La invisibilidad de las mujeres en la tecnología se vive todos los días
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La invisibilidad de las mujeres en la tecnología se vive todos los días

En México solo el 20% de las personas que egresaron de una carrera de ingeniería de la UNAM en 2018 fueron mujeres
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10 de marzo, 2020
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El área de la tecnología y la industria de la ingeniería está conformada, en su mayoría, por hombres. La ausencia, la invisibilización y discriminación hacia las mujeres se vive todos los días.

En México solo el 20% de las personas que egresaron de una carrera de ingeniería de la UNAM en 2018 fueron mujeres, según el portal de estadística de la UNAM

En Estados Unidos, una mujer trabajando en áreas tecnológicas llega a ganar hasta 63% menos que un hombre, según un reportaje de Forbes publicado en 2018

Lee: ‘Nunca imaginé ver algo así, una ciudad sin mujeres’: Así se vivió el paro del 9M en la capital

En las grandes empresas internacionales de tecnología, como Google, esto no es la excepción: en 2017 se reveló, como iniciativa propia de los empleados, que Google ofrecía bonos que beneficiaban a los hombres sobre mujeres con la misma posición.

En un país donde las mujeres necesitarían trabajar 5 días más para ganar lo mismo que un hombre, este #9M las mujeres pararon para pedir un alto al machismo que viven. 

Entre las organizaciones de la sociedad civil y empresas dedicadas a la tecnología, miles de mujeres se unieron al paro, tal es el caso de SocialTic, Codeando México, Data Cívica y PODER.

Recabamos los testimonios y experiencias de cuatro mujeres dedicadas a la tecnología para comprender el machismo que se vive en los campos de la tecnología y entender por qué la disparidad de género es tan alta.

“La misoginia siempre viene de la vieja guardia”

Aldama (@geateaucocoa) trabaja como cabeza de desarrollo en una empresa de tecnología en México y tiene más de 10 años de experiencia desarrollando software.

“A pesar de tener 10 años haciendo software me quieren explicar todo desde cero, asumen que es mi primera vez manejando clientes o usando cualquier tecnología. Curiosamente me han hecho menos por ser mujer que por ser trans. Cuando estudié la ingeniería los comentarios machistas siempre venían de los maestros más viejos: la misoginia siempre viene de la vieja guardia.”

“Como cabeza de oficina me toca balancear activamente el ambiente, cuando los hombres se juntan hacen su propio club y empiezan a hacer comentarios que son más para una cantina que para una oficina”. 

Sin embargo, Aldama se considera afortunada al poder ser visible en un campo donde predominan los hombres. 

Lee: #UnDíaSinEllas: Los trazos que dejó su ausencia en la CDMX

“Me han preguntado si el motivo por el cual me gustan los videojuegos es por que crecí como niño”

Ophelia Pastrana (@OphCourse) es una mujer tecnóloga, economista, youtuber y fuerte activista por los derechos LGBT+.

“México tiene historia de celebrar eventos feministas desde 1916. Nosotros las mujeres merecemos un mejor trato por parte de quien esté en el poder. Nuestro país repunta en Latinoamérica como quien mata a sus mujeres y a sus niñas. Marchamos porque vivas nos queremos”, comenta y comparte en un video publicado en su canal de YouTube.

Afortunadamente la brecha sexo-genérica va en decaída y los videojuegos cambiaron con esto. Recuerdo con mucha pena ajena los intentos de atraer al público femenino con títulos basados en franquicias de caricaturas para niñas como Barbie, Polly Pocket y My Little Pony. Según… No era un vamos a hacer juegos para niñas sino un queremos que las niñas se sientan gamers, pero si quedaba claro que los ejecutivos pensaban muy pobremente de la capacidad de una niña que quisiera jugar un videojuego. ¿Las niñas más entretenidas? Las que absolutamente dominaban Mario Kart o Guitar Hero. Cuando una es trans la cosa se vuelve más rara. Historia real: me han preguntado en varias ocasiones si el motivo por el cual me gustan los videojuegos es porque  crecí como niño. Ahora resulta.”

“En México ser mujer desarolladora de software ha sido durísimo”

“Yo tengo un carácter muy fuerte y normalmente soy agrevisa ante cualquier tentativa de acoso, así que no he sufrido violencia porque no he dejado que suceda”, cuenta Zura Guerra (@grafofilia), ingeniera de software que actualmente radica en Argentina. 

Al preguntar sobre su experiencia como desarrolladora en México, Zura comenta:

En México ser mujer desarrolladora de software ha sido durísimo. Me han tocado comentarios condescendientes, gente adjudicándose mi trabajo y mis ideas, hombres con menos experiencia escalando más rápido que yo dentro de empresas. Sorprendentemente, en México el acoso lo he encontrado en gente de 35-40 para abajo.”

“Definitivamente lo que me ha ayudado es mi trabajo: a pesar de que hombres sin experiencia de mi generación hayan logrado posiciones relevantes rápido, he notado con los años que no duran mucho tiempo en esos puestos. Para mí ha sido mejor aprovechar de la manera más positiva ese bias negativo hacia la mujer: mi trabajo y sólo mi trabajo es lo que sigue haciendo que hombres misóginos al final tengan que aceptarme en sus equipos. Al final los negocios son negocios”.

“Necesitamos colegas que impulsen y líderes que nos inspiren”

“Estamos en un momento importante en la industria tecnológica. Ciertas ramas, como Análisis de datos, Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas, están resolviendo problemas exponencialmente. Necesitamos que más mujeres nos subamos al barco y juntas, diversifiquemos las soluciones que se están creando, comenta Cinthya Ayala, programadora freelance.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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