Jueces decidirán liberación de 800 personas ante epidemia en CDMX
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Jueces decidirán caso por caso posible liberación de 800 personas ante epidemia en CDMX

Si no se cumplen los requisitos, como que la reparación de daño esté cubierta y el interno no represente un riesgo para la víctima, no procederá la liberación, aclara el Poder Judicial capitalino.
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El anuncio de la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, de que 800 personas obtendrán su liberación de centros penitenciarios durante la pandemia del COVID-19, no es un hecho. La decisión de si esto es procedente o no depende de jueces capitalinos que analizarán caso por caso, y otorgarán este beneficio solo si se cumplen una serie de requisitos que la ley contempla. 

Entre dichos requisitos se encuentra que el daño causado por la persona ya haya sido reparado, que este no represente un potencial riesgo para las víctimas si sale de prisión, y que haya cumplido el 75% de la pena impuesta originalmente si se trata de una libertad anticipada.

Así lo aclaró en entrevista la jueza Cuarta de Ejecución de Sanciones Penales del Poder Judicial de la Ciudad de México, Karina Becerril Chávez. Los jueces de ejecución de sanciones son los responsables de decidir en definitiva si una persona puede ser liberada o no.

“En efecto se están estudiando unos 800 expedientes remitidos por el gobierno de la ciudad. Pero se respeta el procedimiento que dice la ley y en cada caso en concreto se determina si la persona privada de la libertad cumple con los requisitos para obtener el beneficio. No basta con que la persona sea mayor o tenga un padecimiento congénito para que proceda” dijo.

De acuerdo con cifras oficiales, los 800 internos que pueden obtener la libertad como meta representan el 3% de toda la población penitenciaria de la Ciudad de México.

Sobre este tema se consultó también a la Subsecretaría del Sistema Penitenciario del Gobierno de la Ciudad de México, quien confirmó la decisión de liberar o no a los reos de forma anticipada dependen exclusivamente del Poder Judicial.

A continuación, Animal Político detalla los puntos clave en torno a este plan del gobierno capitalino para que 800 reos sean liberados en el contexto de la pandemia de COVID-19.

¿Quiénes podrían ser liberados?

De acuerdo con la información dada a conocer por el gobierno capitalino, las 800 solicitudes de liberación anticipada que se han presentado ante el Poder Judicial de la ciudad están relacionadas con personas que, por su condición física o de salud, pudieran encontrarse en mayor riesgo si se enferman de COVID-19.

Se trata fundamentalmente de internas e internos de edad avanzada o con alguna condición de riesgo como embarazos o padecer alguna inmunodeficiencia.

Pero ni la edad avanzada ni una condición física bastan para que una persona pueda ser liberada antes de tiempo. La juez Becerril subraya que el interno en cuestión tiene que cubrir los requisitos que señala la Ley Nacional de Ejecución Penal (LNEP) para otorgar este tipo de beneficios. Solo quien los cumpla puede ser liberado.

Leer más: Ley de Amnistía solo sacará de la cárcel a 7% de presos y las liberaciones tardarían meses

¿Cuáles son los requisitos que se tienen que cumplir?

El artículo 141 de la LNEP establece una serie de requisitos para que un interno pueda obtener el beneficio de la liberación anticipada, y que se resumen en lo siguiente:

  1. Que el interno esté purgando una sola sentencia y que ya haya cumplido, al menos, con el 75% del tiempo de esta.
  2. Que el interno no esté siendo procesado por otro delito.
  3. Que el interno ya haya cubierto el pago de reparación del daño o multa en favor de la víctima, y que su libertad no represente un riesgo razonable para ella o para todos los que hayan testificado en su contra.
  4. Que el interno haya mostrado buena conducta durante su reclusión.

Además, la jueza Becerril subrayó que solo podrán acceder a este beneficio aquellos que no hayan cometido delitos que se consideran graves como delincuencia organizada, trata de personas o secuestro.

¿Cuál es el procedimiento para liberación anticipada?

