Casas de la Mujer Indígena cierran por cancelación de presupuesto
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Casas de la Mujer Indígena cierran por cancelación de presupuesto; Segob busca dinero en el extranjero

La secretaria Olga Sánchez Cordero dijo que se está buscando a embajadas extranjeras y a la representación de la Unión Europea para conseguir fondos y así mantener las Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana.
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27 de mayo, 2020
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Apenas la semana pasada, Francisca de la Cruz recibió un llamado de auxilio de una mujer violentada en la comunidad de Cochoapa, de solo 4 mil habitantes, en el municipio Ometepec, Guerrero. Llamó al comisario para asegurarse de que atendiera la denuncia, que el marido se saliera de la casa porque violentaba a su esposa cuando bebía alcohol, y que garantizara la seguridad de ella, que por las restricciones de movilidad ante el COVID-19 no podía ir a ningún otro lado.

Francisca hizo todo por teléfono, porque ya la conocen: es la coordinadora de la asociación para mujeres indígenas “Manos Unidas”, fundada en 2003 y pionera del modelo de Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana (CAMIs). Un modelo que se ha reproducido en 35 casas por todo el país y que desde entonces se financia con subsidios federales… hasta este año, que la Secretaría de Hacienda decidió reservar el dinero que tenían etiquetado a través del Programa de Derechos Indígenas del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), para redestinarlo a atender la emergencia sanitaria.

Entérate: ‘Cuenta hasta 10’: la campaña con la que el gobierno pretende frenar la violencia familiar

La primera víctima de este recorte de presupuesto es justamente la CAMI de Ometepec, la pionera, que cerró sus puertas al no tener recursos para darle comida y albergue temporal a quienes huían de la violencia machista o iban a tener a sus bebés con una partera, y que ahora tienen que ser redirigidas a un hospital, en pleno riesgo de contagios de coronavirus.

Aunque las seis mujeres de Ometepec que estaban de planta ayudando a mujeres indígenas han seguido haciendo lo que pueden por teléfono, la decisión es que sin subsidios no pueden volver a abrir.

Pero no es la única CAMI en estado crítico. De acuerdo con un reporte de la red nacional de Casas de la Mujer Indígena, han alertado que ya no pueden sostenerse las casas de San Mateo del Mar, Oaxaca, que durante la contingencia ha atendido a 212 mujeres; de Pátzcuaro y Zitácuaro, Michoacán, que han atendido a 100 y 30 mujeres; de Tijuana y San Quintín, Baja California, que han recibido 60 mujeres en estos dos meses; de Zongolica, Veracruz, a 35; Matías Romero, Estado de México, a 26 mujeres; y la de Monterrey, a 11.

También han reportado que solo pueden resistir dos semanas o un mes más las de Tolimán, Querétaro, que ha atendido a 100 mujeres durante la contingencia; la de Siho, Yucatán, que recibió a 85; Huejutrla, Hidalgo, a 72; las de Nelys Palomo y Acatepec, Guerrero, a 28 y 8 mujeres cada una; y de La Paloma, Sonora, a 6 mujeres.

Cinco que eran nuevas se quedaron con las instalaciones perfectamente montadas pero sin poder abrir para empezar a dar servicios, y en al menos una hubo un brote de COVID-19 que ni el INPI ni ninguna otra autoridad atendió.

La representante de la red de CAMIs, Nelsy Maricela Ku, detalló en entrevista con Animal Político que en San Felipe del Progreso, municipio mazahua del Estado de México, la coordinadora se contagió de COVID-19. Otras dos colaboradoras, de las ocho que son, empezaron a presentar síntomas de la enfermedad, así que la casa cerró y dejó de dar atenciones a las mujeres indígenas de la zona. Tuvieron que aislarse y entre otras mujeres de la red y activistas hicieron una colecta para apoyarlas.

Ku detalló que en Quintana Roo, Chiapas, Oaxaca y el Estado de México había casas que el año pasado habían obtenido subsidios por primera vez pero ya no pudieron arrancar su operación. El programa tiene tres fases: en la primera, llamada “inicial”, se otorgan hasta 700 mil pesos para acondicionar un espacio; para la segunda o de fortalecimiento se otorgan hasta 850 mil pesos; y la tercera o de consolidación implica subsidios hasta por un millón de pesos.

Las CAMI son parte de un programa más grande, el Programa de Derechos Indígenas, que para 2020 tenía etiquetado en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) poco menos de 200 millones de pesos, que quedaron suspendidos el 3 de abril.

Mientras que el fin de semana el gobierno anunció 250 millones de pesos para repartir en premios por la atención de COVID-19, el viernes la Secretaría de Gobernación confirmó a asociaciones civiles que se habían cancelado los menos de 200 millones con los que sobrevivían las CAMI.

Buscan dinero en el extranjero

El pasado 6 de mayo, un grupo de organizaciones de la sociedad civil, encabezado por Amnistía Internacional México, Equis Justicia para las Mujeres y la Red Nacional de Refugios para mujeres víctimas de violencia, envió al gobierno federal una carta exigiendo transparentar si las medidas de austeridad ordenadas para enfrentar la crisis provocada por COVID-19 dejarían sin recursos a programas destinados a protección de las mujeres.

Hasta dos semanas después, la Secretaría de Gobernación (Segob) las convocó junto a otras dependencias como el Instituto Nacional para las Mujeres (Inmujeres) y la Comisión Nacional para Para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) a una reunión para hablar del tema.

Este lunes, las organizaciones lamentaron que su pregunta sobre dónde está el dinero para atender la violencia de género se quedó sin respuesta, ya que las funcionarias les dieron cifras de mujeres beneficiadas por los programas considerados “insignia” del nuevo gobierno, como Jóvenes Construyendo el Futuro o Tandas del Bienestar, pero no aclararon a qué programas se les recortó el presupuesto.

Solo hubo confirmación desde Segob de que el Programa de Derechos Indígenas es uno de los que quedó cancelado. Para sustituir los subsidios que daba el gobierno mexicano, la secretaria Olga Sánchez Cordero informó que se está buscando a embajadas extranjeras y la representación de la Unión Europea para conseguir fondos para mantener las Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana.

Este martes, en su conferencia mensual sobre el tema de violencia de género, se le preguntó bajo qué modalidad se busca dinero en el extranjero para las indígenas mexicanas y por qué este cambio si originalmente ya estaba etiquetado en el PEF 2020. A lo que la secretaria contestó que “el presupuesto pues siempre sufre ajustes” y que ya está en pláticas para que las CAMIs reciban dinero de gobiernos de otros países.

“Yo sí quiero decirles que para mí son tan importantes que por eso precisamente voy a luchar por sus recursos. Y segundo, hay embajadas que se nos han acercado a nosotros, y que nos han dicho: tenemos presupuesto de nuestros gobiernos en el tema de violencia contra las mujeres. Entonces no estoy inventándolo, ya se acercaron varias embajadas a decirnos: oigan, nosotros queremos participar, tenemos estos recursos, en qué forma y de qué manera podemos apoyar nosotros a estos temas de mujeres, porque además, si no hacemos uso de esos recursos, pues los recursos simplemente no se van a utilizar ni se van a ejercer”, comentó.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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