Clínica 30 de Mexicali: así fue el brote de COVID y el contagio a estudiantes
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Clínica 30 de Mexicali: el brote de COVID-19 que comenzó con el contagio de estudiantes de medicina

Los primeros contagiados fueron internos que estaban destinados en urgencias. Denuncian falta de material para protección y nulo aislamiento de los pacientes.
Cuartoscuro Archivo
Por Alberto Pradilla y Andrea Vega
22 de abril, 2020
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“Los internos fueron cayendo uno por uno. El sistema está colapsado”.

El testimonio es de un interno de la clínica 30 de Mexicali, Baja California. Pide no ser identificado, como el resto de personal entrevistado. Nadie quiere hablar en público, pero todos ofrecen una misma versión: el principal centro médico del Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) de la capital de Baja California, la clínica 30, lleva al menos tres semanas sufriendo un brote de coronavirus entre su personal de salud. Denuncian falta de medidas de protección e instalaciones inapropiadas para atender a pacientes que deberían estar aislados.

Dos fuentes oficiales diferentes confirmaron a Animal Político la cifra de 18 médicos sospechosos de COVID-19 en la Clínica 30, 9 confirmados y otros 9 pendientes de certificación. A ellos hay que sumarles otros 4 internos pertenecientes a la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y un número no precisado de estudiantes de medicina la universidad de Xochicalco.

Además, el brote también ha afectado al personal de enfermería, pasantes de servicio social y de otras dependencias.

La revista Zeta dio la cifra de unos 34 contagiados en toda la plantilla. Un doctor que habló a condición de anonimato dijo que en total eran 147 incapacitados, de los cuales 46 ya habían sido confirmados como positivos, 28 negativos y el resto a la espera de resultados.

Animal Político no pudo verificar de forma independiente estos datos. Preguntó al IMSS y a la Secretaría de Salud de Baja California, pero al cierre de la nota no había recibido respuesta.

Entérate: Gobierno de BC y Salud se enfrentan por cifra de muertos por COVID-19

“Hubo brotes, fundamentalmente porque no se tuvo la medida exacta de cuándo llegaba el virus. Llegó por el área de urgencias y afectó a los más jóvenes”, explica en entrevista telefónica el superdelegado federal en Baja California, Alejandro Ruiz Uribe.

“No estaban completamente preparados”, reconoce, en referencia a las instalaciones de la principal clínica del IMSS en Mexicali. Asegura que esta falta de insumos se limitó a la primera semana de la crisis pero que, desde entonces, toda la infraestructura federal ha estado equipada. Recuerda, además, que el seguro social atiende a siete de cada diez habitantes de la capital de Baja California.

La UABC confirmó casos en todo el estado entre sus estudiantes internos de pregrado y pasantes de servicio social. Hay al menos 18 que dieron positivos a la prueba de COVID-19, y otros 29 casos sospechosos, a quienes no se les ha hecho la prueba y no se ha precisado si fueron infectados dentro o fuera de las instituciones en las que estaban cada uno. La universidad Xochicalco, por su parte, no ha informado sobre el estado de salud de sus estudiantes.

El 18 de marzo se registraron los dos primeros contagios en Mexicali la capital de Baja California. Se trataba de dos mujeres que llegaron de Washington, Estados Unidos, y que fueron atendidas en el Hospital General.

Hasta el mediodía de este martes se registraban en BC 852 casos positivos acumulados de Covid-19, y 96 fallecimientos, ubicando a la entidad con el segundo lugar nacional de fallecimientos por debajo de Ciudad de México y por arriba del Estado de México que ocupaba la tercera posición.

El 22 fuera de urgencias y el 7 a casa

Los estudiantes aseguran que el “paciente cero” entre sus filas se contagió en urgencias, cuando los internos todavía estaban desplegados en todas las áreas del hospital. El nosocomio contaba con 128 internos, que son estudiantes que han cerrado el cuerpo teórico pero que todavía no han cumplido con su año de servicio social. Este primer contagio tuvo que ser antes del 22 de marzo, último día en el que los internos tuvieron acceso a las urgencias.

