COVID-19: cómo se liga la pandemia con el abuso contra la naturaleza
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Martin Prochazkacz.

COVID-19: cómo se liga la pandemia con décadas de abuso contra la naturaleza

El COVID-19 obligó a todo el planeta a responder de forma inmediata a un problema de salud que apareció y creció repentinamente pero que no está desligado del cambio climático.
Martin Prochazkacz.
Por Antonio Paz Cardona / Mongabay Latam
22 de abril, 2020
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Hoy más que nunca una de las mayores dudas en el mundo es qué pasará con el planeta, no solo durante la pandemia del COVID-19 sino después de que termine la crisis sanitaria. 

Para el Día Internacional de La Tierra, que se conmemora el 22 de abril, Naciones Unidas reflexiona sobre el sufrimiento de la naturaleza. No se pueden olvidar los recientes incendios en Australia y anteriormente los ocurridos en la Amazonía, o la peor invasión de langostas de los últimos 70 años en Kenia. Hoy, la pandemia causada por el virus SARS-Cov-2 es la más reciente angustia y no solo está relacionada con la salud humana sino con la salud de los ecosistemas. ¿Cómo empezar a gestionar los ecosistemas y los sistemas de producción? ¿Qué políticas y compromisos deberían surgir? En otras palabras, ¿qué futuro le espera a nuestro planeta?

Sin duda, estas preguntas no son fáciles de responder. De hecho, todavía es difícil determinar el curso que tomará la pandemia y son muchas las dudas que existen en torno al virus y el control de la crisis. La ciencia encuentra nueva evidencia cada día y las medidas que se tomaron semanas atrás pueden replantearse rápida y constantemente. El medio ambiente y la economía no son ajenos a todo lo que pasa y, por paradójico que suene, lo único seguro, según los expertos, es que sigamos en un escenario de incertidumbre.

Deforestación para ganadería en el Parque Nacional Cordillera de los Picachos en Colombia. Foto: Rutas del Conflicto.

Deforestación para ganadería en el Parque Nacional Cordillera de los Picachos en Colombia. Foto: Rutas del Conflicto.

Un llamado a reaccionar

“Ahora nos enfrentamos al COVID -19, una pandemia sanitaria mundial con una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema. El cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos (enfermedades zoonóticas)”, reconoce las Naciones Unidas.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), una nueva enfermedad infecciosa emerge en los humanos cada cuatro meses y el 75 % proviene de animales, lo que muestra las estrechas relaciones entre la salud humana, animal y ambiental.

“Estamos viendo que las dinámicas de muchos patógenos están cada vez más relacionadas con los cambios drásticos que estamos haciendo al ambiente, como la deforestación, la contaminación, la invasión de zonas naturales o la pérdida de diversidad”, explica Gerardo Suzán Azpiri, investigador del Laboratorio de Ecología de Enfermedades de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y quien fue presidente de la Wildlife Disease Association (WDA) para Latinoamérica entre 2017 y 2019.

De acuerdo con Suzán, cuando se deforesta y fragmenta un ecosistema, hay especies que —junto con sus patógenos— comienzan a dominar y es ahí en donde se crea una zona de riesgo para el brote de una enfermedad.

La pandemia del COVID-19 llevó a que todos los países del mundo trabajen en combatirla. Sin embargo, La Tierra se enfrenta a otros problemas que pueden llegar a ser igual o más catastróficos pero en los cuales no ha sido fácil llegar a compromisos reales y efectivos.

Hasta ahora, mucho se ha insistido en la preocupación por la deforestación, la pérdida de hábitat de las especies, la contaminación de los océanos y las actividades humanas insostenibles que están llevando al planeta a un nivel de estrés cada vez más crítico. Desde hace varias décadas se habla de cómo el cambio climático es una amenaza que puede traer consecuencias desastrosas para la vida como la conocemos actualmente. Sin embargo, las acciones y compromisos nunca han sido suficientes.

Las quemas en la Amazonía colombiana suelen darse entre enero y febrero. Foto: Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).

Las quemas en la Amazonía colombiana suelen darse entre enero y febrero. Foto: Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).

