Constructora del Tren Maya fue acusada por corrupción en España
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Fomento Construcción y Contrata SA

Constructora que ganó segundo tramo del Tren Maya fue acusada por corrupción en España

Operadora CICSA, empresa de Grupo Carso, de Carlos Slim, respondió que los contratos en Panamá investigados por la justicia española son del año 2010, “mucho antes de que Grupo Carso tuviera ni una sola acción” en FCC.
Fomento Construcción y Contrata SA
Por Manu Ureste y Alberto Pradilla
1 de mayo, 2020
Comparte

FCC Construcción S.A., constructora que ganó en consorcio con Operadora CICSA SA. de CV la licitación del segundo tramo del Tren Maya por más de 18 mil 500 millones de pesos, fue imputada en octubre del año pasado en España por pagar presuntamente sobornos por 82 millones de euros a políticos y funcionarios de Panamá a cambio de obras públicas en ese país. 

Para estas obras en Panamá, FCC Construcción iba en consorcio con Odebrecht; la constructora brasileña célebre por el pago multimillonario de sobornos a múltiples gobiernos de América Latina para conseguir contratos, incluido México, donde el caso involucra a Emilio Lozoya, el extitular de Pemex que actualmente se encuentra detenido en España en espera de su extradición.

Tras el anuncio del fallo de la licitación del segundo tramo del Tren Maya, el Fondo Nacional de Turismo (Fonatur), órgano gubernamental encargado de esta obra, destacó que el consorcio Operadora CISA SA de CV, subsidiaria de Grupo Carso, de Carlos Slim, y FCC Construcción, de la que también es accionista el empresario mexicano, fue la mejor opción, pues presentó “la mejor relación calidad-precio”. 

Además, la dependencia mexicana expuso en un escrito que en el proceso de selección intervino la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), la cual realizó “un análisis independiente al proceso de revisión de propuestas realizado por Fonatur, y manifestó su conformidad de acuerdo con estándares internacionales”. 

Por su parte, el consorcio CICSA-FCC dijo a Animal Político que el caso que investiga la justicia española es de unos contratos de 2010, años antes de que en 2016 Grupo Carso adquiriera la mayoría de las acciones de esta empresa. Y que, desde la llegada de Carso, FCC ha colaborado con la justicia española para esclarecer los presuntos actos de corrupción en los contratos de obra pública con Odebrechet en Panamá. 

El pasado 24 de abril, el fallo del primer tramo del Tren Maya también desató la polémica, luego de que se diera a conocer que China Communications Construction, una de las ganadoras de la licitación por más de 15 mil millones de pesos, también acumula acusaciones internacionales de corrupción y pago de sobornos a gobiernos extranjeros. 

De hecho, en 2011, esta constructora china fue sancionada e inhabilitada durante siete años por el Banco Mundial por prácticas fraudulentas, aunque Fonatur matizó que la sanción ya no está vigente y que, por lo tanto, podía participar en la licitación que acabó ganando.

La imputación en España por corrupción

Fomento Construcción y Contrata SA (FCC Construcción SA) fue imputada el 30 de octubre del año pasado por el juez Ismael Moreno, titular del juzgado de instrucción número dos de la Audiencia Nacional de España, la cual se encarga de delitos relacionados con el crimen organizado, como terrorismo o narcotráfico, así como aquellos cometidos fuera del país pero que corresponde juzgar a las autoridades españolas.

Animal Político tuvo acceso al auto de imputación en el que el juez Moreno detalla la presunta trama delictiva de la siguiente manera:

FCC Construcción constituyó un consorcio con Odebrecht, liderado por la constructora brasileña, para participar en el concurso de obras en Panamá. Este consorcio ganó en 2010 los contratos de las líneas 1 y 2 del metro de Panamá, y de la Ciudad de la Salud de Panamá. 

Hasta ahí, todo normal. 

Sin embargo, en 2017, tras el estallido mundial del escándalo de corrupción Lava Jato, también conocido como el caso Odebrecht, la fiscalía española inició una investigación de las operaciones del consorcio FCC-Odebrecht, y el 17 de octubre del año pasado pidió a al juez que dirigiera el procedimiento contra FCC Construcción SA, y contra sus filiales FCC Construcción Centroamérica SA y Construcciones Hospitalarias SA.

El juez acusa a la constructora española y a sus filiales de que habrían servido de “sociedad pantall” para blanquear el dinero de los sobornos, ocultarlo y triangularlo, parra obtener las adjudicaciones en Panamá.

Los indicios encontrados en la investigación, con apoyo de las autoridades de Suiza, apuntan que directivos de FCC Construcción y de Odebrecht habrían diseñado un “esquema de corrupción repetido” que consistía en inflar facturas al doble de su precio en el suministro de acero para construir las dos líneas del metro de Panamá. 

