Mujeres de población callejera se unieron al histórico #8M
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Marcela Méndez

“Ya no queremos ser la sombra de la ciudad”: mujeres de población callejera se unieron al histórico #8M

Para un grupo de mujeres que forman parte de la población callejera, el 8M fue un día histórico, pues por primera vez se organizaron para marchar.
Marcela Méndez
Por Marcela Méndez
11 de marzo, 2020
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Este 8 de marzo en la Ciudad de México se vivió una movilización histórica en la que miles de mujeres salieron a las calles para protestar contra la violencia de género y por la igualdad de oportunidades.

Para un grupo de mujeres que forman parte de la población callejera también fue un día histórico: por primera vez se organizaron para marchar en un pequeño contingente –no más de 15 mujeres– y salieron a tomar las calles, en las que viven o vivieron pero que nunca antes les habían pertenecido.

Como muchos otros, el contingente “Amigas en el camino” comenzó a reunirse en el Monumento a la Revolución cerca de la una de la tarde. Lupita, Liliana, Luisa y sus compañeras esperaron hasta que todas estuvieran ahí para avanzar hacia el Zócalo de la capital; Susana fue la última en llegar, después de cumplir con su jornada de trabajo.

Comenzaron a marchar en la cola de la movilización, antes de los contingentes mixtos. En el camino se fueron aprendiendo los cantos y las consignas, pero nunca dejaron de gritar, de alzar la voz.

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“¿Quién soy? ¿Quién? La chava de calle”, cantaban.

Para Susana, quien en 2018 participó en la manifestación con motivo del Día de la erradicación de la violencia contra la mujer, marchar este 8 de marzo era importante para que ella, sus compañeras y las miles de mujeres que sobreviven en las calles del país sean vistas y escuchadas.

“Muchas mujeres salen a esta marcha: amas de casa, trabajadoras… pero nadie habla de la población callejera, y también existimos… Nosotras también queremos ser escuchadas y queremos que nos entiendan y que se nos tome en cuenta. Ya no queremos ser la sombra de la ciudad”, aseguró.

Susana, mujer integrante de la población callejera, marchó este 8M en la CDMX.

Monserrat se unió también porque desde hace un año busca su hermana Alejandra, quien fue desaparecida en San Martín Texmelucan, Puebla. Ella y sus hermanas de calle portaron durante todo el camino la ficha de búsqueda de Alejandra y cartulinas con su foto.

“Estar aquí son muchas emociones encontradas. Escuchar las canciones… la piel se me eriza, y quisiera llorar y gritar, y digo ‘bueno, ¿de qué me va a servir esto?’, pero esperemos ser escuchadas, que podamos levantar la voz y que mi hermana regrese pronto a casa”, compartió.

Para Liliana, de 34 años, ésta tampoco es la primera marcha, antes asistió a una en Chimalhuacán, Estado de México, una de las entidades más violentos para las mujeres. Ahora decidió unirse porque está convencida de que hay que defender los derechos de las mujeres y porque no quiere que su hija y su sobrina pasen por lo mismo que han tenido que vivir otras mujeres. “Estoy viendo que sí vamos a pelear para que nos hagan caso y que se acaben todas estas situaciones de maltrato hacia la mujer”.

Aunque con miedo en algunos momentos –cuando caminaban sobre avenida Hidalgo varios contingentes se deshicieron y replegaron y ellas, sin saber por qué, hicieron lo mismo de forma automática para luego reanudar la marcha– Susana y sus compañeras avanzaron determinadas a subir al templete en el Zócalo, tomar el micrófono y compartir con las miles de mujeres ahí presentes las formas de violencia que viven en las calles. Querían ser escuchadas en una ciudad en la que todos los días son invisibilizadas.

Después de esperar, sólo le permitieron subir a Monse, quien tuvo la oportunidad de pedir ayuda para encontrar a su hermana.

'Amigas en el camino', contingente de mujeres de población callejera en la marcha 8M.

