´Te llevas el cuerpo o se lo lleva el MP´: funerarias colapsan por COVID-19
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"Te llevas el cuerpo de tu madre o se lo lleva el MP”: funerarias colapsan por COVID-19

Irma Cancino Cárdenas, de 65 años, murió en la madrugada del jueves en el Hospital Siglo XXI de Ciudad de México. No fue hasta 15 horas después que una funeraria pudo llevarse su cuerpo. Su hijo recibió una amenaza del hospital: o se la llevan o lo hará el Ministerio Público.
Cuartoscuro
Por Alberto Pradilla y Arturo Ángel
1 de mayo, 2020
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“Hablé con el subdirector del turno, hasta las 18: 00 horas se les va a dar chance de retirar el cuerpo. Si no, se va a proceder con el ministerio público”.

José Eduardo Torres, de 32 años, recibió este ultimátum a través de una llamada de una empleada de Trabajo Social del Hospital Siglo XXI. Habían pasado doce horas desde el fallecimiento de su madre, Irma Cancino Cárdenas, de 65. Tanto durante sus 40 días de hospitalización como en el momento de morir, la mujer sufrió las consecuencias del impacto que el COVID-19 ha tenido en el IMSS.

En vida, porque se redujo el número de doctores para la atención a los pacientes debido a que el sistema ha tenido que reconvertirse para hacer frente a la pandemia. En la muerte, porque las funerarias están saturadas ya que no hay hornos crematorios a los que llevar a los fallecidos.

Lee: Salud no descarta saturación de servicios funerarios por personas fallecidas de COVID-19

Irma Cancino Cárdenas murió a las 3:28 horas del jueves 30 de abril. A las 15;45, sus hijos seguían buscando una funeraria que se hiciera cargo del cuerpo.

La mujer es originaria de Tuxtla-Chico, en Chiapas, y hasta allí quieren llevarla para su último descanso. Para ello, antes debían cremarla, pero se encontraron con uno de los efectos de la pandemia de coronavirus: los hornos en los que se incineran a las personas fallecidas en Ciudad de México están colapsados. Por eso las funerarias no pueden comprometerse a recoger los cadáveres.

“Hablamos a siete, ocho funerarias. Nos decían que hasta el domingo, hasta el lunes”, explica Torres, de 32 años. Los precios que pedían oscilaban entre los 32 mil pesos y los 16 mil. Pero la clave era el tiempo. No disponían de tanto. Si la funeraria no llegaba hasta el lunes eso implicaba dejar el cuerpo en el hospital hasta entonces. Y no era posible.

Doce horas después del fallecimiento de su madre, cuenta Torres que recibió la llamada de la trabajadora social en la que le amenazaba con deshacerse del cuerpo a través del Ministerio Público.

Animal Político quiso saber la versión del IMSS, pero al cierre de la nota no había recibido respuesta.

Entérate: Recomienda CDMX evitar velorios y autopsias a personas fallecidas por COVID-19

Según fuentes de la Fiscalía General de Justicia de Ciudad de México, “el ministerio público no tiene competencia para intervenir en un caso relacionado con el deceso de una persona por causas naturales en un hospital, a menos que se denuncie algún delito”.

La situación era desesperada. Al shock del fallecimiento de su madre y el agotamiento de más de un mes acompañándola en el hospital se le unió el ultimátum.

“Estábamos con mucha presión. Por suerte nos topamos con un chico que estaba recogiendo otro cuerpo, nos dio los datos y la pudimos sacar”, explica.

El calvario de la familia no terminó ahí. El cuerpo había sido trasladado al área de patología y no permitieron que ninguno de sus hijos se acercara para identificarlo. “Solo permitieron que un trabajador de la funeraria le sacara una foto. Nos dijeron que ahí también había cuerpos de personas que habían muerto por COVID-19, por lo que no podíamos entrar”, explica.

“Estamos llegando ahora sí al borde del colapso. Desde hace tres días los crematorios se saturaron y nosotros no podemos recoger un cuerpo sino hay donde incinerarlo. No tenemos bodegas donde retenerlos y tampoco eso es lo recomendable”, dijo David Vélez, presidente de la Asociación de Propietarios de Funerarias y Embalsamadores de CDMX, organización que agrupa a más de 450 funerarias.

