La casa del migrante en Oluta que combate la xenofobia y la COVID-19
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Hacemos lo que el Estado no hace: la casa del migrante en Oluta que combate la xenofobia y la COVID-19

Un total de 74 migrantes fueron trasladados desde la estación de Acayucan al refugio de Oluta, en Veracruz. La presidenta municipal les acusó de ser un peligro, pero los responsables del albergue alegan que los resguardan porque la alternativa sería la calle.
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A Tania, salvadoreña de 25 años, la atraparon después de varias horas esperando a su contacto en Eagle Pass, Texas, Estados Unidos. Había pagado 7 mil 500 dólares por un pollero que la guiaba en el cruce desde Piedras Negras a través de una llamada por celular. A Alonso, también de El Salvador y de 26 años, lo interceptaron en Laredo, Texas. Su familia entregó 6 mil dólares a un coyote que debía llevarlo con su tío. Como fue arrestado no tendrán que pagar los otros 6 mil que habían acordado al completar el tránsito.

Ambos fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza y entregados al Instituto Nacional de Migración (INM), que los encerró en diversas estaciones migratorias. La última, en Acayucan, Veracruz, de la que fueron liberados un grupo de 74 salvadoreños, entre los que se encuentran Tania y Alonso. Todos esperan en la Casa del Migrante Monseñor Guillermo Ramsauer González en Oluta hasta que se den las condiciones para poder volver a casa. 

Ler más: Migrantes frente al COVID-19: entregados por EU, abandonados en México y con fronteras cerradas

El refugio, gestionado por la iglesia católica, se ha convertido en un espacio seguro que lucha contra el coronavirus y contra la xenofobia. “Hacemos lo que el Estado debería hacer y no hace”, dice Rodolfo Martínez Aguilera, un antropólogo que ejerce de paralegal en la casa del migrante y que lleva 20 días de encierro con los solicitantes de refugio que estaban antes de la llegada de los centroamericanos. 

“Los recibimos por dos razones. Por razón humanitaria y por no dejarles en situación de calle. Para que no se contagien y no vayan contaminando. Se les indicó las normas de salud y se les avisó de que no podrán salir hasta que termine la pandemia o regresen a sus países”, dice el presbítero Ramiro Baxín, director de la Casa del Migrante. 

El lunes 27 llegaron los centroamericanos la Casa del Migrante de Oluta desde Acayucan. La mayoría pasó por diversos centros de detención después de ser expulsados de Estados Unidos por el procedimiento exprés inaugurado por Donald Trump con la excusa de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, Washington ya no deporta los guatemaltecos, hondureños y salvadoreños que atrapa en la frontera, sino que los entrega a México para que ellos se hagan cargo.

En el caso de estos 74 salvadoreños, el Estado ha delegado en organizaciones internacionales y la sociedad civil. Los migrantes estarán en el albergue hasta que se resuelva su situación, que está siendo gestionada por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

La llegada de los migrantes fue la chispa que encendió la llama del discurso xenófobo en Oluta, municipio de 18 mil habitantes al sur de Veracruz. Ubicado en plena ruta hacia Estados Unidos y considerado municipio refugio para el migrante, Oluta no es ajeno al tránsito de extranjeros. Sin embargo, la pandemia ha cambiado las reglas del juego y el miedo se extiende entre los pobladores. Hasta el momento se ha detectado un único caso de COVID-19 en el municipio, que ya se encuentra fuera de peligro. 

Al día siguiente de que fuesen acomodados en la casa del migrante, la alcaldesa, María Luisa Prieto Duncan, de la coalición PAN-PRD, aseguró a medios locales que los migrantes podían ser un foco de contagio y sembró la sospecha hacia los recién llegados. 

Entérate: Albergues suspenden ingreso de más migrantes o aplican aislamiento por emergencia de COVID-19

De nada sirvió que Baxín y el resto de integrantes de la casa del migrante explicasen que cada uno de ellos traía un certificado médico y que, además, Médicos Sin Fronteras se iban a hacer cargo del monitoreo. 

Pedro Serra Soto, dirección de Protección Civil de Oluta, asegura que hay intranquilidad entre algunos vecinos. Dice que no se informó al Ayuntamiento de que acogerían a los salvadoreños y se queja de que “no sabemos en qué condiciones están”. 

“Se dijo que se iban en una semana. En caso de que no, la gente anda con incertidumbre, y es algo que no está en nuestras manos”, afirma. Según Serra Soto, desde el Ayuntamiento se pidió a los vecinos que no se manifiesten ya que juntar un grupo de gente podría ser un peligro de cara al contagio. 

