Migrantes frente al COVID-19: abandonados y con fronteras cerradas
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Migrantes frente al COVID-19: entregados por EU, abandonados en México y con fronteras cerradas

Decenas de migrantes arrestados por la Border Patrol al tratar de cruzar la frontera fueron entregados al INM y abandonados en Villahermosa, Tabasco, y otros municipios cerca de Guatemala. No pueden regresar a sus países porque las fronteras están cerradas.
Cuartoscuro
Comparte

Orlin Patricio Chinchilla, hondureño de 26 años, pasó en diez días de tratar de llegar a Estados Unidos cruzando el Río Bravo a dormir bajo un puente en Villahermosa, Tabasco, donde se encuentra actualmente. Fue detenido por la Border Patrol, entregado al Instituto Nacional de Migración (INM) en el Puente 1 de Piedras Negras, Coahuila, y encerrado en una estación migratoria en la misma localidad.

Ahí se produjo un motín en el que los migrantes prendieron fuego a varios colchones, por lo que el INM los trasladó en autobús a Villahermosa, casi 2 mil kilómetros al sur. Permaneció dos días encerrado.

El miércoles 8 de abril, a la 1 de la madrugada, Orlin fue liberado junto a otras decenas de centroamericanos. No puede regresar a Honduras porque las fronteras están cerradas y Migración le ha entregado un papel que le regulariza durante 90 días, pero con la advertencia verbal de que solo puede permanecer en el sur de México.

Lee: Albergues suspenden ingreso de más migrantes o aplican aislamiento por emergencia de COVID-19

Está atrapado en una ciudad en la que no conoce a nadie, más que a otros dos compatriotas con los que hizo amistad durante su encierro y con los que sale a pedir dinero para comer. El miedo al contagio por COVID-19 se ha vuelto en su contra: pocos son los que se acercan para darles alimento o agua.

En la última semana, decenas de migrantes centroamericanos han sido abandonados en Villahermosa y otras localidades del sur de México. Como Chinchilla, fueron arrestados en Estados Unidos, devueltos a México y trasladados a puntos fronterizos con Guatemala. A otros, el INM los agarró sin documentación en regla en estados norteños como Coahuila y, ante la imposibilidad de deportarlos, los trasladó al sur, donde también los dejó a su suerte.

Nunca en la historia México había recibido a migrantes de otros países deportados como si fueran mexicanos. Tampoco se había establecido una ruta de expulsión por la que Estados Unidos entrega a los centroamericanos en la frontera y México se encarga de regresarlos lo más cerca posible a sus países.

“Esto nunca había ocurrido. Es la primera vez que México es puerta abierta”, dice Tonatiuh Guillén, excomisionado del Instituto Nacional de Migración (INM).

Esta fórmula de deportación exprés desde Estados Unidos viene implementándose desde el 20 de marzo.

El presidente estadounidense, Donald Trump, la anunció como medida para prevenir el COVID-19. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Seguridad Interna (DHS por sus siglas en inglés) anunciaron el cierre de frontera para todo viaje “no esencial” debido a la pandemia. Dentro de este plan se incluyó la orden de dar la vuelta a todos aquellos que sean detenidos tratando de cruzar irregularmente la frontera. Antes estas personas eran arrestadas y se les abría un proceso legal. Ahora, directamente, son deportadas.

La orden tiene una validez de 30 días desde el momento en el que fue aprobada.

México respondió un día después a este anuncio. Según explicó el canciller, Marcelo Ebrard, no solo aceptaría a sus nacionales, sino que también iba a permitir que le entregasen a guatemaltecos, hondureños y salvadoreños. Las excepciones: solo se permitiría 100 devoluciones al día (de no mexicanos) y no se aceptarían menores no acompañados, personas con síntomas de enfermedad y ancianos.

En un comunicado, la secretaría de Relaciones Exteriores dijo que buscaría acomodo legal para ellos. Nunca anunció que se convertiría en la segunda parte de una deportación a plazos.

FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM

Diez mil deportados desde el 20 de marzo

Según la página web de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés), en marzo fueron devueltos por la frontera sur de Estados Unidos 6 mil 306 extranjeros, sin especificar si eran mexicanos o centroamericanos. Desde entonces, la cifra ha aumentado y una información de la agencia AP hablaba ya de 10 mil deportados siguiendo esta fórmula.

Animal Político pidió información a las oficinas de prensa del INM y de CBP, pero al cierre de la edición no había recibido respuesta.

El modelo de devolución a México ya se ensayó con el Programa de Protección al Migrante (MPP en sus siglas en inglés, o “Remain in Mexico”), por el que los solicitantes de asilo en Estados Unidos son devueltos al sur para esperar sus procesos legales. Solo en 2019 más de 60 mil personas fueron retornadas por esta vía, que ha quedado congelada debido a la pandemia.

En este caso, sin embargo, existen diferencias fundamentales. Los retornados por el programa MPP eran reconocidos como solicitantes de asilo y esperaban en libertad su cita con las autoridades estadounidenses. En este caso, los devueltos por EU no son personas que piden protección y aguardan poder convencer a un juez. Son deportados a los que nadie ha dado siquiera la oportunidad de reclamar refugio y a los que México trata de la misma manera que Washington: como migrantes irregulares a los que quiere expulsar.

Orlin, por ejemplo, dice que quería pedir protección en Estados Unidos “por problemas en mi país”. En menos de una hora habían registrado sus datos y lo habían devuelto al puente internacional. “Me dijeron que siguiera caminando hasta México”, explica en llamada telefónica desde Villahermosa. Ahora quiere regresar a Honduras, pero la frontera de Guatemala está cerrada, así que no sabe qué hacer.

“Nos sueltan aquí solo a aguantar hambre. Aquí estoy bajo un puente, charoleamos para conseguir comida o agua, porque ni eso nos dan”, dice.

“Es una decisión que viola el derecho al asilo y a un debido proceso. México está siendo cómplice de unos métodos que violan derechos”, dijo Soraya Vázquez, abogada de Families Belong Together, una organización de Tijuana que trabaja con migrantes en ambos lados de la frontera.

Estados Unidos sí ofrece, aunque con cuentagotas, datos sobre cuántas personas están siendo devueltas al sur. México, sin embargo, se niega a reconocer cuántas personas ha trasladado al sur. Fuentes de esta institución indicaron que los autobuses son los mismos que ya funcionaban cuando se puso en marcha el programa MPP.

En agosto, Animal Político reveló que el gobierno mexicano había puesto en marcha una línea de autobús entre Nuevo Laredo y Matamoros, en Tamaulipas, con destino a Ciudad Hidalgo, Chiapas, en la frontera con Guatemala. De este modo, solicitantes de asilo recién retornados de Estados Unidos terminaban a más de 2 mil kilómetros del lugar en el que tenían su cita con el juez. En ese momento, funcionarios del gobierno mexicano argumentaron que era un modo de salvaguardar la integridad de los extranjeros, ya que eran abandonados en municipios con gran presencia del crimen organizado y donde se han registrado secuestros.

En este caso, Animal Político dispone de documentación oficial que prueba dos tipos de ruta de expulsión.

Por un lado, están quienes, como Orlin, fueron detenidos por Estados Unidos y entregados al INM, que los llevó al sur encerrados. Una vez en Villahermosa, decenas fueron liberados con un documento que permite la estancia legal para 90 días. Los migrantes recibieron el aviso verbal de que no podían tratar de regresar al norte, pero en el documento no viene registrado esta advertencia. Según varios de los desplazados, no se les ofreció cubrebocas ni gel ni ningún elemento de protección frente al COVID-19.

Por otro, se han fletado autobuses directos a Ciudad Hidalgo, Chiapas, en los que viajan personas a los que se entrega una “orden definitiva de salida del país”. El documento precisa que una vez llegado a la frontera con Guatemala, al extranjero no se le solicitará más requisito que “identificación estadística”.

