Destituyen a director de hospital de Mexicali que se contagió de COVID-19
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Destituyen a director de hospital de Mexicali que se contagió de COVID-19 sin notificarle oficialmente

Edgar Allan Castillo López dio positivo en la prueba de COVID-19 y en menos de 24 horas fue sustituido como director del Hospital General de Mexicali. Denuncia mala planeación por parte de la secretaría de Salud de Baja California y un “brote” entre su antiguo equipo directivo.
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En menos de 24 horas, el doctor Edgar Allan Castillo López dio positivo a la prueba de COVID-19 y fue destituido como director del Hospital General de Mexicali, Baja California. Por la tarde, casi con las pruebas en la mano, informó al secretario de Salud, el doctor Alonso Pérez Rico. Al día siguiente se enteró de su cese: nadie le llamó, pero un nuevo director estaba en su despacho.

El 8 de abril, relata Castillo, notó los síntomas: dolor de garganta, algo de fiebre, malestar en el cuerpo y agotamiento.

Dos días antes, el Hospital General se había convertido en el centro de referencia para COVID-19 en Mexicali y su jefe tenía por delante lidiar con una pandemia que en todo el mundo ha contagiado a más de dos millones de personas y se ha llevado la vida de casi 150 mil.

Angustiado, el doctor se hizo la prueba y dio positivo. Enviar las muestras a Ciudad de México para ser analizadas hubiese tardado demasiado tiempo, así que acudió a uno de los laboratorios privados que tienen la validación de la Secretaría de Salud y aceleró el proceso.

Lee: Gobierno de BC y Salud se enfrentan por cifra de muertos por COVID-19

“Tengo familia, no podía arriesgarme”, explica. Ese mismo día supo que se había contagiado, así que avisó a sus colegas y superiores: al día siguiente no iría al trabajo y se quedaría en cuarentena.

El 9 de abril, sin que nadie le avisara, un nuevo director se presentó en el Hospital General y ocupó su despacho, el que venía utilizando desde que en noviembre fue nombrado como director.

Se trata del doctor Diego Fernando Ovalle Marroquín, que hasta el momento fungía como Director de Calidad y Educación en Salud en el Instituto de Salud.

La baja por enfermedad se había convertido para Castillo en su cese como responsable del hospital. Ahora, dice, no sabe dónde le enviarán cuando esté recuperado. Ni siquiera le han informado directamente de que ya no está al mando.

“Me enteré porque me avisaron algunos compañeros, pero yo no he recibido ningún oficio por escrito”, dice.

El 11 de abril, la Secretaría de Salud hizo público un comunicado en el que anunciaba el cese. Llevaba por título “En tiempos de crisis los guerreros de la salud defienden a la población”. En él se indicaba que Castillo dejaba su puesto y que Ovalle entraba de forma temporal.

“El anterior director del nosocomio dio positivo en la prueba por coronavirus, en tanto que el subdirector médico es caso sospechoso a este padecimiento, por lo que se decidió separar su cargo a estos médicos, para salvaguardar y proteger al personal y pacientes de la unidad hospitalaria por el interés superior de cuidar a la población ante la pandemia”, dice el comunicado.

“Me destituyen por pedir insumos y porque tuvimos una confrontación sobre el plan de trabajo municipal”, afirma, en conversación telefónica desde su domicilio, donde se recupera de la enfermedad.

Animal Político quiso saber la versión de la Secretaría de Salud sobre la destitución del director, pero al cierre de la nota no había obtenido respuesta. También se solicitó una entrevista al doctor Ovalle, nuevo director del Hospital General de Mexicali, pero declinó por no estar autorizado a dar declaraciones sin la autorización de los responsables de comunicación social.

Entérate: ‘Se siente frustración, ¿por qué nos agreden?’: médicos son discriminados durante emergencia por COVID-19

“Brote que no se trata como tal”

Baja California es uno de los estados con mayor índice de contagios de México. La vecina California, en Estados Unidos, es uno de los estados más afectados del país con más personas enfermas de COVID-19 del mundo.

En medio de la crisis, el principal hospital estatal destinado a atender a los pacientes de coronavirus pierde a su equipo directivo. Castillo y a su segundo, Miguel Romero Flores, aprovechando su convalecencia, fueron destituidos. Además, el ya exresponsable del nosocomio asegura que siete de los doce integrantes de su equipo están en casa contagiados. Según su versión, unos 14 doctores habrían enfermado.

“Es un brote. No lo están tratando como tal, pero es un brote”, asegura.

