Latinoamérica: pueblos indígenas cierran territorios por avancel del COVID-19
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Archivo Cuartoscuro

Latinoamérica: pueblos indígenas cierran sus territorios frente al avance del coronavirus

Organizaciones acusan agresiones "racistas y mal intencionadas" contra un dirigente indígena que resultó positivo en la prueba del coronavirus.
Archivo Cuartoscuro
Por Yvette Sierra Praeli / Mongabay Latam
30 de marzo, 2020
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El primer caso de un integrante de una comunidad indígena que dio positivo al coronavirus se registró hace unos días en Perú. Se trata de un líder indígena que viajó a Holanda para presentar una queja contra la petrolera Pluspetrol.

Tras su retorno y aunque la prueba que le hizo el personal del Ministerio de Salud al llegar a Lima no mostró ningún problema, Aurelio Chino, presidente de la Federación Indígena Quechua del Pastaza (Fediquep), decidió hacer cuarentena voluntaria y solicitó un despistaje del COVID-19, prueba que resultó positiva.

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“El ‘apu’ se encuentra bien y no presenta ningún síntoma”, dijo Ely Tangoa, presidente de la Coordinadora de Desarrollo de los Pueblos Indígenas de la región San Martín (Codepisan), desde Tarapoto, lugar donde Chino se mantiene en cuarentena.

Sin embargo, lo que más preocupó al líder indígena y a las organizaciones afines fue la ola de agresiones que sufrió tras hacerse pública la noticia. Mediante un comunicado, la Coordinadora de Desarrollo y Defensa de los Pueblos Indígenas de San Martín (Codepisam) denunció una campaña “racista, mal intencionada y criminal” que se desató por las redes sociales contra el dirigente, situación que puso en riesgo su integridad y la de su familia.

Pero esta es solo una parte de los problemas que enfrentan hoy las comunidades indígenas. Muchas de ellas se han visto obligadas a cerrar sus territorios, a prohibir el ingreso de extranjeros o personas foráneas, han solicitado también el apoyo de autoridades para que se cumplan las restricciones, así como que se informe en las lenguas indígenas sobre los riesgos y las medidas de prevención del coronavirus.

Mongabay Latam habló con líderes indígenas y expertos de cuatro países de la región: Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

Un viaje necesario

El 11 de marzo, el dirigente indígena, Aurelio Chino, en representación de las comunidades nativas de los ríos Corrientes, Marañón, Tigre y Pastaza, en Loreto, se presentó ante el Punto de Contacto de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), del gobierno holandés, para denunciar la contaminación de sus territorios ancestrales causados por los derrames de petróleo ocurridos en la Amazonía.

La razón de su presentación en Holanda era exigir que la empresa petrolera Pluspetrol, con sede en Ámsterdam, asuma su responsabilidad para remediar la contaminación generada por la exploración petrolera en los territorios indígenas.

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Tres días después, el 14 de marzo, regresó al Perú y actuó de acuerdo al protocolo del gobierno peruano que ya había establecido la cuarentena para toda persona que llegue del exterior.

La comitiva para la presentación ante la OCDE estaba integrada por seis personas. Todas ellas se encuentran actualmente en cuarentena luego de haber sido sometidas a revisiones médicas.

Tras el anuncio en una conferencia de prensa en la región San Martín del estado de salud del líder indígena, las redes sociales se llenaron de comentarios amenazantes y acusatorios. No solo Chino fue atacado, sino también otros dirigentes.

“Fue terrible, no solo lo agredieron a él sino a varios de nosotros. Incluso yo me vi afectado”, agrega Tangoa. Mensajes en las redes sociales tildaban de irresponsable al presidente de Fediquep y lo acusaban de haber contagiado a todo el grupo con el que viajó. También se dijo que escapó de la cuarentena y se propalaron fotografías de la vivienda donde estaba recluido. Hubo mensajes en los que se instaba a “meterle bala”.

Otros mensajes apuntaban a su fallecimiento y hubo quienes aseguraban que otros líderes indígenas también eran portadores del virus. Un comunicado de Codepisam desmintió la información que circulaba en redes, así como la información de que el líder de la comunidad nativa Chumbakiwi hubiera dado positivo al test.

El Observatorio Petrolero de la Amazonía Norte también rechazó los ataques contra el líder indígena. En su comunicado manifiesta que el dirigente “ha actuado en comunicación y coordinación con las autoridades correspondientes y con la seriedad y responsabilidad que lo caracteriza”.

