Sin visitas, insumos ni sana distancia: cárceles frente al COVID-19
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Sin visitas, insumos ni sana distancia: el panorama de la cárceles frente al COVID-19

La organización Documenta apunta que la restricción no planificada de las visitas familiares puede propiciar protestas internas y poner en riesgo la gobernabilidad de los centros penitenciarios, como sucedió durante la epidemia de la influenza AH1N1.
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3 de abril, 2020
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Mientras el gobierno federal llama a guardar la sana distancia y la limpieza extrema, en las prisiones del país decenas de miles de personas privadas de la libertad enfrentan la pandemia de coronavirus COVID-19 en cárceles con condiciones de hacinamiento, poca higiene y precarios servicios de salud, alerta la asociación civil Documenta

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) también han apremiado a los gobiernos a tomar medidas que pongan a salvo a la población recluida en condición de vulnerabilidad, entre la que se cuenta a mujeres embarazadas y personas adultas mayores o con enfermedades crónico-degenerativas.

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María Sirvent, directora de Documenta, organización que defiende los derechos de las personas privadas de la libertad, señala que, frente a la crisis sanitaria, es urgente ejercer la liberación anticipada de presos establecida en la Ley Nacional de Ejecución Penal, medida que, por un lado, protegería la salud de la población vulnerable y, por el otro, ayudaría a desahogar la saturación de las cárceles tanto federales como estatales.

De acuerdo con el más reciente informe del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS), hay un total de 202 mil 337 personas en reclusión; dicho reporte indica que 110 de los 297 centros penitenciarios federales y estatales del país tienen sobrepoblación; específicamente, el 45% de los reclusos comparte su celda con más de cinco personas, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad del Inegi de 2016.

Sirvent afirma que al interior de las cárceles es imposible poner en práctica medidas como la sana distancia o el autoaislamiento, además de que hay centros penitenciarios que no cuentan con infraestructura de agua potable adecuada y tienen carencias en sus servicios médicos.

“Las medidas preventivas de contagio tienen que ser intensificadas y diferentes al interior de un reclusorio que las que están llevando hacia el exterior, porque al interior de un reclusorio, que duerman dos o tres personas en una celda ya no es una sana distancia, no puedes hacer aislamiento, y si aparte no hay agua, tampoco puedes llevar un régimen de limpieza riguroso para estar desinfectando; sí creo que se deben incrementar todas las medidas preventivas posibles porque, en caso de que entre el virus, va a ser muy difícil detenerlo”, advierte en entrevista.

“En el caso en que sí llegue el virus adentro, puede generar muchísimo contagio sin poderlo controlar, porque, si controlarlo afuera es difícil, imagínate adentro, y sobre todo porque no van a tener tampoco la capacidad de atenderlo, porque no creo que las torres médicas de los reclusorios tengan respiradores o el material que se necesita”.

Animal Político solicitó a la OADPRS, a través de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) –dependencia a la que está adscrita administrativamente-, un informe sobre las medidas preventivas adoptadas para proteger la salud de la población en reclusión, pero no recibió respuesta.

El área de comunicación de la SSPC se limitó a decir que la autoridad rectora del sistema penitenciario federal “sigue las recomendaciones de la Secretaría de Salud”.

Sirvent afirma que en algunas prisiones del país se tomó la decisión de restringir las visitas a las personas en reclusión sin tomar en cuenta que el 70% de los internos dependen enteramente de insumos y recursos que les proporcionan sus familiares, desde artículos de higiene personal hasta dinero que deben pagar dentro de las prisiones para garantizar su supervivencia.

“No queremos decir si está bien o mal que restrinjan las visitas por una cuestión de que no existan más contagios, porque a lo mejor sí es una medida responsable, sin embargo, junto con esa medida deben ir de la mano otras medidas responsables, como va a ser que la autoridad sí pueda proveer de todos los artículos que les dan las familias al interior (a los reclusos)”, expone.