En 2019, la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes) destacó que un millón de especies están en peligro de extinción. El cambio climático es una de las causas y también se encuentran: la transformación de áreas silvestres por agricultura, deforestación y urbanización; la sobreexplotación directa de las especies; la contaminación de las aguas y de los suelos, y las invasiones biológicas producidas por la introducción de especies exóticas. 

Entre las causas indirectas estarían la dinámica demográfica, la expansión permanente del sistema económico no sostenible incluyendo formas de producción y consumo, fallas en las instituciones y la gobernanza, conflictos y, finalmente, las epidemias.

Naciones Unidas ha asegurado que el brote de coronavirus representa un riesgo enorme para la salud pública y la economía mundial, pero también para la diversidad biológica. Sin embargo, también ha dicho que la biodiversidad puede ser parte de la solución, ya que una diversidad de especies dificulta la propagación rápida de los patógenos.

“El bienestar humano no solo es económico también es salud, educación, cultura y ambiente. La gente está aprendiendo a ver eso de una manera ruda, no es la primera pandemia por zoonosis y si no cambiamos nuestro comportamiento, no será la última”, asegura Ana María Hernández, presidenta de Ipbes.

La crisis sanitaria mundial ha traído efectos visibles y aparentemente positivos como la mejora de la calidad del aire o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero debido a las cuarentenas que se desarrollan en muchos países. Sin embargo, si no se generan cambios a largo plazo, estas mejoras no serán más que temporales. Hernández cree que está pandemia “nos sentó” y puso al mundo a reflexionar pero “depende del ser humano si efectivamente nos transformamos después de esto y entramos en una dinámica más consciente de nuestro alrededor y lo que hacemos, o volvemos a lo de antes, el consumismo, la sobreexplotación y la contaminación”, enfatiza.

Pescadores artesanales capturan merluzas en Chile. Foto: Michelle Carrere.

Pescadores artesanales capturan merluzas en Chile. Foto: Michelle Carrere.

Existen otros grandes problemas mundiales

La crisis climática también causará grandes problemas si no se actúa ahora. Uno de los puntos sobre el que los expertos llaman la atención es la necesidad de cambiar la forma en que vivimos y trabajar fuertemente en la mitigación y adaptación al cambio climático, pues organizaciones como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ya han advertido durante mucho tiempo los enormes estragos que se causarían si la temperatura global aumenta más de 1,5° C.  

“Según el Acuerdo de París, en los próximos diez años se deberán tomar todas las medidas requeridas para poner al mundo en una senda en que se impida transgredir ese límite, pues, de lo contrario, los impactos serían de tal magnitud que la actual pandemia, a pesar de su gravedad, sería recordada como un mal menor”, aseguró Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Ambiente de Colombia en una reciente columna de opinión en el diario El Tiempo.

En diálogo con Mongabay Latam, Rodríguez reafirma su preocupación por el rumbo que tome la lucha contra el cambio climático en épocas pospandemia. Según dice, ha habido un negacionismo muy fuerte sobre el cambio climático, encabezado por varios líderes del mundo. “La respuesta a tremenda amenaza sigue siendo extremadamente débil. Estamos ante una lección muy dura, a pesar de que expertos venían advirtiendo que podía llegar una pandemia. La OMS lo dijo muchas veces. Uno esperaría que esta lección nos sirva para revisar nuestra respuesta a la otra gran amenaza que se cierne sobre este planeta ”, asegura.

Y es que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y el de Estados Unidos, Donald Trump, se han convertido en los rostros visibles del negacionismo del cambio climático, “pero ellos en realidad representan la visión tapada e hipócrita de buena parte de la clase dirigente del mundo, que no ha tomado ni toma las medidas necesarias. Lo interesante de ellos dos es que sí expresan esa negación abiertamente”, dice Rodriguez, quien, además, asegura que habrá que esperar si los líderes mundiales toman medidas para evitar que ocurra una catástrofe peor que la de esta pandemia.