El abogado indígena del pueblo awajún, Gil Inoach Shawit, hizo un llamado a las entidades del Estado para que se erradique la discriminación de la que es víctima el paciente indígena. “No he escuchado ningún adjetivo peyorativo y racista ni contra el paciente cero ni contra otros pacientes, pero cuando un indígena aparece con el mal, las ganas de propinarle pedradas o quemarlo vivo no faltaron», dijo el expresidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).

Frente a ataques como estos y a la vulnerabilidad de las poblaciones ante el coronavirus, las federaciones y organizaciones indígenas de varios países de la región han tomado la decisión de aislarse y han anunciado el cierre de sus territorios hasta nuevo aviso.

El peligro sigue presente

Pese a que muchas comunidades indígenas decidieron cerrar sus territorios ante el avance de la pandemia del coronavirus, en Perú se han presentado casos recientes de turistas extranjeros, que ignorando lo dispuesto por el Estado y las federaciones, han tratado de ingresar a zonas con alta presencia de pueblos indígenas. Además, también se ha denunciado el  tránsito normal de vehículos por zonas que deberían permanecer cerradas.

Zoila Merino, representante de las mujeres indígenas en la Organización Regional de Pueblos Indígenas del Oriente (Orpio), contó a Mongabay Latam que el miércoles 18 de marzo recibió una llamada en la que le informaban que una embarcación, proveniente de Brasil, se dirigía a la comunidad Bora de Paucarquillo, en Loreto, un lugar al que suelen llegar cada año turistas que quieren conocer la Amazonía peruana.

Los dirigentes de la comunidad acudieron a las autoridades del distrito de Pebas y en coordinación con ellos lograron impedir el ingreso de los turistas extranjeros cuando se dirigían a la comunidad nativa.

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Merino teme por la salud de los pueblos indígenas en Loreto. La dirigente señala que en Iquitos todavía zarpan embarcaciones que recorren los ríos de la región y llegan hasta las comunidades. “No tenemos ningún caso de un hermano indígena que haya resultado positivo, pero tememos que eso pueda suceder”, indica.

La región Loreto es una de las que ha reportado la mayor cantidad de contagios en Perú. Hasta el jueves 26 de marzo, las estadísticas reportaban 29 personas diagnosticadas como positivas para el coronavirus.

En la selva central del país, el Comité de Autodefensa de la Cuenca del Río Ene (CARE) denuncia el mismo problema a través de un comunicado. En este caso, señalan que el tránsito  es intenso en la carretera Satipo-San Martín de Pangoa-Valle Esmeralda-Pichari, una vía que une las regiones de Junín y Cusco. Pese a las medidas de restricción y cierre de vías que se dictaron en todo el territorio, los vehículos con pasajeros siguen circulando.

Los líderes asháninkas habían coordinado con las autoridades y centros poblados el cierre de todos los pasos por río y carreteras, pero esta disposición se está incumpliendo en la ruta que llega hasta Pichari, en Cusco.

Irupé Cañari, asesora legal de CARE, dijo a Mongabay Latam que los dirigentes indígenas del Comité Central de Autodefensa del Valle del Río Ene han solicitado a la Marina de Guerra del Perú, a cargo del punto de control instalado en Puerto Anapate, que no permita el ingreso de vehículos por esa vía.

“Entran camionetas con pasajeros y se muestran prepotentes. No sabemos hasta dónde van. El último control que atraviesan es el Puerto Anapate, donde está la Marina de Guerra”, señala Cañari.

El problema es que esta carretera pasa por una gran cantidad de centros poblados y comunidades nativas que están en riesgo por el tránsito de personas que llegan de ciudades lejanas como Huancayo, donde hasta el momento ya se han reportado 11 casos de personas positivas para el coronavirus.

La Defensoría del Pueblo de Perú ha exhortado al Gobierno que garantice la presencia de personal policial y militar en las regiones donde existe mayor cantidad de población indígena, con el “fin de evitar que este sector de la población peruana se vea afectado por la propagación de este virus, debido a su alta vulnerabilidad”.

En un comunicado, esta institución recordó que solo en la región Loreto existen aproximadamente 1203 comunidades que podrían estar en riesgo de contagio. El documento también indica que, según el censo de 2017, de cada diez comunidades indígenas en Perú, menos de cuatro cuentan con un centro de salud en sus territorios, situación que coloca a los pueblos indígenas en mayor riesgo.

Esta historia se publicó originalmente en Mongabay Latam. Para leerla completa da click aquí.

