Entre vecinos de cama nos animábamos para salir: paciente de COVID
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Hospital Juárez

Entre vecinos de cama nos animábamos para salir, narra paciente recuperado de COVID

Al no poder ver a sus familiares y con acceso restringido entre el mismo personal de salud, la única compañía para los pacientes en las largas horas de hospitalización son los otros afectados por esta enfermedad.
Hospital Juárez
1 de mayo, 2020
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Aislados en la sala de un hospital, al lado de un paciente entubado, Román y otros dos hombres, sospechosos de tener COVID-19, encontraron en las pláticas y la añoranza por la buena comida la mejor forma de pasar la hospitalización y darse ánimos. 

“Decíamos, híjole, imagínate un pozole, una barbacoa, unos taquitos, una coquita bien fría. Así nos pasábamos un rato, pensando en todo eso rico. Y nos imaginábamos comiéndolo. Después, cuando llegaba la comida, teníamos que bajar a la realidad y comernos lo que nos llevaban, que no era malo, pero pues era la comida insípida de un hospital”. 

Román dice que pese a eso, se la comían. “Sabíamos que nos teníamos que alimentar para estar más fuertes y librarla, queríamos vivir y le echábamos ganas. De pronto sí caíamos en la depresión y entonces no animábamos unos a otros”. 

Lee: “Te llevas el cuerpo de tu madre o se lo lleva el MP”: funerarias colapsan por COVID-19

Separados de la familia, con la que no pueden tener contacto ni por teléfono – en el Hospital Juárez en la CDMX, donde él estaba ingresado, no les permiten tenerlo para que no se vuelva un vehículo de contaminación– los pacientes tienen casi como única compañía a los vecinos de cama. 

Los médicos entran solo un rato, en la mañana y desde afuera están al pendiente, cuenta Román. Son las enfermeras las que los visitan más, para checar su estado y darles los medicamentos. Pero la mayor parte del tiempo solo ven a los compañeros de sala. 

“Acostado, con tus dolores y la fiebre, te pierdes en el tiempo, parece que éste no pasa. Yo me acuerdo que veía el reloj, eran las 5 de la tarde, sentía que pasaba un buen rato, lo volvía a ver y apenas eran las 5:05, así que para pasarla mejor, nos pusimos a platicar entre los tres compañeros de la sala que podíamos hablar”. 

Se contaron la vida en esos días, los trabajos, las familias, la rutina. Román trabaja en la Central de Abastos, en una bodega de chiles. No tiene la certeza pero cree que ahí se contagió del virus. 

Aunque la verdad es que no sabe si realmente tuvo COVID. Su prueba salió negativa. “Estuvo muy raro porque tenía todos los síntomas, fiebre muy alta, tos, cuando llegué al hospital ya tenía problemas respiratorios, ya no estaba oxigenando bien, pero dos veces me hicieron la prueba y las dos veces salió negativa”. 

Entérate: Parir en los tiempos de COVID-19: parteras ofrecen alternativa a hospitales

Por los síntomas, Román estuvo en un área COVID del Hospital Juárez. Ingresó el domingo 19 de abril en la noche y ya no vio más a su familia. Solo sabía de ellos cuando algún médico o alguna enfermera le decían que ya les habían dado los informes. “Me decían, ah, sí, allá abajo está tu esposa, le dijimos esto, y ya, era todo lo que yo sabía”. 

Román dice que él tuvo dos días muy malos. “La fiebre no bajaba, tenía dolor de cabeza, no podía respirar bien y me empecé a desesperar, como que me deprimí. Así nos pasaba. Nos dábamos ánimos unos a otros ahí en la sala, nos decíamos que íbamos a salir, que teníamos que echarle ganas porque afuera nos esperaba la familia, y eso nos ayudó mucho”. 

Fue hasta el sexto día de estar hospitalizado que Román empezó a mejorar. Cedió la fiebre, empezó a respirar mejor. 

