2019, el año con el mayor número de ataques a periodistas de la década
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2019 registró el mayor número de ataques contra periodistas de la última década: Artículo 19

La organización Artículo 19 denunció que diez informadores fueron asesinados en México durante el pasado año, el primero con Andrés Manuel López Obrador en la presidencia.
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26 de mayo, 2020
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Rafael Murua Manríquez, de 34 años, apareció muerto el 21 de enero en una brecha a 40 kilómetros de San Ignacio Santa Rosalía, Baja California Sur. Era director de la radio comunitaria Radiokashana, en Mulegé y se convirtió en el primer periodista asesinado en 2019. Un mes después, Samir Flores Soberanes fue tiroteado en su casa de Amilcingo, Morelos. Dirigía la radio Amiltzinko y era un activista contrario al Proyecto Integral Morelos. 

Estos comunicadores son las dos primeras víctimas mortales de ataques contra periodistas en 2019. La organización Artículo 19, dedicada a la defensa de la libertad de expresión y el derecho a la información, denunció que diez informadores fueron asesinados en México durante el pasado año, el primero con Andrés Manuel López Obrador en la presidencia.

“La violencia contra periodistas y medios de comunicación no cesó, por el contrario, mantuvo el crecimiento constante que se observó desde hace doce años”; dijo Ana Cristina Ruelas, directora regional de Artículo 19 para México y Centroamérica, durante la presentación del informe “Disonancia: voces en disputa” que analiza diversos aspectos del derecho a la información durante el último año. 

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Rafael Murúa, de Baja California Sur; Samir Flores, de Morelos; Santiago Barroso, de Sonora; Telésforo Santiago Enríquez, de Oaxaca; Francisco Romero, de Quintana Roo; Norma Sarabia, de Tabasco; Rogelio Barragán, de Morelos; Edgar Alberto Nava López, de Guerrero; Jorge Celestino Ruiz, de Veracruz; y Nevith Condés Jaramillo, del Estado de México son los periodistas asesinados durante el pasado año. 

Los homicidios son la agresión más grave contra periodistas. Sin embargo, la organización internacional detectó 609 casos de ataques contra informadores y medios de comunicación. 

El pasado año fue el que Artículo 19 registró más ataques contra comunicadores en la última década. En 2009, todavía con Felipe Calderón en el gobierno, fueron 238. En 2013, el primer año de Enrique Peña Nieto al frente del ejecutivo, ascendieron hasta los 330. El expresidente cerró su sexenio con 544 agresiones en 2018. 

En la última década, Artículo 19 contabilizó 3 mil 918 agresiones contra periodistas y 92 asesinatos de informadores por posible relación con su labor. 

De este modo, 2019 fue el año en el que Artículo 19 detectó un mayor número de ataques contra medios de comunicación, lo que supone un incremento del 11% respecto al año anterior. Los datos indican que entre el 1 de enero y el 31 de diciembre se agredió a un periodista cada 15 horas. 

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Las agresiones varían desde los diez asesinatos hasta el allanamiento, que ocurrió en 17 ocasiones, las amenazas (144), ataques a bienes materiales (40), ataque a medios de comunicaciones digitales y sistemas informáticos (6), Ataque físico (62), bloqueo, alteración o remoción de información (60), desplazamiento forzado (12), intervención o vigilancia ilegal de comunicaciones (16), intimidación u hostigamiento (166), privación de la libertad (28), tortura o tratos crueles, inhumanos y degradantes (3), uso ilegítimo del poder público (46). 

Sobre los victimarios, la organización denuncia que los funcionarios siguen siendo las figuras que más ataques perpetran, con 256, seguidos de atacantes desconocidos (151), particulares (131), crimen organizado (49) y partidos políticos (13). 

Las coberturas sobre corrupción y política son las más riesgosas, ya que acumulan 339 de las agresiones documentadas, seguidas de seguridad y justicia (133), movimientos sociales (62), Derechos Humanos (51), sector privado (17) o tierra y territorio (7).