En entrevista con Animal Político, Vélez explicó que en la ciudad hay 22 hornos crematorios. De esos 16 son particulares y pertenecen a las grandes cadenas funerarias, mientras que los seis restantes son del gobierno local, y están ubicados en las alcaldías de Cuajimalpa, Xochimilco, Iztapalapa, Miguel Hidalgo, Azcapotzalco y Tlalpan.

Los seis hornos de la ciudad son utilizados por el resto de las funerarias para cremar cuerpos. En condiciones normales estos son suficientes, sin embargo, con el crecimiento de la pandemia y la demanda de cremaciones esta infraestructura ha quedado rebasada.

Lee: Despedir a los muertos: Así se trasladan los restos de fallecidos por COVID-19 en Ciudad Juárez

Hospital con menos recursos

La historia de Irma Cancino Cárdenas ilustra cómo el coronavirus dinamita un sistema sanitario ya de por sí precario.

La mujer trabajó durante muchos años en Diconsa, hasta que tuvo que dejar el empleo para cuidar a sus hijos, ya que uno había caído enfermo. Además, fue artesana y hacía un chocolate que llegó a moverse por toda la República. En octubre de 2019 recibió la peor noticia: tenía un cáncer renal que se le había extendido por la vena cava. No fue hasta finales marzo que pudo ser operada por un equipo mixto de Cardiología y Urología. La metástasis ya se había exendido.

Cuenta Torres que no daban muchas esperanzas a su madre, pero que salió de la cirugía. Era una mujer fuerte y se aferraba a la vida.

El 1 de abril fue trasladada a Urología. Ese día, la secretaría de Salud registraba mil 378 contagios y 37 víctimas mortales por COVID-19.

Después de 30 días, cuando Cancina Cárdenas falleció, los contagios alcanzaban los 19 mil 224 y los fallecidos llegaban a mil 859.

Torres se queja del trato sufrido en Urología. “El coronavirus disminuyó la plantilla, porque no llegan todos los médicos”, explica. Dice que en un mes pasaron de seis residentes a dos. Que, al final, eran estudiantes los que pasaban la noche en una planta con una veintena de pacientes graves. Relata diversos momentos en los que su madre entró en crisis y no había nadie para atenderla.

Preocupado por la falta de atención, Torres hizo pública una carta en la que denunciaba el estado del hospital. Pero eso no gustó a los doctores y uno de ellos lo reunió junto a su hermana echándole en cara que denostase su labor.

A partir de entonces, dice, la atención mejoró. Aunque las condiciones del centro médico no eran buenas debido a la pandemia. “No había un protocolo de seguridad para el COVID-19”, explica. En principio, ahí no debería haber enfermos con coronavirus, pero distintos médicos consultados por Animal Político coinciden en la imposibilidad de separar totalmente pacientes positivos y negativos.

Entérate: CDMX pide a funerarias considerar toda muerte por neumonía como sospechosa de COVID-19

Hornos colapsados

“Antes de la pandemia el 60 por ciento de los servicios funerarios eran de cremación y el 40 por ciento de inhumación. Pero ahora el 98 por ciento de los casos son de cremación y con la fase 3 (de la epidemia) esto se ha vuelto inmanejable. Tan solo en las últimas 24 horas recibimos unos 120 muertos de COVID o posible COVID y no hay forma de manejar esas cantidades” dijo Vélez.

Cabe recordar que, por recomendación de los servicios de salud de la Ciudad, las funerarias deben dar un manejo como casos de COVID-19 no solo a los decesos que tengan una confirmación en el certificado de defunción, sino a todos los que sean sospechosos e incluso a aquellos donde la causa de muerte sea neumonía. Ello implica un manejo con cuidados sanitarios estrictos del cadáver, y priorizar la incineración de los restos.

Pero esto ha provocado que las funerarias de la capital estén pidiendo a las personas esperar un mínimo de 24 horas para que la cremación pueda llevarse a cabo, pues es el tiempo de espera para tener un turno en los hornos crematorios. Y por ende el cuerpo no puede ser recogido mientras tanto.

Vélez advirtió que en caso de que el volumen de fallecimientos siga creciendo, el tiempo de espera podría ir ampliándose a 36 o 48 horas y así progresivamente.

“Entendemos que esto va a comenzar a saturar a su vez las áreas de patología de los hospitales porque no se pueden llevar los cuerpos, pero nosotros en definitiva no los podemos recoger si no hay un horno disponible”, añadió.

¿Cuáles son las opciones?