De acuerdo con las organizadoras de las participaciones, debían comenzar a desalojar el Zócalo por cuestiones de seguridad, por lo que Susana, quien hablaría en representación de sus compañeras y previamente se había anotado en la lista, no pudo hablar al micrófono sobre la violencia física y sexual que enfrentan por parte de desconocidos y servidores públicos, ni de la discriminación que viven en centros de salud y albergues, ni de todas las mujeres a quienes les han arrebatado a sus hijos, ni de las mujeres asesinadas a quienes se les ha negado la justicia por el solo hecho de vivir en la calle.

“Ustedes dicen que nosotras somos de la calle y ustedes acaban de entrar a nuestra casa, porque nuestra casa es la calle… entraron a nuestra casa y se nos negó expresar allá arriba”, reclamó Susana.

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Vivimos doble discriminación: por ser mujer y por ser de calle

De acuerdo con el Diagnóstico Situacional de las poblaciones callejeras 2017-2018 –el censo más reciente realizado en la Ciudad de México–, 6 754 personas integran las poblaciones callejeras. De ellas, 12.73% –alrededor de 860 personas– son mujeres.

A la violencia por razones de género que viven las miles de mujeres que ayer salieron a protestar, quienes viven en la calle experimentan también una violencia que se deriva precisamente vivir en el espacio público.

“Es muy difícil de por sí ser mujer… muchas vienen (a la marcha) por las injusticias, por la discriminación de género. E imagínate: si ser mujer es difícil, ser mujer de población callejera es aún más difícil, porque vivimos doble discriminación: una por ser mujer y otra por ser de calle”, explica Susana.

El viernes anterior a la manifestación, cuando organizaban parte de sus actividades con motivo del #8M, algunas de ellas compartieron experiencias de violencia que han enfrentado.

En primer lugar, refieren que la mayoría de las mujeres que conocen en calle dejaron sus casas desde pequeñas porque ahí eran golpeadas o fueron víctimas de abuso sexual: “a mí me violó mi tío”, dice una de ellas, “a mí, mi padrastro”, se escucha otra voz. Dejan sus casas porque no son un lugar seguro y el único apoyo lo encuentran en la calle.

Pero ahí se enfrentan a otras cosas: la falta de documentos de identidad, por ejemplo, impide que accedan a otros servicios básicos, como salud y educación, dejándolas fuera de la protección gubernamental. También es una experiencia compartida que se les nieguen servicios o el acceso a la justicia por ser mujer de población callejera.

Además, reciben agresiones por parte de la comunidad y servidores públicos.

Contingente de mujeres de población callejera en la marcha 8M en CDMX.

“Con ellas es muy común que crean, por ejemplo, que sus cuerpos son públicos porque habitan el espacio público… entonces es muy común que los chavos de calle, los policías, la gente de la comunidad intenten abusar de ellas”, explica Alexia Moreno, coordinadora ejecutiva de El Caracol A.C., una organización que defiende los derechos de la población callejera.

Liliana, quien a los 12 años comenzó a vivir en la calle, asegura que en una ocasión quiso demandar por violencia a su entonces pareja: “no me hicieron caso y el policía me decía que sí lo detenía con tal de que tuviera relaciones con ellos, y no lo quise hacer. Pues salió al revés, porque a la que metieron a los separos fue a mí y no a él”.

Luisa también narra que ha sido violentada por policías de la Ciudad de México: “íbamos rumbo a una casa a bañarnos otras dos de mis amigas y yo, entonces llegó una patrulla y nos subieron por ir moneando en el camino… y en vez de llevarnos a la delegación o al juez cívico nos llevaron a un barranco. Y nos dijeron que la única manera de que nos soltaran era que nos teníamos que acostar con ellos, tener relaciones, y que íbamos a hacer todo lo que ellos decían. Nosotras les dijimos que no, entonces a mí me pegaron en la cabeza y me caí al piso, y a mis dos amigas también. Ya cuando vieron que empezamos a gritar, se subieron a la camioneta y ahí nos dejaron botadas”.

“Piensan que porque somos de calle pueden tener ellos el derecho de hacernos como quieran”, reclama.