Fueron ubicados en áreas de Medicina Interna y Cirugía, donde, supuestamente, no tendrían riesgo de tener contacto con pacientes con coronavirus. A diferencia del Hospital General, que se ha dedicado exclusivamente a pacientes con coronavirus, en la Clínica 30 se dividieron los espacios. Una parte, para afectados por Covid19 y otra para aquellos que padecen otras enfermedades.

“Estábamos muy mal preparados”, dice un interno, para explicar por qué se produjo el brote. En su opinión no había material adecuado y tampoco un protocolo correcto, por lo que pacientes con un posible contagio por Covid-19 terminaban en otras plantas. Asegura que en los primeros días la zona de asilamiento se separó con una sábana, que posteriormente fue sustituida por unos plásticos.

Sobre la protección asegura que, por ejemplo, aprendieron a ponerse el cubrebocas con un tutorial de YouTube.

“Se supone que los pacientes pasaban por un filtrado. Sin embargo, solo se hacían pruebas a aquellos que decían haber viajado al extranjero o que habían tenido contacto con personas que habían viajado al extranjero”, dice el joven. En su opinión, esto provocó que pacientes sospechosos no fuesen testados y tuviesen acceso a otras

Él, por ejemplo, relata que tuvo que trasladar a un paciente sin protección que, cinco días después, falleció por síntomas compatibles con el coronavirus. Nunca le llegaron a hacer ninguna prueba.

“En este momento no se tenía insumos como cubrebocas o protección específica para la atención de pacientes sospechosos, ni existía un área específica de atención. Simplemente, llegaba el paciente, se manejaba como sospechosos y se aislaba en un área dentro de urgencias”, dice otro sanitario.

El 5 de abril, un interno denunció a través de su cuenta de Facebook que una paciente confirmada por COVID-19 escapó del anexo donde estaban resguardados (“cabe mencionar que no estaba aislada al vacío”, dice el joven) y atravesó dando voces sin cubrebocas varias zonas comunes. En aquel texto, el estudiante denunciaba que había 12 compañeros incapacitados por problemas respiratorios, todos ellos sin prueba.

Todos los estudiantes consultados coinciden en que las instituciones se lavaron las manos cuando ellos solicitaron protección. “Lo pedimos al hospital y nos dijo que era cosa de la universidad. Fuimos a la universidad y nos dijo que teníamos que reclamar en el IMSS”, dice uno.

Amparo ordena proporcionar material de protección

La falta de insumos no fue algo exclusivo de los alumnos. La escasez llegó hasta tal punto de que uno enfermero interpuso un amparo para que el IMSS le garantizase material de protección adecuado.

En entrevista con Animal Político, el enfermero, que pidió mantener el anonimato, dijo que se asustó cuando tuvo que atender a posibles positivos y se dio cuenta de que no contaba con la protección adecuada. Según explica, la mayoría de sus compañeros había pagado de su propio bolsillo los guantes, cubrebocas o las gafas. Así que él interpuso un amparo.

El Juez Primero de Distrito con sede en Mexicali, Roberto Antonio Alcoverde Martínez, le dio la razón. El pasado miércoles 15, el enfermero recibió sus cubrebocas (dos por turno), sus batas y sus guantes. Su abogado, Juan Francisco Rodríguez Ibarra, explica que es el primer amparo que se concede en este sentido en toda la república. Para que sentase jurisprudencia serían necesarias otras cuatro sentencias en el mismo sentido.

“Hubo negligente capacitación o explicación al resto de empleados”, considera Alejandro Ruiz Uribe. Según afirma, los sanitarios que están en las zonas COVID-19 cuentan con el equipamiento adecuado. Sin embargo, “los médicos de otras áreas se pusieron muy nerviosos y empezaron a exigir el equipo que tenían” aquellos que tratan directamente con pacientes con coronavirus. “Los protocolos internacionales no dicen eso”, asegura.

Reconoce Ruiz Uribe que la infraestructura “no estaba al cien por cien” al irrumpir la pandemia, aunque también recuerda que se trata de un fenómeno internacional para el que ningún país estaba preparado. Pone como ejemplo que en Baja California estaba prevista la construcción de ocho hospitales y clínicas presupuestadas en 8 mil 150 mdp.

“No hay colapso. Hay ventiladores, camas y espacios”, asegura.