“Dicen los doctores que me ayudó que no estoy tan grande, tengo 41 años. Pero desde hace un año me diagnosticaron con diabetes, y no seguía mucho la dieta. Tomaba refresco, no diario, pero sí. Eso me afectó. Sí perjudican mucho las condiciones de riesgo, ahí en la sala el paciente que estaba entubado tenía 31 años, pero era obeso, pesaba más de 100 kilos”.

Al noveno día de estar en el hospital a Román lo dieron de alta. Salió este lunes 27 de abril. Ese mismo día hubo otras altas en el Hospital Juárez. 

Este lunes Román en silla de ruedas y otros siete pacientes fueron dados de alta del Hospital Juárez.

Este lunes Román en silla de ruedas y otros siete pacientes fueron dados de alta del Hospital Juárez.

En total, seis hombres y dos mujeres provenientes de la Ciudad de México y del Estado de México, se sumaron a los 74 pacientes que hasta este fin de semana también respondieron al tratamiento, los medicamentos y los cuidados de los especialistas del hospital y fueron dados de alta.  

Román ya está en casa, pero debe seguir aislado. Aunque su resultado salió negativo, por haber estado en una sala COVID, necesita seguir la cuarentena por protección a su familia. 

“Tengo que cumplir 20 días más encerrado en mi habitación. No salgo para nada. Pero ya estoy en casa, con la comida de casa, mi esposa ya no tiene que ir todos los días al hospital por los informes. Ya estamos todos aquí. Ella y mis tres hijos están bien. Yo estoy feliz de estar recuperado”. 

Román no se olvida de mandar un mensaje, “hay que hacerle hincapié a la gente que no agredan al personal médico, allá adentro, en el hospital, ellos son los que nos cuidan. A mí me trataron muy bien. Todos fueron muy amables a pesar de que al atendernos se ponen en riesgo. No es justo que los maltraten, que les avienten cloro, ellos nos salvan la vida”. 

Por supuesto, tampoco se olvida de sus compañeros de sala. “Nos dimos el Face y los rumbos y pues seguro sí nos vamos a buscar más adelante, cuando estemos mejor todos, ellos todavía se quedaron en el hospital, pero estaban mejor, más adelante nos buscaremos porque pues ahí era lo único que teníamos esos compañeros y no nos vamos a olvidar”.

Familiares esperaron afuera del área COVID, la salida de quienes este lunes recibieron su alta médic

Familiares esperaron afuera del área COVID, la salida de quienes este lunes recibieron su alta médic

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Los linchamientos en México: 'Solemos decir que son de gente salvaje, pero eso no explica el fenómeno'

Hay muchos prejuicios que hay que evitar para lograr entender por qué ocurren los linchamientos, señala la investigadora mexicana Elisa Godínez, quien ha estudiado el fenómeno.
21 de junio, 2022
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Lo que le pasó a Daniel Picazo González el pasado viernes es un nuevo caso de un fenómeno que tristemente se repite en México una y otra vez.

El joven de 31 años fue retenido por la fuerza, golpeado y asesinado en una comunidad del estado de Puebla el pasado 9 de junio. La multitud lo acusó, sin ninguna prueba, de ser un secuestrador de niños después de que circulara por WhatsApp un rumor sin fundamento.

El abogado estaba de paso por la localidad indígena de Papatlazolco, mientras se dirigía a una casa de campo de su familia en la remota región de la Sierra Norte.

Tras ser golpeado brutalmente, le prendieron fuego cuando aún estaba con vida.

Como él, otros han sido víctimas de los linchamientos en ese y otros estados de México en un fenómeno que sigue un ciclo: causa impacto social, condenas de las autoridades, impunidad y olvido.

Pero ¿por qué ocurren linchamientos como el de Picazo González?

Daniel Picazo

Daniel Picazo

Elisa Godínez Pérez, doctora en ciencias antropológicas e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha estudiado este fenómeno en los últimos años.

En conversación con BBC Mundo, advierte que hay muchos prejuicios que hay que evitar para lograr entender por qué ocurren los linchamientos: “Estamos acostumbrados a decir que los linchamientos son de gente salvaje, pero esa no es la explicación”.