Para cualquier mujer el proceso de denunciar violencia sexual es muy doloroso, reflexiona Alexia, porque te preguntan lo mismo mil veces, tienen que pasar con un médico legista… pero con ellas es peor, porque existe una lógica de cuestionarlas, de buscar que se sientan culpables.

Susana narra que cuando a una compañera la violaron y pidió auxilio, la respuesta de los policías fue “es que estás en la calle, es lo que te buscaste”. “Yo digo que no es justo. Imagínate, si las mujeres cuando van al MP a levantar una denuncia por violación se encuentran con trabas y con hombres machistas, a la mujer en población de calle definitivamente le cierran las puertas en la cara”, explica.

Hace cerca de un año una joven llegó a El Caracol luego de sufrir un episodio de violencia por parte de policías: intentaron quitar el grupo donde ella se quedaba y cuando preguntó por qué si no estaban haciendo nada los policías los subieron a la patrulla y por horas dieron vueltas. A ella le dijeron que podían hacer con ella lo que quisieran, que no importaba porque vivía en calle y que nadie la iba a buscar.

“Cuando la autoridad se acerca a ellas es para violentarlas, ¿cómo se van a acercar para denunciar?”, pregunta Alexia.

Entérate: Te ven en la calle y te gritan mugrosa: sin educación y por su cuenta, mujeres luchan por recuperar su vida

Otro aspecto es que ellas no están incluidas en las cifras de feminicidios. En primer lugar, señala Alexia, es muy difícil obtener información de cómo mueren. Sin embargo, desde 2017 la organización conoció casos de mujeres que, según sus amigas y compañeras, murieron quemadas o fueron halladas sin vida y con signos de violencia.

A finales de 2019, en la zona de Garibaldi, una mujer les dijo que durante los últimos tres meses habían muerto seis mujeres, todas en un hotel. Eran jóvenes: entre 20 y 25 años. Esos son feminicidios, pero nadie los toma como tal. Son feminicidios que nadie está contando, reclamaba la mujer.

Éste es un reclamo que comparte Susana. Ella ha expresado que no entendía cómo las mujeres que marchaban y pasaban por donde ellas estaban las veían pero seguían sin hacer algo para que contaran esas muertes.

“También nos contaban de una chava que había muerto porque su pareja la ahorcó. Pero, repito, está tan normalizado que no lo hacen visible… además, como no son familia, es muy difícil darle seguimiento a esa carpeta. Ella puede denunciar que mataron a su amiga, ¿pero cómo comprueba el interés genuino que tiene en darle seguimiento a ese caso?”, explica Moreno.

Ser madre y tener una muerte digna también son derechos que les son negados a las mujeres que viven en la calle.

A las mujeres que viven en calle les son arrebatados sus hijos: “te los quitan porque creen que no eres capaz de ser madre”, dice Susana, y continúa: “a mí mi familia me quitó a mi hija porque decían que yo estaba en la calle y no era capaz de criar a una niña. Te digo hoy que tengo a una niña que se llama Melanie, y la verdad es mi orgullo, y tú la ves y no parece criada por una chava de calle y es donde yo les demuestro que sí puedo, que sí era capaz de ser madre y que no tenían derecho a quitarme a mi hija”.

Amigas en el camino: colectiva por una vida digna dentro y fuera de las calles

Para Lupita, Susana, Luisa y todas las hermanas de calle, como se dicen entre sí, que marcharon era importante compartir lo anterior con otras mujeres, para que se sumen a sus reclamos de justicia y vida digna y libre de violencia: “Yo creo que el feminismo es muy chingón, es muy bueno, pero tenemos que encaminarlo”, dice Susana. “Es apoyarnos todas, como dicen: la sororidad. Es una con otra, hombro con hombro, y que las mujeres se concienticen de que también las poblaciones callejeras queremos, sentimos, amamos, soñamos, amamos a nuestros hijos, amamos a nuestras parejas, también nos amamos a nosotras”.