“¿Y por qué sí es probable que el virus puede entrar? Porque el personal, la autoridad penitenciaria, los custodios, la gente de enfermería, ellos entran y salen; más allá de que restrinjas la visita, hay mucha gente que sí entra y sale. Han dicho que (han seguido) el mismo protocolo que han marcado aquí afuera, pero ese protocolo no puede aplicar allá adentro”.

La especialista apunta que la restricción no planificada de las visitas familiares puede propiciar protestas internas y poner en riesgo la gobernabilidad de los centros penitenciarios, como sucedió durante la epidemia de la influenza AH1N1, cuando hubo motines en al menos cinco cárceles.

“(Se debe) garantizar la gobernabilidad del centro, porque lo que ha sucedido en otros países, ya en este contexto del coronavirus, es que cancelar la visita te genera muchos disturbios al interior, inclusive llegando hasta motines, porque es la visita la que provee todos estos utensilios, la que les lleva a los internos dinero, cigarros, muchas cosas que representan una moneda de cambio al interior, entonces, el restringir la visita y no mitigar las consecuencias, puede traer efectos muy graves, como son estos motines”, detalla.

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En Sri Lanka, por ejemplo, la confirmación de casos de COVID-19 al interior de una prisión, sumada a la decisión del gobierno de prohibir las visitas del exterior, desató protestas de internos que exigían ser puestos en libertad para evitar el contagio; dos de ellos murieron en enfrentamientos con las autoridades. Otros países en los que ha habido disturbios en prisiones por la exigencia de medidas de contención de la pandemia son Colombia, donde murieron 23 presos en choques con la Policía; Perú, con dos muertos, y Brasil, donde se fugaron más de mil 300 internos de tres cárceles.

El pasado 30 de marzo, Documenta promovió ante la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México una solicitud de preliberación de personas en centros de reclusión para garantizar su derecho a la salud e integridad ante la crisis sanitaria por la pandemia de coronavirus, conforme la Ley Nacional de Ejecución Penal.

La asociación civil solicitó aplicar la medida en los 13 penales de la capital, en los que hay aproximadamente 24 mil 850 personas privadas de la libertad: los centros de ejecución Varonil Norte y Oriente; el centro varonil Santa Martha Acatitla; los centros femeniles Santa Martha Acatitla y Tepepan; los centros varoniles de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi) y de seguridad penitenciaria I y II; la Institución Abierta Casa de Medio Camino; la Penitenciaría del Distrito Federal y los reclusorios preventivos varoniles Norte, Oriente y Sur. 

El artículo 146 de la Ley Nacional de Ejecución Penal puede beneficiar a personas sentenciadas adultas mayores, portadoras de enfermedades crónico-degenerativas o terminales, no importando el tiempo que hayan compurgado o les falte compurgar de su condena. La medida también puede aplicar para personas que hayan cometido delitos sin violencia y cuya pena máxima sea de cinco años de prisión. 

“La ventana de oportunidad es muy amplia, porque aquí no está importando nada, por ejemplo, cuánto tiempo (llevan en prisión), por qué delito, no importa, dice simplemente que es por el hecho de ser adultos mayores o tener enfermedades crónico-degenerativas, yo veo este artículo como algo muy importante, porque es justo la población que estamos hablando que está en riesgo (ante el COVID-19)”, indica Sirvent.

El beneficio de preliberación excluye a personas sentenciadas por delitos graves, como desaparición forzada, crimen organizado, homicidio doloso, feminicidio, violación, secuestro, trata de personas, corrupción, fraude electoral y robo de hidrocarburos.

La directora de Documenta indica que no existe una estadística oficial que permita saber qué porcentaje de la población privada de la libertad en centros de reclusión está en condición de vulnerabilidad de contagio de COVID-19.

“Yo creo que ni la propia autoridad sabe bien, ese es un problema, la falta de datos, pero nosotros estamos solicitándolo y sería responsabilidad de la autoridad hacer un censo”, demanda.