Ciudad de México (84), Quintana Roo (57), Guerrero (51), Puebla (34) y Oaxaca y Veracruz (ambos con 33) son los estados con mayor número de ataques registrados. 

Uno de cada cuatro agresiones, el 27%, fue dirigida contra mujeres. 

“Un factor que impulsó el incremento de agresiones en la Ciudad de México fue la estigmatización de la prensa por el Estado. Hubo múltiples ataques a periodistas que cubren las conferencias de prensa matutinas del presidente o que publican artículos críticos sobre la gestión del ejecutivo”, dice el informe.

Recuerda el documento que los discursos beligerantes del presiente en las mañaneras, en los que ha ubicado a diversos medios como “adversarios”, son replicados posteriormente tanto por dirigentes políticos a nivel local como en redes sociales, donde son habituales las campañas de desprestigio contra comunicadores a los que se califica de “chayoteros” o “vendidos”.

El informe recuerda las investigaciones de Signa Lab, que ha detectado acciones coordinadas en redes para desprestigiar a medios a los que el gobierno considera que mantienen una línea contraria a sus intereses. Cabe recordar que recientemente un estudio de Artículo 19 y Signa Lab publicado por Aristegui Noticias desveló el uso de Notimex, la agencia de noticias del Estado, para atacar a diversas informadoras. Preguntado por esta cuestión, López Obrador se limitó a decir que él cree tanto a Carmen Aristegui, una de las damnificadas, como a Sanjuana Martínez, directora de Notimex. 

El informe critica que López Obrador “ha decidido neutralizar o anular a cualquiera que busque cuestionar su relato”, y critica el control y la polarización registradas durante el último año. “Los ataques a la prensa y a la sociedad civil lanzados desde la silla presidencial, en forma de estigma, son intencionados, como cualquier otra agresión, y buscan convertir al mensajero en el mensaje”, dice. 

La impunidad es una característica clave del contexto de agresiones contra los periodistas. Según documentó Artículo 19, de los mil 614 casos registrados desde la creación de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión​, solo 14 obtuvieron sentencia, lo que implica un 99´13% de impunidad. 

Lee: Periodista denuncia amenaza en mañanera; AMLO le responde “abrazos, lo mejor es perdonarnos”

“Casos emblemáticos, como los de Aristegui Noticias y los periodistas Humberto Padgett y German Canseco, o el de Sergio Aguayo, evidenciaron que las autoridades judiciales y de la judicatura mantienen patrones de impunidad en los que la justicia sigue confundiéndose con la venganza”, dice el documento.

Todo ello en un contexto de nuevo gobierno que, como recuerda Artículo 19, llegó al poder con la promesa de que se había acabado la censura y los ataques contra los medios. 

Destaca la ONG como elementos positivos el reconocimiento de la violencia perpetrada en el pasado y la apropiación del espacio cívico feminista. Sin embargo, observa con preocupación la polarización que viene registrándose en la esfera pública. 

El informe también aborda el gasto económico del gobierno de López Obrador en publicidad oficial. En total, el actual gobierno presupuestó 4 mil 258 millones, frente a los 10 mil 725 de Peña Nieto. Esto implica una reducción de casi el 50%. Finalmente, el gasto apenas sobrepasó los mil 500 millones de pesos. 

Dos grupos empresariales se llevaron el 20% de todo el presupuesto: Estudios Azteca S.A. de C.V., que recibió el 10,87% de la inversión presupuestaria y Grupo Televisa S.A.B., con el 10,84%.

El informe es crítico también con las políticas de acceso a la información aplicadas por el gobierno de López Obrador. “Ha habido importantes retrocesos y la federación dejó de ser un referente en el cumplimiento de obligaciones en materia de acceso a la información, con un incremento en la falta de atención a solicitudes de información, así como en el incumplimiento de las obligaciones de transparencia y centralización de la información”, dice.

Hasta el 28 de noviembre de 2019 se presentaron 259 mil 526 solicitudes de acceso a la información, con un 6,59% de respuestas que ameritaron revisión. Es el año en el que más preguntas ser formularon y también en el que más recursos se presentaron. 

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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