También se detectaron “facturas simuladas” en servicios como “proyectos de ingeniería de diseño, construcción de obras civiles, o instalaciones auxiliares de la Línea y Estaciones”. 

“Estos servicios nunca se prestaron y solo se facturaron para dar cobertura a los pagos de presunta corrupción por la adjudicación de los contratos de obra civil”, subraya el auto. 

Según la Fiscalía, FCC Construcción y sus directivos “conocían que los precios de compras se iban a inflar, a sobrefacturar en más del doble de su precio de adquisición”. 

El suministro de acero, inflado en precio y cantidad, habría sido facturado a cargo del contrato público. Por lo que, el dinero para los sobornos destinados a políticos y funcionarios panameños se habría obtenido a cargo del propio contrato público. Es decir, del erario de Panamá.

El desvío de dinero obtenido de esos sobrecostos y simulación de servicios se hacía a través de prestanombres y de sociedades pantalla administradas por directivos de FCC y de Odebrecht, que ya prestaron declaración ante la justicia española como imputados por delitos de corrupción en transacciones internacionales y blanqueo de capitales.

En el caso de los contratos de la Ciudad de la Salud de Panamá, el juez Moreno acusa a FCC Construcción y sus filiales de haber ejecutado el pago de sobornos a través de una red de empresas off shore en paraísos fiscales, “que transfirieron los fondos para el pago de dádivas”.

El pago de los sobornos en este caso se habría hecho a través de cuentas bancarias en Andorra y Suiza, cuyos titulares eran prestanombres de directivos de Odebrecht.

Previo a la imputación, en mayo y junio del año pasado, la constructora FCC trató de anticiparse a las acusaciones de la justicia española y presentó dos denuncias ante la Fiscalía Anticorrupción contra varios de sus altos directivos, que ya fueron cesados de la compañía, y aportó documentación sobre los acuerdos comerciales con Odebrecht en relación con las obras en Panamá. 

Para el juez, las ‘autodenuncias’ presentadas por FCC Construcción, más su investigación, es prueba de que varios altos directivos de la constructora española participaron, presuntamente, en acuerdos con directivos de Odebrecht “y su entramado de sociedades pantallas” para cometer actos de corrupción en el pago de 82 millones de euros en sobornos. Y no solo en obras públicas de Panamá, sino también en Costa Rica, El Salvador y Nicaragua.

Sin embargo, estas acusaciones no libraron a la constructora de la imputación. El juez del caso consideró que la empresa “no activó ni aplicó protocolo alguno dirigido a evitar la comisión de hechos delictivos, ni implementó eficazmente mecanismos de control o reacción idóneos para detectar las actuaciones criminales cometidas en el seno de la empresa”. 

Según publicaciones en España, el juzgado central de instrucción número dos de la Audiencia Nacional tendría indicios de que la constructora habría pagado comisiones ilegales por importe de 306 millones de euros (casi 8 mil millones de pesos) para construir dos grandes viales en la capital de Panamá. 

La respuesta de CICSA-FCC

Ante esta imputación ante la justicia española, Animal Político buscó a Operadora CICSA, empresa de Grupo Carso, de Carlos Slim, que tiene también la mayoría del accionariado de FCC Construcción. 

A través del departamento de comunicación de CICSA, la constructora de Slim recalcó que los contratos en Panamá investigados por la justicia española son del año 2010, “mucho antes de que Grupo Carso tuviera ni una sola acción” en FCC. 

Y, además, subrayó que, a raíz de la llegada del Grupo Carso a FCC, y a partir de una serie de cambios operativos y administrativos en la constructora española, la colaboración con la justicia de España para investigar estos contratos es plena y transparente.

“Desde que estamos dentro de FCC y se tiene el control de ésta, no ha sucedido ningún otro acto de corrupción”, hizo hincapié el departamento de comunicación de CICSA a este medio. 

“Como CICSA, lo que nosotros sabemos es que vamos aliados con una de las mejores empresas constructoras que hay en Hispanoamérica, que es FCC”, añadió el departamento de comunicación, que señaló que tras el caso de Panamá “la empresa ha seguido operando de manera normal”. 

“Incluso, ha ganado contratos muy importantes en España, como la remodelación del estadio de fútbol de la comunidad de Madrid, La Peineta, o el contrato para remodelar el estadio del Real Madrid”, agregó CICSA.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo sería una guerra entre potencias ahora (y cuál es la ventaja de Rusia y China frente a Occidente)

Muchos de los aspectos de los principales conflictos entre Occidente y, por ejemplo, Rusia o China, ya se han desarrollado, ensayado y desplegado. con una ventaja para estos últimos: los misiles hipersónicos.
4 de enero, 2022
Comparte

Fuerzas de Rusia se aglomeran en la frontera con Ucrania, Moscú exige que la OTAN se aleje de sus fronteras y China vocifera cada vez más su derecho a retomar Taiwán, incluso por la fuerza si es necesario.