La jueza explicó que todo arranca con la solicitud formal del propio interno o del gobierno para que se le conceda la liberación antes de cumplir la totalidad de su condena. La petición es turnada entonces a un juez de Ejecución que será el encargado de analizarla y verificar si se cumplen todos los requisitos.

“Y entonces se da intervención a todas las partes. Esas partes son la Consejería Jurídica quien a través de un defensor público asiste al interno; la Fiscalía General de Justicia con el Ministerio Público; y la víctima con su asesor jurídico, ya sea público o privado. Se procede con el análisis y finalmente si se cumplen todos los puntos el juez resuelve si concede o no el beneficio” explicó Becerril.

Por otro lado, la ley contempla en su artículo 136 una modalidad distinta denominada “libertad condicional”, que permite al interno continuar con su pena fuera de prisión, pero condicionada a algún tipo de vigilancia o control (como firmar todos los días un registro o colocar un brazalete electrónico) durante el tiempo que le reste de la misma.

Los requisitos son los ya mencionados en el caso de la “libertad anticipada”, pero con la diferencia de que la persona puede solicitarla a partir de que cumple la mitad de la sentencia, siempre y cuando el delito no sea grave.

Becerril subrayó que el incumplimiento de las obligaciones que se imponen a un interno en libertad condicional puede traer consigo que la misma sea cancelada y el juez de Ejecución ordene su reaprehensión.

¿Cuántos de los 800 ya han quedado libres?

De acuerdo con autoridades del Poder Judicial de la Ciudad de México, de los casi 800 expedientes que están bajo análisis, hasta ahora solo se ha considerado procedente la liberación de una tercera parte. El resto sigue en estudio. El gobierno capitalino aseguró que 250 ya habrían obtenido una resolución favorable de libertad anticipada.

¿Cuántos internos están en riesgo alto por COVID-19?

De acuerdo con estadísticas de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario, de los poco más de 25 mil internos en cárceles de Ciudad de México hay 876 personas que tienen más de 60 años, de los cuales 809 son hombres y 67 son mujeres. Preservar la salud de todos ellos es prioritario pues, como ya se ha dicho, la letalidad de COVID-19 en las personas de edad avanzada es mucho mayor.

Otro sector de alto riesgo es el de las mujeres embarazadas. De acuerdo con los datos oficiales en la capital hay nueve mujeres internas que se encuentran en esa condición.

Además, la estadística del Sistema Penitenciario capitalino muestra que existen 185 internos contagiados de VIH – SIDA, lo que los ubica como una población de riesgo debido a las afectaciones a su sistema inmunológico.

A todos ellos se sumarían los internos que padecen algún tipo de padecimiento crónico como diabetes o hipertensión, pero de ellos no da cuenta la estadística.

Cabe señalar que hasta ahora la Subsecretaría del Sistema Penitenciario solo ha confirmado cuatro casos de internos infectados con el virus que causa COVID-19, todos de recién ingreso y quienes permanecen aislados en cuarentena.

¿Ayudaría la medida despresurizar los penales?

La posible liberación de hasta 800 internos ayudaría a reducir el tema de sobrepoblación penitenciaria en la ciudad, solo en la medida en que los casos se concentran en los dos reclusorios capitalinos que presentan este problema.

A nivel general la población penitenciaria en Ciudad de México es de 25 mil 41 internos, lo que se encuentra por debajo de los 27 mil 549 espacios disponibles con los que cuentan en total los 14 centros de reclusión de la capital. Es decir, en términos globales no hay sobrepoblación penitenciaria.

Sin embargo, la población carcelaria no está distribuida de forma equitativa en dichas cárceles. Los dos reclusorios mas grandes de la capital sí presentan problemas de sobrepoblación.

El Reclusorio Preventivo Varonil Oriente alberga a 7 mil 184 internos dentro de una instalación diseñada para un máximo de 6 mil 92. Equivale a una sobrepoblación del 18%.

Mientras que el Reclusorio Varonil Norte reportaba hasta el cierre de marzo pasado una población de 8 mil 435 internos, casi 36% por encima de la capacidad instalada en dicho centro que es solo de 6 mil 208 lugares.

El resto de los reclusorios de la ciudad no registran problemas de sobrepoblación.