El presidente de la Asociación de Propietarios de Funerarias y Embalsamadores dijo que ya alertaron al gobierno de Ciudad de México y en particular a la Consejería Jurídica del fenómeno que se está presentando y se están analizando opciones.

Una alternativa, dijo, es que el gobierno autorice a los crematorios a trabajar 24 horas ininterrumpidas. No obstante, explicó que esto a su vez puede acrecentar complicaciones que ya están presentándose como fallas en los hornos.

“Una cremación toma en promedio dos horas. Y si los hornos están funcionando sin parar evidentemente tienen fallas y eso también está retrasando servicios”, dijo Velez.

Otra opción es tratar de reducir la cifra de cremaciones y ofrecer inhumaciones (entierros) al menos en casos donde no es claro que hubiera coronavirus. “Y en una situación mas extrema tendríamos que comenzar a cavar zanjas como ha ocurrido en otras partes del mundo para los cadáveres”, señaló.

En ese contexto, el presidente de la asociación señaló que la mejor salida es que el volumen de muertes ya no crezca y para ello insistió en que es importante que las personas no salgan a la calle y que sigan las medidas que reiteradamente señalan las autoridades de salud.

Reducen costos a la mitad

David Vélez dijo que una medida que han tomado las funerarias de su asociación conforme la pandemia ha ido creciendo es recortar el costo por los servicios funerarios de los 14 mil pesos que en promedio se manejan al público hasta los 7 mil pesos. Y de igual forma no se está cobrando el ataúd ni requiriendo otros pagos.

Explicó que esta medida se tomó para apoyar a las personas que además de atravesar la crisis por el deceso de un familiar están padeciendo problemas económicos derivado de que no pueden laborar o que incluso habrían perdido su trabajo por la contingencia sanitaria.

“Y en algunos casos en mi asociación hemos decidido llevar a cabo los servicios de forma totalmente gratuita. Tenemos casos de personas de muy bajos recursos y no podemos ignorarlos”, dijo.

Irma Cancino Cárdenas no era paciente de coronavirus, pero la pandemia también la golpeó en sus últimos días de vida. Como ella, hay miles de pacientes en hospitales mermados por la contingencia. También, por desgracia, fallece gente de enfermedades que nada tienen que ver con la COVID-19. Son las otras víctimas de un sistema débil al que la situación de emergencia está poniendo al límite.

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500 años de la Conquista México- Tenochtitlan: ¿una traición indígena?

La caída de México-Tenochtitlan, ocurrida justo este viernes hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, cambió todo en el mundo prehispánico. ¿Cómo se fraguó y por qué dejó a una facción como "traidora"?
13 de agosto, 2021
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Hace 500 años ocurrió uno de los episodios más transformadores de la historia de México.

El 13 de agosto de 1521, hace justo ahora 500 años, la ciudad indígena de México-Tenochtitlan -hoy Ciudad de México- fue capturada luego de un estado de sitio y batallas encarnizadas que se prolongaron durante tres meses.

Era la conquista de México, la cual fue protagonizada por miles de guerreros con rostro y color de piel familiar para los mexicas que gobernaban aquella imponente urbe.

Y es que tal hazaña fue obra de un ejército 99% indígena.

El otro 1% era un contingente de hispanos, esclavos africanos e indígenas caribeños encabezados por un hombre, el español Hernán Cortés.

“Lo que los une es un enemigo común, los de México-Tenochtitlan”, dice a BBC Mundo el historiador Miguel Pastrana, un investigador sobre el periodo indígena-colonial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cortés fue el gran articulador de una alianza que los indígenas en ese momento, subraya Pastrana, entendieron de otra manera. Entonces desconocían que desembocaría en el poder hispano en América.

“Hasta la caída de Tenochtitlan, los indígenas ven a los españoles como un grupo más de tantos. No concibieron la magnitud del cambio que se avecinaba. No son del todo conscientes de las implicaciones de la presencia española”, advierte el investigador.

Una ilustración de Tenochtitlan

DEA PICTURE LIBRARY/De Agostini via Getty Images
Hernán Cortés describió Tenochtitlan como una urbe palaciega. Esta ilustración, del año 1900 aprox., muestra la plaza central y el Templo Mayor en el siglo XVI.

Eso ha dejado a pueblos mexicanos con origen indígena, como Tlaxcala, bajo el estigma de “traición”.

Pero una revisión fiel de los hechos muestra que lo ocurrido hace 500 años no fue ni una gesta épica de los hispanos ni una traición indígena, sino el producto de una alianza muy pragmática.

