La inclusión laboral se sacude el estigma de la caridad
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La inclusión laboral se sacude el estigma de la caridad
“Cuando contratamos a alguien con discapacidad, lo contratamos por habilidades, por competencias, porque su talento suma a la empresa o al centro de trabajo. Si lo contratamos por la discapacidad, nos seguimos quedando en un tema de caridad”, explicó una experta de la Fundación Inclúyeme.
10 de marzo, 2020
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Si en el centro de distribución de OXXO en Puebla hubiera una situación de emergencia, se activan unas lámparas con luz roja y unas torretas ensordecedoras. Las personas con debilidad auditiva alcanzarían a escuchar el sonido y las personas con sordera total serían alertadas por el cambio de iluminación. Los trabajadores con algún tipo de discapacidad además tienen asignado a un “compañero sombra” que los guía en caso de evacuación y les sirve como intérprete en lengua de señas para conocer las indicaciones de protección civil.

En el complejo industrial donde se encuentra ese centro de distribución de abarrotes hay movimiento constante de tráileres y descarga de mercancía. El acceso es restringido dadas las medidas de seguridad que deben tener para evitar accidentes. El “personal de inclusión” —como se conoce en el argot de Recursos Humanos a las personas con algún reto físico o intelectual— porta una casaca naranja y verde, a diferencia del chaleco naranja que porta el resto. De esa manera se advierte que un compañero tiene una discapacidad, especialmente en los casos en los que ésta no es tan evidente, como ocurre con la sordera.

Olivia Quino, auxiliar de servicio y seguridad ocupacional en este centro, explica que los tres trabajadores sordos que actualmente están integrados a la planilla laboral pueden desempeñar sin problemas la función de empaquetado en cajas para la que están asignados, pues es una actividad que pueden realizar más allá de su limitación auditiva.

“Ser sensibles a contratar personal de inclusión es un valor importante en la empresa. El mundo les da la espalda en cierto modo. Al permitirles ser productivos, los hacemos sentirse parte de una empresa y eso los hace sentirse útiles”, explica Quino.

Las personas con discapacidad son uno de los grupos más marginados del mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que son las personas con menor participación en la economía por la falta de servicios de rehabilitación y apoyo para su escolarización.

Debido a los gastos adicionales que generan en el entorno familiar —atención médica, dispositivos de ayuda, terapias especializadas o asistencia personal—, las personas con discapacidad serán más pobres que aquellos sin discapacidad y con ingresos similares, según la OMS.

En México viven alrededor de 1 millón de personas con discapacidad que tienen la posibilidad de trabajar. Sin embargo, solo 3 de cada 10 están activas en el mercado laboral. Y de esas tres personas con empleo solo 1 tiene prestaciones laborales y otra más tendrá una remuneración adecuada por el trabajo que desempeñe. Esto de acuerdo con la información que Fundación Inclúyeme ha compilado sobre el tema.

Sherezada Martínez, subdirectora de inclusión laboral en dicha fundación, explica que es un tema que impacta de manera directa a la economía y la calidad de vida de un país, pues permite que una persona que le cuesta al gobierno y a la familia se convierta en una persona que produce.

“El ciclo de discapacidad-pobreza implica que los familiares dejen de trabajar por atender a la persona con discapacidad. Su situación se agrava si se necesitan terapias que aumentan los gastos, cuando ya se redujeron los ingresos. La inclusión laboral rompe ese ciclo”, comenta Martínez.

Cuando las empresas apuestan por la inclusión deben considerar que habrá que hacer adaptaciones en sus procesos de trabajo, en sus instalaciones e incluso en sus manuales de capacitación. “Cuando contratamos a alguien con discapacidad, lo contratamos por habilidades, por competencias, porque su talento suma a la empresa o al centro de trabajo. Si lo contratamos por la discapacidad, nos seguimos quedando en un tema de caridad”, explica la experta de Inclúyeme.

Emparejando la cancha

Un papá entra con su hija al DIF municipal de Puebla. Caminan directo a lo que parece un OXXO y piden un agua. Gabriela Centeno le explica que no es una tienda, sino un centro de capacitación para que personas con discapacidad adquieran las habilidades para manejar un negocio de abarrotes. En los estantes, los productos están vacíos. Los refrigeradores están simulados. Hay una máquina de café y un horno para hot dogs, pero esa clase no es hoy, así que están apagados.

Todos ríen, incluso la niña de apenas 5 años con Síndrome de Down. “¿También aceptan a personas con discapacidad intelectual?”, pregunta el papá. No necesita respuesta, hay un grupo de alumnos tomando la clase y sin importar el tipo de discapacidad, incluida la intelectual, se manejan ágilmente en las labores que les han asignado.

“Les enseñamos a tener confianza en sí mismos”, comenta Centeno, quien es capacitadora en el taller de OXXO. Esta instalación es parte de un convenio entre FEMSA Comercio y el DIF municipal para contar con capacitación para el puesto de ayudante general en tienda. La institución pública brinda el espacio y al personal especializado en el entrenamiento. En tanto que los responsables de Recursos Humanos de OXXO comparten las habilidades que requieren para sus vacantes, de modo que al terminar el curso de 2 a 3 meses, los jóvenes que recibieron el entrenamiento puedan participar del proceso de selección de personal de la cadena de tiendas.