¿Qué pasará con La Tierra una vez se supere la crisis sanitaria? “Es algo muy incierto, empezando porque todavía es muy incierto cómo se seguirá desarrollando la pandemia”, dice el exministro colombiano.

Rodríguez comenta que las consecuencias para el medio ambiente dependerán de la profundidad de la crisis económica y cómo se responda a ella. “Por ejemplo, si se aumenta la pobreza rural, uno podría predecir que vendrán procesos de deforestación muy fuertes, la gente buscando sobrevivir. Que eso ocurra, o no, dependerá de las medidas o programas que los gobiernos utilicen para reactivar la economía”, indica.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro del Ambiente de Perú y hoy líder de Clima y Energía para WWF, asegura que una de las enseñanzas que nos deja esta pandemia es que esto es “el resultado de nuestro propio mal accionar con el planeta, de la incapacidad de reconocer nuestros límites, del exceso en el consumo, de exceder los recursos que el planeta nos provee. Debemos ser realistas: si los patrones de consumo y exceso no cambian, debemos esperar una nueva crisis en unos cuantos años”.

Para Pulgar-Vidal, mucho se ha hablado de la emergencia climática pero no se ha respondido adecuadamente a esa emergencia mientras que ahora que el mundo enfrenta una pandemia, sí se está haciendo. “El COVID-19 expone la interdependencia, la fragilidad y la vulnerabilidad del ser humano, que pensamos habían sido superados”, dice.

El experto peruano cree que ahora que se habla de “planes económicos de recuperación” esto no puede, de ninguna manera, ser sinónimo de “volver a lo mismo que nos llevó a la crisis”. Para Pulgar-Vidal, si bien es cierto que las consecuencias económicas de esta crisis conllevarán a una pérdida de liquidez por parte de los Estados, no es posible dejar de incorporar condiciones y acciones climáticas y de recuperación de condiciones naturales en dichos planes. “Lo único que estaríamos haciendo es postergando, por un tiempo no muy largo, una nueva pandemia para la humanidad”.

Los pingüinos de Galápagos son de los más pequeños del mundo y su población es de las más vulnerables al cambio climático. Foto: Fundación Charles Darwin.

Los pingüinos de Galápagos son de los más pequeños del mundo y su población es de las más vulnerables al cambio climático. Foto: Fundación Charles Darwin.

El valor de la biodiversidad

La importancia de la biodiversidad ha sido destacada no solo en el mundo ambiental sino, incluso, por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 2010 fue el Año Internacional de la Diversidad Biológica y una de las principales premisas fue: “preservar nuestra salud mediante la protección de la biodiversidad”. 

Para ese momento, la OMS aseguró que las personas dependen de la biodiversidad en su vida cotidiana, de maneras que no siempre son evidentes ni apreciadas. “La salud humana depende en última instancia de los bienes y servicios de los ecosistemas (como el agua dulce, los alimentos y las fuentes de combustible) que son indispensables para la buena salud humana y los medios productivos de ganarse el sustento. La pérdida de biodiversidad puede ejercer un importante efecto directo en la salud humana si los servicios de los ecosistemas ya no alcanzan a satisfacer las necesidades sociales”.

Además —dijo la organización— una mayor comprensión de la biodiversidad de la Tierra propicia descubrimientos médicos y farmacológicos de relieve. “La pérdida de biodiversidad puede limitar el descubrimiento de posibles tratamientos de muchas enfermedades y problemas de salud”.

Murciélago en el Bosque Protector Cerro Blanco en Ecuador. Foto: Santiago Burneo.

Murciélago en el Bosque Protector Cerro Blanco en Ecuador. Foto: Santiago Burneo.

El gran problema, como destacó la Ipbes en su informe de 2019, es que la biodiversidad se está deteriorando en todo el mundo a un ritmo sin precedentes en la historia humana.

El biólogo ecuatoriano Santiago Ron está convencido de que una de las mayores necesidades del planeta después de esta pandemia es parar la comercialización de especies silvestres, tanto legal como ilegalmente. Además, asegura que es necesario reconsiderar los modelos de desarrollo de una región como Latinoamérica. 