Etiopía está en guerra civil, el conflicto separatista en Ucrania ha cobrado más de 14.000 vidas desde 2014, la insurgencia en Siria continúa hirviendo a fuego lento y el autodenominado Estado Islámico arrasa en partes de África.

Pero ¿cómo se ve el futuro de las guerras entre las grandes potencias? ¿Y está Occidente preparado para los desafíos que vendrán?

Primero que todo, “las guerras del futuro” ya están aquí. Muchos de los aspectos de los principales conflictos entre Occidente y, digamos, por ejemplo, Rusia o China, ya se han desarrollado, ensayado y desplegado.

El 16 de noviembre, Rusia realizó una prueba de misil en el espacio, destruyendo uno de sus propios satélites. Durante el verano boreal, China condujo pruebas con sus avanzados misiles hipersónicos, capaces de viajar a muchas veces la velocidad del sonido.

Ataques cibernéticos ofensivos, ya sean disruptivos o de depredación, se han convertido en acontecimientos diarios.

Gráficos que muestran cómo operan los misiles hipersónicos de China

BBC

Ponerse al día

Michele Flournoy fue directora de política de estrategia del Pentágono bajo dos presidentes de EE.UU., Bill Clinton y Barack Obama. Cree que la atención de Occidente sobre el Medio Oriente en las últimas dos décadas permitió que sus adversarios se pusieran muy al día en términos militares.

“Realmente hemos llegado a un punto de inflexión estratégico donde nosotros -EE.UU., Reino Unido y nuestros aliados- estamos saliendo de 20 años de estar enfocados en antiterrorismo y contrainsurgencia, las guerras en Irak y Afganistán, y levantamos la mirada para darnos cuenta de que ahora estamos en una muy seria competencia de gran poder”, comenta.

Se está refiriendo, por supuesto, a Rusia y China, países descritos respectivamente en el análisis integrado del gobierno británico como “la amenaza aguda” y el “rival estratégico”de Occidente a largo plazo, respectivamente.

“Mientras nos enfocábamos en el amplio Medio Oriente”, dice, “estos países estudiaron la manera en que Occidente hace la guerra. Y empezaron a invertir masivamente en toda una gama de tecnologías nuevas”.

Personal de la Fuerza Aérea de EE.UU. realizan operaciones cibernéticas en la Base Aérea Warfield de la Guardia Nacional, en Maryland, 2017

Fuerza Aérea de EE.UU.
Personal de la Fuerza Aérea de EE.UU. realizan operaciones cibernéticas en la Base Aérea Warfield de la Guardia Nacional, en Maryland, 2017

Mucha de esa inversión ha estado dirigida hacia la actividad cibernética, ataques disruptivos con miras a socavar la estructura de la sociedad en Occidente, influyendo elecciones, robando datos sensibles. Esto pasa muy por debajo del umbral de guerra y muchas de esas acciones se pueden negar.

Pero ¿qué pasaría si las actuales tensiones entre Occidente y Rusia en torno a Ucrania, por ejemplo, o entre EE.UU. y China sobre Taiwán, se tornan hostiles? ¿Cómo se verían?

“Creo que esto se desarrollaría ahora en un entorno altamente dependiente del flujo de información”, señala Meia Nouwens, una investigadora asociada del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) especializada en cómo China usa datos para sacar ventaja militar.

“El Ejército Popular de Liberación de China ha creado una nueva agencia llamada Fuerza de Apoyo Estratégico que se concentra en el espacio, la guerra electrónica y las capacidades cibernéticas”.

¿Qué quiere decir eso en la práctica? Pues bien, casi lo primero que ocurriría en cualquier acción hostil serían ataques cibernéticos masivos de ambas partes. Habría intentos de “cegar” al otro destruyendo sus comunicaciones, incluyendo satélites, o incluso cortando los vitales cables submarinos que transmiten datos”.

Le pregunté a Franz-Stefan Gady, especialista de guerras futuras del IISS, qué significaría esto para la persona común y corriente ¿De repente dejarían de funcionar nuestros teléfonos, se agotaría la gasolina en las estaciones, la distribución de alimentos entraría en caos?

“Sí, con toda probabilidad”, contesta. “Porque las grandes potencias están invirtiendo masivamente no solo en capacidad ofensiva cibernética sino en capacidad de guerra electrónica que puede interferir satélites y tumbar las comunicaciones. Así que no sólo serán los ejércitos sino las sociedades en general las que serán el objetivo principal en los conflictos del futuro“.