“Reubican” a presos adultos mayores

El Órgano Administrativo Desconcertado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) informó que las personas privadas de la libertad mayores de 60 años fueron reubicadas a zonas aisladas dentro de los centros de reclusión federales, a fin de prevenir su contagio por coronavirus.

A través de un comunicado, también aseguró que se identificó a la población con “enfermedades de riesgo”, pero no proporcionó cifras ni indicó cómo se clasifican dichos padecimientos.

“Es importante señalar que se ha puesto especial atención en las personas privadas de su libertad mayores de 60 años, las cuales han sido reubicados a otras áreas con adecuado nivel de aislamiento sanitario. Además se clasificó a la población penitenciaria con enfermedades de riesgo, para mayor su atención y prevención”, indicó.

Afirmó que cada centro de reclusión ha implementado controles de detección de sintomatología entre los internos, el personal y los visitantes en las áreas de acceso.

“Como parte de las medidas de higiene sanitaria se colocó gel antibacterial y jabón en todos los baños de los Centros, también se efectúo una desinfección de transporte de personal y áreas comunes”, expuso.

El OADPRS no aclaró si restringió la frecuencia de las vistas familiares, pero reportó que la cantidad ha bajado.

“Durante la visita semanal sin contingencia en promedio se tiene un registro de 3 mil 099 personas, sin embargo, en esta etapa de contingencia se registra en promedio una visita de 2 mil 247 personas”, indicó.

Agregó que se implementó el permiso de una llamada semanal por cada interno para que mantenga comunicación con sus familiares, e informó que se suspendieron las visitas conyugales.

Preocupación mundial por cárceles

La OMS publicó un documento sobre prevención y control del COVID-19 en prisiones y centros migratorios en el que sostiene que las personas privadas de la libertad son especialmente vulnerables al contagio de coronavirus debido a las condiciones precarias en las que viven juntas durante periodos largos.

“La experiencia muestra que las cárceles y entornos similares donde las personas se reúnen cerca pueden actuar como fuente de infección, amplificación y propagación de enfermedades infecciosas dentro y más allá de las cárceles. La salud de la prisión, por lo tanto, se considera ampliamente como salud pública. La respuesta al COVID-19 en las cárceles y otros lugares de detención es particularmente desafiante, ya que requiere un enfoque de todo el gobierno y de toda la sociedad”, señala el documento.

Agrega que, a diferencia de la población en el exterior, la privación de la libertad expone a las personas a mayores riesgos de salud.

“Las personas en las cárceles suelen tener una mayor carga subyacente de enfermedad y peores condiciones de salud que la población general, y con frecuencia se enfrentan a una mayor exposición a riesgos como el tabaquismo, la falta de higiene y la defensa inmune débil debido al estrés, la mala nutrición o prevalencia de enfermedades coexistentes, como virus transmitidos por la sangre, tuberculosis y trastornos por consumo de drogas”, indica.

El pasado 25 de marzo, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, pidió a los gobiernos evaluar la liberación de individuos vulnerables al coronavirus, como adultos mayores, personas enfermas y presos no peligrosos y quienes fueron recluidos por motivos políticos.

“En muchos países, los centros de reclusión están atestados y en algunos casos lo están de manera peligrosa. A menudo, los internos se encuentran en condiciones higiénicas deplorables y los servicios de salud suelen ser deficientes o inexistentes. En esas condiciones, el distanciamiento físico y el autoaislamiento resultan prácticamente imposibles”, dijo la también expresidenta de Chile.

“En esta crisis, los gobiernos se enfrentan a cuantiosas exigencias de recursos y tienen que adoptar decisiones difíciles. Pero les insto a que no olviden a las personas que están encarceladas o recluidas en instalaciones cerradas, tales como hospitales psiquiátricos, hospicios y orfanatos, porque las consecuencias de su abandono podrían ser catastróficas”, añadió.