Anabel Olivas, coordinadora de inclusión y diversidad para FEMSA Comercio, explica que las personas con discapacidad tienden a no tener apoyos en capacitación previa para obtener un trabajo y eso los pone en desventaja con otros candidatos al concursar por una vacante. “Como empresa tenemos un reto importante ante esa deuda que como sociedad hay con un sector altamente vulnerable. Por eso, el objetivo de nuestro programa es contribuir con una opción de capacitación laboral, previo a que las personas apliquen por un empleo”, dice.

En 8 años, OXXO ha madurado esta iniciativa que le permite captar a nuevos colaboradores, sin importar su condición. Desde los mostradores de sus tiendas o a través de las oficinas de inclusión laboral del DIF, aquellos interesados en trabajar en centros de distribución y estaciones de servicio OXXO GAS pueden solicitar la información de reclutamiento.

Actualmente, OXXO cuenta con 700 colaboradores con algún tipo de discapacidad. Su programa de capacitación en alianza con los DIF locales ha implicado que la firma haya invertido en 11 Centros de Capacitación Laboral Dirigida, de los cuales 9 se mantienen activos en el sureste y 2 más están por reubicarse en el norte del país.

“Hemos trabajado para entender cómo podemos hacer para que las necesidades operativas se conecten con los distintos tipos de discapacidad. Hacemos análisis de puesto que nos permiten identificar que una persona con discapacidad motriz puede manejar el punto de venta o que una persona con discapacidad intelectual puede ayudar con manejo de producto y atención al cliente. Buscamos cómo conectar esas competencias con las actividades que realizamos”, explica Olivas.

Los egresados del curso no necesariamente trabajarán para OXXO, pero una vez que han recibido el entrenamiento, se encuentran en igualdad de condiciones para aplicar por una vacante cercana a su domicilio. Hay quienes al graduarse simplemente adquieren la confianza necesaria para solicitar trabajo en la tienda de abarrotes de su colonia.

Sharezada Martínez de Inclúyeme explica que lo que hace FEMSA Comercio es un semillero de captación de talento. “Mucho de lo que las empresas empiezan a hacer es buscar alianzas con organizaciones o centros de capacitación para ofrecer, de manera gratuita, entrenamiento en las habilidades que requiere en ciertos puestos. De modo que pasado cierto plazo, pueda ocurrir una contratación”, comenta.

“Es un fenómeno interesante: las empresas ya se empiezan a abrir a contratar personas con discapacidad, pero muchas de ellas no están listas, porque no se prepararon, porque no tuvieron acceso a una educación inclusiva. Eso puede subsanarse cuando las empresas apoyan con la capacitación y el entrenamiento”, explica la especialista de Inclúyeme.

Más allá de las rampas

Adela Olivares recuerda que, hace unos años, al intentar entrar al metro, la empujaron y quedó tirada en el pasillo del tren. Estaba aterrorizada porque no veía sus muletas, el vagón ya iba en movimiento y nadie la ayudaba. Para las personas con discapacidad motriz quizá uno de sus principales desafíos es llegar a su lugar de trabajo, pues aún falta servicio público adecuado para subir con muletas o en silla de ruedas.

Como asesor telefónico del Centro de Contacto de Coca-Cola FEMSA en Naucalpan, Adela tiene la posibilidad de trabajar desde casa. La compañía le facilita un equipo de cómputo y las aplicaciones necesarias para que pueda conectarse a una red que atiende las llamadas de los choferes que requieren apoyo técnico.

“Hay que ganarse la posibilidad de entrar y mantenerse en un trabajo. Así como yo llegué a FEMSA—hace 20 años—, han llegado muchas otras personas con discapacidad, pero se van porque tienen esa mentalidad de: ‘Soy discapacitado. No puedo hacer nada. Ayúdenme’”, dice Adela.

En FEMSA, el área de inclusión laboral no es un programa asignado al área de responsabilidad social. Es una división dentro de Recursos Humanos que mantiene sus vacantes presentes en distintas ferias y bolsas de trabajo para personas con discapacidad. Al extender sus contrataciones a población vulnerable, la firma ha sido reconocida con los distintivos de empresa incluyente Gilberto Rincón Gallardo que cada año otorga la Secretaría del Trabajo.

Adela solo debe acudir una vez al mes a sus oficinas para participar de una reunión de revisión de resultados y desempeño. Las instalaciones tienen rampa de acceso, máquinas checadoras a una altura adecuada para aquellas personas que llegan en silla de ruedas, pasillos amplios, elevadores y rampas claramente indicadas. Las adaptaciones en comedor, baños y zona de lockers son invaluables para quienes tienen dificultad para caminar o no pueden hacerlo. “No es solo la buena voluntad de la empresa”, lanza Adela. “Nosotros venimos a vender nuestro trabajo y a ganarnos la oportunidad de crecer”.
Entrevistas: Delia Angélica Ortiz

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