Este es un resumen de la conversación que mantuvimos con Godínez.

Elisa Godínez Pérez

UNAM
Elisa Godínez Pérez es académica del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

¿Qué lleva a una persona sumarse a un linchamiento?

Yo soy muy cauta con la psicología social pero, según muchas interpretaciones, el individuo se desdibuja, se hace uno con la masa.

Desde mi perspectiva, hay que entender las causas estructurales e históricas; los hechos concretos que tienen que ver con el papel de la policía y las autoridades, las carencias sociales, etcétera. Eso es lo que para mí lo explica de manera más fehaciente.

Uno no se explica cómo es posible que uno se pueda convertir en algo así. Pero la personalidad del individuo se desdibuja ahí, y eso también ocurre en otros contextos más positivos, como cuando la gente grita en un concierto y hasta besan al que tienen al lado aunque no lo conozcan.

Yo creo que en el caso específico de los linchamientos, no es una decisión meditada, pensada. La gente no se da un tiempo para pensar si lo que está haciendo está bien o le conviene. Lo que no significa que sea irracional.

En el calor de las cosas, las emociones, la angustia, el miedo y el enojo nos hacen hacer cosas que uno no creería. Existen elementos que provocan que las emociones de este tipo se exacerben y hacen que muchos sientan que están en riesgo.

Pero cuando entrevisté a personas que estuvieron en lugares donde ocurrieron linchamientos, les da mucha vergüenza. En el fondo, creo yo, mucha de la gente que participa en ellos no hace ningún cálculo. Y cuando se dan cuenta de lo que ocurrió sí se impactan, sí se avergüenzan.

Linchamientos en América Latina

Getty Images
En esta imagen se ven los pies de una mujer que fue linchada y quemada viva por una multitud en Guatemala en febrero de 2015, tras haber sido acusada de asesinar a su hijastra de 8 años.

¿Por qué un rumor puede desencadenar este tipo de reacciones violentas?

El rumor por excelencia en los linchamientos es el de los robachicos .

Uno diría ‘Por Dios, cómo es que la gente se cree esto’. Pero pensémoslo bien y entendamos cuál es la condición de la niñez en un país como México. Son gravísimos los riesgos que están sufriendo los niños.

Hay niñas que son víctimas de feminicidios desde muy pequeñas, o niños que están a merced del narco desde chiquitos. O que están en una situación de cuidados muy precarios. O carentes en la cuestión económica.

Y los niños son para las familias una de sus cosas más preciadas. Uno hace lo que sea por su por sus niños, porque sabes el grado de peligro que hay afuera para ellos.

Si lanzan un mensaje por WhatsApp y te dicen ‘aquí estamos viendo el robo de un niño’, no es un rumor cualquiera. Es un rumor que apela a las cosas más queridas, más importantes.

Los celulares aceleran el ritmo de esparcimiento del rumor de forma impresionante.

Una imagen difundida en la comunidad

BBC
Estos son los mensajes que se difundieron antes del linchamiento de Daniel Picazo en Puebla, México.

Cuando ocurren linchamientos, se tiende a afirmar que ocurren en comunidades con falta de educación y de valores, ¿es esa una explicación al hecho de que una persona o grupo de gente se sume a un linchamiento?

Estamos acostumbrados a decir que los linchamientos son de gente salvaje, pero esa no es la explicación.

Las sociedades no son violentas por una cuestión que sea inherente a su cultura, eso no existe. La violencia existe en todas las culturas. ¿Cuáles son más bien las condiciones que hacen que la violencia se modere o disminuya?

Existen autoridades y un sistema de justicia. Si no funcionan esas instituciones habría que preguntarse por qué. Y no hay que repetir el prejuicio de que los linchamientos ocurren porque son atrasados, porque son irracionales y salvajes por naturaleza.