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Cómo tu manera de conducir puede revelar signos tempranos de alzheimer

Una investigación muestra cómo pequeños cambios en la forma de conducir podrían exponer signos preclínicos de la enfermedad.
14 de julio, 2021
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La manera de conducir de todo el mundo cambia a medida que se envejece. Pero en algunas personas surgen sutiles diferencias en la forma de controlar un vehículo, que, según los científicos, están relacionadas con las primeras fases de la enfermedad de alzheimer.

En un experimento para averiguar si estas diferencias en la conducción pueden detectarse mediante dispositivos de localización basados en el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), un grupo de personas mayores de 65 años del Estado de Washington (EE.UU.) aceptó que se vigilara su conducción durante un año.

Lo que los investigadores querían averiguar era si el mero estudio de los hábitos de conducción de este grupo podía revelar el comienzo de la enfermedad, sin necesidad de utilizar procedimientos médicos invasivos o costosos.

Tras 365 días acumulando la información, están seguros de que sí se podría.

Entre las 139 personas que participaron en el estudio, las pruebas médicas ya habían demostrado que alrededor de la mitad tenía la enfermedad de Alzheimer en fase muy temprana o “preclínica”. La otra mitad no la tenía.

El análisis de su conducción reveló diferencias detectables entre los dos grupos.

En concreto, los que tenían alzhéimer preclínico tendían a conducir más despacio, a hacer cambios bruscos, a viajar menos por la noche y a registrar menos kilómetros en general, por ejemplo. También visitaban una menor variedad de destinos cuando conducían, ciñéndose a rutas ligeramente más limitadas.

escáner

Getty Images
En el caso del alzhéimer, un diagnóstico precoz es fundamental.

“La forma en que las personas se mueven en su entorno cotidiano, desde los lugares que visitan hasta la forma en que conducen, puede decirnos mucho sobre su salud”, afirma Sayeh Bayat, candidata al doctorado en la Universidad de Toronto, que dirigió el estudio.

Los rastreadores GPS instalados en los coches de los participantes revelaron con detalle estos movimientos y el momento en que se produjeron.

Los investigadores que llevaron a cabo el estudio habían dividido previamente a sus participantes entre los que padecían la enfermedad de alzhéimer preclínica y los que no, utilizando para ello pruebas médicas como el análisis del líquido cefalorraquídeo y la tomografía por emisión de positrones (TEP).

Pero utilizando los resultados de los datos de conducción, pudieron diseñar un modelo que podía predecir la probabilidad de que alguien tuviera alzhéimer preclínico utilizando simplemente su edad y sus datos de conducción por GPS. La precisión fue del 86%.

“Utilizando estos pocos indicadores… se puede realmente, con una confianza muy alta, identificar si una persona tiene la enfermedad de alzhéimer preclínica o no”, expone Bayat.

El modelo fue aún más preciso (90%) cuando se añadieron los resultados de una prueba genética para el alzhéimer conocida como genotipo de la apolipoproteína E (APOE), que indica si se puede tener un riesgo heredado de la enfermedad.

(Aunque hay que tener en cuenta que este grupo es una pequeña minoría de las personas que acaban desarrollando alzhéimer).

Pero la predicción basada únicamente en la edad y la manera de conducir era casi igual de precisa.

Sayeh Bayat, a PhD candidate at the University of Toronto

Roe Lab
La investigadora Sayeh Bayat utilizó dispositivos GPS para medir la forma de conducir de los pacientes que tenían la enfermedad en un grado incipiente.

Una predicción con poco coste

Se necesitan estudios aleatorios más amplios para demostrar una relación definitiva entre los comportamientos de conducción detectados y la enfermedad de alzhéimer preclínica.

Sin embargo, pero el hecho diferencial posible es que esta investigación podría suponer una forma barata de detectar esta condición en una etapa temprana y potencialmente apoyar el tratamiento.

Pero también plantea la cuestión de si las personas mayores querrían que se siguiera tan de cerca su comportamiento, incluso si hubiera beneficios para la salud.