A pesar de que no lograron hacerse escuchar en el micrófono, esta marcha es para ellas un motivo de orgullo porque marcharon entre hermanas y porque es, además, una forma de hablar a otras mujeres que forman parte de la población callejera, de impulsarlas para defender sus derechos y de hacerles saber que su participación es importante.

Para la organización de este nuevo contingente contaron con el apoyo de Alexia Moreno y Karen Martínez, las dos activistas de El Caracol, una organización que las ha acompañado por años.

La principal actividad fue que ellas mismas imprimieron sus playeras y pañuelos para asistir a la marcha. Y a partir de esto surgió la idea de crear una cooperativa que les permitiera tener un trabajo en un espacio seguro: entre colectivas feministas informaron que vendían los pañuelos, y durante días trabajaron para lograr todas las entregas. Lo siguiente que plantean es vender bolsas para mandado y tazas.

Mujeres de población callejera imprimieron sus propias playeras y pañuelos para asistir a la marcha 8M.

“Este proyecto de inclusión laboral nace al ver las necesidades de las chavas que laboran en contextos que ponen en riesgo su integridad. Por ejemplo, trabajan en el metro vendiendo cosas o como vendedoras ambulantes, y corren el riesgo de que la policía las agreda o hay muchas mamás solteras que tienen que trabajar con sus hijos en esos contextos”, cuenta Karen Martínez, educadora de calle.

Además de la seguridad, la iniciativa busca que las mujeres tengan independencia económica. “Las mujeres viven muchas violencias, pero una de las más grandes es la económica y eso les hace depender siempre de su pareja o estar súper vulnerables, al saber que están en la calle, en un hotel… deben tener una independencia económica para que puedan enfrentar otros tipo de violencia”, explica Alexia.

Para esta primera actividad se dividieron las tareas, dependiendo de cuántas de ellas participaban por día. El jueves antes de la marcha Lupita ayudó a cortar más de 200 pañuelos. Las otras actividades era imprimir la imagen, secar los pañuelos, doblarlos y entregarlos. Todavía el día de la marcha hicieron algunas entregas antes de avanzar hacia el Zócalo.

A partir de esta iniciativa, Luisa sueña con ahorrar e invertir para hacer más cosas. La cooperativa representa una esperanza para ellas y sus familias: “Muchas de nosotras estamos acostumbradas a ganarnos el dinero acostándonos en vidrios en los metros, limpiando parabrisas, cantando en el metro… lo que la calle nos enseña, ¿no? Aquí, con esos paliacates, nos enseñan algo más limpio, más sano. Ya no te cortas el cuerpo, ya no te avientan el carro… está chida la idea porque aprendemos más, un trabajo y a ahorrar para mí y para seguir comprando cosas y hacer más y más”.

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En el centro de servicios de El Caracol es donde hicieron los pañuelos, con una pequeña máquina para imprimir los pañuelos verdes y morados y otra, improvisada con una mesa. “Empieza aquí por una maquinita chiquita, pero pues desde cero se empieza, ir guardando hasta tener tu propia imprenta, y ya no van a ser nomás paliacates: van a ser lonas y más cosas”.

En esta ocasión, los mensajes de los pañuelos –”Mi cuerpo es mío” y “No es no”, unidos a la etiqueta #YoDecido– fueron una oportunidad para reflexionar sobre la violencia y los derechos de las mujeres.

Mujer de población callejera posa con pañuelo verde, previo a la marcha 8M.

El nombre de la cooperativa, Amigas en el camino, surge de un grupo de reflexión de diálogo y reflexión sobre las violencias que tiene al menos dos años funcionando.

“Amigas en el camino habla de estas mujeres que se encuentran y se acompañan. Se acompañaban para hablar de derechos humanos, para conocer a otras mujeres, una especie de red de apoyo donde pudieran dialogar y escucharse”, explica Alexia.

Las amigas en el camino buscan que después de este #8M las mujeres que conforman la población callejera sea incluida en la agenda feminista, que sus voces sean escuchadas y comenzar a tejer redes con otros grupos de mujeres.