Tanto en India, como en México, como en muchos lugares de América Latina, ocurren. Los linchamientos en Estados Unidos hasta hace medio siglo eran un acto no solo de violencia, sino de profunda discriminación racial, frontal y brutal.

Iniciación de un nuevo miembro del Ku Klux Klan.

Getty Images
Tras la I Guerra Mundial, los linchamientos en EE.UU. repuntaron por la acción de grupos supremacistas como el Ku Klux Klan.

Se genera una estigmatización muy fuerte de las comunidades en general, pero sobre todo en las comunidades indígenas, lo que no contribuye en absoluto a explicar el fenómeno.

Lo mismo se podría decir de la gente que se involucra en el crimen organizado: es gente que no tiene educación, que se deshumaniza y, por lo tanto, son malos, naturalmente violentos. Y no, lógicamente no es así.

La gente en general no recurre a la violencia -hay muchas formas de violencia, por supuesto, y cada caso merecen una explicación- pero en los linchamientos hay racionalidad en el sentido de que tienen una explicación.

La gente que participa en ellos tiene razones. Que yo no esté de acuerdo con sus razones es otra historia. Que sean incorrectas es otra historia. Pero tienen sus razones y eso no es una justificación de los linchamientos, pero hay que conocerlas.

No es solo una falta de educación o no es solo una falta de valores.

No ayuda a estigmatizar a la gente y decir que esto sucede por falta de valores, falta de educación, falta de todo. Porque entonces estás omitiendo todo lo que hablábamos, los agravios que sufren estas comunidades.

Guatemala

AFP
En Guatemala, en promedio 40 personas murieron anualmente en linchamientos en los últimos cinco años, según la ONG Grupo de Apoyo Mutuo (GAM),.

¿Pero por qué en otros lugares donde tienen carencias y problemas sociales similares no se dan los linchamientos?

Las primeras cosas que te dicen en estas comunidades es que están hartos de que suelten a los delincuentes.

Podemos entrar a la discusión acerca de si eso es debido al diseño del sistema judicial, de las leyes en México, que requieren de denuncias para actuar. Pero para la gente, su vivencia cotidiana es que hay impunidad.

La policía no llega, a los malandros los sueltan cuando los agarran, no vemos que ocurra nada. Esa es la experiencia real de la gente allá.

Si en mi edificio, en la ciudad, tuviéramos relaciones más estrechas quizás reaccionaríamos al rumor del robo de niños cerrando la calle, poniendo alarmas, viendo a la gente como sospechosa.

Pero otro elemento a notar es que aquí donde vivo llamaría al 911 y llegaría la policía. Eso ya es una gran diferencia.

En esos lugares las policías son muy pequeñas, probablemente mal equipadas, a veces penetradas por el crimen organizado. ¿Qué tan capacitada está esa policía para poder contener un linchamiento?

Son prevenibles, en el sentido amplio con atención a las necesidades sociales, pero también en el momento, cuando las autoridades de todo tipo deben negociar.

Las comunidades en donde ocurren estas cosas -eso yo lo vi al analizar los casos- muchas veces dan un margen para que se negocie. Siempre hay margen de que las autoridades intervengan para negociar.

La policía deja que las cosas pasen y no intervienen hasta el final, cuando la situación ya creció hasta un nivel incontrolable.

Un agente de policía entra en la comisaría de Acatlán, Puebla

Brett Gundlock
Algunas personas que han sido custodiadas en intentos de linchamiento han sido arrebatadas de las autoridades en Puebla.

¿Está México viviendo un aumento alarmante de los casos de linchamientos?

Efectivamente, existe una percepción de que los linchamientos han ido en aumento en años recientes en México. Pero no existen registros oficiales y falta un mayor cruce y análisis de los diferentes recuentos que existen para determinar si realmente ha habido una mayor o menor incidencia de linchamientos en México.

En mi investigación encontré que los linchamientos suceden en oleadas y no de forma exponencial, y eso se debe tomar en cuenta.

Creo que en México, en años recientes, parece existir una tendencia al alza. Y eso también obedece al hecho de que actualmente existe una manera más rápida de que se reporten estos hechos, con internet y las redes sociales.