Reconoce que no sabe dónde pudo enfermar, ya que en el tiempo en el que estuvo en el hospital durante la pandemia no vio a ninguno de los 24 pacientes diagnosticados de COVID-19.

Castillo está convencido que su destitución tiene que ver con la disputa existente sobre cómo afrontar la pandemia. En Mexicali hay tres ámbitos desde los que pueden venir iniciativas sobre salud: gobierno municipal, estado y Ejecutivo federal. Los tres están en manos de Morena, el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, según varias fuentes consultadas, no ha existido coordinación a la hora de establecer una hoja de ruta conjunta.

Dice Castillo que en enero comenzaron las primeras reuniones auspiciadas por la municipalidad. Él fue el encargado de elaborar por escrito un plan. La idea era concentrar todos los contagios en una zona, la del hospital general. Ahí está ubicado también el campus de la facultad de Medicina, donde se preparó una zona de contingencia con albergue y cocinas industriales.

Durante semanas se celebraron encuentros en las que estuvieron presentes los directores de los principales hospitales de Mexicali, públicos y privados; gobierno municipal, DIF, Ejército, Guardia Nacional y Cruz Roja.

Fuentes presentes en aquella junta, que pidieron anonimato, aseguraron que la secretaría de Salud estaba invitada pero que únicamente acudió en una ocasión.

Según esta fuente, a la Secretaría no le gustó que otras instituciones se estuviesen adelantando y mostró su desaprobación hacia el plan. La gota que colmó el vaso, dijo, fue que elementos del ejército pusieran en marcha la zona de contingencia en el campus de la Universidad Autónoma de Baja California.

“Ahí empezaron las amenazas a la mesa”, dice.

El otro punto de fricción fue la conversión del hospital general como hospital como centro exclusivo para el COVID-19 y la falta de preparación que, según Castillo, denunció ante sus superiores.

El primer caso de coronavirus fue el 24 de marzo, pero no fue hasta el 6, dos días antes de la destitución, que el Hospital General fue convertido en referente para la pandemia.

Asegura Castillo que durante este tiempo no hubo insumos suficientes. Dice que los 2 mil primeros kits de protección personal los consiguió él pidiendo donaciones a empresarios de la comunidad. Y que los primeros 500 que llegaron lo hicieron justo el día 7, 24 horas antes de dar positivo y ser cesado.

“Es el único hospital con capacidades de la ciudad. Pero no estaba preparado. Incluso los directivos tuvimos que poner de nuestro bolsillo para comprar material para acondicionar algunas cosas”, dijo.

“Estamos junto a California, que es el segundo estado con más contagios de Estados Unidos y no se ha hecho nada prevenir”, se quejó.

La supuesta falta de insumos ha generado conflictos en Baja California. El lunes, el actor Eugenio Dérbez realizó un video en Twitter denunciando que doctores le habían pedido que hiciese pública la escasez de cubrebocas, guantes y material de protección. El Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) le desmintió, acusándolo de difundir “fake news” y hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que había una campaña para desprestigiarlo en la que participaban personajes famosos.

Finalmente, Jaime Bonilla, gobernador de Baja California y muy cercano a López Obrador, terminó reconociendo que existían deficiencias y culpando al IMSS de la falta de material.

Castillo asegura que la mala relación con Pérez Rico venía motivada, precisamente, por su reclamo de más insumos y su participación en el plan con otras instituciones. Y que aprovechó que cayó enfermo para relevarle. Según dijo, le pidió un oficio para tener por escrito la decisión, pero nunca recibió nada.

“No les gusta que los evidencien”, afirma.

Ahora, una semana después de su destitución, teme por el futuro inmediato de los hospitales en Baja California. “Como no se preparó nada tuvimos una catástrofe en Tijuana y Mexicali está en vías, puede ocurrir en dos o tres semanas”, asegura.

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VIH/Sida: qué hace este virus al sistema inmunitario y por qué es tan difícil encontrar una cura o una vacuna

Han pasado casi cuatro décadas desde que se reportaron los primeros casos, y pese a todos los esfuerzos sigue siendo una enfermedad incurable. ¿Por qué?
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1 de diciembre, 2020
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Dibujo, infección de VIH

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El blanco del virus son los linfocitos CD4.

Desde que se detectaron los primeros casos a principios de la década de los 80, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) se ha cobrado alrededor de 33 millones de vidas, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Este virus, que de no tratarse da lugar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida, continúa siendo una amenaza para la salud pública: se estima que hay cerca de 38 millones de personas viviendo con VIH (hasta finales de 2019).