Los indígenas no eran un pueblo único

Una cosa hay que tener clara para comprender lo que ocurrió, explican los historiadores: los pueblos indígenas de la región eran muchos y cada uno actuaba conforme a sus propios intereses.

Había señoríos, los atépetl, cada uno de las cuales tenía su propio gobernante (tlatoani), su pueblo y su territorio.

Altépelt, o ciudad-Estado. La organización política de aquella época estaba conformada por los "altépetl", o ciudad-Estado [ México-Tenochtitlan Era la principal ciudad-Estado de la Triple Alianza, junto a los señoríos de Texcoco y Tacuba. ],[ Tlaxcallan Era la unión de cuatro altépetl: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán. Se aliaron con los europeos. ] , Source: Fuente: UNAM, Image: Códice Osuna.

En la práctica funcionaban como ciudad-Estado, cada uno de los cuales construía alianzas para expandirse y defenderse.

La más poderosa era la Triple Alianza, conformada por los señoríos de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, que controlaban a decenas de pueblos de los alrededores, en algún momento más de 50.

Los señoríos bajo su dominio debían pagar tributo y servirles de apoyo militar, administrativo y hasta religioso, explica Pastrana.

Y había pueblos rivales de los mexicas, como la Confederación de Tlaxcallan (donde hoy se ubica el estado de Tlaxcala), con quienes tuvieron guerras y conflictos mucho antes de la llegada de los europeos.

“Hay muchos pueblos que estaban resentidos con los mexicas por la política expansionista y las reformas de Moctezuma”, el gobernante de la Triple Alianza.

Hernán Cortés y Moctezuma II

Getty Images
La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II duró muy poco tiempo.

Los hispanos habían tenido un primer encuentro con Moctezuma en 1519, pero en junio del año siguiente fueron expulsados de la ciudad tras el enfrentamiento de la “Noche Triste”.

Entonces vino una recomposición de fuerzas que dio fin al dominio mexica un año después.

Cortés se dio cuenta de que debía regresar con una gran alianza indígena para avanzar sobre un objetivo común: la poderosa Triple Alianza.

“Lo que los une es un enemigo común, los tenochcas, y la mutua necesidad”, enfatiza Pastrana.

Los pueblos que se aliaron con Cortés

La alianza que establecieron los pueblos indígenas con los hispanos fue clave para asediar entre mayo y agosto de 1521 a la ciudad de México-Tenochtitlan, la cual vivía momentos de debilidad.

Además de contar con un número de combatientes a caballo y armamento europeo, la fuerza principal del ejército invasor eran los miles de indígenas -principalmente tlaxcaltecas– para combatir la resistencia mexica.

Pero también había fuerza indígena de muchos otros pueblos: Cempoala, Quiahuiztlan, Texcoco, Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco y Mixquic.

Una ilustración de la expedición de Cortés

Getty Images
Las fuerzas de Cortés tenían apoyo militar y logístico de los pueblos indígenas, incluso traductores.

“Era un ejército enorme e imponente, con muchísimos efectivos, sobre todo indígenas. Por cada español habría 10 o 15 indígenas, además de las fuerzas de apoyo”, explica Pastrana.

La victoria hispano-indígena fue gradual, con avances y retrocesos jornada tras jornada a partir de mayo de 1521.

Los españoles mandaron construir 13 bergantines, unas embarcaciones que fueron clave para vencer a las canoas que los mexicas usaron exitosamente en el pasado para defender el lago que rodeaba a México-Tenochtitlan.

Luego de varios enfrentamientos, se lograron posicionar en tres de las calzadas que contactaban la isla de Tenochtitlan y su ciudad hermana, Tlatelolco, con tierra firme, cortando así todo suministro de comida y apoyo militar.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,

Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

También cortaron el agua potable, haciendo que lentamente cayeran las bajas -calculadas en decenas de miles- y la moral de la ciudad mexica.

Los mexicas tuvieron algunas victorias en las que capturaron españoles a los que les dieron muerte y colocaron sus cabezas en sitios notorios para intimidar a los enemigos, según el relato del cronista Bernardino de Sahagún.

La caída de Cuahtémoc y la Triple Alianza

Cansados del lento avance, y las bajas producto de las pequeñas batallas que ganaban los mexicas, las huestes de Cortés exigieron un ataque final.

Aun dubitativo, el líder del ejército hispano-indígena optó entonces por una ofensiva devastadora y desmoralizante contra el enemigo.