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Elecciones en EU: el futuro de Trump y otras 3 cosas que están en juego en la batalla por el Congreso

Según el corresponsal político de la BBC en Washington, uno de los temas fundamentales que ha dominado la discusión ha sido el aborto.
8 de noviembre, 2022
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Sin que sus nombres estén en las papeletas, Joe Biden y Donald Trump se han convertido en protagonistas de una intensa campaña electoral que ha vuelto a poner de relieve la división que vive Estados Unidos.

El país celebra este 8 de noviembre las elecciones de mitad de término, las llamadas “midterms”, y se prevé que el resultado tenga un gran impacto en los dos años que quedan de la presidencia de Biden (y más allá).

En EE.UU. se renueva la Cámara de Representantes y una parte del Senado cada dos años: en unos casos en coincidencia con las presidenciales y en otros en la mitad del período presidencial, de ahí el nombre de los comicios.

Es por eso que muchos ven esta elección como un referendo al presidente de turno. Y es muy común que, en ese proceso, el partido que ocupa la Casa Blanca tienda a perder escaños.

El Partido Demócrata obtuvo en la elección de 2020 una mayoría en la Cámara y un empate en el Senado que en realidad es mayoría porque el voto del desempate recae en la vicepresidenta Kamala Harris.

Eso le ha permitido a Biden aprobar algunos de los planes de su ambiciosa agenda legislativa.

Para los republicanos es un momento clave: estas serán las primeras elecciones desde que Trump salió de la Casa Blanca, y serán el mejor indicador del exmandatario para decidir si se lanza o no como candidato presidencial para 2024.

Además, si los republicanos toman el control de cualquiera de las cámaras, podrían frenar efectivamente la agenda de Biden.

También podrían controlar los comités de investigación del Congreso, por lo que podría poner fin a la investigación que se lleva a cabo sobre el ataque al Capitolio de EE.UU. del 6 de enero de 2021, aunque se espera que su trabajo termine a finales de año.

El corresponsal político de la BBC en Washington Anthony Zurcher compartió algunos de los que él considera que serán los puntos clave de esta elección.

1. Derechos o restricciones al aborto

Un cambio en la composición en el congreso puede tener un impacto directo en el día a día de los estadounidenses. Un buen ejemplo es el caso del aborto.

En junio, la Corte Suprema revocó el fallo Roe vs. Wade que otorgaba protección constitucional al aborto en el país.

Ambos partidos ya tienen proyectos legislativos que van a intentar implementar en el ámbito federal si ganan el control del Congreso en noviembre.

Los demócratas prometen defender el derecho de las mujeres a abortar, mientras que los republicanos han propuesto una prohibición federal del aborto más allá de las 15 semanas de embarazo.

A nivel estatal, el resultado de las contiendas legislativas locales y de gobernador en estados clave como Pensilvania, Wisconsin y Michigan podría significar que esos sitios impongan mayores restricciones al aborto.

Pero cualquiera de los partidos que gane el control del Congreso -y el poder en los estados- tendrá la posibilidad de impactar el enfoque de políticas que van más allá del aborto.

Si los republicanos resultan victoriosos, se espera que la inmigración, los derechos religiosos y el crimen se conviertan en prioridades.

En contraste, para los demócratas los temas clave son el medio ambiente, la atención médica, el derecho al voto y el control de armas.

2. El regreso de Trump

El expresidente de EE.UU. Donald Trump, durante su inauguración, en 2017.

EPA
Muchos analistas creen que una posible candidatura de Trump en 2024 dependerá de los resultados de esta elección.

A diferencia de los últimos presidentes que han perdido contiendas electorales en EE.UU., Trump no se retiró de la política en silencio.

Pareciera que todavía tiene interés en regresar a la Casa Blanca en 2024, y las elecciones de mitad de término podrían terminar fortaleciendo su posición o frustrando sus esperanzas.

Si bien no aparece en la boleta electoral como candidato, el apoyo político de Trump a decenas de candidatos republicanos sí que lo está.

A pesar de las objeciones de algunos líderes en el partido, el expresidente logró darles impulso a algunos de los candidatos al Senado -como el exjugador de fútbol americano Herschel Walker en Georgia, el médico de televisión Mehmet Oz en Pensilvania y al autor populista JD Vance en Ohio- para que superaran a republicanos más tradicionales en las elecciones primarias.

