontró que el uso de mascarillas disminuyó entre las personas no vacunadas.

Mientras que algunos argumentan que los gobiernos deberían respaldar el uso de mascarillas en interiores como parte de sus campañas de salud pública, otros creen que dependerá del individuo, y algunas personas pueden optar por usar una como señal de cortesía común, particularmente en el transporte público o espacios abarrotados.

¿Qué pasa con los viajes internacionales?

Actualmente, los gobiernos se debaten entre las consecuencias económicas de las fronteras cerradas para viajes no esenciales y las necesidades de proteger a su población del virus.

Los diferentes países tienen reglas diferentes y expertos como el profesor Heymann critican lo que ven como un esfuerzo global mal coordinado.

“Con la distribución desigual de las vacunas, la OMS no recomendará un ‘pasaporte de vacunación’, pero espero que algunos países los utilicen”, dice.

“Ciertamente no es ético tener un certificado de vacunación si las personas no pueden viajar porque no pudieron conseguir la vacuna o tienen una razón para no vacunarse”.

No obstante, la Unión Europea ya ha desplegado su Certificado Covid Digital, que permite a los ciudadanos y residentes moverse dentro del bloque continental sin estar sujetos a restricciones si han sido vacunados, tienen una prueba negativa válida o se han recuperado recientemente de la enfermedad.

El pasaporte de la vacuna está reconocido por los 27 miembros de la UE, así como por Islandia, Noruega y Suiza.

Pero queda por ver cómo el resto del mundo manejará el movimiento de personas de otros países a través de sus fronteras.

Los viajes internacionales se han desplomado desde marzo de 2020 y la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), estimó que la pandemia costará hasta US$1,4 billones de dólares en ingresos por turismo perdidos durante 2021, y los países de bajos ingresos serán los más afectados.

¿Tendremos alguna vez una “democracia de las vacunas”, y eso influye?

Una mujer siendo vacunada en un área rural de Kenia.

Getty Images
Vacunar a los países más pobres no es solo una cuestión humanitaria, sino que también puede potencialmente limitar las probabilidades de que emerjan nuevas variantes del virus.

Hasta el 5 de julio, un poco más de 1.000 millones de personas han quedado completamente vacunadas contra la covid-19 en todo el mundo, menos del 15% de la población mundial.

“Nuestro mundo está fallando, como comunidad global estamos fallando”, dijo recientemente el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una conferencia.

Aparte del tema humanitario, la “democracia de las vacunas” también es importante para mantener a raya las variantes de covid-19.

En una carta abierta reciente, los jefes de la OMS, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) advirtieron que la escasez de vacunas en los países más pobres crea las condiciones para la aparición de nuevas variantes.

“Cada vez más, se está desarrollando una pandemia de dos vías. La distribución desigual de vacunas no solo deja a millones de personas vulnerables al virus, sino que también permite que surjan variantes mortales y reboten en todo el mundo”, escribieron.

“Incluso los países con programas de vacunación avanzados se han visto obligados a volver a introducir medidas de salud pública más estrictas. No tiene por qué ser así”.

Durante la cumbre más reciente del G7, los líderes de las siete economías avanzadas más grandes del mundo (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) se comprometieron a enviar 1.000 millones de dosis de vacunas a los países pobres.

Esto está muy por debajo de las 11.000 millones de dosis que según las estimaciones de la OMS son necesarias para cubrir a la población más pobre del mundo. Y llegar a todos será clave para expandir la inmunidad si el virus estará en circulación en el futuro cercano.

“Existe una responsabilidad humanitaria y de salud pública para asegurarnos de que obtengamos una distribución equitativa de las vacunas en todo el mundo”, dice el profesor Heymann.

¿Los animales todavía presentan un riesgo?

Visón en una jaula.

Getty Images
Un estudio en Dinamarca descubrió que los visones podían contagiar la covid-19 a los humanos.

La lucha contra el SARS-CoV-2 también depende de cómo se comporte el virus en los animales. Hasta la fecha, los científicos apoyan la idea de que este coronavirus se originó en los murciélagos y de que puede haber saltado a los humanos a través de un animal intermediario.

Los estudios han demostrado que puede infectar a gatos, conejos y hámsteres y es particularmente infeccioso en visones: científicos en Dinamarca encontraron evidencia de transmisión de visones a humanos.

Los expertos dicen que mientras haya animales en la naturaleza que puedan contraer el virus, existe el riesgo de que también puedan infectar a los humanos.

“Las enfermedades están ahí fuera. Dada la oportunidad, podrían saltar”, le dijo a la BBC Dawn Zimmerman, veterinaria de vida silvestre del Programa de Salud Global del Instituto Smithsonian de Biología de la Conservación.


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