¿Es más seguro para las mujeres quedarse en casa que salir a la calle?
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Cuartoscuro

¿Es más seguro para las mujeres quedarse en casa que salir a la calle?

En los últimos seis meses de 2019, el 27% de mujeres sufrió algún tipo de acoso, es decir, casi una de cada tres mujeres del país.
Cuartoscuro
5 de marzo, 2020
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Las mujeres de México enfrentan día a día diferentes tipos de violencia y según muestran los datos, no hay un solo espacio en el que no corran riesgos.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) levantó en 2019 por primera vez una encuesta sobre acoso sexual. El resultado fue que en los últimos seis meses, el 27% de mujeres había sufrido algún tipo de acoso, es decir, casi una de cada tres mujeres del país.

Lee: Emiten 63 mil órdenes de protección a mujeres, pero el Estado falla en darles seguridad

Lo más comúnmente reportado, por una de cada cuatro mujeres, fue algún tipo de intimidación sexual, referente a recibir piropos ofensivos, mensajes por medios electrónicos haciendo comentarios sexuales o insinuaciones de ese tipo. Una de cada diez sufrió abuso sexual,  en forma de manoseos, besos no deseados o que un hombre se tocara en frente de ellas. 2.2% fue víctima de acoso u hostigamiento sexual, y 1.5%, de intento o violación consumada.

¿Pero este tipo de agresiones ocurren solo al salir de casa?

Los datos sobre lo que ocurre dentro de los propios hogares de las mujeres muestran que tampoco son un lugar seguro.

En 2017, el 29% de homicidios de mujeres ocurrieron dentro de su domicilio. A partir de 2008, poco después de lanzada la llamada guerra contra el narco, los asesinatos han aumentado en todo el país para ambos sexos, y para ellas, sobre todo, aumentaron los casos en la vía pública. Pero antes de eso, 2004 fue el año más mortífero dentro del propio hogar: 48% de mujeres a las que mataron, ni siquiera tuvieron que poner un pie en la calle, de acuerdo con cifras del Inegi.

Si bien ya seis de cada diez mujeres son asesinadas con armas de fuego, a ellas desproporcionadamente las matan más con arma blanca, asfixia y fuerza corporal, en comparación con los hombres, según el análisis hecho por Data Cívica el año pasado.

Esto varía por edad: el ahorcamiento o ahogamiento es la principal manera de asesinar a niñas menores de 11 años, y las armas blancas, lo más usado en mayores de 65.

En la diferencia de muertes entre vía pública y hogar, hay una relación con el estado civil de las víctimas: mientras que las solteras son atacadas más en la vía pública, en las casadas siegue habiendo más muertes dentro de su propia casa.

“Esto nos revela que tenemos prácticamente tres fenómenos que atender –si bien dos de ellos están íntimamente relacionados–. El primero es la violencia armada en público, que es la que más ha aumentado, afectando desproporcionadamente a las mujeres jóvenes. El segundo es la violencia en casa, con arma de fuego, que se ha disparado ahí donde también incrementaron los homicidios en público. Y el tercero es la violencia en casa que ha permanecido casi inalterada en este periodo, afectando desproporcionadamente a niñas y a adultas mayores y siendo insistentemente cruel”, concluyó Data Cívica.

Lee: ¿Quién va a contestar las llamadas? Funcionario de Chihuahua se burla del paro de mujeres y lo destituyen

En casa, también se sufre día a día violencia familiar. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh), levantada por el Inegi en 2016, reveló que 43.9% de mujeres han sido violentadas por su pareja. Las formas son diversas: 4 de cada 10, han recibido violencia emocional y 2 de cada 10, física. Además, el 6.5% fue violentada sexualmente por su propia pareja alguna vez en su vida.

No solo los maridos maltratan a las mujeres en sus casas. La Endireh también mostró que el 10.3% de mujeres había sufrido violencia familiar por otros miembros, principalmente por parte de hermanos.

Al menos 1.1% reportó haber sido agredida sexualmente por un familiar, y en ese caso, los perpetradores más comunes fueron tíos y primos, con 24.4% y 21.5% de las veces, respectivamente.

Además, las agresiones ocurrieron casi la mitad de las veces en casa de la propia víctima, y en 4 de cada 10 casos, en la casa de otro familiar. Mientras que menos del 10% fueron en lugares públicos.

¿Qué pasa al salir a la calle?

El 38.7% de mujeres asegura que ha sufrido violencia en el ámbito comunitario. 6 de cada 10 agresiones reportadas, son de tipo sexual, y 1 de cada 10, física.

Esto no tiene que ver con los lugares a los que acuden las mujeres: solo el 3% de lugares de agresión reportados fueron un bar o antro, fiesta o feria. En distintos transportes, desde autobuses y metro a taxis, suman 22%.

Las mujeres que van a trabajar, no se libran de recibir agresiones en ese espacio. Lo que más detectan es algún tipo de discriminación: ya sea porque un compañero hombre gana más por hacer el mismo trabajo, porque no les han querido dar un ascenso por ser mujeres, o comentarios sexistas de que ellas no sirven para ese trabajo. Una de cada cinco se han enfrentado a eso, y a 1 de cada 10 le han pedido una prueba de embarazo para darle un empleo.

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Un 11.2% de mujeres reportó algún tipo de violencia sexual en el trabajo.

Los agresores son compañeros en 31.8% de los casos, clientes  en el 7.7%, y otra persona relacionada el 6.9% de las veces. Pero la mayoría de abusadores suelen ser superiores jerárquicos: 23.8% identificados como patrones, 10.5% un supervisor o coordinador, y 8.2% un gerente, directivo o ejecutivo.

De todas las mujeres que sufrieron violencia física o sexual, el 91.2% no presentó ninguna queja. Llama la atención que la explicación más frecuente es que la mujer consideró que había sido “algo sin importancia que no le afectó”. Razón seguida de que no lo hizo por miedo a represalias o incluso porque recibió amenazas; y 20%, porque no sabía cómo o dónde denunciar.

¿Y en internet?

En 2017 se midió por primera vez el ciberacoso. El 17.7% de mujeres reportó haber padecido algún episodio de este tipo recientemente. Lo más común, son mensajes ofensivos e intentos de contacto mediante identidades falsas, inmediatamente seguido de un 30% que ha recibido propuestas sexuales, y 24% al que le llegó contenido de tipo sexual.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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