El brote en la Clínica 30 no es el único que se ha registrado en centros médicos de Mexicali. En el Hospital General, dedicado íntegramente a Covid19, al menos 14 doctores fueron afectados, según denunció Edgar Allan López Castillo, su director hasta el 8 de abril, cuando fue destituido después de dar positivo en la prueba por coronavirus.

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Atentados del 11S: la icónica foto de la "dust lady" cubierta de polvo tras los ataques a las Torres Gemelas

Marcy Border fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres. Te contamos su historia.
11 de septiembre, 2020
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En agosto de 2015 fallecía a consecuencia de un cáncer Marcy Borders, recordada como la “dust lady” (dama del polvo) y cuya fotografía se convirtió en una de las más icónicas de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

Fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres.

Tenía su rostro y todo su cuerpo cubierto por el polvo que envolvió la Zona Cero después de que los edificios se vinieron abajo.

Dieciocho años después de los atentados, recordamos la historia detrás de esta emblemática imagen.

La fotografía

El 11 de septiembre de 2001, Borders recién cumplía su primer mes de trabajo en el Bank of America, cuyas oficinas se encontraban en el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center.

Lady Dust

Getty Images
En 2002 Marcy Borders posó con el fotógrafo que tomó su imagen cubierta por el polvo en la Zona Cero.

“El edificio comenzó a temblar y balancearse. Yo perdí todo el control. Luché a mi manera por salir de ese lugar”, dijo Borders al diario Daily Mail en 2011.

Desafiando las instrucciones de su jefe de que no debían salir, huyó por las escaleras y se refugió en el vestíbulo de un edificio cercano. Allí su imagen fue capturada por el fotógrafo Stan Honda.

El autor de la instantánea recordó aquel momento en una publicación de Facebook en el décimo aniversario de los ataques.

“Una mujer entró completamente cubierta de polvo gris. Se notaba que estaba muy bien vestida para el trabajo y por un segundo se detuvo en el lobby. Pude hacer una toma de ella antes de que un agente de policía comenzara a dirigir a la gente hacia las escaleras”, escribió Honda en 2011.

Borders, nacida en Nueva Jersey, no se dio cuenta que había sido fotografiada hasta que su madre vio la imagen al día siguiente y se puso en contacto con Stan Honda.

Complicaciones

Ataques del 11 de septiembre de 2001

Getty Images
Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores,

En los años posteriores a los ataques, Borders sufrió cuadros de depresión severa y adicción a las drogas. Incluso perdió la custodia de sus dos hijos.

“No trabajé en casi 10 años y en 2011 era un completo desastre”, le dijo a The New York Post en ese entonces. “Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”.

Sin embargo, después de una temporada en rehabilitación, logró desintoxicarse y recuperó la custodia de sus hijos.

En noviembre de 2014 se conoció que padecía de cáncer de estómago.

Borders afirmó que su mal fue el resultado de lo que vivió en 2001. “Definitivamente lo creo porque no tenía ninguna enfermedad”, dijo al diario estadounidense New Jersey Journal.

“Yo no tengo la presión arterial alta, ni el colesterol alto, ni diabetes”.

Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores, particularmente los rescatistas que trabajaron en los escombros de los edificios en los días y semanas posteriores a los atentados.

Eso llevó a la creación de un fondo compensatorio durante el gobierno de Barack Obama.

Smoke from the burning World Trade Center towers fills up the downtown Manhattan skyline

Getty Images
Muchas personas sufrieron las consecuencias físicas y psicológicas de los ataques del 11S.

Fallecimiento

En entrevistas en los años que siguieron al ataque, Borders culpó de su cáncer al polvo y las sustancias contaminantes que aspiró mientras escapaba del World Trade Center.

Tras su fallecimiento en 2015, Juan Borders, primo de Marcy, la llamó “heroína” y aseguró que “sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S”.

“Además de la pérdida de tantos amigos, compañeros de trabajo y colegas durante y después de ese trágico día, los dolores del pasado han encontrado una manera de resurgir”, dijo.

Noelle, hija de Marcy Borders, le dijo al diario estadounidense New York Post que su madre “peleó una batalla increíble”.

“Ella no sólo es la ‘dust lady’, es mi heroína y vivirá para siempre a través de mí”, concluyó.

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