Además, organizaciones civiles han documentado que el INM ha enviado autobuses desde el norte hasta algún punto de la frontera con Guatemala para, posteriormente, abandonar ahí a los migrantes.

Así lo denunció el miércoles el padre Juan Luis Carbajal Tejada, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana de Guatemala, quien denunció a través de un post en Facebook que “el INM ha dejado a tiradas a cerca de 70 personas de origen hondureño en la frontera entre Tabasco y Petén”. Días antes, autobuses trataron de dejar a unos 400 migrantes en la frontera de Talismán. Finalmente, fueron trasladados a la estación Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas. De ahí fueron liberados.

El problema en la frontera sur es que Guatemala, que ha decretado toque de queda por la pandemia, ha cerrado el paso y solo está permitiendo el tránsito de sus connacionales. O, al menos, de algunos de ellos, los que llegan en autobuses del INM. Esto ha provocado que haya migrantes salvadoreños y hondureños que hayan tratado de cruzar a través del monte hacia sus países. Es decir, volver a convertirse en ilegales, esta vez, en su camino de regreso.

Además, cada vez hay menos estancias en las que quedarse. Los albergues, tanto en el norte como en el sur, están cerrando por falta de medios para prevenir el COVID-19.

El hecho de que decenas hayan sido liberadas de la estación migratoria de Villahermosa lleva a pensar que el INM tampoco cuenta con mecanismos para proteger a las personas que encierra. El 1 de abril, un solicitante de asilo guatemalteco murió tras un motín en el centro de detención de Tenosique y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) reconoció que la instalación no contaba con las condiciones básicas para garantizar los derechos de los internos.

Cada vez hay menos opciones para migrantes y solicitantes de asilo, que han sido doblemente deportados y se encuentran en las condiciones más vulnerables ante la propagación de la pandemia.

Quienes no se han aventado a cruzar por el monte aguardan en los pocos albergues que quedan abiertos. Es el caso de Santos Joel Méndez, de 38 años y Mata la Plata, en Santa Bárbara, Honduras. Actualmente espera en Salto de Agua, Chiapas, “que nos abran la frontera”.

Dice el hombre que fue uno de los 13 mil beneficiarios de una tarjeta de residente por motivos humanitarios que el gobierno mexicano ofreció a los integrantes de la caravana que llegó a la frontera el 18 de enero de 2019, cuando Andrés Manuel López Obrador llegó al poder y prometió una política humanitaria con los migrantes.

Después de un año residiendo sin problemas en México, a su permiso le ocurrió lo que a las promesas de Obrador a los migrantes, que caducó. Así que fue arrestado hace una semana mientras trabajaba en Piedras Negras, Coahuila. Denuncia haber sufrido golpes e insultos por funcionarios del INM. Obligado a perder su empleo y ya con la mitad del tránsito hacia su casa hecho, solo pide ayuda para desandar el camino y abrazar a su esposa y sus dos hijos.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo el encierro por el COVID-19 está cambiando nuestros grupos de amigos

Una nueva investigación sugiere que las cuarentenas están remodelando nuestros grupos de amigos. ¿Qué significa eso para nuestras relaciones post COVID-19?
15 de octubre, 2020
Comparte

Antes de que el coronavirus provocara un segundo bloqueo severo en la ciudad australiana de Melbourne, Karen Lamb, una estadística de 35 años, iba al teatro, a las prácticas semanales de un coro, a clases de baile y pasaba mucho tiempo con sus amigos.

Pero los confinamientos en su ciudad interrumpieron el comportamiento social de Lamb. Su mundo se ha trasladado a internet y, a veces, Lamb puede sentirse sola.

Grandes cantidades de personas reportaron sentirse solas en la primera ola de cuarentenas por coronavirus a principios de 2020.

Según una investigación de la experta en soledad Michelle Lim, de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia), uno de cada dos australianos dijo sentirse solo durante el primer encierro.

En Reino Unido y Estados Unidos, la proporción fue de dos de cada tres.

Ahora, unos investigadores en Australia examinan cómo estos períodos de aislamiento forzados están cambiando nuestras interacciones sociales.