Desde el albergue se responde denunciando la desinformación y el alarmismo. “Hay medios que empezaron a dar informaciones no objetivas y preocuparon a la comunidad. Decían que eran miles y que estaban todos infectados”, asegura Baxín, que se queja de que el discurso xenófobo pusiese en la diana a los migrantes a pesar de ser una población vulnerable.

Por su parte, Rodolfo Martínez lamenta el uso político de los migrantes y recuerda que la alcaldesa fue criticada por marcharse de vacaciones al inicio de la cuarentena. “Al recibir críticas se volvió contra los migrantes para limpiar su imagen”, afirma. 

Por el momento los ánimos se han calmado en Oluta. Pero la zozobra se mantiene. Y no hay fecha oficial para el regreso del grupo. Depende de muchas negociaciones diplomáticas en un contexto de fronteras cerradas a causa del coronavirus.

Regularizados por 60 días

Los centroamericanos llegaron a Oluta tras un diálogo entre el INM y el consulado de El Salvador, que fue la institución que promovió alojarlos en la Casa del Migrante. El Instituto Nacional de Migración (INM) reconoció que la liberación busca evitar contagios y afirma que tenía otros espacios para ellos, aunque no detalla cuáles eran. Para permitir su salida, la institución que dirige Francisco Garduño expidió unos documentos que los regulariza por 60 días. Se trata de unos papeles distintos a los empleados durante el último mes en Tapachula, Villahermosa y Acayucan, en los que se presentaba a los migrantes como solicitantes de asilo aunque no hubiesen tenido contacto con la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). 

Por el momento, a los migrante solo les queda esperar. Alberto Cabezas, responsable de comunicación de la OIM en México, afirmó que la institución está disputa a colaborar en la repatriación siempre y cuando no corra riesgo la vida de los salvadoreños en su país de origen. 

Estados Unidos no les permitió pedir asilo y, por el momento, México tampoco les ha dado esa opción. Así lo denunció Rodolfo Martínez Aguilera. Según explicó, los migrantes fueron entrevistados por oficiales de la OIM pero nadie desde su entrega al INM les dio la opción de ser refugiados en México.

“Nos dijeron que todas las oficinas estaban cerradas y que no se podía pedir refugio”, dice Tania, que asegura que no le dieron opción a pedir protección ni en Estados Unidos ni en México. 

Entérate: Esta fórmula de deportación exprés desde Estados Unidos viene implementándose desde el 20 de marzo.

Fuentes de Comar indicaron que sus equipos no se desplazan debido a la contingencia sanitaria pero que tenían previsto contactarles junto al personal de Acnur para informarles sobre su derecho al refugio. 

En caso de que se cumplan las perspectivas y la OIM se encargue de la repatriación de estos 74 salvadoreños sería el segundo avión fletado por esta instancia internacional para devolver migrantes a Centroamérica. El primer grupo, de 41 personas, regresó desde Tapachula, Chiapas, hasta San Salvador, el pasado 23 de abril.

La OIM hizo públicas una serie de recomendaciones para el trato a migrantes mientras dura la pandemia. Pide que no se realicen nuevas detenciones por cuestiones migratorias, implementar alternativas a la detención, liberar a los que ya están arrestados y aprovechar este momento en el que los centros de detención están vacíos para mejorar sus condiciones. 

México mantiene sus controles migratorios, tanto en el sur como en el norte, que se vieron reforzados con la llegada de la Guardia Nacional tras el acuerdo de junio de 2019 con Estados Unidos. Desde que comenzó la pandemia más 3 mil 500 centroamericanos fueron deportados por el INM. Lo que no especifica la institución es cuántos de ellos habían sido previamente expulsados por Washington.

Mientras todo se aclara, los migrantes esperan en el albergue de Oluta. Saben que, cuando lleguen a su país, tienen por delante una dura cuarentena.  

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, impuso el cierre de fronteras, toque de queda y centros de cuarentena en los que encierra a quien está en la calle sin justificación. El mandatario ha defendido sus medidas saltándose incluso el mandato del Tribunal Constitucional, que prohibió esos arrestos.

Alonso asume que deberá pasar otra cuarentena y dice que es crítico con los compatriotas que se saltaron las medidas de confinamiento y entraron al país por puntos ciegos. “Llevo más de un mes desde que me detuvieron. Quiero llegar a casa”, afirma. 