Ahora se conoce de modo más rápido cuando está sucediendo un hecho de estos y por lo tanto pareciera que ocurren más.

Eso no significa que haya que minimizarlo. Es un problema que México tiene, desafortunadamente, y se ha normalizado, lo cual es grave. Pero también creo que es porque estamos en un país metido en una crisis de violencia y de justicia de manera muy notoria en los últimos 10 o 15 años.

linchamientos en Atlatongo

EPA

¿Hay algo que pase en México para que haga sus casos diferentes a los de otros países, por ejemplo, de América Latina?

Uno tiende a creer que esta incidencia es propia de nuestros países, pero lo cierto es que los linchamientos y otras formas parecidas de violencia colectiva son comunes en otras partes del mundo, como en India, donde son tristemente frecuentes.

Guatemala ha tenido un alto número de linchamientos. Surgen en un momento posterior a un conflicto armado en el que especialmente los pueblos indígenas fueron víctimas vulneradas por la violencia.

Bolivia también tiene un índice importante de este tipo de hechos, en los que los protagonistas son también comunidades indígenas y llegó a haber hace algunos años una consideración legal en la que se reconocía la justicia comunitaria. Se llegó a aceptar, a mi juicio, de manera no correcta, a los linchamientos como una forma de justicia comunitaria.

Es muy común que en México y en otros países se repita la idea de que los linchamientos son usos y costumbres de los pueblos indígenas. Pero yo diría categóricamente que no es verdad.

No es algo que esté aceptado, normalizado y considerado como parte de sus sistemas normativos o de procuración de justicia. Sí tienen formas de resolver conflictos y un sentido de justicia más punitiva que restaurativa, pero no incluyen el linchamiento como una forma aceptada. Hay que dejar de repetir que es parte de sus usos y costumbres.

El lugar en donde terminó el cuerpo de Daniel Picazo

Pablo Torres
Algunas personas colocaron una ofrenda en el lugar donde murió Daniel Picazo.

¿Por qué tienen una mayor incidencia en las comunidades indígenas?

No hay que confundir la acción colectiva comunitaria que tienen los pueblos indígenas para deliberar, discutir sus problemas u organizarse en un montón de aspectos de la vida cotidiana, con que eso los haga proclives a linchar.

Lo que pasa es que tienen una forma mucho más comunitaria de enterarse, de resolver y de actuar.

Por eso en muchos pueblos indígenas, la presencia de un rumor se propaga de manera muy rápida y genera una respuesta de convocatoria muy rápida. Eso no va a ocurrir en el barrio de Ciudad de México donde vivo, eso no pasa.

Por más de que yo alertara a mis vecinos, no pasaría nada porque mi vecino de enfrente y yo no nos conocemos ni nos saludamos. Y allá la gente se conoce. Allá la gente sabe quién es quién. Son lugares pequeños, son lugares donde la gente tiene relaciones cotidianas permanentes.

Un retoque de campanas en los pueblos les dice que algo está pasando y se reúnen.

Pero hay que observar que son poblaciones que han sufrido una serie de condiciones adversas, de despojo, de privación. Y sobre todo, la llegada paulatina de todo tipo de crimen organizado.

Antes no es que estuvieran ensimismados, como a veces se cree, sino que tenían distancia con ello.

Ahora están a merced del desmoronamiento de sus prácticas, que les permitían estar en relativa calma. Factores más recientes y otros históricos se combinan para provocar cambios muy profundos que no necesariamente se ven, pero a veces salen por la vía de fenómenos como estos.

Un hombre toca las campanas del pueblo

Brett Gundlock
Un retoque de campanas suele movilizar a la población en comunidades pequeñas.

Y casi siempre los linchamientos quedan impunes

Las autoridades no son cuestionadas. De lo que se trata es de salvar vidas y varios casos la vida de inocentes.

En la medida en que hay impunidad, se deja abierta la puerta a que esto siga ocurriendo.


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