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Chernóbil: por qué la central nuclear siguió funcionando tras el accidente y cuándo dejará de ser radiactiva

Desde 1986 hasta hoy miles de operarios han trabajado en la planta y se han vivido momentos tensos, como un incendio o el derrumbe parcial de la estructura de contención.
26 de abril, 2022
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Chernóbil ha vivido recientemente sus momentos más tensos desde el desastre de 1986.

Las tropas rusas tomaron la planta y sus alrededores a finales de febrero, en el inicio de la invasión a Ucrania, y las ucranianas recuperaron el territorio un mes después.

Estos acontecimientos han puesto de nuevo el foco de atención en la central donde se produjo la peor catástrofe nuclear de la historia.

La fuga masiva de materiales radioactivos en el accidente del 26 de abril de 1986 causó 56 muertes directas y al menos otras 4,000 entre trabajadores y residentes locales, según estimaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

También dejó prácticamente inhabitable un radio de 30 kilómetros en torno a Prípiat, la ciudad que alberga la planta unos 100 kilómetros al norte de Kiev. Es la llamada zona de exclusión.

Radiación en Chernóbil en 2019

BBC

Los sucesos de 1986, que en su momento ocultó la Unión Soviética, se documentaron ampliamente en años posteriores y han llegado al gran público en diversos formatos, desde informes hasta libros o la exitosa miniserie de HBO de 2019.

Sin embargo, la historia de Chernóbil después del accidente es menos conocida.

La reciente invasión del ejército ruso puso de relevancia algo que muchos ignoraban: la central nuclear no está sellada y clausurada, sino que sigue conectada a la red eléctrica y más de 2,000 operarios trabajan en ella con regularidad.

De hecho, tras el accidente de 1986 en el que explotó el reactor número 4, siguió produciendo electricidad durante casi una década y media con las tres unidades que quedaban.

Esto plantea algunas preguntas sobre Chernóbil después del desastre, en la actualidad en pleno conflicto entre Rusia y Ucrania, y su futuro.

¿Qué pasó en la planta en los años posteriores al accidente?

Una de las primeras fotos de Chernóbil tras el accidente de 1986

Getty Images
Chernóbil emitió 400 veces más sustancias radioactivas que la bomba de Hiroshima. Esta es una de las primeras fotos de la central tras el accidente de 1986.

Durante 14 años y 7 meses primero la URSS y luego Ucrania mantuvieron operativas las instalaciones para garantizar el suministro eléctrico de la región.

Esto preocupaba a los países cercanos, que temían un nuevo accidente en los reactores soviéticos RBMK-100, moderados con grafito, a los que se atribuían fallas de diseño.

De hecho en 1991 saltaron las alarmas cuando se incendió una turbina del reactor número 2, lo que llevó a clausurar la instalación, mientras el número 1 se cerró cinco años después, en 1996.

Tras años de negociaciones Ucrania se comprometió con los países del G7 a desactivar la central a cambio de 1,500 millones de euros en ayudas (unos US$1.650 millones) y el 12 de diciembre de 2000 el reactor número 3, el último en funcionamiento, se apagó definitivamente.

En cuanto al malogrado reactor 4, que tras el accidente dejó a la intemperie más de 200 toneladas de materiales radiactivos, en los meses posteriores del mismo 1986 se cubrió apresuradamente con un sarcófago de acero y hormigón para impedir fugas.

Los trabajadores de mantenimiento del primer sarcófago de Chernóbil

Getty Images
Los operarios de mantenimiento del primer sarcófago solo podían permanecer en sus puestos por tiempos cortos (a veces de solo unos minutos) debido a la alta radiación.

Pero era un caparazón provisional, construido apresuradamente para aguantar un máximo de 30 años. La radioactividad, nevadas, lluvias y vientos lo fueron deteriorando hasta el punto de que en 2013 se derrumbaron una de las paredes y parte de la cubierta.

En 2016, tras siete años de trabajos, se inauguró el conocido como NSC (siglas en inglés de “nuevo confinamiento seguro”), diseñado para contener los restos radioactivos durante un siglo.