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África, el otro escenario en el que se libra el pulso entre Rusia y Occidente

Las naciones de África se están convirtiendo en el nuevo espacio de influencia geopolítica de los países de Occidente y Rusia.
31 de julio, 2022
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Mientras Rusia está aislada en Occidente por su invasión a Ucrania, el canciller ruso Sergei Lavrov caminó por la alfombra roja por cuatro países africanos en su gira por el continente.

Su visita es una muestra de que Moscú todavía tiene la fuerza diplomática para desafiar a Occidente a través de los gobiernos africanos, pues estuvo en Egipto, Etiopía, Uganda y Congo.

La mayoría de las naciones de ese continente, incluidas Nigeria y Kenia -las potencias económicas de África occidental y oriental respectivamente-, votaron a favor de una resolución de la asamblea general de la ONU en marzo que condena la “agresión” rusa y exigiendo su retirada de Ucrania.

Sin embargo, casi la mitad de todas las abstenciones (17) vinieron de África.

Los países en esta lista incluyen Sudáfrica, que se siente en deuda con Moscú por su apoyo en la lucha contra el Apartheid, y Uganda, que asumirá en breve la presidencia del Movimiento de los Países No Alineados, un organismo mundial formado durante la Guerra Fría por países que querían evitar verse atrapados en la rivalidad entre las potencias occidentales y el bloque comunista.

En una conferencia de prensa con Lavrov, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, reiteró su posición de neutralidad frente al conflicto en Ucrania. “No creemos en ser enemigos del enemigo de alguien”, dijo.

África, un objetivo común

Para Lavrov, la visita fue importante para contrarrestar las afirmaciones de que Rusia está “exportando hambre” a África.

Ante el aumento global de los precios de los cereales, responsabilizó de ello a las sanciones impuestas a Rusia por parte de naciones occidentales.

Sin embargo, no ofreció ayuda a los países africanos para amortiguar los efectos de la crisis económica.

Sergei Lavrov y Yoweri Museveni

EPA
El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, dijo que su país no toma partido en el conflicto de Ucrania.

Eso contrasta con el anuncio de EE.UU. de una ayuda de US$1.300 millones para frenar el hambre en el continente, o la iniciativa de la Misión de Resiliencia para la Agricultura y la Alimentación (FARM) liderada por Francia para ayudar a la agricultura africana.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, realiza su propia gira por África esta semana, con Camerún, Benín y Guinea-Bissau en su agenda.

“Algunos nos culpan por decir que las sanciones europeas son la causa de la crisis alimentaria mundial, incluso en África. Es totalmente falso. Los alimentos, como la energía, se han convertido en armas de guerra rusas”, dijo Macron en Camerún el miércoles.

En contraste con esa opinión, Lavrov aseguró que la crisis alimentaria comenzó con la pandemia, pero reconoció que la “situación en Ucrania afectó adicionalmente al mercado de alimentos”.

Al visitar Egipto, el canciller señaló que los exportadores de cereales rusos cumplirían sus compromisos.

Emmanuel Macron en Benín

EPA
Macron está tratando de estrechar relaciones con países que fueron parte de los dominios franceses en África.

La economía de Egipto depende más de Rusia que la de muchos otros países africanos. Alrededor del 80% de sus importaciones de trigo provienen de Rusia y Ucrania, mientras que un tercio de sus turistas extranjeros son rusos.

Moscú también ha hecho un acuerdo para la construcción en Egipto de una planta de energía nuclear que tendrá un costo de US$26.000 millones.

Tradicionalmente, el comercio de Moscú con África se ha centrado en el ámbito militar, desde la venta de rifles automáticos hasta aviones de combate.

Más recientemente, se han desplegado mercenarios rusos en Malí y República Centroafricana para ayudar a las fuerzas gubernamentales a sofocar las insurgencias.

Un granjero cargando trigo en Egipto

Reuters
El encarecimiento de los cereales ha tenido un impacto duro en África.

Durante su gira, Lavrov también se centró en la cumbre Rusia-África que se celebrará en Etiopía en octubre y donde se podrían firmar acuerdos comerciales y de Defensa para fortalecer las relaciones.

Pisándole los talones en las giras está Michael Hammer, el enviado especial de EE.UU. para el Cuerno de África, que también visitará Egipto y Etiopía, mientras que la embajadora estadounidense ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, estará en Uganda y Ghana la próxima semana.

Occidente desea dejar una buena impresión y tal vez recordar a los países africanos que ofrece mucho más en materia de comercio y ayuda.


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