Si bien se han hecho grandes avances en cuanto a su tratamiento y prevención, y en la actualidad las personas infectadas pueden llevar una vida saludable, aún no se ha podido hallar una cura para la enfermedad.

Solo dos pacientes hasta la fecha —uno, conocido como el “paciente de Berlín, que falleció en septiembre de este año a raíz de otra enfermedad; el otro, un venezolano establecido en Londres— parecen haberse curado definitivamente del virus.

Tampoco se ha logrado dar con una fórmula para una vacuna, pese a que su búsqueda se inició muy poco después de que se reportaran los primeros casos.

Para entender por qué esta infección es tan difícil de erradicar (en contraposición al coronavirus SARS-CoV-2, que en menos de un año desde que se desató la pandemia cuenta con varias candidatas de vacunas prometedoras), es fundamental comprender primero cómo afecta el VIH a nuestro sistema inmunitario, el arma que tiene nuestro organismo para protegernos de las enfermedades.

Ataque directo al centro de defensa

El VIH entra en nuestro cuerpo a través del intercambio de ciertos fluidos corporales como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales de una persona infectada.

Es, además, un retrovirus. Es decir, su material genético está en forma de ARN (ácido ribonucleico) y no de ADN. Por ello, antes de insertar sus genes en el genoma de la célula huésped para replicarse, tiene primero que convertir su ARN en ADN.

Esto lo hace mediante un proceso que se conoce como de transcripción inversa (los virus en cambio usan uno de transcripción normal), lo cual genera muchos errores en sus copias -puede que esta explicación te sobre en esta instancia, pero guárdala en tu mente porque te ayudará a entender más adelante por qué es tan difícil desarrollar un tratamiento y una vacuna-.

Investigación

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En el campo de investigación sobre tratamientos para el VIH se han logrado muchos avances.

A diferencia, por ejemplo, del SARS-CoV-2 que ataca y se replica en las células del pulmón y otros órganos que tienen en su superficie el receptor ACE2, el VIH tiene como objetivo principal un tipo de células de nuestro sistema inmunitario: los llamados linfocitos CD4 (o también T CD4).

“Los linfocitos CD4 son una parte fundamental del sistema inmunitario. Son predominantes en todos los procesos de lucha contra distintos patógenos —virus, bacterias, parásitos— y forman parte del centro de coordinación de otra parte del sistema inmune”, le explica a BBC Mundo José Luis Casado, médico del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid, España.

“Son una especie de capitanes de las defensas que no solo manejan soldados, sino que coordinan a otros oficiales para luchar contra el enemigo”, añade.

Una vez dentro del CD4, el virus introduce su propio material genético y secuestra el mecanismo de esta célula para replicarse.

Los nuevas copias de VIH salen de la célula y se propagan por el cuerpo, infectando a su vez a otras células y destruyendo gradualmente linfocitos CD4. La reducción de estos linfocitos provoca, en consecuencia, una deficiencia en el sistema inmunitario.

“Cuando el sistema inmunitario reconoce que hay CD4 infectados, activa otras células para matar a estos CD4, y esa inmunoactivación estimula la producción de linfocitos CD4 para compensar a los soldados caídos en batalla”, explica Casado.

Pero este es un proceso compensatorio temporal. “El organismo no sabe mantener altos niveles de activación inmune persistente”, agrega, con lo cual esta estrategia no resulta eficaz a largo plazo, y no se consigue erradicar a todos los CD4 infectados.

Timothy Ray Brown

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Timothy Ray Brown, conocido como el “paciente de Berlín”, fue la primera persona en curarse de VIH. Falleció de cáncer en septiembre de este 2020.

A medida que la infección avanza y el cuerpo va perdiendo su capacidad para defenderse, el individuo infectado se vuelve vulnerable a sufrir otras infecciones conocidas como enfermedades oportunistas.

Cuando la cantidad de linfocitos CD4 cae por debajo de 200 células por milímetro cúbico de sangre (una persona con un sistema inmunitario sano tiene entre 500 y 1.600), o cuando aparecen una o más infecciones oportunistas más allá del recuento de CD4, se considera que una persona infectada tiene sida.

Por qué los tratamientos no logran curar el VIH

Los tratamientos que han dado muy buenos resultados y que se utilizan para controlar el VIH consisten en una combinación de fármacos antirretrovirales que atacan varios aspectos del ciclo de vida del VIH, y evitan así que el virus se multiplique y pueda penetrar células sanas.