Un cohete Falcon de la empresa SpaceX con satélites de la Fuerza Aérea de Estados Unidos despega del Centro Espacial Kennedy en 2019

Getty Images
Un cohete Falcon de la empresa SpaceX con satélites de la Fuerza Aérea de Estados Unidos despegó del Centro Espacial Kennedy en 2019.

Toma de decisiones

El mayor peligro militar aquí es el recrudecimiento no planeado. Si tus satélites no se están comunicando y tus estrategas que están sentados en sus búnkeres de comando subterráneos no pueden estar seguros de lo que está pasando, les resultará extremadamente difícil calibrar una reacción.

Meia Nouwens cree que esto los deja con la opción de responder de forma “minimalista” o “maximalista”, lo que lleva al riesgo de recrudecer las tensiones.

Un factor que probablemente juegue un papel principal en las guerras del futuro será la inteligencia artificial (IA). Esta podría acelerar tremendamente la toma de decisiones y los tiempos de respuesta de los comandantes, permitiéndoles procesar la información más rápidamente.

Aquí, EE.UU. tiene una ventaja cuantitativa sobre sus adversarios potenciales y Michele Flournoy sostiene que podría compensar en las áreas donde Occidente se ve superado por el enorme tamaño del Ejército Popular de Liberación de China.

“Una de las manera de recuperar terreno y complicar los planes de defensa o ataque del adversario es juntando a humanos con máquinas”, indica. “Así que si tienes una plataforma operada por una persona que pueda controlar 100 plataformas sin personal, ahí es donde empiezas a recuperar ese equilibrio cuantitativo”.

Pero hay un área donde Occidente está quedando peligrosamente rezagado respecto a Rusia y China. Son los misiles hipersónicos, proyectiles súper potentes que pueden volar a cualquier punto entre cinco y 27 veces la velocidad del sonido y cargar ojivas convencionales o nucleares.

Rusia ya anunció el éxito de pruebas con su misil crucero hipersónico Zircon, proclamando que puede destruir defensas en cualquier parte del mundo.

Misiles Dong Feng 17 equipados con un vehículo planeador hipersónico, Pekín, 2019

Getty Images
Misiles Dong Feng 17 equipados con un vehículo planeador hipersónico, Pekín, 2019.

El misil Dong Feng 17 de China, develado por primera vez en 2019, carga un vehículo planeador hipersónico (VPH) que puede maniobrar a través de la atmósfera con una casi impredecible trayectoria, lo que lo hace muy difícil de interceptar.

En contraste, las pruebas recientes de los sistemas estadounidenses no han tenido buenos resultados. La inclusión de estas armas en el arsenal de China está haciendo que Washington piense dos veces antes de entrar en una guerra para defender a Taiwán, si es que China decide invadir el territorio.

La Fuerza Aérea de EE.UU. haciendo pruebas de su misil hipersónico AGM-183A, en California, 2020

Fuerza Aérea de EE.UU.
La Fuerza Aérea de EE.UU. hizo pruebas de su misil hipersónico AGM-183A, en California, 2020, sin buenos resultados.

No obstante, ahora mismo, empezando 2022, las fuerzas de Rusia se acumulan en la frontera con Ucrania, ciertamente con capacidades de guerra cibernética y electrónica incluida en sus equipos convencionales compuestos principalmente de tanques, vehículos blindados y tropas, los mismos recursos que estaría desplegando si Moscú decidiera invadir los países Bálticos, por ejemplo.

Entretanto, Reino Unido ha tomado la decisión de recortar sus fuerzas convencionales a cambio de invertir en la nueva tecnología. Franz-Stefan Gady, el especialista en guerras del futuro, cree que eso sin duda rendirá beneficios en unos 20 años, pero antes de eso quedará una brecha preocupante.

“Creo que vamos a pasar por un período muy peligroso en los próximos cinco a diez años, cuando estén ocurriendo muchos de los recortes. Al mismo tiempo, muchas de estas capacidades tecnológicas emergentes no estarán lo suficientemente maduras como para tener un verdadero impacto operacional”, considera.

¿Panorama sombrío?

Y en esos próximos cinco a diez años podríamos ver algunos de los desafíos más peligrosos para la seguridad de Occidente. Entonces, ¿el panorama es sombrío?

No necesariamente, según Michele Flournoy, que pasó años en el centro de las políticas de defensa de EE.UU. Piensa que la solución está en dos cosas: consulta y colaboración íntima con los aliados e inversión en lugares precisos.

“Si logramos trabajar juntos y realmente invertir en las tecnologías adecuadas, los conceptos precisos, y los desarrollamos a gran velocidad y tamaño, deberíamos ser capaces de impedir una guerra de grandes potencias”, afirma.

“Deberíamos poder alcanzar nuestros objetivos y hacer que la región Indo-Pacífica, por ejemplo, siga siendo libre, abierta y próspera en el futuro”.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=T06-Q9QEzes

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.