Aunque la pandemia se está desarrollando de manera diferente según el país, en general compartimos una misma inquietud: si los bloqueos están cambiando la forma en que socializamos, ¿cuánto tiempo durará nuestra soledad?

Consolidando las redes de amigos

Los resultados iniciales de una encuesta de seguimiento que enviaron a casi 2.000 australianos han mostrado que se están produciendo algunos cambios de comportamiento importantes relacionados con la pandemia.

La investigación es un proyecto conjunto entre dos académicos, la doctora Marlee Bower, investigadora de la soledad de la Universidad de Sídney, y el sociólogo Roger Patulny, de la Universidad de Wollongong, Australia.

Bower dice que en las respuestas abiertas a la encuesta, muchas personas indicaron que habían comenzado a reducir sus redes sociales.

Un hombre y una mujer cenando a través de una videollamada.

Getty Images
Gran parte de nuestras interacciones se han trasladado a las plataformas digitales.

“No socializan con tanta gente como antes, sino con un subgrupo muy particular”, dice. “Las personas que tienen conexiones previas y pueden aprovechar sus amistades existentes en línea, lo están haciendo bastante bien. En muchos casos, están más cerca de los amigos que tenían”.

Ese ha sido el caso de Lamb, que es escocesa, pero ha vivido en Melbourne durante ocho años.

Antes del encierro, hablaba con Amy, una de sus amigas más antiguas, unas cuatro o cinco veces al año.

Ahora conversan todos los jueves, a una hora determinada, y ambas se preguntan por qué no lo habían hecho antes.

Algunas de sus otras amistades, sin embargo, no han resistido tan bien.

“Me ha resultado más fácil mantenerme en contacto con mi amiga escocesa que con mis amigos australianos”, dice Lamb. “Simplemente no he tenido esa relación en línea con los australianos. Durante los últimos seis meses me he distanciado mucho más de mis amigos del día a día”.

“Cuando las interacciones sociales se trasladan a internet, sólo ciertos tipos de relaciones parecían sobrevivir”, explica Bower.

Una vez que se elimina el contexto local o comunitario, se mantienen o fortalecen las relaciones en las que las personas tenían algo en común además del trabajo o pasatiempos, y en las que todos se sienten cómodos con la tecnología digital.

Muchos querían compartir su estrés pandémico con aquellos con quienes se sentían más cercanos; viejos amigos de las ciudades de origen y amigos locales muy cercanos.

“Dado que la mayor parte de la interacción social se ha producido en línea, socializar con personas que viven localmente ha resultado tan fácil como socializar con personas que viven en el otro lado del mundo. Esto significaba que las personas han podido socializar y volver a conectarse con personas con las que eran más cercanas, independientemente de su ubicación”, dice.

Dos amigas conversando por videollamada.

Getty Images
Mucha gente ha retomado viejas amistades.

La sociedad contemporánea a menudo se define por el movimiento de personas fuera de su lugar de origen, agrega Patulny.

“Estás más cerca de las personas que viven en el otro lado del planeta, porque son con las que creciste. No estás necesariamente cerca de aquellos con quienes compartes un vecindario. El covid-19 realmente está mostrando esto”, dice

Conversaciones cotidianas

Sin embargo, también extrañamos las interacciones con aquellas personas con las que no tenemos una amistad suficiente como para construir una relación en línea durante la pandemia.

Según Patulny y Bower, muchas personas dijeron que habían perdido estas microinteracciones con las personas de sus comunidades, que son casi imposibles de facilitar a través de la comunicación digital.

“La capacidad de simplemente parar, chismear, reír, bromear y todas las cosas que haces fuera de las reuniones, eso no sucede cuando estás reunido en línea”, dice Patulny. “El contacto periférico adicional se ha perdido, y esa es una pérdida importante”.

Una mujer con mascarilla detrás de una ventana.

Getty Images
Mucha gente ya se sentía sola antes del covid-19.

Existe el riesgo de que los vínculos sociales se deterioren sin estas pequeñas interacciones, dice, ya que ayudan a las personas a conectarse.