Al reducir la carga viral, el sistema inmune tiene más posibilidades de recuperarse y combatir infecciones. Por eso los pacientes en tratamiento —que debe seguirse de por vida— pueden tener una vida prolongada y sin síntomas.

Con el tratamiento antirretroviral se logra que no desarrollen sida ni infecciones oportunistas.

Por otra parte, “si no hay replicación viral, no hay transmisión“, dice Casado, de modo que no hay posibilidad de contagio.

Sin embargo, el virus no desaparece: una vez que penetró la célula puede quedarse allí, en estado latente.

“Tenemos una serie de células CD4 activas y muchas CD4 en reposo. Están allí por si hay una guerra, una infección. Se estima que solo un 2% de células CD4 están activas habitualmente, porque el resto, en situación basal, no las necesitamos”, explica Casado.

Según le dice a BBC Mundo Mundo Nadia Roan, profesora de la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos, “este reservorio latente de células infectadas es, esencialmente, la principal barrera para encontrar una cura para el VIH”.

Preservativos

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Los preservativos son fundamentales para prevenir el contagio del VIH.

“Sabemos de su existencia desde hace mucho tiempo, pero no hemos podido atacarlo o controlarlo. Y una de las razones es porque no hay un biomarcador en la superficie de estas células que nos permita distinguir entre una célula sana y una célula infectada con VIH”, dice la experta, cuya investigación se centra en encontrar una forma de caracterizar a estas células infectadas.

Estos reservorios de VIH se establecen pocos días después de que una persona se ha infectado, y mientras el virus está escondido dentro de las células no puede ser combatido ni por el sistema inmunológico que no lo reconoce, ni por los fármacos que no pueden destruirlo hasta que entre en acción.

Tratamiento de alto riesgo

Cuando una persona infectada deja el tratamiento antirretroviral por la razón que fuere, el virus se reactiva al poco tiempo.

Solo hubo dos casos en los que el virus parece haber quedado eliminado por completo.

El primero se logró con un trasplante de médula en un paciente que tenía leucemia (el paciente de Berlín), de un donante con una mutación específica en su ADN resistente al VIH.

El otro caso fue el de un paciente venezolano establecido en Londres que padecía linfoma de Hodgkin (un tipo de cáncer), al que se le suministró quimioterapia y se le implantaron células madre también de un donante con la mutación resistente al VIH.

“Básicamente, tuvieron que deshacerse de sus propios sistemas inmunitarios”, explica Roan.

Pero este tratamiento, que en estos casos fue necesario por las otras enfermedades que sufrían los dos pacientes, “no puede utilizarse ampliamente porque el riesgo es muy elevado”, añade.

Hasta el momento, todas las estrategias que se han investigado —incluyendo una que intenta reactivar los reservorios para que el virus salga de la célula y los anticuerpos del plasma puedan erradicarlo— han conseguido disminuir el reservorio, pero no llevarlo a cero.

“El problema es que con quede un solo clon viable de VIH, solo es cuestión de tiempo para que vuelva a infectar a otra célula y vuelva a recomenzar todo el proceso”, dice Casado.

Vacuna

Desde hace décadas investigadores trabajan para encontrar una vacuna sin éxito.

Pastillas

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Los antirretrovirales atacan distintas fases del ciclo vital del virus.

Además del problema de la latencia del virus, que lo transforma en un objetivo casi imposible de atacar mientras está “invisible” dentro de la célula, una de las principales razones por las que es difícil dar con una vacuna es su alto grado de mutabilidad.

La mayor parte de las vacunas eficaces estimulan la producción de anticuerpos para neutralizar al virus. Pero como el virus comete muchos errores en su proceso de replicación -lo que te explica más arriba cuando hablaba de la transcripción inversa-, los anticuerpos que produce el sistema inmune para neutralizarlos se vuelven inefectivos contra estas nuevas formas del virus.

“Al virus no le importa tener hijos mutantes siempre que consiga sobrevivir”, dice Casado. “Su variabilidad genética es muy alta, y eso hace que sea muy difícil establecer zonas del VIH que sean buenas desde el punto de vista antigénico, es decir, que creen una respuesta inmunológica adecuada”.

Y no olvidemos que el virus ataca precisamente las células encargadas de orquestar el ataque para combatirlo.

En fin, concluye Casado, “tenemos todo para que sea la vacuna más difícil posible: por el tipo de virus, por el tipo de replicación y por dónde lo hace. Lo tiene todo”.


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