Tania, por su parte, dice que tiene algo de miedo. Ella está sana ahora y ha escuchado casos de personas que enfermaron en estos centros. Pero no tiene otra alternativa. 

A Rodolfo Martínez, por su parte, le preocupan las consecuencias de cara al futuro. Denuncia que se ha instalado un cordón policial, lo que incrementa la “criminalización”. Y recuerda que los migrantes han aportado mucho al municipio, como las brigadas de limpieza con solicitantes de refugio. Mientras, defiende su papel como protectores de los migrantes y reitera: “hacemos lo que le corresponde al Estado”. 

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Coronavirus: qué es la 'COVID incidental' y qué pistas nos da sobre la ola de ómicron

"COVID incidental" es el término que están usando miembros del personal de salud y científicos en Reino Unido para designar a los casos que acuden al hospital por una dolencia distinta, pero una vez allí, descubren que también son portadores del virus.
4 de enero, 2022
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Mientras la ola de ómicron rompe récords de contagios por el mundo, la comunidad científica se apresura a comprender el impacto real de esta última variante de coronavirus.

La evidencia reunida hasta la fecha apuntan a dos cuestiones claras.

La primera, que gracias a la protección de las vacunas, la inmunidad natural y los cambios en el virus, ómicron parece ser menos severa que sus predecesoras.

La segunda, que se transmite tan rápido que su avance sigue siendo un desafío para la salud pública y la recuperación económica.

Reino Unido, debido a su alto número de contagios, su extenso programa de pruebas diagnósticas y capacidad de secuenciación del virus, nos ofrece pistas rápidas y fiables sobre el comportamiento de ómicron.

Y una de las características de esta ola en este país parece ser el peso de los llamados casos de “COVID incidental”, un fenómeno que podría cambiar la forma en que medimos el impacto real de la pandemia.

Pero ¿en qué consisten estos casos?

COVID como causa secundaria

“COVID incidental” es el término que están usando miembros del personal de salud y científicos en Reino Unido para designar los casos de aquellos que acuden al hospital por una dolencia distinta a la provocada por el coronavirus pero que, una vez allí, descubren que también son portadores del virus.

Sala de hospital en Reino Unido.

Getty Images
Cientificos en Reino Unido llaman covid incidental a aquellos pacientes que ingresan al hospital por otra causa que no es coronavirus pero que luego dan positivo en los tests.

Es decir, pacientes que supuestamente están en el hospital “con COVID”, pero no “por COVID”.

Ómicron se extiende tan rápido que un considerable porcentaje de la población, asintomática o no, tiene el virus sin saberlo. Así que es probable que acuda al hospital, por ejemplo, por apendicitis, y que una vez internada dé positivo por coronavirus. En otros casos es posible que se infecten en el propio hospital.

Estos positivos son incluidos igualmente en las cifras diarias de contagios y hospitalizados con el virus.

Datos de la pasada semana sugieren que un tercio de los admitidos en los hospitales de Inglaterra estaban en esta posición.

Esto, debaten políticos y científicos, podría estar ofreciendo una imagen distorsionada del impacto de esta ola.

Pero ¿se trata de una buena o mala noticia? ¿Significa que estamos sobrevalorando la capacidad de infección de esta nueva variante?

Tests positivos alrededor de un teléfono.

Getty Images
Por su amplio programa de pruebas diagnósticas y secuenciación genética, Reino Unido nos ofrece pistas rápidas y fiables sobre el comportamiento de ómicron.

Es pronto para sacar conclusiones y los expertos esperan que con el paso de las semanas el panorama será más claro.

Además, la situación puede variar por países debido a diferencias demográficas y epidemiológicas.

Debate acrecentando

Chris Hopson, director ejecutivo de NHS Providers, la organización de membresía para los fideicomisos del servicio público de salud en Inglaterra, habló sobre el peso de los casos de COVID incidental en un hilo en Twitter a finales de diciembre.

En este advertía, entre otras cuestiones, sobre la mayor proporción de “pacientes asintomáticos admitidos al hospital por otras razones y que luego dan positivo por COVID , lo que algunos están describiendo como “COVID incidental”.

Boris Johnson, primer ministro de Reino Unido.

Getty Images
El gobierno de Reino Unido vigila de cerca el comportamiento de ómicron para decidir si es necesario imponer más restricciones.

Algunos recibieron esta observación como una buena noticia, como una prueba más de la menor gravedad de los casos de ómicron.