“Se depende de la extracción de recursos naturales de una forma no sostenible y eso genera el riesgo de estas pandemias. Se ha demostrado que cuando hay destrucción de los bosques, y se alteran los ecosistemas, se producen estos contactos entre humanos y vidas silvestres que generan enfermedades zoonóticas que tienen impactos económicos y de salud como los de ahora”, asegura. 

A Ron le preocupa lo que puede venir en una época de pospandemia. Según dice, la realidad de una región como Latinoamérica es que la gente no tiene muchas alternativas para vivir de modo distinto al actual. “Decidir un cambio de vida es un lujo que solo los que tienen privilegios pueden darse, la gente pobre no tiene cómo escoger alternativas. Me preocupa que esto pase y adoptemos el mismo modelo de desarrollo que hemos tenido siempre. Ojalá me equivoque, pero creo que nuestros países no tienen mucha opción de elegir si los líderes no adoptan cambios radicales”.

Foto aérea de la Amazonía colombiana. Foto: Rhett A. Butler.

Foto aérea de la Amazonía colombiana. Foto: Rhett A. Butler.

Por su parte, el exministro colombiano Manuel Rodríguez, insiste en que aún no hay una idea de la dimensión que tendrá la crisis económica pero que sin duda debe haber cambios. “Lo que vemos con lo que está pasando con el petróleo y sus precios en medio de la pandemia debería ser una oportunidad para una transición a una economía menos extractivista”. En el caso de Colombia, Rodríguez asegura que ya es evidente el desastre, no solo ambiental, de depender tanto del carbón y el petróleo. 

Finalmente, el exministro de Ambiente de Perú, Manuel Pulgar-Vidal, asegura que los Estados y demás actores deben plantearse compromisos para revertir los procesos de pérdida y deterioro de las condiciones naturales del planeta. Pulgar-Vidal habla de “un nuevo pacto social donde pasemos de una visión antropocentrista a una en donde el planeta se vuelve el centro de nuestras decisiones”.

Maquinaria de mineros ilegales en el sector de Santa Isidora, zona de amortiguamiento de Amarakaeri en Perú. Foto: FEMA Madre de Dios.

Maquinaria de mineros ilegales en el sector de Santa Isidora, zona de amortiguamiento de Amarakaeri en Perú. Foto: FEMA Madre de Dios.

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Los genes que ayudan a explicar por qué algunas personas enferman gravemente de COVID-19

Un estudio ha identificado genes que ofrecen pistas sobre por qué algunas personas enferman gravemente cuando se contagian de covid-19.
12 de diciembre, 2020
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Uno de los mayores enigmas de la pandemia es por qué algunas personas con covid-19 no presentan síntomas y otras sí se enferman gravemente.

Pero un estudio publicado recientemente en Nature analizó a más de 2,200 pacientes de cuidados intensivos e identificó genes específicos que pueden ofrecer respuestas.

Estos genes hacen que algunas personas sean más susceptibles a los síntomas graves de covid-19.

Los hallazgos arrojan luz sobre dónde falla el sistema inmunológico, lo que podría ayudar a identificar nuevos tratamientos.

Y estos seguirán siendo necesarios a pesar de que se están desarrollando vacunas, dijo el doctor Kenneth Baillie, consultor de medicina en la Royal Infirmary de Edimburgo y director del proyecto GenOMICC, cuyos resultados se recogen en el estudio publicado en Nature.

“Las vacunas deberían reducir drásticamente el número de casos de covid-19, pero es probable que los médicos sigan tratando la enfermedad en cuidados intensivos durante varios años en todo el mundo, por lo que existe una necesidad urgente de encontrar nuevos tratamientos”, señaló Baillie, también coautor del estudio.

Células “molestas”

Los científicos analizaron el ADN de pacientes en más de 200 unidades de cuidados intensivos en hospitales de Reino Unido.

ADN

Getty Images
El estudio sugiere que hay genes que hacen que algunas personas sean más susceptibles a los síntomas graves de covid-19.

Escanearon los genes de cada persona, que contienen las instrucciones para cada proceso biológico, incluido cómo combatir un virus.