NSC (nuevo confinamiento seguro) de Chernóbil

Getty Images
El proyecto del NSC (nuevo confinamiento seguro) costó más de 2.000 millones de euros

¿Cómo pudo seguir funcionando la central entre 1986 y 2000?

Hay que recordar que la planta de Chernóbil está en el epicentro de la zona de exclusión donde se prohibió toda actividad humana excepto trabajar en el lugar más peligroso: la central nuclear.

“Si bien la radiación era elevada para los estándares laborales actuales, permitía el trabajo normal de los operarios sin que esto fuera mortal para ellos”, explica a BBC Mundo el ingeniero nuclear argentino Aníbal Blanco, investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y especializado en el accidente de Chernóbil.

Dos trabajadoras de la central de Chernóbil en 1996 pasan el control rutinario de radiación.

Getty Images

El experto puntualiza, sin embargo, que “según la normativa internacional vigente referida a la protección radiológica de los trabajadores del área nuclear, hoy no se permitiría el trabajo en esas condiciones“.

Los empleados de la central nuclear durante esos años permanecían en sus puestos en turnos limitados y medían constantemente su exposición a la radiación.

Ángela Merkel, entonces ministra de Medio ambiente de Alemania, visita la central de Chernóbil en 1996

Getty Images
Una imagen curiosa: Angela Merkel, entonces ministra de Medio Ambiente de Alemania, visita la central de Chernóbil en 1996. Tanto ella como los periodistas y operarios que la acompañan llevan el rostro y las manos al descubierto dentro de las instalaciones.

¿Qué ocurrió tras el cierre y qué trabajos se llevan a cabo en la central?

Aunque no produce electricidad desde el año 2000, Chernóbil no se ha podido desmantelar y requiere una gestión constante.

“Todas las personas que operan en la central nuclear de Chernóbil siguen trabajando para eliminar las consecuencias del desastre de 1986“, indica a BBC Mundo el diputado Ihor Kryvosheyev, presidente del comité para la reparación de daños del accidente de Chernóbil en el Parlamento de Ucrania.

Ihor Kryvosheyev, diputado ucraniano

Ihor Kryvosheyev
Debido a la guerra Ihor Kryvosheyev ha dejado temporalmente el Parlamento y se dedica a transportar suministros desde la frontera con Eslovaquia hasta Kiev y otras ciudades.

La central, afirma Kryvosheyev, “ahora tiene como objetivo garantizar la seguridad nuclear”, teniendo en cuenta que dentro del confinado reactor 4 se siguen produciendo reacciones de fisión por la concentración de elementos radiactivos.

En la planta hay registrados unos 2.400 empleados, desde científicos y técnicos hasta cocineros, médicos, personal de apoyo y miembros de la guardia nacional.

Los primeros llevan a cabo varias tareas imprescindibles, como la reubicación de combustibles atómicos o el mantenimiento del sarcófago y las instalaciones con residuos radiactivos.

trabajadores de Chernóbil en un ensayo de situaciones de emergencia en 2006

Getty Images
Los trabajadores de Chernóbil llevan a cabo frecuentes ensayos de situaciones de emergencia

Estos trabajos requieren un flujo constante de electricidad.

El temor a un corte eléctrico prolongado: ¿qué pasaría si esto sucediera?

Cuando las tropas rusas llegaron a la zona de Prípiat el 24 de febrero se produjo un corte eléctrico de varias horas que obligó a usar los generadores diésel de emergencia, sin que esto causara un grave peligro.

¿Qué pasaría, sin embargo, si por el conflicto u otro motivo la corriente se cortara durante varios días, o semanas?

Aníbal Blanco advierte de que “esto no debe suceder de ninguna manera en este tipo de instalaciones”.

“En el peor escenario -de pérdida total de energía por varios días- el agua de las piletas podría evaporarse, dejando al aire los elementos combustibles gastados (ECG)”, explica.