Y varios artículos publicados en la prensa británica se preguntaban si llegó el momento de cambiar la forma en la que se mide el impacto de la pandemia.

Si bien los datos muestran que a pesar del récord de contagios las hospitalizaciones por COVID aumentan a un ritmo menor que en otras olas, los expertos consultados por BBC Mundo insisten en que es muy pronto para determinar el impacto potencial de ómicron.

De momento, esta nueva variante está generando varios desafíos.

Menos neumonía, más daño autoinmune

El profesor David Strain, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter en Reino Unido, le asegura a BBC Mundo que ómicron está provocando menos casos de neumonía y que muchos de los pacientes que llegan al hospital no ingresan por COVID como causa primaria.

La neumonía es una de las complicaciones más graves tras la infección por el coronavirus y la causa final de muerte de muchos de los infectados, sobre todo ancianos y pacientes inmunodeprimidos.

Paciente con respiración asistida en un hospital de Reino Unido.

Getty Images
Son menos los ingresados por ómicron que necesitan respiración asistida que los hospitalizados en olas anteriores.

Sin embargo, “no diría que esto es precisamente una buena noticia”, apunta Strain.

La falta de protección de los no vacunados y una mayor probabilidad de reinfectarnos, aunque estemos vacunados, por esta variante conllevan otros problemas.

“Muchos pacientes, sobre todo los más jóvenes, de entre 20 y 30 años, siguen llegando muy enfermos. Son pacientes que evitan la neumonía, pero que sufren la segunda parte de la infección, la que provoca una sobrecarga de problemas inflamatorios como coágulos de sangre o edemas”, explica Strain.

Los pacientes que sufren enfermedades crónicas como la diabetes, problemas cardiovasculares o la colitis ulcerosa, por ejemplo, están más expuestos a este tipo de respuestas autoinmunes.

“Al igual que la gripe, la COVID-19 puede agravar ese tipo de dolencias médicas, así como los problemas en los pulmones, riñones y el cerebro”, le dice a BBC Mundo Julian Tang, virólogo especializado en enfermedades respiratorias por la Universidad de Leicester, también en Reino Unido.

Strain explica que son esos pacientes los que, una vez que entran al hospital, pueden también figurar como casos de COVID incidental.

Vista del Parlamento de Reino Unido.

Getty Images

“Pero aunque ingresen porque su dolencia cardiovascular se haya resentido, si tienen COVID es muy probable que esa infección sea la que haya empeorado su padecimiento previo“, dice Strain.

Como consecuencia, conlleva “una estadía más prolongada en el hospital, un aumento en los ingresos recurrentes y una mayor frecuencia de visitas ambulatorias”, agrega Tang.

En resumen, si bien los casos de COVID incidental parecen excluir complicaciones como la neumonía, estos pacientes siguen suponiendo un desafío derivado del virus tanto para individuos como para los sistemas de salud.

“Es cierto que los casos de COVID incidental no son admisiones directas y no suelen tener neumonía, pero al final son pacientes cuyas enfermedades se han deteriorado definitivamente a causa de la COVID”, explica Strain.

Hospitales comprometidos

Tang enumera otros problemas derivados de la alta tasa de contagios de ómicron y los casos de COVID incidental.

“Esta ola está provocando muchas ausencias del personal sanitario en hospitales debido que a que las vacunas y dosis de refuerzo ofrecen una protección incompleta frente a la variante ómicron”, explica Tang.

Ambulancias en Reino Unido.

Getty Images
Aunque la proporción de covid incidental sea mayor, esto sigue suponiendo una gran presión sobre el sistema sanitario.

“Si no hay suficiente personal, esto repercute de manera indirecta y empeora las perspectivas para los pacientes“, explica.

Por lo tanto, “los casos de COVID incidental siguen siendo importantes desde el punto de vista del control de infecciones y de la salud pública”, añade.

“Estamos viendo un aumento en las personas que acuden al hospital, más bajas de personal sanitario y todo ello aumenta la presión” sobre el sistema de salud, admitió Chris Hopson en una entrevista este lunes con la BBC.

Mientras, el gobierno de Reino Unido, encabezado por el primer ministro Boris Johnson, ha descartado la aplicación de más medidas restrictivas, alegando que ómicron es “claramente más leve” que otras variantes.

Sin embargo, ha reconocido que la presión sobre los servicios de salud pública será “considerable” en la próximas semanas y que sería un “disparate” pensar que la pandemia se ha acabado.


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