Luego, sus genomas se compararon con el ADN de personas sanas para identificar cualquier diferencia genética, y se encontraron varias. La primera, en un gen llamado TYK2.

“Es parte del sistema que hace que las células inmunitarias estén más ‘enojadas’ y que sean más inflamatorias”, explicó el doctor Baillie.

Pero si el gen es defectuoso, esta respuesta inmune puede acelerarse, poniendo a los pacientes en riesgo de sufrir una inflamación pulmonar dañina.

Un tipo de medicamentos antiinflamatorios que ya se usan para afecciones como la artritis reumatoide se dirige a este mecanismo biológico, incluido un fármaco llamado Baricitinib.

“Puede ser un candidato muy plausible para un nuevo tratamiento”, dijo el doctor Baillie. “Pero, por supuesto, necesitamos realizar ensayos clínicos a gran escala para saber si eso es cierto o no”.

Muy poco interferón

El estudio encontró otras diferencias genéticas en un gen llamado DPP9, que juega un papel en la inflamación, y en un gen llamado OAS, que ayuda a evitar que el virus haga copias de sí mismo.

Dosis de tratamiento con interferones inyectables

BBC
Los interferones son producidos de manera natural por el cuerpo humano, pero también se aplican como fármacos.

También se identificaron variaciones en un gen llamado IFNAR2 en los pacientes de cuidados intensivos.

El gen IFNAR2 está vinculado a una potente molécula antiviral llamada interferón, que ayuda a activar el sistema inmunológico tan pronto como se detecta una infección.

Se cree que producir muy poco interferón puede darle al virus una ventaja temprana, lo que le permite replicarse rápidamente y provocar una enfermedad más grave.

Otros dos estudios recientes publicados en la revista Science también han implicado al interferón en casos de covid-19, a través de mutaciones genéticas y un trastorno autoinmune que afecta su producción.

El profesor Jean-Laurent Casanova, quien llevó a cabo las investigaciones, de la Universidad Rockefeller en Nueva York, dijo: “ representó casi el 15% de los casos críticos de covid-19 registrados internacionalmente en nuestro grupo”.

El interferón se puede administrar como tratamiento, pero un ensayo clínico de la Organización Mundial de la Salud concluyó que no ayuda a los pacientes muy enfermos. Sin embargo, el profesor Casanova dijo que el momento de la administración era importante.

“Espero que si se administra en los primeros dos, tres o cuatro días de la infección, el interferón funcione, porque esencialmente proporcionaría la molécula que el no produce por sí mismo o por sí misma”, explicó.

“Cuando las cosas van mal”

La doctora Vanessa Sancho-Shimizu, genetista del Imperial College de Londres, dijo que los descubrimientos genéticos estaban proporcionando una visión sin precedentes de la biología de la enfermedad.

Sala de un hospital

Getty Images
“Es probable que los médicos sigan tratando el covid-19 en cuidados intensivos durante varios años en todo el mundo”, dice el doctor Kenneth Baillie.

“Realmente es un ejemplo de medicina de precisión, donde podemos identificar el momento en el que las cosas salen mal en un individuo”, dijo a BBC News.

“Los hallazgos de estos estudios genéticos nos ayudarán a identificar vías moleculares particulares que podrían ser objetivos para la intervención terapéutica”, indicó.

Pero el genoma aún guarda algunos misterios.

El estudio GenOMICC y otras investigaciones han revelado un grupo de genes en el cromosoma 3 fuertemente vinculados a síntomas graves de covid-19. Sin embargo, la biología que sustenta esto aún no se comprende.

Ahora se pedirá a más pacientes que participen en esta investigación.

El doctor Baillie dijo: “Los necesitamos a todos, pero estamos particularmente interesados ​​en reclutar personas de grupos étnicos minoritarios que están sobrerrepresentados en la población críticamente enferma”.

“Todavía hay una necesidad muy urgente de encontrar nuevos tratamientos para esta enfermedad y tenemos que tomar las decisiones correctas sobre qué tratamientos probar a continuación, porque no tenemos tiempo para cometer errores”, añadió.


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