“Para minar la confianza de los mexicas nuevamente, que ahora ya sabían la forma de combatir de los españoles, consideró que debía mostrar una crueldad nunca antes vista“, explica el historiador Julio Arriaga en “La Caída de Tlatelolco”.

En la calzada de Iztapalapa, según relató el propio Cortés en sus “Cartas de Relación”, encontró a mujeres y niños buscando comida.

“Casi sin dudarlo, se lanzó sobre ellos junto con los tlaxcaltecas, matándolos en cantidades que, según él mismo, superaron el número de ochocientos”, señala Arriaga.

La defensa del Templo Mayor

Getty Images
Los mexicas no pudieron defender durante mucho tiempo su ciudad.

Primero cayó Tenochtitlan. Después los españoles avanzaron hasta Tlatelolco, el último reducto donde estaba Cuauhtémoc, el último gobernante mexica.

El 13 de agosto de 1521, el tlatoani fue capturado y llevado ante Cortés.

“Cuauhtémoc le pide al conquistador que lo mate con su daga, a lo que Cortés se muestra compasivo y lo perdona”, señala Arriaga.

“Y allí, en esa fecha tan importante para el mundo mesoamericano, el 13 de agosto de 1521 (…), la Triple Alianza es capturada por Cortés y sus aliados tlaxcaltecas”.

¿Una traición indígena?

Los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos han cargado con el señalamiento de traición desde que la toma de México-Tenochtitlan se cuenta desde el punto de vista nacionalista mexicano.

Pero los historiadores señalan por qué es erróneo pensar que había una causa indígena que fue traicionada.

“No había una idea de ‘lo indígena’ como tal. Esa idea es producto de la conquista, no es anterior a ella”, explica Pastrana.

“Definitivamente no se puede hablar de una traición porque no eran pueblos amigos. No eran grupos que tuvieran una alianza pacífica, una relación de iguales. Tenían una serie de conflictos. No puede hablarse en ningún sentido de traición”, sostiene el historiador.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

Getty Images
Indígenas como “La Malinche” (mujer al centro), una traductora de las filas de Cortés, han sido denostadas durante siglos como traidores.

De hecho, la alianza originalmente fue una propuesta de los indígenas de Cempoala y Quiahuiztlan, reforzada por los tlaxcaltecas, pero la entendían en distintos términos.

“Para Cortés, los pueblos indígenas se dan por vasallos a la Iglesia católica por intermedio de él. Para los indígenas, es una relación entre iguales, entre amigos que establecen un pacto de mutuo apoyo político-militar. Ellos no saben qué es un rey ni mucho menos qué es ser católico”, continúa.

La historia muestra que al apoyar la conquista hispana, los indígenasperdieron todo podercon el establecimiento de la colonia española.

Pero eso no lo podían saber en ese momento, subraya Pastrana.

“Los indígenas vieron a un grupo de gente rara que podría ayudarle a sus intereses. Pero no eran conscientes de lo que venía. Nadie podría haberlo estado”, sostiene el historiador.

“En la política de ayer y de hoy, todo plan se hace con malicia. No lo veamos en términos morales, veámoslo en términos culturales. Los españoles de esa época no tenían que ser hermanas de la caridad, ni los indígenas, que eran explotadores”.

Una ilustración de la casta mestiza

INAH/Museo Nacional del Virreinato
Con el tiempo se estableció todo un sistema jerárquico social en la que los indígenas ocupaban los estratos inferiores.

El 13 de agosto de 1521 terminó la era de la Triple Alianza en el poder, pero no ocurrió un cambio de la noche a la mañana.

Pasaron décadas para que se consolidara un nuevo orden de la vida en el territorio de dominio mexica que pasó a ser el de la Nueva España.

“No es solo la sustitución de un grupo de poder por otro: fue un cambio cultural, político, económico, lingüístico, biológico radical“, explica Pastrana.

A partir de la captura de México-Tenochtitlan, la empresa hispana en América se extendería hacia una enorme expansión por Centro y Sudamérica en las décadas siguientes.

“El 13 de agosto de 1521 fue el primer gran capítulo de la construcción del mundo moderno“, considera Pastrana

“Los pueblos de la región de Mesoamérica -a la que pertenecía México-Tenochtitlan- no acaban en 1521, sino que empiezan a transformarse. Y es el inicio de una enorme experiencia cultural que es Nueva España”, concluye.


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