El hecho de que el comportamiento de los conductores cambie cuando tienen alzhéimer está bien documentado.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE.UU. sostiene que los familiares pueden llegar a notar que su ser querido tarda más en completar un viaje sencillo, que conduce de forma más errática o se confunde de pedal, por ejemplo.

Ancianos en un coche

Getty Images

Sin embargo, es difícil detectar desde el principio los cambios más sutiles, como la conducción más lenta. Esta distinción, cuenta Bayat, requiere la recopilación de datos a lo largo del tiempo para un análisis detallado.

Añade que los participantes en el estudio con alzhéimer preclínico, en algunos casos, conducían menos por la noche, restringían su conducción a zonas ligeramente más reducidas alrededor de su casa o viajaban más despacio de lo esperado.

La mejor manera de predecir, a través de los datos de conducción, si alguien sin alzhéimer preclínico puede estar en riesgo de desarrollarlo podría ser controlar su manejo en la carretera durante un período de tiempo más largo.

Esto podría revelar cambios en su conducción, sostiene Bayat.

Laura Phipps, del centro Alzheimer’s Research de Reino Unido, afirma que el estudio es “realmente interesante” y añade que los cambios en el comportamiento al volante suelen ser percibidos por los familiares de una persona a la que posteriormente se le diagnostica la enfermedad.

“Lo que nos dirán es que, a menudo, uno de los primeros síntomas o signos que notaron es que su ser querido empezó… a perderse”, dice Phipps.

Pocos fármacos para las primeras etapas

La especialista explica que actualmente hay relativamente pocos fármacos disponibles para tratar la enfermedad de alzhéimer en su fase inicial, pero espera que esto cambie en el futuro.

Si este fuera el caso, disponer de una indicación precoz de quiénes son propensos a desarrollar la enfermedad -sin necesidad de procedimientos costosos o invasivos- podría ayudar a los médicos a saber cuándo prescribir los tratamientos.

anciana

Getty Images
La enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas, dicen los expertos.

“Las investigaciones han demostrado que, en realidad, la enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas”, afirma.

Los datos sobre la conducción u otros comportamientos, como los cambios en la forma de hablar, también podrían impulsar cambios en el estilo de vida que ayuden a mantener a raya el alzhéimer.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido aconseja cuidar la salud cardíaca y mantenerse activo social y mentalmente, entre otras medidas preventivas que la ciudadanía puede tomar.

La idea de que el análisis de la forma de conducir podría ayudar a las personas a controlar e incluso a retrasar el inicio de los síntomas más graves del alzhéimer suena tentadora.

Pero siempre existe la posibilidad de que se produzcan errores en este análisis. O que los resultados tengan consecuencias negativas.

El riesgo de los datos

Muchos conductores de todas las edades ya permiten que su aseguradora utilice la telemática o una caja negra para medir su manera de conducir, lo que puede dar lugar a una prima de seguro más baja.

Pero en el futuro, ¿podrían estos dispositivos predecir con exactitud su riesgo de padecer alzhéimer y tenerlo en cuenta también?

Aunque este escenario potencial está muy lejos del mercado de los seguros, es algo que podría preocupar a los actuales propietarios de cajas negras, que ya han tenido problemas con la precisión de sus dispositivos en el pasado.

Rhoda Au, de la Universidad de Boston, sostiene que los clientes deberían tener más control sobre el destino de sus datos en general, para evitar una discriminación injusta de sus hábitos o comportamientos.

Azuga tracking device

Roe Lab

“Deberían tener derecho a decidir qué se comparte y qué no”, afirma.

Señala en broma que su propia forma de conducir podría considerarse errática: “Sólo pienso: Dios, esta gente de Google debe pensar que estoy loca… No tengo sentido de la orientación”.

La especialista cree que, en general, los nuevos sistemas de recopilación de datos diseñados para encontrar correlaciones sutiles entre el comportamiento y las condiciones médicas, probablemente tengan fallos. Pero dadas las posibles ventajas de poder identificar a tiempo a las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad de alzhéimer, hay buenas razones para explorar cuidadosamente esas posibilidades ahora.

“Hay que empezar por algún sitio”, reflexiona.


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