La exposición de tales materiales “elevaría la radiación ambiental y podría sobrecalentar los ECGs, que podrían fisurarse y emitir partículas radiactivas al ambiente”, apunta.

Interior de la central de chernóbil

Getty Images
La central se alimenta de la red eléctrica y cuenta con generadores diésel de emergencia

Kryvosheyev, por su parte, cree que el desastre podría ser mayor.

“Si se cortara la electricidad de forma prolongada, al no funcionar el sistema de ventilación del NSC del reactor 4 es probable que el polvo radiactivo supere el sarcófago y se propague más allá de la zona de exclusión, contaminando áreas limpias de Ucrania y Europa“.

¿Qué supuso la invasión y la estancia de las tropas rusas?

La llegada de las tropas rusas a finales de febrero causó un aumento fuerte y repentino de los niveles de radiación en la zona.

Esto generó temores a una posible fuga radiactiva por el impacto de algún proyectil o explosivo en la central.

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Sin embargo, no se debía a eso. El paso de las tropas y vehículos pesados en la primera etapa de la guerra levantó polvo en la zona de exclusión, cuyo suelo acumula material radiactivo.

“Ese polvo radiactivo en el ambiente hizo saltar las alarmas en los detectores. Luego, al estacionarse las tropas y vehículos, se desvaneció y los niveles de radiación bajaron a niveles previos”, afirma Blanco.

Cuando las tropas rusas tomaron Chernóbil se encontraban allí unos 200 operarios, que permanecieron 25 días retenidos en las instalaciones hasta recibir relevo el 20 de marzo.

También mantuvieron cautivos a 169 miembros de la Guardia Nacional ucraniana en las instalaciones de la central y después se los llevaron a Rusia como prisioneros, según autoridades de Kiev.

“Fueron tomados como rehenes y retenidos por la fuerza”, denuncia el diputado ucraniano.

Kryvosheyev acusa al ejército ruso de haber usado la zona de exclusión “como base militar, para almacenar explosivos y municiones”, algo que, considera, podría haber provocado un accidente nuclear con “terribles consecuencias para Europa y todo el planeta”.

Las autoridades rusas, por su parte, aseguraron que garantizaban el suministro eléctrico de la planta y señalaron a Ucrania como responsable de cualquier incidente que pudiera suceder allí.

En todo caso, el 1 de abril Ucrania confirmó que había vuelto a tomar el control de la planta.

Energoatom, la agencia estatal de energía nuclear de Ucrania, afirmó que los soldados rusos estuvieron expuestos a “dosis significativas” de radiación durante su estancia de más de un mes.

Una habitación llena de desechos en Chernóbil

BBC
Yogita Limaye, de BBC, fue una de los pocos periodistas que entraron a la planta tras recuperarla las tropas de Ucrania. Esta foto, incluida en su crónica, muestra cómo quedó una de las habitaciones donde los soldados rusos mantuvieron cautivos a miembros de la Guardia Nacional ucraniana.

Décadas de actividad

La central será desmantelada completamente en torno a 2064. ¿Por qué tanto tiempo?

Aníbal Blanco argumenta que las tareas de desmantelamiento “son extremadamente complejas y requieren de una planificación cuidadosa”.

“A la construcción del sarcófago del reactor 4 y el mantenimiento de los lugares donde se depositaron los residuos radiactivos y los combustibles gastados de las unidades 1 a 3 se suma el traspaso de esos combustibles usados y luego el desmantelamiento progresivo de las 3 unidades y de los sitios ya no utilizados”.

El nuevo confinamiento seguro de Chernóbil

Getty Images

Kryvosheyev, por su parte, asegura que el año 2064 “solo es una fecha de referencia“.

“Nuestros científicos han creado un plan con los pasos a implementar hasta ese año y nuestro estado está dispuesto a financiar e implementar esas medidas”.

En todo caso, sentencia, “el problema de Chernóbil llegó para quedarse durante milenios“.


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