En cuanto a si podemos retomar estas amistades después de la pandemia, Bower señala evidencia reciente de Reino Unido que sugiere que las personas que se sentían solas antes probablemente se sentirían un poco más solas después, mientras que otras no experimentaron cambios a largo plazo.

Sin embargo, expresa cierta preocupación por que un período prolongado de soledad para algunas personas pudiera hacer que las interacciones pequeñas se sientan más desafiantes a largo plazo.

“Las personas que experimentan soledad durante períodos prolongados comienzan a experimentar impactos negativos persistentes en la forma en que piensan y actúan en situaciones sociales —son más hipervigilantes en cuanto al rechazo, más ansiosos socialmente— y esto puede dificultar estas interacciones simples y que sea menos probable que salga bien”, dice Bower.

Revertir o cambiar

La investigación de Bower y Patulny seguirá analizando a su grupo de estudio mientras Australia continúa su marcha para salir de las restricciones del covid-19.

Dos mujeres conversando una con la otra, cada una su escritorio.

Getty Images
Mucha gente extraña las pequeñas interacciones que tenía en el día a día con ciertas personas, aunque fueran sus amigas cercanas.

Realizarán una encuesta a la misma muestra cada tres meses para determinar cómo está cambiando su comportamiento y por qué, y enviarán sus resultados a un grupo de expertos que está considerando los impactos de la pandemia en la salud mental.

Es demasiado pronto para cualquier estimación de los cambios sociales a largo plazo, si los hay, pero los investigadores sugieren que podría pasar un poco de tiempo antes de que las interacciones vuelvan a la normalidad.

“Me pregunto si el hecho de que no estés acostumbrado a socializar y que ahora exista un riesgo asociado con socializar, conducirá a impactos a largo plazo en la forma en que nos sentimos y en cómo podemos superar la soledad”, dice Bower.

Patuly dice que no le sorprendería un ligero aumento de la soledad durante algunos años.

Sin embargo, Michelle Lim, la experta en soledad, cree que para la mayoría de las personas, tanto la pérdida de microinteracciones como el estrechamiento de sus redes sociales son temporales, están directamente vinculados a la emergencia de salud pública y es poco probable que duren más que ella.

“Si será significativamente perjudicial para las relaciones dependerá de muchos factores: si el individuo es resistente, si tiene redes sociales sólidas, si se esfuerza por mantener sus amistades a pesar de estas barreras”, dice Lim.

Tampoco está claro, agrega, si los bloqueos más prolongados, ya sea por mandato del gobierno o debido a la necesidad de las personas de protegerse por condiciones de salud preexistentes, conducirán a resultados diferentes o más pronunciados.

Lim dice que es posible que, en el futuro inmediato, las interacciones cara a cara puedan cambiar si seguimos preocupados por la salud pública.

Dos personas con mascarilla guardando la distancia social.

Getty Images
¿Por cuánto tiempo se mantendrán los cambios en las interacciones cara a cara?

Pero también dice que es parte de la naturaleza humana volver a los grupos sociales. La mayoría de las personas que han infringido las normas de encierro lo han hecho para ver a amigos y familiares.

Después de que nos recuperemos del impacto de estos comportamientos alterados, cree que es probable que las cosas vuelvan a la normalidad anterior.

Los principales determinantes de la soledad son bastante estables, agrega.

Es poco probable que aquellos que no estaban solos antes del covid-19 se sientan muy solos a largo plazo una vez que todo haya terminado.

“Creo que durante un corto período de tiempo habrá cambios”, dice. “Pero somos criaturas de hábitos. A menos que estos comportamientos sean a muy, muy largo plazo, creo que volveremos a nuestros grupos sociales”.

* Esta nota es una traducción de un artículo original publicado en inglés en BBC Worklife y que puedes leer aquí.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial

Banner

BBC

Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=mYv_EYYngC4&t=8s

https://www.youtube.com/watch?v=aBKdOAVLVEc

https://www.youtube.com/watch?v=bW1ibaFkARg

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.