Si estos candidatos ganan, podría argumentarse que los instintos políticos de Trump son agudos y que su tipo de política conservadora tiene un atractivo nacional.

Pero si los republicanos se quedan cortos en el Congreso, y es por el fracaso de los candidatos poco convencionales seleccionados por Trump, el expresidente podría cargar con la culpa.

Tal resultado aumentaría las esperanzas de los rivales presidenciales de Trump dentro del partido.

Tanto el gobernador de Florida, Ron DeSantis, como el gobernador de Texas, Greg Abbott, están listos para la reelección en noviembre y podrían usar los resultados en esas contiendas como trampolín para sus propias campañas a ganar la nominación republicana en 2024.

3. El futuro de Joe Biden

Las elecciones de mitad de período normalmente se ven como un referéndum a los dos primeros años de un mandato presidencial; y es por esto que, históricamente, el partido en el poder sufre una derrota.

El presidente estadounidense Joe Biden en un evento.

Reuters
La elección de mitad de término es vista como un referendo al presidente actual.

Los índices de aprobación de Biden se han mantenido bajos durante más de un año.

Si bien los demócratas parecen haberse recuperado un poco, la alta inflación y las preocupaciones por el estado de la economía representan una batalla cuesta arriba para que el partido gobernante logre mantener el control de ambas cámaras del Congreso.

En sus primeros dos años como presidente, Biden logró que se aprobaran leyes nuevas en temas como cambio climático, control de armas, inversión en infraestructura y pobreza infantil, a pesar de contar con mayorías estrechas en el Congreso.

Sin embargo, si el control de cualquiera de las dos cámaras pasara al Partido Republicano, este tendría el poder de evitar que el Congreso apruebe proyectos de ley demócratas y el resultado sería un estancamiento legislativo.

Una mala noche para los demócratas se interpretaría también como una señal de la continua debilidad política del presidente, y podría volver a revivir los llamados para que Biden le deje el camino abierto a otro candidato demócrata cuando comience la campaña presidencial de 2024.

Sin embargo, el presidente y sus asesores insisten en que van por la reelección y solo se ha visto una vez en la política moderna que un presidente en el cargo pierda la nominación de su partido en las primarias.

4. ¿Qué pasa con los que no reconocen la elección de 2020?

Marjory Taylor Greene

Reuters
Varios candidatos republicanos han cuestionado abiertamente la legitimidad de la elección que en 2020 llevó a Joe Biden a la presidencia.

Las elecciones de mitad de período de 2022 van a ser las primeras elecciones federales desde que tuvo lugar el asalto al Capitolio de EE.UU. el 6 de enero de 2021, en el que partidarios de Trump intentaron impedir que los congresistas certificaran la victoria electoral de Joe Biden.

Lejos de amainarse después de los disturbios, Trump ha insistido en sus cuestionamientos a los resultados de la elección y ha apoyado activamente a los candidatos republicanos que dicen que les robaron la victoria.

Muchos de estos candidatos, como los nominados a secretario de Estado Mark Finchem en Arizona y Jim Marchant en Nevada y el candidato a gobernador Doug Mastriano en Pensilvania, se postulan para cargos en los que tendrán al menos algún tipo de control sobre los sistemas electorales de su estado de cara a la contienda presidencial de 2024.

Estos políticos, si son elegidos, podrían negarse a certificar los resultados electorales en sus estados si se viera en el país una elección reñida para la presidencia.

También podrían unirse a demandas contra algunoos condados, argumentando denuncias de corrupción electoral, o podrían promulgar nuevas reglas y regulaciones para restringir ciertos métodos para ejerccer el voto, como lo es la votación por correo.

En la elección de 2020, varios funcionarios republicanos estatales se negaron a ceder ante la presión de Trump para revertir los resultados en diferentes sitios.

Si en dos años hay una elección tan reñida como la de 2020, podría verse un resultado muy distinto a este tipo de desafíos.


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